Capítulo final


-¡No me mientas, Stark!—grita Fury ya fuera de sí justo frente al castaño—¡Tú sabes dónde están!
-No lo sé—prácticamente deletrea el millonario con rostro neutral. Algo muy poco visto en él—No importa cuánto lo intentes, Fury. No puedo darte información que no tengo. Steve se fue, sí, de mi torre, sí. Por cierto, debo aumentar la seguridad. Pero... yo no estoy, estaba con él las veinticuatro horas del día. No tenía cómo saber que se iría. No lo mencionó.
-¿Tampoco mencionó que escondía al Soldado de Invierno en tu torre?—gruñe tratando de volver a calmarse.
-Tengo una torre grande—lo ilustra desde su escritorio—De haber sido el caso no paso en todas las plantas como para saber qué se hace en cada una de ellas. No me confundas contigo. Además la sección de Steve es espacio privado, por ley no puedo grabar sin su autorización.
-¿Y nunca te dio autorización para grabar?
-No.

Ambos saben que es mentira, se huele en el aire que es mentira, pero ¿Cómo sacarle la verdad? Fury siempre dijo que se odiaría a sí mismo el día en que Anthony Stark fuera su enemigo, porque sabía que pasaría ¿Y que hizo para impedirlo? Nada, absolutamente nada.

En esta parte de su vida es cuando recuerda perfectamente al consejo y sus discursos interminables de lo peligrosos que son los Vengadores.

Se aprieta el puente de la nariz para serenarse. Trata de canalizar su ira, pero es imposible. Lleva dos semanas buscando alguna pista de Steve y ni siquiera la agente Romanoff ha sido capaz de dar con él, ni siquiera Barton. Nadie. Como si se lo hubiera tragado la tierra.

Gracias a las cámaras urbanas logró obtener un video en donde, si se sube al máximo el volumen, se escucha el rugido de una motocicleta desaparecer en medio de la noche a través de varias calles, pero eso es todo. No hay una imagen en donde se abra el estacionamiento de Industrias Stark, no hay ni siquiera una imagen de la moto, porque si, falta una motocicleta de Steve, pero ya que Tony no estaba en la torre ese día por temas de agenda no se le puede vincular al suceso como para interrogarlo o apresarlo de forma preventiva.

No tiene nada.

Confiscaron grabaciones de toda la torre, Tony fue muy amable y no hizo problemas para entregarlas. Raro. Bruce estaba en la torre de visita el día que Capitán América desapareció. Raro. Tres días antes habían sufrido un ataque sorpresa por parte de HYDRA. Raro, pero posible. Y Steve justo desaparece un día antes de que inicie sus actividades como agente de SHIELD otra vez. Super raro.

Fury sabe que le están mintiendo, que probablemente lo ayudaron a escapar y a esconderse, pero no tiene cómo probarlo. A estas alturas y sin pistas comienza a sospechar que hasta Natasha está involucrada en la milagrosa y conveniente desaparición.

Han registrado el piso de Rogers unas diez veces desde que comenzaron a buscarlo, pero no hay nada sólido. Encontraron un cabello castaño que se presume es de James Barnes y eso ni siquiera es cien por ciento fiable.

María cree que si de verdad el Soldado de Invierno estaba con él no tienen oportunidad de encontrarlos.

Steve por sí mismo no es un espía ni mucho menos un fugitivo, pero potenciado por Barnes... claro que pueden desaparecer de la faz de la tierra si se lo proponen. Son supersoldados y uno de ellos es el mejor espía y asesino de la historia, por lejos él es el umbral más alto en la materia, un umbral que ninguno de los agentes bajo su mando podría llegar a superar. Ni siquiera Romanoff.

Él no es un idiota. Teniendo esos antecedentes sobre la mesa sabe que debería darse por vencido. Está atrapado. No importa por dónde lo mire, no tiene idea de cómo va a encontrarlos.

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Llevan tres días establecidos en una cabaña a las afueras de Yellowknife y Steve cree que pueden aguantar la semana sin problemas. El rubio, como dictaba el primer paso de su plan, compró una camioneta familiar utilizando el dinero en efecto que llevó consigo desde la Torre Stark.

La cuatro ruedas la ubicaron por internet a pesar de estar en un lugar sumamente rural, es de segunda mano y tiene unas pocas abolladuras en el costado que redujeron bastante su precio a pesar de ser casi nueva. Es espaciosa y todo funciona perfectamente en su interior, tiene asientos con calefacción y se pueden retirar los asientos traseros para instalar una cama. Steve encuentra la idea del espacio extra maravillosa, cualquiera al que se le haya ocurrido implementar la idea debió ser muy inteligente. En sus tiempos nunca habría pensado en algo así y como no está familiarizado con los autos actuales la novedad lo tomó por sorpresa.

Gracias a esa compra han evitado el contacto con las ciudades grandes y casi toda la interacción con civiles.

Para pasar aun más desapercibidos entre la gente Bucky se cortó nuevamente el cabello, dejando unos cuantos mechones más largos para cubrir sus facciones fácilmente. Se afeito la sombra oscura que cubría permanentemente su mandíbula y así se ha mantenido desde entonces. Steve por su parte se dejó crecer un poco el cabello y la barba, ésta ya cubre bastantes partes de su rostro, pero extrañamente ni siquiera le molesta a pesar de no estar acostumbrado a ella.

Actualmente es tarde y han estado viendo películas como de costumbre. Aunque ahora son fugitivos y se mueven constantemente Steve trata de mantener algunas cosas estables para que Bucky no se estrese demasiado con los viajes. Da gracias a Dios porque el servicio de cable y netflix se hayan convertido prácticamente en una necesidad primaria para todos en el siglo veintiuno. No importa cuál sea el lugar en donde se van a hospedar o que tan apartado de la civilización esté, siempre tienen lo uno, lo otro o los dos.

-Voy a preparar la cena ¿Quieres algo en especial?—pregunta Steve al levantarse del sillón.

Bucky ha vuelto lentamente a ser lo que era antes del ataque. La primer semana fue la más dura, pero ahora está mucho más independiente, se ve más despierto y ha vuelto a tener cierta autonomía sobre sus propias decisiones aunque sigue sin hablarle demasiado.

-Te ayudo—contesta, levantándose del sobresaliente de la ventana para ir con él.

Steve lo espera y se toman de la mano de forma natural para caminar hacia su destino.

Bucky se ha vuelto fanático del salmón canadiense así que la despensa de congelados está llena prácticamente sólo del pez. Steve compró carnes y algunas cosas para picar también, pero esta semana su dieta ha sido a base de la carne anaranjada.

Fríen salmón a la mantequilla con papas y Bucky cada ciertos minutos le comenta que huele delicioso a pesar de que él se encarga de hacer el postre. Steve no se puede resistir a consentirlo y cada un par de minutos le ha estado dando pequeños pedacitos de carne frita en la boca y, cada tres porciones, le roba un beso.

La expresión de satisfacción del castaño al comer es demasiado encantadora como para dejarla pasar.

A veces aún se ve perdido, a veces aún se queda en blanco y tiene pesadillas una vez cada tres noches, pero va mejorando, Steve lo ve, lo siente y no es sólo su imaginación, esta vez el mismo Bucky lo ha ido confirmando. Los recuerdos vuelven a él poco a poco, no logran alteran su personalidad tímida y retraída, pero a Steve no le importa porque se ha fascinado con este nuevo Bucky también.

No importa si nunca vuelve a ser el Bucky de antes, él ya ha demostrado que tiene la capacidad para enamorarlo en el pasado, ahora y hasta el fin de los tiempos.

Cuando Steve lo ve sonreír como en este instante, a ojos cerrados mientras se relame los labios con mantequilla, siente que podría ir en contra del mundo entero sólo para mantener esa sonrisa en su lugar.

Y no es sólo una metáfora, él de verdad sería capaz de hacerlo. Se ha jurado a sí mismo que si alguna vez los encuentran ira contra todos para mantenerlo a salvo.

-Te amo—suelta Steve de repente y la mirada de Bucky se suavizan antes de darle un casto, pero largo beso.

Aún no se acostumbra a esas palabras y la primera vez que las escuchó fue tan, tan incómodo para ambos... pero Steve no lo presiona a responder, nunca lo hace. Simplemente es feliz con que lo sepa.

-Lo sé. Te creo, Steve—murmura contra sus labios y vuelve a besarlo con más confianza en sí mismo.

Sus palabras y acciones hacen a Steve el hombre más feliz del mundo y no le importa si tiene que vivir lo que le resta en esta tierra corriendo de un lado a otro, él se quedara con Bucky sin importar qué. Él es su prioridad, ahora y desde siempre. Ni setenta años separados en el hielo cambiarán la convicción que ha guiado su vida desde el principio de los tiempos: Estar a su lado hasta el final de la línea.

Steve estira la mano y alcanza uno de los mechones ondulados de su cabello, lo acomoda hacia un costado y le levanta la barbilla cuando intenta separarse. Vuelve a besarlo y es que no hacerlo es imposible.

Bucky se ríe contra sus labios debido a su insistencia y se siguen besando un poco más.

Cuando están casi listos para comer comienza a sonar el único celular de la casa y Steve lo atiende enseguida. Sólo dos persona en el mundo tienen conocimiento del número así que ni siquiera se detiene a mirar la pantalla antes de hablar.

-¿Interrumpo algún momento terriblemente empalagoso? Dime que sí—la voz del otro lado suena infinitamente burlona y Bucky suelta una carcajada discreta porque el intruso habla tan fuerte que ha logrado escucharlo.
-No tienes tanta suerte, Tony—responde el rubio en el mismo tono—¿Qué ha pasado?
-¿Acaso no puedo llamar a un amigo simplemente para saber cómo está?—reclama dramáticamente ofendido.
-Supongo que tienes la capacidad, creo, pero no es el caso.

Bucky pasa a su lado con los platillos armados en cada mano, caminando con una gracia felina tan particular para un hombre de su complexión y estatura que Steve no puede evitar mirar su figura hasta que desaparece rumbo a la sala.

Los jeans que compraron hace un par días se ajustan a su cuerpo de forma exquisita y se siente infinitamente orgullo de haberlo convencido de llevarlos.

-Ja, ja. Que gracioso, Cap. Fury acaba de venir—suelta la bomba sin más—por todo lo que conversamos creo que siguen a salvo. De hecho creo que están muuuuy a salvo. Nuestra querida agente y amiga común parece que tampoco ha querido participar en tu captura, así que oficialmente no hay ni una sola pista para encontrarlos.

Steve suelta un suspiro como si la vida se le fuera en ello. Sus hombros caen y sonríe más ligero como si hubiera perdido unas cuantas libras en una exhalación.

-Gracias—murmura al recargarse contra uno de los muebles de la cocina con el cuerpo demasiado, demasiado laxo—Dáselas a Natasha de mi parte en algún momento.
-Es inteligente, debe saberlo. De hecho probablemente Fury también lo sabe, pero como convenientemente ese día tuve una junta a última hora no hay ni una posibilidad de que haya planeado todo esto contigo. Punto para mí—ríe victorioso y Steve puede imaginar perfectamente esa sonrisa burlona en su rostro—¿Cómo ha estado? Su brazo quiero decir.

Él trata de disimularlo, pero Steve está más que seguro de que ya le ha agarrado cariño a Bucky.

-Él está bien. Habla más, se ríe... está mucho más tranquilo. Creo que fue una buena decisión sacarlo de la Torre—justo al terminar de decirlo, nota el problema en la frase—Sin ofender, Tony. Quiero decir de Nueva York, del país. Has sido de mucha ayuda para nosotros, yo no podría-

-¡Ey! Tranquilo. Sé lo que tratas de decir. Soy muy listo ¿De acuerdo?—su voz suena relajada y eso alienta a Steve—¿Ya saben cuando van a casarse? Exijo invitación
-¿P-perdón?—Steve queda perplejo, con los ojos muy abiertos y justo aparece James de vuelta en la cocina, ladeando un poco el rostro ante su expresión.
-Ya sabes. Se escondieron del mundo, cultivaron un amor prohibido por años, son de bandos rivales, codependencia, una fuga a media noche. Según cualquier libreto de Hollywood esto debe terminar en un casorio.

Mientras Tony habla Bucky se va acercando a él hasta rodearlo con sus brazos y aferrarse a su suéter. Su cabeza castaña se esconde en el hueco de su cuello, respirando sobre él al estrecharlo con fuerza.

El rubio no esperaba esa muestra de afecto, tan natural y voluntaria, así que reacciona algo tarde, pero de todos modos lo rodea con su brazo libre y acaricia su cabello castaño suavemente.

-Dudo que podamos casarnos en esta situación, Tony. Demasiadas películas para ti.
-Aburrido ¿Por lo menos están teniendo alguna clase de... algo? ¿Algún avance? No diré sexo, porque probablemente voy a avergonzarte si digo sexo ¡Sexo!
-No voy a avergonzarme por eso. Es una palabra—dice Steve, pero de todos modos se le calientan las mejillas.
-Evitaste responder.

Steve es muy consciente de que Bucky está escuchando todo y se lame los labios antes de responder. No está obligado a seguirle el juego a Tony, pero... quizás...

Su interior burbujea y se siente asquerosamente culpable por la curiosidad creciente de saber qué opina Bucky al respecto. No lo han hablado y más allá de besos profundos no han intentado retomar sus avances anteriores así que...

Oh, Mierda.

En tiempo récord la intriga lo consume. Es la peor persona del mundo.

-No, Tony. Nosotros no tenemos esa clase de "interacción". Bucky… Es complicado—resume sin dejar de acariciar el cabello castaño ni un segundo.

El cuerpo contra el suyo no manifiesta ningún cambio de ánimo y eso lo hace relajarse otra vez.

-Y yo que pensé que estaban en algo así como una luna de miel.
-Se siente como una al menos, no te lo niego.

Pasan un breve silencio y Tony suspira.

-Dale mis saludos y cualquier cosa ya sabes como contactarme.
-Gracias. Por esto, por todo. Eres un gran amigo, Tony. Estamos en deuda contigo.
-No te pongas cursi o te voy a colgar.

Steve se ríe y Bucky también.

-Estamos en contacto entonces.
-Hasta luego, Cap.

Luego de colgar Steve envuelve a Bucky con su cuerpo y los mantiene ahí. El rubio podría jurar que el castaño ronronea cada vez que sus dedos se pierden entre las hebras de su cabello.

-Quiero hacerlo—suelta de repente y pareciera como si el mundo se hubiera detenido, pero no, es sólo Rogers que ha sufrido un infarto.

El rubio se relame los labios

-¿Hacer, qué?—cuestiona, porque su mente está trabajando a toda marcha y no quiere, de verdad no quiere equivocarse.
-Mmmm..—gruñe algo indescifrable al presionar su boca contra el cuello de Steve—Soy un amnésico en terapia ¿De verdad me harás decirlo?

La electricidad que atraviesa a Rogers gracias a sus palabras lo hace presionarlo entre sus brazos sin medidas. Aprieta su cintura y su cabello casi temblando, arrancándole un quejido involuntario y justo ahí la atmósfera entre los dos explota.

Toda es maldita tensión sexual que han estado evitando se desata, intoxicando el ambiente.

Los ojos azules miran a la nada, cambiando de dirección a cada segundo porque está demasiado impresionado como para hacer otra cosa y Bucky en sus brazos colapsa por dentro, pero no piensa moverse.

Ambos llevan prácticamente una vida sin tener relaciones sexuales y jamás han hablado de tener interés sexual en el otro, ni en los años 40' ni ahora.

El rostro de Steve enrojece hasta las orejas por sólo pensar en la posibilidad lo que no ayuda a hacer la situación más natural y llevadera para ninguno de los dos. Bucky entierra los dedos en el suéter de lana ayudándolo a apretar sus cuerpo mientras intenta que su corazón desbocado se calme. Siente su palpitar en sus oídos y el de Steve lo acompaña porque está tan cerca de él que es imposible no sentirlo.

Entonces, casi en un ataque de pánico, Bucky se aparta colocando sus manos firmemente en el pecho musculoso del rubio. Toma el espacio suficiente para enfocarse y aclarar su mente antes de decir algo.

-La comida se va a enfriar—habla lo mejor que puede antes de girarse y dar un paso más allá.

Steve no se aguanta y lo atrapa del brazo, lo gira y lo besa. Una, dos, cuatro, siete veces, creando toques apretados que suenan como pequeñas explosiones cómicas en sus mentes.

-S.. teve... debe... mos... comer—le regaña y Steve se ríe contra su boca.

Al final sí, la comida estaba tibia porque se demoraron demasiado, pero eso no le quito el delicioso sabor que lograron con su trabajo en equipo.

Desde que Bucky le habló sobre los manejadores Steve le ha estado dando vueltas al asunto. En su mente aún no puede encajar del todo bien la imagen de Pierce como el manejador principal de Bucky y el líder supremo de HYDRA. Le cuesta creer que aún exista gente tan despiadada a pesar de que la historia ha demostrado cientos de veces que sus travesías de terror nunca terminan bien para nadie, si quiera para ellos.

Piensa en Rumlow y en lo que Sam le describió sobre su encuentro final. A él no le es difícil imaginarlo como alguien despiadado bajo la fachada de chico rudo, pero de trato fácil. Cuando le da vueltas a las misiones, al compañerismo y a los chistes malos entre ellos que a veces no llegaba a entender... Se le contrae el estómago.

Nunca se detuvo a desearle mal a nadie, ni en la guerra ni en las calles de Brooklyn, pero los tiempos cambian y él no es la excepción. Da gracias a Dios de que todos ellos estén muertos y no importa si esa corriente de pensamientos lo hace ver como alguien sin principios, y es que aunque pudiera asesinar a cada miembro de esa organización, no sería suficiente para saciar ni una minúscula parte del desprecio que se han ganado por lastimar lo más importante en su vida.

A pesar de todas las adversidades que se les han presentado, la guerra, el tiempo, los bando, HYDRA misma, tanto él como Bucky han vuelto a encauzarse y ocupar el lugar que les corresponde, juntos; ser todo lo que tienen y quieren tener.

Steve estará agradecido el resto de su vida por esta segunda oportunidad que se les ha dado.

En las noches mientras Bucky duerme acurrucado contra su pecho, repasa una y otra vez lo que han avanzado en su terapia mientras intercambia mensajes codificados con Sam. Sin saber demasiado de psicología y, según la misma evaluación de Sam, ha confirmado que Bucky lo ve como un sustituto de manejador y que gracias a eso él puede mantener un pilar estable en su nueva vida.

La connotación autoritaria de lo que ha significa la palabra a lo largo del historial de Bucky no le agrada, pero si eso es lo que Bucky necesita que sea Steve encantado se lo va a dar.
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Con el paso de los días su relación vuelve a ser estrecha y la confianza dudosa que Bucky tenía antes del ataque comienza a ser mucho más real, ha sentirse real. A pesar de eso, el castaño no ha querido entregar detalles sobre lo que recuerda de su tiempo como soldado de Hydra, siempre da sólo descripciones generales y a pesar de sus esfuerzos Steve ve claramente cuál es el motivo.

Sus comportamientos se ven influenciados directamente por su codependencia, como Sam le dijo desde el principio. Bucky no quiere asustarlo con su pasado, tampoco quiere entregarle más imágenes de las cuales sentirse culpable. Frente a este panorama Steve no lo ha forzado a hablar tampoco, ya ni siquiera saca el tema. Si Bucky no quiere no va a obligarlo y es así de simple.

Ha optado por la opción de dejarlo estar, si sale a colación lo abordan de la mejor manera posible, pero ambos prefieren enfocar sus fuerzas en crear nuevos recuerdos y compartir juntos el tiempo que ahora sí tienen.

Steve intenta evitar el sentimiento de culpa que lo recorre cada vez que Bucky se pierde en su propia mente, trata de afrontarlo con madurez incluso si en el fondo sigue sintiendo que es responsable directo de su trágico destino.

Aún con estos pensamientos autodestructivos en mente no tiene ganas de preocuparse de sí mismo, no es el momento de indagar en su propio sentimiento de culpa. Bucky necesita todo de él para recuperarse paso a paso así que se dedica a ofrecerle ambas manos para sostenerse y trata de construir el piso más fuerte que puede para que él siga avanzando, para que vuelva a sentirse seguro y parte de este mundo.

Steve puede acompañarlo ahora y para siempre. Va a tomar la responsabilidad de guiarlo toda la vida de ser necesario, sin importar que tan larga y demandante sea.
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Cuando va a una tienda de comestibles solo por primera vez el cuerpo le pica y la ansiedad se instala en su interior como un virus, pudriéndolo. Termina comprando de forma desesperada, pasando por sobre la gente ordenada que aguarda la fila y lanzando el dinero sobre el mostrador para volver con Bucky lo antes posible.

Al irrumpir apresuradamente en la habitación de hotel lo único que descubre es que en esos escasos veinte minutos de ausencia el castaño con suerte había alcanzado a salir de la ducha.

Cuando James ve a Steve agitado y con los ojos suplicantes parado en la puerta de entrada no tiene dudas, sigue su instinto y le toma el rostro entre sus manos, dándole un beso acogedor mientras susurra "Bienvenido a casa" con la voz más cándida que ha utilizado hasta la fecha.

Ambos lo supieron en ese instante, como un clic en sus cabezas. Fue su punto de no retorno y la mente de Bucky se despejó como si la neblina de pánico, dolor y personalidades conflictivas se hubieran hecho a un lado al segundo de tocar los labios de Steve.

Después de seis meses de terapia lograron crear luz al final del camino y Bucky desde ese momento corre y corre todo lo que puede para llegar y bañarse en ella lo antes posible.
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Bucky ha visto muchos videos en youtube últimamente, le gusta cocinar y la dinámica hogareña que han desarrollado lo ha impulsado a querer probar recetas y condimentos nuevos, a freír y mezclar sabores que jamás hubieran imaginado creando platillos deliciosos acompañados de postres aún mejores.

Steve ha estado bebiendo la imagen de Bucky con mandil y el cabello recogido en una coleta desordenada. Su expresión concentrada, seria, pero encantadora lo ha absorbido tanto que a veces Bucky lo atrapa desprevenido y se queja de que no lo está ayudando como su Sous Chef. Steve se ríe y se disculpa, pero vuelve a pegarse en su contemplación en cuanto tiene oportunidad.

El rubio no puede evitar llamarle a este tiempo Luna de miel en su mente, no importa cuanto intente evitar el pensamiento éste vuelve a reaparecer con luces de neón y música romántica de fondo todo el tiempo. El pensamiento lo termina por convencer de que Tony es una muy mala influencia para él, pero el sentimiento es tan inevitable y natural que no puede simplemente echarle la culpa a su amigo.

Todo su ser le grita que éste hombre, que ahora está cubierto de harina y azúcar, es el centro de su vida, su camino a seguir y su propósito para despertar cada día.

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Cambian de hotel a cabañas, de hostales a posadas, alojándose únicamente en las que casi no tienen clientes. Comenzaron dando nombres altamente comunes y no se quedaron en ningún lugar más de una semana. Siguiendo su recorrido terminaron al norte, muy al norte, donde los lagos son transparentes y las montañas cubiertas de nieve están en todas direcciones. Compraron ropa apropiada, comida suficiente para unos días y Steve eligió una cabaña a las orillas de un lago casi congelado.

Las horas de luz cada vez son menos, pero ninguno de los dos tiene problemas con la oscuridad así que por petición de Bucky se adentran en una caminata nocturna por la orilla del lago. Hoy la luna brilla con intensidad, casi llena a la distancia, haciendo que todas las superficies que alcanza a tocar se vean de un matiz de plateado a blanco inmaculado creando una vista idílica.

La capucha peluda de Bucky desordena un poco su cabello y Steve se deleita con la imagen de verlo arreglarlo cada un minuto. Corre un viento frío y rápido, haciendo obvio que están algunos grados bajo cero, pero están bien, los super sueros ayudan bastante con el calor corporal bajo de la ropa.

-¿Estas feliz, Bucky?—Steve se atreve a preguntar después de mucho tiempo en silencio.

La mano que sostiene la suya se acomoda entrelazando los dedos, afianzando el agarre. El castaño guarda silencio y observa a Steve mientras caminan, atestiguando cómo el reflejo de la luna le da un extraño color turquesa a sus hermosos ojos azules.

-Es extraño ¿Sabes? Estar aquí, caminar en medio de la nieve contigo—susurra en tono contemplativo—Mis expectativas solían ser tomar helado en Coney Island y eso ya era esperar demasiado de la vida.

Steve se ríe al avanzar, escuchando de fondo el vaivén de los árboles congelados y nada y el universo entero al mismo tiempo.

Le gusta esto, este momento; la voz profunda de Bucky, el vaho de sus labios y en color rosa de sus mejillas. Es dolorosamente perfecto.

-Todo lo que ha pasado es una locura. Con todo lo que amé pensar sobre el futuro jamás espere esto—el castaño baja un poco la cabeza, encogiéndose dentro de su abrigo—Te amo, Steve. Incluso entonces lo sabía, sabía que el mundo cambiaría, que las novias y nuestros amigos pasarían... que todos los demás se iría, pero no nosotros.

Esa verdad agrega peso extra en el corazón de Steve, lo llena, lo nutre y se convierte en la sensación más cálida de la tierra.

-Para mí esto fue un "para siempre" desde el comienzo y aún tenerte aquí me hace tan feliz, tan feliz, Steve—aprieta un poco el agarre de sus manos para enfatizar sus palabras mientras su rostro se contrae lleno de emociones—Incluso si nos separamos un poco en el camino estoy muy feliz de haberte encontrado. Demonios, si lo pienso bien es un milagro que nos volviéramos a encontrar, de todas las personas que pudieron ser...

Steve sigue caminando a pesar de la conmoción interna y de que su cuerpo arde por tocarlo.

Cuando salieron de la cabaña ya tenían una atmósfera cargada de intimidad y confianza y por eso se atrevió a preguntarle algo tan profundo, pero no esperaba este desplante en su respuesta. Tan encantador, tan sincero, tan... Bucky.

Todos y cada uno de los Bucky que ha conocido mezclados en uno solo para él.

-Te amo, Buck. Quiero pasar el resto de mi vida contigo—murmura, casi tan bajo como él le ha estado hablando.

Sus manos entrelazadas tiemblan y el calor que emanan sus cuerpos es tan palpable como si los guantes no existieran. Sus pasos contra la nieve hacen un sonido constante al igual que el roce de la ropa, se balancean en perfecta armonía mientras observan las montañas y la luna en la oscuridad.

Están demasiado emocionados, demasiado emocionales.

Se giran a verse al mismo tiempo y sonríen, avergonzados, nerviosos, como los idiotas enamorados que son. Bucky toma el primer impulso y tensa su brazo para tirar suavemente de Steve hacia sí mismo, alza el rostro y acaricia con su nariz helada la cálida mejilla de Steve.

Ambos se detienen frente al otro, se toman las manos por instinto y en medio de la nieve, el viento y el suave sonido del agua se besan y se siguen besando.

-Te amo, tanto, tanto. Dios... Buck, no tienes idea.

La voz de Steve es ronca e íntima, le va confesando su amor en medio de besos desordenados, pero dulces y Bucky se derrite contra su boca porque él es lo mejor que le ha pasado en la vida y aún ahora, contra todo maldito pronóstico, ese pensamiento no ha cambiado.

Éste es el momento en dónde aún con miedos e inseguridades, aún con su personalidad fragmentada, puede creer que están destinados y nada jamás, bajo ninguna fuerza ni trágico destino, podrán ser separarlos.

Cuando llegan a casa a pesar del frío exterior sus mejillas se presentan rojas y el vapor que sale de sus labios se va entremezclando a medida que se siguen besando. Se ríen en medio de su desesperación por quitarte las chaquetas, pero Steve detiene a Bucky a medio camino cuando quiere quitarse el suéter y Bucky gimotea y Steve lo abraza y lo carga en brazos hasta la habitación, dejarlo sentado en la orilla de la cama.

-Primero debo encender la chimenea.
-¡Pero, Steeeeeve!—se queja el castaño mientras cae hacia atrás sobre la enorme cama matrimonial.
-Suero o no, no voy a dejar que mueras de frío, Bucky—comenta mientras apila los leños y los enciende lo más rápido que puede.
-Tú me vas a mantener caliente, no necesito una maldita chimenea.

La frase se dispara en respuesta de forma automática y está tan cargada de... bueno, de todo, que por un momento Steve deja de respirar y Bucky rueda por la cama boca abajo sumido en la vergüenza.

-Paciencia—murmura el rubio, aunque no está seguro de si es un consejo para sí mismo o para su compañero.

Es algo torpe al elevar el fuego dentro de su estructura, pero el cambio de temperatura es automático, en un par de segundos pasan de la era glacial a algo mucho más acogedor. Steve se levanta del piso y se quita su chaleco por sobre la cabeza antes de darse la vuelta. Enfoca la cama desde primera fila y antes pensar en algo su mente da un corto circuito.

Bucky se presenta envuelto en la gruesa manta afelpada que se usa para cubrir parte de la cama, su cabeza se asoma bajo lo que podría describirse como una capucha improvisada y el resto de su cuerpo permanece oculto bajo el esponjoso pelaje café.

No es difícil adivinar que ya está desnudo y, si necesita más pruebas, a su derecha sobre el respaldo de un sitial se encuentra toda la ropa descartada.

-¿Aún vas a venir?—su voz suena débil, llena de dudas pero esperanzadora.

Sus enormes ojos grises están fijos en los de Steve buscando algún rastro de arrepentimiento, algo que le haga pensar que esto no es lo que quiere.

Steve le devuelve una mirada intensa cargada de necesidad y de posesión.

-Por supuesto—contesta con absoluta seguridad y la sonrisa que se gana como respuesta lo sigue convenciendo de que hoy, ahora es el momento correcto para dar el siguiente paso.

Sin necesidad de más pruebas comienza a quitarse las capas de ropa frente a su compañero, colocándolas en el mismo sitial ya utilizado. Inicia con las superiores tratando de no parecer tan nervioso como se siente, pero cuando quita el cinturón sus manos tiemblan y vuelve a unir su mirada al gris profundo iluminado por las llamas.

-¿Disfrutas el show, Buck?—comenta a la ligera porque llevan demasiado tiempo en silencio y eso sólo logra ponerlo más y más nervioso.

El castaño para responder asiente, aún muy concentrado en mirarlo sin perderse ningún detalle.

Steve toma una respiración profunda y sigue con su tarea. Ya sabe que está medio duro y cuando por fin queda desnudo ni siquiera el frío puede combatir su excitación y adrenalina. Una de sus manos se abre paso por su cabello hacia atrás, tirando un poco las hebras en su nuca para darse valor.

El pecho del castaño se eleva bajo la manta y se acerca a la orilla de la cama para recibir a su imponente compañero. Steve entiende la invitación y se encuentran al borde del colchón.

Es difícil concentrar la vista en un sólo punto, pero sus ojos se encuentran más de lo esperado y las sonrisas fáciles los atacan sin avisar. Steve lleva sus manos a la manta y la recorre para dibujar la silueta de Bucky bajo sus hebras, encontrando un asentamiento en sus estrechas caderas.

El castaño acomoda sus rodillas separadas sobre el borde de la cama y se inclina hacia adelante, abriendo la manta hasta que cae por su espalda mientras sus manos viajan sobre los hombros de Steve. Se acercan lo suficiente como para sentir el roce de la piel ajena y eso les genera un escalofrío, los dedos largos de Bucky llegan a la nuca de Steve y se entretienen jugando con el cabello corto del capitán.

Steve ante la sensación aprieta sus caderas, acercándose aún más.

-Hola—susurra Bucky sólo por decir algo, dejándole ver que está igual o más nervioso que él.

Steve une sus labios en un beso suave, acercando sus cuerpo hasta tener un contacto directo. Sus pechos se pegan, al igual que sus estómagos y los penes de ambos logran el primer contacto al apretarse entre sí.

-Hola—jadea Steve sobre sus labios y siente como Bucky se inclina hacia adelante y se restriega sutilmente contra él.

Es la primera vez que Steve comparte intimidad con otra persona y aunque no tiene experiencia práctica, toma la urgencia de contacto de Bucky como un indicio de que algo está haciendo bien.

El castaño se muerde el labio cuando estira su cuerpo hacia arriba y vuelve a bajar, creando deliciosa fricción que los hace jadear al compás.

Steve vuelve a bajar a sus labios y esta vez comienza el asalto con más intensidad, obliga al castaño a separarlos y sus lenguas se encuentran con una bienvenida entusiasta. El sonido de sus respiraciones acompaña los jadeos momentáneos y la batalla va tomando forma a medida que avanzan los minutos. Se devoran, con urgencia y necesidad, las manos de Bucky tiran del cabello rubio más cerca y Steve impulsa su cadera hacia adelante, frotando su miembro contra el de Bucky copiosamente mientras sus lenguas húmedas y juguetonas comienzan a ser reemplazadas por mordidas y succiones más elaboradas.

Los brazos de Bucky bajan por los hombros de Steve y lo mantiene fijo antes de separarse de su boca y bajar y atacar su cuello expuesto. Steve se sacude, suelta un gemido y Bucky responde con el suyo antes de morder y succionar la piel cerca de la unión con su hombro derecho.

El corazón de Steve bombea pesado dentro de su cuerpo y a medida que su juicio se va nublando de adrenalina y lívido sus manos encuentran el camino correcto y lanzan la manta afelpada hacia atrás. Su respiración se vuelve pesada gracias a la electricidad que Bucky activa con su boca sobre su piel. No lo deja pensar con claridad así que se guía por instintos, sin dudar, aplastando las vacilaciones de principiante en cuanto sus dedos encuentran los glúteos de Bucky y los exprime.

El castaño se sobresalta y se aprieta en su contra, soltando un fuerte jadeo cerca de su oído. Una muy buena reacción a su juicio.

Entre sus manos la carne es suave y firme, con la curva perfecta para volver a estrujar las mejillas entre sus dedos. Bucky se vuelve inquieto y salta entre sus brazos al gemir cerca de su clavícula, escondido.

-Steve... Steve—el castaño lo llama mientras curva la espalda y Steve vuelve a apretar su carne con la fuerza suficiente como para dejar la huella de sus dedos marcados por un rato.

Una neblina de placer los va envolviendo, llegando a un punto en donde ambos comienzan a desesperarse por más contacto.

El rubio toma confianza ante las reacciones y se vuelve más atrevido. Toma una de las mejillas de Bucky desde la unión con su muslo y la separa para recorrer su grieta con su diestra, encontrando el anillo de músculos y presionando un dígito suavemente sobre él, tentando.

La mano de metal de Bucky se enrosca alrededor de su cuello mientras su diestra encuentra sus penes y los envuelve lo mejor que puede para comenzar a masturbarlos a un ritmo constante.

-Mierda ¡Bucky!—gruñe Steve sorprendido, sin detener su juego exploratorio.

Le cuesta enfocar sus sentidos en más de una acción a la vez porque está demasiado abrumado, pero eso no evita que curve su cadera hacia adelante y atrás, golpeando en el estrecho pasaje creado por la mano del castaño.

-Te escucho—responde con seriedad, atacando los labios del rubio nuevamente mientras empuja contra su mano también.

Ahora son menos coordinados, pero más intensos, hay más lengua, más mordidas y más succiones de las estrictamente necesarias. En medio de todo Bucky comienza a alimentar un fetiche contra el labio inferior de Steve y el rubio no planea oponer resistencia. Corresponde a su entusiasmo apretando su culo con vehemencia, acercándolo contra sí hasta que, sin detener el masaje sobre la carne fruncida, comienza a internar un dedo cuando lo siente lo suficientemente relajado.

Bucky se detiene en el instante que lo siente dentro, aprieta el cabello en su nuca y deja salir una primera descarga contra su propia mano. Pierde un poco el equilibrio, viéndose obligado a apoyarse contra Steve porque sus piernas tiemblan más de lo que él recordaba de orgasmos pasados y, Jesús, lo único que puede definir en su mente es la urgente necesidad de seguir restregándose contra su rubio amado.

-Bucky.. tú-
-Esto saco por masturbarme demasiado... ah, ah... se siente bien—y para enfatizar su punto contrae sus músculos alrededor del dedo de Steve.

La sensación aterriza directamente en el pene del rubio, el cual da un respingón sumamente notorio contra la mano de Bucky.

-Parece que para ti también—sonríe burlón y por un segundo Steve ve frente a él al Bucky coqueto y desinhibido de los años 40'.

Traga saliva porque en un segundo su boca la produce en exceso. El reconocimiento de la personalidad pasada hace que todos los vellos de su cuerpo se tensen hasta su máxima expresión.

Dios… él, él es tan dolorosamente hermoso.

Las múltiples personalidades de Bucky parecieran ir y venir y turnarse a medida que se tocan. A veces es tímido y se deja guiar, en ese lapsus de tiempo logra recostarlo sobre la felpa y colocarse entre sus piernas abiertas hasta chocar sus penes otra vez. Su rostro completamente afeitado se ve adorable desde su perspectiva y se colorea de una forma exquisita cuando estira su mano y acaricia su pómulo mientras mueve las caderas, dándole falsar embestidas a su cuerpo sensible.

El pulgar de Steve viaja por su humedecido labio inferior, apretándolo, definiéndolo, hasta que es atrapado entre sus dientes y lo muerde más fuerte de lo necesario.

Una advertencia.

Azul se reencuentra con el acero gris en la penumbra. El pecho de Bucky vuelve a estar bajo control total y su mirada perdida lo examina desde la cama como si lo viera por primera vez en esta noche.

-Steve.

Su nombre en los labios del Soldado de Invierno tiene un sabor más pesado y seco que cuando lo pronuncian los otros.

Al rubio le toma un segundo entender el cambio. Rápidamente posiciona sus manos bajo las rodillas del castaño como pesados grilletes y hace presión, abriendo y sometiendo su cuerpo con el suyo totalmente rígido, exhumando dominación y la autoridad necesaria para alinearse con él.

Los brazos heterogéneos se encuentran a los costados de la cabeza sobre la cama, aferrados a las sabanas. Si es para evitar golpearlo o no Steve no está del todo seguro.

-¿Vas a detenerme?—gruñe determinado, manteniéndolo en esa posición mientras su diestra se extiende para tomar el lubricante que Bucky mismo dejó sobre la cama.

-No.

El pene de Bucky se sacude, con la punta blanca al igual que el suyo.

Es difícil. Es difícil estar en guardia y calentar el lubricante entre sus dedos y, al mismo tiempo, no apreciar lo terriblemente excitante y adrenalínico de la situación.

Y es que éste Bucky, inexpresivo, peligroso y sensual también le gusta mucho. Dios, todos los Bucky le gustan mucho.

-No te muevas—su voz suena firme, incluso cuando su interior vacila.

El Soldado de Invierno reconoce el comando y lentamente lleva sus manos hasta detrás de sus propias rodillas, ayudando, manteniendo esa posición vulnerable para que Steve se pueda tomarse su tiempo y trabajar en él.

Steve no va a desperdiciar ese regalo.

Sin miedos lo masturba mientras ingresa en él, un dedo a la vez, lentamente explorando, rotando, jugando en su interior hasta relajarlo. Ve el pecho del castaño volver a sudar, volver a estremecerse bajo sus manos y eso lo hace sonreír, deleitándose con la imagen que está seguro nadie más ha contemplado en la vida.

Se ha ganado el permiso. Él es el único ser humano que tiene el permiso del Soldado de Invierno para hacerle el amor, para volverlos uno desde hoy y para siempre.

-¡Steve! ¡Ah!... Oh, mierda—entonces su voz vuelve y sigue siendo perfecta.

Desde su posición, ahora con tres dedos dentro de Bucky y un ritmo de muñeca acelerado, siente su amor, su lujuria, su ego y necesidad dispararse a niveles alucinantes porque, Dios, no importa qué Bucky sea el que tome el mando, cada uno de ellos hace que el corazón de Steve estalle de felicidad al ser reconocido.

-Yo no tengo control de... de... mmmm Ohh...

Steve besa el costado de la rodilla que ahora descansa sobre su hombro. Sabe lo que intenta decirle y le sonríe, irradiando felicidad porque no puede dejar de sentirla.

-No importa. Te lo dije antes—ronronea mientras juega con la recién encontrada próstata de su amante—Todos ellos son parte de ti ahora y yo te amo a ti, Bucky, a cualquiera de los Bucky que quieras darme.

Bucky estira las manos en su búsqueda y Steve se acerca atraído como un imán. Se besan, lento, rítmico, siguiendo el vaivén establecido por los dedos de Steve.

-Entra... te quiero. Ahora.

El interior de Bucky está lo suficientemente humedecido como para que Steve sólo tenga que alinearse un poco, sujetarlo de la cadera y empujar. Hay resistencia al principio, Steve no es exactamente un pene promedio, pero Bucky se adapta, relaja su cuerpo y lo toma una pulgada a la vez, inhalando y exhalando mientras se desliza.

Para cuando toca fondo ambos están al borde del orgasmo y Steve deja salir una pequeña descarga en su interior.

Gimen en conjunto.

-Buck.. Bucky

El nombre suena delicioso, todo él es delicioso y su interior es... se expande, se contrae, lo derrite, lo aprieta y envuelve como si hubieran nacido para conectarse de este modo.

Escondido contra el cuello ajeno un momento Steve va posicionando sus rodillas firmemente sobre el colchón, las piernas de Bucky se cierran en torno a sus caderas y sus brazos se enroscan en su cuello. Sus manos, una cálida y otra fría, le van produciendo sensaciones placenteras a medida que se desplazan por su espalda. Un escalofrío y un cosquilleo, todo a partes iguales.

-Aquí voy, amor—advierte besando su mejilla. Acomodando los antebrazos contra la cama.

El apodo surge naturalmente debido a la situación y Bucky aprieta su interior en respuesta.

...Erskine nunca le advirtió sobre esto.

Aunque trata de medir la fuerza de sus embestidas éstas serían un daño potencial para cualquiera que no estuviera parcialmente mejorado como él. Es potente, rítmico, duradero y aterradoramente rápido cuando se emociona demás, como un borrón en movimiento y, demonios, apenas puede escuchar sus propios pensamientos cuando la succión y recepción del cuerpo de Bucky lo hace sentir tan increíblemente bien.

No está seguro de cuántas veces se han venido, quizás tres o cuatro, pero su cuerpo apenas parece procesarlo. Su pene sigue duro y el de Bucky también, sus voces son meros gruñidos y maldiciones y está seguro que el Soldado de Invierno fue el que lo mordió despiadadamente en el hombro hace apenas unos minutos, arrancando un poco de sangre que ahora se seca sobre su piel.

Las piernas de Bucky están temblando por lo que sugiere cambiar la posición. Ralentiza sus embestidas poco a poco, pero su cuerpo no coopera muy bien y el agarre de hierro de Bucky tampoco.

Pasa de ser una simple metralleta con munición infinita a una maldita escopeta. Ahora van lento, pero es mucho más potente, sale lentamente, siente un poco de frío y golpea hacia adelante y Bucky grita sus gemidos cada vez que impacta contra su interior.

-¡Da! ¡Da! ¡Da!

Su voz en ruso es más profunda y lenta, como si la palabra en sí misma fuera un canto de placer.

Steve se endereza un poco y lo ve con los ojos cerrados, las facciones contraídas y su vieja costumbre de morder su labio a flor de piel. Sigue empujando hasta que logra correrse y Bucky tensa su interior para recibirlo.

Gracias a Dios.

-Bucky ¿Estas bien?

Le aparta algunos mechones de cabello del rostro enrojecido, viéndolos enmarcar su cabeza al caer desparramados sobre la cama. La imagen es tan cautivadora e íntima que despierta su antiguo deseo de dibujar. Trazos definidos, ojos profundos y grandes, su perfilada mandíbula cuadrada, sus labios llenos y maltratados... y su pene da un nuevo tirón.

Mierda.

Bucky ronronea por el movimiento dentro de él y menea su cadera para acomodarlo, arrancando un gemido de Steve.

-No, no te estás moviendo—su voz parece molesta, pero está tan afectada por el ejercicio que no logra ser intimidante.
-Sabía que también te gusto—se envalentona el rubio al responder, dejando un pequeño beso sobre los labios del Soldado de Invierno.

Un letal leopardo de las nieves justo debajo de su cuerpo desnudo.

… con el pene atrapado dentro de él.

-¿Yo te gusto?—pregunta sorprendido, no se nota en su expresión pero sí en el cómo lo dijo.
-Por supuesto. Eres encantador a tu manera, Bucky—Steve toma su mano de metal y besa la palma con los ojos cerrados—Creo que mi hombro está de acuerdo en eso.
-Imbécil.
-Idiota.

Los ojos grises se apartan, pero se permite esbozar una pequeña sonrisa a pesar de que Steve lo está mirando.

-Sabes que nunca te desharás de mí ¿Verdad?

Bucky se arrastra hacia arriba, sorprendiendo a Steve cuando sus cuerpos se separan. Por un momento el rubio entra en pánico y se inclina hacia adelante para detenerlo hasta que lo ve voltearse. Dobla las rodillas, curva su culo hacia Steve y... oh... Lo ve acomodar unas almohadas frente a él e inclina la cabeza sobre ellas.

Steve está consternado. Definitivamente no esperaba esto.

Bucky separa las piernas y se relaja de tal forma que el semen que Steve anteriormente vació en su interior se desliza por su piel como un pequeño río blanco. Sus ojos siguen esas primeras gotas hipnotizados.

Mierda, mierda, mierda. A cada segundo tiene más y más calor y sabe que esto no terminara nunca.

-Cuento con eso, Capitán. Ahora, vuelve a entrar—menea su cadera para atraerlo como una abeja a la miel.

Y qué miel, Dios. Steve la bebería entera.

Tuvieron un leve problema técnico en.. ya no saben ¿La sexta ronda, tal vez? El punto es que rompieron la cama y el colchón quedó desnivelado así que entre los reclamos de Bucky y la urgencia de Steve se mudaron cerca de la chimenea, acarreando todas las frazadas de la cama hasta hacer un nido acogedor y ahí siguieron.

Setenta años de abstinencia para dos supersoldados podría haberse convertido en una catástrofe pública en otro lugar y entonces, por alguna razón que Steve desconoce, las palabras de Tony lo alcanzan desde la lejanía rememorando cuando le advirtió sobre no destruir su torre a… embestidas.

Steve besa la espalda desnuda de Bucky y agradece al destino por encontrarse en medio de nada para disfrutar este momento sin restricciones.

Cuando el castaño llega por octava vez se corre con fuerza sobre el estómago de Steve, en abundancia, aún subiendo y bajando sobre el pene del rubio hasta ordeñarlo por completo.

Ambos están hipersensibles y aun así seguirían empujando hacia el otro por mero instinto. Salvajes, sudorosos y cómplices amantes.

Si lo piensa detenidamente Steve sabe que olvidaron muchas cosas en el camino, como explorarse bien, limpiarse, descubrir zonas sensibles, pero... ya tendrán tiempo para eso. Todo el tiempo del mundo.

El castaño al terminar de correrse cae hacia adelante con peso muerto. Casi al instante comienzan las contracciones musculares que lo hacen temblar cada poco segundos, se remueve sobre Steve y éste lo contiene, masajea su espalda y su cadera hasta que se va calmando. Steve se habría asustado muchísimo de esa reacción sino fuera porque él experimenta lo mismo sólo que con menor intensidad.

Ha sido demasiado e incluso así no tienen suficiente.

El silencio que envuelve su descanso es tan profundo y placentero que los leños suenan a medida que se van quemando y el tibio calor desde la chimenea carga el ambiente de una atmósfera íntima.

Se acurrucan en las mantas y sólo se observan el uno al otro.

Sonríen. Se besan.

-Gracias—susurra Bucky contra sus labios, delineando sus facciones con las yemas de los dedos.

-No hay nada que agradecer Buck.

Steve toma sus manos y las besa, amándolo con la misma intensidad de cuando tenía dieciséis años y se dio cuenta por primera vez.

-Tú me has salvado a mí.

A Bucky le toma un momento, pero cree entender el significado de esas palabras así que lo acerca a su cuerpo y se sostienen mutuamente, escondidos del mundo bajo frazadas peludas y suspiros enamorados que por fin pueden expresar con libertad.

Aún tiene mucho que recorrer, muchas cosas que reparar, pero tiempo es lo que más tienen en este momento. Así que mientras estén bajo el fuego, la nieve y la eternidad compartida en los brazos del otro no les importa ser viajes del tiempo mientras puedan permanecer juntos para siempre.

Fin


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Hola a todos. Wow. Ha pasado mucho tiempo.
Ya estoy haciendo mi tesis de la universidad y por azares del destino, en medio de todo, quise darme el tiempo y terminar esto. Estaba escrito en dos capítulos hace... un año quizás ¿?, pero no lo había revisado así que ahí estuvo mucho, mucho tiempo. Ahora solo lo uní y aquí estamos.
Haré un epílogo y entonces podré decirle adiós a esta historia.

... No hablaremos de EG porque supongo que todos coincidimos en que hay fanfic mucho más coherentes que eso.

Tengo una propuesta y me gustaría escuchar sus opiniones. Tengo 3 fanfic a medio hacer de estos dos y no sé en cual centrarme primero:
El 1ro es un Omegaverse adolescente. Steve queda huérfano luego de la muerte de Sarah y los Barnes se hacen cargo de su custodia. Tiene toda la temática escolar de chicos populares, nerds, bullying, drama y demás~

El 2do es un fanfic que comencé después de ver IW, en donde Bucky tiene múltiples trastornos, en medio de ellos tiene visiones de lo que él cree es una vida pasada. Sam como su terapeuta al principio cree que sólo son imágenes al azar sin mucha importancia hasta que comienza a ver una siniestra conexión entre el hombre rubio que describe Bucky y su mejor amigo: Steve Rogers.

y el 3ro tambien es un Omegaverse en donde Bucky es hijo del presidente de los Estados Unidos y Steve es un alfa obsesionado con él. Éste planeo que sea corto, uno capítulos como mucho.

Eso. Si alguno les interesa haganmelo saber :3

Que estén bien y nos leemos!