Capítulo 10
Corazones congelados
31 de octubre de 1981
—¡Adelante!
Bellatrix abrió la puerta del despacho de Dumbledore. Detrás de ella, Severus ingresó situándose a su costado.
Minerva saludó con una educada inclinación de cabeza y se mantuvo al lado del gran ventanal que daban a los jardines.
—Siéntense, por favor—invitó indicándoles los asientos vacíos.
Ambos asintieron y se sentaron en los lugares asignados.
—¿Y bien? ¿Alguna solución?—preguntó Snape, esperanzado.
Habían estado esperando durante días. Después de la primera reunión con Dumbledore, donde le confiaron la intrincada situación en la que se encontraba Bellatrix con la familia Longbotton, el director por fin los había citado en su despacho. Esperaban que fueran buenas noticias.
—Sí, en efecto—contestó Albus.
Bellatrix, que hasta el momento había mantenido el silencio, suspiró dejando salir la tensión acumulada. Tendría una salida, una oportunidad para no volver a caer en el ciclo de violencia continua. No estaba en sus planes volver a asesinar a alguien. Que le dijeran que había…que existía una posibilidad para no hacerlo, aunque fuera mínima, le devolvía las esperanzas. Esas mismas que conservaba en su corazón cuando por las noches se recostaba al costado de su esposo, soñando con el alma estar con su familia…con su hijo y su mujer.
—El contenido de este frasco la desmayará—siguió el director con voz grave, apoyando el pequeño frasco rojizo sobre el escritorio —. Procure tomarlo antes de ingresar en la vivienda—remarcó, mirándola directamente.
—¿Y luego qué?—preguntó, dudosa.
—La trasladaremos—explicó, sentándose en el sillón—. La orden se encargará—aseguró con determinación.
—¿Y la familia Longbotton? ¿Qué pasará con ellos?—interrogó, estrujándose las manos.
—Descuide. Están al tanto, y hemos ideado una alternativa—contó, pero no más de lo necesario.
—¿Estarán a salvo?—quiso saber con nerviosismo.
¿Y si algo salía mal? Su esposo estaría allí, a su lado. Él no le daría tregua. Llegado el momento no podría negarse, tendría que actuar.
—Renunciarán a su hijo por un tiempo, pero sí….estarán a salvo—confirmó Dumbledore, sentado detrás de su escritorio.
Bellatrix estrechó las cejas, confundida. ¿Renunciarían a su hijo? ¿De qué estaba hablando? ¿Qué habían ideado?
—Saldrá bien—animó Severus, estrechándole la mano.
—A las siete tengo que estar allí—murmuró, observando el líquido frente a ella—. No voy a negarlo, estoy nerviosa—confesó, suspirando hondo y guardando el frasco en uno de los bolsillos de su vestido.
—Regrese a su mansión, Madame Lestrange. Nosotros nos ocuparemos del resto—despidió Albus, haciéndole una seña a Minerva para que les abriera la puerta y los condujera por la parte trasera del castillo.
—Gracias—expresó Bella antes de marcharse—. El día que tenga que pagar mis deudas, no recordaré cuantas situaciones fue capaz de facilitar—sonrió de lado.
—Descuide, esperemos que ese día nunca llegue—asintió con cortesía.
—¡Crucio! ¿Dónde están? ¡Dímelo! ¿Dónde se encuentran Lily y James Potter?—gritó Bellatrix, actuando como era de esperarse.
Le había lanzado la maldición a Frank, el menor tiempo posible. El líquido del frasco debía hacer efecto casi de inmediato. Sí…ya podía sentirlo.
—¡Quítate! ¡No está funcionando! —la empujó Rodolphus, corriéndola a un costado para ocupar su lugar—. ¿Así qué no quieres hablar? A ver si esto te suelta la lengua—escupió, poniéndose en posición para lanzarle el Crucio como era debido.
—¡Nooo!—gritó Alice, tendida en el suelo, al otro lado de la habitación destrozada.
—¡Deténganse!—rugió Goile, apareciendo de golpe.
—Pero…¿qué haces aquí?
Rodolphus bajó su varita, interrogante. Se suponía que debían terminar el trabajo encomendado. Algo no estaba bien. Podía notarlo en el rostro de su compañero. Estaba aterrado ¿Qué había sucedido?
¿Qué hacía ese desgraciado ahí?, pensó Bella, tambaleándose ¿Por qué venía a los gritos? No comprendía que era lo que decía. La habitación le giraba. Se sostuvo a una de las paredes y comenzó a respirar con dificultad. Los oídos le zumbaban. Veía como sus labios se movían a cámara lenta, pero su cerebro se estaba desconectando. Vio como Rebastan se acercaba al recién llegado y lo sacudía como a un muñeco, pidiéndole explicaciones. ¿Algo de un ataque? ¿Un empaque?...
Y de repente, todo se le hizo negro.
—Bellatrix se desmayó—dijo Crouch Jr, codeando a Rodolphus.
—Dejémosla. No hay tiempo—habló Goile, jadeando.
Debían salir de ahí cuanto antes. El ministerio ya estaría lanzando un alerta para apresarlos a todos.
—Es mi esposa, idiota. No la dejaré—aulló Rodolphus, intentando levantar a Bellatrix con su peso muerto.
—¿Desde cuándo te preocupa?—Rebastan, frunció las cejas.
La habitación y la cuadra entera, se volvieron un caos. Sin previo aviso las paredes comenzaron a iluminarse, destellando una centena de hechizos lanzados….la orden había llegado.
—Nos atacan. Debemos salir ¡Ahora!—repitió Goile, colocándose la capucha, pronto para desaparecer con o sin sus compañeros.
—No…no puedo dejarla—insistió Rodolphus, pero un fuerte impacto en la pierna, producido por una luz blanquecina, lo hizo desistir. Dejó a Bella tendida en el suelo y se largó a toda velocidad.
—¡Vamos, Rodolphus! Si nos atrapan, nos encerrarán en Azkabán—empujó Rebastan con todas sus fuerzas la pesada puerta, desprendida del marco.
—Hay que largarnos ¡YA!—grito Crouch Jr, tomándolos a ambos por la túnica y desapareciendo en un pestañar.
Cuatro miembros de la orden y uno agregado, se hicieron visibles.
Arthur, se aproximo a Bellatrix inconsciente para finalizar lo que habían comenzado. Albus les había confiado el secreto y ellos le corresponderían. Ayudarían en lo que fuera necesario.
—Yo la sostengo—dijo Severus, cargando con su peso muerto.
De repente, dos figuras más se hicieron presentes.
—¿Dumbledore? ¿Profesora?¿Qué hacen ustedes aquí? Habíamos quedado en…
—Algo terrible ocurrió—detuvo, alzando una de sus manos.
—¿De qué está hablando?—preguntó Molly, estrechando las cejas.
—Minerva. Por favor, lleva a la familia Longbotton al castillo—pidió Dumbledore—. Qué la señora Pomfrey se encargue de ellos.
—Por supuesto—asintió, ayudando a Alice a ponerse de pie.
—Luego regresa al Valle de Godric. Vamos a necesitar ayuda—suspiró antes de seguir hablando.
—¿Qué ocurre?—intervino Dearborn, dando un paso al frente.
—La casa ha sido atacada. Fue una emboscada simultánea.
—¿Cómo un ataque simultaneo? No tiene sentido ¿De qué está hablando?—ahogó Molly, tapándose la boca con las manos.
—Peter Pettigrew los entregó—informó, bajando su mirada.
No había manera de decirlo con delicadeza. Voldemort había jugado sus cartas, engañándolos a todos. Peter, solo había sido uno de los tantos peones de guerra.
—No, debe haber una equivocación—negó Severus, desesperado, con Bellatrix en sus brazos.
—Severus…—gimió Molly, al verlo aferrándose al cuerpo de Bellatrix como si fuera un ancla.
—¡Escúchame! Necesito que te calmes—pidió Albus, colocando una mano en su hombro.
—¿Lily? ¿Él…la mató?—se le atragantaron las palabras. La garganta se la había contraído dolorosamente y se le estaba haciendo dificilísimo respirar.
—Lo siento—murmuró el anciano con el rostro compungido.
—No…no, no, no—calló de rodillas.
Arthur se acercó de inmediato para ayudarlo.
—¿H…Harry?—preguntó con un hilo de voz—. ¿Harry…él…está…?
—Ella lo salvó. Entregó su vida por él. Lo protegió hasta el último instante—contó con la voz quebrada.
—Esto no puede estar ocurriendo. No, no puede ser verdad—repitió con las lágrimas ensopándole las mejillas.
—Déjame ayudarte, por favor—pidió Arthur, acuclillándose a su costado.
—No, yo puedo solo—rechazó, acomodando nuevamente a su amiga entre sus brazos y levantándose del suelo.
—Todos están en camino—informó Dumbledore—. Compañeros, les voy a pedir que regresen a la orden y que aguarden allí.
—Pero…—quiso protestar Molly.
—Albus tiene razón, cariño—le habló su esposo.
Dearborn y Diggle, asintieron. Esperarían juntos en Grimmauld place.
—Lleguemos cuanto antes—apuró Severus, pronto para desaparecer.
El humo se esparció en el centro de la calle. El frío era penetrante.
Severus tuvo que contener una exclamación. Lo que veían sus ojos no podía estar ocurriendo. Debía ser una pesadilla.
La moto de Hagrid se encontraba en la puerta de entrada.
—¿Dónde está? ¿Dónde lo tienen?—gritó el pocionista, entrando en la casa en ruinas.
Dejó a Bellatrix sobre una manta conjurada y en dos zancadas enfrentó al primero que vio…Lucius.
Como había dicho Albus…todos estaban allí. Lucius, Narcissa, Sirius, Remus y Hagrid. La casa se sostenía como podía, pero ninguno estaba dispuesto a abandonarla.
—Él está bien, Severus. Tienes que calmarte—dijo Lucius, haciéndole un gesto a su esposa para que se aproximara.
—Narcissa…—susurró Severus, cuando la vio aparecer con Harry en los brazos.
Severus lo sostuvo y lo abrazó con fuerza. Su ahijado estaba bien… cansado, sucio, pero bien ¿Cómo era posible? ¿Cómo Voldemort no le había hecho daño? Lo observó detenidamente, asegurándose de su estado. Solo una cicatriz en su pequeña frente, eso era todo.
—¿Dónde están? ¿Arriba?—preguntó, mordiéndose el labio a la vez que acunaba a Harry.
El pequeño luchaba para mantenerse despierto sacudiendo sus bracitos, desesperado. Era como si supiera que ese día sería el último que estaría en presencia de sus dos madres.
—No, mejor no vayas—aconsejó, llorando sin pausa.
—Tengo que hacerlo—dijo con determinación.
—Hagrid, creo que habló por todos. Este no es un lugar para un niño—intervino Albus.
—Estoy de acuerdo, profesor. Ven, Harry—susurró Hagrid, pidiéndoselo a Snape que se lo entregó, no sin antes darle un beso cariñoso—. Iremos a visitar mi cabaña—le dijo tomando la mantita y su peluche. Cubriéndolo y abrigándolo con cuidado, se agachó para salir de la casa.
—Narcissa, ve con ellos, te lo ruego—suplicó Lucius, sosteniéndole los hombros, logrando así que enfocara.
—No, Bellatrix me necesitará. Debo estar cuando despierte—se negó con la mirada perdida.
—Por favor, cariño. Ve con Hagrid—repitió —. Por favor. Busquen a Draco y quédense allí—rogó.
—Haré té y galletas para los niños—intentó convencerla el semi gigante, esperando que lo acompañara.
Narcissa ya no dijo más nada, solo se dejó guiar hasta la salida. Hagrid la ayudó a acomodarse en la moto, colocando a Harry en su regazo y sin reticencia, desaparecieron en el aire dejando a su paso una enorme estela de humo blanco.
Lucius volvió a subir los tres escalones, y antes de ingresar a la casa, las nauseas subieron a borbollones, haciéndole arrojar la poca comida que había ingerido.
—Respira. Te ha bajado la presión—dijo Minerva, la cual había regresado en un tiempo record—. ¿Te encuentras mejor?
—No. Creo que me voy a desmayar—contestó, tomando varias bocanadas de aire.
¿Cómo se lo dirían? Lily y James, habían muerto. Bellatrix enloquecería de dolor. Peter los había traicionado. Le había confiado el paradero a Voldemort. ¿Cómo había sucedido? ¿Cómo Peter se convirtió en Mortífago y ninguno pudo notarlo?
Sirius seguía llorando desconsolado al otro lado de la sala mientras que Severus hacía añicos la única pared del hall que había quedado en piel, destrozándose la mano.
—Esto es una pesadilla—dijo Lupin, sosteniéndose el pecho. Le daría un ataque. Ahora que Harry no estaba podría soltar toda su bronca y frustración —. No puede estar ocurriendo—repitió negando—. Tenemos que avisarle a Amanda. James querría que le dijéramos la verdad.
—Tranquilízate, Remus. Lo haremos—pidió Lucius, sosteniéndolo de los hombros.
—No, suéltame—gritó, zafándose del agarre—. Lo mataré. Lo encontraré y lo despellejaré vivo—rugió, tomando una foto del suelo donde aparecía Peter, sosteniendo a Harry. La furia se alojó en sus entrañas, y con todas sus fuerzas arrojó el porta retrato, desquebrajándolo por completo.
Lo encontraría y lo mataría con sus propias manos. ¿Cómo había podido traicionarlos? ¿Cómo había sido capaz de tal atrocidad?
—Deberíamos…deberíamos cubrirlos…—tartamudeó Lucius —. Sí, iré a buscar unas sabanas—se decidió, buscando por todos lados algo con que tapar los cuerpos inertes.
La casa estaba en completa ruina. Lo único que había sobrevivido y a penas era el living donde todos estaban reunidos.
—¿Cómo vamos a decírselo?— siguió bramando Remus, desacatado—. Que alguien me explique cómo vamos a enfrentarla—pidió, mirándolos a todos y señalando a Bellatrix, acostada en una esquina—. Esa mujer se despertará de un momento a otro y destruirá todo a su paso.
—Y yo la ayudaré—dijo Sirius con la voz envenenada.
—Sirius…por favor—pidió Minerva, comprobando el estado de Bella y situándose al costado de donde se encontraba descansando—. El ministerio ya lo sabe. Sabe que Lily y James…—y calló antes de terminar la frase. Tomándose unos segundos, volvió a hablar con la garganta acongojada—. Sabe que el pequeño Harry sobrevivió y que el señor oscuro ha muerto. Mandarán a un grupo de aurores. Antes de volver, me contacté para que pudieran retrasarlo—contó.
—Gracias, profesora—agradeció Sirius, limpiándose las lágrimas con rudeza.
Lo menos que necesitaban era un grupo de ajenos invadiendo la casa….o mejor dicho, lo que quedaba de ella.
—Tendría que haber estado aquí—se culpó Severus, mirándose la mano llena de sangre—. Les fallé ¡Maldita sea, les fallé!—y volvió a arremeter, cerrando el puño.
—Todos les fallamos—habló Lucius, masajeándose las sienes, vaticinando lo que vendría.
La noche estaba helada, al igual que los corazones de todos.
Dumbledore salió de la casa y con paso lento llegó hasta una pequeña plazoleta vacía. Sacó su varita de los pliegues de su túnica y con un suave contorneo de muñeca, alzó una preciosa estatua de piedra clara. Lily, James y el pequeño Harry, sentados en un banco, y sonriendo. Era lo mínimo que podía hacer, después de lo que había ocurrido. No había podido evitarlo. Cargaría con ese peso hasta su último día.
Secándose una lágrima a través de sus anteojos de media luna, grabó en la parte baja, acercándose para delinear en letra cursiva:
A Lily y a James:
La amistad es la virtud más honrosa…
Una enseñanza que perdurará, iluminando el recuerdo.
Dumbledore se giró de golpe. Un grito agónico retumbó, helándole la sangre. El rayo provocado por una varita tornó el cielo nocturno de un color amarillo ámbar. Debía apresurarse, tenía que llegar antes de que todo el mundo mágico quedara reducido a cenizas…
Bellatrix había despertado.
Nuevo capítulo! Llegó el fatídico día. Un capítulo triste, pero necesario. Todos destrozados por la muerte de Lily y James. Y como dijo Lucius, Bellatrix enloquecerá de dolor.
Como siempre, comenten y abrazos.
Yumari: Aquí volví. Capítulo complicado y triste.
Eledina: Y tu presentimiento fue acertado. El día llegó y Bella quedará destrozada.
Wings: sí, aunque seguí la línea de la historia, ahora comenzará la gran mentira. Todos complotados para que el mundo crea que es Harry Potter.
Steph: Qué bueno verte por aquí también! Por desgracia el día tuvo su desenlace. Lily y James, murieron y a Bellatrix le esperan los años más duros de su vida.
