Capítulo Octavo:

Espérame mi amor,

Tú sabes que no puedo estar lejos,

Todo lo que quiero decirte es que te amo y que no tengo miedo,

¿Puedes oírme?,

¿Puedes sentime en tus brazos?

Segunda Parte

Edward

Había olvidado como era, tantos años habían pasado desde la última vez que la experiencia se hacía traumática. Todo era sobredimensionado a esta altura, estaba parado, apoyado contra la pared mientras ellos entraban curiosos a la habitación; mirar sus ojos, escuchar sus pensamientos, sus dudas, sus temores y sus aciertos, era realmente macabro y algo que no quería volver a repetir. Por que había escuchado de todo; algunos habían acertado desde el principio cual sería su final. Permanecí inmóvil sin decir palabra alguna contemplando a nuestras victimas. Era realmente macabro verlos entrar como corderos, inocentes y engañados; el consuelo era que lejos de ser tontos, todos de alguna manera u otra cuando sintieron la puerta cerrarse, supieron de inmediato que algo horribles les iba a suceder y no se equivocaban.

Bastaban solo treinta segundos entre que el primero cayera para que el resto histérico comenzara a gritar haciendo de la experiencia algo demasiado irreal y macabro. Cuando el primer cuello fue quebrado y comenzaron a alimentarse del cuerpo inerte; las facciones de los sobrevivientes cambio rotundamente de aprehensión a un pavor absoluto que penetraba hasta los huesos; este solo era superado con la incredulidad dibujaba en más de alguno. Eran veinte inocentes personas, en el grupo habían solo tres mujeres y una de ellas tenía la edad de Bella.

Cuando vi el cuerpo robusto de Demetri detrás de su cuerpo y aquellas manos apretarla contra él haciendo que el cuello quedara al descubierto para luego enterrar sus dientes y comenzar a succionar su sangre sin quitarme la vista de encima, hizo que mis escrúpulos fueran más grandes que el hambre. Cerré automáticamente los ojos y salí de la habitación desesperado. No podía acallar en mi interior la imagen de ella, su rostro aquel día, el miedo dibujado en aquellos hermosos ojos chocolates cuando finalmente deje de luchar con el monstruo que su sangre había despertado.

Escuchar los gritos desesperados de las personas era terrible, pero permanecer detrás de la puerta apoyado en ella conteniéndome por no volver a entrar y hacer lo que debía hacer – alimentarme – era lejos peor. Apenas vi la procesión de – visitantes – entrar con Heidi supe de inmediato de lo que se trataba, el verlos alimentarse de seres inocentes me había hecho recordar lo que yo por tantos años había tratado de enterrar y remediar. Lo más terrible de todo y era lo que me preocupaba ahora en ese preciso momento, es que no sabía que tanto podía controlarme de haber permanecido en el interior, e incluso no sabía decir si no hubiera sido yo el que le hubiera quitado la vida a esa chiquilla si Demetri no se me hubiera adelantado.

Luego de una batalla interna, decidí que no quería hacerlo, no podía convertirme en aquel monstruo de antaño y a pesar que mi garganta quemaba de una manera insoportable, ahora no podía dar el paso final para entrar nuevamente y darle rienda suelta al monstruo que gritaba por salir. A pesar que mis ojos demostraban lo contrario y eran la evidencia necesaria para comprobar cuan sediento estaba, no quería rendirme, no debía rendirme, no podía por ella rendirme.

Entonces me aferre a Bella, en no dejar escapar su recuerdo; ella estaba en mi boca, en mis labios, en cada parte de ellos; el sabor de su sangre aún estaba latente en mis sentidos y ahora más que nunca no quería dejarlo ir, era lo necesario para permanecer alejado del resto de los humanos, su sangre era demasiado dulce, enfermizamente adictiva y estaba contando con ello, además era lo único que me quedaba de ella.

- ¿Cuanto tiempo crees que logres aguantarte, o piensas volver a tu dieta tradicional?

Me pregunto Alex saliendo de la habitación de la cual yo había huido hace solo un par de segundos. Trague aire en un intento de escapar del olor embriagador que este tenia sobre todo su cuerpo y que estaba llamándome; y lo miré, sus ojos estaban radiantes, como recién pintados de un cereza intenso. Arrugué el entrecejo y lo mire con indiferencia.

- Eso no es asunto tuyo

Le respondí mientras me incorporaba para apartarme de aquel lugar, necesitaba hacerlo luego sino no resistiría, pero él me detuvo por el brazo.

- Te crees importante porque Aro esta de tu lado, pero no te equivoques, eres un peón igual que todos nosotros.

Me contesto en ese minuto no pude evitar mi reacción, mi cuerpo se embaró y arrugue la comisura de mis labios, levantando levemente estos dejando entre ver mis dientes a mi oponente; acto seguido tiré del brazo bruscamente para liberarme de su opresión y comencé a caminar dejándolo atrás sin responder nada.

Era cierto, tenía extrañamente a Aro de mi parte, pero eso para mi no era relevante ni importante, estaba con ellos solo por una razón: esta era mi condena por haberla asesinado a ella, solo pagar mi pecado en vida era el motivo necesario y justificante para permanecer entre ellos.

Tenia bastante claro que ya había pasado una semana desde que me había alimentado de mi amada Bella y la necesidad de volver a hacerlo estaba consumiéndome. Por alguna extraña razón no podía evitar fantasear con matar y de la forma mas bestial; añoraba tener nuevamente un cuello calido y frágil entre mis dientes, podía verme incluso apretando mi mandíbula contra la piel humana de mi victima y esto incluso me incitaba de una manera insospechada, haciéndome desearlo con todas mis fuerzas, tanto que en más de una ocasión creí que estaba volviéndome literalmente maniático.

Salir a la calle tampoco estaba ayudándome, sino que empeoraba la situación, tantos efluvios a mi alrededor lograban alterarme lo suficiente para perder la perspectiva. Y estaba seguro que no era normal, en otras oportunidades había permanecido más tiempo sin alimentarme y esa necesidad que estaba sintiendo ahora no la había sentido en varias décadas, ¿por qué demonios ahora no podía hacerlo? me preguntaba peleando conmigo mismo por esta debilidad.

A cada paso que daba entre la multitud, rogaba que algún frágil humano distraído y torpe se cruzara por mi camino y yo pudiera finalmente hacer verdad esas fantasías que había tenido estos últimos días. Lo único que me volvía a la realidad y acallaba ese deseo enfermizo era la advertencia bastante explicita que había hecho Cayo cuando finalmente accedió a mantenerme a su lado.

El aun creía que yo debía morir, y sí en eso estábamos de acuerdo, yo merecía morir con todas las de la ley. Había matado a mi razón de existir y no podía aceptarlo; pero estar con vida era mi penitencia, no podría haber deseado un mejor castigo que este, tendría una eternidad para revivir el momento en mi mente y sufrir lo que ella había sufrido esa noche cuando acalle para siempre su corazón, con eso me daba por satisfecho.

- Edward

Me llamo Aro desde una esquina interrumpiendo mis pensamientos; levante mi vista y lo miré dudoso, me indico que lo siguiera pero no quería; mire como estaba esperándome a que yo me decidiera y estaba presionando bastante con la mirada que estaba dándome, así que me convencí que no tenia otra alternativa, ahora le servia a él y a sus hermanos como un esclavo. No muy convencido ni feliz camine hasta encontrarme frente a frente con él.

- Quiero mostrarte algo

Me dijo poniendo su mano en mi espalda y me condujo hasta el ascensor entramos sin hablar, esa cualidad de Aro me gustaba, si no había nada interesante que decir simplemente guardaba silencio y lejos de ser incomodo era necesario. Al principio no sabía que era lo que quería mostrarme, o porque había estado tan empeñado en que yo permaneciera así encerrado en aquel edificio. Pero hoy al parecer había cambiado repentinamente de opinión.

Me llevo por las calles de Volterra, dando círculos primero, y pensé que me estaba subestimando, no se necesitaba ser vampiro para darse cuenta que habíamos caminado por las mismas calles solo hace un par de minutos atrás. Me pare en seco al sentir el aroma inconfundible de sangre humana contaminada con alcohol y drogas, supe entonces que era lo que quería mostrarme. Frente a nosotros a escasos metros, había un callejón, poco iluminado como siempre, se distinguían perfectamente tres cuerpos, dos de ellos peleando fieramente por arrebatarse a la presa entre sus manos y uno tan drogado que no oponía resistencia.

- Ellos no son diferentes a nosotros, incluso diría que peores.

Comentó Aro con voz severa, lo que me recordó a Carlisle, podía ver ahí entonces la unión de la amistad. Siempre trataban de darme lecciones, subestimándome, cuando se darían cuenta que no necesitaban hacerlo; yo mismo había dado caza antes a este tipo de gente; parecía que había olvidado que yo había sido humano alguna vez, y que en mi tiempo la gente se mataba por ideales e incluso por poder pero no por las estupideces de hoy en día como era el sexo o el dinero fácil. Me quede observando y tratando de bloquear los pensamientos groseros y obscenos que estaban manteniendo los dos hombres respecto a la chica en sus brazos. Trate de calmarme, pero sabía perfectamente que mis ojos se habían tornados oscuros, podía sentir la ponzoña en mi boca y estaba flaqueando otra vez.

- Me pregunto sí esa chica no querría ser salvada. Acaso no te gustaría acabar con el suplicio que esta sufriendo o con el que sufrirá cuando este conciente de lo que le ha pasado.

Me pregunto sereno, podía ver incluso sin mirarlo que mantenía su vista fija en mi, examinando la expresión en mi rostro, tratando de analizar que iba a hacer, incluso me aventuré a conjeturar que estaba mordiéndose la lengua por no tocarme para poder leer lo que yo estaba pensando ahora. La curiosidad estaba comiéndolo por dentro. Sin dudar me abalance sobre ellos, no me tomo más de quince segundos matar a los dos tipos y recibí entre mis brazos el cuerpo lacio y débil de la chica. Tenía sus ropas abiertas, comprobando lo que habían hecho con ella. Levante mi vista y tenia a Aro frente a mis narices. Su mirada me advertía que aunque yo no lo hiciera, el finalmente terminaría con su vida, y no creo que le preocupara hacerlo rápido. Así que lo hice, finalmente cumplí la fantasía y unte mis dientes de porcelana en su cuello, sin escrúpulo tome toda su sangre y no me demoro más de un par de minutos acabar con su vida. Entre el cuerpo inerte de la mujer a Aro y camine fuera del callejón aún con la sangre chorreando por la comisura de mis labios.

Estaba enterrando a Edward a pasos agigantados y dejando fluir al monstruo que tantos años me había tomado esconder, era increíble que me hubiera tomado años, décadas finalmente poder controlar mi sed y tan solo días volver a ser débil y caer en la tentación. A esta altura, todo lo que Carlisle alguna vez me enseño estaba sepultado cuatro metros bajo tierra, los mismos cuatro metros donde se encontraba mi amada Bella.