Cap XI
Relaciones inconclusas
La primera vez que la vi en la mente de Alice me enamoré de ella. Mi hermana me lo había advertido, pero en un inicio no tomé en cuenta sus comentarios, seguro de que se trataba de una excusa para forzarme a terminar con Tanya.
Sin embargo, cuando llegó a nuestro salón de juegos sentí su presencia y fue indescriptible el sinnúmero de emociones apoderándose de mí. Tanya lo notó de inmediato. Hasta entonces con mi novia iba todo medio mal, pero desde que llegó Bella a nuestra vidas ¡Uf! Fuimos en picada, porque en verdad, no podía alejarla de mis pensamientos.
Todos los pronósticos de Alice cambiaron cuando Emmett posó su interés en la nueva "adquisición", se abalanzó sobre ella como un verdadero buitre. Mi esperanza se apagó de inmediato y Alice montó en cólera. Tiempo después me enteré de que nuestra hermana le había dejado en claro a Emmett que traía a Bella para que yo la conociera.
Las cosas empeoraron cuando la "relación" se transformó más en serio, a Emmett realmente le gustaba Bella y ella se estaba enganchando demasiado de él, no obstante, la mente de Emmett volaba durante gran parte del día en torno a Rosalie, su antigua novia, y a pesar de que le gustaba su nueva conquista —mi Bella— jamás la podría haber llegado a amar, en cambio ella, era de sentimientos nobles y frescos, iba a ser fácil que se embaucara con la experiencia de un hombre mayor.
Por mi parte nada era fácil, Tanya insistía en que se quería casar y la verdad, no había ninguna posibilidad, siempre quise comprometerme cuando estuviese realmente enamorado y no por obligación.
Nuestra relación era agria y en cuanto nos veíamos, peleábamos. Ella no se conformaba con nada, odiaba a mi familia —y éstos a ella—. En cambio, Bella ¡Vaya! Otra cosa, con ella nada era forzado, todo fluía con agrado. Excepto por el sábado pasado en que no "concretamos" y lo peor, dejé llegar todo tan lejos, logrando que ella se sintiera rechazada, con vergüenza y más encima, me odiara ¿Cómo le podía explicar que era tan importante para mí que no quería herirla en ningún aspecto? Y que me aborrecería yo mismo el resto de mi vida si por alguna razón no resultaba como ella esperaba ¡No podía correr el riesgo!
La necesitaba tanto o más como ella a mí, quería sentir su sabor y su aroma, pero hacer el amor eran definitivamente palabras mayores. Todo era perfecto, podía sentir su cuerpo tan cerca que me estaba quemando las entrañas. Era un deseo poderoso poseerla, hacerla mía, era lo que más quería en ese minuto, pero mi amor por ella era más grande.
Por supuesto se fue dolida, sé que me detestaba, pero tenía la remota esperanza de que me perdonara y entendiera. Sus palabras de que me fuera a "sacar con otra las ganas" calaron hondo, ella no sabía cuánto la amaba, si lo supiera… jamás lo hubiese dicho ni insinuado.
Ese día volví agobiado, me sentía podrido, no soportaba hacerla sentir tan mal ni por un instante. Me devolví a la casa apesadumbrado y molesto y fue en el camino cuando sonó mi móvil, ya eran casi las dos de la madrugada ¿Se habría arrepentido Bella de lo que me había dicho? Contesté feliz… hasta que no reconocí su voz.
—¿Edward? —dijo la familiar voz de mujer llorando.
—¡Tanya! ¿Qué te pasó? —pregunté ilusamente.
—Perdón ¿Estás ocupado? —al parecer no quería molestar— disculpa, yo no…
—Dime Tanya… —insistí. Ella no paraba de sollozar.
—Es que no sé de repente sentí que me iba a morir —su voz volvía a quebrarse.
—¿Cómo? ¿Te han vuelto los ataques de pánico?
—Parece… —lloraba sin control.
—¿Estás en tu departamento? —se oía demasiado angustiada, tendría que ir a verla.
—Sí —susurró.
—Voy para allá —dije seguro y corté.
Di media vuelta en el auto y me fui a verla. En cuanto llegué se lanzó a mis brazos desconsolada. Intenté tranquilizarla, pero estaba muy alterada. Ordené su cabello rojizo alborotado, fui a buscar un vaso de agua con azúcar y limpie sus lágrimas.
—¿Te sientes mejor? —aparentemente estaba más calmada.
Asintió aún en suspiros. Me acerqué a su lado y acaricié su rostro.
—Te acompaño hasta que duermas —ofrecí para calmar su ansiedad.
—¿Harías eso por mí? —sus ojazos destellaron alegría.
—Por supuesto —ella vívia sola en esta ciudad, no podía abandonarla a su suerte.
La ayudé a levantarse del sofá y la acompañé a su dormitorio. Ahí empezó el gran error.
Era tan familiar todo en aquella habitación, las paredes, ventanas, los colores, la decoración, y por supuesto, Tanya.
—Me pondré pijama —dijo con el rostro aún cargado de pena.
Entró al baño y salió en pocos minutos. Traía un short pequeño, que tapaba escasamente sus glúteos y una polera diminuta, de tono rosa claro, de tela tan delgada que dejaba en evidencia sus pechos erguidos y redondeados.
La miré, pero desvié el rostro de inmediato, intentando detener mis instintos más básicos. Ella lo notó. A paso lento se acercó a mí, tomó mi cara entre sus manos y me plantó un tremendo beso desesperado. No aguanté más, no era de fierro.
La cogí por la cintura y recosté sobre la cama, perfectamente estirada hasta ese momento, y sin pedir permiso me instalé entre sus piernas delineadas. Esas pequeñas manos recorrieron mi pecho y se deshicieron de la polera. Bajé mis manos hasta llegar a sus short e introduje mi mano en ellos, descubriendo gratamente que no había ninguna otra prenda incómoda abajo.
Toqué sus glúteos aprisionándolos con fuerza y rabia. Levanté el pequeño peto que llevaba puesto y jugueteé con sus pechos tibios y sensuales. Mi concentración en otra cosa que no fuese ese momento era nula, sólo desperté de la catarsis cuando sonó mi móvil. Era un mensaje de Alice.
"No hagas algo de lo que te arrepientas más tarde".
Una ola de culpabilidad se me vino encima y me di cuenta de tamaña estupidez que estaba cometiendo ¡Jamás me había acostado con ella y no sería ahora la oportunidad de hacerlo! ¡Amaba profundamente a Bella! ¡Qué imbécil!
Con el rostro cargado de culpa, como sentía en ese minuto el alma, tomé mi polera con rapidez y le hablé.
—Bella no se lo merece. Yo la amo y tú lo sabes… —la voz se me quebraría tan solo de imaginarme lo que había estado a punto de hacer.
Recordé los ojos de Bella cuando me dijo que me fuera a quitar las ganas con una amiga fácil y el dolor que le causé, sintiéndose erróneamente, rechazada por mí.
—Edward aún te quiero —dijo Tanya con lágrimas en los ojos.
—Lo siento, pero no tengo nada que responder a eso —besé su frente y me fui, escapando de un destino tortuoso, a punto de tenderme una trampa mortal.
Serían las cuatro pronto y la brisa fría se coló por mi mente y me despejó las ideas. Sonreí con sólo recordarla ¡Me estaba enamorando con locura!
Retomé el camino del que nunca me debí haber desviado y llegué por fin a mi casa. En cuanto entré a mi cuarto, vi a Alice esperándome sentada en el borde de mi cama.
—Gracias… —fue lo único que articulé.
—¿Qué te pasa Edward? Yo pensé que amabas a Bella, pero después de esta noche…
—No alcanzó a pasar nada, pero reconozco que estaba en tierra derecha a cometer un tremendo error —agregué angustiado.
—¿Por qué te dejas engatusar por Tanya? —clavó sus ojos, idénticos a los míos, sobre mí.
—No se sentía bien —intenté excusarme.
—¡Qué patraña Edward! ¿Me sorprende que le hayas creído? ¡No te das cuenta que te estaba manipulando!
—Parecía tan angustiada —seguí.
—¿Eres tonto o qué? ¡Ah! —me increpó con las manos en la cintura.
—Sé que fui un idiota, pero ¡No se lo vayas a contar a Bella! —supliqué.
—Debería —exclamó furiosa, con el pelo más erizado de lo común.
—¡No Alice qué dices! Por favor —le rogué desde el alma.
—¡Está bien! —decretó— pero que sea la última vez ¿Entendiste? La próxima ni porque seas mi hermano te salvarás. Tú sabes que ella es mi mejor amiga.
—Te lo prometo duende, de verdad —insistí.
—No me lo digas a mí, prométetelo a ti mismo, de lo contrario, termina con ella —fue clara.
—Eres mi mejor hermana —sonreí finalmente.
—¡Ja! Claro, porque tu otro hermano en cualquier instante te "peñisca la uva" —rió divertida. A mí no me pareció en absoluto gracioso su comentario.
—¿Qué dices? —pregunté irritado.
—¡Olvídalo! Duerme en paz —besó mi frente y salió del dormitorio.
Me acosté y por fin pude conciliar el sueño, pero sin antes ver un partido de Rugby, en verdad estas emociones me estaba jugando una mala pasada.
Llamé a Bella a la mañana siguiente, pero no contestó el móvil y no quise molestar a su casa, así que acepté la invitación de Alice de acompañarla a comprar unas cuantas prendas de ropa ¡Ella amaba pasear por los malls! Era adicta a los gastos y las ofertas ¡Muy del género femenino!
Pasamos a tomarnos un helado y en un momento de tranquilidad noté que Alice estaba en otro mundo, le hablé pero no me contestó, por lo que decidí, oír su mente. Contexto: Bella llegando a mi casa, le abre la puerta Emmett. Ella pregunta por mí, pero como no estoy la hace pasar a la sala de estar, donde él está viendo una película. Paso siguiente comienza a coquetear con Bella, y lo que sigue…¡Arg!
—Alice ¡Vamos! —la arrastré por el brazo hacia el auto, con tanta fuerza que su helado quedó en el piso— ¡Alice! ¡Alice! —aún estaba perdida en sus premoniciones.
Leí un pedazo, Emmett seduciéndola y acariciándola en su cama.
—Mierda… —fue todo lo que atiné a decir.
Tenía el acelerador presionado a fondo, mientras Alice bloqueaba su mente.
—¿Por qué la bloqueas? —sentía rabia.
—¡Apúrate! —fue todo lo que agregó.
—¡Qué mierda! ¿Por qué Emmett hace esto? —gruñí entre dientes.
—Todo se paga Edward… —exclamó seria, pero sin despegar sus ojos en mí.
—Nos estás ayudando Alice —agregué furioso.
El auto parecía no avanzar, a pesar de que íbamos a 180 km/hr en zona urbana. Por fin vislumbré la cuadra antes de llegar a nuestra casa. Apreté más acelerador y aparqué en la calle. Bajé corriendo, como si fuese una situación de vida y muerte, hasta que llegué a la sala de estar.
Emmett estaba recostado sobre el sofá cama más grande, luciéndose con una gran sonrisa torcida, propia de un galán ¡Arg! ¡Qué rabia! Ella estaba sentada en un bergier, devolviéndole la sonrisa, algo ruborizada. Lo que menos hacían era ver la película.
—Hola —entré intentando no demostrar mi desesperación y me acerqué a Bella para besarla, pero ella me dio un beso muy sutil ¡Se avergonzaba de que la viera Emmett besándome!
Sentí que la ira me hacía hervir las venas y un tono fucsia se comenzó a asomar en mi rostro, no era difícil adivinarlo porque la cara me ardía. Miré a Emmett y él sonreía satisfecho. Con toda la rabia que sentía en ese minuto sólo quería propinarle un puñetazo olímpico. Él cuado se dio cuenta de mi furia volvió a reír.
Entró Alice con cara de pánico, pero al ver a Bella en otro sofá, torció una sonrisa de alivio.
—¡Bella! ¡Qué bueno que viniste! —se sentó un puf al lado de ella.
Le tomé la mano a Bella y prácticamente la obligué a ponerse de pie y acompañarme al living.
—Me alegro de que hayas venido —acaricié su rostro con el dorso de mi mano. Al introducirme en sus hermosos ojos chocolate toda rabia se esfumaba como arte de magia.
—Bueno, aún no te he perdonado del todo y tampoco te entiendo, pero igual te quiero —sonrió, pero su mente aún tenía rencor, rencor que había estado ad portas de utilizarlo de no haber llegado a tiempo.
—Y ¿Qué te hablaba Emmett? —intenté hacerme el desentendido. Puse atención a su mente para ver cuál sería su primera reacción.
—De nosotros —fue honesta y me puso automáticamente en jaque mate.
—¿De ustedes? —enarqué una ceja— ¿Cómo es eso? —insistí suspicaz.
—De cómo terminó todo. Sólo eso —se puso nerviosa y sus pensamientos se desviaron a recuerdos de su colegio anterior.
—¿Nada más? —reí aún nervioso.
—Mm —negó con la cabeza.
Esa tarde nos quedamos juntos, pero ella estaba media extraña, como alejada de nuestra relación, tanto así, que a las seis en punto me pidió que la fuera a dejar.
—¿Me puedes ir a dejar o le pido a mi mamá que me venga a buscar? —preguntó inquieta.
—Yo voy, pero ¿Tan luego te irás? —la arrullé en mis brazos, mientras descansábamos en el futón de la sala de estar. Ella se incómodo y diplomáticamente se zafó de mí— ¿Qué pasa? —de repente tuve un presentimiento aterrador.
—Nada, es sólo que se me hará tarde y es domingo…
—¿Tarde? Pero si estás de vacaciones —sonreí intentando persuadirla.
—Lo sé, pero… —se iba a excusar, en tanto bloqueaba sus sentimientos.
—Está bien, te llevaré a tu casa –asentí resignado.
Cuando volví a la casa, muy pronto porque ella se bajó del auto casi sin despedirse, me encontré con Emmett en la cocina.
—¿Cuál es tu idea? —lo recriminé.
—¿De qué estás hablando? —rió irónico.
—No te hagas el idiota ¿Qué tenías en mente cuando llegué y estabas con "mi" novia? —mi tono de voz se iba alzando.
—Nada que te importe —respondió seco.
—¿Cómo no me va a importar? Es "mi" novia —recalqué enfurecido.
—Y hubiese sido la mía sino te hubieras entrometido entre nosotros —contestó irritado.
—¡Seguro! Tú jamás has olvidado a Rosalie —no podía creer lo que me decía.
—Lo estaba haciendo, pero tú con tus intervenciones y Alice con sus insistencias ¡Echaron todo por la borda! —quedé de una pieza con lo que oí de su voz.
—Estás mintiendo Emmett —insistí frenético.
—No tengo porqué hacerlo, ella te quiere a ti —sonrió sarcástico.
—Si lo sabes ¡Para qué la seduces! —le grité.
—Para que sepas lo que se siente cuando se entrometen en tu relación —respondió con rabia.
Esta pelea no tenía sentido, Emmett estaba picado y hablaba estupideces. Di media vuelta y estaba a punto de salir cuando me dijo.
—Espero que hayas borrado tus "trancas" respecto a las mujeres —agregó irónico.
—¿Qué estás hablando? —me di vuelta furioso.
—Bella no es como Tanya, ella haber… cómo lo digo para que no suene feo… ¡Ah! Sus hormonas son más potentes ¿No sé si me explico? —esbozó una enorme sonrisa— si te las das de santurrón se buscará a otro y bueno, yo no tengo problema —soltó una carcajada y comenzó a recordar una escena muy fogosa de ellos dos juntos— en eso estábamos en mi dormitorio cuando nos interrumpiste —agregó divertido.
¡Se estaba extralimitando este imbécil!
—Te pasaste de la raya Emmett —giré con furia y le di un puñetazo en la mandíbula que lo dejó sangrando. Él se enderezó para devolvérmelo.
—¡Paren! —gritó Alice desesperada, pero la ignoramos. Él me devolvió el combo.
Llegó Félix y entre él y Alice intentaron separarnos. Pero fue sólo cuando intercedió Carlisle alarmado que dejamos de pelear. Conclusión: mi rostro hervía a la altura del pómulo y Emmett tenía la boca rota.
