¡Buenas noches! Saludos! un nuevo capitulo ¡Espero que lo disfruten! ¡Se les quiere, besos y abrazos!
Capitulo X
¡Traviesos!
-¿¡Que!? ¿Cómo lo sabes? ¿Es en serio? ¿Es por ello que sobabas tu barriga cuando te vi? –Pregunto Albert, levantándose rápidamente para abrazarla.
-¡Albert, no tan fuerte!
-Lo siento ¡Es que estoy muy emocionado! pero responde mis preguntas –Dijo Albert entusiasmado.
-Mi periodo es muy regular, no me llego más, se supone que debía llegarme hace 2 semanas, sé que no es del todo seguro pero, siento que lo estoy, no te mentiría con algo así ¿Me has visto? –Dijo Candy sonrojándose.
-Sí, te vi en el salón principal más temprano ¡Ven! ¡Debemos decírselo a nuestros padres! solo espero que tu padre no me mate.
-¡No lo hará! ¡Te amo!
-¡Yo también te amo! ¡Seremos tan felices!
-Ya lo somos, Albert.
-Lo sé, pero con nuestro bebe lo seremos más ¿No crees?
-¡Por supuesto!
-Bien ¡Vamos a decirlo a nuestros padres! ¡Estoy eufórico! Yo pensé que tardaríamos un poco en ser padres, pero no ha sido así ¡Solo hemos estado juntos una vez y ya seremos padres! –Concluyo Albert besándola, al terminar de hacerlo se devolvieron al salón de celebraciones donde se encontraban los invitados, llamaron a sus respectivos padres y salieron hacia el despacho de Frederick, una vez allí, Albert procedió a dar la noticia, temida por Frederick y adorada por Priscilla y Selene, quien se encontraba neutro antes esa posibilidad era William.
-Tenemos que darles una noticia de suma importancia para nuestras familias –Dijo Albert.
-¿Qué es? –Preguntaron al unísono William, Priscilla, Selene y Frederick.
-No sé cómo se lo vayan a tomar, de hecho, a mí me tiene con sentimientos encontrados.
-Habla ya, muchacho –Dijo Frederick, imaginando en su mente las posibilidades.
-Bien, Candy y yo seremos padres.
-¿¡Que!? –Exclamaron los padres de ambos.
-Sí, es imprescindible que la boda se realice cuanto antes, por el bien de nuestras familias.
-¡No puede ser! ¡Hagamos el anuncio de que la boda será en 2 meses! Se preguntaran porque habrá sido tan repentina, pero al menos estaremos a salvo de ser la comidilla de Chicago –Dijo Selene
-Concuerdo contigo, Selene, volvamos a la celebración, Frederick y William, les esperamos, no tarden, hay que hacer el anuncio cuantos antes, los invitados empezaran a irse pronto, hay que modificar fechas también en las tarjetas, aunque sea un gasto más, no importa ¡Seremos abuelos por segunda vez, William! Y ustedes, Priscilla y Frederick ¡Por primera vez! ¿No creen que es una sensación maravillosa? Aunque, tengo una pequeña duda ¿Cómo sabes que estas embarazada, Candy? –Pregunto Priscilla, de inmediato todas las miradas se centraron en Candy.
-Bien, ya saben… no he menstruado, y soy… muy regular en ello –Dijo Candy casi en un susurro, no le gustaba hablar de esos temas con nadie.
-¡Que emocionante! –Vámonos ya, Priscilla, ¡Los esperamos a todos en el salón de celebraciones!
-¡Son unos irresponsables! No le echare la culpa a alguno de ustedes dos en específico ¡Ambos son igual de culpables! Solo espero que, sepan guardar el secreto, que esto no salga de aquí, ya saben, tu reputación se vendría abajo, Candy. Por otra parte, felicidades a ambos, gracias por hacerme abuelo, era lo que más quería aunque no me lo esperase tan pronto ¿Por qué no esperaron hasta su boda? Lo cierto es que, lo hecho, hecho esta y ya no hay vuelta atrás, para evitar que se digan cosas que no son, es preferible que cada vez que se vean, sea con Gretel, hasta que se casen, nada de visitas nocturnas ¡Por favor! –Dijo Frederick, entre enojado y eufórico, abrazando a Albert y Candy, mirándola fijamente continuó –Mi dulce niña, solo espero que tu embarazo salga bien, no quisiera perderte ¡No lo soportaría! Ya sabes la historia de tu madre y la mía, perdimos 3 hijos ¡Es un milagro que estés aquí con nosotros! Quizás ese miedo a perderte ha hecho que te sobre protejamos un poco pero, no niego que solo queremos lo mejor para ti, les deseo felicidad a ambos, se la merecen y, nada de travesuras ¿Me lo prometen? No quisiera sellar el balcón de Candy y mucho menos encerrarla en una torre.
-Te lo prometemos –Dijeron Candy y Albert.
-¿Por qué no dices nada, William? –Preguntó Frederick.
-No niego que la idea me hace ilusión, pero, ya me lo esperaba, Rosemary me lo ha dicho, creo que el factor sorpresa ya lo he tenido, al enterarme, mi reacción ha sido casi de dar saltos, y de hecho, lo hice, hasta donde mi cuerpo me lo ha permitido, han pasado cerca de 18 años desde que nació Anthony, Rosemary, por su frágil salud, ha preferido no tener más hijos, además, su edad ya está un poco avanzada para ello, lo cual supone más riesgos para ella y su bebe, y ahora, con Candy, que nos dará un nieto, Priscilla y yo, no podemos con tanta felicidad, de hecho, apostaría todo lo que tengo a que están pensando ahora mismo en cómo decorar la habitación de nuestro futuro nieta o nieto, sin embargo aún hay factores que debemos evaluar, entre tantos ¿Dónde planean vivir? –Pregunto William.
-No es algo de lo que Candy y yo hemos hablado, pero, conociéndola y, por como soy yo, sé que nos encantaría la mansión que tenemos en Lakewood ¿Qué piensas, Candy? –Preguntó Albert.
-¡Me encantaría! Además, no está muy lejos de aquí.
-Bueno, esa no es una mala opción, ya podrán analizar con profundidad este tema luego, recuerden que la sede de todos nuestros negocios, incluyendo Andrew y Mackintosh están en Europa, de ser necesario tendrías que viajar mucho, Albert, debido a que serás el heredero de las empresas Andrew y, al casarte con Candy, manejaran también nuestras empresas y sé que no les gustaría estar separados ¿Verdad? –Dijo Frederick.
-¡En lo absoluto! Debemos hablarlo luego, Candy, creo que deberíamos volver al salón –Dijo Albert, tomando a Candy por su mano y guiándola, una vez llegaron ahí, bailaron el vals mientras esperaban el anuncio de la fecha.
-Es sorprendente todo lo que nos está pasando, Albert ¿No crees?
-¿Estas emocionada?
-Como no te lo imaginas.
-Lo noto, llevas pisándome durante todo el baile, se nota que no te has dado cuenta, mí despistada –Dijo Albert sonriéndole causando un efecto instantáneo en Candy.
-¡Oh! Lo siento, deja de sonreír así, me haces sonrojar.
-¡Amo hacerte sonrojar! –Dijo Albert, divertido ante la situación.
-¡Seré abuela, Priscilla! ¡Aun no me lo creo!
-¡Ni yo, créeme, Selene! Los chicos fueron irresponsables pero ¡Esta felicidad es inmensa!
-¡Absolutamente! ¿Prefieres que sea niña o niño?
-¡No lo sé! ¡Me haría feliz solo que su embarazo saliese bien! Sin embargo, ya tenemos a Anthony así que ¡Amaría que fuese niña!
-¡Yo prefiero que sea un niño! ¡Siempre he querido que mi primer nieto sea niño! Pero, no te equivocas en ello, con que todo salga bien, seré sumamente feliz.
-¿Qué crees que están hablando nuestros hijos? ¡Se ven tan enamorados!
-¡Seguramente, encontrarse a escondidas otra vez! Nunca pensé que vería así de radiante a mi hija, en definitiva, está embarazada, es la misma mirada que yo tenía cuando la estaba esperando.
-¡Han pasado cerca de 18 años desde entonces! ¿Creíste alguna vez que nuestros hijos terminarían juntos?
-La verdad es que no pero a la vez… quizás sí.
-¡Mi hijo no se rinde nunca! Consiguió a la mujer que amaba.
-¿Sabes por qué me agrada tanto tu hijo para mi hija?
-¿Por qué?
-A pesar de las insinuaciones de Elisa y otras chicas más, el jamás se ha dejado seducir por ninguna, a su manera, le ha sido fiel a Candy desde siempre.
-Esa es una cualidad muy buena que tiene mi hijo, él ha tenido a su disposición muchas chiquillas que solo lo buscan por su dinero, es bueno que se haya enamorado de Candy, lo único que nuestros hijos irradian es amor, amor y más amor, a veces pensaba que si tu hija no le hacía caso a mi hijo, el terminaría desdichado con una mujer que posiblemente no amara.
-¡Fue excelente nuestro plan! Lástima que no nos diésemos cuenta que se veían a escondidas para sus… travesuras, menos mal no habíamos hecho el anuncio aun, es una suerte que siempre lo hagamos unas horas después, y, hablando de eso, es hora de hacerlo ahora, allí vienen nuestros esposos –Concluyó Selene.
-Bien, es hora de anunciar las fechas, la boda se realizará en dos meses, es decir, en junio, será pronto debido a que mi hijo asumirá el control de las empresas dentro de poco tiempo, por lo cual se ha decidido que es mejor llevarla a cabo lo antes posible, el deberá viajar mucho, si esperamos más, es probable que se casen, por supuesto, pero en un mínimo d años ¡Brindemos nuevamente por los prometidos! ¡Bailemos! ¡Disfruten la celebración! –Dijo William, mirando a Candy y a Albert, indicándoles que debían abrir el vals.
-Estoy cansada de bailar, Albert, me gustaría estar solamente contigo, los dos solos –Dijo Candy.
-Tengo una sorpresa para ti, pero la sabrás en cuanto sea nuestra luna de miel.
-¿Qué sorpresa puede ser? ¿También estas embarazado?
-¡Ya quisieras! Pero no, es un lugar especial al que te llevare, sé que tu clima favorito es frio, y, el mío también así que he preparado algo para nosotros dos.
-¿Es lejos de aquí?
-Un poco, no hagas más preguntas no quiero que arruines tu propia sorpresa.
-¡Esta bien! ¡He hallado la felicidad absoluta contigo! ¿Crees que podamos escaparnos ahora?
-Claro, pero, sal tu primero, luego yo.
-Vale, está bien, te espero en el jardín, en la parte donde está la fuente, es poco probable que haya alguien por allí.
-¡Bueno, ve! –Acto seguido Candy se dirigió a la fuente, sin embargo, no estaba sola como ella pensaba que estaría, allí, se encontraba Terry, totalmente solo mirando algún punto fijo en el cielo, al ver, que no se había percatado de su presencia, decidió retirarse, sin embargo, una hoja seca en el suelo la delato.
-Hola, Candy, tiempo sin verte –Dijo Terry, en total tranquilidad.
-Hola, Terry ¿Cómo te va?
-No tan bien como a ti, jamás pensé que te casarías con Albert, pero los felicito, a pesar de que, con ello, muera cualquier posibilidad de estar contigo.
-Lo siento, han surgido muchas cosas y he acabo enamorándome de él.
-¿Ya no piensas en mí?
-Te seré sincera, desde ese verano que pasamos en Escocia, no dejaba de pensar en ti, me gustabas, y quizás aún sea así, eres guapo, es difícil no darse cuenta de ello, pero, mi corazón ahora es de Albert.
-¿Qué hice mal, Candy?
-Creo que fue nuestra distancia, nos veíamos poco y con ello, nuestras cartas eran casi nulas, además, pensé que estabas con Susana, se cotillea mucho sobre ustedes por aquí, al ser tú el hijo del duque más influyente.
-¿Cómo has podido creer en ello? ¿Es por eso que dejaste de amarme?
-Siempre estabais juntos y… he comparado lo que sentía por ti y lo que siento por Albert, creo que nunca te amé, solo me gustabas.
-Gracias por ser sincera, Candy, me has roto el corazón, pero lograre superarlo, ciertamente, sabría que vendrías aquí, lo que no sabía es que vendrías acompañada, allí viene Albert ¿Qué planeaban hacer?
-Nada en especial, solo hablar, con todo el ajetreo de la semana, no hemos podido pasar tiempo a solas.
-¡Hola, Terry, amigo! ¿Cómo has estado? –Dijo Albert, entusiasmado, no le veía hace años.
-¡Hola, Albert! ¡Todo bien! Suerte con Candy, les deseo un matrimonio feliz, de todo corazón, espero que sea así, debo retirarme, los veré en la boda –Dijo Terry.
-¡Esta bien, hasta luego! Feliz noche –Dijo Albert.
-Adiós, querida Candy –Fue lo último que dijo Terry antes de dar media vuelta e irse.
-No quiero parecer celoso, Candy pero ¿Qué han hablado?
-Nada interesante, mi amor, solo había cosas que debíamos aclarar y ya lo hemos hecho, ven, vamos hacia aquella esquina, allí podremos hablar sin que nos vean o nos escuchen –Dijo Candy tomando a Albert de la mano y yendo hacia esa esquina.
-¿Crees que tendremos una niña o un niño? –Preguntó Albert.
-No lo sé aun, pero, no me importa el resultado, siempre y cuando nazca saludable.
-¡Me encantaría tener una niña! Que se parezca a ti, nuestros hijos serán saludables ¿Saber por qué?
-¿Por qué?
-¡Porque los hicimos con mucho amor!
-¡Albert! Espera… ¿Escuchas eso? –Dijo Candy, hablando en susurro.
-Espera, guarda silencio, parece como si, estuviera alguien haciendo… travesuras.
-¡Quiero ver de quien se trata!
-Espera Candy, no seas indiscreta, es muy peligroso, no sabemos de quienes podrían tratarse –Dijo Albert mientras seguía a Candy.
-¡No puede ser! –Gritó Candy.
Saludos especialmente a:
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