Advertencia: Lenguaje vulgar.
El olor a azufre, humedad y putrefacción invadía el aire, pero eran olores habituales para él. La niebla densa era una capa que cubría todo el paisaje desolador, sus pisadas eran omitidas por el ruido de soldaduras y choque de espadas, no era necesario mirar hacia los lados para ver el panorama, Orcos y Trasgos trabajando constantemente para fabricar nuevas armas para el Amo.
Kroög frunció el ceño y siguió su camino sin prestar atención al resto, sabía muy bien que al Amo no le gustaría el resultado de la misión, pero no tenía ningún lugar a donde ir, además… nadie podía huir del Amo.
Quizás estaba caminando hacia su propia tumba, quizás el Amo se apiadaba y le daba una segunda oportunidad, pero no había mucha diferencia… pasara lo que pasara, él ya se sentía muerto por dentro. Así era la vida del Orco, no tenían un propósito claro por el que vivir, su fin era la guerra y ahora que podían provocar una, no era por decisión propia.
El Amo había llegado y se había adueñado de sus Reinos. Orcos, Trolls y Trasgos, todos por igual eran simples lacayos para el Amo. Y aunque quisieran revelarse contra él, era imposible. El Amo era igual de superior que los Elfos, Saiyajin y Namek.
Fue recibido por unos sirvientes Trasgos, sus orejas y nariz puntiagudas lo saludaron con una reverencia torpe, el enorme orco blanco pasó de largo sin mirar a los pequeños monstruos directo a la sala principal donde el Amo y sus hijos estaban.
No tuvo que hablar para que él supiera de su llegada. El salón estaba dividido por un gran trono en el fondo, debajo de este había cuatro sillas donde sus cuatro hijos se ubicaban, casi como una fortaleza antes de siquiera osar con llegar hacia su padre.
— Fallaste— Había tenido que aprender la lengua Universal hace unos cuantos meses, aun le costaba hablarlo y entenderlo, era un esfuerzo para un Orco nacido y criado con su idioma natal Lengua Siniestra.
— Amo… el príncipe Vegeta se interpuso a pesar de nuestros intentos— Dijo con dificultad mientras agachaba la cabeza, notó por el rabillo del ojos como uno de los hijos suspiraba abatido, el mayor de los engendros volteó hacia su padre que estaba oculto en su trono al fondo del salón en la oscuridad.
— Sabía que eso pasaría… y dime Kroög ¿Es cierto que viaja como un chico? —Su voz profunda se oyó con un toque de diversión que sorprendió al Orco.
— Sí, Amo… ¿Cuáles son sus siguientes órdenes? — Una risotada rompió el ambiente de tensión, Kroög volteó hacia la segunda silla donde el segundo hijo reía a carcajadas.
— Hijo mío… ¿Qué te causa gracia? —Dijo divertido el Amo mientras apoyaba su rostro arrugado en sus manos y sus garras tocaban su piel.
— Éste imbécil— Soltó entre risas— cree que lo dejarás vivir después de su fracaso— Kroög se guardó el gruñido y lo dejó en su garganta.
— Tambourine, no creo que debas hablar antes de tiempo—Dijo serio el mayor, Kroög observó en silencio como el hijo mayor miraba con reproche a su hermano menor, a menudo se decía que su especie junto a los trasgos y trolls eran los más despreciables y desagradables a la vista, pero los hijos del Amo y el mismo Amo eran cosa aparte. Tambourine era un ser alto de cuerpo musculoso, con un rostro deforme y garras afiladas, pero eran sus alas las que lo perturbaban, era como una cruza de especies. En sí, todos los hijos del Amo eran como si fueran una cruza entre especies, el mayor por ejemplo, tenía rostro de reptil y cuerpo pequeño, el tercer hijo era completamente diferente, una criatura prehistórica con alas y era enorme, incluso más alto que él mismo. El cuarto hijo que parecía desinteresado con lo que ocurría en la sala era como un ogro mezclado con una rana gordo, todos de diferentes tonos de verdes.
— Tu hermano tiene razón Tambourine—Dijo divertido el Amo haciendo que ambos hijos callaran y esperaran por sus dichos— Kroög aún tiene cosas por hacer…
— Dígame Amo, ¿En qué puedo servirle? ¿Voy de nuevo a emboscarlos? Debemos matarla antes que llegue donde los Elfos.
— Sí… debe morir, pero si es como dices, que ella viste como chico… dudo que mi Imperio de la Maldad corra peligro. Aún hay tiempo, por lo que deberás organizar una emboscada y matarla en el Último Risco— El Orco asintió sin dejar de mirar su silueta reposando en el trono— será tú última oportunidad Kroög, planea la muerte de Bulma Brief. —Su voz sonó amenazadora al mismo tiempo que se ponía de pie dejando ver a la luz que se filtraba por los vitrales su cuerpo de namek viejo. El Orco lo reverenció y salió del salón dispuesto a obedecer las órdenes de su Amo, Piccolo Daimaoh.
(…)
Milk observó como el saiya bajaba de la montura y miró por los alrededores, habían llegado al último pueblo de la línea de la frontera del Reino Humano y se adentraron en el bosque esperando por la llegada de Piccolo, no se preocupaba porque se extraviara, su saiyajin le había explicado que los namek tenían unos sentidos más desarrollados incluso que los elfos y saiyajin juntos, por lo que no tardaría en oírlos y sentir su olor. Pero lejos de preocuparse por el namek, la doncella estaba pensativa por su princesa, le aterraba la idea de que hubiera empeorado por los tratos del salvaje príncipe saiyajin, además, seguramente éste la dejaba siempre sola y estando herida no podría velar por sí misma.
— Ahí viene—Rompió el silencio el saiyajin, la pelinegra volteó hacia él con el ceño fruncido.
— ¿Cómo lo sabes? —Preguntó sin dejar de mirarlo, el chico puso sus manos en su cadera y miró hacia el fondo del boscaje.
— Lo oigo, viene con alguien más—Volteó hacia ella y le sonrió, notó su preocupación en sus ojos negros y suspiró, sabía por quién se preocupaba pero ya no había celos, no después de las últimas noches juntos donde habían concretado su amor a pesar del rol de ella. Se habían entregado en cuerpo y alma, y ahora sabía más que nunca que no podía dejarla ir aunque fuera una princesa y él un simple soldado. — tranquila… el príncipe no dejará que le pase algo a Trunks.
— Que esté con él es lo que me aterra—Murmuró no muy convencida, el saiya frunció el ceño y la miró con reproche— ¿Qué? Yo no confío en él ¿Qué quieres que haga?
— Está bien… pero yo sí, y sé que no pasará nada… desde que lo entrena, parece que por fin lo acepta como camarada—Soltó pensativo.
La pelinegra iba a responder cuando cabalgatas se oyeron no muy lejos, ambos miraron en la misma dirección y esperaron pacientes, a los minutos después se pudo ver dos caballos y sus jinetes con capas cubriendo sus cuerpos. Milk miró al saiyajin preocupada, dudando si realmente eran a quienes esperaban, pero ver la calma y sonrisa en el rostro de su enamorado supuso que todo estaba en orden, volvió su atención a los jinetes que cada vez estaban más cerca, el de la silueta más alta aceleró la velocidad y no tardó más de cinco minutos en llegar con ellos.
— ¿Dónde están Vegeta y Trunks? —Preguntó Piccolo sin siquiera saludarlos— ¿Por qué no están con ustedes?
— Pues verás…—Comenzó Goku— nos emboscaron en la Colina del lamento, están bien ambos—se apresuró a decir cuando vio el rostro de preocupación del namek, en eso llegó el otro jinete deteniéndose al lado de Piccolo, bajó su capucha dejando ver a un niño namekiano, el saiya parpadeó hacia el menor y miró al mayor de los namek— ¿Él es…?
— Lo siento—Respondió el menor con una voz angelical que sorprendió a los pelinegros— Soy Dende, los acompañaré hasta el Reino de los Elfos, mucho gusto—se presentó cortésmente.
— Oh… soy Goku, escolta del príncipe Vegeta—Respondió sonriente— y ella es Milk, princesa del Reino Humano—el menor volteó hacia su compatriota y ambos se miraron con complicidad, volteó nuevamente hacia los pelinegros y asintió.
— Goku… ¿Qué pasó? —Murmuró impaciente el príncipe Namekiano, estaba que perdía la calma, él no había visto ningún ataque en sus visiones aparte de la emboscada antes de llegar al Reino de los Elfos.
— Nos dividieron, lanzaron rocas y Trunks quedó aislado—Piccolo apretó las riendas del animal y gruñó molesto al oír—Vegeta reaccionó a tiempo, y los derrotó pero sólo uno escapó… bueno, Vegeta lo dejó ir porque Trunks estaba herido.
— ¿Quiénes los atacaron? —Habló Dende.
— Orcos—Piccolo abrió la boca sorprendido, sintió una corriente eléctrica sacudirlo de pura rabia, él siempre tenía predicciones de hechos importantes como esos y sí ahora no había sido así se debía a un único motivo: Bulma vestida de chico. — es por eso que se quedaron en el pueblo debajo de la colina.
— Los Orcos no atacan sin envenenar sus armas—Susurró el menor mirando afligido a los demás.
— Ah… si, por eso Vegeta dejó ir al líder del grupo… lo llevó con una bruja, y ella le quitó el veneno, pero la herida fue profunda… no puede mover la pierna con facilidad—Milk agachó la mirada pensando en su amiga, la mentira había llegado demasiado lejos a su parecer, esa protección excesiva que recibía de Goku y la consideración del resto no debía ser para ella, su princesa casi había perdido la vida por ello.
— Bien…—Asintió Piccolo—Dende y yo iremos hasta allí, si viajamos todos juntos llamaremos la atención.
— Oh… bien ¿Nos juntamos donde…?
—…Quédense en el pueblo, yo los buscaré—Volteó hacia el menor y lo miró serio— ¡Andando Dende! —el chico dio un respingo por su orden pero rápidamente asintió, tanto Milk como Goku se quedaron viendo sin decir una palabra— Nos vemos en un par de días.
— ¿Un par de días? —Preguntó Milk al verlos irse— Trunks está herido ¿Cómo piensa…?
— He oído que la medicina de los namek es superior a la de los Elfos, seguramente ese niño es de la clase mágica…—Dijo pensativo el saiyajin, la doncella lo miró sonriéndole, le gustaba eso de él, parecía despistado pero sabía muchas cosas. —bueno… ¿Vamos a buscar un hostal? —la chica asintió entusiasta y ambos cabalgaron con calma de vuelta al pueblo, sería un descanso que definitivamente no esperaban pero necesitaban.
(…)
Cubrió su boca con su mano mientras tragaba saliva disimuladamente, observaba la curva de su pierna blanquecina y no podía despegar la mirada de la chica que hacía curaciones en su muslo, ambos estaban concentrados en su labor, ella en la cama cambiando vendajes y limpiando su enorme herida que lamentaba que quedaría una horrible cicatriz y él sentado en un sillón de mimbre con las piernas cruzadas mirándola sin perder detalle en sus facciones y en sus contorneadas piernas.
— ¿Te parece bien acosar de ese modo a un chico? —Murmuró la peliturquesa sin mirarlo mientras daba vueltas la tela alrededor de su muslo.
— No sé de hablas—Contestó el saiyajin desviando la mirada.
— Hay algo que he estado pensando—Vegeta volteó hacia la chica mientras ésta tomaba su pantalón y se lo ponía con calma— antes me habías dicho… que no te gustaban los chicos, pero hemos estado haciéndolo estos días y eso me hace pensar lo contrario—el príncipe abrió los ojos ligeramente ante su declaración, no solo por el hecho de que insinuara una inclinación sexual a su persona sino que la facilidad con la que la declaró la situación lo asombró, creyó ingenuamente que era un poco más recatada o tímida sobre ello, ¿Cuánto más tenía que descubrir de la chica mentirosa?
— ¿Qué quieres decir? —Preguntó realmente interesado en su respuesta.
— Quiero saber si te gustan los hombres—Levantó la mirada hacia el príncipe mientras se arropaba, la duda le había asaltado hace unos días, estaban en un pueblo donde él podía perfectamente salir y buscar una chica, en cambio se quedaba con ella, o más bien él. No quería ilusionarse con un príncipe, sabía que su relación no tenía pies ni futuro, pero su mente empezaba a divagar e imaginar cosas que no debía, por ello necesitaba aterrizar y esa era una perfecta excusa para olvidarlo y pensar que lo que pasaba entre ellos solo era un desliz.
— ¿Crees que porque te follo me follaría a cualquier tipo? —Dijo frunciendo el ceño— no seas absurdo… no pareces un hombre ¿cómo puedes jactarse de que soy marica por follarte? —la princesa camuflada de chico bufó y desvió la mirada.
— No tienes por qué expresarte así—Soltó en un reproche— solo pensaba eso por lo que antes me habías di-
— Ya cállate—Interrumpió el saiyajin— ¿Te duele al moverte? —preguntó cambiando de tema, sabía la respuesta pero prefería ponerla a ella en la palestra antes que seguir hablando de algo que en cualquier momento podría hacerlo estallar y querer encararla por mentirosa.
— No—Mintió— creo que podemos seguir a los demás—el príncipe alzó una ceja y se levantó de la silla, la princesa admiró su torso desnudo en silencio sin perder detalle, no hace mucho habían estado revolcándose en la cama, debido a esto tuvo que cambiar de vendas; no podía acostumbrarse a la relación que mantenían. Era extraño para ella, discutían, se ignoraban, se besaban y lo hacían. Así había sido su semana estando a solas.
— Mientes—La peliturquesa lo miró seria, por un momento se espantó por la declaración del chico, sentía que había más por saber que lo que él decía, y era así, el saiyajin no soltaba frases porque sí, podía ver en sus ojos la mentira, olerla y saborearla, le sorprendía lo lejos que podía llegar con su farsa ¿Cuánto tiempo más estaría así? Su plan de seducirla para que confesara se había ido a la basura porque ella accedió a estar con él y mantener su mentira— una herida profunda no se aliviará en unos días.
Bulma agachó la mirada cuando lo sintió meterse a la cama, dejando ir el suspiro de alivio disimuladamente, debía constantemente recordarse que su mentira seguía a salvo y que dejara la paranoia de lado, naturalmente si él supiera algo se lo diría ¿no? La culpa y las sospechas le jugaban malas pasadas y la hacían actuar y pensar estupideces, debía conservar la calma si quería mantener su farsa.
No se dio cuenta cuando el príncipe apagó la luz, él se acomodó y ella se quedó sentada sobre la colcha mirando el vacío a oscuras de la habitación, a veces se preguntaba cuánto duraría su romance ¿Todo acabaría cuando se reunieran con los demás? ¿Cuándo llegaran con los Elfos? ¿Se olvidarían después de todo lo que habrían pasado y sobrevivido juntos? Quizás él sí, pero sabía que no podría olvidarlo. Él había sido su primer hombre… y muy en su interior le gustaría que fuese el único. Con el pasar de los días esa idea se colaba más y más en su pensamiento y sentimientos, y sabía que debía aterrizar pronto, sino la caída sería mucho más dolorosa. Ella era una princesa de un Reino caído, él un príncipe de un Reino próspero y de otra especie.
No había futuro para ellos. Ni en tiempos de paz, mucho menos en tiempos con aroma a guerra. Su corazón latió con fuerza ante su último pensamiento, él se volteó dándole la espalda como solía hacerlo desde que compartían la cama y algo más, y ella lo abrazó por la espalda una vez más, convenciéndose de que era real, que las noches y los momentos juntos habían sucedido realmente, y aunque no tuvieran un futuro, nadie le arrebataría esos momentos, podía conformarse con eso. O al menos eso creía.
Él sintió su delicado brazo rodearlo por su abdomen y aunque a cualquier otra la habría apartado con brusquedad, con ella/él no pudo hacerlo, ni hoy ni ayer, y seguramente tampoco mañana. Cerró sus ojos y así, ambos sintiendo la respiración del otro, cayeron en un profundo sueño que conseguían solo cuando sus cuerpos estaban juntos.
(...)
Las paredes de piedra azul grisácea parecían más claras que de costumbre, como si las ventanas pudieran captar con mayor facilidad los rayos de sol. Había un extraño olor en el ambiente, no supo identificarlo.
Podía oír las pisadas de sus finas botas, su capa de hilos rojos ondeaba junto a sus movimientos y con la brisa veraniega que se filtraba, a pesar de que el sol brillaba con intensidad y el palacio debía estar funcionando incluso antes del alba, no había ningún alma en los alrededores más cercanos, era extraño, lo sabía, pero no podía detenerse a pensar en ello.
Solo podía seguirla.
Pero ¿a quién? Ni él mismo lo sabía, sus negros ojos observaban el pasillo con inteligencia felina atentos a cualquier movimiento, sus latidos golpeaban con fuerza en su pecho, se sentía ansioso y sus guantes húmedos se lo comprobaban, el sudor no dejaba de aparecer y aunque quisiera darle un porque, no lo hallaba.
Su cuerpo se movía solo, sin rumbo fijo o eso él creía, le parecía haber pasado ya más de una vez por el mismo pasaje ¿Caminaba en círculos dentro de su castillo? ¿Cómo era eso posible?
Unas pisadas suaves interrumpieron su caminata, detuvo su andar al mismo tiempo que contuvo su respiración, oyó el ruido de unos tacones detrás de él pero volteó demasiado tarde para ver a alguien, aturdido parpadeó buscando algún movimiento entre las paredes, tic tic tic delante de él y volteó rápidamente hacia el frente esta vez y pudo captar la punta de un vestido de seda de color rosa pastel.
Aunque no supiera la identidad de la mujer, la siguió. Supuso que era lo que buscaba aunque no lo sabía con claridad, corrió detrás de la mujer y se adentró hacia el pasillo a mano derecha, justo en la esquina pudo ver el cuerpo femenino, no era alta, quizás un poco más baja que él, su cuerpo era bien formado a pesar de la distancia lo podía saber, y aunque quiso guardar en su memoria su figura se obligó a levantar la mirada hasta su rostro pero la escurridiza chica huyó antes de hacerlo.
— ¡Espera! — Exclamó molesto por su huida, las pisadas de ambos resonaban en el castillo, el movimiento de su falda lo hipnotizaba como la luz a una polilla nocturna. Así se sentía, como un pequeño bicho alado volando en dirección de la hermosa y atrayente luz sabiendo que era su perdición.
¿Ella era su perdición?
La chica se detuvo en una esquina y posó su mano pálida como la luna en la pared, estaba a solo un par de metros de ella y juró que podía alcanzarla, a pesar de la luz que se filtraba, esta no llegaba hasta su rostro, una fragancia diferente se sintió en el aire, una mezcla de hierbas y dulce que lo hizo arrugar el ceño, los dos metros se volvieron tres, cuatro y cinco en cosa de segundos, asombrado fue testigo de cómo el pasillo se extendía lentamente y los distanciaba más y más.
— No podemos— Dijo la mujer, su voz era firme pero femenina, esas simple dos palabras atravesaron con fuerza en su pecho, secó su garganta y le arrebató las fuerzas, abrió la boca para responderle pero antes de poder articular alguna frase la chica corrió escondiéndose nuevamente, solo la estela de su vestido rosa se dejó ver y la punta de su cabello largo de color turquesa.
Y despertó. El sudor perlaba su frente, su respiración pausada y profunda llenaba sus pulmones de aire pesado, sentía todo su cuerpo pesado cada vez que inhalaba. Limpió con el dorso de su mano izquierda su sien y fue en ese momento que fue consciente de sí mismo, "¿Qué fue eso?" Pensó. No acostumbraba a soñar, o al menos a recordarlos, mucho menos tener un sueño así de vago. Miró a su alrededor y vio cada mueble en el mismo lugar que antes en la habitación del hostal, oyó una respiración leve y entonces recién sintió la mano y pierna que lo abrazaba, volteó hacia la chica valiente que dormía despreocupadamente apoyada sobre él.
Observó su rostro redondo, sus labios rosa carmín carnosos que lo seducían a probarlos temprano esa mañana y desayunarlos, tragó saliva y con su mano izquierda separó un mechón de pelo de su mejilla, en el tiempo que llevaban viajando su cabello había crecido un par de centímetros, contempló su color exótico y se acomodó nuevamente a su lado dándose la vuelta para tenerla de frente, estuvo tentado a recorrer su cuerpo con sus manos, tocar su intimidad y poder sentir su calor. Pero se contuvo, en cambió acercó las hebras cortas de cabello y las olió, el aroma chocó en su subconsciente sacudiéndolo por completo.
Las hierbas y el dulzor estaban allí. ¿Eso era lo que olía en su sueño? Soltó la respiración lentamente y entonces una revelación aún más fuerte lo estremeció. Vio el turquesa de su cabello e instantáneamente rememoró la larga melena meciéndose al correr por un pasillo. El sudor se volvió frío de repente y sus latidos se aceleraron tan ruidosamente que casi podía sentirlos en sus tímpanos.
¿Era Trunks?... la mujer de sus sueños… ¿Era Trunks? Intentó calmarse, no tenía nada de extraño aquello, si lo pensaba bien hasta tenía sentido, claro, él ansiaba que ella asumiera su identidad, pero la idea de incluso llegar a soñarlo le dejaba un gusto amargo en la boca. Nunca se había sentido así de "comprometido" con una mujer, quizás el desafío que la peliturquesa le ponía en frente le era más atractivo e interesante, pero no quería que eso le pasara la cuenta.
— Uhm… Idiota— Miró a la chica que lo abrazaba con fuerza, tenía el ceño fruncido y sus labios ahora dibujaban una mueca.
Apoyó su mano en la cintura escondida que disimulaba con las ropas holgadas pero que no escapaban del saiyajin desde que la había descubierto en el lago, sus grandes manos caían perfectamente en su curva, estuvo tentado a borrar esa mueca en sus labios con los suyos, pero algo lo detenía y no sabía qué ¿Su orgullo, quizás? Probablemente… es que jamás el príncipe de los saiyajin había despertado a su amante con besos y caricias, es más, jamás había amanecido con una. Un simple acto que tal vez para cualquier hombre resultaba de lo más normal, para él era difícil y casi imposible de hacer. Sin embargo inclinó su rostro para encajar con el de ella de todas formas, lentamente intentando no despertarla acercó sus labios con hambre de los suaves y rosa de la mujer en sus brazos.
Antes de siquiera rozarlos se alejó abruptamente y deshizo el abrazo, el movimiento brusco la hizo despertar, para cuando la peliturquesa abrió los ojos el saiyajin se había bajado de la cama con el ceño fruncido y una mueca de enojo. La princesa abrió la boca confundida, no sabía que pasaba por la cabeza del saiyajin pero por su rostro podía notar que no había despertado de buen humor, parpadeó un par de veces para alejar la somnolencia de sus ojos.
— ¿Qué…?— El guerrero le dio una fría mirada y sin esperar a que terminara de hablar caminó con pasos firmes hacia el cuarto de baño y dando un fuerte portazo se encerró.
Bulma más confundida que nunca se reincorporó en la cama, eran esas reacciones las que la exasperaban ¿No podía ser un sujeto normal? Aparte de su carácter difícil, solía ser reservado y así no llegarían a ninguna parte, tampoco era como si tuvieran que avanzar… Constantemente debía recordárselo, él y ella solo vivían el ahora, nada más. Miró hacia la puerta de madera vieja pensando en qué le podría decir cuando saliera, pero sus pensamientos fueron interrumpidos por unas voces desesperadas que provenían del pasillo a fuera de la habitación.
— ¡Señor espere! — La peliturquesa creía reconocer la voz de la casera, en un par de veces siguió a Vegeta hasta el cuarto para preguntar alguna que otra cosa, pero el tono asustado y nervioso la inquietó, oyó pasos firmes y sin poder evitarlo su pulso se aceleró, sus ojos se movieron por todo el cuarto buscando alguna arma, nada había a su alcance.
Su respiración se volvió pesada, sentía un sudor frío recorrerle la sien, miró hacia el cuarto de baño otra vez y deseó que el príncipe saliera de allí en ese instante.
— Vegeta…— Intentó hablar en voz alta pero el miedo se lo impidió— Vegeta… alguien… viene—soltó con un hilo de voz.
Los pasos se hacían más y más cercanos, y el chillido de la casera más molesto que antes, sus latidos golpeaban con fuerza su pecho aplanado y aunque le dolía la pierna como nunca, puso ambos pies fuera de la cama dispuesta a buscar alguna daga para defenderse. Pero los pasos se detuvieron y la hicieron quedarse quieta sin siquiera respirar cuando éstos pararon justo frente a la puerta del cuarto en que ellos se quedaban. En su mente un cúmulo de ideas revoloteaba, pero la que más presente tenía era sobre el orco blanco de ojos rojos.
La puerta se abrió de golpe a pesar de las protestas de la señora regordeta con delantal, la princesa se sobresaltó y afirmó de la marquesa de la cama de madera, todo se detuvo en ese instante, pero cuando vio al sujeto de pie en el umbral el tiempo volvió a correr.
— ¡Piccolo! —Exclamó sorprendida, la señora al ver que su inquilino lo conocía parpadeó confundida, el ceño duro y frío del namek la intranquilizó por un instante pero eso no opacó la alegría que sintió al verlo.
— Lo siento, pero no puedo aceptar que dos inquilinos más se queden en un cuarto para uno— Murmuró la casera no muy convencida con la expresión del namek alto y fornido, era primera vez que conocía uno y no podía dejar de admirar al ser verde que definitivamente parecía temible y fuerte.
Bulma frunció el ceño al oírla, ¿Dos? Parpadeó un par de veces buscando con la mirada cuando notó un par de ojitos amables, abrió los ojos sorprendida cuando el niño namek le regaló una sonrisa tímida, ambos iban cubiertos por una capa marrón oscura con gorro que escondía sus antenas, solo sus rostros se dejaban ver.
— Descuide señora— Habló por primera vez el príncipe namek— no nos quedaremos—la mujer balbuceó un par de incongruencias irritando más al guerrero— ya váyase ¿O es muy difícil de entender? Necesito hablar con mi compañero—la casera frunció las cejas pobladas por canas y se dio la vuelta tomando la punta de su vestido— que mujer más desagradable…
— Hermano…— Soltó en reproche el menor.
— ¿Hermano? — Bulma volvió a acomodarse en la cama sin dejar de mirarlos, ambos namek entraron a la habitación y cerraron la puerta.
— ¿Dónde está Vegeta? — Preguntó Piccolo ignorando la pregunta de la princesa— ¿Acaso te dejó solo?
— Está en el baño…— ¿Sería por eso que el príncipe había actuado tan rápido y se había "escondido" en el baño? ¿Por qué había sentido la presencia de Piccolo? Bulma supuso que sí, y si lo pensaba con detenimiento tenía sentido, nadie podía saber lo que había entre ellos y seguramente el que menos quería que eso se supiera era el saiyajin,
— Ya veo… Dende ve a curarla—El chico asintió y caminó hasta ella, la princesa miró al niño y luego a Piccolo otra vez— ah… él es Dende, muéstrale tu herida.
— ¿Es tú hermano? — Volvió a preguntar— soy Trunks, un gusto—el pequeño namek le sonrió y se quedó de pie al lado de ella.
— Descuide princesa— Susurró— en nuestro Reino, todos nos tratamos de hermanos, aunque Piccolo sea el heredero—Bulma abrió los ojos sorprendida cuando oyó el "princesa" levantó la mirada hacia el guerrero que se había apoyado en la muralla con los ojos cerrados.
— Ah… tú sabes que yo…—El chico le sonrió y asintió, algo en el interior de la chica se conmovió, ¡El niño era la ternura personificada! No había tenido la oportunidad antes de tratar con niños, pero cuando vio al pequeño Dende no pudo dejar de pensar en cómo sería cuando ella tuviese un hijo, sin dudas le gustaría que fuera igual de adorable que el hermanito de Piccolo.
— Déjeme ver su herida— La peliturquesa asintió sin dejar de mirarlo, apartó las cobijas y con esfuerzo levantó sus caderas para poder bajar sus pantalones, ambos namek sabían su identidad por lo que no tenía que esconderse para no dejar ver su ropa interior.
Piccolo observó desde lejos, la vio quitarse el vendaje y tuvo que contenerse para no regañarla, estuvo todo el camino pensándolo y definitivamente hablaría con ella, la situación no podía seguir así. Frunció el ceño cuando vio la herida fresca, la línea horizontal escarlata atravesaba casi todo su muslo, sintió sus viseras revolverse de solo pensar en qué hubiera pasado si el saiyajin no hubiera reaccionado a tiempo. No podían perderla… de ella dependía el triunfo de la misión.
Bulma observó perpleja como el pequeñito verde levantaba sus manitos y las posaba sobre su herida sin llegar a tocar su piel, fue testigo muda de cómo unos destellos dorados salían desde las palmas verdes y chocaban con su piel, al principio estuvo tentada a alejarse y gritar, pero la serenidad del niño y que Piccolo no se sobresaltara la calmó, un calor reconfortante recorrió su pierna, su herida latía y latía pero no dolía, podía sentir como los tejidos cicatrizaban y tuvo que recordar cerrar la boca por el asombro ¿Cicatriz? ¡Ninguna! Cuando el muchachito bajó sus manos no había ningún rastro de su herida.
— ¿Qué… acaba de pasar? —Susurró asombrada.
— Medicina namekiana— Soltó sonriente el menor encogiéndose de hombros, la peliturquesa movió su pierna comprobando que efectivamente así como se veía, se sentía igual de curada.
— Es asombroso… ¡Gracias! — Exclamó feliz al mismo tiempo que subía sus pantalones.
— Dende será nuestro nuevo compañero— Murmuró Piccolo reincorporándose del soporte— tampoco quiero que por la presencia de Dende te confíes y no estés alerta ¿Me oíste?
— Claro—Asintió la chica— no volverá a pasar.
El príncipe namek se quedó viendo a la humana, él muy bien sabía que sí volvería a pasar y era por eso que había ido por el pequeñito Dende, ¿Debía advertirle? No quería que viviera con paranoia, estaba confiado en que con la presencia del pequeño la situación mejoraría y nada grave pasaría, por lo que optó por guardar silencio, al menos en ese aspecto. En ese instante la puerta del baño se abrió y de ella un saiyajin con el pecho descubierto y unos pantalones holgados, el cabello mojado y un semblante de pocos amigos salió, el namek frunció el ceño al verlo y no solo porque era un suplicio tener que volver a convivir con el saiya también por el olor distinto que el príncipe desprendía, lo observó unos segundos para luego mirar a la princesa que agachaba la cabeza.
— ¿Kakarotto? — Preguntó el saiyajin después del incómodo silencio, ignorando la presencia del niño, Bulma levantó la mirada hacia ambos príncipes atenta a la plática (si es que se le podía llamar así) recién notando que los pelinegros no estaban allí.
— Se quedaron en el último pueblo humano— La peliturquesa contuvo el aliento al oírlo, ¿Último pueblo? La opresión en su pecho fue inmediata y sus ojos zafiro perdieron un poco de su brillo— hay que partir de inmediato, hemos perdido demasiado tiempo.
— Tú no me das órdenes pepino— Gruñó el saiyajin acercándose peligrosamente, Bulma suspiró pesadamente llamando la atención del pelinegro, Vegeta volteó hacia la chiquilla que lo miraba con gesto de cansancio, entonces vio al niño a su lado que lo observaba con temor— ¿Y ése?
— Es Dende— Respondió la peliturquesa— sanó mi pierna—y una sonrisa jovial se formó en sus labios rosa a la vez que se ponía de pie y le demostraba que no sentía dolor alguno al mover la pierna. El saiya miró al menor y luego a la chica y bufó por lo bajo.
— Ya casi es medio día— Interrumpió Piccolo— han perdido demasiado tiempo en la cama…—Bulma quedó estoica, sus mejillas se sonrojaron y su pulso se disparó, no era solo los dichos del namek, el tono que había usado la hizo pensar que la intención era otra, se sintió descubierta.
Y fue peor para el saiyajin, pero no lo demostró, su máscara de hielo no mutó por ningún motivo, pero el fuego interno se descontroló, apretó los puños dejando sus nudillos blancos, miró con suspicacia al namek que solo los observaba fijamente ¿Qué intentaba decir? ¿Acaso estaba celoso?
— Tienes razón— Dijo nerviosa la chica— es mejor que partamos.
Y aunque el saiya no quería obedecer, se movió con un único pensamiento: desviar la atención e ignorar los dichos del pepino. Así, sin protesta alguna el grupo inició el viaje, cancelaron a la casera con unas monedas de plata que el saiyajin había cambiado por un rubí pequeño.
El sol encandiló a la joven de cabellos turquesas, sonrió al aire al sentir la brisa jugar con sus mechones, no recordaba cuando fue la última vez que había disfrutado del calor y la frescura de una brisa ligera, su remera se meció suavemente junto al viento, sentía el aire filtrarse por su pecho aplanado a través de los agujeros de la malla protectora estremeciéndola. El cielo estaba despejado, el cantar de las avecillas y la gente paseando de aquí para allá y la calma que se podía sentir en el ambiente la recargaron de energía, no había notado lo mucho que extrañó salir, pero la compañía del saiyajin la hipnotizó haciendo que olvidara todo. Pero allí estaba, respirando aire puro y limpio disfrutando de estar sana y fuera de la cama por fin.
Honey relinchó feliz al ver a su jinete, Vegeta observó disimuladamente como la humana abrazaba al animal y ésta enseñaba los dientes y movía sus patitas con alegría. El rostro de la peliturquesa reflejaba su emoción, luego de acariciarla se acercó a Ami a saludarla, la yegua blanca con manchas negras la esquivó al principio y con la insistencia de la peliturquesa dejó acariciarse la cabeza. Dende se acercó al animal blanco y le hizo cariño en el pecho, el animal relinchó y se movió inquieta al ver al pequeño.
— ¡Vaya! Le gustas— Afirmó la peliturquesa mirando al menor— Ami suele ser algo huraña.
— ¿Ami? — Preguntó confundido— ¿Te refieres a la yegua? Es muy linda— dijo sonriendo.
— Si… lo es, este es Fry— El niño miró al animal tranquilo de color café oscuro y se acercó a acariciarlo— y ése de allá negro entero es… un caballo pervertido que no sé su nombre—Dende miró al majestuoso semental que movía las orejas ignorándolos, definitivamente la bestia era hermosa, pero algo tenía que lo inquietaba.
— Nocturno— Dijo el saiyajin cargando algunos bolsos en Fry, el niño y la joven se sobresaltaron al ver al príncipe— el caballo pervertido tiene nombre.
— ¿Nocturno? — La humana parpadeó confundida, llevaban más de tres meses viajando y recién se enteraba del nombre del animal que pretendía a su yegua— uhm… Piccolo ¿El tuyo tiene nombre? —el namek quien afirmaba las monturas levantó la mirada hacia ellos y negó meciendo la cabeza de lado a lado y siguió con su labor en silencio.
— Los namek no tenemos este tipo de animales— Dijo el pequeño— no estamos acostumbrados.
— Ya veo— Asintió la chica.
— Dejen de parlotear y muévanse— Ladró el saiyajin sobresaltando nuevamente a los parlanchines del grupo.
Una hora después de salir del hostal y arreglar los caballos en el establo salieron del pueblo, la peliturquesa dio una última mirada hacia atrás observando las casas y avenidas sobrepobladas, pero sus ojos zafiro se posaron mucho más atrás, en las montañas que se dejaban ver a pesar distancia, allí en lo alto, donde las nubes grises interrumpían el panorama de un día soleado. Los picos de la Colina del Lamento se despidieron de ella en silencio, y la princesa guardó la postal para siempre en su memoria, no dejaría que ese descuido se borrara jamás, lo tendría siempre presente para recordarle lo cerca que estuvo de la muerte y sobre todo, que debía ser fuerte.
(…)
Cabalgando a toda velocidad y dándole breves descansos a los animales, pudieron llegar en un par de días al pueblo, solo Piccolo se quedó en el lugar para buscar a los pelinegros, Dende y los herederos del Reino humano y Saiyajin se quedaron en las afueras de la aldea, adentrándose en el bosque espeso que rodeaba el límite de ambos Reinos, humano y namek.
Bulma enjuagó su rostro con agua fría que sacó del riachuelo de unas leguas atrás, apretó la cantimplora unos minutos con la mano izquierda y con la derecha limpió su cara. No habían descansado demasiado, Piccolo llevaba prisa y Vegeta para no quedarse atrás apuraba aún más el paso.
Dende era muy amable y agradable, no había sido ningún problema acostumbrarse a su presencia, Piccolo parecía más silencioso que de costumbre y la princesa tenía la leve sospecha que quería hablar con ella, y podía suponer sobre qué. Pero ella no lo deseaba, por lo que no le daba la instancia para que el príncipe namekiano la enfrentara.
Vegeta parecía más molesto que de costumbre, la chica a menudo fantaseaba que se debía a su reciente distancia que obligadamente tuvieron que interponer entre ellos. Al menos ella estaba un poco ¿Triste? Quizás, pero se sentía diferente… lo extrañaba. No poder acercarse a él libremente la torturaba lentamente tenerlo cerca y no poder probar sus labios, tocar su espalda, que él la hiciera suya… era cruel. A veces pasaba por su mente que todo era por su estúpida mentira, si él había caído en su red pareciendo un chico, con ropa holgada y el cabello corto ¿Cómo hubiera reaccionado al verla con un vestido elegante y su cabello suelto y largo? Definitivamente no la habría tratado mal, ni mucho menos la habría insultado la primera vez que intentó besarlo. Sonrió de solo pensarlo ¿Cómo se hubieran dado las cosas si fuera Bulma y no Trunks?
— ¡Una mariposa! — La peliturquesa miró en dirección el niño que jugaba con algunas flores, sonrió al verlo perseguir al bichito colorido alado, era increíblemente reconfortante oír una risita infantil en el viaje, hacía que la carga fuera más llevadera, el pequeño con su alegría la hacía sentir menos preocupada.
— Es linda— Dijo ella mientras secaba su mejilla con la manga de su remera.
— Es un buen augurio— Exclamó el chico moviendo sus manitos de lado a lado— los dioses iluminan nuestro camino— "Dioses… ¿Ellos realmente nos ven?" pensó la humana, a su mente vino el día que salió de su Reino y el supuesto Kami que la motivó a salir, ya no sentía tan distante su voz… Piccolo tenía un timbre de voz muy parecido.
— Pff— Ambos voltearon hacia el saiya que limpiaba su espada de acero— los dioses iluminan su propio camino, no le interesan los mortales o al menos eso pareciera— Bulma sorprendida vio como el ceño del niño se arrugaba y dejaba ver sus colmillitos.
— ¡No hables así de los Dioses! Ellos lo ven todo y lo saben todo— Chilló molesto sorprendiendo a los presentes— su piedad es infinita y—
— Y me importa una mierda— Interrumpió el príncipe con tono amenazador— tus dioses son una mierda, seguramente ya lo saben—dijo con ironía, una gélida brisa movió las hojas y ramas de los árboles, Bulma tragó saliva incómoda sintiendo su fleco mecerse ligeramente.
— Cálmense— Dijo no muy convencida— cada uno es libre de pensar y opinar lo que quiera— la sonrisa ladina del saiyajin la distrajo unos momentos, sacudió la cabeza intentando alejar de su mente los pensamientos libidinosos sobre el saiyajin como protagonista. Dende frunció el ceño y la humana tuvo la ligera sensación que infló sus mofletes de pura rabia y frustración que le provocó los dichos del saiyajin.
Los galopes de más de un animal interrumpieron muy para la fortuna de la princesa, el roce entre príncipe y namek. Los tres voltearon hacia los caballos donde se podía ver a Piccolo liderando a ambos pelinegros. Bulma sonrió al ver a su amiga y tuvo que contener la risa al ver su rostro invadido por la preocupación.
Milk fue la primera en bajar del caballo, corrió hacia la princesa que fue consciente de esperarla con los brazos abiertos cuando ésta se lanzó hacia ella y la estrujó fuerte en un abrazo, la peliturquesa aguantó la respiración un momento y dejó a la doncella apresarla posesivamente, los presentes miraron la escena entre asombrados y otros con irritación, ninguno entendía muy bien ese tipo de comportamientos, no eran razas muy afectivas.
— ¡Estaba tan preocupada! — Sollozó la pelinegra.
— Lo lamento— Murmuró en contra de su cabello negro— Dende me sanó… ya estoy bien ¡Ni siquiera tengo una cicatriz! ¿Puedes creerlo? ¡Es genial! — Exclamó alegre separándose de la chica para mirarla a la cara, pero la sonrisa se borró de sus labios al ver el semblante serio y arrugado de la pelinegra.
— ¿Genial? ¡Estuviste al borde de la muerte! — Chilló escandalizada.
— Es raro el trato de esos dos ¿O es solo mi idea? — Musitó el pelinegro llegando al lado del saiyajin. Vegeta alzó una ceja al no ver rastros de celos en las facciones de su escolta ¿Qué le había pasado? No era posible que de la nada se le quitaran las inseguridades y rencores por el muchachito.
— Dejen los abrazos y besos para después— Gruñó el príncipe verde— debemos salir de aquí, si nos apuramos, en dos meses llegaremos a la Llanura del cielo—Bulma miró al namek y asintió sin pensarlo mucho, pero no podía negar que las ansias la invadían, cada día era conocer algo nuevo, ninguno era igual al anterior y conocer tantos paisajes hacían que su travesía tomara un tinte interesante para la princesa.
— ¿No podemos comer antes? — Soltó el saiya de cabello alborotado con un tono quejoso, Piccoló gruñó por lo bajo y accedió a regañadientes.
Le parecía que fue hace mucho que no estaban todos juntos, Bulma sonrió sin dejar de mirar a la pareja de pelinegros que empezaban a preparar alimentos, Dende se acercó para ofrecer su ayuda que fue bienvenida de inmediato. Piccolo se acercó a la humana y sin hacer ruido la sujetó de su brazo sorprendiéndola, Bulma lo observó aturdida pero no tuvo tiempo para protestar, el namek la jaló hacia unos árboles más al fondo del boscaje. Situación que no pasó desapercibida para el saiyajin de melena flameada.
— ¿Qué pasa? — Preguntó haciéndose la desentendida, sabía muy bien qué tema tratarían y no quería darle más vueltas al asunto; los árboles se veían más vitalizados que los que pudo haber visto antes, las hojas verdes y la madera siena tostada era un paisaje digno de apreciar, pero no era el momento.
— Sabes bien que pasa— Soltó molesto al tiempo que detenían el paso, Bulma tragó saliva mirando la mano verde con uñas filosas que sostenían su brazo— esto se acabó ¿Me oíste? Ahora mismo irás y dirás to—
— ¡No! Es asunto mío si sigo con esto— Frunció el ceño y lo miró altanera alzando la barbilla, el príncipe namek abrió los ojos sorprendido, definitivamente no era la misma chica que había "salvado" de los golpes del salvaje saiyajin, el viaje la había endurecido, le había dado la fortaleza que antes estaba dormida.
— No tiene que ver solo contigo— Dijo por fin una vez que se recuperó del asombro.
— ¿Por qué insistes? — Preguntó con indignación— es mi vida, no tienes por qué meterte— farfulló entre dientes mientras se liberaba de su agarre con brusquedad, Piccolo estrechó sus ojos y la miró con rabia, era terca… más terca de lo que pensó, sin decir una palabra se alejó dejándola sola en medio del boscaje.
Respiró con fuerza, una vez que el alto guerrero desapareció de su vista se dejó dominar por los nervios, su mano temblaba y su corazón golpeaba con fuerza en su pecho, ¿Se había enfrentado al mismísimo Piccolo? Ella lo respetaba y admiraba, pero la situación ya la empezaba a colmar. Si se había equivocado con su decisión, ya lo había cometido y no quería dar un paso atrás, sería vergonzoso asumir en frente de los saiyajin que era una mentirosa, y todavía más delante de él. Había llegado bastante lejos con su mentira, y no quería que él se alejara por su estupidez, no sabía a ciencia exacta que había con el saiyajin, pero no quería que terminara, y si reconocía su identidad como mujer, él querría algo más y no podía dárselo.
— ¿Así que juegas a los dos bandos? — Un escalofrío la sacudió por todo el cuerpo, los vellos de sus brazos se erizaron y el sudor frío recorrió su sien. No necesitaba darse la vuelta para saber a quién pertenecía esa voz, pero lo hizo de todos modos.
— ¿Me estabas espiando? — Preguntó burlesca intentando defenderse de los escrutiñadores ojos negros misteriosos que la paralizaban por completo, el rostro serio e incluso molesto del saiya la intimidó, desvió la mirada mientras relamía su labio inferior nerviosa— ¿Te gusta oír conversaciones ajenas?
— Mocoso— Casi podía sentir y oler el veneno en su voz, el príncipe se acercó lentamente al punto que sus rostros se rozaron, las manos fuertes y grandes del guerrero se subieron con una calma que no sentía en ese momento hasta los brazos femíneos y los apretó con fuerza, un quejido de dolor se escapó de su boca que él percibió bastante femenino a su parecer pero no soltó sus brazos, la rabia hablaba por él— No me veas la cara de imbécil ¿Me oíste? — Bulma parpadeó asombrada sin dejar de mirarlo, el saiya la sacudió un par de veces como si fuera un trapo— ¿Me oíste? — Repitió con un gruñido.
— ¿Qué diablos te pasa? — Logró articular la chica— ¿Por qué te vería la cara de imbécil? No entien—
— No te hagas el santo chiquillo, no me gusta compartir— El dolor de los brazos y el miedo inicial pasó a segundo plano cuando lo oyó, en cambio, una sonrisa tímida se formó sus labios carnosos que confundió al guerrero, distrayéndolo— ¿Qué?
— ¿Estás… celoso de Piccolo? — Los dedos del saiyajin se enterraron aún más en su carne y aunque su actitud le causó gracia, no pudo evitar entrecerrar sus ojos por el dolor— me lastimas…
— ¿Yo… celoso del pepino? — Sus dientes rechinaron de pura rabia, el calor se le subió a la cabeza y ni siquiera era testigo de que exhibía sus caninos— ¡No me hagas reír! — gruñó soltándola bruscamente, olvidando por completo que Trunks era una chica. Pero haberlos visto discutiendo y tan cercanos lo trastornó por completo, quería ir y arrancarle el brazo al namek con el que había osado tocarla.
— Vegeta… entre Piccolo y yo no hay nada— Murmuró mientras acariciaba sus brazos intentando apaciguar el dolor— es imposible…
— No me interesa— Dijo a la defensiva desviando la mirada— solo te advierto—volvió a centrarse en el chico que parecía más joven que antes mientras se abrazaba y lo miraba divertida— yo no como restos de nadie—y se dio la vuelta caminando hacia donde estaban los demás.
Bulma no tardó en alcanzarlo, su mano delicada se posó en el hombro de él, pero el saiyajin se alejó con brusquedad volteándose a verla con el ceño fruncido y una mueca de desagrado en los labios.
— Vegeta… solo he estado contigo— Susurró con suavidad en su voz, debería molestarse por sus celos y sobre todo por su posesividad, pero simplemente no podía, él estaba interesado en ella más allá de lo que aparentaba y era imposible enojarse cuando se sentía tan dichosa con la revelación— y Piccolo… está molesto conmigo por haber sido descuidado—dijo encogiéndose de hombros recuperando su faceta de chico— además… los namekianos son asexuales, es imposible que tengamos algo ¿No crees? —y rió bajito.
"Imbécil… estúpido… Idiota" Pensó el saiyajin y se alejó rápidamente de allí, completamente avergonzado.
Su corazón nuevamente saltaba eufórico en su pecho, pero era movido por la alegría, ver al saiyajin celoso era lo más divertido que había presenciado en mucho tiempo (a excepción de sus reacciones violentas) no importaba cuánto duraría lo que tenían, si era bendecida con esas reacciones divertidas del saiya, con besos furtivos y caricias robadas, ella se daba por pagada. Aunque el día de mañana lo perdiera, no dejaría de amarlo. Era mejor haber amado y perdido, que nunca haber amado, o al menos eso había oído por ahí.
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N/A: ¡Un mes y algo! bueno, como no me acosan tanto con este fic puedo darme el lujo de demorarme xDDD respecto al cap... el villano salió de la sombra xD se lo imaginaban? xDD
No quiero hacer largo este fic, por ende no serán más de 20 cap espero xd lo otro, por si no han visito la página de face, estoy con muchos deberes de la U, por eso me demoro con las contis y también el orden no es el mismo que antes. Pido paciencia x-x
Perdón las letras sobrantes o faltantes, los errores de redacción y ortografía :c
Gracias a quienes se dan el tiempo de comentar :) y gracias por leer, espero que este cap haya sido de su agrado y nos estamos leyendo en cualquier otra actualización de mis fic :3
Se cuidan!
Adiós :)
