Los personajes reconocidos son propiedad intelectual de Cassandra Clare. Lo demás, mío.


Expiación y Deseo


- Espíala – ordenó Valentine al hombre al otro lado de la línea.

- Pero señor, tiene mejores hombres…

- No, quiero que lo hagas tú. – interrumpió de manera cortante. – Empiezas hoy.

Cortó la llamada, y arrojó el teléfono móvil al cesto de basura más cercano.

Podría hacer ese trabajito él mismo, estando tan cerca, pero tenía cosas más importantes que hacer, y además, no se le daba la gana.

La ciudad de Nueva York siempre le resultó ruidosa, y más cuando debía caminarla casi toda. Llegó a su destino, un edificio lujoso. Solo una persona con un elevado salario podría permitirse costearse una vida en ese lugar.

Él tenía la llave de uno de los apartamentos, pero no le pertenecía, ni vivía en él.

Es que, aburrido de los pequeños traficantes, decidió quedar con su amante.

La senadora Lilith Vogue.


Elegante, si. Pero llevaba purpurina en el rostro. Todo su rostro brillaba. Vaya tipo.

- ¿Cómo estás, Shaggy?

- Soy Simon, Magnus. – le corrigió este con los dientes apretados – Llevo trabajando para ti año y medio.

- Pues entonces te va bien. – Comentó aburrido.

- Magnus, él es Jace… es… - Clary no supo que decir. ¿Qué éramos realmente?

- Estamos saliendo – dije yo finalmente, estrechándole la mano.

Shaggy se removió incomodo a mi lado.

Magnus no dijo nada, pero le dedicó una mirada extraña a Clary, como aquellas miradas de complicidad que tienen los amigos.

- Él es Magnus Bane. Es dueño de la cafetería, y… muchas cosas más.

- Es un placer conocer al dueño de Presidente Miau, - dije – ¿pero por qué ese nombre?

- En honor a mi gato – contestó encogiéndose de hombros.

Luego de eso, no cruzamos palabras. Clary se lo llevó a recorrer todo el salón para observar los cuadros.

Simon, a mi lado, estalló.

- ¡Nunca recuerda mi nombre! ¡Nunca! Siempre soy Brandon, Swyer, Sean…

- No te olvides de Shaggy.

- ¡Y Shaggy!


- ¿No es millonario o algo por el estilo? – pregunté, el nombre de Magnus Bane me sonaba muchísimo, estaba seguro de que lo había oído por las noticias.

- Oh si – aseveró Clary – invierte en muchas cosas.

La noche fue perfecta para Clary, fue alabada por sus pinturas, y todas fueron compradas – me preguntaba quien tendría mi retrato -. Yo tampoco me puedo quejar, mi noche también fue buena.

Casi al final de la exposición, su amigo Simon no aceptó venir con nosotros a festejar con la excusa de que tenía un ensayo muy temprano por la mañana. Él y yo sabemos que es mentira. Magnus puso la misma excusa, con la diferencia de que tendría un largo día de negocios y prefería descansar. Creo que en realidad también no quería incordiar.

Así que solo éramos Clary y yo.

Quise hacer conversación, pero la tensión era demasiado incluso para hablar. Había quedado algo inconcluso entre nosotros, y no sabía cómo abordarlo. Oh Dios, cuantas ganas tenía de terminarlo.


En la mesita de café estaban desparramados decenas de libros de nombres. Isabelle ocupaba un sofá de lo cómoda que se puso al acostarse, mientras que Clary – mi muy embarazada Clary – y yo ocupábamos otro sentados normalmente.

- ¿Qué te parece William? – preguntó Clary.

- Oh no, ¡no necesitamos otro William Herondale en la familia! Ya tenemos suficiente con uno.

- Eres imposible Jace. Bueno, ¿Y James?

- Creo que Tessa va a ponerle James a su bebe. – comentó Izzy antes que pudiera decir algo.

Mi esposa resopló.

- Los mejores nombres están tomados. De acuerdo, dejemos los nombres de varón. Mmm… ¿Qué tal Marissa?

- Marisse es mi madre.

- Yo dije… ah, da igual. ¿Wendy?

Negué con la cabeza. No me gustaba ese nombre.

- No me gusta.

- ¿Por qué no propones algo tu también, genio? – ay no, se estaba cabreando.

- Eh… claro. – dije nervioso. – Emm… Rebecca, Jennifer, Elizabeth, Katherine, Jenna…

- Me gusta Jenna. - dijo Izzy levantando la vista del libro que tenía en manos.

Clary se mordió el labio, mientras lo pensaba.

- Solo digo – agregó Isabelle para no presionarla.


El viaje en moto fue una tortura. No sé cómo lo hice, pero logré no tocarla.

- Gracias por venir, Jace. – dijo evitando mirarme. Ella también sentía esto.

- Cuando quieras – contesté buscando su mirada.

- Yo… - titubeó – me voy a dormir – soltó rápidamente –. Adiós. – me dio besó en la boca, rápido y cobarde, y fue hacia su edificio.

El alma se me cayó a los pies.

- ¿Eso es todo? – le pregunte en voz alta, ella paró de trotar y se dio la vuelta para poder verme. - ¿No me vas a invitar a entrar?

Con las ganas de acostarnos - ¿quién dice "acostarnos"? – que teníamos los dos, después de semejante calentón, ¿simplemente me daba un pico y se iba a dormir?

Ella sonrió con pesar.

- No está noche.

- Clary… - le estaba por rogar.

- Sería demasiado rápido. Quiero que me conozcas y gustarte en verdad.

- Ya me gustas de verdad. – repliqué. Nunca había hablado tan enserio – Ya me tienes.

Supe que ella estaba flaqueando en su decisión. Me miró como quien está dejando pasar el tren que debería tomar.

- No, todo a su tiempo, Jace.

¡Con un demonio!

Me baje de la moto, y fui a hacía ella.

- ¿Qué tengo que hacer demostrarte que me gustas en verdad? Clary…

- Por favor no insistas…

Por supuesto que voy a insistir, ¿por qué no obtener el placer que queremos?

La besé. Ella me besaba también. Me deseaba de la misma manera. Nos deseábamos. Y yo le haría olvidar de lo que sea que le hacía negarse. Entre besos, ella decía que no.

Así que bajé a su cuello. Su punto débil.

No volvió a decir una palabra. Tan solo respiraba agitadamente. Su pecho subía y bajaba. Yo solo repartía besos por allí, y de vez en cuando, también con mi lengua.

La tenía justo donde quería.

- No… por favor.

No había caso. Me deseaba, si, pero no quería hacerlo.

Podría haberla hecho rogarme, pero me sentí muy correcto en ese momento, dejé de insistirle. No quería hacerlo, punto.

- Está bien.

- No te enojes…

- No me enojo. Solo estoy algo confundido.

- Todo a su tiempo, Jace. Te lo contare luego. – me prometió. Se veía afectada. Debía de ser algo grande.

Sonaba como una larga historia. Una larga y complicada historia.

- Lo siento Clary, no fue mi intención presionarte… bueno sí, - me retracté porque para qué mentir – pero… lo siento - volví a decir, esperaba que lo entendiera. – Lo haremos cuando tú quieras.

Ella sonrió con sinceridad.

- Me encantas, Jace. Nos vemos.

Me dio la espalda y entró al edificio.

Extrañamente, me sentía bien. Yo le gustaba también. Nada mejor que saber que "le encantas" a la chica que te trae loco.

Así que me subí a mi moto, y en el corto viaje hacia casa, no sé por qué, me pregunté si lo que Simon me había advertido se refería a esto.


Me reporté a la base. Esperaba que tuvieran algo para mí. Alguna misión solitaria. Algo.

Nada.

Comencé a sospechar que me habían suspendido indefinidamente. Joder no. Mi vida se tornaría aburrida sin traseros que patear.

No me crucé con nadie del escua… ex escuadrón. No vi a Alec, ni a Isabelle, ni a Jordan, y ni a Luke. Me pregunté si habrían tenido una misión sorpresa. O tal vez algo programado. Me hizo sentir arrepentido por un momento. Deseaba estar con ellos.

Ese sentimiento duró poco al ver a Herman caminando tranquilamente por sus típicos anteojos rectangulares y su computadora portátil bajo el brazo. Herman era nuestro cable informático, por decirlo de alguna manera. Cuando estábamos en la misiones, él solía comunicarse con nosotros, guiarnos, informarnos de todo… desde su computadora.

- Herondale, - saludó con una sonrisa algo boba.

- Spock.

Él siguió de largo hacia donde fuera que se estuviera yendo.

- ¡Herondale!

Hodge Starkweather me miraba desde el piso superior. Me hizo señas para que le acompañara. ¿Cómo decirle que no al hombre que maneja este lugar?

Su enorme despacho daba hacia afuera, a los terrenos al aire libre, y hacia adentro, a la recepción de la base. Estaba muy ordenado. Eso decía algo de él.

Sin decir una palabra, me indicó que me sentara. Estaba sorprendido, debía admitir. Fueron pocas las veces en las que hablé con el vicepresidente Starkweather, y nunca fueron verdaderas charlas.

- Tengo entendido que no tiene una misión por el momento.

- Así es, señor. – a Luke le puedo tratar con un poco más de confianza, que ya nos conocemos, pero él es el vicepresidente de la agencia.

- He visto su expediente, Herondale.

- ¿Ha encontrado algo divertido… - no pude evitar decirlo – señor? – agregué.

- Divertido, no. Interesante, si. Usted – me miró fijamente, tenía pinta de hombre noble, era intimidador, la verdad – tiene las puntuaciones más altas. Es uno de los mejores.

Nunca me cansaba de oírlo.

- Como agente encubierto es eficaz. Y como soldado, el mejor.

- Gracias, señor.

- Cállese Herondale.

Viejo temperamental.

- Tengo una misión para usted, jovencito.

¡Al fin oía algo interesante salir de a boca de este hombre!

- ¿De qué se trata?


¡Hola! Como habrán leído, estoy de vuelta, y con todo. ¿Qué tal les pareció? ¿Les gusta Jenna? ¿Les gusta Nicholas? ¿Les cae Valentine? Díganme todas sus opiniones y sugerencias en un review.

Eva