Los personajes de Naruto no me pertenecen, si no a Masashi-Sama. La historia es una adaptación. Al final estará el nombre de la autora y de la historia.
Aclaración: Hinata tiene 18 años y Naruto 28. Acalaro por si acaso jeje. Muy bien! Vamos a por el capítulo!!
¡Piratas!
Hacia el fin de semana, todos llevaban dientes de ajo alrededor de sus cuellos para alejar el daño de lady Hinata. Ella se pasó los siete días tratando de ganar su confianza. Cuando averiguó por qué llevaban esos olorientos collares estaba tan disgustada que ya no trató de ganárselos.
También dejó de correr a su camarote cada vez que la miraban fijamente. Fingía que no lo notaba. No permitiría que ninguno advirtiera lo mucho que la disgustaba su comportamiento. Mantuvo su compostura y controló sus lágrimas.
Sólo Naruto y Kurenai sabían cómo se sentía realmente. Hinata los mantenía informados sobre sus sentimientos heridos. Naruto hacía lo posible para ignorar la situación. Kurenai hacía lo posible para tranquilizar a su sobrina.
El problema era que cualquier pequeño accidente, sin importar qué lo había provocado, se adjudicaba a la sola presencia de Hinata. Creían que la mujer estaba maldita.
Cuando Kiba advirtió que tenía una verruga en la mano culpó a Hinata. Él recordó que su mano había rozado contra la de ella cuando se cruzaron en Ia cubierta.
¿Cómo podía razonar contra esas idioteces? Hinata le formulaba esa pregunta a Naruto por lo menos dos veces por día. Sin embargo, sus respuestas no tenían sentido. Gruñía con irritación o se encogía de hombros con indiferencia. Era tan solidario como un chivo, y cada vez que terminaba de darle su evasiva opinión ella le besaba para llevarle la contraria.
Al lunes siguiente, Hinata pensó que su vida ya no podía ser peor. Pero no había tenido en cuenta a los piratas. Atacaron el barco el martes por la mañana.
Era un día soleado y tranquilo. Asuma había llevado a Kurenai a caminar por la cubierta. Asuma la llevaba del brazo y los dos se turnaban para susurrar y reírse como dos niños. La pareja había estrechado mucho su relación durante las últimas semanas. Hinata pensaba que Asuma estaba tan enamorado como Kurenai parecía estarlo. Sonreía mucho y Kurenai se sonrojaba muy a menudo.
Cuando Hinata comenzó su paseo, Killer Bee se colocó a su lado.
Nunca le permitían estar sola. Ella creía que era porque su personal se había vuelto muy belicoso con ella. Sin embargo, cuando le hizo ese comentario a Killer Bee, éste lo negó con la cabeza.
-Eso podría ser una pequeña parte -le dijo,- pero la verdad es que el capitán no quiere que se rompa nada más, Hinata. Es por eso que tiene un guardia siguiéndola día y noche.
-¡Oh, es una vergüenza! -exclamó Hinata.
A Killer Bee le costó ocultar una mueca. Hinata tenía tendencia al drama. No quería que pensara que se estaba riendo de ella.
-Bueno, bueno, no es tan terrible -le señaló-. No tiene que sentirse tan desdichada.
Hinata se reanimaba rápidamente. Tenía el rostro sonrojado y le mostró su irritación.
-Así que así debe ser, ¿verdad? -le preguntó-. Algunos pequeños accidentes y ahora estoy condenada por mi personal como una bruja y condenada por mi propio esposo como destructora de su propiedad. Bee, debo recordarte que desde el incendio no ha sucedido nada fuera de lo normal, y eso fue hace más de siete días. Seguramente, los hombres recobrarán a tiempo sus sentidos.
-¿Nada fuera de lo normal? -repitió Killer Bee-. No puede estar hablando en serio, Hinata. ¿Entonces ha olvidado el pequeño accidente de Shino?
Tenía que mencionar el desafortunado accidente.
Hinata le miró disgustada.
-Él no se ahogó, Bee.
Killer Bee levantó la mirada hacia el cielo.
-No, él no se ahogó, pero estuvo muy cerca.
-Y me disculpé con el hombre.
-Sí, lo hizo -asintió Killer Bee-. ¿Y Sora y Jūgo?
-¿Quiénes son ellos? -le preguntó Hinata, pretendiendo ignorarlo deliberadamente.
-A los que dejó tontos hace dos días cuando se cayeron sobre la grasa de los cañones que usted tiró -le recordó.
-No puedes cargar toda la culpa sobre mis hombros por eso.
-¿No? -le preguntó. Estaba ansioso por escuchar qué tenía para explicar esos daños-. Usted tiró la grasa, ¿verdad?
-Sí -admitió ella-. Pero había ido a buscar un trapo para limpiarla cuando esos hombres pasaron junto a mí corriendo. Si no hubieran estado tan apurados para alejarse de mí, se hubieran detenido y les podría haber advertido sobre la cubierta resbaladiza. Así que, como ves, Bee, la culpa es de sus supersticiosos hombres.
El grito advirtiendo la presencia de un barco a distancia detuvo la conversación. En un instante, la cubierta estaba llena de hombres que ocupaban sus puestos.
Hinata no comprendió a qué se debía tanta conmoción. Naruto gritó su nombre antes de que Killer Bee le pudiera dar una explicación apropiada.
-¡Naruto, yo no lo hice! -exclamó cuando vio que se dirigía hacia ella-. ¡Sea lo que sea, te juro que no tuve nada que ver!
Las palabras vehementes de Hinata detuvieron a Naruto. Le sonrió antes de tomarla de la mano y llevarla hacia el camarote.
-Sé que no eres responsable -le dijo-, aunque probablemente los hombres te culparán igual.
-¿Por qué me van a culpar esta vez? -preguntó.
-Estamos a punto de recibir unos invitados no deseados, Hinata.
-¿No deseados? -susurró ella.
Llegaron al camarote. Naruto la hizo entrar, pero dejó la puerta abierta. Era obvio que no pensaba quedarse mucho.
-Piratas -le explicó.
Hinata se puso pálida de inmediato.
-No te atrevas a desmayarte -le ordenó, aunque se acercó para sostenerla por si decidía no obedecerle.
Ella le alejó las manos.
-No me voy a desmayar -le anunció-. Estoy furiosa, Naruto, no asustada. No quiero que mi personal piense que también atraje a los piratas. ¡Aléjalos, Naruto!. No podría tolerar otro disgusto.
Naruto sabía que estaban a punto de enfrentar una buena batalla, pero no iba a compartir esa información con su esposa. En realidad, estaba preocupado porque sabía que tendría que haber usado un barco más rápido para su viaje.
No podrían evitar que se les acercaran. El Seahawk era demasiado voluminoso y pesado como para lograr esa hazaña.
-Prométeme que te cuidarás -le pidió Hinata.
Naruto ignoró esa orden.
- Asuma llevó a Kurenai abajo. Quédate aquí hasta que él te venga a buscar.
Después de darle esa orden, se volvió y salió del camarote.
Hinata corrió tras él. Tuvo que detenerse cuando ella le tomó de la cintura. Lo hacía o la arrastraba por la escalera con él.
Naruto se volvió, alejándole las manos mientras lo hacía.
-Por el amor de Dios, mujer, ahora no es el momento de un maldito beso de despedida -gruñó.
Ella iba a decirle que no, que ésa no era la razón por la que le detuvo, pero él impidió su intento dándole un rápido beso.
Cuando se alejó ella le sonrió.
- Naruto, ahora no es el momento de ser... romántico. Tienes una guerra en tus manos. Ve a ocuparte de ella.
-¿Entonces por qué me has detenido? -le preguntó.
-Quería que me prometieras que te vas a cuidar.
-Estás tratando de que me vuelva loco, ¿verdad, Hinata?, Es todo un plan para que pierda la cabeza, ¿verdad?
Ella no le respondió a esa ridícula pregunta.
-Prométemelo, Naruto. No te voy a soltar la camisa hasta que lo hagas. Te amo y estaré preocupada a menos que me des tu palabra.
-Está bien -replicó Naruto-. Me cuidaré. ¿Contenta?
-Sí, gracias.
Ella se volvió y regresó rápidamente al camarote para prepararse para la batalla. Corrió hasta los cajones del escritorio para buscar cuantas armas fuera posible. Si los piratas abordaban el barco, Hinata estaba decidida a ayudar a su esposo como pudiera.
Encontró dos pistolas cargadas en el cajón de abajo, y un puñal en una ranura del medio. Hinata escondió el cuchillo en la manga de su vestido y puso las pistolas en una bolsa azul.
Se ajustó las tiras del bolso en la muñeca justo cuando Asuma estaba entrando en el camarote. Se oyó una explosión a distancia.
-¿Fue uno de nuestros cañones o uno de ellos? -preguntó Hinata con voz temblorosa.
Asuma sacudió la cabeza.
-Fue uno de ellos -le respondió-, Fallaron. Aún no están lo suficientemente cerca. Es por eso que no estamos disparando con nuestros cañones, Hinata. Ahora venga conmigo. Tengo a Kurenai segura bajo el nivel del agua. Usted puede esperar allí con ella.
Hinata no discutió, pues sabía que Naruto había dado la orden, pero se sentía muy cobarde. A ella no le parecía honorable esconderse.
Estaba oscuro como boca de lobo. Asuma bajó primero por los destartalados escalones. La levantó sobre el primer peldaño, explicándole que la madera estaba podrida y que la remplazaría tan pronto tuviera tiempo para la tarea.
Cuando llegaron abajo, la suave luz de una vela los condujo hasta donde Kurenai esperaba pacientemente.
La tía de Hinata estaba sobre una caja de madera. Tenía su mantón rojo sobre los hombros. No parecía preocupada.
-Vamos a tener una aventura -le anunció a su sobrina-. Asuma, querido, ten cuidado.
Asuma asintió con la cabeza.
-Sería una aventura si no tuviéramos a bordo tan preciosa carga -comentó Asuma.
-¿Qué preciosa carga? -preguntó Hinata.
-Creo que se refiere a ti y a mí, querida -le explicó Kurenai.
-Sí -asintió Asuma. Se alejó hacia los crujientes escalones-. Ahora será mejor que nos defendamos. Será la primera vez para la tripulación.
Hinata no sabía de qué estaba hablando. Sin embargo, era evidente que Kurenai sí había comprendido. Su sonrisa dijo mucho.
-¿Qué supones que quiso decir Asuma con ese comentario, tía? -le preguntó Hinata.
Kurenai pensó en decírselo a Hinata, pero descartó rápidamente esa idea. Decidió que su sobrina era demasiado inocente para comprender. Hinata aún consideraba todo bueno o malo. En su mente idealista no había sombras de gris. Con el tiempo comprendería que la vida no era tan simple Entonces podría aceptar el hecho de que Naruto hubiera llevado una vida bastante colorida. Kurenai esperaba estar allí cuando le dijeran a Hinata que estaba casada con Kyubi. Sonrió pensando en la reacción de su sobrina ante la noticia.
-Creo que la tripulación lucharía mas vigorosamente si no tuviera que mantenernos a salvo -comentó Kurenai.
-Eso no tiene sentido -replicó Hinata.
Kurenai estaba de acuerdo, pero en lugar de discutir cambió de tema.
-¿Aquí es donde están las municiones?
-Creo que sí -le contestó Hinata-. ¿Crees que esos barriles están llenos de pólvora?
-Deben estarlo -respondió Kurenai-. Debemos cuidar la llama de la vela. Si se produce un incendio aquí... bueno, no tengo que decirte qué podría pasar. No permitas que me olvide de apagar la llama cuando Asuma nos venga a buscar.
De pronto se sintió como si el barco hubiera dejado salir un eructo gigante. Tembló de proa a popa.
-¿Crees que nos dieron con ese disparo? -preguntó Hinata.
-Se ha sentido como si lo hubieran hecho -respondió Kurenai.
-Será mejor que Naruto termine rápidamente con esto. Mis nervios ya no dan para más. Kurenai, tú y Asuma os habéis hecho muy amigos, ¿verdad?
-Qué momento has elegido para preguntarme eso -le dijo Kurenai con una leve risita.
-Sólo quería que nos distrajéramos de esta preocupación -le contestó Hinata.
-Sí, es una buena idea. Y tienes razón, Asuma y yo somos muy amigos. Es un hombre muy gentil y comprensivo. Había olvidado lo confortante que es poder confiarle mis pensamientos y preocupaciones a alguien a quien le importo.
-A mí me importas, tía.
-Sí, querida. Lo sé, pero no es lo mismo. Comprenderás lo que estoy diciendo cuando tú y Naruto hayáis intimado un poco más.
-Temo que ese día nunca llegará -replicó Hinata-. ¿Asuma también confía en ti?
-Oh, sí.
-¿Te ha hablado sobre Naruto?
-Varias veces -admitió Kurenai-. Algunas cosas me las dijo en secreto y no puedo hablar de ellas...
-Por supuesto que puedes -la interrumpió Hinata-. Después de todo, soy tu sobrina, y cualquier cosa que me digas no saldrá de mí. Confias en mí, ¿verdad, Kurenai?
Hinata continuó insistiendo durante otros diez minutos o más, hasta que finalmente Kurenai cedió.
-Asuma me contó todo sobre el padre de Naruto. ¿Conociste al conde de Konofield?
Hinata negó con la cabeza.
-Se dice que murió cuando Naruto era un niño, Kurenai. Yo era un bebé. Sin embargo, oí que fue condecorado.
-Sí, fue condecorado. Fue todo una farsa. Asuma me contó que el conde traicionó a su país mientras estaba en servicio. Sí, eso es verdad, Hinata -agrezó cuando su sobrina hizo un mohín-. Es una historia horrible, niña. El padre de Naruto estaba confabulado con otros dos infieles, y los tres pensaron que podían derrocar al Gobierno. Se llamaban a sí mismos el Tribunal, y según me contó Asuma casi llevan a cabo su plan de traición. Sin embargo, el padre de Naruto lo pensó mejor Su conciencia le mató antes de que se supiera la verdad.
Hinata estaba horrorizada por lo que acababa de escuchar.
-Pobre Naruto. La vergüenza debe haber sido intolerable.
-No, para nada -replicó Kurenai-. Nadie sabe toda la verdad. Aún se cree que el conde murió en un accidente de carruaje. No hubo ningún escándalo. Te advierto que si tu familia se entera de esto, usarán la información para que el príncipe rompa tu contrato matrimonial.
-Oh, es demasiado tarde para eso -le respondió Hinata.
-Eres inocente si crees que es demasiado tarde, Hinata. Las circunstancias eran tan insólitas... el rey no estaba bien.
-El estaba chiflado.
-Tú tenías sólo cuatro años -susurró su tía.
-Aun así, ahora vivimos como marido y mujer. No creo que el príncipe regente se atreva a...
-Él puede atreverse a lo que quiera -discutióNora.
-No debes preocuparte. No le contaré a nadie nada sobre el padre de Naruto, así que mis padres nunca podrán averiguarlo. Ni siquiera le diré a Naruto que lo sé. ¿Está bien? Primero tendrá que confiar en mí.
Kurenai se tranquilizó.
-¿Sabes que también he averiguado cómo se lastimó la espalda Naruto?
-Creo que alguien le golpeó con un látigo -respondió Hinata.
-No, no fue un látigo -replicó Kurenai-. Su espalda fue marcada por el fuego, no por un látigo. Sólo tienes que mirar para darte cuenta, niña.
Hinata se sintió descompuesta.
-Oh, Dios, ¿fue colaborado? ¿Alguien le quemó a propósito?
-Creo que sí, pero no estoy del todo segura. Sé que hubo una mujer involucrada. Su nombre era Mei. Naruto la conoció cuando estaba visitando un puerto extranjero en el este.
-¿Cómo conoció a esa mujer?
-No me dio detalles -admitió Kurenai-. Sé que esta Mei tiene una moral relajada. Ella se estuvo entreteniendo con Naruto.
-¿Quieres decir que Naruto intimó con esa ramera?
Kurenai extendió la mano y le dio una palmada a Hinata en su mano.
- Naruto sólo tenía aventuras antes de establecerse. No hay necesidad de que te preocupes.
-¿Crees que la amaba?
-No, por supuesto que no la amaba. Ya estaba comprometido contigo, Hinata. Me parece que Naruto es un hombre terriblemente sensible. No se hubiera permitido enamorarse de la mujer. Y te apostaría mi herencia que, cuando Mei terminó con él, probablemente la odiaba. Asuma me contó que ella usó a Naruto para manipular a su otro amante. Sí, es verdad -agregó al ver la expresión de incredulidad en el rostro de Hinata-. De acuerdo con Asuma, Mei era una maestra en su juego. Por esa razón creo que Naruto fue torturado por orden de ella. Gracias al cielo él pudo escapar. Fue durante una pequeña revolución, y los partidarios de los anarquistas le ayudaron cuando liberaron a los otros prisioneros. Luego Killer Bee y Asuma se encargaron de Naruto.
- Naruto lo pasó muy mal -susurró Hinata. Le tembló la voz de emoción-. Debía ser muy joven cuando esa mujer le traicionó. Creo que él la amaba, Kurenai.
-Yo creo que no -replicó Kurenai.
Hinata suspiró.
-Sería hermoso si hubiera sido sólo un coqueteo. Y si compartieron la misma cama, bueno, realmente no me estaba siendo infiel porque aún no habíamos comenzado nuestra vida matrimonial juntos. Sabes, ahora todo comienza a tener sentido para mí.
-¿Qué es lo que comienza a tener sentido?
-No te confié esto antes, pero he notado que Naruto se preocupa por proteger sus sentimientos. Ahora creo que entiendo por qué. No confía en las mujeres. No le puedo culpar. Si te quemas los dedos, no pondrías las manos cerca del fuego otra vez, ¿verdad?
-Fue hace mucho tiempo -respondió Kurenai-. Ahora Naruto es un hombre, Hinata, y seguramente habrá superado todo eso.
Hinata negó con la cabeza.
-¿Cómo explicas su actitud? A Naruto no le gusta cuando le digo que le amo. Se pone tenso y frío conmigo. Y nunca me ha dicho que yo le importaba. Podría odiar a todas las mujeres... excepto a mí, por supuesto.
Hinata sonrió.
-¿Excepto a ti?
-Creo que él me quiere, Kurenai. Sólo tiene dificultad para reconocerlo.
-Dale tiempo, querida. Los hombres tardan más en resolver las cosas. Es porque son unas bestias obstinadas.
Hinata estaba completamente de acuerdo con ese comentario.
-Si alguna vez me encuentro con esa Mei...
-Tienes una buena oportunidad de encontrarte con ella -le aclaró Kurenai-. Vive en Londres desde hace un año. Asuma dice que está buscando un nuevo padrino.
-¿Naruto sabe que ella está en Inglaterra?
-Me imagino que sí -respondió Kurenai.
El ruido era demasiado intenso como para que pudieran continuar la conversación. Mientras Kurenai se inquietaba por la batalla, Hinata se preocupaba por la información que su tía acababa de compartir con ella.
Pasaron otros veinte o treinta minutos. Luego un silencio helado inundó el barco.
-Si pudiera ver lo que está sucediendo, no estaría tan preocupada -susurró Kurenai.
Hinata pensó que era una buena idea.
-Iré hasta el nivel del camarote para ver si todo está bien.
Kurenai se opuso con vehemencia a esa sugerencia. La escotilla se abrió en medio de la discusión y las dos mujeres se quedaron en silencio. Ambas comenzaron a rezar para que fuera Asuma que venía a buscarlas. Sin embargo, cuando nadie las llamó llegaron a la terrible conclusión de que el enemigo se había hecho cargo del barco.
Hinata le indicó a Kurenai que se escondiera detrás de un barril grande que había en un rincón, y luego se volvió y apagó la vela. Se colocó junto a la escalera para sorprender a los villanos.
Estaba muy asustada. Sin embargo, eso no la detuvo. Lo primero en lo que pensó fue en Naruto. Si el enemigo realmente estaba a bordo, ¿su esposo estaría vivo o muerto?
Se lo imaginó tirado en un charco de sangre, pero luego se esforzó para bloquear ese horrible pensamiento. No sería de ninguna ayuda para su esposo si dejaba volar su imaginación.
Cuando la escotilla se abrió completamente entró un poco de luz. No era mucha, pero sí la suficiente como para que Hinata pudiera ver a dos hombres con pañuelos de colores en las cabezas que estaban bajando por la escalera. El primer pirata no pisó el escalón flojo. El segundo sí. Blasfemó cuando se cayó por la pequeña abertura. El hombre terminó enganchado entre las tablillas. Le colgaban los pies y tenía los brazos apretados a los lados del cuerpo.
-¿Qué demonios pasa? -susurró el primer hombre cuando se volvió-. Te has quedado atrapado, ¿verdad? -agregó con una risita.
Estaba extendiendo los brazos para ayudarle cuando se detuvo al sentir una rápida brisa en el rostro.
El enemigo se estaba volviendo otra vez cuando Hinata le golpeó el cráneo con la culata de la pistola. Cuando cayó al suelo ella se estaba disculpando.
Él no gritó. Ella sí. Luego advirtió que aún respiraba y se calmó de inmediato al ver que no estaba muerto.
Hinata se levantó el vestido y pasó sobre el hombre caído. Subió por la escalera para enfrentarse con su segunda víctima. El perverso hombre la miraba sorprendido. Si no la hubiera estado mirando fijamente, podría haberle golpeado también.
Sin embargo, no tenía corazón para esa traición, ya que el villano ya estaba atrapado y a su merced, así que termino rompiendo un trozo de tela de su enagua y colocándoselo en la boca para que no pudiera gritar pidiendo ayuda. Kurenai se acercó y la ayudó a atarlo desde los brazos hasta los pies.
Al parecer, su tía estaba tomando la situación bastante bien, y Hinata pensó que Kurenai no comprendía la severidad de las circunstancias. Si estos hombres habían llegado hasta las municiones, entonces también había otros a bordo.
-Mira, querida, he encontrado algunas sogas. ¿Quieres que ate al otro caballero?
Hinata asintió con la cabeza.
-Sí, sería una espléndida idea. Podría despertar en cualquier momento. También ponle un trapo en la boca. Toma, usa mi enagua. Ahora ya está rota.
Sacó otra tira larga y se la dio a su tía.
-No queremos que grite pidiendo ayuda, ¿verdad, Kurenai?
-Por supuesto que no -respondió su tía.
Hinata trató de colocarle a su tía una de las pistolas en la mano, pero ella rechazó el arma.
-Podrías necesitar las dos cuando salves a Asuma y a Naruto, querida.
-Sin duda has puesto una pesada carga sobre mis hombros - susurró Hinata-. No estoy segura de poder salvar a nadie.
-Vete ya -le ordenó Kurenai-. Tienes el elemento sorpresa de tu lado, Hinata. Esperaré hasta que termines tu tarea.
Hinata hubiera abrazado a su tía para despedirse, pero no lo hizo pues temía que una de las pistolas pudiera dispararse.
Rezó durante todo el camino hacia el nivel del camarote. El cuarto de los oficiales estaba desierto. Hinata iba a mirar dentro de su camarote cuando oyó ruidos de hombres que bajaban por la escalera. Se escondió en el rincón triangular que quedaba detrás del biombo plegado y esperó.
Killer Bee fue el primero que bajó tropezando por la escalera.
Hinata miró bien a su amigo a través de las juntas del biombo. Killer Bee tenía un corte en la frente. Le caía sangre por un lado del rostro. No podía secársela porque tenía las manos atadas en la espalda y estaba rodeado por tres piratas.
Cuando vio la herida, Hinata se olvidó que estaba asustada.
Estaba furiosa.
Hinata vio que Killer Bee miraba hacia los escalones. Oyó más pisadas, y luego apareció Naruto. Al igual que Killer Bee, Naruto tenía las manos atadas en la espalda. Hinata estaba tan agradecida de que estuviera vivo que comenzó a temblar. La expresión del rostro de su esposo también la hizo sonreír.
Parecía completamente fastidiado.
Observó que Naruto asintió con la cabeza en dirección a Killer Bee. Fue tan rápido que no lo habría visto si no le hubiera estado observando tan atentamente. Luego Killer Bee giró un poco la cabeza hacia el biombo.
Ella pensó que Naruto sabía que estaba escondida allí. Miró hacia abajo, vio que la parte de abajo de su vestido sobresalía un poco y la escondió rápidamente.
-Llévenlos dentro del camarote -ordenó una voz con desconsideración.
Volvieron a empujar a Naruto hacia delante. Tropezó, giró para no caer, y terminó contra el biombo.
-Aquí viene Tobi con la bebida -gritó otro hombre-. Podemos brindar mientras esperamos la matanza. Pain, ¿dejarás que su capitán muera el primero o el último?
Mientras el hombre formulaba esa pregunta, Hinata le colocó a Naruto una de las pistolas en las manos. Al ver que no la tomaba de inmediato, le dio un ligero golpe.
Él no mostró ninguna reacción. Hinata esperó otro minuto, y cuando él no disparó recordó que tenía las manos atadas. También recordó el puñal que tenía en la manga del vestido, y de inmediato se puso a cortar las gruesas sogas. Le tocó accidentalmente dos veces la piel. Entonces, Naruto tomó el puñal con los dedos y continuó con la tarea.
Parecía que había pasado una eternidad, aunque ella sabía que en realidad no había pasado más de un minuto.
-¿Dónde diablos está el capitán? -gritó otra voz-. Quiero mi trago.
Así que estaban esperando a su líder para comenzar con sus festejos sanguinarios, concluyó Hinata.
¿Por qué Naruto estaba esperando? Tenía las manos libres, pero actuaba como si no las tuviera. Sostenía el cuchillo por la hoja, probablemente para estar listo para lanzarlo cuando llegara el momento. Tenía la pistola en la otra mano, apuntando hacia el suelo.
Estaba listo para la lucha, pero aun así esperaba. La estaba apretando contra la pared. Hinata estaba sorprendida de que las bisagras del biombo no se hubieran desprendido con el peso de Naruto.
Obviamente, Naruto le estaba dando el mensaje silencioso de que se quedara quieta.
Como si tuviera ganas de ir a alguna parte, pensó. Se estaba preocupando otra vez. ¿Por qué su esposo no aprovechaba la ventaja ahora? ¿Estaba esperando que los piratas le superaran diez a cinco para actuar? Entonces Hinata decidió darle un pequeño mensaje.
Sacó una mano por un lado del biombo y le pellizcó el trasero.
Él no reaccionó. Le volvió a pellizcar. Escondió la mano cuando oyó que otro hombre venía bajando por la escalera.
Obviamente, era el líder de los piratas, ya que uno de sus hombres le dijo que ya era el momento de que todos bebieran algo antes de continuar con su trabajo.
Otro de los villanos corrió y abrió la puerta del camarote. Entró y salió apurado uno o dos segundos después. El infiel tenía uno de sus vestidos en las manos. Era su vestido azul claro, su preferido, y el sucio lo tenía en sus manos.
Juró que nunca se volvería a poner ese vestido.
-Tenemos una mujer a bordo, capitán -anunció el puerco.
El líder estaba de espaldas a Hinata así que no podía verle el rostro. Se sentía un poco agradecida por eso, ya que su tamaño era lo suficientemente atemorizante. El hombre estaba hombro con hombro junto a Naruto.
El hombre se rió tontamente, y Hinata sintió que se le erizaba la piel.
-Encuentren a la ramera -ordenó-. Cuando termine con ella, ustedes podrán turnarse.
Hinata se tapó la boca con la mano para no dar una arcada.
-Ah, capitán -exclamó otro hombre-, ella estará muerta antes de que tengamos nuestra oportunidad.
Todos se rieron ante ese comentario. Hinata tenía ganas de llorar. Ya había escuchado todo lo que deseaba escuchar sobre sus sucios planes. Pellizcó otra vez a Naruto. Más fuerte. También le dio un golpecito.
Finalmente, él cedió ante su insistencia. Se movió como un relámpago. Se convirtió en algo borroso cuando corrió hacia los dos hombres que estaban en la puerta del camarote. Sin embargo, mientras se movía seguía sosteniendo el cuchillo. El puñal encontró su destino entre los ojos de un villano que se encontraba en la escalera. Un disparo de su pistola derribó a otro infiel.
Naruto golpeó con sus hombros a los dos hombres que bloqueaban la puerta. La fuerza del golpe los tiró dentro del camarote. Naruto los siguió. Los venció en seguida golpeándoles las cabezas una contra la otra.
Killer Bee usó su cabeza para golpear al líder de los piratas. Aún tenía las manos atadas en la espalda y el golpe sólo hizo perder el equilibrio al capitán.
Se recuperó rápidamente. Tomó a Killer Bee del cuello y le arrojó al suelo. El capitán le dio una patada para alejarle de su camino. Sin embargo, no fue una patada terrible ya que el líder realmente no estaba observando lo que hacía. Su atención estaba concentrada en sacar la pistola de su bolsillo.
Naruto salía cuando el líder levantó la pistola.
-Vas a morir lenta y dolorosamente -le dijo con voz rencorosa.
Hinata estaba demasiado violenta como para estar atemorizada.
Salió de atrás del biombo y se colocó silenciosamente a la espalda del villano. Luego presionó la punta de la pistola contra su nuca.
-Morirás rápida y fácilmente -susurró.
Cuando el líder sintió el frío acero se puso rígido como un cadáver. Hinata estaba complacida por su reacción. Y advirtió que Naruto también lo estaba. Le sonrió. Hinata también le sonrió.
Las cosas no estaban tan mal, pensó. Aun así, no sabía si Podría matar al hombre. Era un examen que no quería rechazar. Después de todo, la vida de su esposo dependía de su valor.
-¿Naruto? -exclamó-. ¿Esta vez te gustaría que disparara entre las orejas o en el cuello?
El alarde de valor funcionó bien.
-¿Esta vez? -preguntó su víctima.
Sin embargo, aún no era suficiente, ya que continuaba apuntándole con su pistola a Naruto.
-Sí, esta vez, estúpido -le contestó. Trató de que su tono pareciera lo más rudo posible, y pensó que lo había conseguido.
-¿Qué prefieres? -exclamó Naruto.
Se apoyó deliberadamente contra el marco de la puerta, dando la sensación de que estaba completamente relajado.
-El cuello -respondió Hinata-. ¿No recuerdas cómo hubo que limpiar después del último? Las manchas duraron una semana. Aunque este infiel parece tener un cerebro más pequeño. Oh, decide tú. Siempre soy obediente.
El líder bajó la mano y la pistola cayó al suelo. Hinata pensó que la victoria era segura, sin embargo, antes de que Naruto pudiera llegar hasta el hombre, éste se volvió repentinamente. Le golpeó la mejilla izquierda con la mano, con un movimiento torpe para quitarle la pistola.
Hinata oyó el rugido de Naruto. Retrocedió y tropezó con el pie de Killer Bee, y disparó la pistola. Un aullido de dolor siguió a ese sonido y su enemigo se tocó el rostro.
Tardó un interminable minuto en caer al suelo. Todo sucedió lentamente, y su último pensamiento antes de desmayarse fue horrible. Le había disparado al villano en el rostro.
Continuará...Gracias a todos los comentarios que me dejan. Me ayudan a seguir adaptando esta hermosa historia!