Resumen: Barty no sólo ignora las reglas de su padre. Coquetea con lo prohibido. Se entrega a ello. Es quien es, sin máscaras, deja salir al hombre que siempre ha sido.

Personajes: Barty C. Jr. & Bellatrix L.

Prompt: Prohibido.


Fuego maldito

When you knocked upon my door
and I say: hello, satan.
I believe, it's time to go,
me and the devil
walking side by side

Me & The Devil, Gil Scott-Heron


«Baja las piernas de la mesa, Barty».

«Cómete las verduras, Barty».

«Yo conseguí todos los TIMOS, Barty, debes poner en alto el nombre de los Crouch. Debes ser un orgullo para Ravenclaw, hijo».

«Cuando dejes la escuela, te conseguiré algún puesto en el ministerio…».

Barty siempre ha tenido cierto desprecio por las reglas. Bueno. Completo. Total desprecio. Y además tendencia a coquetear con todo aquello que no debería estar haciendo. Como tener una marca tenebrosa en el antebrazo y andar colgado de Bellatrix Lestrange. Y de sus hermanos.

Usualmente también de Travers, un tipo que vivía en Knocturn. A veces, quizá, Dolohov, que parecía entre niñera cuidando de mortífagos más jóvenes y un idiota de entre cincuenta y cuarenta años que no había crecido en las últimas décadas. Y de Evan Rosier —hijo, porque el padre no los soportaba, había oído como se lo decía a Dolohov varias veces—. A veces algún otro.

Coquetear con lo prohibido.

O más bien, coquetear con lo más horrible de entre las cosas prohibidas.

Coquetear con la muerte, la sangre, el dolor y la tortura. «¿Qué pensarías de mí, padre? ¿Qué pensarías de mí?»

Está en Yorkshire. Fueron a buscar algo con alguien para llevarlo de regreso al señor Tenebroso. «Información», había dicho Bellatrix. «Sobre los duendes o algo así, están causando problemas». En teoría, una misión bastante aburrida. En teoría. Hasta que, antes de regresar, Bellatrix lo había tomado del brazo y le había propuesto algo de diversión.

Sonríe como una niña traviesa, como una niña que ha roto ya la vajilla entera.

—Podríamos… —Se encoge de hombros—. Hacer lo que queramos. Estamos rodeados de muggles, ¿no? —dice—. No le importan a nadie.

Así que Barty saca la varita.

—Hay algo que siempre he querido probar —comenta, como si nada.

Camina hasta un edificio.

—¿En serio? —pregunta Bellatrix—. ¿Qué carajos no has probado hasta este punto, imbécil?

Barty mueve la varita por toda respuesta. Conoce la teoría. La ha leído por ahí. Brota una figura de fuego desde su varita y Barty hace un movimiento con la varita, indicándole que se dirija a los edificios.

Bellatrix se ríe.

»¡Fuego Maldito! —exclama, sorprendida—. Travers tiene razón cuando te llama cerebrito. Deberías enseñarme a hacerlo. Aunque yo prefiero otros métodos.

Barty sonríe y la mira. El edificio arde. Se oyen gritos.

—Lo difícil no es crearlo. Es controlarlo —dice Barty.

Más gritos de fondo. Barty vuelve a mover la varita y aparece otra figura que persigue a la gente que ha salido de sus casas. No tienen demasiado tiempo, en cualquier momento, alguien o algo alertará al ministerio.

Bellatrix lo agarra del brazo y se aparecen en la azotea de un edificio cercano. Desde ahí pueden ver el caos.

Los muggles corren de un lado a otro.

—Parecen hormigas —comenta Bellatrix.

«¿Qué pensarías de mí, padre?», piensa Barty. El señor Crouch no tiene ni idea de que los aurores a su cargo están investigando los desastres de su propio hijo.


Notas de este drabble:

1) Yo diría que ocurre más o menos en 1979.

2) Probablemente lo mencioné, pero lo repito. Aunque Barty parece ser menor que los merodeadores en los libros, lo ajusté un poco en mi canon mental para ser un año mayor.

Andrea Poulain

a 10 de octubre de 2018