Cinco cabezas se volvieron y, con solo dos excepciones, todos los rostros mos traron su descontento al ver a Bella.

Aro pareció sorprendido y feliz. Anthony, el hermano de Edward, sonrió abiertamente. Carlisle, el padre de Edward, se tensó. La madre de Edward, Esme, se quedó helada. ¿Y Rosalie? Se quedó mirándola y luego sonrió bri llantemente.

Estaba claro que no tenía miedo de que sus mentiras salieran a la luz. Bella recibió en cantada el gran abrazo de su abuelo y, después de ser saludada más friamente por los demás, tomó asiento a la mesa. ¿Cómo se iba a poder enfrentar a Rosalie sin ninguna prueba de que hubiera mentido? ¿Por qué iba ella a confesar cuando tenía tanto que perder? Mientras pensa ba eso, Edward empezó a hablar.

—Tengo algo que contaros a todos —dijo.

Entonces él les habló de los mensajes, revis tas y fotos que había estado recibiendo ella.

Carlisle afirmó entonces:

—Algo muy desagradable.

Esme, que se había puesto pálida al mencionarse el nombre de Tanya, dijo sin du dar:

—Ese es el comportamiento de una mujer muy maliciosa.

—¡Es vergonzoso! —exclamó Aro.

—Ahora sé por qué nunca pude soportarla—intervino Anthony.

—¡Qué desagradable para ti! —le dijo Rosalie a Bella.

—¿Quién creéis que está detrás de toda esta campaña contra mi esposa? —preguntó Edward.

Todo el mundo se quedó pensativo.

—No fue Tanya —añadió él poco después, sa cándose un documento del bolsillo interior de la chaqueta—. Ha sido un miembro de esta fami lia. Alguien que viene a esta casa desde que yo era niño. Alguien en quien confiamos y que nos importa.

Entonces, Bella lo entendió todo, miró a Rosalie y vio que se había puesto pálida como una sábana.

—No deberías haber sido tan descuidada, Rosalie. Emmet es un investigador muy bueno-dijo él.

Toda la sala pareció entrar entonces en erup ción cuando los presentes se pusieron a hablar en griego agitadamente y a la vez. Al parecer, la familia se puso a defender a Rosalie, que había empezado a llorar.

—¡En inglés! —ordenó Edward—. El griego de Bella está mejorando, pero estáis hablando demasiado rápidamente para ella y es la que tiene más derecho a entender todo lo que se diga aquí. Y antes de que nadie se deje lle var por la necesidad de consolar a mi prima, dejad que os cuente cómo lo ha organizado todo.

Por lo que dijo, Rosalie había estado a bor do del yate con los padres de Edward justo antes de la boda. Le había pagado a la doncella de Bella para que siguiera sus instrucciones. Entonces, Edward le dio a su padre el documento que tenía en la mano.

—La doncella estuvo en contacto con Rosalie durante toda nuestra luna de miel. Rosalie voló a España para reunirse con ella y darle las fotos. Eso fue visto por otro miembro de la tri pulación. El fotógrafo que le vendió las fotos a Rosalie ha querido identificarla. Las pruebas contra mi prima son incuestionables.

—¿,Cómo has podido imaginar que yo sea ca paz de hacer esas cosas tan horribles? —gimió Rosalie.

—Porque no ha sido la primera vez, ¿verdad?—intervino entonces Bella y se puso en pie lentamente.

—¿,Qué significa eso? —preguntó Rosalie.

—Cuando Edward y yo nos comprometimos hace diez años, tú decidiste hacer lo que fuera para que rompiéramos.

—No tengo ni idea de lo que estás hablando.

—iDe eso nada! —gritó Edward—. ¡Hace diez años, tú juraste ante testigos que habías pillado a Jacob y Bella divirtiéndose en mi coche!

La madre de Edward puso cara de reprobación.

—Lamento que tengas que oír esto —dijo Bella—. Pero sucede que hay que aclarar las cosas. Yo fui injustamente acusada entonces y quiero que ahora se sepa la verdad.

—¡Rosalie! —gritó Edward.

—¡Muy bien! —respondió su prima—. Yo hablé con Jacob y lo organizamos todo. No pasó nada entre Bella y él. ¡Yo me lo inventé todo! ¿Estáis satisfechos ahora?

El silencio cayó entre todos.

—¿Por qué? —preguntó Edward poco después—. ¿Por qué dijiste esas cosas de mi novia? Tú eres mi prima y Jacob era mi amigo.

Rosalie giró la cabeza como no queriendo responder.

En silencio, Aro hizo que Bella se volviera a sentar y permaneció a su lado.

—Ella estaba enamorada de ti, Edward —dijo Bella—. Cuando aparecí yo, me vio como una amenaza y me ha odiado por ello desde en tonces.

—Estoy anonadado por todo esto -dijo Carlisle—. Nosotros aceptamos sin dudar todo lo que dijo Rosalie.

—Yo también estoy muy disgustada, Rosalie-dijo Esme—. Tú le has hecho daño a mi hijo y destruiste la buena reputación de Bella. Y recuerdo muy bien lo calurosamente que ella aceptó tu oferta de amistad. Ni ella ni Edward te hicieron ningún daño. Pero lo que más me aturde es tu falta de vergüenza.

—¿Cuál fue la parte de Jacob en todo esto?—preguntó Edward.

—Jacob se tuvo que emborrachar bastante para hacer lo que hizo esa noche, Edward —le infor mó Bella—. Estaba seguro de que la unión de nuestras dos familias sería la ruina para la suya.

Edward la miró y comprendió.

—Sí, ahora que lo pienso, eso era posible. ¿Por qué no se me ocurrió entonces? ¿Dónde tenía yo entonces el cerebro?

—Ya podemos agradecer que, al menos, los padres de Jacob no tengan que vivir con el co nocimiento de que su difunto hijo tomó parte en este asunto sórdido -dijo Carlisle y luego se dirigió a Rosalie —. Haré que te venga a reco ger un taxi. ¡No volverás a ser bienvenida nun ca en esta casa!

—¿Y continuaste diciendo mentiras sobre Bella en nuestra boda! -exclamó Edward muy enfadado.

Rosalie respondió mientras se dirigía a la puerta con el rostro rojo de una furia.

—¡Cuándo me podías elegir a mí, tuviste que quedarte con una bastarda sacada de los barrios bajos de Londres! ¡Y tú tuviste lo que te mere cías!

Los padres de Edward pusieron una cara de es panto casi cómica. Estaba muy claro que nin guno había visto ese lado del carácter de la jo ven.

—No, Bella tuvo lo que me merecía yo—afirmó él.

Rosalie salió dando un portazo.

—¡Tienes una familia muy animada, Carlisle! -dijo Aro al padre de Edward—. Pero esa que acaba de salir es una serpiente. No me gus taría ver que Rosalie esté de nuevo en posi ción de hacerle daño a Bella.

—¡Ha actuado como una loca! —dijo Esme—. ¿Quién hubiera pensado que fuera así?

—Podéis estar seguros de que esa joven no va a poder causar más problemas —afirmó Carlisle—. Pero creo que todos hemos tenido ya de masiado por una noche.

Edward estaba junto a la ventana, en silencio, quieto y sin mirar a nadie.

—Es cierto -dijo Aro dándole la mano a Bella, que se levantó—. De paso, me llevo a mi nieta a casa conmigo.

Edward pareció salir entonces de su abstracción.

—¿Qué dices, Aro?

—Que me la llevo a mi casa. No te la mere ces. En mi casa, ella será protegida y valorada adecuadamente.

—Aro... Edward está tan afectado como todos—intervino Carlisle—. Todos somos conscientes de lo mucho que debemos disculparnos contigo ) Bella por la forma en que la hemos tratado antes y ahora. Somos conscientes de nuestros errores y prejuicios...

—Vamos, Bella —dijo él tirando de su mano—. Has perdido a una buena mujer, Edward Cullen.

Cuando salieron de la casa, Aro se rio.

—¡Esto le dará algo que pensar a mi yerno! ¿Viste que caras pusieron? ¡Todos esos gemi dos y lloros! ¡Los Vulturi somos gente de ac ción!

—Pero yo no quiero dejar a Edward...

—Yo sé lo que hago. Esto es temporal. Ahora que estás casada, Edward es bienvenido a pasar la noche en mi casa.

¿Cómo lo va a poder hacer si no está con nosotros?

Bella, esta noche él se sentía tan culpa ble y amargado como estupefacto, y siento lás tima por él. Cuando vio a su esposa marcharse, pasó del estupor al pánico... ¡Algo mucho más saludable! ¡No tengo la menor duda de que es tará llamando a nuestra puerta antes de medianoche! Por otra parte, yo me equivoqué cruel mente contigo y también tengo cosas que reme diar.

Cuando llegaron a la villa de Aro, les dio la bienvenida su madre, que tenía un magnífico aspecto.

—¿No tiene buena cara? -dijo Aro orgu llosanente—. El buen aire de Grecia ha hecho el milagro.

Ni Aro ni Bella quisieron preocupar a Renée contándole lo que había sucedido, sin embargo Bella les habló de su embarazo. Aro se quedó pasmado y descorchó una botella de champán. Su madre preguntó entonces dón de estaba Edward.

—Lo verás en el desayuno -dijo Aro sin hacer caso de la forma en que lo miró Bella.

Su madre la condujo a una espaciosa habita ción de invitados y ambas a se sentaron en un sofá para charlar.

Al cabo de un rato, Renée se fue a dormir y, poco después, llamaron a la puerta y entró su abuelo muy serio. No dijo nada, se limitó a apartarse y, entonces, Edward apareció a la vista.

Iba despeinado, sin corbata y con la ropa arrugada.

El corazón se le aceleré como siempre a Bella.

Entonces, Aro le dio una palmada en la espalda.

—¡Ni yo esperaba tener un nieto tan pronto!

Luego salió de la habitación y cerró la puer ta.

Edward miró tristemente a Bella y dijo:

—No te di muchas opciones, ¿verdad?

—Yo estoy realmente encantada con el niño... ¿Por qué has tardado tanto en venir?

—La limusina se estropeó y he tenido que ve nir en taxi, con el tráfico que hay. Por fin tuve que terminar el trayecto a pie con Emmet ja deando detrás.

Bella rio nerviosamente.

—¿Sabes? Te amo tanto que me duele...

Ella se levantó y corrió a echarse en sus bra zos.

Edward la apretó tanto que casi no pudo respi rar.

—Pensaba decirte muchas otras cosas, pero cuando he llegado aquí, lo único que se me ha ocurrido en mi favor es que te amo. Hace diez años, creía saber mucho y no sabía nada. ¡De bía haberme dado cuenta de que estaban min tiendo! No me puedo perdonar a mí mismo por haber sido tan estúpido. ¿Cómo podrás tú? Yo lo estropeé todo.

—Éramos muy jóvenes y los dos estábamos desesperados por salvar la cara, tanto como para no ser sinceros el uno con el otro. No quiero mirar atrás más, Edward. Rosalie fue muy lista y convincente. Yo realmente confié en ella como amiga y me quedé horrorizada por la for ma en que me traicioné esa noche.

-Cuando Emmet descubrió que la pista de la foto llevaba hasta ella, yo me quedé de vastado y supe inmediatamente que todo lo que tú habías tratado de decirme sobre ella tenía que ser verdad.

—¿Cuándo lo averiguaste?

—Anoche. Mi primer impulso fue volar di rectamente a la isla, pero decidí que sería mejor enfrentarme a Rosalie y que tú también estu vieras presente. No quise decírtelo de antemano por si se te ocurría hacer algo que la pusiera en guardia. Sabía que no teníamos ninguna prueba de lo que hizo hace diez años, pero estaba deci dido a sacarle la verdad. Nos ha causado mu cho daño, pero nunca ha habido nadie más que tú en mi corazón.

A Bella se le saltaron las lágrimas.

—Yo realmente me pasé con... —añadió él.

—¿Con tus irracionales pensamientos acerca de lo que creíste que yo había hecho con Jacob? Ya lo sé. Lo dejaste muy claro...

—El día que me echaste de casa...

—Entonces, esas fotos me hicieron descon fiar de ti.

—Rosalie de nuevo...

—¿Sabes que me dijo que nuestro matrimo nio fue organizado antes incluso de que nos conociéramos?

—¿Qué tontería es esa?

—Ya sé que lo es. ¿Cómo podría haberme creído semejante cosa?

—No fue un matrimonio organizado —dijo Edward mirándola a los ojos—. Pero yo vi una foto tuya en el despacho de Aro el año antes de que nos conociéramos. Estabas sentada con un gato blanco en las rodillas. Tenías una sonrisa tan gloriosa, que le tuve que preguntar a tu abuelo quién eras.

Bella lo miró sorprendida.

—Tu abuelo se dio cuenta de que me habías impresionado y fue por eso por lo que me invi té a conocerte tan pronto como llegaras a Gre cia.

—¿Estaban mejor tus padres ahora?

—Estaban preocupados y molestos por la for ma en que te habían tratado. Y por que hubie ran podido animar inconscientemente a Rosalie. Posiblemente hubo un tiempo en que mi madre pensara que no le importaría sí me hu biera casado con ella. De cualquier manera, yo nunca tuve el menor interés por ella de esa ma nera.

—Pero ella no parece siquiera haber afronta do eso, lo que es muy raro —dijo Bella frun ciendo el ceño y sintiendo lástima por la joven.

—Porque está obsesionada. Mi padre hablará con su familia y les va a sugerir que reciba ayu da profesional. No es un problema que pueda ser ignorado. Sospecho que el sentimiento de culpa por la muerte de Jacob la afectó más fuertemente de lo que podríamos haber sospe chado. Él estaba enamorado de ella. ¿Cómo de bió sentirse Rosalie cuando él se estrelló con su coche?

Bella se estremeció y decidió que era mejor cambiar de conversación

—Dime, ¿de verdad que me habrías arrojado a los pies de mi abuelo delante de los invitados a la boda?

Edward se ruborizó.

—Quería que creyeras que lo podía hacer. Dios mío... en el mismo momento en que irrumpiste en mi despacho, todo empezó de nuevo para mí. Pero esa vez tenía que ser bajo mis condiciones, para sentirme yo con el con trol de la situación. Entonces, cuando hicimos el amor en nuestra noche de bodas, todo se fue al traste para mí.

—¿Cómo?

—Tú te mareaste y lo único que yo quise ha cer fue cuidar de ti. Y entonces estuvimos char lando en la cama y me sentí muy bien. La ver dad es que me sentí como si no nos hubiéramos separado nunca.

—¿De verdad? —le preguntó ella, encantada.

—Y, de repente, ya no me pude seguir dicien do que era yo quien tenía el control. Por eso me marché al día siguiente. Me fui a Suiza a sentirme fatal y me dediqué a beber para olvidar mis penas.

—Me alegro de que te sintieras fatal, porque a mí me pasó lo mismo. Te amo, Edward Cullen.

Edward la miró fijamente a los ojos.

—¿Locamente y para siempre?

—Sí, ¿por qué?

—Porque es así como te amo yo a ti —le con fesó él antes de besarla apasionadamente.

Bella dejó en la cuna a su hija. Renesme te nía el cabello negro y los ojos color verde esmeralda. Y, desde el mismo momento de su naci miento, había unido más aún a las familias de Edward y Bella.

Aro era un visitante habitual. Él, que tan poco se había ocupado de sus propios hijos porque había estado demasiado ocupado cons truyendo su imperio mientras crecían, había su cumbido a una especie de adoración por su biz nieta. La salud de la madre de Bella había mejorado enormemente y se portaba con la niña como la mejor de las abuelas, pero en esos momentos, tenía otro interés en su vida.

Bella sonrió cuando recordó la cara que había puesto su abuelo el invierno anterior, cuando su hija se fue a cenar con un viudo ju bilado que había conocido por unos amigos. Renée se iba a casar con Phil al cabo de pocas semanas y Bella estaba ansiosa por ir de boda.

Carlisle y Esme Cullen se esforzaron por todos los medios a su alcance para tener una buena relación con su nuera. El irreverente sentido del humor de Anthony había hecho mucho por suavizar el daño que había dejado tras sí Rosalie. Y Renesme, a quien todos ellos adora ban, había sido toda una bendición.

Unos seis meses después de la noche en que quedaron al descubierto las mentiras de Rosalie, ella había escrito a Edward y Bella ofrecién doles la seguridad de que nunca más se volve ría a meter en sus vidas y que se arrepentía profundamente de todo el daño que había cau sado. Se había ido a vivir a Londres a vivir con su hermana mayor y su familia y, al parecer, había empezado una nueva vida.

No había ni una sola nube en el mundo de Bella. Hacía un año que se había casado con Edward no esperando nada de ese matrimonio, sal vo dolor y resentimientos y, desde entonces, se había ganado el apoyo de dos familias, una hija preciosa y un marido que la amaba más cada día que pasaba. Ese día era su aniversario de boda, pero se iban a quedar en casa en Kritos porque era donde más les apetecía celebrarlo.

Cuando se reunió con Edward para cenar en la terraza, se maravillé de nuevo con la vista ex traordinaria que la había cautivado desde el mismo momento en que llegó a la isla. Y luego miró a Edward, tan encantada como siempre.

Él era el amor de su vida.

Casi no pudieron esperar a terminar de cenar para desaparecer de nuevo en el interior de la casa y de su dormitorio, cosa que no sorprendió nada al personal de servicio.

Los habían visto hacerlo muchas veces antes.

Y este es el fin queridos lectores y lectoras, espero que les haya gustado tanto como a mi, dejen su Review diciéndome que tanto les gusto o que tanto les disgusto, todas las criticas son bien recibidas, para ser mi primer adaptación quedo bien ¿no? Sin contar las faltas de ortografía como las palabras juntas y separadas estuvo bien y espero que nos leamos pronto en otra de mis adaptaciones que comenzare a subir el sábado.

Muchas gracias por acompañarme a través de esta fabulosa historia y espero que nos volvamos a leer en la siguiente adaptación llamada tan tan tan tan no lo sabrán hasta que la publique asi que sean pacientes hahaha nos vemos.