Capítulo X. Novia, o novio de una.

I

Fue un fatídico martes.

Desde el incidente del sábado, habíatomado la palabra de su maestro y comenzó a intentar abrirse más con él; comenzó, malamente, con mensajes de texto vía teléfono celular, sin saber que su retro maestro no era precisamente un as a la hora de teclear en el móvil, por lo que sus contestaciones tardaban hasta hora y media en llegar. Debía conseguirse un smartphone en vez de estar dándole hasta cuatro veces a la misma tecla.

Nunca escribió algo extraño o que se prestara a un doble sentido inmoral (comprometedor), tan solo le consultaba situaciones y a su "¿qué tal estuvo tu día, gorrión?", dándole una contestación medianamente decente. Por eso, aquél mensaje que le había llegado de repente le causó algo de confusión.

"¿Por qué tantos mensajes?"

Seco y directo, algo inusual en sus textos, los cuales tenían toda clase de palabras floridas para no tener algo que él llamaba como "impersonalidad", ni siquiera sabía si existía esa palabra. Acababa de terminar su última clase de Universidad cuando notó aquél mensaje, causándole misteriosamente un terrible escalofrío.

"¿Sucede algo, Clint?", texteó con habilidad. Guardó sus cuadernos y se levantó de su pupitre entre el bullicio del salón como de costumbre, cuando sonó nuevamente su teléfono... seña inequívoca de que algo sucedía, y de que la persona que se encontraba al otro lado de aquél mensaje no era su maestro. Sintió un nudo en la garganta, ¿sería la llamada Natalia?

"¿Quién eres? ¿Por qué tienes tantos mensajes con él?"

No contestó ese mensaje, aterrada por aquello. ¿Clint realmente tenía novia? ¿Por qué no le había dicho tal cosa? Dudaba que fuese Bárbara, pues ella siempre se había comportado amable a pesar de todo. Se apresuró a salir del aula, sintiéndose bruscamente enferma y mareada, siendo asaltada por los recuerdos del sábado; sin embargo, antes de que pudiera reaccionar de alguna manera, su teléfono celular comenzó a sonar de forma incesante, haciéndola sudar frío... pues era el número de su maestro el que estaba marcado en la pantalla. Sufrió un rato mentalmente, auto convenciéndose de que ella no había hecho nada malo.

-¿Diga? -Contestó con voz firme, tratando de aparentar que todo estaba en orden.

-¿Quién eres? -Dijo aquella imperativa voz femenina.

Guardó silencio unos segundos, intimidada. No era aquella mujer, pero fácilmente podía hacerle competencia en lo golpeado de su voz; decidió que se comportaría de forma amable.

-Soy Kate B. -Se presentó con la elegante cortesía que tenía con los desconocidos. -¿Y usted?

-¿Kate? ¿Cuál Kate? -Continuó hablando con rudeza, haciéndola preguntarse si habría otra Kate en la vida de su maestro. -¿Por qué Clint tiene tantas llamadas y mensajes contigo?

-Él me llama sábado. -Siguió tratando de escucharse calmada y guardar la compostura. -Soy su alumna de...

-¿Alumna? ¿Así se le dice ahora? Noto que tiene muchas cosas tuyas aquí, hasta una foto tuya yo supongo...

-¿Cómo? -Se tenso. -No piense mal, yo no...

-¿Qué? -Hubo una pausa. -Por Dios, ¿cuántos años tienes?

-Dieciseis.

-Escucha, ¿crees que es correcto que una niña como tú se quede dormida con un hombre de más de treinta años? Pueden meterlo preso por eso.

-¡N-no duermo con él! -Pero hubo una memoria que le hizo trastabillar un poco.

-Hay una foto, supongo que eres tú, donde estas durmiendo en sus brazos, obviamente él te la ha tomado. ¿Quién eres tú como para ser la única persona de la que tiene una foto en su teléfono?

Se trabó al escuchar aquello... ¿Clint realmente había hecho eso? ¿Por qué querría tener una foto así en su teléfono, una foto que podía incriminarlo? ¿Por qué, precisamente, de ella?

-No. -Susurró apenas, sintiendo el rostro completamente enrojecido. -Yo no...

-No aparezcas más por aquí a causarle problemas, ¿oiste?

Se encendió, no pudo evitarlo; se quedó de pie al final de las escaleras del edificio, tomando aire.

-¿Por qué habría usted de prohibirme el ir a mis clases de arquería con mi maestro? No he hecho nada malo, solo querer ganar el torneo nacional con su ayuda. ¿Quién se cree usted como para prohibirme algo que solo Clint puede hacer?

-Porque soy su novia, Jessica. Quedas advertida, niña insolente.

Le colgó en ese momento para quedarse con la última palabra, haciendo que Kate se guardara todas las groserías que estaban a punto de escapársele; presa de su propia exaltación, huyó al baño de féminas sintiendo el rostro arder y la vista empañarse inevitablemente. La muy maldita la había quebrado con la última frase. Se encerró en uno de los cubículos color beige del baño, y comenzó a llorar de la forma más silenciosa que le fue posible, siendo que el blanco azulejo hacía un eco horroroso ante cualquier sonido o rechinido.

Jessica.

Ella sabía que tarde o temprano algo así iba a suceder, queuna mujer de verdad apareciera como su novia. Pero de todas las mujeres que pudo conseguirse, fue una maldita celosa que le hurgaba el celular sin su permiso... y una foto incriminatoria que ella desconocía de cuando él la abrazo, cuando la dejó dormir entre sus brazos. ¡La amenazó! Lloró amargamente con sentimientos encontrados sin saber cuánto tiempo exactamente, hasta que su mismo teléfono celular la trajo de vuelta a la realidad. Era del número fijo de Clint.

-Diga. -Contestó sin pensarlo, dispuesta a contraatacar a aquella mujer si fuese necesario. Su voz sonaba grave, ronca, como si hubiera estado en un concierto gritando hasta quedarse afónica.

-Katie, hola, espero no haberte sacado de clase. -Se escuchó la distintiva voz de su maestro. -Te escuchas algo ronca, ¿te sientes mal de nuevo?

Tragó saliva, intentando contener su llanto. No iba a delatarse con él.

-Un poco. -Alcanzó a susurrar, mientras se limpiaba e rostroc on un poco de papel higiénico. Pero su garganta se cerraba, y el llanto amenazaba con salir nuevamente sin permiso.

-Quería decirte que no tengo mi celular, por eso no te contesté mensaje si es que mandaste, no sé cuándo...

Su voz se opacó inmediatamente en su mente, remembrando el incidente que acababa de ocurrirle; su llanto se escapó sin que pudiese evitarlo, sintiéndose terriblemente vulnerable con tan solo escuchar su voz.

-Katherine. -Se escuchó alterado. -¿Qué pasa? ¿Dónde estás? -Cuestionó de forma imperativa.

No podía contestarle por el llanto. Quería que se la tragara la tierra en ese momento...

-¡Katherine! -Le gritó por teléfono con firmeza, asustándola.

-Estoy en la universidad. -Dijo finalmente, temblorosa. -En el edificio de lenguas... Clint, yo...

-Quédate allí, iré por tí.

-Pero...

Había colgado el teléfono. Era tarde, él vendría por ella. Intentó marcar nuevamente al teléfono fijo de su departamento, pero ya no contestaba; ¿había salido tan presuroso por ella? Su corazón latió tan fuerte en su pecho que le cortó el aliento. Había una novia sin duda, pero él se preocupaba más por ella. Salió del baño tras haberse calmado un poco, manteniendo la cabeza baja para evitar que alguien mirara su rostro enrojecido y sus ojos con las lágrimas contenidas.

-Yo... sabía que algo así pasaría. -Susurró para si misma, la vista en el suelo, como si se intentara confortar sola. -Pero, no me lo dijo. -Frunció levemente el ceño, sintiéndose molesta consigo misma, ¿por qué él habría de contarle algo tan íntimo?

"No tienes por qué cerrarte de esa manera..." ¿Era recíproco? Él jamás le había negado información cuando ella le preguntaba acerca de cualquier cosa, incluyendo de su hijo Alexander; él siempre la había tratado bien a pesar de todo, más cuando ella se le confesó. ¿Qué significaba aquello? Tenía que preguntárselo, tenía que saberlo...

-¡Katie!

Se tensó, levantando un poco la mirada solo para ver a Clint acercarse a ella a paso veloz, atravesando el estrecho camino de ladrillo que le conducía a la entrada del edificio de lenguas; llevaba el ceño fruncido, vistiendo mezcilla y una camiseta gris lisa, así como el cabello crespo completamente alboratado delatando su precipitada salida. Notó su cara de susto antes de que se arrodillara frente a ella y la abrazara con fuerza, ante la mirada de los alumnos y académicos docentes que pasaban por alli, alterado de verla con el rostro enrojecido y los ojos llenos de lágrimas; él lo sabía, sabía que pocas cosas podían quebrarla de esa manera. Algo alterada, duró muy poco antes de derrumbarse nuevamente en llano sobre su hombro. No pudo contenerse a su abrazo.

II

-¿Qué fue lo que pasó, Kate?

Se encontraban en la parte trasera del vehículo que ahora traía Clint, haciéndola deducir que eran automóviles que le entregaban en su mismo trabajo o algo parecido, ya tendría tiempo de preguntar eso; al inicio, cuando le abrió la puerta trasera, pensó que se limitaría a llevarla a casa (o al médico, a saber qué piensa ese hombre). Sin embargo, él había subido con ella, y abusando del polarizado oscuro del vehículo, la atrapó en un abrazo cálido y conciliador, abrazo que la calmó un poco en cierta forma haciéndola olvidar levemente su congoja. Entre sus brazos parecía que nada ni nadie podía tocarla.

-¿Katie? -Volvió a repetir, sacándola de ese letargo en el que la sumían sus brazos y su perfume suave.

-Al salir de clase. -Comenzó con voz algo ronca, teniendo los ojos cerrados en todo momento, queriendo volver a centrarse en su cercanía. -Me llegó un mensaje de tu número, decía que por qué tenía tantos mensajes tuyos...

Notó que el corazón de él había latido con mayor rapidez en su pecho, como si aquello le hubiese alterado.

-Me confundí. -Continuó, tensando los labios un poco. -Y esa persona me marcó.

-¿Qué te dijo?

-Me pidió que no me acercara a tí. Me dijo que podía meterte en problemas, que tenías... una foto mía en el teléfono celular. -Se alteró. -Clint no quiero causarte problemas, esa chica... dijo que era tu novia, no creía que tú eras mi maestro, que...

Clint la había ajustado aun más en su abrazo, tratando de contener el llanto e histeria que estaba a punto de abandonarle.

-Perdona, Katie. -Susurró, pasando la mano por sobre sus cabellos oscuros a manera de caricia, tratando de calmarla de forma paternal. -Jesica es así, no pensé que fuera a hacer algo como llamarte... ella... no es mi novia, no tengo idea de por qué se denomina así. -"Tan solo fue una noche pasajera, o dos, o tres", pensó detenidamente.

-¿Por qué tenía tu teléfono entonces?

Guardó silencio unos momentos, como si dudara en contestar; no se atrevió a mirar su rostro, prefiriendo abrazarse a él sin temor alguno, queriendo sumergirse en una dulce mentira. La mentira en la que ella era importante para él, en la que ella era algo más para él...

-Porque lo olvidé con ella. -Contestó finalmente, como si se rindiera sin más a sus pensamientos.

-Me tomaste una foto... que pudo prestarse a algo más. Puedes meterte en problemas por ello, Clint. No debiste, tú mejor que nadie sabes que no debiste hacer algo como eso.

-Es solo que...

Guardó silencio unos momentos nuevamente, pensativo. Aquella tarde cuando ella terminó durmiendo entre sus brazos, le había parecido sumamente bonita, muy a su manera, y no pudo evitar tomarle una foto en esa posición; lo malo de aquello era que su belleza no había sido la de una niña para él, sino de una mujer inocente y joven... pero no iba a decirle tal cosa, lo tacharía de pervertido aunque a él le resultara imposible pensar en ella de esa manera.

-¿Qué cosa? -Susurró, notando que se había escuchado un poco insistente.

-No creo que lo entiendas... solo quería recordarte en esa misima posición conmigo. -Dio un leve suspiro, como si se resignara a decirlo. -Se supone que esa fotografía sería solo mía. No quería causar problemas, mucho menos a tí.

No pudo contestar aquello. No supo cómo.

-Iré por mi celular, prometo que Jesica no volverá a molestarte de nuevo.

-Borra esa foto. -Dijo, con un tono de voz un poco más suave.

-Katie. -Se escuchó un tanto decepcionado. -Está bien.

-No vas a ocuparla, anciano. -Cerró los ojos nuevamente, adormeciéndose de cansancio. Había llorado demasiado esa tarde, como hacía mucho no lo hacía.

-¿Qué quieres decir?

No pudo decir nada más, pues se había dejado llevar por el adormecimiento que le invadía en ese momento entre sus brazos, decidiendo que no le importaba nada más. Era ella por sobre Jesica, tal vez no de forma romántica como ella anhelaba, pero tenía su afecto más que su deseo por aquella mujer; quizá, si creciera un poco más, él podría verla... de otra manera...

III

-¿Qué pretendes con esto? Es una niña... ¿es eso lo que te gusta? Estás enfermo.

-No, ya te lo dije. ¿Qué no estás escuchándome? O son tus propios gritos que no dejan llegar mis palabras a tus oídos.

.¿Cómo te atreves?

-Si quieres meterme en problemas, adelante, hazlo. Llévate el maldito celular y muestra la foto a la policía.. van a meterme preso unos cuantos años, ¿y qué ganarías tú con eso? Nada. No pienses que me puedes chantajear con eso. En serio, llévalo. Dios, realmente me arrepiento de haberme cruzaado contigo, pero descuida, no pienso ponerte un dedo encima nuevamente, así que puedes hacer lo que quieras.

-¡Bien! Así que prefieres a esa niñita por sobre mi. ¿Es más estrecha, ah?

-No, tú eres la estrecha de mente.

Vio estrellas después de eso, así como el sonido de los tacones de aquella mujer alejándose de forma furiosa; le había arrojado el celular que tenía en la mano a la cara, dejándole un dolor indescriptible en su sien izquierda que le provocó el lagrimeo del ojo, algo que no pudo evitar.

IV

Así como un consecuente moretón sabatino.

-¿Qué te pasó? -Kate cuestionó con bastante calma, no tan asombrada de verlo golpeado. -¿Tuviste una mala noche?

Se volvió a colocar los lentes oscuros en ese momento, llevándose su taza de café a los labios, como si quisiera hacer pasar el incidente como algo común en su vida.

-Humillante, más bien. -Contestó sin mucho ánimo.

-Cuéntame, prometo no reirme.

Se recargó en la silla metálica de la cafetería donde ambos se encontraban, notando que comenzaba a correr una brisa más fresca al estar en la parte de afuera de ésta sobre la fría herrería, la cual movió un poco la sombrilla blanca que estaba encima de ellos. Katie se notaba de muy buen humor, hasta tenía una curiosa sonrisa en los labios levemente brillantes por el protector... una sonrisa que la hacía verse muy bonita a pesar del suéter azul holgado que llevaba encima, así como su largo cabello negro recogido en una cola de caballo.

-Jesica me arrojó el celular a la cara. -Contestó finalmente. -Y puedes reirte si quieres, ayer la comandancia entera se rió, que porque era un moretón demasiado grande como para ser provocado por un objeto tan pequeño.

Ella no se rio. Su rostro se notó un poco angustiado.

-Me amenazó con llevar la foto a la policía, le dije que hiciera lo que quisiera, que no me importaba. -Alzó suavemente los hombros, y colocó el celular frente a ella, encendido, para que mirase. -Allí está la foto, quería que tú la borraras. No he hecho copias o algo parecido, no puedes pedirle mucho a alguien que a duras penas pudo tomarla.

Kate tomó el celular con la zurda, envuelta en un curioso silencio. Finalmente pudo mirar aquella fotografía; se miraba ella parcialmente, su cabello negro revuelto, su ojo cerrado, sus labios entreabiertos, acomodada en el pecho de él aunque no se mirara su rostro, estando envuelta en su chaqueta de forma confortable; de hecho, no se notaba que era él directamente, pues estaba enfocada en su rostro dormido. Pudo haber pasado por cualquier cosa.

-¿Qué pasa? -Susurró levemente, un poco preocupado. -Te miras un poco roja.

-No es nada. -Dejó el celular sin haber tocado la foto. -Clint... pudo haber sido cualquier cosa, ¿sabes?

-Pero las mujeres son celosas.

-Si, lo somos. -Bebió un poco del café.

-¿Las niñas también lo son? -Cuestionó, sonriendo de medio labio.

-Somos las peores, Clint. Hasta hacemos planes de homicidio.

-¿Estabas celosa?

Frunció los labios levemente. Lo había estado, si, y muchísimo, hasta que su pecho se comprimía duramente haciéndole dificil la respiración; pero no por la chica Jesica, que le había causado tanto pesar, sino por esa tal Natalia...

-Claro. -Contestó finalmente, notando que él había sonreído propiamente, como si saberlo le causara gusto. -Tengo un torneo importante encima, te necesito conmigo entrenando... además, las niñas son más celosas con sus padres más que con cualquier otro hombre en el mundo.

-¿Eso es lo que soy para tí? ¿Un padre?

Bajó un poco la mirada. Notó que su mano era tan cerca a la de él que casi podía tocarla.

-No puede ser de otra manera, anciano. -Y volvió a beber de su café.

Hubo un curioso silencio tras aquello, como si aquella respuesta no les hubiera complacido; ambos sentían lo mismo, como si no estuvieran de acuerdo con lo último dicho... pero no había razón para ello, ¿cierto?

-La próxima semana serán las preliminares, Clint.

-¿Cómo te sientes al respecto?

-Me siento bien, preparada.

-Bien, sin embargo creo que te secuestraré el miércoles.

-¿Crees que me falta algo?

-Este día.

Se alegró secretamete. Estaría con él un poco más de tiempo.

-¿Sin novias celosas?

-Solo niñas celosas. -Sonrió de buena gana. -Que es aun peor porque debo de aplicarme más, y me da tanta pereza...

Le arrojó una servilleta de papel hecha bola, la cual rebotó en su brazo al encogerse él, arrancándole una risa relajada.

-Vaya, pensé que estabs de maestro, y has traído a holgazanear a tu alumna solamente.

Tras él se encontraba e pie Steve, el rubio militar, vestido tan pulcramente como lo recordaba en una camisa color azul rey y mezclilla café oscuro... pero su sangre se congeló al notar la chica que le acompañaba tomándole el brazo; una exuberante pelirroja cuyas ondas caían hasta su estrecha cintura, vistiendo un saco ajustado de color claro, así como un pantalón negro que se le adhería a la piel dejando ver su perfecta curvatura y piernas. Era aun más bonita que en aquella fotografía.

-De vez en cuando se necesita un relax, estirado. -Se giró un poco para ver a su amigo y a la chica. Su gesto era dificil de deducir por sus lentes oscuros. -Katie, ya conoces a Steve el estirado. Ella es Natalia, su esposa.

El mundo se opacó en ese instante, mientras oleadas de calor la recorrían completamente; aquella mujer, la hermosa pelirroja de la que su querido maestro estaba enamorado, era la esposa de su mejor amigo. Hizo lo posible por disimular su sorpresa o lo que fuera que haya salido de ella, y sonrió de forma forzada y cortés, como cuando tenía que atender invitados en las fiestas absurdas que sus padres hacían en casa para "socializar".

-Hola, mucho gusto. -Exclamó.

Aquella bella mujer sonrió, pero no fue una sonrisa extraña, como si también estuviese fingiendola... aunque no era de sorpresa, sino de algo más despectivo. Le causó un escalofrío, como si hubiesen chocado secretamente, y no le gustó nada.

-¿Van a quedarse parados, o qué?

Fue una hora incómoda para Kate, demasiado prolongada para su gusto; apenas una hora de cháchara absurda y sin mucho sentido, donde la mirada esmeralda de aquella mujer oscilaba entre ambos hombres, tentadora, seductora. Ese era el tipo de mujer que a Clint le gustaba, y ella estaba a miles de años de parecerse a eso.

-Iré por los postres, se han demorado demasiado. -Dijo el arquero, incorporádose del asiento.

-Te ayudo. -Se levantó también Steve, poniendo excesivamente nerviosa a Kate. -O les meterás el dedo.

-¡No es cierto...! -Escuchó mientras se alejaban, sintiendo un hormigueo en su estómago.

-Con que... Kate, ¿cierto? -Dijo Natalia de repente, tomándola desprevenida. -Dime, ¿hace cuánto conoces a Clint?

-Pues... seis meses en corto. -Contestó, intentando verse cordial ante ella. -Él me encontró en una prueba de...

-¿Qué intención tienes con él?

Se extrañó bastante con aquella pregunta, como si estuviera en una especie de examen. No lo comprendió al inicio.

-Es mi entrenador, mi intención entonces es aprender más y mejorar mi técnica.

-Mira, no soy nueva. -Su tono de voz se notó un poco más fuerte, golpeado. -Muchas como tú han pasado por la vida de Clint, y él no necesita esto. Tiene un corazón de caramelo, por eso cada mujer que se acerca él lo suficiente le deja dañado.

-Creo que me está mal interprentando. -Sintió el calor subir hasta su rostro, sintiéndose muy avergonzada y humillada. -No tengo esa clase de intención con él, ¿verá? Es mucho mayor que yo.

-Clint se la ha pasado hablando de tí y de lo "maravillosa" que eres, algo muy usual cuando una mujer quiere tirárselo y quitarle su dinero y dignidad. No vas a engañarme con tu carita de niña inocente, quedé cansada de Jesica como para aguantarte también a tí.

-No es lo que piensa, señora...

-Haz un favor y márchate de su vida antes de que esto crezca aun más, deja de engañarlo de esta manera, está demasiado herido desde lo de Bárbara como para aguantar otro incidente más.

Se le humedecieron los ojos. Natalia permanecía inmune a sus gestos y emociones.

-¿Por qué hace esto? -Susurró suavemente, tratando de que no se le notase la voz quebrada.

-Lo protejo. Me he cansado de verlo deprimido, alcoholizado, roto... como tú han llegado muchas, aunque te creas única, y todas han tenido el mismo resultado con él. Si realmente sientes algo de aprecio genuino por él, no dejes que esto crezca más. Déjalo sanar sus heridas en paz.

Kate se levantó de su asiento en ese momento, sintiendo el rostro humedecido ya.

-Discúlpeme con él y su esposo, tengo que irme. Un placer conocerla.

Y se dio media vuelta, tropezando un poco con la silla, para huir del lugar como un animal herido.

V

-¿Dónde está Kate? -Cuestionó Clint, extrañado de ver sola a Natalia en la mesa.

-Tuvo una llamada y salió corriendo, asustada. Que los disculpara con ustedes. -Dijo en un tono bastante estóico.

Clint de inmediato sintió que algo había sucedido, y Natalia había tenido que ver al respecto. Steve tomó asiento al lado de su esposa, de lo más calmado.

-¿Qué? -Se estremeció intensamente, siendo evidente para la pareja.

-¿Clint? -Susurró Steve, sintiéndose un poco preocupado por verlo así.

Tomó el celular y le llamó inmediatamente, tratando de averiguar qué había sucedido. Pero el teléfono de Kate sonaba apagado.

-Calma Clint, se comunicará contigo tan pronto... pueda. -Murmuró la pelirroja, volviendo a su bebida. -Entonces Steve, ¿tres días, en serio? ¿Que tu jefe no entiende que también tienes vida...?

-.-.-.-.-.-

Yuy.