Los personajes no son míos, son de la increíble Stephanie Meyer, yo solo juego con ellos, aunque puede que alguno me lo invente.
A ver, siento no haber podido actualizar durante la semana, pero es que, ¡Dios! Tuve muchos exámenes y uf, creí que me iba a ahogar… bueno, no os molesto más y os dejo leer.
Las imágenes de este fic están en mi perfil (;
Miedos entre caricias.
Dolor.
Bella POV.
-Auch – me quejé mientras Carlisle me cocía la herida del brazo – due…le – dije entrecortadamente.
Mi "padre" y yo estábamos solos en el despacho de él mientras este me succionaba la herida y hacia que no saliese más sangre, podía ver en su mirada como se debatía contra la sangre que corría a mares por mi brazo. ¡Estúpida Tanya! Si no hubiese sido por sus estúpidos celos, ahora no habría pasado nada y estaríamos más felices que unas perdices charlando en familia, pero claro, doña perfecta tenía que ir y arruinarlo todo, ¿Tanto me odiaba? ¡Dios! Yo no sabía cuánto me odiaba ella, pero si sabía cuánto la odiaba yo a ella. Ahora toda la familia debe de odiarme por ser una estúpida humana torpona.
-Ah – me quejé cuando Carlisle dio la última punzada a mi herida.
-Esto ya está – dijo mientras me vendaba el brazo.
-Gracias – dije suspirando aliviada, me había dolido, había evitado mirar y había girado mi cabeza y pensado en otra cosa, pero eso no impedía que me doliera, incluso se me saltaban las lágrimas involuntariamente.
-No tienes que darlas cariño, ahora solo tienes que reposar el brazo, tomarte unas pastillas para el dolor y relajarte – me miró y depositó un beso en mi frente – y por lo que más quieras Bella cielo, no fuerces el brazo, no quiero que se te vuelva a abrir la herida y esta vez sí acabe la cosa en tragedia.
Asentí y le di un beso en la mejilla al mismo tiempo que me paraba y miraba como iba a saltar de la mesa, era torpe y tenía que hacerlo con las dos manos.
-¿Me ayudas? – pregunté y Carlisle sonrió y con un ágil movimiento me bajó al suelo.
Mis piernas agradecieron el contacto contra el frío suelo, se me estaban agarrotando de tenerlas sin mover, habíamos estado como una hora y poco más solo para una tonta herida, no era tonta, pero quería pensarlo así.
Levanté la cabeza y allí estaba él, todavía con la ropa de la cena mirándome seriamente desde el marco de la puerta, tenía el seño fruncido y parecía enfrentarse a un gran dilema dentro de su cabeza él solo.
-Hola – le dije cuando llegué a su lado.
-¿Cómo te encuentras? – preguntó sin rodeos echándole unas miradas furtivas a mi brazo.
-Bien, Carlisle dice que no es nada – sonreí pero más bien me salió una mueca.
-Bella, ¿No pudiste tener un poco más de cuidado? – me preguntó Edward con cariño pero a la vez serio y seco.
-Yo… no… no quise que esto pasara – contesté y me quedé mirándolo, era todo lo que necesitaba en estos momentos, solo necesitaba que me abrazara.
-Shu… - intentó callarme poniendo en mi boca – no llores.
-No lloro – contesté y me sorprendí al advertí que si lo estaba haciendo- no al menos voluntariamente.
Edward sonrió con una sonrisa cansada y me acercó a él teniendo mucho cuidado con mi brazo, pude ver en su rostro que estaba alerta por el olor de sangre que mi brazo aún desprendía, están tenso, lo noté en su cuerpo al rodearme con sus brazos.
-Vamos a la cama, ya es tarde y necesitas descansar, ese brazo te lo agradecerá – dijo y con una tierna sonrisa me elevó en brazos y caminó por el pasillo con pasos suaves y cortas zancadas hasta llegar a mi habitación.
Abrió la puerta de mi cuarto con cuidado y la cerró de con un toque de pie apenas audible, se sentó en mi cama y me sentó en su regazo.
Me miró y retiró de mi cara unos cuantos pelos que se había alborotado en la noche.
-Te ayudaré a ponerte el pijama – dijo, ni siquiera preguntó.
Yo no pude hacer más nada que asentir y levantarme para que el pudiera hacerlo.
Me senté en una orilla de la cama y vi como se acercaba a los cajones de mi cajonera y sacaba de ellos mi pijama favorito, una fina camiseta blanca de manga larga de rayas de colores con el pantalón largo a juego, no era nada del otro mundo, pero era cómodo y fresco.
Edward estuvo a mi lado en una fracción de segundo y me quitó la chaqueta de piel, estábamos el uno frente al otro. Me descalcé los tacones, sin antes era de su misma altura, ahora le llegaba a la barbilla, ¡Mierda! Debería de ponerme tacones más a menudo.
Edward deslizó el cortó vestido blanco por mi cuerpo y este cayó a mi lado con un solo desabrochamiento de cremallera, era increíble como Edward podía hacerlo, un simple gesto suyo era como una caricia o una maravilla.
Estaba en ropa interior delante de ella pero no me importó. Su mano se acercó hasta mi plano y blanco vientre y lo rozó con una caricia tan suave y cariñosa que hizo estremecer todo mi cuerpo, cerré los ojos y disfruté de esa increíble caricia.
Me rozaba la piel con una mano al mismo tiempo que agitaba su erecto órgano masculino, era tan asqueroso que yo no podía mirar, tenía diez años, sabía que lo hacía para torturarme, se masturbaba delante de mí para castigarme por no haber abierto mis piernas cuando me lo dijo.
Paró y sentí que me agarraba.
-Y ahora preciosidad, lo harás tú – asqueroso ser de mierda.
-¡No!
No, paré mis pensamientos, no dejaría que los recuerdos estropeasen nada más, ya estaba bien de tantos horribles y tortuosos recuerdos, por esta noche alejaría todo tormento de mi y solo pensaría en Edward, en sus manos recorriendo mi espalda, mi vientre… ¡No! ¡Ya no tengo miedo! ¡Ya no recuerdo! ¡Ya no siento nada!
Luego siguió con mi cuello y con mi brazo bueno, se paró y abrí los ojos, podía sentir el frío de su cuerpo, estábamos tan cerca.
Su boca estaba a un paso de ser rozada contra la mía. Dio ese último paso y nuestras bocas se rosaron. Fue un sencillo pero a la vez magnífico rose, sus labios eran tan suaves como el algodón y eran adictos. Intensificó nuestro beso abriendo un poco su boca y pidiendo permiso para que su lengua inspeccionase mi boca, le dejé pasar a gusto. Nos separamos cuando a mi me faltó el aire pero mantuvimos las frente unidas.
-Siempre deseé esto – me atreví a decir abriendo mi corazón.
-Te sorprenderías si te dijera que yo lo llevo deseando mucho más que tú, desde que entraste en la casa sabía que no serías una simple hermana para mí, y eso que eras pequeñita, no me acuses de pedófilo por favor – rió triste.
-¿Estas mal porque mi sangre te tienta? – le pregunté sin ninguna emoción en mi rostro, o eso quería aparentar.
-No Bela, aunque no te voy a mentir y decir que no me tientas, porque la verdad es muy apetecible, pero he vivido toda mi vida controlándome, y ahora no voy a saltarme las normas, no te preocupes por mí, estoy bien – sonrió cínicamente.
-Siento ser tan patosa.
-No es tu culpa – contestó.
SI no era mi culpa, ¿De quién sería? ¿De Tanya? Me pregunto, como se pondría si supiese lo que acababa de ocurrir entre Edward y yo, mejor ni pensarlo.
-¿Y Tanya, Edward? – pregunté separándome de él, quería mirarle a la cara y ver que me decía toda la verdad, aunque era un buen actor y podía hacerme creer lo que quisiese.
-¿Qué pasa con ella? – preguntó interesado.
-Eh… lo que acaba de pasar…
Rió enterándose por fin de lo que había pasado.
-¿Quieres que hablemos de ello? – me preguntó y asentí – bien, pero primero te vestiremos, no quiero que te pongas enferma y Esme me eche la bronca por ello – rió pero su sonrisa no llegó a sus ojos, podía notar que algo lo atormentaba, y sabía que era yo.
-No tienes por qué hacer esto – dije intentado quitarle un peso de encima – sé que no te resulta fácil y yo no quiero que luches contra ti mismo, sé que no es muy agradable.
Sonrió y con cuidado cogió mi mano y deslizó mi camiseta cuidadosamente por ella, el rose de su mano y de la tela del pijama me hizo temblar.
-¿Tienes frio? – preguntó divertido.
Reí y le di un leve toque con mi puño en sus costillas, sabía que no le haría nada, pero era un simple gesto humano de "no seas bobo".
Levantó mi pierna derecha y me puso el pantalón, hizo lo mismo con la izquierda y cuando terminó me llevó hacia la cama y me recostó en ella debajo de las sábanas con la cabeza en alto apoyada en los cojines y mi brazo malo por encima, me dolía aunque no iba a admitirlo.
Edward se recostó a mi lado y me miró, no sabía cuánto tiempo estuvimos así, mirándonos sin decir nada, pero fueron maravillosos.
-Tanya ya no es nada – dijo rompiendo el cómodo silencio que manteníamos – desde que te fuiste lo dejamos, no valía la pena engañarnos, no llegaríamos a nada – dijo y deslizó su mano por mi mejilla.
-¿Porqué estabais juntos? – pregunté con voz ronca.
-Para olvidarme de ti, la usé Bella, y me siento mal por ello, porque no se lo merecía, ni ella ni nadie, jugué con ella como si fuera un títere y no una persona, estuvo mal por mi parte pero es que necesitaba sacarte de mí, éramos "hermanos" tienes que comprenderme – dijo y asentí, tenía un nudo en el estómago que no me dejaba hablar- pero bueno, ahora… ya no me veo con fuerzas suficientes como para alejarme de ti, y si tu lo quieres todavía después de haberte hecho el daño que te hice, me quedaré a tu lado.
-No quiero que te vayas – dije desesperada y con una voz que no era ni mía.
-Yo tampoco quiero irme – sonrió y me tapó aún más con la manta.
Hice una mueca por el dolor en mi brazo, empezaba a escocer y sentí como mis ojos se nublaban cristalinamente.
-Iré a por unos calmantes – dijo Edward y salió de mi habitación apresurado.
Estaba recostada en la cama rodeada de almohadones y cómodas sábanas, con el brazo elevado en un cojín más grande que los demás cuando sentí unos ruidos fuera de mi puerta, al principio no me alarmé porque pensé que era Edward, pero luego aprecié que no era él porque se mantenía en la puerta con la incertidumbre de si pasar o no.
Al final optó por entrar y mi corazón se paró, era Tanya, enfundada en su pasional vestido rojo me miraba desde la puerta de mi habitación, ¿Vendría a rematar su trabajo?
-¿Puedo pasar? - preguntó con voz indecisa.
-Si- contesté incómoda.
Se acercó a mí con movimientos gráciles y poco decididos y señaló una esquina de mi cómoda cama, asentí, estaba pidiendo permiso para sentarse.
La miré con frialdad, gracias a ella tenía un dolor insoportable en el brazo, aunque no podía culparla, ella no tenía la culpa, decidí ser menos fría, yo no era igual que ella.
-Siento mucho lo de tu brazo – empezó a hablar con voz insegura - ¿Te duele mucho?
-Bueno, algo – dije restándole importancia.
-Felicidades – soltó de pronto y me dejó desconcertada.
-¿Por… qué?
-No te hagas la inocente Bella, Edward es tuyo – dijo con tristeza.
-Tanya, creo que confundes las cosas – le dije y me incorporé en la cama para poder verla mejor.
-Bella, no haces falta que sientas lastima por mí, yo lo sabía desde el primer momento que decidí estar con él cuando me lo propuso, no soy boba, ¿Sabes? Sabía que por algo lo hacía y no me importó ser su juguete, pero ahora comprendí que siempre has sido tú y yo con eso no puedo luchar – me miró y sentí odio hacia mí misma, la estaba haciendo sufrir – solo te pido que le cuides y que le hagas feliz y le des esa felicidad que conmigo nunca puede alcanzar – dijo y salió disparada hacia la puerta, antes de que se fuera hablé.
-Gracias Tanya – me sonrió y cerró la puerta detrás de ella.
Estaba estupefacta, hacia gruñía y me mataba con la mirada, tiraba un árbol de navidad haciendo que me agachara a recoger y me cortara y ahora, entra y acepta lo que mierda sea que Edward y yo mantenemos ahora mismo, es increíble.
Esperando el calmante que nunca llegó me quedé dormida, ¿Dónde estaría Edward?
Sé que es corto, lo siento, pero prometo dejaros dos capítulos en la semana a parte del de siempre de todos los Domingos (:
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Un beso y un saludo.
