Perdon por el retraso, pero con las fiestas navideñas y las desveladas, los regalos, la emocion, etc. apenas si tuve tiempo de escribir y bueno, pues desafortunadamente no pude postear la historia antes, pero ya tengo el proximo capi que espero que disfruten mucho!!!! No les entretengo mas y bueno aqui les tengo la conti.

DISCLAIMER: LOS PERSONAJES DE NARUTO NO ME PERTENECEN (mmm... que lastima pero asi es)

Capítulo X¡Yo no soy una debilucha!

Estaba herida en lo más profundo de mi alma. Las palabras de Kisame habían pegado justo donde más me dolía. Sin duda alguna había estado averiguando todos los detalles de los ninjas de Konoha. Tanto era así que sabía por dónde atacar. Sin embargo… no dejaría que nadie nunca me volviera a llamar inútil.

Antes de arremeter contra el Akatsuki mi vista se desvió involuntariamente hacia las dos burbujas que contenían a Naruto y a Gaara. El primero se revolvía furiosamente en su acuosa prisión, arremetiendo una y otra vez contra las translúcidas paredes con el Rasengan en una mano.

"Para Naruto" pensé desesperada, "vas a acabarte todo el oxígeno que te queda". Sabía que lo más difícil para mi rubio amigo era no estar aquí conmigo, peleando a mi lado y con la seguridad de que podría lanzarse a protegerme si así lo necesitaba. Pero de un modo o de otro, yo tenía que rescatarlo. Muchas veces mi vida había dependido de él, pero ahora era la suya la que estaba en mis manos y por nada del mundo le fallaría. No a la persona que me había entregado su confianza absoluta desde el primer instante.

Sabía que tenía 5 minutos a lo sumo para acabar con los dos clones de Kisame… 5 minutos… antes de que a ambos se les acabara el aire.

Sin pensarlo más tiempo eché a correr hacia Kisame con la imagen de Naruto grabada a fuego en mi mente y mi puño preparado con el mortal golpe que planeaba asestarle a ese repugnante ser de piel azulada que me miraba venir con una sonrisa en los labios.

No obstante de la fuerza del impulso que llevaba y de la enorme cantidad de chakra que tenía reunida en una de mis manos, el Akatsuki logró detenerme con un solo movimiento. Alzó su espada y aunque esquivé la estocada justo a tiempo, sentí como todas mis fuerzas me abandonaban de súbito.

¿Pero qué demonios…? pensé desconcertada, mientras detenía mi alocada carrera quedando a merced del acompañante de Itachi. Éste no dudó ni un instante en golpearme el estómago, tan fuertemente que salí disparada unos cuantos metros hacia atrás, deslizándome sobre el agua que frenó mi aparatosa caída.

Me levanté en un instante y me puse a examinar la situación. Esa espada que llevaba parecía absorber el chakra de las personas con sólo rozarlas. Muy bien… entonces tendría que esquivarla y liquidar a Kisame antes de que éste tuviera la oportunidad de levantarla. Más fácil parecía decirlo que hacerlo porque además de esa endemoniada arma tenía el ninjutsu y el taijutsu, que aunque me costara reconocerlo era mucho mejor que el mío.

"Vamos Sakura, si pudiste con Sasori, también puedes contra este deforme pescado" pensé, tratando de animarme a mí misma. Aunque yo sabía que con Sasori había sido distinto. En esa ocasión había sido Chiyo-baasama la que había acabado con él, no yo.

- ¿No piensas atacar? – preguntó el Akatsuki impaciente, alzando su espada y preparándose para cargar contra mí.

Me preparé para recibir el golpe por duro que fuese y miré mi reloj.

Un minuto había transcurrido ya y yo no había logrado ningún progreso.

Volví a mirar a Naruto, angustiada por la situación en la que él y Gaara se encontraban. Mi rubio compañero gritaba desesperadamente mi nombre, seguido de varios insultos hacia Kisame. Intuía lo difícil que le estaba resultando ser ahora el espectador y no el protagonista de una batalla.

El Akatsuki volvió a alzar su espada y la descargó contra mí con brutalidad. Retrocedí un par de pasos, dejando que la mortífera arma se sumergiera en el agua y aprovechando la ventaja me lancé sobre él de un salto. Pero con la misma facilidad con la que la había dejado caer, la levantó y yo, sin poder detenerme, me estrellé de lleno contra ella.

Afortunadamente había logrado interponer mis antebrazos a modo de escudo para defenderme del mortal impacto, pero cuando un intenso dolor recorrió mis muñecas hasta extenderse por mis codos supe que la maniobra no había sido tan buena idea. Un río de sangre cayó sobre el lago, y una burlona carcajada resonó en lugar.

Me limpié la sangre con las manos y volví a ponerme en posición de ataque.

- ¿Todavía no tienes suficiente, mocosa? – preguntó mi contrincante, colocándose la espada sobre el hombro.

En respuesta a la pregunta, me lancé sobre él una vez más, buscando la oportunidad perfecta en la que podría romper su formidable defensa y acabar con aquélla batalla de una vez por todas.

- Suiton: Goshoku-zame – exclamó haciendo un par de sellos con las manos.

Cinco feroces tiburones, como los que habíamos enfrentado Naruto, Gaara y yo al inicio de nuestra pelea se interpusieron entre mi enemigo y yo, arremetiendo con sus fauces abiertas de par en par.

Logré abatir a dos de ellos mediante una serie de puñetazos encadenados uno detrás del otro, pero los tres restantes me tomaron por sorpresa. Uno de ellos se sumergió para aparecer detrás de mí, derribándome con su súbita embestida. El segundo tomó una de mis piernas y comenzó a nadar conmigo a cuestas, mientras el último que quedaba, cargaba contra mí una y otra vez sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo, desgarrándome con sus colmillos. Mi sangre comenzó a teñir el agua de color rojo y pequeñas burbujas de aquél vital líquido subían hasta la superficie.

Dos minutos…

Finalmente, logré deshacerme de la bestia que me apresaba mediante una patada y al otro lo hice desaparecer con un puñetazo que le acomodé en las fauces justo cuando se preparaba para atacarme de nuevo. Exhausta, nadé hacia arriba para tomar una gran bocanada de aire. Sin embargo, Kisame me estaba esperando y antes de que pudiera satisfacer mi necesidad de oxígeno, me agarró por el cuello y me sumergió de nuevo.

"Kuso" pensé, mientras pataleaba desesperadamente para soltarme del firme agarre. Pero su mano me sujetaba con la firmeza de una cadena de acero. Y de repente, junto a mí apareció la endemoniada espada, drenando todas mis energías y sustrayendo el chakra de mi cuerpo sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo.

"No puede ser… voy a morir y no pude rescatar a Gaara ni a Naruto…" pensé tristemente. Naruto… el único que había confiado en mí. Y ahora lo iba a decepcionar. Seguramente estaría viendo la batalla y mi patético desempeño. ¿De qué habían servido todos estos años de entrenamiento con Tsunade-sama¿Todas esas jornadas en las que no podía ni levantarme por el agotamiento? Las lágrimas y la sangre que había derramado para volverme más fuerte había sido en vano… Todos mis desesperados intentos por alcanzar el nivel de mi sensei también lo habían sido.

Pensar que todo ese tiempo entrenándome no me había llevado más que a mi propia muerte, y de paso también la de mi querido rubio y la del Kazekage. ¿Qué haría Suna sin Gaara? Ya podía imaginarme las caras desoladas de los aldeanos, el llanto de los más pequeños y lo mucho que le destrozaría el corazón a Matsuri saber que su maestro y su ejemplo a seguir había muerto. Y todo porque una chiquilla inútil como yo había sido incapaz de salvarlo de las garras de Akatsuki.

Sentía que las lágrimas presionaban contra mis ojos, pero aunque las dejara salir, se confundirían con el agua que me rodeaba y que comenzaba a penetrar por mi boca y nariz, asfixiando mis pulmones que, desesperados por una bocanada de aire, comenzaban a inhalar lo que estuviera a su alcance.

Naruto… él también debería estar sufriendo lo mismo que yo… Incapaz de poder respirar, él aún tenía la fuerza para revolverse contra su líquida prisión, mientras que yo ya estaba inmóvil esperando mi destino como un cachorro resignado, mostrando mi debilidad una vez más. Inútil… esa palabra resonaba en mi cabeza y penetraba hasta mi alma. Sabía con aterradora certeza de que ese calificativo era el más apropiado para mí. ¿Por qué? Tres años de exhaustivo entrenamiento habían desembocado en este devastador final. Había recogido los frutos de mi garrafal destino, mientras luchaba duramente por hacer que mi fuerza brotase de mi corazón. Pero supongo que no puedes cosechar una semilla que no existe y yo me había dado cuenta que a pesar de mi esfuerzo, no tenía el talento innato que caracterizaba a Naruto.

- ¿Dejarás morir a tus amigos tan pronto? – Estas palabras resonaron como un eco apagado a través de la tersa y cristalina superficie que me devolvía el reflejo de Kisame y de su rostro contraído por la satisfacción con sus despreciables dientes puntiagudos que se ensanchaban en una cruel sonrisa. Todo ese macabro espectáculo me estremeció de asco y repugnancia y sin poder evitarlo dejé escapar un torrente de burbujas que contenían mi escasa reserva de oxígeno. Esa muda contestación se llevó en una exhalación el último de mis alientos.

- Ahh qué bien. Entonces eso significará que Naruto-kun ya no me presentará ningún problema. ¿Sabes? Cuando vea tu cuerpo inerte surgir de las profundidades del lago dejará de gritar como un poseso y se quedará tranquilo, entregándose voluntariamente al gélido abrazo de la muerte. Es entonces cuando retiraré la prisión que lo envuelve y lo llevaré con el líder de mi organización para sustraerle el último y más poderoso bijuu. Una tarea fácil y sencilla y todo porque su voluntad se habrá apagado como tu mísera existencia.

Fue entonces cuando reaccioné. No… Podría llevarme a mí hasta las mismísimas entrañas del infierno, pero nunca a mi compañero. Aunque no sabía de dónde, tendría que sacar fuerzas para rescatarlo. Él había puesto su vida en juego para salvar mi vida y yo no me quedaría atrás. Tal vez yo muriera en el intento, pero juré por todos los dioses que conocía que arrastraría a Kisame conmigo. Jamás le perdonaría el daño que le estaba causando a Naruto y mucho menos el hecho de que quisiera usarlo como un pañuelo desechable, arrancándole la esencia para sus sucios fines.

Con renovadas energías, sacadas tal vez desde lo más profundo de mi corazón y de la fuerza que otorga la desesperación, agarré la mano que me tenía aferrada y con colosal esfuerzo logré girarme, haciendo que perdiese el equilibrio y fuera él que quedase sumergido en el agua.

Inflé mis pulmones de aquél precioso gas, cuya falta estuvo a punto de acabar conmigo y me lentamente logré incorporarme. Me mantuve de pie, aunque mis temblorosas piernas apenas pudieran sostenerme. Chorreando agua y sangre y jadeando por la falta de chakra y el agotamiento, esperé a que el Akatsuki saliera desde las profundidades del lago. Apenas segundos después, con un brutal estallido de agua, surgió ante mis ojos. Su figura alta e imponente me inspiraba un profundo terror, pero tendría que dominarlo y reprimirlo si quería salvar a mi rubio amigo y al Kazekage.

- Parece que te subestimé un poco, chiquilla, pero eso no volverá a pasar. Los insectos inútiles como tú suelen perecer al final.

Tres minutos…

Tenía que darme prisa. Pude ver la expresión aliviada de Naruto cuando mi cabeza había roto la tersa superficie del agua, pero Gaara se encontraba en muy malas condiciones. Sin duda alguna traía puesta su armadura de arena, porque el precioso material yacía en el fondo de la prisión y el Kazekage tenía los ojos cerrados y temblaba incontrolablemente.

Me ajusté los guantes y limpié los rastros de sangre seca que aún quedaban en mis antebrazos.

- Si tantas ganas tienes de acabar conmigo ven aquí e inténtalo – le dije desafiante.

La respuesta no se hizo esperar. Apoyó su espada sobre el agua y al instante, creó una enorme ola que de haberme alcanzado seguramente me habría hecho trizas. Dosificando el chakra que aún me quedaba con absoluta precisión, sin gastar ni una gota más de la precisa, di un tremendo salto para evadir el ataque. Mientras contemplaba el furioso maremoto que agitaba el agua debajo de mis pies, no me di cuenta que Kisame había aparecido justo sobre mi cabeza. Cuando lo noté, ya era demasiado tarde. La afilada hoja se posó sobre mi espalda, desgarrándome la ropa y la delicada piel que yacía debajo.

Sintiendo cómo las punzantes espinas de la espada se clavaban dolorosamente en mi carne, apenas si atiné a girar la cabeza, para contemplar el rostro de mi enemigo con una mezcla de terror y furia.

El Akatsuki deslizó el arma causando un daño aún mayor y produciéndome un ardor casi insoportable y asestó una fuerte patada justo en la herida. Me precipité hacia el suelo, y con un sonoro chapoloteo mi cuerpo rompió la ahora calma superficie del lago.

El dolor recorría mi espina dorsal en forma de intensas descargas que me impedían moverme con soltura.

Yo sabía que podría curar mis heridas, pero eso me dejaría sin una gota de energía. Además tenía que asistir a Gaara y a Naruto, en caso de que éste también estuviera herido. No había otro modo, tendría que pelear con los brazos y la espalda desgarrados aunque cada movimiento me doblara de dolor.

Una vez más salí del fondo del lago, sólo para encontrarme a Kisame delante de sus dos clones que mantenían a mis dos amigos encerrados.

Cuatro minutos…

Sesenta segundos más y mis amigos comenzarían a resentir la falta de oxígeno. Un shinobi, preparado como tenía que estar para enfrentar las circunstancias más adversas que se le pudieran presentar y luchar aún en las peores condiciones, estaba entrenado para resistir cinco minutos debajo del agua. En ese tiempo tenía que arreglárselas para liquidar a su enemigo y proporcionar a sus pulmones el oxígeno que necesitaban. Cinco minutos… no menos…

- Je – Solté una amarga risotada. En este ataque tendría que darlo el todo por el todo y cargar con las fuerzas que me quedaran.

Muy bien… si mi vida estaba predestinada a terminar allí, entonces así sería. Pero no desistiría hasta ver a mis amigos sanos y salvos.

Concentré chakra en uno de mis puños y con una violencia que hasta a mí misma me sorprendió hundí un furioso golpe sobre el agua, tan devastador que llegó hasta el suelo. La fuerza del impacto creó una enorme ola que tomó por sorpresa a Kisame, pero que aún así logró sortear con increíble habilidad. Remontando la espumosa cresta como un experimentado surfer, logró volver a calmar la superficie del lago mediante un gesto de la mano.

Aprovechando los escasos segundos de distracción que me había brindado mi repentino ataque, me deslicé silenciosamente dentro del agua y nadé lo más rápido que pude hasta colocarme debajo de los pies del Akatsuki. La espada estaba sostenida por sus pálidas manos azuladas a apenas unos cm. de la superficie. Sin dudarlo ni un instante más me abalancé sobre ella y logré arrancársela, tomándola por el filo e ignorando el pulsante dolor que atenazaba mis manos que se desgarraban al contacto con ella.

- ¿Pero qué…? escuché que decía, sorprendido por la súbita desaparición de su arma.

Levantando agua a raudales aparecí a su lado, con Samehada fuertemente asida entre mis manos.

- Ingenua… esa espada sólo me obedece a mí – me dijo con una confiada sonrisa, muy seguro de sí misma.

Le devolví el gesto, alzando el arma para que pudiera ver las espinas que surgían del intrincado diseño de la dorada empuñadora y que atravesaban mis dedos. Los pequeños y siniestros ojos del Akatsuki seguían el rastro de sangre que resbalaba por ellos y goteaba hasta el agua, observando cómo el intenso color se desvanecía en la transparente y opalina superficie.

Con un rápido movimiento, lancé una estocada de manera horizontal que si bien apenas logró rozarlo, le causó un pequeño corte en la mejilla. Retrocedió, agarrándose la herida y con el rostro contraído de furia. Mientras tanto, yo usaba el arma para deshacerme de los dos clones que mantenían apresados a mis amigos.

Con un sonoro estallido se desvanecieron en una nube de agua, y la líquida prisión se deshizo en cuestión de segundos.

Kisame alzó la mano, furioso y ya no pude evitar que la espada acudiera a él. Sin embargo, en esos momentos yo me arrodillaba junto a Naruto, mientras él se abalanzaba sobre mí abrazándome con desesperación pero con sumo cuidado para no lastimar mi sangrante espalda.

- ¡Sakura-chan, sabía que lo lograrías! – murmuraba una y otra vez, mientras me sostenía por los hombros y observaba con preocupación todas las heridas que cubrían mi cuerpo. – ¡Ese maldito bastardo, pagará por todo lo que te ha hecho! – dijo incorporándose y apretando los puños con tal fuerza que sus nudillos comenzaron a palidecer hasta volverse completamente blancos.

- No… esta vez yo me desharé de él – le dije con tono decidido, acercándome a Gaara y juntando mis manos para curarlo. Un halo verde apareció alrededor de ellas y procedía a cerrar con sumo cuidado, los rasguños y cortes que la arena mojada había causado sobre su cuerpo.

- ¿Pero qué estas diciendo Sakura-chan? Mírate, tu ya has hecho suficiente al salvar nuestro pellejo. Además no dejaré que pelees en esas condiciones.

Arqueé una ceja divertida y le contesté:

- No creo haber pedido tu permiso para luchar Naruto. Soy una kunoichi perfectamente capaz y preparada para enfrentar al enemigo que se me ponga enfrente. No planeo dejar esta pelea a medias y además… no dejaré que nadie me llame inútil – agregué alzando la mirada con el ceño fruncido.

Finalmente había terminado de curar las heridas de Gaara y me acerqué a mi rubio compañero para realizar el mismo proceso.

- ¡De eso ni hablar! No quiero que desperdicies tu chakra en mí. Y yo lucharé contra Kisame, digas lo que digas.

Lo miré con los brazos en las caderas. Naruto tenía tan grabado en su sangre el instinto por protegerme que primero se dejaría desollar vivo antes de permitir que alguien me pusiera un solo dedo encima.

- Bueno en ese caso…

De un rápido movimiento lo tiré suavemente sobre el piso. Una exclamación de sorpresa surgió de sus labios, pero no trató de resistirse. Sabía perfectamente, al igual que lo sabía yo, que nunca en mi vida le haría daño. Ni siquiera aunque mi propia vida dependiese de ello. Sin embargo, esta vez sería un poco diferente.

- Perdóname – le susurré al oído antes de concentrar una pequeña cantidad de chakra, que esta vez resplandeció con un destello amarillo, como la arena que nos rodeaba. Gaara comenzaba a despertar, así que no tenía que preocuparme porque el Kazekage interrumpiera mi próxima batalla. Pero Naruto… él no me dejaría pelear ni siquiera aunque lo amenazara con dejar de hablarle por el resto de mi existencia.

Coloqué mis dedos sobre su cabeza y mi rubio amigo se quedó inmóvil con sus ojos abiertos en una muda pregunta. Pregunta que sus labios no podían pronunciar porque lo había dejado totalmente paralizado. Él no entendía las dimensiones que había tomado esta batalla y lo mucho que ésta significaba para mí. Ya no era una cuestión puramente bélica, si no que se había tranformado en algo muy personal. Quería demostrarle a Kisame y también a mí misma que yo no era ninguna debilucha. Y pagaría caro su atrevimiento al insinuar mi inutilidad.

Aún más temblorosa que antes por las energías que había empleado para curar al Kazekage, me incorporé lentamente, apartando con una de mis manos los mechones rosados que cubrían mi cara y ensombrecían mi rostro.

- Vaya, vaya eres una chiquilla necia y testaruda. Eso sólo te traerá fatídicas consecuencias.

- Pruébalo – le dije, mientras me quitaba los guantes de pelea. Ya no me servían de nada, estaban destrozados por las espinas que habían surgido de la espada de Kisame.

Antes de que éste pudiese reaccionar, di un enorme salto hasta posicionarme en uno de los techos que Gaara no había podido aprovechar por la húmeda arena. Mis pies se hundían en aquél traicionero terreno, pero de todos modos mis intenciones no eran quedarme allí parada. Concentré chakra en mi puño y me lancé desde el tejado para proporcionar mayor impulse a mi golpe.

- ¡SHANNARO! – grité cuando mi mano hizo contacto contra el agua y rompió la superficie en una encrespada ola que se alzó furiosa, como una silenciosa protesta en contra de quien hubiera tenido la osadía de quebrantar su aparente paz. Pero aunque el espeso líquido frenó un poco mi descenso, no fue suficiente para que el impacto causara un enorme y profundo cráter.

En él se vertieron todas las aguas de aquél lago que no debería estar allí y que fue creación de Kisame.

Exhausta pero complacida ante la desencajada mandíbula de Kisame, que no podía mirarme con otra cosa que no fuera sorpresa, le dije:

- Muy bien… ahora ya no tendré que lidiar con tus estúpidos tiburones.

Sabía que eso no serviría de mucho, pues el Akatsuki era tan hábil en el agua como fuera de ella, pero yo tenía una ligera ventaja, aunque sólo fuera en teoría. Había descubierto el punto débil de Kisame, aunque también era su mayor fuente de fortaleza: su espada.

Cuando la había tenido entre mis manos, claramente pude sentir el torrente de energía que fluía dentro de ella y que seguramente tenía el chakra de Kisame imbuido en ella. Tal era la fuerza que desprendía, que parecía palpitar con vida propia y pulsaba contra mis dedos como si quisiera liberarse de mi agarre. Sin duda era un arma prodigiosa, pero sin ella esperaba que el Akatsuki quedara indefenso, o por lo menos, bastante debilitado.

Y aunque no tenía ni la más leve idea de cómo haría para despojarlo de su preciada carga, de un modo o de otro me desharía de ella, aunque tuviera que partirla a punta de puñetazos.

- ¿Crees que me has vencido solamente con eso, mocosa? Pues estás muy equivocada – dijo, mientras alzaba a Samehada, que tal como yo ya sospechaba, era la fuente de toda aquélla monstruosa cantidad de chakra de la que Kisame podía recurrir para mantener siemrpre estable sus reservas de energía. Era por eso que mientras yo me encontraba totalmente exhausta por la batalla, él, por el contrario, ni siquiera jadeaba, fresco como la lechuga.

La arena encharcada dificultaba los movimientos y yo esperaba que eso funcionara en mi ventaja y que no se truncara en un serio aprieto en el momento más crucial de la batalla. Me encarreré como pude hasta donde se encontraba un inmóvil y expectante Kisame a la espera de mi ataque.

Justo cuando me encontraba a su alcance y él se preparaba para descargar a Samehada contra mí, formé un par de sellos y exclamé:

- ¡Kawarimi no jutsu! – Pero nada ocurrió y vi venir el arma sin que yo estuviese preparada.

Toda la furia del ataque fue a dar a mi estomágo. La ropa desgarrada y la sangre saltó por los aires, lanzándome hacia atrás con una violencia que yo creía imposible. Caí boca arriba, con un intenso dolor que me recordó que también mi espalda había comprobado el filo de Samehada.

- Ya no tienes fuerza, y no hay un solo cm. de tu cuerpo que no esté magullado. ¿Por qué sigues peleando? – me preguntó burlonamente, caminando pausadamente hasta donde yo me encontraba.

- Porque me has llamado inútil – le contesté, levantándome de un salto y limpiándome la sangre que escapaba de mi boca con el dorso de la mano.

No podía ser de otra manera. Tendría que tomar al toro por los cuernos y arrebatarle esa espada de una maldita vez. Si el Kawarimi no jutsu no había servido entonces arremetería contra él con mi cuerpo como único escudo.

- Eres realmente estúpida, mucho más de lo que yo mismo imaginé. ¿En qué estabas pensando cuando hiciste ese jutsu indigno de una chuunin como tú? Mi espada absorbe el chakra como ya te debiste de haber dado cuenta, y en su radio de acción ninguna técnica basada en el chakra hace efecto.

Sí, había sido estúpida. ¿Cómo pude haberme olvidado de ese detalle? Con razón los ataques de Gaara habían sido inútiles contra él y mis propios puñetazos, que yo creía tan certeros y fatales, perdían fuerza cuando se interponía Samehada entre ellos.

La urgencia de quitarle esa espada se volvió aún más apremiante y tomé una última decisión.

Salté hacia atrás para crear una distancia prudencial entre nosotros y cargué contra Kisame con mis últimas fuerzas.

- Que chiquilla tan latosa – murmuró cuando lanzó una estocada que iba directo hacia mi corazón.

Yo ya iba preparada. Con mis manos detuve el impacto y aunque las filosas cuchillas penetraron hasta mi hueso causando un dolor tan intenso que por un momento me hizo dudar de mi propia determinación, sostuve el arma inmovilizando de esta manera al Akatsuki. La fuerza de la colisión entre ambos cuerpos había causado serios estragos en mí. La sangre brotó a chorros por entre mis dedos y al notar que ciertas partes de la espada habían atravesado limpiamente mi carne y sobresalían de ella en un tétrico espectáculo, alcé la vista complacida para enfrentar las pequeñas pupilas que me miraban con asombro. No podría deshacerse de mi agarre tan fácilmente.

A pesar del pulsante ardor que hacía estremecer cada fibra de mi consciencia, cerré uno de mis puños y concentré todo, absolutamente todo el chakra que restaba en mi cuerpo, a riesgo de perder la vida en el proceso.

- Esta vez tus sucios trucos de nada servirán – le dije con una media sonrisa, asiendo a Samehada con la mano que tenía libre de tal modo que Kisame no podía moverse sin soltar la espada. Y como yo bien sabía, eso no ocurriría.

Impregnando el golpe con toda la potencia de la que me vi capaz, le propiné tal puñetazo a la espada que por un instante creí que me destrozaría la mano.

Sorprendida por la brutalidad de mi propio ataque, solté a Samehada retrocediendo, tambaleante. Por unos segundos que se me hicieron eternos nada ocurrió y desolada, pensé que de nada había servido mi ataque. Sin embargo un sonoro crujido rasgó el aire, rompiendo el opresivo silencio que nos envolvía.

Y momentos después la espada cayó, partida en dos trozos exactamente iguales. Inutilizada sobre la húmeda arena, dejé escapar un suspiro de triunfo que, de alguna manera, sustituía el grito de victoria que me moría por prorrumpir pero que mis escasas fuerzas no me podían permitir.

Kisame me miraba con el rostro contraído de furia, pero en sus pequeños y malévolos iris creí apreciar un fulgor de auténtico terror.

- ¡Maldita perra! – gritó enarbolando la mitad de Samehada que todavía sostenía entre sus manos. Seguía siendo un arma terrible si tocaba mi piel, pero al menos ya no sustraería el chakra de mis golpes.

Y ése era precisamente el problema. Yo ya no tenía ni una sola gota de energía en mi cuerpo y estaba completamente agotada. Sabía que no podría mantenerme de pie mucho más tiempo, y esquivar el golpe que se me venía encima me era, literalmente, imposible.

Por un momento cruzó por mi cabeza la idea de usar la nueva técnica que Tsunade-sama me había enseñado, pero inmediatamente la deseché. Todavía tenía que sellar al Shukaku dentro de Gaara y no podía darme el lujo de desperdiarla en Kisame.

"Ni modo" pensé, mientras el puñetazo de Kisame me cruzaba la cara. Escupí un poco de sangre, pero esa era la oportunidad que estaba esperando. Tomé su mano con la mía y le asesté una patada en medio del pecho, que si bien no tenía toda la potencia que yo hubiera deseado, sí lo arrojó contra el suelo.

Rápidamente llegué a su lado y con una amarga sonrisa le dije:

- Los insectos inútiles suelen perecer al final.

Alcé el puño y sustraje la energía de mis funciones vitales, tanta como me atreví, para crear un poco más de chakra. Mi último golpe contenía toda la frustración por haberme llamado inútil, toda la desesperación que había tenido que pasar en los cinco minutos observando cómo mis amigos se ahogaban poco a poco frente a mis ojos, toda la ira que traía acumulada porque su maldita organización Akatsuki tenía entre sus miembros al causante de la partida de Sasuke… en fin… Tal vez no fue el chakra que le imbuí al puñetazo, tal vez sólo fuera la fuerza de todas estas emociones que había estado tratando de contener y que explotaron en ese crítico momento.

Sentí sus costillas y su pecho deshacerse bajo mi mano, y claramente escuché el crujido que producieron al romperse en mil pedazos. Sus huesos y su corazón cedieron ante el ímpetu de mi ira y cuando el último aliento exhaló de su boca en un agónico jadeo, me derrumbé a su lado, incapaz de moverme.

Lo había logrado… Le había demostrado al mundo lo que le pasaba a las personas que osaban poner en duda la fuerza y la valía de esta chica… Sakura Haruno.

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Ahora pasare con los agradecimientos de mis apreciados fans :

X-Haiass-X: Creo que en algo coincidimos y es que Sasuke y Kirtash son igualitos... Y oh por Dios a los dos los adoro o Je je en fin... muchas gracias por tu coment y si... pobrecito Gaara sufre mucho con el agua por que el controla la arena y pues ya ves... pero en el prox. capi tendra un papel muy relevante. Ahh por cierto les traje un especial de Navidad y en el segundo capi es cuando a Naruto ejem... digamos que se le "alborotan las hormonas" XDDD Ya veras, espero que esta pequeñisima probadita de lemon (si es que puede considerarse como tal XDDD) sea de tu agrado. Espero seguir leyendo tus reviews y que sigas a la espera del prox. capi que espero no tardare mucho en postear.

Lauriita-Chan: Muchas gracias por el comentario de las batallas, verdad que los sentimientos son mas faciles?? U.U Pero bueno es en este capi donde veras mejor mi desempeño con las peleas, por cierto con este capi batalle mucho porque me cuesta describir las cosas pero a ver ya juzgaran ustedes. Espero tus reviews

Chivizuke: En este capi veras a una Sakura mucho mas madura y decidida y conoceras esa faceta tuya que yo tambien he tenido poca oportunidad de ver en el manga y que sin embargo se que esta chica es muy fuerte. Por eso creo que solamente ella le podria seguir el paso a Naruto je je... Y si... pobre Narutin esperemos que el chapulin colorado lo rescate esta vez XDDD (nee sera su queridisima y amada Sakura)

desirable-hate: Je je muchas gracias por tu coment. Si, yo trato de ser muy detallista en todo lo que hago y mas para la escritura U.U lo que a veces hace que me tarde tanto tiempo en escribir y por eso no les puedo traer la conti tanto como desearia... En fin... muchas gracias por tu review y espero que lo sigas leyendo. Por cierto me lei tu fic Dramione, creo que fue el de Muñeca de Porcelana y me gusto mucho... Dices que tiene un contenido muy tragico, no te preocupes mis one-shot suelen ser igual de dramaticos y tengo uno NaruSaku que escribi cuando me sentia muy triste y enfadada y me quedo... demasiado tragico XDDD Pero no se compara con el otro, el mas reciente one-shot que me quedo tan dramatico que tuve que agregarle algo al final para que no quedara tan sadico U.U

TanInu: Wiii que bueno es tener otra fan como tu que deja sus reviews!!! No sabes que feliz me hace que despues de esforzarme tanto en los capis pueda leer los coments dejados por otros users y que ademas ver que mi fic poco a poco va ganando sus fans... te agradezco mucho tu review y espero seguirlos leyendo. Por cierto, coincidimos en los gustos NaruSaku XDD Es que simplemente yo no soporto el NaruHina, a mi que no me lo pongan ni en pintura puaj... los pocos fics que he leido cambian demasiado el caracter de ambos personajes... U.U