Gracias por los comentarios! Veamos a ver sobre qué escribe Castle...
Por cierto, supongo que la mayoría os habréis dado cuenta, pero por si acaso... nótese que no pongo "Nikki" o "Kate" a la ligera. ;)
El sonido de la puerta principal del loft de Castle seguido de una lejana charla despertó a Nikki, tras haber dormido más de lo habitual. No reconocía aquellas voces, así que antes de abrir los ojos trató de situarse.
Tenía las piernas enredadas alrededor de las de alguien... Algo hizo "click" en su mente y el recuerdo la terminó de espabilar. Madre mía, Richard Castle la iba a matar... ¿cómo había podido quedarse dormida?
Abrió los ojos y lo primero que notó es que ya había amanecido, así que debían ser más de las 7. Richard estaba tumbado en el sofá, y eran sus pies los que sentía en las rodillas. Por cómo descansaba su portátil en el regazo, se había quedado dormido con ella. Un sentimiento de infinita ternura y agradecimiento la recorrió por completo. No había querido despertarla. Había pagado cientos de dólares por cada hora que ella estuviera con él, y sin embargo la había dejado dormir.
Alguien se aclaró la garganta a su derecha, haciendo desaparecer su sonrisa, y giró la cabeza para encontrarse a las dos mujeres que habían interrumpido su sueño. Desde luego, aquella se estaba volviendo una situación cada vez más surrealista.
-Hola - saludó Nikki, con la voz ronca y algo tímida.
-Buenos días - le devolvió el saludó la mujer mayor (que Kate supuso era la madre de Richard), con una sonrisa. Al parecer la escena le resultaba divertida.
-Abuela, ella es Nikki - aclaró Alexis.
Aprovechó que no podían verla por debajo de la manta que los cubría para darle una pequeña patadita a Richard en busca de socorro.
-Encantada, querida. Yo soy Martha, la madre de esa marmota - repuso, señalando a su hijo, que al abrir los ojos se sorprendió un poco de encontrar tres pares de miradas en su dirección.
-Mmmm, buenos días - se estiró mientras bostezaba, sin darse cuenta de que Nikki daba un pequeño respingo al notar cómo su pie subía hasta tocarla en terreno peligroso, y se llevó la mano al cuello. - Ay, creo que voy a tener tortícolis una semana.
Martha resopló, se despidió con la mano y subió por las escaleras aún conteniendo la risa.
-Lo siento - se disculpó Nikki, sintiéndose aún más culpable.
-Bah, creo que sobreviviré, pero ya me debes dos - contestó restándole importancia y levantando dos dedos.
Después se inclinó un poco hacia Alexis mientras se tocaba la mejilla con el dedo índice. La muchacha respondió con un beso.
-Buenos días, papá - siguió a su abuela. - Me voy a cambiar, que tengo clase.
El pequeño saltito que dio Nikki antes de mirar su reloj no pasó desapercibido para el escritor, pero justo cuando iba a preguntarle por ello, volvió a tumbarse en el sofá y, asegurándose de que ni Martha ni Alexis estuvieran observando, comenzó a acariciarle los pies.
-De verdad que siento haberme quedado dormida - le dijo mirándolo a los ojos.
-Yo no.
-¿Ah, no? - preguntó ella sorprendida.
-No, porque sé que me lo vas a compensar con creces - le sonrió él, con una sonrisa que dejaba ver claramente en lo que estaba pensando -, y además... ha sido una noche muy productiva - informó, levantando un poco su portátil, que aún seguía entre sus manos.
Nikki no pudo más que sonreír:
-¿Ahora? - miró al piso superior. Alexis y Martha, como mínimo, les oirían, y no estaba muy segura de que él se sintiera cómodo con ello.
-No, cuando se vayan, claro.
-¿Quieres que me vaya y vuelva más tarde?
-¿Tienes todo el día libre?
-En principio sí. A no ser que me llamen. Así que me tiene todo el día para usted, señor Castle - le contestó, con la mirada más provocativa que pudo adoptar y recorriendo las piernas de él de abajo a arriba con sus manos.
Castle se quedó mudo, incapaz de apartar los ojos de ella:
-¿Por qué... por qué no lees un poco y-y... mientras yo hago el desayuno? - consiguió articular. - Por favor,... pa-para - se levantó rápido del sofá.
Ella se rió, le gustaba torturarle, porque estaba adorable cuando se ponía nervioso.
-Me portaré bien - prometió, mientras él le daba su ordenador y se quedaba de pie frente a ella.
-¿Quieres ponerte algo más cómodo?
-Pensé que te gustaba este vestido - le provocó ella, pasando la mano por su escote.
-Hombre... preferiría que no lo llevaras puesto - le sonrió él. - En serio, seguro que encuentro algo más cómodo que puedas ponerte.
La cogió de la mano y la obligó a levantarse para guiarla a través de su despacho hacia el dormitorio principal. Rebuscó un poco en su armario y le ofreció unos vaqueros y una camiseta de mujer, junto a un cepillo de dientes sin estrenar.
-Creo que te servirán. Cámbiate aquí o en el baño, yo voy a preparar algo de comer. Tienes toallas limpias ahí, si te apetece ducharte.
Nikki entró en el cuarto de baño y cerró la puerta a su espalda. Tenía intención de aceptar la ducha que él le había ofrecido... pero cuando vio la enorme bañera que el escritor poseía cambió de idea al instante. Le encantaba darse largos baños de espuma, pero también le encantaba bañarse en compañía, y eso es exactamente lo que harían en cuanto Martha y Alexis saliesen por la puerta.
Se aseó un poco, se cambió de ropa y volvió al salón.
El portátil de Richard Castle había entrado en modo de suspensión cuando su dueño había dejado de utilizarlo al entregarse a los brazos de Morfeo, así que no tardó en encenderse y mostrarle a Nikki el primer capítulo de la que sería la nueva novela de su escritor favorito.
Comenzó la lectura de lo más ilusionada, pero su ánimo fue caldeándose por momentos. No le estaba gustando nada lo que leía: ella era la protagonista del fragmento. Bueno, la parte de Nikki que había en ella, para ser más concretos.
-¿Qué demonios te crees que estás escribiendo? - preguntó tratando de no levantar la voz en cuanto Martha y Alexis se marcharon, sin siquiera esperar a terminar las dos o tres páginas que le faltaban del capítulo.
Richard, que se dedicaba a poner sonrisas de chocolate a las tortitas que había preparado para desayunar, no le veía la cara y contestó inocente:
-Tranquila, ya te dije que es solo un borrador... Sé que hay muchos errores que corregir y pulir... Muchas cosas que no son exactamente así... pero espero que tú me las aclares y me cuentes más detalles.
-¿Que te cuente más detalles?
Ahora sí que cruzaron sus miradas. Los ojos de la detective echaban chispas, y el escritor se quedó mudo, sin saber qué iba mal.
Kate se puso rápidamente sus zapatos y recogió su abrigo y su bolso. Richard reaccionó a tiempo para agarrarla del hombro cuando ella ya estaba en la puerta:
-Pero... va a ser genial... una protagonista fuerte, guapa, lista... pensé que te sentirías alagada.
-¿Alagada? - Kate se giró para encararle, no daba crédito a lo que escuchaba. - Castle, tú escribes novelas de misterio, yo no puedo ser la protagonista de ellas.
-¿Por qué no? - volvieron a mirarse. - ¡Voy a hacer que tú investigues un crimen! Aún no he decidido si es que serás testigo de él o será el asesinato de alguien cercano a ti... ¡pero vas a hacerlo genial! No tendrás nada de lo que avergonzarte.
-¿Nada de lo que avergonzarme? - volvió a fulminarle con los ojos y Richard tragó saliva. Nikki abrió su bolso tan nerviosa que le costaba rebuscar en él.
-¿Qué importa que seas... una acompañante?
Si no estuviera tan alterada, Nikki, que seguía trajinando entre sus cosas, se hubiera reído en ese instante.
-Puedes decir "prostituta", Castle. Por Dios, que no me voy a asustar y tú no tienes 5 años. No sé qué parte es la que no entiendes, pero te lo voy a explicar muy claro: sí, soy prostituta, y no puedes escribir un libro basándote en mí porque, por si no lo has notado, trato de mantener un poco de privacidad en mi vida. ¿Acaso no escuchaste nada de lo que te dijo Lyah?
Por fin encontró lo que andaba buscando, así que abrió la puerta, le tiró su maldito dinero a la cara y salió dando un portazo tras ella.
