Harry Potter sigue siendo de Jotaká Erre.

Flores Para Narcissa

Nueve

Cuando descubrió que iba a tener una hermana pequeña la alegría la desbordó. ¡Una hermana! ¡Un bebé! No puede haber nada más entusiasmante que una pequeña criatura a la que enseñarle cómo combinar zapatos y vestidos. No puede haber nada mejor que ser hermana mayor.

Lo disfrutó durante todos estos años. Astoria era su ojito derecho. Era su vida entera. Era el ser al que más amaba de todo este mundo. Habría hecho lo que fuera por ella.

Lo que fuera.

Daphnee se ajustó la capa sobre los hombros. Miró su reflejo durante unos instantes. La oscuridad de la noche envolvía su silueta, a penas alumbrada por un rayo de luna. Le habría gustado poder decir que estaba segura de lo que estaba a punto de hacer, pero habría mentido vilmente. Suspiró pesadamente y ajustó la capucha sobre su cabeza.

Las puertas de cristal de su balcón estaban abiertas, las cortinas de color azul se balanceaban suavemente, empujadas por la cálida brisa. Aquella era de las pocas noches en las que no llovía durante el verano británico. Daphnee acarició una de las cortinas con dedos temblorosos. Estaba aterrorizada, pero tenía que hacerlo. Por el bien de todos.

―¿Daphnee? Cariño, ¿estás despierta?

No contestó a la llamada de su madre. Contuvo la respiración, observó la sombra que creaban los pies de la mujer en la rendija de la puerta, por la que se colaba la luz ambarina de una vela.

―¿Está ya acostada?

La voz de su padre se unió a la sinfonía nocturna que la envolvía.

―Antes ha dicho que se encontraba mal. Supongo que está dormida. Dejémosla descansar.

Los pasos se alejaron y la luz desapareció con ellos. Nuevamente a solas volvió a encarar a la lejanía. Allí, entre los árboles frondosos que rodeaban el merendero del jardín, apareció una suave luz. Un lumos tenue pero lo bastante fuerte como para que lo percibiera desde lejos. Miró hacia atrás, hacia la puerta que la separaba de su hogar. Apretó en su mano la joya que siempre llevaba al cuello desde que sus padres se la regalaron. Agarró su varita y saltó al vacío.

Cuando llegó al suelo se permitió acariciar la suave hierba que había parado su caída. Y después echó a correr a toda prisa. Corrió como si quisiera huir de todo. Estaba a punto de cometer una locura. La mayor locura que cometería jamás. Y aunque en unas horas volvería a casa como si nada, sabía que todo habría cambiado. Temía que su percepción de la vida fuese diferente al volver a casa. Y temía que la vida dejase de tener sentido, por eso trataba de disfrutar de cada pequeña cosa. Como la hierba de su jardín. Como si fuese la última vez que pudiera gozar de la simpleza del mundo.

Junto al merendero pintado de blanco la esperaba Theodore, con los ojos fijos en el cielo estrellado, las manos en los bolsillos y esa actitud de aburrida condescendencia que arrastraba desde que tenía uso de razón.

―No creí que vinieras realmente.

―Te dije que lo haría.

Él se dio la vuelta y la miró desde su imponente altura.

―¿Por qué estás haciendo esto?

―No es asunto tuyo.

Sabía que no insistiría más. Y que tampoco iba a preocuparse por ella. Theodore Nott era de esas personas que sienten curiosidad, pero que no se meten en la vida de los demás. Sabía que si quisiera decirlo, lo haría.

Cuando la agarró de la cintura para desaparecerse ella se dió la vuelta ligeramente. Miró la mansión de color crema en la lejanía. Observó la ventana de su cuarto, abierta. Observó la ventana cerrada justo a la derecha. Y se preguntó si ella sabía lo que estaba haciendo. Si la estaba mirando a través del cristal.

Y luego el remolino se la tragó.

Al volver a sentir los pies en el suelo se tambaleó ligeramente.

―Nott, ¿por qué has tardado tanto?

Theodore se encogió de hombros ligeramente.

―Tenía que hacer un encargo antes.

Draco abrió la boca, dispuesto a preguntarle de qué estaba hablando, pero la aparición de Daphnee lo interrumpió. Todos la miraron fijamente, atónitos. Pansy se apartó la capucha de la cara y corrió hacia ella. Le agarró las manos. Temblaban ambas como hojas caídas en Octubre. Se miraron a los ojos, desafiantes, frías, pero en el rictus de sus bocas se adivinaba el terror.

―¿Qué haces aquí...?

La voz de Parkinson era a penas un murmullo. Como si quisiera guardar algo de intimidad frente a los jóvenes que las acompañaban.

―He venido a unirme a la causa.

―Daphnee... Daphnee tu familia es... Tu padres no se ha unido. Nadie en tu familia se ha unido. No puedes estar haciendo esto por voluntad propia.

La rubia suspiró y apartó sus manos. Miró cada uno de los rostros que la rodeaban. Los ojos grises de Draco llenos de desazón e ira. Ya llegaría el momento de enfrentarse a él. La expresión de Pansy estaba llena de preocupación. Incluso el irritante Blaise estaba serio

―Tengo mis propios motivos para hacerlo. Respetadlos.

―No puedo hacerlo si no me los cuentas.

―Pansy, es suficiente. He venido porque quiero hacerlo. Theodore me ha traído porque yo se lo he pedido. Todo lo demás... Es asunto mío.

―Pero...

―Pansy ― Draco dejó caer su pálida mano sobre la cabellera oscura y densa de la chica ― Es suficiente. Daphnee es responsable de su piel, su futuro y sus decisiones.

La castaña se apartó suavemente de ellos y se alejó sin decir nada más. Por desgracia, Daphnee adivinó que tendría que soportar el inicio de su batalla contra el heredero Malfoy.

―No entiendo qué haces aquí, y no me gusta que estés aquí. Pero tengo que aceptarlo. Eso no quiere decir que lo entienda, y mucho menos que lo respete.

―No esperaba que lo hicieras.

―Estás loca.

Ella levantó la cabeza, clavó sus ojos verdes en los de él. Entrelazó sus dedos con los de Draco y apretó suavemente su agarre.

―Tengo que hacerlo.

La miró fijamente, casi sin parpadear. Más serio de lo que esperaba, pero supuso que Draco es de esas personas que demuestran su madurez en los momentos realmente necesarios. Algo extraño, porque hasta hacía poco era la persona más irresponsable e insoportable del mundo.

―Es por ella.

No era una pregunta. No era una intuición. Lo afirmaba. Lo sabía.

―¿Por quién más haría esto?

―Astoria no es una niña pequeña. Tiene doce años, Daphnee.

―No puede defenderse sola.

―No tiene por qué hacerlo. Tu familia es pura y defiende la causa desde lejos. No van a atacarla. No van a haceros nada.

―No lo entiendes.

―Explícamelo, entonces.

La joven dió un par de pasos hacia atrás y suspiró nuevamente. ¿Cómo podía explicárselo? Astoria era su hermana pequeña. Nació cuando tenía cuatro años, y cuando la sostuvo por primera vez entre sus débiles brazos su padre le dijo que era su responsabilidad velar por la felicidad de la niña si ellos no podían hacerlo. Le habló de la importancia del lazo que crea la sangre. Le habló de la importancia de la familia. Y Daphnee asimiló por completo cada una de sus palabras y las convirtió en su lema y su fuerza.

Se estaba uniendo a los Mortífagos, al Bando Oscuro, porque la amenazaban. Había encontrado las señales. Hombres vestidos de negro mirando fijamente a su hermana. Mujeres que la agarraban en mitad de la calle y le hablaban de la tortura y la muerte. Su padre quejándose a altas horas de la noche, hablando de que muchos Mortífagos lo presionaban para que se uniera a la causa.

Su padre era un hombre de fuertes ideales, pero no moriría por ellos. Ellos no eran la familia Malfoy. No eran los Nott. Eran una familia. Ponían a la familia por encima de cualquier cosa.

Eso era lo que ella estaba haciendo en ese momento. Estaba poniendo a su hermana, su pequeña, dulce, irritante y amada hermana por encima de sí misma. Porque eso es lo que las hermanas hacen.

¿Estaba dispuesta a contarle a Draco, su mejor amigo, todos sus motivos? No. No lo estaba, por supuesto que no. Porque era una mujer reservada y prefería mantenerlo como un secreto que pensaba llevarse a la tumba. No iba a contárselo a nadie, y tampoco pensaba alardear de ello el Hogwarts. Quería ser una sombra entre las sombras.

―Quiero que entiendas, Draco, que esta decisión no la he tomado a la ligera. Lo hago porque me creo capaz y porque tengo hacerlo. Fin de la discusión.

Se alejó del rubio con rápidas zancadas, se adentró en la oscuridad del bosque que rodeaba el claro en el que se habían aparecido y se dejó caer sobre una enorme roca. Abrazó sus rodillas y aspiró todo el aire que pudo con una honda bocanada.

―Mantente callada y habla sólo cuando se dirijan a ti directamente. Baja la cabeza. Y no grites. No te quejes. No hagas nada.

Al levantar la cabeza se percató de la silenciosa presencia de Nott. No la miraba a la cara, hacía un tiempo que dejó de hacerlo. Se levantó y se acercó a él despacio.

―¿Podrás perdonarme algún día?

―Yo no soy Malfoy. No voy a enfadarme contigo simplemente porque decidas unirte a la causa.

Ella sacudió la cabeza.

―No hablo de eso. Sabes a lo que me refiero.

Él dejó escapar una tenue risa y sus labios se estiraron brevemente en una sonrisa triste. La miró de reojo, sus ojos azules velados y sus larguísimas pestañas creando sombras en sus mejillas.

―Todavía no has hecho nada que no pueda perdonarte.

Sabía que no tenía que hacerlo, pero lo hizo. Se puso de puntillas, acarició su pelo oscuro, hundió los dedos entre las suaves hebras y lo besaó en los labios agrietados.

Theodore Nott sabía a promesas vacías, a mentiras por decir, a humo gris, a fuego fatuo, a pesadillas olvidadas y desgana. Se había llegado a preguntar si el beso de un Dementor sabría igual que los besos de Theodore Nott. Era una pregunta estúpida, pero no podía evitar asociar a su compañero con la muerte. Quizás porque él había sido marcado con ella desde el inicio de su vida. Quizás porque era de esas personas que piensan que a veces son necesarias las muertes de los inocentes para llegar a un bien mayor. No lo sabía. Sólo sabía que en su frío calor siempre encontraba el refugio a sus dudas. Porque Nott era eso. Su refugio, su escondrijo. Y ella era el de él.

Daphnee Greengrass era de esas personas extremadamente observadoras. Parecía fría, y segura y todas esas cosas típicas de una chica rica, guapa, inteligente y perfecta. Pero no. Daphnee Greengrass era, en realidad, de esas personas que se esconden en las sombras para no ser descubierta.

ººº

Cuando decidió unirse a la causa se creía muy mujer. Madura. Responsable. Ahora se da cuenta, demasiado tiempo después, que quizás tendría que haberse enfrentado a las cosas de otra forma. Ahora podría estar en Francia, con su familia, no huyendo de la muerte a todas horas. Comería platos deliciosos. Se reiría y se divertiría. No sabría lo que es pasar la noche en vela, aterrorizada. Y mucho menos sabría a qué huele el más puro terror.

Pero no se arrepiente, a pesar de todo. Ella no mira atrás, y tampoco se lamenta. Sí, podría estar ahora a salvo, rodeada de gente que la ama, pero está en peligro, escondida en una cabaña situada en el borde de un desfiladero. Rodeada de gente que la protege.

―¿Por qué la has traído?

Daphnee se retira el pelo de la cara y clava sus afilados ojos verdes en los castaños de Granger.

―Porque es necesaria.

Hermione Granger siempre le ha parecido seria, altanera y despiadada con las palabras. Podría haber sido una maravillosa Slytherin si no fuese por su sentido de la lealtad. Y su sangre. Pero a la mayor de las hermanas Greengrass ya no le importan esas cosas. Hace tiempo que dejó de amar la sangre por encima de todas las cosas.

―Necesaria.

Repite la palabra como si fuese un chiste de mal gusto. Al mirar hacia Draco este tan sólo se dedica a mirar hacia la ventana, como si las gotas que caen del cielo y se deslizan por el cristal fuesen realmente cautivadoras.

―Espero que tengas una explicación para todo esto.

―No la tengo.

―¿Puedo saber por qué? ¿Puedo saber qué mierda hacías y por qué no la vigilabas?

―No soy ninguna niña pequeña, no necesito que me vigilen.

Daphnee se levanta con elegancia y taladra a la castaña con sus ojos.

―Oh, sí. ¡Sí que necesitas vigilancia! ¡Inicialmente necesitabas que alguien te vigilase porque podrías salir huyendo en cualquier momento, pero ahora a ese motivo podemos añadirle que necesitas vigilancia porque te dedicas a robar objetos malditos para entretenerte!

―¡Maldita sea, Greengass, la he cogido porque-

―¡Basta!

Draco da un golpe sobre la mesa. Ambas jóvenes se giran hacia él.

―¿Vas a defenderla? ― silencio tenso y denso se extiende entre ambos Slytherin ― ¡Vas a defenderla, no me lo puedo creer! ― chilla finalmente la rubia, estupefacta.

―Tú no viste lo que presencié, Daphnee. Entiendo que estés enfadada, pero... No puedo ni explicarlo, y dudo que Granger sea capaz de hacerlo. Pero algo sucedió entre la vuelapluma y ella. Algo... Mágico.

―Oh, vaya, bienvenido al mundo de los magos, Draco Lucius Malfoy. Aunque te cueste creerlo, volamos sobre escobas en vez de usarlas para barrer, jugamos con varitas mágicas para asesinar a gente, no usamos medios de transporte porque tenemos polvos flú y algunos hasta pueden convertirse en animales por voluntad propia.

―Daphnee, por favor. Deja de comportarte como una niña.

Daphnee Greengrass puede encajar cualquier insulto. Pero no soporta que la llamen niña, y eso, desafortunadamente, es algo que Draco sabe muy bien.

―Haz lo que te dé la puta gana con ella ― le sisea a Granger con los dientes apretados ― No pienso estar presente cuando esa cosa quiera matarnos a todos.

Se marcha dando un portazo, dejando la habitación en silencio. Pansy suspira y sacude la cabeza antes de ir tras su compañera.

―¿Qué es lo que viste?

Theodore coloca sus pies sobre la mesa de madera y mete sus manos en los bolsillos. Observa fijamente a Granger con sus ojos azul tormenta, como si la pregunta hubiese sido formulada para ella, pero Draco conoce a su compañero a la perfección.

―Ya se lo he dicho a Daphnee. No sabría explicarlo.

Nott asiente una sola vez sin apartar sus ojos de los de la Gryffindor. La señala con la barbilla, como dándole a entender que quiere que sea ella quien explique lo que ha ocurrido.

―Ha sido una energía. Algo dentro de mí me ha llevado hasta la vuelapluma. Ésta, por alguna razón, sabía quien soy. Me convenció para que la cogiera, pero realmente no era necesario. Algo dentro de mi me decía que la cogiera.

―¿Y cómo la cogiste?

Granger se mira los pies, titubeante, y se muerde el labio antes de contestar.

―Lo... Liberé.

―Liberaste.

Ella suspira con el ceño fruncido, llena de rabia, frustración y confusión.

―Sí. Lo liberé. El poder. La energía. No sé lo que es. Simplemente me recorrió de pies a cabeza y me ayudó a deshacerme de las barreras protectoras.

―Pero no de la alarma.

―Cállate, Blaise.

―No eres divertido, Draco.

Nott saca una de sus manos del bolsillo y se revuelve el cabello.

―¿Crees que podrías volver a hacerlo?

―No lo sé.

―Bien ― dice él, encogiéndose de hombros como si careciera de importancia ― saca la maldita vuelapluma. Veamos lo que tiene que decirnos.

Granger saca el estuche de madera lacada de su bolsillo, lo abre con cuidado y acaricia la vuelapluma con la punta de los dedos. Alisson se sacude y se eleva en el aire hasta colocarse junto a la que parece considerar su dueña. Blaise acerca un pergamino húmedo para que pueda comunicarse con ellos.

Buenas noches.

―Bueno, es educada.

Por supuesto que lo soy, estúpido.

―Alisson, por favor.

Granger acaricia la pluma de color turquesa, como si fuese el suave pelaje de una mascota, con la intención de tranquilizar al objeto. Los jóvenes observan la interacción con expresiones serenas y ojos atentos.

―Hola, Alisson. Soy Theodore Nott y me gustaría hacerte unas pocas preguntas.

La vuelapluma se queda muy quieta en su lugar, así que todos lo toman como un aliento a que siga hablando.

―Tengo entendido que eres una vuelapluma maldita, pero hasta donde yo sé los objetos malditos no cobran vida y tampoco reciben un nombre. ¿Podrías explicarnos eso?

Bueno, eso tiene una explicación sencilla: mi alma fue encerrada en el interior de esta vuelapluma cuando todavía estaba viva. Mi maldición es la ira y la sed de venganza.

―Entiendo. Granger nos ha contado que sentía una conexión contigo. ¿Cómo es eso posible?

Cuando me echaron la maldición me dijeron que la única forma de liberarme era a través del mayor poder jamás empleado. El de la Sangre Nueva. La esencia mágica de esa joven es infinitamente más potente que toda la magia que me rodeaba en esa sala. Cuando la sentí recurrí a mi propia esencia para que viniera hasta mi.

―¿Y cómo sabemos que no vas a hacernos daño?

Granger le da la vuelta al pergamino para que Alisson pueda seguir escribiendo. Las palabras que la vuelapluma escribe a continuación los deja a todos sin aliento.

Porque soy la hija del autor de ese libro que os habéis llevado conmigo. Y puedo ayudaros a descifrar cada secreto que hay en su interior.

ººº

Draco se aparta el pelo de la cara, resopla y sube el último peldaño de las escaleras. La madera cruje bajo sus pies, el polvo se levanta con cada uno de sus pasos. La capa oscura se tizna de gris a medida que avanza hacia su dormitorio.

Ha sido un día interminable y le espera una larga noche. Granger ha decidido recluir a la vuelapluma maldita con ella en alguna parte de la pequeña casa. Hablaran con la tal Alisson más tarde, cuando todos hayan descansado un poco y tengan la cabeza algo más despejada. Sabe que no va a poder dormir, pero tiene que intentarlo.

Una risa tierna se escucha desde detrás de la puerta del dormitorio que comparte con Granger. Al asomarse ligeramente la ve acariciar con suavidad a la vuelapluma antes de que esta se meta en su estuche de madera, como si también tuviera que dormir. Observa que, al lado de la lámpara de aceite que usan para iluminar la estancia, está el cadáver de un pequeño ratón.

Se dispone a entrar pero Granger se levanta bruscamente, como si estuviera enfadada. Me ha visto y piensa que estoy espiando piensa. Pero la joven no le grita y tampoco se acerca. Sólo empieza a desnudarse.

La luz de la lámpara de aceite es anaranjada y le da un bonito color dorado a su piel blanca. Sus bragas son de algodón y no van a juego con su sujetador negro, pero el tierno lazo que las adorna le parece demasiado llamativo como para fijarse en eso. Lleva un calcetín de cada color y en sus rodillas se adivinan pequeñas cicatrices y heridas, seguramente causadas por alguna huida por el bosque. La ve sujetar su pelo en una coleta, sus desordenados rizos acarician su espalda con suavidad, y se siente absorbido por cada una de las pecas regadas por sus hombros.

―Si no te conociera tanto como te conozco pensaría que te gusta lo que estás viendo.

Pansy le mira cono ojos pícaros, pero puede escuchar la rabia en su voz. Así ha sido siempre. Lo dejaron hace mucho, pero ella siempre va a ser posesiva con él. Y aunque él no quiera reconocerlo, también le cuesta ver a otros acercarse a ella.

―No sé de lo que estás hablando.

―Tienes la misma expresión que llevabas cuando descubriste que las mujeres tenemos tetas. Así que supongo que Granger deja de ser un híbrido entre humano y troll para tus ojos. ¿Es una erección lo que veo entre tus piernas?

Draco se tapa la casi inexistente erección – porque es inevitable empezar a endurecerse cuando ves a una mujer hermosa desnudarse – y la fulmina con la mirada.

―¿Dónde está Daphnee?

―¿Quieres preguntarle si le apetece unirse a tu pequeña sesión de cotilleo sexual? Siento decirte que la etapa de experimentación lésbica de Daphnee terminó el verano pasado.

―No seas estúpida, Pansy.

Ella se ríe y, de cierta forma, es un sonido que le tranquiliza. La risa de Pansy le evoca a sus primeros años en Hogwarts, cuando todo era más sencillo, a los veranos tranquilos en Malfoy Hall y la seguridad de su hogar. Pansy no es tan cálida como puede llegar a ser la chica Greengrass. Es más huraña pero a la misma vez es más sencilla. Puede parecer estúpida, pero debajo de ese cabello largo y brillante se esconde una de las mentes más brillantes y manipuladoras que ha tenido el placer de conocer.

―Dice que no quiere verte. Blaise nos ha traído las impactante noticias sobre la vuelapluma, pero sigue molesta contigo por ponerte de parte de Granger. Va a costarte bastante volver a ganarte los mimos de la rubia, Draco.

Draco sabe que Daphnee no se ha enfadado por eso, y sabe que Pansy también lo sabe. Pero es más fácil decir esas tonterías (y hacer como si fuesen verdad) que tratar de entender la intrincada mente de Daphnee Greengrass. ¿Por qué? Porque nadie es tan reservado como la rubia serpiente.

―Vete a dormir, Pansy. Mañana empezaremos con la investigación. Con suerte avanzaremos un poco con la ayuda de esa tal Alisson.

Pansy sonríe suavemente, su expresión cambiando radicalmente. Agarra con su índice el dedo anular de su amigo y aprieta ligeramente. Él le devuelve el gesto antes de meterse en la habitación sin decir nada más. Eso es lo bueno de haber salido con Pansy Parkinson: algunas cosas no necesitan decirse con palabras.

Ahora sólo tiene que enfrentarse a la realidad: va a pasar otra noche más en compañía de Hermione Granger.

―¿Puedes traer otra manta? Hace frío.

Le gustaría decirle que no debería dormir en ropa interior, pero decirlo le dejaría claro a la joven que la ha estado espiando hasta hace unos minutos. Y no está dispuesto a morir esta noche.

Coge una manta polvorienta del interior del armario, la sacude un poco y la coloca sobre la cama. Cuando se tumba bajo ella, después de quitarse los zapatos, suelta el aire lentamente.

―Malfoy.

―¿Hmm?

El silencio a penas se rompe por sus respiraciones. La lámpara de aceite sigue encendida. El mar se escucha a lo lejos, esta noche está menos embravecido.

―Nada. Voy a apagar la luz.

No contesta, pero sabe lo que ha estado a punto de decirle la joven.

Él también está acojonado.


¿Hola? ¿Alguien por aquí?

¡Oh diablos, qué horror!

Sinceramente, me da vergüenza haber tardado tanto, pero ya sabéis cómo son estas cosas. A veces la inspiración se larga y te deja en bragas. Esto quizás os parezca relleno, pero no lo es. Bueno, para qué mentirnos, lo es. Es relleno del malo, pero con un toque de "WHOOOOAAAAAAAAA" gracias a Alisson AKA La Vuelapluma Sassy.

Quería comentaros que escenas como la del principio del capítulo, en pasado y desde el punto de vista de algún Slytherin (en este caso, Daphnee) van a ser recurrentes de vez en cuando. Una buena forma de que conozcamos la historia de cada uno de ellos de forma algo más directa sin que interrumpa el hilo de la historia. ¿Quien os gustaría que fuese para la próxima vez?

Eso me recuerda que estoy iniciando un pequeño proyecto independiente pero también relacionado con la casa de Salazar. ¿Alguna vez habéis tenido alguna duda sobre algún Slytherin? ¿Algún pairing desconocido? ¿Alguna vez os habéis preguntado cómo reaccionaría o viviría un determinado Slytherin alguna situación? ¿O simplemente habéis querido divertiros leyendo alguna anécdota graciosa sobre las serpientes de Hogwarts? Si es así no dudéis en mandarme vuestras sugerencias para viñetas y/o OS por mensaje privado, en un review, en mi página de FB (www punto facebook punto com slash MissMantequillaFF) o en mi tumblr (illeatyourheartandfuckyourmind punto tumblr punto com). Haré una recopilación de todos vuestros prompts e ideas en una nueva historia llamada "Slytherin y otras enfermedades". ¡Animaros a participar, cualquier idea es bien recibida!

See ya, luvs!