Este fic participa en el reto anual "Long Story" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.
Disclaimer: Tanto Hermione, como Fred, y los demás personajes, escenarios, etc, pertenecen a Jotaká. Solo hago uso de ellos por diversión.
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Travesura realizada.
—¿En dónde diablos te habías metido, Hermione? —se quejó Ron cuando la vio aparecerse con los ojos rojos y la túnica mojada por el pasillo. Sin decir nada, se sentó a su lado. Al parecer, Fleur había encontrado el camino, ya que se hallaba hablando con Charlie por encima de Bill, George y Percy.
—Estaba en el castillo —respondió sencilla, mirando con los ojos entornados a la rubia sentada a pocos asientos de distancia.
—Aunque no lo creas, te juro por los calzones más harapientos de Merlín que eso ya lo sabía —exclamó el pelirrojo con ironía, y ella se limitó a cruzar sus piernas, colocar sus manos delicadamente sobre las rodillas, y cerrar los ojos. El mundo alrededor de ella se podía esfumar, que no lo notaría.
—Te perdiste a mucha gente, Herms —susurró Ginny a su lado, pero fue totalmente ignorada. Poniendo los ojos en blanco, le tocó el hombro, pero lo único que logró fue que su amiga moviera un brazo en señal de que estaba viva, por lo menos—. Ya llamaron por Remus y Tonks, Andrómeda dijo que era mejor que se hubieran ido con Teddy, pero... ¿tú y esa se fueron juntas a hacer qué?
—Juntas no —negó con un hilo de voz, aún sin abrir los ojos—, es largo.
—Estás rara, ¿lo sabías?
—Ron, tú eres raro y nadie te lo anda diciendo a cada rato —ante esto, se sintió de parte de Harry algo así como "mujeres", y los dos chicos se pusieron a charlar de espaldas a Hermione y Ginny.
—También pasó Moody, ¡hasta Snape! No pensé que tanta gente tuviera ganas de levantarse e ir a rendirle homenaje —admitió la pelirroja, y su amiga se encogió de hombros—. Creo que uno de los próximos es él.
—¿Cómo...? —preguntó la mayor, algo perdida. Abrió los ojos y miró alrededor antes de voltearse y preguntar—. ¿Ya viene? Es decir, faltan muchas letras, ¿no es así? Snape, "s"... T, u, v... ¡"W"!
—¡Es lo que te digo! En serio, estás actuando raro, Hermione. ¿Algún día te dignarás a decirme qué te ocurre? —se quejó, frunciendo el ceño.
—¿No te parece suficiente motivo para estar así el funeral de tantas personas queridas?
—Sí, claro —admitió Ginny, habiendo sido sorprendida por la respuesta; sinceramente, se esperaba algo así como que ya se hubiera puesto de novia con Ron, o por el estilo.
—Espero que...
—Weasley, Fred —sintieron la voz amplificada del mago en túnica negra, y el mundo pareció detenerse para esa familia de pelirrojos en segunda fila.
Todo sucedió como si estuvieran en una película antigua: no se escuchaba palabra alguna, y los pelirrojos veían el mundo sin color.
Molly fue la primera en levantarse, de la mano de Arthur; ambos tenían los rostros tan desencajados que parecía que les hubieran confundido hacía pocos segundos. Percy comenzó a sollozar de forma audible en su lugar, y al no dar muestras de querer levantarse, Charlie y Ginny lo tomaron cada uno de un brazo y lo obligaron a caminar. Bill iba detrás de esa extraña formación de familiares, abrazado a Fleur, pero ninguno de los dos parecía poder consolar al otro; las lágrimas resbalaban por sus rostros de igual forma, y la belleza que normalmente emanaba la francesa parecía algo extinguido. Ron y Harry se levantaron luego de todos ellos, pero ninguno se percató de que dejaban dos personas atrás.
—George... Hermione... —exclamó una voz que los sacó a ambos de su ensimismamiento. Al mirar hacia el pasillo, vieron a Lee Jordan, que parecía no tener plena conciencia de que al que enterrarían iba a ser a uno de sus mejores amigos. A su lado, Angelina Johnson y Alicia Spinnet sollozaban abrazadas; a todos les sorprendió, jamás habían visto a ninguna llorar. No les extrañó para nada ver caminar detrás de ellos a Katie Bell y Oliver Wood. ¿Nuevo romance? ¡Viejísimo!
—Chicos, vamos... —susurró Alicia con la voz quebrada, al ver que no se movían. Ambos se levantaron como por inercia, y junto al antiguo equipo de Quidditch, los mejores amigos de los gemelos, avanzaron hasta donde se encontraba el blanco sepulcro en el que descansaba plácidamente el cuerpo de Fred.
Perfectamente se lo podrían haber confundido con alguien que dormía soñando con su gran amor; acostado en una especie de mesa al lado de su propia tumba, con una sonrisa en el rostro y el cabello desordenado. No parecía haberse ido.
Pero lo había hecho.
El pecho no se movía al ritmo de su respiración.
Su rostro sonriente estaba pálido, y las pecas destacaban más que nunca en él.
Ninguno se reía en su presencia, como era usual. Solo lloraban.
Y sobre todo, una placa de mármol blanco descansaba a su lado. Una placa que sería lo único que vieran de Fred cuando lo fueran a visitar de ahí en más.
Travesura realizada. Se había ido.
Molly estaba dejando la rosa roja que le había sido entregada, sobre el pecho de su hijo cuando más personas decidieron levantarse y presenciar el funeral del chico quien tantas veces les había alegrado el día con un chiste, una broma o simplemente una de esas sonrisas entre traviesas, divertidas y tiernas que daba. McGonagall era una de las que encabezaba una nueva comitiva de llorosos alumnos y profesores, amigos y compañeros de tantos años. Todos pasaron uno a uno a dejar la rosa encima del cuerpo del chico, que pronto acabó pareciéndose a un rosal con rostro sonriente.
A cualquiera en otra situación le hubiera resultado divertido. Pero esto no era cualquier situación; se estaban despidiendo, le estaban rindiendo homenaje a un héroe, a un amigo, a un adolescente travieso que había luchado por hacer lo que más quería en el mundo; divertir. Y así había muerto él mismo; divertido.
Pocos quedaron allí, familiares, amigos, pero ninguno se atrevió a decir una palabra. Con ese silencio decían más que demasiado; ninguno podía entender estar llorando una pérdida de semejante magnitud.
Lentamente, el ex equipo de Quidditch de Fred fue dejando las flores encima suyo, y dieron varios pasos atrás junto a Fleur para dejar llorar a los Weasley en familia. A varios le extrañó que Hermione no hiciera amague de retirarse, pero ningún Weasley se lo reprochó. Arthur y todos los chicos fueron dejando la rosa roja encima del joven que tantas cosas les había hecho vivir en La Madriguera.
Por último, quedaron George y Hermione, tomados de la mano y manteniendo sus sollozos ahogados en voz baja, tratando de hacerse fuertes a pesar de saber que nadie se lo creería. Avanzaron así, juntos, hasta llegar a donde el cuerpo del otro gemelo descansaba. La chica se secó las lágrimas con la mano con la que sujetaba al pelirrojo, y a la otra la llevó hasta tener la rosa apretada con delicadeza contra su propio pecho.
Tal vez así, con la flor cerca de su corazón, podría hacer que todo el amor que tenía por Fred, uno que jamás podría volver a demostrarle, pasara despacio hacia la rosa, y que quedara allí un pedacito de su amor; quizá así dormiría un poco más en paz, se sentiría un poco más amado en su propia oscuridad involuntaria.
Sonrió un poco, casi nada, pero las lágrimas no dudaron en golpear con más fuerza su rostro. Era la última vez que vería a Fred, su Fred, en su vida, y por un instante le asaltó el pensamiento de quitársela. Se imaginó a si misma bajando a hurtadillas en la madrugada, dando suaves pasos hacia la cocina de La Madriguera, sacando con lentitud una cuchilla de las que usaba Molly para cortar la carne, y... Un apretón de manos la hizo volver al presente.
Todos posaban su mirada en ella, pero no le importó. Tarde o temprano se iba a saber todo, y ya habría tiempo para explicarlo. Se imaginó de repente a un Freddie divertido, sentado en la rama de un árbol cercano, burlándose de todos ellos por llorarlo, presenciando su propio funeral con su personalidad más latente que nunca. Respiró hondo.
—¿Tú lo sabes, no es así? —exclamó una llorosa Hermione en el funeral de su gemelo favorito—. Te extrañamos, Fred Weasley.
Soltó su rosa sobre el pecho de su amado, y dejó allí su mano por unos segundos, como si pretendiera escuchar los latidos de un corazón que jamás volvería a funcionar. Se recordó recostada sobre ese mismo pecho, oyendo los latidos acelerados de su corazón después de hacer el amor a escondidas...
Se retiró con cuidado, soltándole la mano a George y respetando su espacio para rendirle homenaje a su gemelo... Aunque lo que menos esperaba todo el mundo es que también hablara.
—Eres un idiota —soltó de repente, y todos sin poder evitarlo amagaron una sonrisa—. ¿Qué hablamos hace unas horas? ¿Qué te dije, Fred? ¡Tú sin mi no te ibas! Lo único que te pido es que desde allá arriba... cuides mi amada oreja —y dicho esto, soltó la flor sobre el pecho de su hermano y sintió cómo todos aplaudían.
Su homenaje resumía a la perfección la esencia de los hermanos Weasley, una que ni la muerte iba a poder hacer olvidar.
Travesura realizada, Freddie.
