Capítulo 8

"Los tontos pueden estar insatisfechos".

Los únicos sonidos que podía escuchar el mayor de los sextillizos Matsuno eran el de una olla hirviendo y los golpes de un cuchillo contra un objeto de madera. Su madre se encontraba cocinando el almuerzo y el único que se encontraba en casa en aquellos momentos era él. Había regresado del hipódromo después de perder el dinero de su mesada. Apenas ese día lo había recibido y no le duró en las manos ni un par de horas.

Por ser día de mesada era que la casa estaba vacía. Cada uno de sus hermanos habían salido a realizar sus actividades cotidianas y a diferencia de él, éstos solían administrar mejor su dinero. Aunque nunca podían elegir un escondite que Osomatsu no pudiera encontrar cuando se quedaba sin dinero. Desgraciadamente, para su fortuna, en aquellos momentos no había nada que el mayor pudiera saquear.

Aún faltaban un par de horas para que la comida estuviese lista por lo que la mente del mayor comenzó a divagar. Aquella mañana todos salieron de casa y aunque había planeado salir de paseo con Karamatsu, éste fue arrastrado por Todomatsu quien necesitaba un esclavo que cargara sus compras en el centro comercial. Osomatsu sólo suspiró con pesadez y dejó que ambos se marcharan. Lo más insatisfactorio fue que antes de poder colarse en alguna de las actividades de sus otros hermanos, los tres restantes ya habían desaparecido dejándole sólo y sin más remedio que irse al pachinko o a apostar a los caballos.

Volvió a suspirar por sexta vez en el día pues se maldecía de tener tan mala suerte. Él jamás ganaba a diferencia de sus otros hermanos que alguna vez tuvieron un golpe de suerte y habían ganado premios bastante gordos. El mayor perdía de inmediato y era forzado a regresar a casa. Ese día había sido condenado a aburrirse pues no quería que volviesen a molestarse con él si iba a fastidiarlos donde solían pasar el tiempo.

Sólo uno de ellos ya no se molestaba con él si le interrumpía en sus actividades. El rostro de Karamatsu llegó a su mente, ya que en realidad los últimos días incluso le había hecho un espacio al mayor en su "apretada" agenda, mientras el mayor no hiciera bromas como tirarlo a un río. Eso hacía muy feliz a Osomatsu, quien nunca pensó que su hermano más amado podría incluirlo de esa manera en su vida. Si se ponía a pensarlo era lógico pues se suponía ahora eran una pareja o algo así. Una muy rara pero al fin y al cabo una pareja hecha y derecha.

Para Osomatsu casi nada había cambiado... o eso quería tratar de creer.

Su vida, ahora, era un sube y baja de emociones donde pasaba de la felicidad hasta el terror y después a la vergüenza. Habían prometido tener una relación discreta y nunca tratar de hacer nada romántico en casa, pero ninguno había cumplido aquella promesa al 100%. Todo era culpa del segundo hermano desde su punto de vista.

Había varias cosas que Osomatsu había notado que lo dejaban con una sensación de pánico.

Lo primero que le vino a la mente fue cuando salieron a comer los seis al puesto de Oden de Chibita. Como siempre, habían huído de ahí sin pagar en un estado de ebriedad bastante serio. A excepción de Jyushimatsu que el alcohol le pasaba como agua.

No recordaba mucho de aquella ocasión pero había algo que no podía borrar de su mente y ésta era la sensación de la mano de Karamatsu alrededor de su cintura mientras corrían lejos de un enojado Chibita. Los nervios que sintió en aquél momento aún los podía experimentar sólo con recordarlo. Tal vez estaba siendo paranoico pero no podía evitarlo. Ese no era el único asunto que le dejaba con los nervios de punta.

Existían otras situaciones en las que Osomatsu no podía evitar temblar de miedo al pensar en que los menores se dieran cuenta de aquella relación tan aberrante en la que estaban sus hermanos mayores. Se preguntó si de verdad Karamatsu tenía la cabeza vacía ya que no paraba de ser atento con él en cada momento que podía. Desde ofrecerse a darle masajes, hasta llevar sus cosas cuando iban a los baños públicos, rellenar su plato de arroz a la hora de la comida e incluso coquetear con él dentro de casa.

Era la actividad favorita de Karamatsu desde hacía varios días sentarse en el suelo dándole la espalda a Osomatsu a propósito. Antes, terminaba perdiéndose como un idiota al mirar su reflejo, pero ahora reflejaba caras seductoras en este y posicionaba el espejo de manera que el mayor pudiera observarlo desde donde estuviera. Aquellas caras seductoras iban desde mandarle besos hasta relamerse los labios, y por supuesto, articular ciertas frases que Osomatsu entendía muy bien al leer sus labios. Todas eran vergonzosas, algunas le daban más ganas de golpearlo que de otra cosa. Podían ser un 'Te voy a comer, gatito', o un vergonzoso 'Hoy no duermes, baby'. Pero la peor y más simple era ese directo 'Te amo'.

Aquellas palabras eran lo más vergonzoso de escuchar para el Neet de sudadera roja, y para colmo, el menor se las dedicaba cada tanto aunque Osomatsu jamás pudiera responderle con un 'Yo también'.

Era algo triste si se ponía a pensar en ello, pero era más triste el hecho de que también él estaba actuando de forma sospechosa para sus hermanos.

Se la pasaba mirando las diferentes expresiones que hacía el menor cuando era 'La hora de molestar a Mierdamatsu', como Ichimatsu decía. Cuando la paciencia de Karamatsu se agotaba sus expresiones se volvían muy duras y esto hacía que de una manera misteriosa el corazón de Osomatsu latiera con fuerza.

Osomatsu adoraba meterse con Karamatsu pues siempre le pareció adorable su actitud berrinchuda y su cara llorosa cuando estaba decepcionado de sus hermanos. Pero debido a la cercanía con Karamatsu tanto de mente y cuerpo, cada vez le era más difícil participar en aquellas jugarretas de maltratocontra él. No es que no le gustara, sino que en vez de ser algo difícil era imposible de hacer. Cuando era el momento de ignorarle por decir alguna frase dolorosa o estúpida, mientras todos ignoraban al segundo hermano mayor, Osomatsu terminaba muerto de risa producto de aquellas estúpidas frases. Lo peor no era reír sabiendo que algunas de esas frases eran dedicadas para él, sino más bien, lo peor era que al reír sus hermanos le miraban con sospecha como si estuviera cometiendo un enorme crimen al encontrar graciosas aquellas frases narcisistas sacadas de revistas pasadas de moda para caballeros.

El estomago del mayor gruñó con fuerza sacándolo de su reflexión.

- Tengo hambre... –Dijo en voz alta hablándose a sí mismo.

No había desayunado por tonto, pues parte del dinero de la mesada era para que comieran algo afuera y él había apostado incluso su parte para la comida. No podía hacer nada más que esperar que su madre terminara de cocinar para al fin poder calmar su hambre.

Se estiró un poco y se recostó en el suelo con cansancio.

Su mente regresó a aquella situación en la que se encontraba con Karamatsu. A pesar de todo, si que seguía participando la mayor parte del tiempo en el bullying contra Karamatsu junto a sus hermanos, y en respuesta, Karamatsu solía "vengarse" en otros momentos.

A pesar de que Karamatsu solía decir que no tenía preferencias sexuales y en realidad lo importante llegaba 'Mientras haya amor...', sí que tenía muchos fetiches cuando estaban en la intimidad y Osomatsu era el encargado de descubrirlas y tratar de satisfacerlas sin perder el poco orgullo que tenía como ser humano. Lo último era difícil si se ponía a pensar que días antes dejó que el menor lo viera masturbándose por unos cuantos billetes. El alcohol era terrorífico y desinhibidor. Con varias latas de cerveza encima, simplemente vio el dinero en la mano de Karamatsu y accedió a aquella petición, aunque luego terminó arrepentido y gritándole que no lo volvería a hacer '¡Never!'. Era algo tan vergonzoso que no podía evitar rodar en el piso con la cara roja cuando lo recordaba.

Había tantas cosas vergonzosas y que estaban mal con el segundo hermano que Osomatsu se preguntaba a sí mismo por qué le gustaba semejante idiota.

Solían masturbarse juntos pues no podían dar el otro paso que necesitaban en su relación, pero Karamatsu constantemente trataba de ser quien llevara el liderazgo en la cama. A Osomatsu le daba igual, pues incluso aunque él pudiera tomar el mando cuando quisiera, era más fácil no hacer nada. Su haraganería fue la responsable de que ahora tuviera marcas de besos en la entrepierna. Era el único lugar donde Karamatsu podía hacérselas sin ser descubiertos y ahora Osomatsu no podía tomar sus baños sin llevar su toalla alrededor de la cintura. Sentía terror al pensar en que se le cayera y sus hermanos vieran las marcas.

Aquella dejadez que el mayor tomaba cuando estaba con su hermano igual era la responsable de que Karamatsu soliera acariciar su trasero cada vez que estuviesen solos. No le molestaba pero sabía que en el fondo del asunto esto ocurría porque el menor estaba frustrado. Como hombre, Osomatsu jamás había estado con una mujer y aún así era experimentado en cuestiones sexuales. No había necesitado de una figura femenina pues había adquirido la experiencia necesaria a través de sus encuentros con diversos hombres. Pero Karamatsu era diferente. A diferencia de Osomatsu, Karamatsu le había confesado que jamás lo había hecho con nadie antes. Sin contar la experiencia fallida de aquella noche cuando había empujado a Osomatsu contra la cama de ese hotel y había tratado de hacerlo suyo, la mente de Karamatsu era la de un virgen frustrado e insatisfecho. Su rostro extasiado mientras se frotaban en la intimidad de la noche estaba grabado en la mente de Osomatsu, haciendo que deseara entregarle su cuerpo sin miedo. El frío volvió a invadir su cuerpo. Se repetía a sí mismo que era algo imposible para él.

El hermano mayor apretó los párpados con fuerza y se abrazó a sí mismo tratando de controlar los escalofríos que sentía. Odiaba ser tan débil cuando se trataba de algo tan simple como dejar que Karamatsu entrara en las profundidades de su ser. No sólo lo invadían los recuerdos de aquel anciano. Era más complicado. A pesar de que Karamatsu continuaba diciéndole que jamás dejaría de amarle y continuaba demostrándole aquél amor apasionadamente, la idea de que podría decepcionarse de él si se acercaban más le destrozaba por dentro. Trataba de restarle importancia al asunto, pero se sentía realmente sucio. Prefería no recordar ciertas cosas del pasado por lo que trataba de luchar en vano para dejar de pensar. Estaba tan sumido en sus pensamientos que no escuchó el sonido de la puerta abriéndose y los pasos de alguien acercándose a él.

- ¡Ah! –Exclamó Osomatsu dando un pequeño respingo al sentir una mano posándose en su parte trasera. Contestó mientras pellizcaba aquella mano sabiendo quien era el responsable.- ... ¿Qué crees que estás haciendo, darling de mierda?

- Dándome la bienvenida. –Dijo el segundo hermano, quien había regresado y vestía aquellos dolorosos pantalones brillantes que Osomatsu pensaba que uno de esos días lo dejarían ciego.

- ¿Acaso no prometimos jamás hacer este tipo de cosas en casa? –Dijo con un tono que fingía molestia aunque en su cara se mostraba divertido con la situación. Aquella pregunta no coincidía con sus acciones. Había levantado su cuerpo del suelo y sus brazos ya estaban posados alrededor del cuello de Karamatsu.

Fue Osomatsu el que había puesto aquella condición de no hacerlo en casa por el temor de ser descubiertos, pero de igual manera fue él quien había arrastrado a Karamatsu en medio de la noche al baño, por primera vez.

- ¿Eso prometimos? –Dijo siguiéndole el juego a su querido hermano.- Juraría que lo que prometimos era amarnos día y noche, y hacer que nuestro true love floreciera con magnificencia.

- ¿Ehhhh? Eso suena desagradable... –Protestó el mayor con una cara de desagrado pero una sonrisa se coló en su rostro en cuestión de segundos.

Ante aquella sonrisa, Karamatsu jaló el cuerpo de Osomatsu hacia él suyo y le apretó en un abrazo. Ver sonreír al mayor era su mayor debilidad y con cada sonrisa que tenía el honor de ser el causante, las ganas de abrazarlo y no soltarlo nunca, crecían en su pecho.

- Por cierto, ¿qué pasó con Todomatsu? Pensé que eras su esclavo por un día. –Comenzaba el interrogatorio murmurando en el oído de Karamatsu con voz suave, buscando fastidiar al menor.

Karamatsu sólo sonrió con sorna y le dedicó una mirada llena de confianza.

- ¿Qué ocurre, honey? ¿Acaso estás celoso? –Dijo mientras se llevaba una mano a su frente y peinaba su flequillo con los dedos demostrando seguridad en sus palabras y un poco de arrogancia.

El rostro de Osomatsu adquirió un leve rubor y un gesto de molestia se asomó por medio de un ceño fruncido que duró unos pocos segundos. No dio ninguna respuesta a aquella pregunta aunque prácticamente le fulminaba con una mirada de enojo y vergüenza. Para Karamatsu, ver aquella expresión era algo fascinante.

- No tienes que ponerte celoso de My Little Totty. Sólo somos buenos hermanos pasando un tiempo de calidad juntos. Pero no tan buenos hermanos como tú y yo. Además, creo que a ti se te vería mejor la ropa de mujer. –Sonrió y su mirada desprendía un brillo que hizo que a Osomatsu se le revolviera el estomago.

- No tienes que decírmelo, porque para empezar, no estoy celoso. Estoy de acuerdo en la última parte, es decir, claro que me veo mejor. Pero debo decir que tu pequeño y lindo hermano menor ya tiene a Atsushi-kun, el cual a diferencia tuya, es muy buen partido. –Comenzó a enlistar con los dedos las características del castaño.- Es joven, alto, guapo, tiene trabajo y un auto último modelo. Totty sí se sacó la lotería.-Finalizó la descripción sacando la lengua con la clara intención de molestar al menor y luego giró su cuerpo dándole la espalda.

Osomatsu esperaba recibir algún tipo de reclamo o que Karamatsu comenzara un berrinche, pero sólo obtuvo silencio por casi un minuto. No podía ver el rostro de su hermano por lo que se preguntó si en realidad lo habría herido de verdad con sus comentarios. Volteó su cabeza con arrepentimiento buscando el de su hermano con el miedo de encontrarlo sollozando con lágrimas y fluidos nasales escurriendo por su rostro. Por el contrario, Karamatsu tenía una expresión sombría.

- ¿Karamatsu? –Llamó al menor con un poco de temor, pues cuando ponía aquella expresión era porque algo en verdad le había irritado.

Era muy raro que Karamatsu llegara al punto de molestarse por cualquier situación. Era amable y dejaba pasar todo lo malo que le hacían sin darle importancia, con ello se aseguraba de quedar como un buen hermano mayor para el resto. Pero cuando Osomatsu era el involucrado reaccionaba de manera violenta. Incluso desde antes, Osomatsu era el único con el que Karamatsu no tenía que fingir una sonrisa.

Una mano sujetó la barbilla del de sudadera roja con fuerza sacándolo de sus más recientes pensamientos. Karamatsu tiró del rostro de Osomatsu acercándolo al de él.

- ¿Entonces Atsushi es un buen partido? No sabía que te gustaba tanto. –Dijo con un tono lleno de irritación y sus cejas gruesas fruncidas.

Osomatsu suspiró, restándole importancia a aquella situación.

- ¿Qué harías si te dijera que me gusta? –Preguntó con una sonrisa maliciosa que hacía que uno de sus colmillos sobresaliera.- ¿Qué harías? ¿Eh, Karamachuu? –Aquella provocación salía con naturalidad. Ya no sentía temor al ver aquél rostro enfadado. Comenzaba a acostumbrarse a aquellos arranques de celos del menor y también empezaba a disfrutarlos. Era en verdad agradable saber que esos celos eran una simple muestra de preocupación, lo cual en pocas palabras, demostraban lo mucho que Karamatsu le amaba.

- Osomatsu... –El rostro de Karamatsu era una mezcla de enojo, dolor y preocupación.- ¿Entonces sí te gusta?

El mayor no contestó inmediatamente. Aguantó la mirada de Karamatsu con seriedad como si estuviera a punto de decir algo de suma importancia. Empero, aquella cara llena de seriedad se deformó rápidamente en una de risa.

- Pfffff... Sólo estoy bromeando, Karamatsu. –Dijo y se sujetó el estomago pues había comenzado a reír sin control.

Aquellas risotadas fueron efímeras y desaparecieron a los pocos segundos pues un puño había estampado en el cráneo de Osomatsu.

- ¡Ay! ¡A tu pareja la debes tratar con cariño y amabilidad! –Exclamó el mayor mientras se sobaba el lugar donde ahora tenía un chichón.

- La amabilidad se gana, honey. –Dijo con un tono de molestia pero su voz reflejaba alivio,

- En verdad, sólo bromeaba... Darling~ Sabes que en estos momentos sólo tengo ojos para ti. –El mayor comenzó a hablar con una voz dulce mientras sus ademanes se volvían femeninos. Solía actuar así cuando estaba bufoneando, pero aquella actuación dulce y delicada tenía un efecto devastadoramente positivo en Karamatsu.

- Y yo sólo tengo ojos para ti, baby... –Contestó Karamatsu totalmente complacido mientras sujetaba al mayor por la cintura.

- Harás que me sonroje, Karamatchuu. –Casi al instante de decir aquella frase con voz fingida, rodeó el cuello del menor con ambos brazos y juntó sus frentes con suavidad.

Los dos hermanos se veían fijamente a los ojos con dulzura y unas sonrisas de complicidad. Antes de unir sus labios, en lo que hubiese sido un beso profundo, se paralizaron en sus lugares. Unos sonidos de pasos hicieron que se separaran con rapidez. La puerta de la habitación se abrió al tiempo que Karamatsu se sentaba en el sofá y Osomatsu se tiraba en el suelo del otro lado de la habitación simulando descansar.

Una voz dulce habló haciendo que el pecho de ambos se estrujara con fuerza.

- Oh, queridos Neets, ¿Sólo ustedes han regresado a casa? –Habló la madre de ambos que estaba de buen humor.- La comida ya está lista, así que apenas regresen todos podrán comer. Su padre y yo comeremos en la otra habitación.

Fueron todas las palabras que dijo la mujer mayor y cerró la puerta para finalmente irse.

Un silencio envolvía el cuarto combinado con el olor de la culpa y los nervios. El corazón de ambos latía con rapidez. Osomatsu pensó que se le saldría o dejaría de latir en cualquier momento.

- C-creo que tenías razón... deberíamos de evitar este tipo de cosas aquí, brother... No estamos hechos para las emociones fuertes. –Dijo Karamatsu en tono de broma para calmar la tensión del ambiente.

- Sí... –Convino el mayor dándole la razón. Su mirada estaba perdida hacia el techo pero estaba viendo algo con la mente perdida a lo lejos y que Karamatsu no comprendía.

El de sudadera azul posó suavemente la mano en la nuca del de rojo sacándolo de sus pensamientos y cuando éste reaccionó para decir algo, la sacudió con fuerza agitando su cabeza y despeinando violentamente sus cabellos.

- ¡¿Qué demonios haces!? –Exclamó el mayor.

- Je. Brindándote parte de mi amor. –Dijo con una sonrisa torcida y acarició con fuerza el cabello del mayor, desconcertándole.- No quiero que dudes en ningún momento de lo mucho que te amo.

Osomatsu obtuvo un ligero sonrojo y estaba a punto de lanzar una réplica sobre lo asqueroso que era su comportamiento cuando ambos escucharon nuevamente el sonido de unos pasos que se acercaban a la habitación. Karamatsu retiró su mano de los cabellos oscuros de su hermano, al tiempo que ambos tomaban posiciones naturales sentados frente a la mesa.

La puerta se abrió con bastante fuerza y por el umbral apareció Jyushimatsu vistiendo su uniforme de beisbol. Mientras asentaba su bate en el suelo y se sentaba en la mesa, lucía totalmente deprimido.

Hacía días que el enérgico chico de sudadera amarilla se mostraba apagado, lo cual dejaba desconcertado al resto de sus hermanos. El único que se mostró totalmente desinteresado en la plática sobre Jyushimatsu había sido Ichimatsu, lo cual para todos fue una conmoción, pues se suponía que era el más unido al quinto. Decidieron no darle importancia a esto, pues sólo en una ocasión habían visto desaparecer la actitud animada del sextillizo y esta vez habían decidido dejarle en paz. Todos sentían que podrían empeorar las cosas y no querían volver a verle llorar.

Los mayores intercambiaron miradas. Ver al menor apagado era una cosa, pero mirarlo con ese aire de tristeza era completamente diferente.

Osomatsu señaló con un dedo a Karamatsu y éste, comprendiendo la seña que le hacía, asintió con la cabeza. Tal vez Osomatsu era el mayor, pero no era muy bueno con las palabras y mucho menos para animar a otros, así que prefería que fuese Karamatsu el que hablara con el quinto hermano. Él prefirió tomar una revista del suelo y fingir ojearla mientras miraba de reojo a sus dos hermanos menores.

- Oh, Jyushimatsu. ¿Cómo te fue en tu entrenamiento de hoy? –Preguntó Karamatsu con naturalidad tratando de iniciar una conversación.

- ... Karamatsu-niisan... –Dijo y le miró con un gesto triste que dejó preocupado a ambos hermanos.- Estuvo bien...

- ¿Qué ocurre, Jyushimatsu? Luces muy desanimado, ¿Te sientes mal? –Preguntó manteniendo una sonrisa.- ¿Te duele algo? ¿Tienes dolor de estómago? Si hay algo que pueda hacer por ti, puedes decirme.

- Karamatsu-niisan... –El menor le miraba con duda, como si no supiera qué hacer. Parecía confundido y el hecho de que no tuviera su sonrisa característica ponía de los nervios a los otros dos.- Yo... estoy confundido...

- ¿Confundido? ¿A qué te refieres? –Continuó interrogándole ya que ahora era él quien se sentía confundido del rumbo de la conversación.

Por su parte, Osomatsu lucía ansioso cambiando rápidamente las páginas de la revista.

Parecía que Jyushimatsu iba a hablar, pero se detuvo en seco. Parecía que estaba dudando un poco sobre si seguir hablando o no. Abrió los ojos con fuerza y su rostro obtuvo determinación. Metió la mano en su bolsillo del pantalón, sacó una postal doblada a la mitad y se la entregó a Karamatsu.

- ¿Qué debería hacer, Karamatsu-niisan? ¿Osomatsu-niisan? –Dijo con cierta desesperación emitiendo vibraciones en su tono de su voz grave.

Osomatsu saltó al escuchar su nombre. El menor le había incluido en la conversación quisiera o no, y ahora también debía darle una respuesta a su pregunta. Suspiró y cerró la revista para acercarse al segundo hermano. Se puso detrás de él, cuidando las distancias, y asomando la cabeza por encima de su hombro para leer lo que ponía la postal. Una preciosa letra femenina asomaba en el papel haciendo que abriera con fuerza los ojos pues ya se imaginaba quien sería el autor de lo que parecía ser una carta.Querido Jyushimatsu-kun:

¡Hola! Espero estés bien y con muy buena salud. Yo estoy esforzándome en casa de mis padres. La vida de campo no es muy fácil pero me lleno de satisfacción cuando termino las tareas que me dan. Al final, la aburrida vida de campo de la que estaba huyendo me ha acabado gustando mucho. Espero que tú igual estés dando tu mayor esfuerzo todos los días.

Y bueno, te estoy escribiendo porque regresaré un par de días a la ciudad. Tengo ciertas cosas que arreglar y quería hablar contigo de algunas cosas que no pude decirte la última vez.

Estaré esperando por ti en la cafetería, donde siempre nos reuníamos, el día de mi visita. Espero de todo corazón que pudieras asistir.

¡Cuídate mucho!

La postal tenía al final fecha y hora de encuentro. Al terminar de leer, el mayor tomó lugar junto a Karamatsu y ambos se miraron a los ojos con duda. Ninguno entendía cuál era el motivo de la preocupación que Jyushimatsu tenía.

Osomatsu volvió a observar la postal y entonces sus ojos se abrieron como platos como si de pronto, los cables que conectaban sus pensamientos con su cerebro, se hubiesen unido.

- ¡Ah! ¡Jyushimatsu, el día de la reunión es hoy! –Dijo el mayor chillando.

- ¿Qué? –Karamatsu miró el pedazo de papel para confirmar la fecha y también se sorprendió.- ¡E-es verdad! P-pero todavía no es la hora de la reunión...

- Sí. –Dijo Jyushimatsu sin inmutarse por la reacción de sus hermanos.- Hoy es el día de la reunión.

El mayor de los tres se llevó el pulgar y el meñique a las sienes, y las frotó para tratar de comprender la actitud del más joven.

- Jyushimatsu... No te entiendo... ¿Por qué nos preguntas qué deberías hacer? Es obvio que deberías estar preparándote para ir a tu cita. –Dijo Osomatsu con el ceño fruncido.

- Pero... –La expresión de Jyushimatsu parecía contrariada.

- Calma, Osomatsu. –Habló Karamatsu y puso su mano en el pecho del mayor quien lucía incluso más exaltado que antes.- Jyushimatsu, Osomatsu tiene razón. Sólo tienes que ir, ¿o hay algún problema?

El de amarillo apretó los labios con fuerza. Parecía que estaba conteniendo muchas emociones que resultaban desconocidas para los mayores.

- Tengo miedo... –Soltó finalmente.

Osomatsu lo miró bastante desorientado y con el poco tacto que poseía soltó algunas palabras indiscretas.

- ¿Miedo? Ella ya te rechazó una vez así que no deberías tener miedo. –Dijo con poca mesura.

- ¡Osomatsu! –Exclamó Karamatsu a modo de regaño.

- Pero es que es la verdad. Lo peor ya le pasó. –Dijo el mayor defendiendo su argumento.- Al contrario, podría ser que esta vez no le rechace.

- Yo... no es eso. Quiero ir... pero... –Unas lágrimas comenzaron a escurrir por sus mejillas dejando a los mayores con un enorme nudo en la garganta. El mayor comenzaba a sentirse culpable de su actitud.- No quiero... que Ichimatsu-niisan me odie...

Ambos hermanos mayores abrieron los ojos. Los labios de Osomatsu comenzaron a temblar pues no esperaba aquellas palabras del menor.

- ¿Eh? ¿P-por qué te odiaría Ichimatsu? –Fue Karamatsu quien se atrevió a preguntar mientras Osomatsu estaba perdido en sus pensamientos.

- Le... le mostré la carta a Ichimatsu-niisan y se molestó conmigo... Y entonces me gritó que no era su problema. N-no quiero que Ichimatsu-niisan me odie. –Dijo el menor sin poder detener las lágrimas.

Karamatsu le miraba con pena, quería animar al menor pero ni siquiera él sabía cómo. Sus palabras y frases no tenían cabida en aquel momento. Estaba a punto de decirle un simple 'Ánimo, no te preocupes', cuando vio al mayor parándose de su lugar y dando la vuelta a la mesa para quedar junto al menor.

- Jyushimatsu... –Le nombró el mayor mientras ponía ambas manos en los hombros de éste.- ¿Ah? ¿De qué estás hablando? Ichimatsu no tiene nada que ver en esto.

- ¿O-osomatsu-niisan? –Las lágrimas se detuvieron en seco por la sorpresa de aquel agarre.

- Ichimatsu debería estar feliz por ti... No, seguro él está feliz por ti. Tal vez sólo estaba de mal humor en ese momento. –Dijo Osomatsu mientras sonreía.

- ¿E-en serio? ¿Ichimatsu-niisan no está molesto conmigo? –Preguntó con un poco de pena. Parecía bastante inseguro.- P-pero me ha estado ignorando todo este tiempo...

- ¡Claro que no! Tal vez sólo está siendo tímido porque se siente culpable de gritarte. –Dijo el mayor con mucha seguridad.- Ah, incluso me preguntó ayer por ti. Estaba preocupado de verte desanimado.

- ¿¡De verdad!? –Preguntó con una voz fuerte, casi gritando. Sus ojos tristes lucían como si estuviera escuchando algo que le hacía extremadamente feliz.

- Sí, así que deja de preocupar a Ichimatsu y lárgate a tu cita de una buena vez. Si sales ahora, aún puedes llegar a tiempo. –Dijo Osomatsu y le mostró el pulgar en señal de aprobación.

- ¡Sí! –Respondió Jyushimatsu con una creciente alegría y los ojos aún llorosos.- ¡Muchas gracias, Osomatsu-niisan!

- Apresúrate y no hagas esperar a esa chica. –Finalizó el mayor y le hizo una seña de despedida al tiempo que el menor se paraba de su lugar y corría a toda velocidad hasta la salida de la habitación.

Al salir este del cuarto, Osomatsu suspiró como por décima vez en el día y se recostó nuevamente en el piso en señal de cansancio, cerrando los ojos. Todo ese embrollo del menor le había agotado mentalmente. Se habría dormido de no ser porque una voz interrumpió su descanso.

- Osomatsu... –Habló con voz ronca el otro espectador.

- ¿Sí? ¿Qué ocurre, Karamatsu? –Contestó Osomatsu sin dejar la posición que tenía en el suelo.

- ¿Estabas hablando en serio? –Preguntó el menor. Su voz sonaba llena de desconfianza. Tal vez era muchas cosas, tal vez era un tonto, pero no lo era tanto. O al menos eso quería pensar de sí mismo el menor.- ¿En serio Ichimatsu te preguntó por Jyushimatsu?

- ¿Ah? Claro que no. ¿Acaso no te has dado cuenta tú también? Ichimatsu está ignorando a Jyushimatsu a propósito. –Respondió como si nada el mayor.

- ¡Osomatsu! –Karamatsu alzó nuevamente la voz a modo de regaño.

- Antes de que me regañes, déjame decir que ésta era la única manera que había de hacer que vaya a su cita. –Contestó Osomatsu y se posicionó en el suelo de manera que pudiera ver a la cara al menor.- ¿O es que acaso quieres que Jyushimatsu pierda esta oportunidad por culpa del insensible de Ichimatsu?

- N-no es eso, pero... mentirle a Jyushimatsu... –El menor comprendía lo que el otro quería decir, pero había una parte de él a la que no le gustaba engañar al más ingenuo de sus hermanos.

Osomatsu se levantó de su posición y se acercó a Karamatsu. El de pantalones brillosos lucía casi igual de triste que el de amarillo, minutos atrás. Era bastante descorazonador el que tuvieran la misma cara por lo que Osomatsu le envolvió en un abrazo. Era un abrazo tierno, sin más fin que el de tranquilizar al menor y animarle.

- Yo hablaré con Ichimatsu cuando regrese. –Soltó Osomatsu.- Tienes razón. No debí mentir, así que al menos trataré de solucionar un poco las cosas.

- ¿Eh? ¿Estás hablando en serio? –Preguntó un sorprendido Karamatsu quien ya no lucía triste, pero aún así igual se aferró al cuerpo del mayor.

- Sí. Le sacaré la verdad a golpes de ser necesario. Mira que dejar así de preocupado a Jyushimatsu. –Replicó el mayor mientras acariciaba los cabellos de su hermano.

- Osomatsu... –Dijo su nombre mientras se aferraba a él con más fuerza.

- Pero es que es increíble todo esto. –Continuó y retiró sus brazos del cuerpo de Karamatsu. Éste lucía un poco desilusionado pero se enfocó en escuchar al mayor.- Aún no me puedo creer que Ichimatsu le gritara a Jyushimatsu. No lo entiendo.

- Tal vez... Estaba preocupado de que aquella chica volviera a lastimar a Jyushimatsu... pero... –Comentó el menor con preocupación.- Pero… pareciera que… ¿Ichimatsu está celoso?

- ¿¡Ahhhh!? –El mayor observó a Karamatsu como si no pudiera creer lo que estaba diciendo.- ¿Celoso? ¿De quién?

- De aquella chica... por Jyushimatsu. –Respondió aquellas preguntas con un poco de inseguridad y temor por la reacción de su hermano.

- ¿Qué? ¿¡Por qué!? –Comenzó a alzar el tono de su voz. Frunció el ceño en señal de molestia.- ¡No digas tonterías! ¡Tú sabes muy bien que Ichimatsu te ama a ti!

- Pero... –Quiso replicar pero Osomatsu lo detuvo estirando una mano en señal de "Alto".

- No, detente. No trates de cambiar todo de golpe. –Se llevó la misma mano con la que había parado a Karamatsu a la cara tratando de calmarse.- No des por sentado los sentimientos de Ichimatsu.

- No estoy tratando de hacer eso. –Habló, ahora con más decisión, el menor. No quería causar malentendidos entre él y su queridísimo hermano mayor.- Es la impresión que me dio después de escuchar a my little Jyushimatsu, aunque no estoy seguro del todo.

Osomatsu le dedicó una mirada llena de sospecha y desconfianza, pero rápidamente fue cambiada por una de duda. Sabía que su hermano no era un mentiroso, además de que no obtendría nada con engañarle a él. Meditó unos segundos antes de llegar a una resolución.

- Bueno, de todas formas hablaré con él... –Comentó como si fuera la respuesta al problema.

- ¿Eh? ¿Con Ichimatsu? –Preguntó con sorpresa, Karamatsu.

- Sí, no quiero ver a mis adorables hermanitos peleando por estupideces. –Respondió con un tono burlón pero había sinceridad en sus palabras.- Además... hablar con Ichimatsu es algo que sólo puedo hacer yo. A menos que quieras hacerlo tú.

- ¡Non, non, non, non! –Respondió rápidamente el más joven por algunos segundos.- Creo que es mejor idea que tú hables con Ichimatsu.

Osomatsu comenzó a reírse y a burlarse de la cobardía del menor cuando se trataba de algún asunto relacionado con el hermano gatofílico de la familia. Karamatsu ya había comenzado a defender su honor alegando que no era su culpa ser precavido para evitar que el menor lo terminase matando.

El sonido de algunos gritos les interrumpieron y se asomaron a la entrada de la habitación, la abrieron y vieron al hermano más joven peleando verbalmente con el tercero de ellos. Discutían alguna estupidez que a ninguno de los dos les interesó por lo que volvieron al interior de la habitación. Al terminar el griterío, Todomatsu y Choromatsu ingresaron a la habitación con malas caras. Minutos después, regresó Ichimatsu con algunas bolsas llenas de alimento y bocadillos para gatos. Al poco rato ya todos estaban acoplados en la sala de estar y su comida era servida por su madre. No hubo necesidad de esperar a Jyushimatsu pues Osomatsu le dijo que comería afuera. Todos se sorprendieron por la noticia, pero nadie preguntó nada.

Osomatsu observó a Ichimatsu. El de morado se veía sombrío y no como siempre. Parecía que estuviera aguantando una profunda tristeza y que en cualquier momento se rompería. Aquella cara era similar a la que solía poner cuando, Osomatsu estaba seguro, pensaba en Karamatsu. Pensó que en serio tendría que hablar con él.

Las palabras que Karamatsu había dicho regresaron a su cabeza y al ver el estado de Ichimatsu se preguntó si habría la pequeña posibilidad de que tuviera la razón. El olor de la comida casera de su madre nubló sus sentidos. Después de comer se preocuparía de nuevo.

Osomatsu se pasó el resto del día tratando de cazar a Ichimatsu por toda la ciudad para hablar con él, pero pareciera que el menor supiese sus intenciones porque cuando pensaba tenerlo al alcance, éste desaparecía como por arte de magia.

Para cuando ya había comenzado a atardecer, decidió regresar a casa y esperarlo con calma. Incluso tomó uno de los paquetes con bocadillos de sardina que utilizaba para alimentar a sus gatos. Abrió el paquete, sacó un puñado de los bocadillos y lo llevó a su boca al tiempo que la puerta se abría y dejaba entrar a un chico de morado con un gato en los brazos. Fue como si lo hubiera invocado por lo que Osomatsu pensó que debió haber hecho aquello desde el principio. Un aura oscura envolvió al chico de morado mientras el gato que tenía en brazos saltaba hacia el suelo para correr a toda velocidad y saltar por la ventana hacia afuera. Era como si el gato supiera lo que estaba a punto de ocurrir.

- Ichimatsu, necesito hablar contigo. –Dijo el mayor ignorando el enojo del otro.

Ichimatsu se desconcertó ante aquellas palabras. Fue tanta la sorpresa que su enfado con Osomatsu desapareció momentáneamente. Observó al mayor directo a los ojos tratando de descifrar si éste hablaba en serio o sólo trataba de cambiar de tema.

- ¿De qué quieres hablar, Osomatsu-niisan? –Preguntó, después de suspirar, siguiéndole el juego.

- ¿Por qué eres tan frío con Jyushimatsu? –Respondió su pregunta con otra pregunta y el menor abrió sus de por sí cansados ojos en señal de asombro.

- ¿Qué? –Preguntó con extrañeza.

- Jyushimatsu nos contó que le gritaste cuando te mostró la postal de aquella chica... –Dijo y agudizó la mirada.- ¿Por qué estás enojado con él?

- N-no estoy molesto con él. –Contestó el de cabello despeinado desviando la mirada.

- I-chi-ma-tsuuuu... –El mayor le nombró con un tono lleno de irritación. Obviamente no le creía aquellas palabras.

Osomatsu sujetó con rapidez las mejillas de Ichimatsu y comenzó a estirarlas con fuerza antes de que éste pudiera reaccionar. Por ello se había ofrecido a hablar con el menor. Tenía la certeza de que Ichimatsu no reaccionaba violentamente cuando se trataba de él. Ambos tenían una buena relación a pesar de ya no convivir como en el pasado. Tal vez ya no eran los más cercanos pero al menos su relación era cálida y llena de respeto.

- Ay, ay... Osomatsu-niisan, detente. –Decía Ichimatsu debido a los apretones en sus mejillas que si bien no eran extremadamente dolorosos, sí le molestaban bastante.- Basta, hablaré.

- ¿Y bien? –Volvió a preguntar el mayor.

Ichimatsu se tomó su tiempo para pensar en qué debía decir. La cercanía y confianza que le tenía a Osomatsu era muy grande, pero no lo suficiente como para confesar la confusión y los celos que sufría su corazón. Era demasiado vergonzoso el sólo hecho de admitir que ahora, además de sufrir por Karamatsu y su obvia nueva relación con el mayor, también sentía celos por su hermano menor. Ni siquiera Ichimatsu se comprendía a sí mismo.

- ... No quiero que aquella chica le haga daño a Jyushimatsu otra vez... –Contestó y se sintió como un pedazo de basura. Tal vez era verdad que no quería ver herido a su hermano, pero la confusión de su corazón le hacía pensar en cosas horribles. Deseaba de todo corazón que el menor fuese rechazado otra vez.

- ¿Es por eso? –Preguntó dudoso Osomatsu. Le miró con una perspicacia que no era habitual en él.

- Ya... ya le lastimó una vez… podría volver a herirle. –Dijo tratando de sonar convencido de sus palabras.

El mayor le lanzó una extraña mirada antes de continuar hablando.

- ... Tienes un poco de razón en eso, pero no es tu problema. –Dijo de manera cortante, sonando muy cruel con el menor.

- ¿Eh? –Ichimatsu le miró bastante más sorprendido que antes por aquellas palabras.

- Ah, tal vez estoy siendo cruel contigo... –Osomatsu suavizó su voz al notar lo duro que habían sonado sus palabras.- Si sólo estás preocupado por Jyushimatsu entonces te entiendo muy bien, pero, a pesar de lo que aquella chica hizo antes de conocer a Jyushimatsu, no es mala.

- ¿De qué estás hablando? –Preguntó Ichimatsu al escuchar lo último. Incluso él sabía que aquella chica no era mala, pero lo que Osomatsu había dicho al final era bastante extraño.- ¿A pesar de lo que hizo?

- ¿Qué? ... –Osomatsu había notado la ambigüedad de sus palabras que dejaban entrever que él conocía algo que el menor no sabía. Trató de pensar en solucionar su propia metedura de pata por lo que rápidamente trató de cambiar el flujo de la conversación.- Q-quiero decir, a pesar de lo que nos contó Jyushimatsu. Tú sabes... Que... Que se trató de suicidar varias veces.

- ¿Osomatsu-niisan? –El menor le miró con sospecha.

- A eso me refiero. Además, si Jyushimatsu es feliz entonces nuestro deber es apoyarlo. –Dijo con la voz más calmada para que no pareciera que estaba mintiendo.

- ¿Tú apoyarías a Karamatsu-nissan entonces? –Soltó el de morado dejando al de rojo con los ojos bien abiertos, un sonrojo casi imperceptible y los labios temblorosos. Al menor se le hizo bastante graciosa aquella reacción. A pesar de sentir mucho dolor en los días pasados, ese momento y ver nervioso al mayor era en cierta manera muy agradable.

- ¿Q-qué? –Preguntó el mayor y al notar su propio nerviosismo, trató de tranquilizarse y responder con normalidad.- ¿Qué tiene que ver Karamatsu en esto? Estamos hablando de Jyushimatsu.

- Bueno... era un decir, pero ¿Osomatsu-niisan, de verdad apoyarías a cualquiera de nosotros incluso si eso te hace infeliz? –Preguntó con la mirada fija en el mayor quien se sentía extrañamente incómodo después de escuchar su cuestionamiento.

- No entiendo tu pregunta, Ichimatsu. –Contestó con honestidad.- Son mis hermanos y sólo quiero que sean felices.

- Oh. –Ichimatsu se avergonzó al notar la sinceridad del mayor.- Sí, lamento haber hecho una pregunta rara.

- Además, si ustedes consiguen pareja eso significa que se irían de casa y eso me haría muy pero muy feliz. –Completó aquella respuesta como un verdadero cretino, irritando a Ichimatsu, que ahora se arrepentía de pensar que Osomatsu era un buen hermano mayor.

- Ah, ya veo. –Nuevamente un aura oscura envolvió el cuerpo del menor, y en esta segunda ocasión acercó ambas manos hacía el mayor con el fin de darle su merecido.

- Espera, Ichimatsu. –El mayor retrocedió al ver las malas intenciones del otro pero no reaccionó a tiempo por lo que se vio atrapado entre pellizcos que iban dirigidos a la carne del estómago.- Ouch, ouch, ouch... ¡Ichimatsu, para!

Como contraataque, Osomatsu también deslizó sus manos por el estómago del menor, pero frotando rápidamente de un lado a otro.

- N-no me hagas cosquillas. –Dijo Ichimatsu y soltó una risotada involuntaria.

- Tú no me pellizques. –Contestó el mayor sin detenerse.

- D-detente... –Decía Ichimatsu temblando mientras se contenía para no reír y apretó con más fuerza la carne de los costados del mayor.

- ¡Mierda! –Gritó Osomatsu.

La puerta se abrió de golpe, Karamatsu y Jyushimatsu habían regresado y al asomarse dentro de la habitación encontraron a su hermano mayor encima del cuarto hermano, ambos jadeantes y con las manos debajo de la sudadera del contrario. Karamatsu se contuvo para no entrar violentamente y separarlos, pero su expresión se había desfigurado en una de enojo. Osomatsu estuvo a punto de saltar para proteger a Ichimatsu de cualquier tipo de agresión cuando la puerta corrediza del cuarto salió disparada hacia el pasillo.

Todos los presentes brincaron de golpe buscando la causa de aquel impacto, fijando sus ojos en el quinto hermano que tenía una expresión tan torcida que los tres tragaron en seco. Tanto Osomatsu como Ichimatsu habían comenzado a temblar del miedo. Al ver la reacción de ambos, la cordura regresó al segundo hermano y rápidamente llevó una mano al hombro del de amarillo para tranquilizarlo.

- Jyushimatsu... –Le llamó para hacerlo entrar en razón.

- ¿Eh? ¿Karamatsu-niisan? –El de amarillo dio un brinquito y miró la puerta que había arrancado sin darse cuenta.- Ah. Lo siento. Regresé.

- B-bienvenido... –Dijo Osomatsu al tiempo que se separaba de Ichimatsu completamente confundido.

En realidad todos estaban confundidos y no sabían cómo reaccionar ante tal arranque de ira del quinto hermano.

- Subiré a cambiarme de ropa. –Dijo Jyushimatsu quien también se veía confundido.

- Claro. –Contestó Karamatsu y vio que el menor pasara junto a él, caminara por el pasillo y subiera las escaleras directo hacia su habitación.

Nadie dijo nada hasta que escucharon el sonido de la puerta de la habitación de arriba, siendo abierta y cerrada.

- Yo, debería ir a hablar con él. –Rompió el silencio el mayor de los tres mientras se paraba del suelo.

- Osomatsu-niisan... déjalo... probablemente no salió bien con aquella chica. –Contestó con un tono monótono.

- Pero... –Replicó el mayor y se detuvo en seco al no encontrar nada qué decir.

- Hone-... –El segundo comenzó a hablar y al notar lo que estuvo a punto de decir hizo como que se mordió la lengua.- Que diga, Osomatsu... N-no creo que sea buena idea. Deberíamos dejarle sólo.

- Sí, opino lo mismo que Mierdamatsu, para variar. –Convino el menor.

- ¿Eh? –Osomatsu le miró con sorpresa.

- Y creo que tienes razón, no era mi asunto. –Dijo, dándole la razón al mayor.- Trataré de hacer las paces con él más tarde.

Ichimatsu salió del cuarto dejando a Osomatsu pasmado en su lugar sin poder articular una sola palabra. Pasó junto a Karamatsu y éste último abrió los ojos con asombro pues había alcanzado a observar que en los labios de Ichimatsu se había formado una extraña sonrisa. Aquello le confirmaba al segundo su más grande sospecha.

Después de unos días de paz y un cambio de estación lluviosa a una estación nevada, la tranquilidad en la residencia Matsuno había regresado para todos, con excepción de sus constantes peleas de hermanos que aún los mantenían como si fueran niños pequeños berrinchudos. O al menos, así lo veía el segundo hermano de la familia, quien caminaba entre la nieve buscando con la mirada a sus hermanos.

Había salido de casa con la misión de encontrar a Choromatsu y a Osomatsu, quienes habían salido antes que él a comprar el queroseno que necesitaban para mantener funcional la calefacción.

Después de mucho pelear, habían determinado que Choromatsu iría a rellenarlo, o más bien, el tercero había sido forzado por Jyushimatsu quien últimamente se comportaba aún más raro y tétrico que de costumbre.

Eso hacía feliz a Karamatsu, quien había obtenido la fuerza necesaria como para negarse a las peticiones de sus hermanos. Les había dicho que el exceso de amor pudría a las personas y lo hacía por el bien de éstos, por lo que se había negado rotundamente a rellenar el bidón del queroseno. Aunque en realidad, era más por el exceso de confianza que tenía de sí mismo. Sabía de dónde venía esa confianza y al pensar en ello sonrió como idiota mientras la cara de Osomatsu aparecía entre sus pensamientos y pateaba un poco de la nieve que estaba en el suelo. Su relación con el mayor le hacía en su ego muchos cambios, había momentos en que se ponía turbio y otros cuando brillaba casi al mismo nivel que el de Todomatsu.

Su sonrisa desapareció rápidamente al recordar el motivo de que estuviese, en plena noche, caminando por toda la ciudad buscando a sus hermanos perdidos. Había salido a buscarlos en cuanto se dio cuenta de que el mayor no regresó. Los peores pensamientos ocuparon su cabeza, por lo que se ofreció a ir a por ellos más por preocupación personal que por amabilidad. No es que desconfiara de Osomatsu, pero el que le crispaba los nervios era Choromatsu.

El tercero simulaba decencia pero era bien sabido por todos que era el más impaciente y al igual que Karamatsu, tal vez la urgencia de calmar sus deseos sexuales era enorme. No podía estar seguro si algún día se podría convertir en un depredador sexual o no. Además, el saber que tenía sentimientos por Osomatsu era algo que le gritaba señas de advertencia a Karamatsu.

Era un gran observador por lo que había notado cierto anhelo del tercero hacia el mayor, aunque si bien, no era una mirada que le dedicaría una persona a su hermano tampoco podía encontrar lujuria en ésta. Era un poco diferente a las miradas que en alguna ocasión notó que le dedicaba Ichimatsu. Aún así, podría deberse a la naturaleza mentirosa del tercer hermano, por lo que no podía bajar la guardia. Tal vez en aquellos momentos el tercero estaba engañando y seduciendo a Osomatsu y por eso no habían regresado.

Osomatsu era escéptico con aquello de que Choromatsu le quería, pero más misterioso era para Karamatsu el cómo reaccionaría Osomatsu si el de verde tratara de demostrarle sus sentimientos con algo más que palabras.

Karamatsu tragó en seco, caminó un poco más rápido mientras su mente se llenaba de pensamientos depresivos en los que Osomatsu pudiera aceptar el afecto del menor. Pensar en que Osomatsu fuera capaz de traicionarle le hacía sentir un profundo enojo y una enorme tristeza. Pero más triste se sentía por ser capaz de pensar lo peor de alguien que era sincero con él y le daba todo su afecto.

Se detuvo por inercia al notar una luz alumbrando un poco de su cara y volteó su cabeza hacia el letrero de un establecimiento. Ponía "Bar Akatsuka" con enormes letras.

Una parte de sí mismo sabía que siendo sextillizos en ocasiones tenían pensamientos similares, por lo que una parte de su inconsciente le decía que debía entrar. Sintió un poco de pánico pero aún así reunió todas las agallas que tenía y entró con la esperanza de no encontrar a sus hermanos, dentro.

Sus ojos fueron directo a una mesa donde dos personas con el rostro exactamente igual bebían unos enormes tarros de cerveza, platicaban animadamente y sonreían entre sí. Quiso salir corriendo de ahí. Pensó que su ego probablemente estaba muy manchado en aquellos momentos y se lleno de un miedo intenso hacia sí mismo.

Estaba a punto de salir del local cuando sus ojos se encontraron con los de Osomatsu quien se estaba parando para ir al baño. Tragó saliva con pavor. Osomatsu, quien probablemente ya estaba borracho, le había saludado con una mano y una inesperada sonrisa. Aquella dulce y sincera sonrisa había golpeado aquellas inseguridades que cargaba el menor, fuera de su pecho. No pudo evitar que una sonrisa se formara igualmente en su rostro mientras avanzaba hacia la mesa donde estaban los otros dos.

Al estar a menos de un metro de la mesa, Osomatsu se había parado a recibirle con una sonrisa aún más grande que la anterior. Viendo de cerca al mayor con aquél rostro sonrojado producto del alcohol, hacía aflorar la necesidad de Karamatsu de besarle en ese preciso momento. Mientras ambos se sentaban en la mesa, Karamatsu maldijo a Choromatsu por estar ahí.

Habían pedido muchas cervezas con el dinero que se suponía estaba destinado para comprar el queroseno, así que un tarro había llegado rápidamente al lugar de Karamatsu quien había decidido sentarse junto a Osomatsu.

Era agradable, debía admitir el segundo, estar los tres bebiendo y hablando. Eran los tres mayores así que había ciertos lazos que aún sentían que los unían. Choromatsu comenzó una plática de queja contra los menores, en especial contra Todomatsu quien le molestaba constantemente casi tanto o más que Osomatsu. Karamatsu aportó su granito de arena diciendo que debían dejar de mimarlos tanto por ser los menores para calmar su comportamiento. El segundo y tercer hermano seguían hablando de lo complicados que eran los menores y los problemas en los que los metían cuando una voz que casi no había participado los interrumpió.

- ¿Qué más da si son revoltosos? No sólo son los menores, todos ustedes sólo saben hacer tonterías. –Dijo con un tono serio pero era claro que se estaba burlando.

- ¡Osomatsu-niisan, no creo que tú estés mejor que nosotros! –Replicó Choromatsu bastante enojado.

- Brother, calma... –Dijo Karamatsu tratando de tranquilizar al menor de los tres.

- Lo sé. –Le dio la razón con sinceridad haciendo que el enojo de Choromatsu se esfumara en segundos para dar paso al asombro.- Está bien que hagamos tonterías, es lo más satisfactorio para un montón de Neets vagos y buenos para nada.

Ni Karamatsu ni Choromatsu sabían si tomar aquello como un insulto o como un halago.

- Además, lo importante es que estamos juntos en esta vida de porquería... Es divertido estar con ustedes y espero nos quedemos así por siempre. –Dijo antes de darle un sorbo a su cerveza.

Eso era algo bastante poco común de escuchar en el mayor, por lo que los otros dos sospecharon que se debía a que el mayor ya iba en su octava jarra de cerveza. Ambos rieron un poco al ver lo tierno que podía ser el mayor. Ya al día siguiente le molestarían por lo que acababa de decir.

Osomatsu estaba despierto mirando un techo que no le era conocido, miró a un lado para ver una pared que no le era conocida, y se levantó para darse cuenta que estaba sobre una cama que tampoco le era conocida.

Su cabeza le daba vueltas producto de la resaca y su memoria era muy confusa. Recordaba estar en un bar bebiendo con Karamatsu y Choromatsu y después... todo era muy borroso. Se observó con detenimiento y notó que la única prenda que vestía además de los bóxers, era una camisa de manga larga y botones.

Un bulto se movió junto a él, por lo que rápidamente fijó su mirada en aquel cuerpo que estaba revolviéndose entre las sábanas. Karamatsu aún dormía plácidamente como un bebé por lo que el mayor tenía que hacer lo que cualquier persona habría hecho en su misma situación.

- ¡Help! –Gritó Karamatsu quien había despertado de golpe al sentir su cara impactando contra el suelo.

Osomatsu rápidamente se había acostado en la cama simulando que también dormía luego de patear al menor fuera de la cama. Aquella actuación del hermano inocentemente dormido habría funcionado de no ser porque aquel 'Help' que había soltado el menor le había hecho tanta gracia que se notaban en su cara las ganas de reír.

- Osomatsu... –Dijo el menor levantándose del suelo y acercándose al mayor con una aura peligrosa.

El mayor se preguntó si recibiría un golpe de Karamatsu por lo que prefirió mantener los ojos cerrados tratando de mantener la fachada de inocente de todo crimen.

Unas manos se apoyaron en los costados de Osomatsu y éste se preguntaba si lo lanzaría fuera de la cama. Los sonidos de algo rasgándose hicieron que abriera los ojos sólo para ver los botones de su camisa salir volando en diferentes direcciones.

- ¡¿Qué diablos?! –Fue lo único que alcanzó a expresar en su confusión.

Antes de siquiera poder decir algo más o empujar al menor, la boca del otro se había posicionado sobre su pecho y comenzado a succionar uno de sus pezones, haciendo que el mayor se retorciera y tuviera un espasmo por la impresión.

- ¡No! ¡¿Q-qué crees que estás haciendo, Mierdamatsu?! –Dijo mientras sujetaba el cabello del menor con ambas manos tratando de separarlo de su pecho.

- Estoy castigándote con mucho love, Honey~ –Dijo con una sonrisa que para Osomatsu era una de lujuriosa. Pudo sentir un poco de su aliento con olor a alcohol.

- ¡Es muy temprano para estas mierdas de amor, Darling de mierda! –Dijo Osomatsu antes de volver a sentir su pecho siendo succionado con más fuerza que antes.- K-karamatsu... detente... no saldrá nada... ah... –Trataba de controlar su cuerpo pero sentía que con esa única caricia estaba a punto de tener una erección.- D-detente... no tengo… ningún líquido adentro... en serio no saldrá n-nada...

Osomatsu estaba a punto de sucumbir y dejarse llevar por aquellas sensaciones placenteras cuando un golpeteo en madera se escuchó. Alguien había tocado la puerta de aquella habitación estilo occidental desconocida a la que le habían dado poca importancia.

- ¿Osomatsu-niisan? ¿Karamatsu-niisan? –Dijo una voz suave mientras habría con delicadeza la puerta del cuarto y asomaba su cabeza para ver si los mayores ya estaban despiertos.

- ¿Q-qué ocurre, Choropajerovsky? –Dijo Osomatsu un poco cohibido.

- ¡No me llames así! –Gritó, pero al ver el estado del mayor se preocupó.- ¿Te sientes bien, Osomatsu-niisan? Espera, ¿Dónde está Karamatsu?

El mayor estaba completamente envuelto entre sábanas como si tuviera mucho frío. Su rostro con tono rojizo hacia parecer que hubiese pescado un resfriado.

- Jajaja, creo que se cayó de la cama... –Decía mientras señalaba un cuerpo inerte en el suelo.

Choromatsu caminó hasta el interior de la habitación y ayudó a Karamatsu a levantarse del suelo mientras Osomatsu buscaba su pantalón y su sudadera roja por toda la habitación.

- Si buscas tus ropas, están colgadas en el armario. –Dijo Choromatsu mientras ayudaba a un mareado Karamatsu a sentarse en la cama.

- G-gracias... –Dijo el mayor mientras abría el armario y sacaba las prendas que estaban colgadas en unos percheros. Comenzó a vestirse lo más rápido que pudo.- Choromatsu... ¿Dónde estamos?

El menor se le quedó mirando y luego sacudió la cabeza, como si hubiese anticipado que el mayor no recordaría nada. Osomatsu se acercó a sus hermanos menores, quienes estaban sentados en el borde de la cama, y se sentó de igual manera mientras le entregaba su ropa a Karamatsu.

- ¿No recuerdas absolutamente nada de lo que pasó ayer? –Preguntó el menor.

- Recuerdo que estábamos bebiendo en un bar... también fui al baño… y cuando regresé... ¡Ah! –Dio un gritito mientras su mente comenzaba a aclararse.- ¡Nos encontramos a Dayon y entonces nos tragó! ¡Y luego un montón de Dayones nos comenzaron a perseguir! –Su expresión de espanto se relajo como si estuviera contando un chiste.- ... Jajaja, como si eso fuera posible.

- Eso es lo que pasó. Seguimos dentro de Dayon. –Confirmó el de verde.

- ¡Mentira! –Exclamaron Osomatsu y Karamatsu al mismo tiempo y con los ojos muy abiertos.

- Es difícil de creer pero hay toda una civilización dentro de Dayon. –Dijo mientras se paraba de la cama.- Por cierto, según mis cálculos porque acá es difícil contar el tiempo, estuvieron dormidos un día completo.

- No sé que me sorprende más, si el hecho de que hay una civilización de Dayones dentro de Dayon, o el hecho de que nos hayas dejado dormir un día entero.

- Bueno... no hay necesidad de estresarse acá. Podemos tomarnos las cosas con calma... –Dijo con un poco de timidez.

- Brother... ¿A qué te refieres con esas enigmáticas palabras? –Preguntó Karamatsu quien comenzaba a recuperarse de la resaca y se ponía sus pantalones.

- Creo que sería más sencillo si lo vieran ustedes. –Contestó mientras les pedía que se pararan y lo siguieran.

Salieron de la habitación y caminaron por los pasillos de una linda casa pintoresca. Choromatsu los dirigió directo hacia la salida de ésta y al abrir la puerta, casi vomitan debido al asombro mezclado con las nauseas producto de una resaca que aún no desaparecía ni después de un día entero de descanso. Ante sus ojos estaba una ciudad completamente imponente y llena de "gente Dayon" que caminaba por las calles con grandes sonrisas que perturbarían a cualquiera que las viera.

- Acá todo es más sencillo... Los habitantes no tienen que trabajar porque consumen todo lo que Dayon se traga. De igual forma llegan ropa, electrodomésticos, objetos de entretenimiento y todo tipo de artículos variados. –Comenzó a explicar el menor.

- Eso es muy interesante pero tengo una duda muy importante que necesito que me aclares... –Comentó el mayor generando suspenso pues lucía totalmente serio.- ... ¿Llegan películas y revistas porno? –Preguntó y se llevó dos puñetazos en la cabeza, uno de Choromatsu y uno de Karamatsu.

- ¡Deja de preguntar estupideces! –Exclamó el menor.

- ¿Y bien? –Volvió a preguntar el mayor mientras se sobaba y sacudía del cuello de la sudadera a Karamatsu quien a su parecer no tenía ningún derecho para golpearlo.

El de verde se quedó observándole con el ceño fruncido y un ligero sonrojo en las mejillas. Abrió la boca dos veces tratando de decir algo. Tomó aire y sacudió la cabeza con una expresión de incomodidad.

- Sí. Sí hay revistas y películas porno... –Contestó con un sonrojo aún más notorio.

- Jajajajajaja. –El mayor de los tres comenzó a reír haciendo que los otros dos se sobresaltaran.- ¿Qué clase de paraíso utópico es éste?

- ... Es un bonito lugar... –Dijo Choromatsu relajando su expresión y sonriendo con calidez.

- Suena como un paraíso muy beautiful, pero... ¿No creen que deberíamos regresar a casa? –Comentó el de azul sacando a los otros dos de su estado de fascinación.

- ¿Por qué? –Preguntaron a coro Osomatsu y Choromatsu. Un espectáculo visual bastante extraño.

- ¿Eh? P-porque... Porque tenemos que volver... Porque están los menores y nuestros padres... y... –Karamatsu se esforzaba por buscar razones válidas para regresar.

- Papá y mamá aún tienen a los otros tres, y sin nosotros, tendrán una carga monetaria menor. –Dijo Osomatsu y prosiguió con un gesto extraño.- Deberíamos quedarnos acá un tiempo y luego buscar un método para regresar. ¿Por qué no disfrutar un poco de lo que la suerte nos ha brindado?

- Pero... –Karamatsu no buscaba como rebatir aquellas palabras tan egoístas pero tan verdaderas. Buscó con la mirada a Choromatsu buscando un poco de ayuda para convencer al menor de abandonar aquella idea.

- Yo creo que estaría bien quedarnos un poco más... –Dijo Choromatsu dejando sorprendido tanto a Karamatsu como a Osomatsu, quien no esperaba apoyo de su parte.

- ¿Qué mosca te ha picado, Choromatsu? –Fue Osomatsu quién preguntó debido al desconcierto que sentía en su actitud.

- Es que... Bueno... –Una sonrisa boba estaba presente en su cara mientras movía su cuerpo de una forma rara.

- Dayooooon... –Un gritito interrumpió la plática de los hermanos.

Los tres voltearon hacia el lugar de donde había venido aquella voz... femenina. Karamatsu y Osomatsu se sorprendieron al ver a una chica con el aspecto de Dayon y una enorme sonrisa, corriendo hacia donde estaban ellos. Estaban desconcertados.

En cuanto la chica llegó a donde estaban los tres, comenzó a hablar en aquel extraño dialecto que consistía en repetir la misma palabra una y otra vez.

Ambos estaban atónitos pues Choromatsu parecía entender lo que decía y aunque le contestaba de manera normal, era increíble que de verdad estuviera entablando una conversación con aquella chica Dayon.

- ¿Ch-choromatsu-kun? –Interrumpió Osomatsu aún con cara de asombro.

- Ah. Osomatsu-niisan... ¿Qué ocurre? –Preguntó y Osomatsu dio un brinquito sin saber qué decir.

- Brother, si no es una indiscreción... ¿Quién es... esta chica? –Continuó Karamatsu con lo que probablemente también quería preguntar el mayor.

Choromatsu fue el que ahora hizo una cara de sorpresa.

- Disculpen por no presentarla. Ella es la chica que nos ayudó y nos consiguió este lugar para dormir. –Decía con un tono bastante meloso el menor. Un gran sonrojo apareció en sus mejillas mientras hacía caras que Osomatsu catalogó como desagradables.- Y... también es mi novia.

- ¿¡Qué!? –Exclamaron los dos mayores ante aquellas palabras.

Osomatsu sintió su cabeza a punto de explotar, aunque no sabía si se debía a la resaca o que su cerebro no estaba procesando aquellas palabras del menor.

¡Nuevo capítulo después de 83 años! Jajaja, esto es tan repetitivo, pero no me canso de mencionar lo mucho que me atraso escribiendo los capítulos de este fic. Ni decir del otro que tengo. Ese de plano ya tengo el cap en borrador pero no había podido escribir nada por darle la prioridad a éste. Y bueno, para mí es importante por el hecho de que éste se está aproximando más y más hacia el final.

Jajajaja, yo creo que más de uno me querían pegar por "dejar solo al Choromatsu"... lo cual nunca fue mi intención. Pero tampoco quería sacar este spoiler o la magia de la amistad se perdería (?)

Fuera de tonterías, espero éste cap no se les haya hecho soso. Tardé bastante porque en realidad no buscaba como acomodar las ideas. Creo que pasan tantas cositas y hay tanto cambio de escena que puede resultar bastante confuso. Si se pierden en la lectura, pido disculpas de antemano.

Ahora falta que me digan cómo creen que va a continuar. Ya había dicho que el fic tiene un camino lineal. No crean que me olvidé de lo de "la llamada". Esa está por venir... Y para los que ya se dieron cuenta del desarrollo lineal que trata de ir a la par con el anime. Sí... hay cierta escena que al ser un fic KaraOsoKara no puede faltar x'DDDDD

Ya, le paró a los "spoilers". Y nuevamente, espero les haya sacado al menos una sonrisa o lágrima (?) mientras leían.

PD: Nop, tal vez nunca vean lo que pasó entre Jyushi o Homura como tal... pero más adelante se aclarará qué fue lo que hablaron y demás.

PD2: Igualmente, ese cap va dedicado a la waifu, y a los otros lectores regulares que van a buitrear mis borradores en facebook. Los amo mucho... pero no buitreen. Matan el suspenso (?)

PD3: Nop, no me he olvidado de Todomatsu en el fic. Pronto... pronto tendrá la importancia que merece. En especial en esta parte.

PD4: Al final si va a ser que Totty tendrá un capítulo extra para que entiendan por qué tan diva y tanto enojo que tiene en éste fic.

PD5: La cosa del fic impreso no se va a cancelar, ya hay avances en cuanto a ilustraciones que tendrá dentro y la corrección de la gramática y ortografía.

PD6: Ya le paró, y se las paro (?) –le tiran un zapatazo- ... Que diga, si ven errores, comenten. Si no ven errores, igual comenten, shinga'o... ;-; ¡Hasta el próximo capítulo!