Kisses, Bloody kisses
Miedo, angustia y desazón.
Con qué facilidad pueden romperse las esperanzas de las personas sin apenas más esfuerzo que hacer acto de presencia. Con unas palabras es suficiente para hacer aflorar los peores temores, esos que pensaste una vez haber llegado a superar pero que, para tu desgracia, siguen ahí mismo, presentes en tu interior como el mismo día en que habían surgido por primera vez; esperando el momento exacto para aflorar con toda su crudeza.
Su vida había sido borrada del mapa hace veinte años atrás y lo que quedó de aquel trágico momento se vio forzado a sobrevivir durante unos eternos y desagradables imitaciones de existencia. A pesar de que le desagradaba el tener que seguir de esa manera su existencia en este Mundo, había sido obligada a ello, precisamente, por dicho Mundo.
En el momento en que su existencia ya no iba a dar más de si, por lo que, en parte, estaba más que agradecida, un muchacho, al que únicamente le había dado problemas y tratado de saciar su curiosidad aprovechándose de él, le impidió que se dejase llevar por los cantos de la Muerte. Ignorando sus palabras, sus protestas, la obligó a seguir en este Mundo y ella, como respuesta, le hizo que la aceptara como su nakama.
Así fue como Nico Robin llegó a formar parte de los Mugiwara.
Y, solamente, la aparición de una sola persona, Aokiji, fue suficiente para conseguir que todos los buenos momentos vividos con ellos, los Mugiwara, sus nakama, pasaran a sentirse huecos y falsos. Una más de sus maquinaciones para poder sobrevivir en este Mundo mientras trata de alcanzar su sueño.
Que ignorantes eran los Mugiwara para haberla aceptado después de que formara parte de la misma organización que llevó a Arabasta a una sangrienta guerra civil en donde se cobró la vida y sangre de cientos de víctimas de sus maquinaciones. Todo en pos de alcanzar un sueño que muchos tildarán de imposible además de blasfemo y en contra del Bien del Mundo. Todos y cada uno de ellos que la habían aceptado con unas simples palabras o gestos con los que se ganó su confianza, y ahora iban a pagar caro el haberlo hecho pero… ¿todos?
No. De los Mugiwara hubo uno que no se había fiado de ella. Que había sospechado cada uno de sus acciones ante la posibilidad de que pudiera hacer daño a cualquiera de sus nakama. Vigilado cada movimiento que hizo y nunca perderla de vista.
¡¿Kenshi-san?!
Y, de todos ellos, fue el primero que la defendió contra Aokiji. A pesar de saber que se trataba de un Taishou y que le resultaría imposible el poder hacer algo en contra de semejante poder. Simplemente detuvo el ataque de Aokiji como si estuviera defendiendo a cualquiera de sus otros nakama. Como si la considerase a ella, a Nico Robin, Miss All Sunday, un nakama más y miembro de los Mugiwara.
Al bloquear el ataque que le venía de frente a Robin, esta no pudo ver el rostro con el que Zoro encaraba a Aokiji. Un rostro serio y duro que mostraba la importancia de sus acciones. Un rostro que emanaba peligro pero no para él si no para su rival. Le daba igual quien fuera o lo poderoso que pudiera llegar a ser. Su mirada mostraba decisión y que no se echaría atrás.
Luchar. Vencer o morir. Eso era las únicas posibilidades que contemplaba Zoro acerca de este combate. O lo eran hasta que el baka de su senchou le dio una orden. Por ello se maldecía y daba gracias al mismo tiempo. Porque quería seguir luchando con un solo brazo y tratar de acabar con aquel que se había atrevido a atacar a Robin; porque quería regresar cuanto antes al Merry y comprobar in situ que Robin se encontraba bien y que el ataque de Aokiji no le había hecho daño. O demasiado daño.
El Going no Merry se encontraba fondeando a unos kilómetros de la costa de Longring Longland, lo suficiente para no verse afectados por el campo magnético existente en el lugar y perder su próximo destino. La noche había llegado y todos y cada uno de los Mugiwara se encontraban reunidos en la misma habitación para acompañarse mutuamente tras el ataque sufrido. Ninguno quería dejar a Nico Robin, la que peor ataque había sufrido, al ser congelada por completo por Aokiji, sola en la noche aunque estuviera durmiendo. Pero Robin no dormía; normalmente lo hacía y esta noche, después de lo sucedido, aún le resultaba más difícil lograr conciliar el sueño.
Su vista fija en el techo mientras su mente divagaba acerca de las palabras de Aokiji, unas palabras que habían reflejado su vida durante los últimos veinte años a la perfección pero que, de ninguna manera, quería que también lo hicieran con respecto a los Mugiwara. No con ellos, con sus nakama quería cambiar.
-… no quiero seguir sobreviviendo…- se dijo en voz tan baja que no movía los labios y su voz parecía su pensamiento-… sólo quiero vivir…
-De todos, deberías ser quien estuviera descansando más para poder recuperarte cuanto antes y así poder zarpar- habló Zoro sin dar muestras de haber escuchado sus palabras-. Luffy se recuperará porque es demasiado baka para darse cuenta de lo cerca que estuvo de morir, y porque le da igual el que pudiera haber muerto si con ello lograba salvarnos. Pero tú no eres ni tan baka, ni tan ignorante. Sabías que era inútil atacar a ese tipo pero lo hiciste.
En la voz de Zoro no había quejas ni ira, simplemente se trataban de palabras. A pesar de ello, Robin, no quiso entrar en valorarlas en voz alta; ya lo haría luego cuando estuviera a solas con sus pensamientos.
-… kenshi-san…- le llamó Robin con voz apagada.
-Y ahora qué- se quejó Zoro-. ¿No acabo de decir qué te durmieses?
Una vez más, Robin ignoró sus palabras, lo que le mandaban, y siguió con lo que tenía en mente. La mejor manera de seguir adelante era continuar como antes.
-… kenshi-san, sumimasen…- Robin, tumbada en el futón, un esponjoso shikibuton y cubierta por el kakebuton, echó la cabeza hacia atrás doblando por encima de la makura para poder ver directamente a Zoro.
Zoro debió mantener los ojos cerrados y así habría evitado el encontrarse con aquellos ojos mirando para él porque, a pesar de la oscuridad reinante, cada uno de ellos era capaz de ver en los ojos del otro.
-¿Nani?
-… sumimasen…
Esta actitud dejaba muy claro para Zoro que Robin no le iba a decir que quería mientras no se le acercara. Además de que tenía un punto ya que, de esa manera, no tendrían que estar hablando en voz alta. Aunque ninguno de los dos estuviera haciéndolo. Es más, Robin apenas llegaba a ser audible.
Tratando de acabar con esto para poder volver a dormir, o intentarlo porque se sentía más en estado de alerta que le impedía conciliar el sueño, Zoro se puso en pie y se acercó hasta donde descansaba Robin, justo delante de él y, para evitar que dijera algo esperado, se puso de cuclillas al pie de la cabeza de la morena.
-¿Y bien?
Robin sacó su mano derecha de debajo del shikibuton y la alzó llamando más cerca a Zoro. Este, a las horas que eran y que quería acabar de una vez para que Robin tratase de dormir, y a él de paso, se agachó. Cuando se encontró a mano de, precisamente, la mano de Robin, fue agarrado por la nuca y atraído hacia el rostro de Robin.
Cogido por sorpresa, todas las fuerzas de Zoro se dedicaron a no perder el equilibrio y evitar caerle encima de Robin, aunque, de esa manera, habría podido evitar lo que tenía ella en mente.
El seppun resultaba ser de pura necesidad, pidiendo a gritos que no dejara de besarla. Necesitaba ese contacto para poder mantener la cordura de que no era un error, una equivocación, el querer seguir junto a estos kaizoku, junto a sus nakama.
Junto a Zoro.
La mano de Robin se deslizó por el corto cabello de Zoro hasta caer de regreso sobre el shikibuton antes de ocultarse bajo él. Sus ojos no perdían detalle del rostro de Zoro, de cómo sus mejillas se habían vuelto a ruborizar ligeramente a causa de sus seppun. Por su causa.
-… arigatou, kenshi-san…
Zoro se volvió hacia su sitio murmurando por lo bajo una buena sarta de maldiciones e improperios dirigidos a la onna que le había vuelto a robar un seppun de sus labios. De todos ellos, el oído de Robin se quedó con unos cuantos, el que más le resonó fue uno que conocía muy bien.
-… oroko onna…
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Espero que les haya gustado este capítulo en donde hubo de todo un poco y, por supuesto, no iba a faltar un nuevo beso entre Robin y Zoro. La verdad es que, a estas alturas, o Zoro se hace el baka para ser besado o es que, realmente, se le olvidan las cosas con gran rapidez.
REVIEWS.
REVIEWS.
Muchas gracias por los REVIEWS enviados y esperando a continuar recibiéndolos.
Espero que sigan leyendo los siguientes capítulos y, de paso, asomaros por el crossover de One Piece y Dragon Ball Z, "Cross Epoch".
Nos leemos.^^
