10. β Geminorum
Lushan. Lugar donde se encontraba el Monte de los Cinco Picos y la famosa cascada frente a la cual se encargaba de vigilar la torre de los 108 espectros de Hades.
Dohko había informado a su diosa de la ruptura del sello hacía un par de días y se preparaba para regresar a Grecia y unirse en la nueva Guerra Santa. Su alumno, Shiryu, ya se había marchado para poder regresar al Santuario.
— ¡Maestro Dohko!— gritó una voz conocida. Shunrei corría apresuradamente hacia el anciano.
El viejo se giró lentamente y trató de calmar a la chiquilla. Nerviosa por los acontecimientos que se irían a suceder, su carácter tranquilo se veía desbordado. Y más aún al enterarse de que los dos hombres de su vida se irían a combatir, quien sabe si regresarían con vida.
Cuando la joven pudo serenarse, explicó al anciano que alguien se acercaba por el camino.
Dohko frunció el ceño y cogió su bastón, encaminándose hacia el lugar. Efectivamente, a lo lejos se veía un puntito, una silueta de alguien que se acercaba con paso rápido.
El anciano se sorprendió al saber quién era. Rápidamente ordenó a la muchacha esconderse.
Manteniéndose firme, esperó a recibir al extranjero. Cuando al fin se encontraron frente a frente, Kanon realizó el amago de seguir adelante, saludando cortésmente al anciano.
—Venerable anciano, busco a un hombre joven, un guerrero muy poderoso. Se llama Dohko. Dígame si estoy siguiendo el camino correcto—
El aludido se sorprendió ante tal pregunta.
—Lo estás— respondió, con cierta prudencia.
Kanon agradeció la información y se dispuso a proseguir, pero Dohko le paró con el bastón.
— ¿Por qué buscas a Dohko? ¿Qué es lo que quieres?—
El griego alzó una ceja incrédulo. Un hombrecillo de piel morada que apenas levantaba un metro sobre el suelo se atrevía a pararle los pies y a hacerle preguntas que no le incumbían.
—Disculpe señor, pero no tengo intención alguna proporcionarle más información. Sólo permítame pasar, ya que de lo contrario me veré obligado a apartarle. Y como comprenderá, no me resultará nada complicado. No quisiera lastimar a un pobre anciano— espetó, con su particular deje de soberbia.
Esto molestó a Dohko de sobremanera. Después de todo, tenía frente a él a Kanon. Y tras todos los acontecimientos esperaba que estuviera muerto. Y ahí lo tenía. Si estaba vivo era porque Atenea lo había permitido.
—Jovencito, debería ser más amable cuando se dirige a una persona mayor, ya que si no eres capaz de respetar a los demás, ¿cómo vas a respetarte a ti mismo? Pero sea, si quieres pelear, comencemos— respondió, sin mover el bastón.
Kanon abrió los ojos como platos ante tal respuesta. Se acuclilló frente al anciano para ponerse a su altura.
— ¿Es usted el famoso Dohko, portador de la armadura dorada de Libra?— preguntó incrédulo.
Tras la respuesta afirmativa del anciano, Kanon no pudo si no echar una carcajada.
La infinita paciencia del viejo se acabó, y elevó su cosmos.
—Kanon, hermano gemelo de Saga, aquel que engañó al dios Poseidón para iniciar una guerra contra Atenea, no sé a qué has venido, pero si es para matarme, te aseguro que tu camino terminará aquí. No juzgues mi apariencia—
Y antes de que Kanon pudiera decir nada, Dohko ejecutó un ataque contra el griego, que salió despedido, chocando contra las rocas. Cayó malherido, pero logró ponerse de pie tambaleándose y de esa manera se acercó de nuevo al Viejo Maestro, que le esperaba esbozando una sonrisa, apoyado en su bastón.
Kanon se sentó frente a él y aún jadeando, emitió una risa, esta vez clara y jovial. A Dohko le sorprendió este hecho, y dedujo que el muchacho no vino para enfrentarse a él. Su actitud se relajó.
—Necesitabas una cura a tu soberbia— dijo el anciano señalando con el extremo de su bastón al susodicho.
El griego se rascó la cabeza, allí donde se había golpeado.
—Sí…supongo…pero podría haberme regañado, en lugar de golpearme— respondió Kanon.
— ¿A qué has venido muchacho? Tengo prisa, ya que debo acudir al Santuario cuanto antes— preguntó Dohko.
—Viejo Maestro, sé que una nueva Guerra Santa se avecina y quisiera poder luchar del lado de Atenea—
El anciano alzó la ceja sorprendido.
— ¿Cómo sé que podemos confiar en ti?—
Kanon miró al suelo, desconcertado.
—Sé que es difícil de creer pero…estoy vivo gracias a ella. Y quiero pedirle perdón por todo el daño causado a lo largo de éstos últimos años, especialmente con lo de…—
El chino escuchó pausadamente y notó como su compañero se atragantaba con la última frase.
—…eso…con lo de Poseidón— terminó no sin esfuerzo.
— ¿Y por qué acudes a mi? Deberías estar en el Santuario, junto a los demás y Atenea— aseveró Dohko.
El griego volvió a tragar saliva y emitió un suspiro largo. Contuvo las lágrimas.
—Porque no sé si mis compañeros me aceptarán. Es muy probable que no. Ni siquiera sé si, en el caso de que Atenea me perdone, lo harán. Busco tu consejo, pues siempre escuché que eras el más sabio de entre todos los dorados—
Una sonrisa amplia apareció en la cara del anciano, que sintió que las últimas palabras eran mera zalamería para obtener lo que se proponía.
Dohko se giró sobre si mismo y comenzó a caminar en dirección a la cabaña donde esperaba Shunrei.
Con un gesto, indicó a Kanon que lo siguiera.
La muchacha salió al saber que no había peligro y saludó al recién llegado. Preparó un par de tazas de té y abandonó la cabaña.
Kanon observó a la muchacha con detenimiento.
—Ya tiene el corazón ocupado— remarcó el anciano. El griego se ruborizó y se giró.
—Oh, no…disculpe, no…no me malinterprete…supongo que esta es la muchacha por la que Shiryu lucha hasta el límite de sus fuerzas…simplemente me resulta hermosa porque siento que lleva a alguien en su corazón, como usted ha dicho—
El anciano asintió, guiñándole un ojo.
— ¿Nunca has amado?— preguntó a su invitado.
El griego se ruborizó aún más y negó con la cabeza.
—Nunca. No entiendo de esas cosas. Ya sabe…tenía otras prioridades en mente. Ni siquiera me sentí atraído por Tethys…pero bueno, eso es porque sabía que era un pez…me resultaría un tanto extraño—
Dohko dio un sorbo a su té.
—Es curioso, no conoces el amor, pero sabes distinguir la belleza de las cosas. Dime Kanon, ahora ¿qué sientes?—
El muchacho se quedó pensativo mientras probaba el té. Arrugó la nariz y apartó la bebida a un lado.
—Siento que…he hecho muchísimo daño a gente que no lo merecía. Y siento que…he defraudado a mi hermano…— murmuró apagándose su voz al pensar en Saga.
Dohko se reclinó sobre sus codos y contempló la faz de Kanon.
— ¿En qué le has defraudado?—
—Cuando éramos pequeños…él siempre me dijo que en el caso de que le sucediera algo, yo sería su sucesor, su suplente. Que la armadura de Géminis estaría ahí para mi, para poder combatir con ella. Por mi egoísmo, perdí la mejor oportunidad de mi vida…— una lágrima rodó por su mejilla derecha.
—Tu hermano no murió en vano. Dentro de él existía una dualidad de caracteres, en el que cuando dominaba la parte buena, era el ser más excelso sobre la Tierra. Sin embargo, cuando ese lado oscuro tomaba posiciones, se convertía en un tirano. ¿Hubiera sido capaz de vivir Saga con esa dualidad? Tengo la impresión de que no se veía capaz, y por eso se suicidó frente a Atenea, a pesar de que ella le hubiera perdonado. Sin embargo, tu maldad no fue fruto de un desdoblamiento de personalidad, sino de algo que no alcanzo a comprender, más por falta de información que por entendimiento. Ha sido una evolución en tu actitud. Y como tal, eso puede encauzarse, ya que no está sometido al libre albedrío que suponía el estado mental de tu gemelo. Si de verdad quieres servir a Atenea, demuéstrale que has cambiado para bien y que no tienes intención de retomar acciones pasadas. Tú puedes ser bueno, si así lo deseas, y purificar tu alma con la bendición de nuestra diosa. Por eso ella siempre te ha perdonado, porque sabía y esperaba que cambiaras de parecer. Más tarde de lo esperado, pero aún estás a tiempo—
Kanon meditó esas palabras y pensó que quizás tenía razón.
—Así que ella conocía mi existencia— apuntó el griego.
Dohko asintió lentamente.
— ¿Y por qué permitió todo aquello? ¿Esa guerra? Permíteme decir que a veces no comprendo esas acciones…— dejó caer Kanon.
Dohko negó con la cabeza.
—Ella te salvó la vida en Cabo Sunión, pero cuando caíste al santuario submarino de Poseidón, te perdió la pista. Recuerda, ella se reencarnó en bebé esa noche o a lo sumo dos más. Su cuerpo era inútil para tomar cualquier acción—
El griego tamborileó los dedos sobre la mesa.
—Pero ¿y después? ¿No reconoció mi cosmos?— preguntó incrédulo.
—Kanon, viviste mucho tiempo bajo el influjo de Dragón Marino. Tengo que admitir que sabes engañar como nadie, si lo hiciste con Poseidón, Atenea, que no te conocía personalmente, era bastante obvio que no te reconociera. Sólo Ikki, quien se enfrentó a tu hermano, pudo hacerlo.
Aparte, que estabas oculto para el resto de caballeros en el Santuario cuando estabas allí—
— ¿Y para Shion? ¿Shion me conocía? ¿Sabía que existía y que estaba en el Santuario?— reclamó Kanon.
Dohko chasqueó la lengua y apuró todo el vaso con té.
—Lo único que sabía con certeza era que Saga debía tener un hermano gemelo. En todas las generaciones, en todas nuestras reencarnaciones, los portadores de la armadura de Géminis son dos hermanos gemelos. Pero no sé a ciencia cierta si él sabía que estabas allí. Puede que sí. Puede que no. En cualquier caso, eso es agua pasada y no serviría de nada remover aquello—
El griego asintió lentamente y suspiró. Fuera de la cabaña, la noche había caído.
Los dos hombres salieron y contemplaron el cielo. Una estrella fugaz cruzó el firmamento.
Dohko se volvió hacia Kanon.
—Ella te está esperando. Es importante que acudas cuanto antes al Santuario—
—Tendré que ir en avión de vuelta, mañana bajaré al pueblo y tomaré el tren hasta Shanghai—
El anciano emitió una risa.
— Vamos, vamos, tú que eres Caballero de Géminis y puedes moverte a tu antojo por las dimensiones, apareciendo instantáneamente donde quieras ¿vas a ir en avión?—
Kanon se volvió asustado hacia Dohko.
— ¡Pero si aún no tengo la armadura, Atenea se enfadaría si usara las técnicas para regresar!—
La risa fue in crescendo y el griego miraba confuso a su compañero.
— ¡Muchacho! Que no tengas la armadura contigo no significa que no seas Caballero de Géminis. Hazme caso y haz brillar tu cosmos—
Kanon se observó las manos e hizo lo que le ordenó el Viejo Maestro. Lo sentía muy fuerte. Un resplandor dorado cubrió su cuerpo e incendió la noche.
Dohko observó con candidez al nuevo e inesperado aliado.
— ¿Y usted qué piensa hacer? ¿Se viene conmigo?— preguntó al anciano.
—No, tengo que ultimar unas cosas. Mañana por la noche avisa a Atenea que estoy listo. Y ven a buscarme. Hay algo que me inquieta de sobremanera…—
Con estas palabras, Dohko se despidió de Kanon. El griego ejecutó "Triángulo dorado" y desapareció rápidamente en la oscuridad.
El anciano se quedó unos momentos contemplando el cielo. Casi en el horizonte, la estrella Pólux, perteneciente a la constelación de Géminis, brilló con fuerza.
Dohko sonrió y llamando a Shunrei, se metieron juntos en la cabaña a descansar.
NOTAS:
Dentro de todas las estrellas que conforman la constelación de Géminis, la más brillante es Pólux (β Geminorum), que es una gigante naranja. He querido asignar a Kanon esta estrella.
He situado el fic a finales de mayo, para darle más fuerza al tema de Géminis (por empezar su etapa) y de hecho, la constelación en esa época se ve (en el Hemisferio Norte) casi a ras del horizonte.
En principio iba a situarla en febrero, porque creo que es el mes en el que se realiza la batalla de Hades. Simplemente por un detalle: el florecimiento de los árboles de Shaka. La Ficus Religiosa florece en febrero. Y es en este mes cuando la constelación de Géminis se ve mejor. Pero tras mucho debatir, lo dejé como mayo. Disculpad este atrevimiento, pero necesitaba un ambiente más cálido para este fic.
Lushan es lo mismo que Rozan. Sólo que los japoneses no tienen el sonido "L" y lo traducen a su manera. Existe en la realidad el Monte de los Cinco Viejos Picos/Pico de los Cinco Ancianos…o como diantres sea.
Bien, hay un tema un poco espinoso. Según tengo entendido, la historia va así: Saga se cabrea con Kanon y lo encierra en Cabo Sunión. Después (poco tiempo) Atenea se reencarna en el Santuario y esa noche es cuando Saga se cepilla a Shion, usurpando la identidad. Es decir, que Atenea ayuda a Kanon en Cabo Sunión cuando aún no se había reencarnado oficialmente. En plan ayuda divina, como en la Antigua Grecia. Porque una vez reencarnada, no podría usar sus poderes. Si no, Aioros no hubiera muerto. Vamos, así lo entiendo yo.
Por último, como siempre quisiera agradecer el apoyo en esta historia, que como véis, llega a su final. No sé cuántos capítulos más, quizás dos, a lo sumo tres.
Espero que os siga gustando tanto como yo disfruto escribiéndola.
¡Un saludo a todos los que me leéis y apoyáis este fic! ¡Muchísimas gracias!
