Capítulo 10

Junto a ti

Me levanté temprano, cerca de las 7:00 am, para poder ducharme y prepararle el desayuno al hombre más guapo del universo. La noche anterior había sido una odisea, esperaba no haber abierto el pico más de lo debido. Adrian estaba bocabajo y apretaba una almohada de manera sobreprotectora, se veía tan tierno. Luego de ducharme y colocarme una de las camisas de su armario — muy organizado y costoso— bajé a la cocina. El lugar tenía demasiadas cosas que yo jamás había visto pero rezaba para que la estufa no me hablara y me saludara, quedando como una bufona tonta y obsoleta.

Al fin hallé el frigorífico y saqué un par de tiras de tocino y comencé a batir unos huevos para hacer un esponjoso omelet. Mientras lo hacía de manera manual, comencé a pensar en qué era lo que debía llevar para mi viaje de Aspen.

Vertí la mezcla en un sartén rociado de aceite en spray y comencé a poner café. Esa era la primera vez que cocinaba para él.

— Espero que le guste— imploré cuando la primera torta salió.

— Yo creo que si me gustará — dijo a mi espalda, haciéndome saltar.

Me giré y lo noté sin camisa y vistiendo solamente unos pantalones de mezclilla que le escurrían por las caderas de manera sensual. Mis ojos se centraron en esa parte preciosa donde baja hacia su… Wow.

— Buen… Día… — balbucee teniendo ese efecto tan avasallador contra mi concentración y mi ímpetu.

Sonrió a sabiendas de lo que sentía por él.

— Parece que siempre la dejo sin palabras, señorita Linton.

Me sonrojé por la hermosa verdad.

— No me juzgue, señor Cullen. Cualquiera en su sano juicio se hubiese vuelto loco por usted.

— ¡Ah! Benedetti… — suspiró rodeando la barra blanca de la mesa y tomándome de la cintura con propiedad—, pues yo aún estoy somnoliento… Pero que buen insomnio si me desvelo sobre tu cuerpo.

— ¿Jugando sucio? ¿Hoy es mañana de citar a Mario? — le susurré apagando la estufa y enredando las manos entorno a su cuello, pegando la frente a la suya—. Siempre tan romántico, ¿su maestro de literatura le enseñó flirtear con chicas de esta manera?

— Permítame comunicarle que yo no leí en la universidad, si es que eso le preocupa señorita Linton — y me besó los labios con dulzura —, yo leo poesía desde que la conocí — y mis ojos se abrieron de golpe.

— ¿Por qué?

Alzó los hombros con gesto evasivo y puchero de labios tierno.

— No sé… Tenía que conquistarla — y de nuevo estampó su boca en la mía—. Y creo lo he logrado…. — me comunicó feliz —. Pero no por eso dejaré de hacerlo.

— ¿Sin poesía? — pregunté desconcertada.

— Mi hermosa dama— musitó—: su voz, su cuerpo, su risa, sus gestos al amar… Su amor — susurró abrazándome —, todo y cada uno de ellos son poesía. Así que es usted la que me ha conquistado de ese modo.

Lo amaba, lo amaba profundamente.

(…)

Miré el reloj y noté que eran las 10:00 am. Adrian y yo pasamos la mayor parte del tiempo en la sala, tumbados mientras hablamos de nosotros y bebíamos café, ¡a él le encantó! Lo noté relajado en todo momento que estuvimos juntos pero me pidió que me alistara para volver a casa por mis cosas e ir al aeropuerto. La idea no me hacía feliz, así que decidí llamar a Rose para avisarle mientras mi novio se cambia en su habitación y yo le marqué desde el pasillo, lista para marcharme.

Nicole Harper — respondió medio adormilada.

— Rose, soy Bella — le dije intentado ahogar una risita—. ¿Estás dormida aún?

¡Sexi! ¿Cómo estás? ¡Sí estaba dormida! Anoche me quedé viendo películas hasta tarde, mis desveladas son patéticas… Estaba preocupada por ti, pero luego recordé que estaría con Adrian.

— Estoy bien — respondí mordiéndome los labios —, no te preocupes. Hoy salgo para Colorado para… Ya sabes…

Oh.

— Sí, así que solo te avisaba que el tiempo que este fuera le des un par de vueltas a mi departamento.

Si claro, no te preocupes — respondió quizás girándose de lugar —. ¿Adrian irá contigo?

— No, él se tiene que regresar a Cambridge. En un par de días en su graduación y tiene que ver las últimas cosas antes de… Asumir la presidencia.

¡Wow! Que ejecutivo. Sólo cuídate mucho y por favor, mantente en contacto. Sé que tienes novio y todo eso pero ¡No te olvides de mí! Además, tengo que contarte algo cuando vuelvas.

— Está bien — sonreí —, te llamaré pronto.

Otra cosa — susurró —, asegúrate de ir súper sexi. Ojala que el idiota de Mathew Prestt se ponga verde del coraje cuando vea lo que se perdió.

— ¡Rose!

Está bien, está bien… Pero te cuidas mucho — me pidió.

— Lo haré — prometí—, te quiero rubia.

También yo, castaña. ¡Miel y azúcar!

— Miel y azúcar para ti también, adiós — y colgué.

Cuando la llamada terminó, Adrian salió de la habitación.

— ¿Lista, pequeña?

— Claro — respondí guardando mi celular.

— Bien, vamos por tu maleta — me sonrió y me tomó de la mano para salir del departamento.

Cuando subí al auto, me sentí igual de intimidada como la primera vez con Riggs. De nuevo me había comprado ropa — ya que había llegado de sorpresa a la casa de Edward —, intenté no tomarle tanta importancia, ¿Por qué últimamente todo me daba tanta vergüenza?

— ¿Qué harás llegando a Aspen? — Inquirió ausente mientras yo veía por la ventana, perdida en mis pensamientos.

— Iré a arreglar los asuntos de la propiedad de mi abuela — suspiré —, espero tener buenas noticias.

— Las tendrás, hermosa — y me sonrió de manera amable y tranquilizadora.

Pero no quería que todo se centrara en mí, no al menos por ahora. Ciertamente me hacía sentir incómoda.

— ¿Y tú que harás?

— Veré a mi padre para hablar sobre algunas acciones — y su semblante se volvió taciturno —. No quiero enfrascarme desde ahora en eso.

— No hablemos de eso, entones — sugerí.

Y entonces, cambió radicalmente de tema.

— Mi madre me ha llamado esta mañana y me pidió explícitamente que te insistiera en la cena.

Mi cara se comenzó a calentar por la vergüenza.

Me cubrí la boca con las manos.

— ¿Tú madre sabe que estábamos…?

Y sus ojos se abrieron de golpe, colocando la mano izquierda en su nuca.

— No explícitamente le dije que hacíamos, pero sí que estabas conmigo…

Oh.

Bueno, no era lo más apto que tienes que explicarle a la madre de tu novio cuando una chica se quedó a dormir en tu casa.

— Bueno… Quizás volviendo de Aspen… Podríamos cenar…

— Ella estará encantada — celebró.

Cuando llegamos a mi casa, sentía que habían pasado semanas desde la última vez que había estado ahí. Caminé hacia mi habitación en busca de las maletas y la acomodé sobre la cama para comenzar a meter los cambios de ropa. Seleccioné un par de conjuntos y zapatos porque realmente no sabía cuantos días me llevaría el dichoso tratado de la prórroga. Rogaba porque ese mismo día pudiese volver. Adrian me esperaba paciente mientras yo parecía remolino en la habitación y sonreía cada vez que hacía gestos al no poder decidirme. Al ver aquella tensión palpable, decidí preparar café.

— Lo digo con firmeza — dijo con seriedad —, este es el mejor café que he probado en mi vida.

Sonreí alagada.

— Secreto de mi madre y mi abuela — confesé.

— Me encanta — confesó —. Este café es tan rico, mi amor. No sé cómo lo haces, de seguro en tu trabajo eres la mejor y los clientes vuelven seguido.

Mi culpabilidad golpeó mi consciencia. Oh no.

— S-ií — respondí ausente.

— ¿Pasa algo? — Preguntó preocupado.

— No — contesté demasiado rápido —. Sólo me preguntaba… ¿Qué clase de clima habrá ahora en Aspen? ¿Deberé llevar botines?

— Debería llamar a Arnolds para poder fijar la fecha de la vuelta a Sacramento… No… Sí, así es, están a su nombre. ¿Por qué? No, dile que no podrá hacerlo de ese modo, las acciones son de mi padre aún, no mías… Así es. Bueno llamaré más tarde, estoy acompañando a mi novia al aeropuerto.

Adrian se veía demasiado intranquilo. El ceño de sus cejas se veía demasiado marcado como para poder asegurar que todo iba viento en popa en su trabajo, es más, ni siquiera tenía la intensión de preguntarle, sabía que solo lo haría preocuparse más. Mordí mis labios.

— Deja de preocuparte por mí — musitó viendo por la ventana—. No tienes por qué hacerlo, Annie.

Abrí los ojos de golpe, parpadeando y colocando un mechón de cabello tras mi oreja. ¿Cómo era que podía prácticamente leerme la mente? Pero tampoco podía ocultarle algo tan evidente.

— No me gusta verte así — confesé.

— No te preocupes por mí, ya habrá tiempo para todo… Incluso para ti, nena — sonrió.

Yo giré mi rostro totalmente hacia su cara.

— Adrian, no me preocupa eso, bueno… No en el mal sentido — expliqué—. Me refiero — corregí — a que te veo demasiado estresado, demasiado mal. No quiero que te sientas mal.

Su mirada se dulcificó y yo le toqué la mejilla con la palma, acunando su rostro glorioso. Mi contacto le provocó cerrar los ojos.

— Te amo — musité y me miró de nuevo al par que había terminado mi frase.

Me sonrió con dulzura y besó mi palma.

— Soy realmente afortunado por tenerte. No sé qué haré estos días sin ti.

— Volveré tan pronto como pueda — le prometí —, porque me encuentro en la misma situación que tú.

Su boca se torció de manera dulce y encantadora, suspiré.

— Te amo, ¿Tienes idea de cuánto te amo en realidad? Eres mi vida entera, Isabella… Lo único real en mi vida y lo más honesto que he conocido— mi garganta pasó un trago enorme de saliva —, todo gira alrededor de ti, cielo. Yo… No quiero estar lejos de ti. Ojala pudiese acompañarte.

— Estás haciendo más de lo suficiente por mí — agradecí —, y yo tampoco quiero estar lejos de ti.

Y un sentimiento extraño surcó su cara.

— ¿Me dirás todo lo que pase?

— ¿A qué te refieres?

Se acomodó de manera incómoda en su asiento, suspiró cuadrando sus hombros y acomodando su saco de raya diplomática. Aunque mi conjunto no era tan pretencioso como él, era casi igual de costoso. Sentía que la ropa que me había mandado a comprar con Riggs valía más que tres meses de mi salario.

— Anne… — dijo con seriedad y yo suspiré asintiendo con seriedad —. Si alguien intenta algo…

— ¿Intentar?

— Sabes a qué me refiero — refutó serio pero no del todo.

Oh.

— ¿Por qué habría de ocurrir algo?

— Sé que donde vivías está… Ese hombre… Sí se trata de propasar o algo, solo tienes que llamarme y estaré ahí contigo.

¿Qué demonios?

— Edward Adrian Cullen, confía en mí. Sé cómo hacer las cosas con Mathew Prestt, además no tengo la más mínima intención de verlo— le aseguré y aunque sabía que era demasiado pero le pedí algo—: confía en mí.

— Confío en ti, Bella. No confío en él.

— ¿Estás celoso? — Inquirí divertida pero no mostrándoselo todo.

Su cara se turbó y por primera vez, en mucho tiempo se ruborizó.

— ¡Oh mi Dios! ¿Estás celoso Adrian Cullen?

— No es gracioso, Anne— murmuró como niño pequeño cruzado de brazos.

Aunque sabía que el auto iba avanzando — y que nadie podía vernos ni oírnos —, me salí del cinturón y me acerqué a su regazo, gustoso me cargó en sus piernas y yo me enredé en su cuello. Mi nariz frotó la suya con dulzura y con mi dedo índice izquierdo, enredé un mechón corto de cabello entre mis manos, suave y delicioso perfume expidiendo de su cuerpo.

— Solo te amo a ti, Adrian. Nadie en el mundo podría ocupar tu lugar: Nunca— le aseguré—. Además, tienes todo de mí.

— Quiero que seas solo mía.

— Lo soy.

— No me gusta la idea de que vayas sola — musitó—, estaré preocupado todo el tiempo.

— Sé cuidarme sola, bebé — y gruñó bajo cuando besé su cuello—, yo no creo quedarme mucho tiempo y no lo deseo. Mi vida está aquí.

— ¿En California? — preguntó mirándome a los ojos.

Sonreí por su respuesta.

— No, junto a ti.

(…)

En la sala del aeropuerto, solo podía verse en medio de la multitud una pareja que no dejaba de abrazarse, diciéndose hasta luego como si aquello hubiese significado un hasta nunca más.

Mis manos se enredaron en su cuello, evitando humedecer su camisa con mis lágrimas. Odiaba las despedidas.

— ¿Vas a estar bien? — Inquirió besándome el cabello.

— Lo estaré — contesté más insegura de lo que ya me encontraba.

Me acarició las mejillas, dándome un profundo labio y sentí la necesidad de aquel mimo. Me perdí en su boca, su sabor, su amor. Lo amaba más de lo que podría amar alguna vez.

— Te extrañaré — le dije cerca de su boca.

— Será poco el tiempo, nena — sonrió —. Verás que volviendo pasaremos tiempo juntos — propuso y yo traté de sonreír, satisfactoriamente lo logré —, podremos cenar con mis padres y luego pasar el resto de los días juntos antes de ir a mi graduación. Prepararé todo para Cambridge.

Suspiré. Su graduación estaba a más o menos una semana y ya me incluía en sus planes.

— ¿Cuándo es?

— El jueves próximo — contestó.

Torcí los labios, tenía que volver pronto al trabajo y no podía darme el lujo de faltar al club, además a Larry le daría un paro cardíaco si le pedía más días libres, pero claro que lo haría.

— Suena interesante— respondí tomándolo de las manos.

— Me emociona que estés conmigo en un día así — explicó de manera alegre.

— Me alegra comenzar a compartir tus logros.

Y entonces, la voz de una mujer anunciando los vuelos, habló por el alto parlante.

Vuelos con destino a Aspen, favor de abordar por la sala 3456.

Yoquieroquecompartasmividatambién.

Yo hice un gesto desaprobatorio al no escucharlo por culpa del anuncio.

— ¿Qué?

Adrian sonrió y besó mi frente con amor.

— Te amo, demasiado mi amor.

Al saber que no lo repetiría, lo abracé por la cintura.

— Tanto como yo a ti— le aseguré.

— Júrame que te cuidarás. Si te ocurriese algo, yo…

— Nada pasará.

Y nos besamos de nuevo.

— Ve— me ordenó con voz dulce —, no quiero que pierdas tu vuelo.

Mi cara se torció en desaprobatoria objeción pero no dije más. Lo besé de nuevo con decisión mientras sus manos se enredaban en mi cintura y suspiraba por la caricia.

— Piensa en mí— le pedí.

— Todo el tiempo — prometió.

Caminé hacia el andén, donde una azafata me tomó el boleto y lo revisaba, con una sonrisa triste me despidió con la mano y susurró tras el cristal un te amo.

Bueno, nuestra Anne se despide por un tiempo de Adrian para volver a Aspen,

¿qué le deparará el destino ahora que volverá al lugar de donde salió mal herida?

NOTA DEL AUTOR:

CHICAS, ESTAS SEMANAS HE ESTADO MUY OCUPADA CON LA UNI, USUALMENTE ACTUALIZO LOS MIÉRCOLES O LOS SÁBADOS PERO SOLO QUIZÁS, ESTA VEZ TARDE UN POCO MÁS.

AHORA MI ESCUELA ME TIENE FULL, ASÍ QUE NO SE ME DESESPEREN, HABRÁ MÁS DE ESTO.

RESPUESTAS A ALGUNAS PREGUNTAS:

1) NO SÉ CUANTOS CAPÍTULOS SERÁN: PLANEO QUE SEAN MÁS DE 20, PERO TODO VA CONFORME VAYA ESCRIBIENDO.

2) LA TRAMA SEGUIRÁ EN SUSPENSO, (ME ENCANTA EL DRAMA)

3) PONGAN ATENCIÓN NO SOLO A LOS PERSONAJES 'PRINCIPALES', PORQUE LUEGO DICEN QUE NO LE ENTIENDEN.

...

TAMBIÉN TENGO PLANEADO TRABAJAR EN UN OS SORPRESA PARA FINALES DE OCTUBRE, ASÍ QUE ESTÉN PENDIENTES EN EL GRUPO Y YA LES COMUNICARÉ, SERÁ TEMÁTICO Y SALVAJE.

¡NOS LEEMOS PRONTO!

CHICA CON MECHAS CALIFORNIANAS NUEVAS, LAS SALUDA ;)