Disclaimer: Los personajes no son mios, obviamente, pero la historia si, prohibido copiar!

Summary: Luego de la fatidica muerte de sus padres y de un intento de suicidio, Bella Swan llega a casa del doctor Cullen en donde tendrá que vivir con su familia, incluyendo a Edward, un chico que lo tiene todo, pero que luego de conocerla decubre que en realidad no tiene nada.


MEMORIAS

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La imagen de aquella lapida se había grabado a fuego en mi retina. No podía olvidarla, no podía olvidar nada de aquel día. Aunque cada noche rezaba por que fuese mi nombre el que estuviese tallado ahí, nada pasaba, dios había decidido castigarme de la peor manera. Impidiéndome morir.

Me limitaba a hablar solo lo necesario, ya que cada sonido que escapaba de mi boca no era más que el eco de mi soledad. Me dolía oírme, quizás suene absurdo, pero cada vez que escuchaba mi voz los recuerdos caían como un balde lleno de escorpiones venenosos que clavaban aguijones por todo mi cuerpo, solo a eso podía comparar el dolor que sentía.

No me molestaba escuchar a Edward, al contrario el terciopelo de su voz me relajaba. Incluso Alice, la chillona voz soprano de "campanilla" como la llamaba cariñosamente su hermano me divertía, si es que así se le pudiese llamar a lo que me ocurría con ella.

Cualquier cosa que me sacara de mi transe sadomasoquista de torturarme con recuerdos felices, era bienvenida.

Y aquí estaba otra vez, con mi cara pegada a la ventana viendo como pequeños copos de nieve caían al piso.

- Me pregunto si alguna vez podré verte sonreír…- murmuró Edward absorto en sus pensamientos, quien como todos los días descansaba sobre mi cama.

- ¿Sonreír?- bufé – No es nada mas que elevar las comisuras de tus labios, eso cualquiera lo hace. Nada más que ordenarle a un músculo facial, hacer lo que tu cerebro le indica, más sencillo incluso que aprender a caminar

- ¿Vamos afuera? – preguntó ignorando por completo mi falta de entusiasmo y la respuesta que acababa de darle.

Negué con mi cabeza.

- Anda, vamos – insistió acercándose a la ventana y pegando su frente al vidrio – Si no tomas algo de aire te vas a petrificar.

- ¿De donde sacaste eso?

- De una canción – se encogió de hombros – ¿Que más da?, salgamos un rato.

Fruncí el ceño y ante su insistencia, decidí rendirme. Él era demasiado atento conmigo y lo mínimo que podía hacer era complacerlo en algo. Aunque ese algo implicara caminar por el hielo.

Me incorporé lentamente hasta quedar de pie, ante la sonrisa ensanchada de Edward.

- Te va a encantar – prometió entusiasmado.

- Ya lo creo – resoplé sin mucho ánimo.

Bajamos las escaleras despacio y nos detuvimos en el vestíbulo. Descolgamos un par de cazadoras para no congelarnos afuera y antes de salir sentí un pequeño entumecimiento en el pecho. Mis manos y me rostro, comenzaron a empaparse de un incomodo sudor frío, comenzaba a tener un ataque de ansiedad, eso no era bueno, no quería hacerlo.

- No…no puedo – musité retrocediendo un paso cuando Edward abrió la puerta.

- ¿Qué?– frunció el ceño confundido – ¿Por qué no?

- No me gusta la nieve – contesté.

- Ni el sol, ni la lluvia, así que no le veo la diferencia – replicó.- Ven, y te ayudo.

Extendió su mano y esperó sin dejar de verme, mientras yo luchaba con el dolor que amenazaba por salir.

- Aprovechemos antes que vuelva Alice de la escuela y quiera lanzarnos bolas – instó guiñándome un ojo – ¿Puedes creer que el año pasado me hizo enterrarla en la nieve? – siguió hablando de manera distraída, mientras yo tomaba su mano y salíamos al fin de la casa – Que según ella su piel así se mantendría más tersa…será idiota.

- ¿Quién es la idiota? – inquirió una muy molesta Alice a brazos cruzados, desde el estacionamiento de la casa.

- Oh, Alice – rió Edward avergonzado – Hermana de mi corazón ¿Qué tal la escuela?

- Helada – contestó seca – ¿Cómo más? A todo esto ¿van a una fiesta de disfraces?

- ¿Disfraces?– repitió Edward alzando una ceja – Parece que el frío te congeló la mono neurona.

Alice entrecerró los ojos y le sacó la lengua como una niña.

- Lo decía porque Bella parece un oso con esa chaqueta, ¿de donde la sacaste? ¿Del guardarropas de Emmet?

Edward rodó los ojos y soltó el aire por su boca sonoramente, sacudió con la cabeza y como ya era una costumbre en él, la ignoró.

En todo el tiempo que llevaba viviendo con ellos, había descubierto muchas cosas, la principal es que eran felices, se amaban a su manera. Edward cuidaba a Alice y por eso aceptaba a Jasper, su novio célibe. Él por su parte había dejado su vida sexual a un lado por psicoanalizar a una asesina. Curioso por decirlo menos.

Cambió su número de celular y ya nadie lo interrumpía cuando se acostaba a mi lado a mirar el techo, su lista de contactos se limitaba a seis contactos: Carlisle, Alice, novio de Alice, Esme, casa y Emmet. Me hacía sentir culpable por alejarlo de su rutina, pero por más que le insistía que hiciera su vida normal, el siempre contestaba – mi vida era menos que normal antes de conocerte – ¿Qué diablos significaba eso?

- Bella te dejé todo listo sobre tu cama – me avisaba Alice, quien corría de un lado para el otro de la habitación dando indicaciones. Nunca me dejaban sola y aunque a veces era algo asfixiante tener que estar siempre con alguien a mi lado, me ayudaba a espantar las ideas de autoflagelación que cruzaban mi mente cada vez que me veía sola en alguna parte. – Yo voy a buscar unas cosas a la farmacia y vuelvo, no tardare más de diez minutos, quince cuando mucho, así que cuando vuelva espero que estés lista.

- ¡Alice! – la llamé envuelta en una toalla, desde el baño al ver que mi shampoo no se encontraba por ninguna parte.

- Dime – dijo asomando su cabeza por el umbral de la puerta.

- ¿Has visto mi shampoo? – pregunté frunciendo el ceño y apuntando mi pelo.

- Seguramente esta en el cuarto de baño de Edward. Búscalo ahí – contestó lanzándome un beso sonoro – Ya me voy, recuerda, no te demores en la ducha.

Asentí y me levanté para cruzar al cuarto de Edward, era como si fuese una ampliación del mío. Me metí al baño y al correr la cortina encontré mi querido shampoo junto a mi acondicionador. Con razón me duraban tan poco, él se usaba los míos antes de abrir los que le compraban a él.

- La próxima vez voy a llenar los envases con tintura negra – murmuré.

Negué con la cabeza y suspiré cuando de pronto oí un portazo cortesía de Alice que me sobresaltó haciéndome soltar una maldición.

- ¡Mierda!- exclamé. ¿Es qué nunca puede cerrar la puerta suave?

Me acerqué al lavamanos y di la llave para mojarme la cara con agua fría cuando la vi… una navaja de afeitar que lo único que trajo consigo fue una explosión de imágenes a mi memoria. Apreté los ojos queriendo olvidar, olvidar a mis padres, olvidar su muerte, olvidar como murieron, guardarlos de vuelta a esa caja que los mantenía lejos de mí. Pero ahuyentar el pasado no es fácil y menos cuando los recuerdos son tan vívidos, es imposible vivir con un peso así en la conciencia, por más que uno intenté escapar llegará el momento en el que el pasado se hará presente y te sacudirá de manera tan fuerte que solo tienes un escape…terminar lo que empezaste.

Corrí a mi baño con la navaja en mi mano y cerré con pestillo.

Me sentía asqueada, durante meses me escondí de la culpa, intenté si bien, no ser feliz al menos poder estar tranquila, pero no lo merecía, no con ellos muertos. Yo no era Alice, no era Edward, ellos podían ser felices con Carlisle y Esme, porque ellos no tenían la culpa de lo sucedido a sus padres, no como yo. Me concentré completamente en la imagen que mi cerebro dibujaba, cada recuerdo, cada detalle, para no temer ni arrepentirme de lo que estaba haciendo.

Dejé caer la toalla al piso y me hundí en la bañera que tenía preparada desde antes para darme un baño por algo que no pude recordar, la angustia era demasiado vehemente para pensar en cualquier otra cosa que no fuese "culpa y castigo". Clavé la navaja sobre la ya casi inexistente cicatriz.

- ¿Te fijas en el trabajo de joyería que hice? – presumió Carlisle pasando su dedo sobre las puntadas que cerraron mi muñeca. – Por suerte el corte no alcanzó los tendones – prosiguió - Dentro de un mes probablemente ya no haya ni cicatriz.

Cicatriz, a ver si va a poder cerrar todos los cortes – pensé con rabia y dolor luego de machacar a puñaladas mi brazo izquierdo, mientras las lágrimas caían como cascadas por mis mejillas mezclándose con el vino tinto del que rápidamente se llenaba la bañera. Estaba segura que esta vez si había alcanzado los tendones por que me era imposible mover el brazo debajo del agua.

Dejé caer mi cabeza que ahora pesaba hacía atrás hasta golpearla con la tina y cerré los ojos…no podía seguir viva, no quería hacerlo. ¿Como vive la conciencia con tanto dolor?

- ¡Bella espero que estés lista!– gritó desde el primer piso Alice – A Edward no la hará gracia tener que esperarte el día de su graduación.


Siento haber demorado tanto, es solo que he estado en medio de un cambio de casa y no habia tenido internet. Pero bueno, ya estoy de vuelta y actualizare día por medio, o por lo menos eso espero...

Gracias por sus reviews y nos leemos pronto :)

Besos!