Jajjaja, esto os va a encantar. Tenía pensado subir los dos capítulos y todo eso que dije el otro día, pero justo cuando voy a guardar todos los datos el ordenador hace "PUF", y yo me quedo O.o', y claro: ¿Cómo demonios queréis que recuerde todo lo que escribí palabra por palabra? Pues os lo digo yo: ¡NO SE PUEDE! Creo haberlo dicho con anterioridad: No soy Superman, o Wonderwoman o como queráis llamarle.
Mañana, si no me hace "chof" otra vez, subo el siguiente. Bye!
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Raven respiró. Una vez. Dos veces.
Bien, ahora sí que sí.
Introdujo con muchísimo cuidado la semilla dentro de la maceta y tapó el agujero.
Tres veces.
Se sentía mal. Tremendamente fatal. En cuanto llegó a su cuarto se dio cuenta de lo que había hecho.
"En serio, no la arruines. Briar no se lo tomará muy bien".
Apple todavía no llegaba, estaría consolando a su amiga. En un ataque de culpabilidad le pidió a Maddie una de las flores de crepúsculo que habían recogido el otro día, pero solo le quedaban semillas. Así que no había otra opción.
Posó un dedo sobre la tierra, justo encima de donde estaba enterrada la semilla, y se concentró. Poco después del incidente con el señor Mason, su padre había consultado una biblioteca cercana y había vuelto con un libro sobre "cómo criar a una bruja si no eres una bruja". Una de las primeras lecciones del libro era enseñarle a hacer magia; ingenuamente habían creído que Raven sabría hacerlo ella sola. Así que, con ayuda de sus padres, aprendió un par de trucos para mantener sus poderes malvados a raya.
La clave estaba en no precipitarse. Movimientos suaves, dulces. Conjuros pequeños y dosificados, no todo de vez. Y con la práctica, podría hacerlos más fluidamente, casi con solo pestañear. Pero con práctica. Mucha, mucha práctica.
Ni siquiera se molestó en pronunciar las palabras mágicas. Este hechizo ya lo había hecho antes, había sido uno de los primeros. La luz morada y blanquecina parpadeó débilmente sobre la maceta, cubriendo la superficie del terreno como un manto. Paró y repitió la acción un par de veces haciendo pausas para asegurarse de que el hechizo no se volvería en su contra. Sí, lo había hecho antes, pero manipular seres vivos no era lo mismo que transmutar los muebles de su habitación.
Poco a poco la flor fue abriéndose paso hacia el cielo, buscando los rayos del sol. Como ya no había luz que encontrar, Raven aumentó la intensidad y la plantita siguió creciendo sin oponer resistencia. Era preciosa, jamás había visto una flor con unos pétalos tan bonitos y mullidos.
Apple entró en la habitación una hora después y lo primero que vio fue una hermosa flor de color naranja metida en un pequeño tiesto frente a su nariz. Raven la sostenía cabizbaja esperando cualquier reacción, pero al no haber signos de ello, trató de disculparse.
- Apple, ¡lo siento! – empezó – Sé que estuvo mal, no debería haber arruinado la fiesta así. Seguro que el veneno habría sido más...
- Raven, pero, ¿qué dices? – interrumpió - ¡La fantastifiesta no se arruinó! En realidad Briar me dijo que ya estabas tardando en actuar de forma malvada.
- Pe-pero... – dudó – Duchess...
- ¡Ah, no te preocupes! – agitó las manos para restarle importancia – Todos sabemos que Duchess puede ser un poco impulsiva a veces - ¿solo impulsiva? -. Tranquila, nadie piensa que estropearas la fantastifiesta – cogió la maceta y admiró la flor -. ¿Es para mí? ¡Qué encanto! – la colocó sobre su mesita de noche - ¡Oh! Briar me ha dicho que el jueves está libre. Por si quieres repasar y eso.
Entonces, ¿no estaba enfadada? ¿Nadie estaba enfadado con ella? ¡Pues menudo alivio!
- Pero dime, ¿dónde la has conseguido a estas horas? – Apple señaló a la flor de crepúsculo.
- Eh... Secreto de bruja – sonrió feliz. Al final todo había salido bien.
- ¿La has robado?
- ¡APPLE!
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Las clases particulares resultaron ser ciertamente útiles. Briar era muy buena en Historia de los Maleficios, incluso más que en Quimística, así que en poco tiempo pudo enseñarle a Raven todo lo necesario para apañárselas durante su primer año. Al principio Apple la acompañaba, pero finalmente se vio capaz de ir sola a la Sala Común Real a estudiar con Briar, quien tenía la mala costumbre de dormirse cada treinta minutos.
Los que habían hablado con Raven en la fiesta de los plebeyos se dieron cuenta de que era tan normal y humilde como ellos, pero aún así se sorprendió bastante cuando empezaron a sentarse con Maddie y ella en la Castillería. Hunter era un chico muy gracioso y extrovertido, todo lo contrario que Cerise, que reajustaba su caperuza con cada movimiento que hacía. No obstante, las cosas habían mejorado bastante entre ellas, probablemente por intervención del joven cazador. Cerise se sentaba a su lado en Grimmnasia y se esforzaba en entablar conversación, aunque todavía tuviera sus reservas.
En resumen, Raven se había hecho un grupo de amigos que incluía a Maddie, Cedar, Cerise, Dexter y Hunter.
Y definitivamente Literatura Fabulosa se convirtió en su asignatura favorita, no solo por los compañeros, también por lo fáciles y divertidos que eran los proyectos del profesor Nimble. Ese día les había mandado redactar una historia fantástica basada en el tema que ellos quisieran y, para su asombro (de ella y de todos), Cedar se había puesto a comer patatas fritas durante su exposición, impidiendo que los demás pudieran entender nada de lo que estaba diciendo. El profesor no tuvo más remedio que ponerle una mala nota, pero Cedar Wood no parecía decepcionada.
- Oye, Cedar – le preguntó Raven cuando se sentó a su lado en la Castillería a la hora de comer -. ¿Qué ha sido eso de hace un momento?
El resto del grupo ya se había acomodado en la mesa, comiendo y charlando tranquilamente. Hunter levantó la vista de su ensalada al oír la voz interrogante de Raven, poniéndose un pelín nervioso.
- Eh... Pues, verás... – Cedar temblaba sin control y decidió usar el mismo método una vez más – Ej ke aher mn l bohjke fhi uhga cojjja imkhontchablhe... – masticó junto con un trozo de pan de semillas de la Gran Vaina.
- Bueno, está bien, ya vale – suspiró -. Si tan secreto es, no respondas. No te lo preguntaré otra vez. Pero deja de hablar con la boca llena, anda.
- Perdón – se excusó la chica de madera.
Raven le sonrió y echó un vistazo a su alrededor. Cuando se percató de aquello que faltaba, se giró sobre sí misma para mirar hacia donde se encontraba la mesa de los "Reales", como los había bautizado. En ella, Apple y sus amigas reían alegres mientras Daring Charming comía con una mano y sujetaba su espejo portátil con la otra, en compañía de su hermano.
- ¿Por qué Dexter no se sienta hoy con nosotros? – le preguntó a Hunter, quien era su compañero de habitación.
- Bah, Daring le ha dicho que debe pasar más tiempo con los Reales – al parecer toda la mesa había adoptado aquella terminología – y le ha amenazado con irle con el cuento a su padre.
- ¿Su padre? – ahora sí que estaba sorprendida - ¿Podéis hablar con vuestros padres?
- No, en realidad no – fue Cerise quien contestó y parecía abatida -. Solo podemos volver a casa en vacaciones y algunos fines de semana. Lo que pasa es que el Rey Charming es profesor en Ever After High.
- ¿En serio? – Raven se asombró ante la noticia – No lo sabía.
- Pues hay más – siguió Hunter -. Ese tío es muy estricto. Da varias clases, todas del tipo de "cómo ser un buen príncipe azul" y todas esas chorradas – en eso le dio un mordisco al puñado de hojas de lechuga enganchado a su tenedor -. Dexter siempre se anda quejando de que su padre y su hermano le presionan para ser mejor príncipe.
- ¿Mejor príncipe? ¿Más de lo que ya es? – las palabras salieron de Raven sin que pudiera detenerlas.
- ¡Exacto! – bramó él apuntándola con el cubierto – En fin, acostúmbrate a no verlo mucho por aquí. El pobre... – golpeó la mesa no demasiado fuerte y negó con la cabeza.
- ¿Qué? – le instó Raven. Parecía que Hunter quisiera añadir algo.
- Nada, solo... – dudó un instante y murmuró más para sí mismo – Quisiera que Dex fuese el príncipe azul de Ashlynn. Al menos él la haría feliz.
¿Ashlynn? ¿Ashlynn Ella? ¿La hija de Cenicienta? ¿A qué venía eso ahora? Nadie pareció escuchar el comentario de Hunter salvo Raven y Cerise, que en vez de mostrarse confundida como ella, alzó la mano y la posó brevemente sobre el hombro de su amigo. A lo mejor ella sí sabía la razón de su pesar.
- ¡Tengo una idea chachipirulosa! – exclamó Maddie – He oído que esta tarde habrá un nuevo surtido de zapatos en la Zapatilla de Cristal. ¿Por qué no vamos a ver?
- Es una idea estupenda, Maddie – aceptó Raven, encantada -. Así podremos saludar a Ashlynn. No he hablado mucho con ella desde que la conocí.
- Me apunto – concordó Cedar.
Hubo una pausa en la que las tres chicas miraron a Cerise.
- Ah, lo siento. Tengo algo que hacer después de clase – se encogió en su asiento, azorada.
- No te preocupes – la animó Raven. Debía ser paciente con ella -. Para la próxima iremos todas juntas – y aunque eso no era del todo seguro trató de ser positiva y hacer como si nada. Estaba convencida de que eso sería lo que marcaría la diferencia.
- Gracias – susurró Cerise. Y Raven pudo ver a Hunter sonreír.
Al acabar las clases, Raven se reunió con Cedar en el patio delantero del instituto.
- Maddie me ha dicho que tenía cosas que hacer en la tienda – informó – y que se reunirá allí con nosotras.
- ¿Y Hunter?
- No lo sé – agachó la cabeza -, no lo he vuelto a ver desde el almuerzo.
- Se lo habrá comido una ballena – bromeó. Cedar se rió por la ocurrencia de su amiga y las dos decidieron poner rumbo a la Zapatilla de Cristal.
Caminaron despacio, sin prisa, ojeando los distintos escaparates de las calles de Book End. Cuando llegaron había una turba apalancada frente a la puerta aún cerrada del establecimiento, una masa de chicas impacientes por poner sus manos en los zapatos de última temporada que se expondrían al público en cuestión de minutos.
- ¿Ves a Maddie? – preguntaron Raven y Cedar al mismo tiempo.
- Oye, ¿por qué no nos alejamos un poco? – sugirió Raven – De todas formas, solo hemos venido a mirar.
- Sí, tienes razón – y tras un par de empujones pudieron descansar contra la pared del edificio de en frente.
La hora llegó y Maddie seguía sin aparecer. Al dar las seis en punto la entrada se abrió de par en par y la multitud atravesó como pudo el umbral. Los zapatos volaron de los estantes en tiempo record y Raven pensó que sería mejor esperar a que las cosas se calmaran un poco. Sin embargo fue entonces cuando Maddie decidió salir a escena y lanzarse en picado hacia la muchedumbre. Eso sí, sin agarrar ni un solo zapato.
- ¡Maddie! – la llamó Cedar, andando como podía y seguida de cerca por Raven.
- ¡Hola, chicas! ¡Wow, no sabía que se desataría toda esta locura! ¡Té-licioso!
Raven no sabía qué hacer a continuación. La tienda estaba abarrotada y el caos permanecía latente. Solo una cosa la distrajo: una ardilla colándose entre sus pies y un grito salvaje.
- ¡PESKY!
Las consumidoras chillaron mientras Hunter Hunstman atravesaba el salón sin prestar atención a ninguna de ellas, sus sentidos enfocados en el diminuto animal.
- Anda, ahí está – apuntó Cedar, feliz de haber resuelto el misterio.
El jaleo duro un buen rato hasta que la ardilla desapareció entre el gentío y las muchachas empezaron a abandonar la tienda con sus compras realizadas.
- ¡Bufff! – Ashlynn se dejó caer en un diván alejado de los expositores – Menudo día. ¡Se acabó, para el año que viene haré una fiesta como todo el mundo!
- Si es que solo se te ocurre a ti ofertar zapatos nuevos el día de tu cumpleaños, Ash – la regañó Briar, acercándose a ella junto con Blondie Lockes -. Pero, aún así... Habrá zapatos gratis, ¿no? – sonrió inocentemente.
- ¿Es tu cumpleaños, Ashlynn? – preguntó Raven, boquiabierta – Vaya, pues felicidades. Ahora entiendo por qué querías venir – dijo mirando a Maddie.
- Gracias, Raven – asintió Ashynn. ¡Por Dios! Pero qué voz tan suave y melódica tenía esta chica.
- Bueno, ¿qué os parece si vamos a tomar un té para finalizar el cuento? – propuso Briar.
Todos estuvieron de acuerdo y pasaron el resto de la tarde en la sombrerería-tetería de Mad Hatter e hija. Y en las horas que estuvieron allí Raven pudo darse cuenta de tres cosas:
La primera fue que, al contrario de lo que pasaba cuando estaba rodeada de plebeyos, Blondie no actuaba de forma tan inquisitiva frente a sus amigas reales, quizás por miedo a ser rechazada.
La segunda, que Briar no paraba de revisar su teléfono móvil (espejófono) cada dos por tres. Casi parecía que lo tuviese pegado a la mano, pero lo que realmente llamó su atención fue el recelo con el que ocultaba el contenido de los mensajes que recibía. Sus amigas ya debían de estar acostumbradas, pues no hicieron ni un solo comentario al respecto.
Y la tercera cosa que Raven notó fue el intercambio de miradas de Hunter y Ashlynn. Eran de esas miradas que hablan sin palabras, de las que comparten las personas que se aman en secreto. ¿Sería posible? ¿Hunter y Ashlyn? Aunque no le extrañaría, lo cierto era que los dos tenían muchas cosas en común: eran veganos, a ambos les gustaban los animales (Hunter había admitido que en el fondo adoraba a aquel diablillo llamado Pesky)...
Cansada y con una caja de zapatos bajo el brazo, Raven se despidió de Cedar y Madeline al llegar a la residencia de estudiantes. Caminó lo más rápido que le permitió el agotamiento, lo único que deseaba hacer era tumbarse en la cama y dormir hasta el mediodía, aunque sabía de antemano que eso no podría ser ya que Apple tenía la mala costumbre de despertarse al alba y canturrear a coro con los pájaros mañaneros. Tiró la caja en cualquier parte y se dispuso a preparar lo imprescindible para el día siguiente e irse a dormir.
Pero justo entonces se dio cuenta de que no estaba sola. Al principio pensó que sería Apple, pero no.
Era peor. Mucho, muchísimo peor.
"No estaba lista".
