Chapter 9: Maybe Someday


Maybe someday
I will hold your hand
And maybe someway
We'll trace our footsteps in the sand
And just walk away

Keira parloteaba sin parar. Todavía no podía entender cómo Caroline conseguía entretenerse con las pavadas que mi prima decía. En su mayoría, sus comentarios eran de temas exclusivamente femeninos, haciendo que ni Jake, ni Quil ni yo, pudiésemos participar. ¿De qué manera nosotros podíamos integrarnos a la conversación si ella hablaba del uso de tampones en el verano?

Sin embargo, yo no tenía pensado alejarme de Caroline ni un sólo segundo. Estaba cada vez más cerca de convertirme en su verdadero amigo, y no iba a permitirle a una estúpida conversación femenina, que me alejara de mi no chica.

De vez en cuando, ella me miraba por el rabillo del ojo y dejaba al descubierto lo confundida que estaba. Seguro que no podría entender qué rayos hacía yo ahí o cómo me las ingeniaba para bancarme esos temas que a ningún chico (excepto los putos), le gustaría tocar.

—Ya. ¿Podríamos cambiar de tema? —suplicó Quil exasperado. Los chicos me habían aguantado estos largos quince minutos, sólo para no dejarme como un idiota afeminado. Les debía una bien grande...

—Claro —contestó Keira girándose a él —. ¿Hablamos de fútbol? ¡Oh, vaya, qué interesante!

Caroline escondió su boca debajo de su mano y disimuló una risita.

—Al menos ustedes pueden participar. Yo no tengo mucho interés en meterme un tampón en el verano.

—Tienes la suerte de que no debes. Pero, algún día —comenzó a decir de manera amenazante —, algún día, te prometo que yo misma te voy a meter uno por el culo. Sólo para que sepas lo que se siente...

Quil, Jacob, Caroline y yo intercambiamos miradas preocupados; a veces, Keira se iba de tema. Pensé rápidamente algún otro tema unánime del cual poder hablar, y disfrutar de los pocos minutos que nos quedaban antes de que el timbre, anunciara el comienzo de las clases.

—¿Cuándo vendrá Nessie a la reserva, Jake? —le pregunté. Ya con solamente mencionarla, mi amigo endulzó sus facciones y una pequeña sonrisa torcida apareció en su rostro. ¿Tan estúpidos nos poníamos al oír los nombres de nuestras imprimaciones?

—Está ocupada estudiando para unos exámenes —respondió sin ocultar su tristeza —. Quizás este fin de semana podríamos hacer una fogata en los acantilados. Billy podría narrarnos unas historias.

—¡Sí! —festejó Quil —. ¿Hace cuánto ya que no nos reunimos para una fogata?

—Wou, wuo —nos frenó Keira algo molesta —. ¿No piensan invitarnos? ¡Pobre Nessie! Tendrá que soportar a un montón de grandulones sola. ¡Yo me anoto!

—Tú también podrías venir —le dije a Caroline. Sus mejillas se encendieron y bajó la mirada.

—Bueno, eh...Se los agradezco, pero no creo que...

—¡No seas aguafiestas! Mira, te prometo que la pasarás muy bien —insistí mirándola fijamente a los ojos.

—Yo...—dudó unos segundos y buscó mi mirada —. ¡Qué va! ¡De acuerdo, iré!

Una larga, blanca y perfecta sonrisa se extendió de oreja a oreja. Me reí con ella y a mis espaldas, Jacob y Quil se aclaraban la garganta.

—¡A clase, a clase! —comenzó a chillar el director y medio como que nos empezó a empujar dentro del instituto.

Le sonreí a Caroline y los cinco comenzamos a caminar hacia adentro del colegio. Los pasillos comenzaban a atestarse con gente haciéndolo un lugar casi intransitable. Nos reunimos en el salón de Lengua y Literatura, y el profesor no nos dio tiempo a sacar nuestros cuadernos, ya que enseguida se puso a dictar oraciones. Clásico. ¿Por qué en todos los años del secundario teníamos que analizar oraciones sintácticamente?

Quil se había puesto a garabatear en el margen de la hoja, o sea, que no podía contar con que mi compañero de banco me pasara la tarea. Jacob, sentado con Steven Reyem, intentaba convencerlo para que le pasara la tarea. Atrás mío, mi prima copiaba la tarea de bilogía que la amable de Caroline le había prestado.

Muerto del aburrimiento, vi esta genial oportunidad para charlar con ella...

—¡Eu! ¿Hiciste alguna oración?

—Eh, sí, ¿te las paso?

¡Momento! ¿Caroline Poynter me había ofrecido pasarme la tarea? Abrí tanto la boca que supuse que la tendría a la altura del piso. Una pequeña y juguetona sonrisa apareció en su rostro, y sus mejillas se tiñeron ligeramente de un rosa más fuerte.

—Cuando las termines todas, mejor —le guiñé el ojo.

—Es ahora o nunca.

—Eso queda muy de boda —le sonreí y volví a guiñarle el ojo —. ¿Me estás tirando una indirecta?

Caroline enarcó una ceja y me miró de arriba a abajo.

—¿Qué te hace pensar que puedo llegar a tener interés en ti? Es decir, ni que fueras Brad Pitt.

—Soy el Brad Pitt de Forks, bombón. Nada más que un poco más bronceado y más musculoso.

—Sí, sí, claro —hizo un gesto de aburrimiento con la mano —. ¿Qué hay del color de tus ojos y de tu pelo?

—Me teñí el pelo y me puse lentillas, ya sabes, para que ni la prensa ni mis fans me torturen.

—¡OH! ¡Escuchen todos! ¡Tengo a Brad Pitt bronceado delante de mis ojos!

Ni siquiera levantó la voz para decir aquello. Nadie le prestó ni la más mínima atención, solo recibimos una mala mirada por parte de Keira y una bufada por parte de Quil. Sin embargo, él nos miró con deseos de meterse en la conversación.

—Me muero; la pelota que te dieron —comenté orgullosamente.

—Me muero por la fila de «fans» que te esperan a la salida del salón.

—Ya te dije que estoy camuflado, no saben que soy yo en realidad.

—¡Qué buen disfraz, entonces! Ahora, si me disculpas, debo terminar mi tarea.

Me apartó con fuerza (bastante para ser humana ) y me giró la cabeza hacia el frente. Miré a Quil, quien contenía las risas con poco éxito y me reí también. Opté por hacer de cuenta que hacía las oraciones, ya que la penetrante mirada del profesor Laytor, me indicaba que podría meterme en grabes problemas si al menos no disimulaba.

«El cielo se volvió gris antes de que la esclava pudiera escapar con libertad, la cual había obtenido esa misma mañana, gracias a la generosidad de su patrón.»

¿¡Qué se suponía que hiciera con esa maldita oración? Miré de reojo la hoja de Quil y él ni siquiera había copiado las oraciones. Su mente había vuelvo a deambular por una nube de pensamientos que vaya uno a saber qué podían llegar a contener. Rodé los ojos y clavé los ojos en Jake, quien, con insistencia, trataba de conseguir la tarea preguntando a todos los del aula.

Era gracioso porque se había parado con la excusa de «buscar» una goma. Pero qué estupido...

Al parecer, yo no era el único que se entretenía con el paseo de Jacob; Caroline le seguía fijamente con la mirada, como si buscara algo en él...o como si encontrara atractivo su cuerpo. Al instante, y como involuntaria respuesta, despertaron unos instintos para nada agradables, instintos lobunos. ¿Podría ella encontrar lindos a los músculos de Jacob?

—Oye... —susurré con inquietud —. ¿Qué tanto le miras a Jacob, eh?

Su mirada se volvió lentamente a mí, con una ceja curvada hacia arriba, desafiándome. Keira había dejado de copiar para poder prestarnos más atención.

—¿Por? ¿Algún problema? ¿Qué? ¿Te gusta Jacob y temes que te lo quite?

Puse los ojos en blanco, sin embargo, sonreí.

—Qué va —reí entre dientes —. Supongo que sí, que son celos.

—Sí, pero no precisamente celos por Jacob —dijo Keira aclarándose la garganta.

Caroline y yo le miramos. Yo con ganas de matarla y ella con repentino interés. Maldije varias veces el comentario de mi prima.

—¿Qué quieres decir? —quiso saber Caroline, con su voz gravemente agudizada varias octavas.

—Nada —contestó Keira, encogiéndose de hombros —. A Embry le da celos que tú mires a Jacob en lugar de él, no que tú le mires a Jacob porque te parezca lindo. De hecho, yo no te culparía por mirar a Jacob... ¡esa espalda...!

Caroline volvió su rostro a Jacob, y casi que me pareció escuchar unas risitas por su parte. No me cabía la menor duda de que había escuchado perfectamente todo el desarrollo de la conversación y eso, sólo me traía más problemas. ¿Qué pensaría Jake al tener de ante mano confirmado que yo sentía celos hacia él?

—Creo que te vas de tema —me defendí, desesperado —. ¿Y qué tiene si siento celos? ¿Es ilegal ahora?

Ambas, Caroline con sorpresa y Keira con orgullo victorioso, me miraron a la cara. Como hechizadas por mis palabras, ambas estaban duras como estatuas, atravesando mi rostro con sus miradas tan inquietantes. La de mi prima, eran fáciles de evitar, pero las de Caroline...Tenía cierta debilidad por sus ojos almendrados y de un suave color castaño oscuro.

—Nadie dijo que fuera ilegal —dijo de un momento a otro Keira —. Nada más que podrías, ya sabes, disimular un poco más o si no...—se cortó en medio de la frase. Mis músculos tensos me obligaron a apretar el puño de las manos.

—¿O si no qué? —rugí.

—Que grites a los cuatro vientos tus sentimien...

—¡Quién me pasa la tarea! —Quil se dio vuelta hacia ellas en ese preciado momento, salvándome las papas por milagro. Se trajo consigo su hoja, vacía, y clavó los ojos en mi no-chica —. ¡Caro! ¡Yo sé que tú me vas a pasar las oraciones!

—¡Pero Quil! —se quejó ella, mientras sus mejillas pasaban del rojo ruborizado, al rosa normal —. ¡Ni si quiera las has copiado!

Él puso los ojos en blanco.

—¡Por algo tengo una amiga que es una genio y que se las sabe todas! ¡Oye! Yo no estudié en un colegio privado.

—¿Y qué tiene que ver?

—No sé. Pero apuesto que esto para ti es pan comido.

Caroline no pudo reprimir una sonrisa tímida. Quil puso una cara de perro mojado perfecta, lo suficiente para comprarla a ella. Keira rodó los ojos, un poco harta de esa actitud de Quil tan infantil.

—¡Vale, te la daré! Pero tienes que prometerme que me pagarás el almuerzo de hoy, ¿de acuerdo?

—¡De acuerdo!

Quil le sonrió a Caroline y viceversa. Él se quedó dado vuelta, copiando sobre la mesa de ellas, las oraciones ya resueltas en su propia hoja. Jacob ya había vuelto de su paseo por el salón y ya me había propinado varias patadas para captar mi atención.

A la quinta patada, le miré con cara de pocos amigos, porque había interrumpido mi visión del rostro de Caroline completamente entretenida mirando como Quil y Keira se copiaban de su tarea. Jacob me entregó un papelito con algo escrito:

«He de serte sincero, no tengo interés ni en Caroline ni en Keira. Todo bien con tu prima, pero amo a Nessie. De cualquier forma, está buenísima. Yo que tú, le hago gancho con Brady o con Collin, así de deja de joder y deja de hablar sobre los tampones y el ciclo menstrual femenino. No te haces una idea de lo embarazoso que es cuando le cuento a Nessie las cosas que Keira dice.»

Me reí bajito y dí la vuelta a la hoja para escribirle, a modo de respuesta, lo siguiente:

«Collin o Brady no hacen un cerebro juntos. Quizás, si Seth no se hubiera imprimado, sería un buen candidato. El chico no jode, y ella si. ¡Son opuestos! Se supone que los opuestos se atraen.»

Hice un bollo con el papel y se lo arrojé a Jacob. Lo leyó en vario segundos, y tardó otros más en darme una respuesta.

«Sí, bueno. Pero Seth ya ha encontrado a su chica, y lamentablemente para tu prima, yo no estoy disponible.

En fin. Supongo que te habrás dado cuenta de que "tu" Caroline se está comiendo tremendo embole ya que Quil y Keira se le están copiando la tarea. ¿Cómo diablos es posible que ella haya podido acabar con sus oraciones cuando yo ni siquiera le he sacado punta al lápiz?»

Fruncí el ceño y miré a Caroline. Era verdad; debajo de ese aparente entretenimiento con el trazo de los lápices de mis amigos, Caroline ocultaba con mucho éxito su aburrimiento. Entonces, no supe por qué, pero mis ojos viajaron a la mochila de Steve, el compañero de banco de Jacob.

Si mi olfato no fallaba, había olor a cigarros dentro de su mochila, y donde hay cigarros, hay encendedores. Entonces, se me ocurrió una idea maravillosa para poder alegrarle la mañana a Caroline. Expresé mi idea por escrito, para poder proponérsela a Jake; yo estaba convencido de que él me haría la segunda, y me ayudaría para que mi plan funcionase.

Le entregué el papelito hecho un bollo y él asintió una sola vez y con una ancha sonrisa en el rostro. Estupendo, el plan estaba en marcha.

Primero, me aseguré de captar la atención de Caroline, cuyos ojos viajaban de Quil a Keira. Me miró con falso aburrimiento y contempló con impaciencia cómo Jacob buscaba entre los bolsillos de la mochila de Steve, el encendedor. Cuando le encontró, me lo pasó a mí por debajo del banco.

—Mira con atención. Esto no te lo olvidarás nunca —le susurré.

Ella suspiró, resignada. Si tan sólo supiera lo que Jacob y yo teníamos en mente...

Me posicioné de tal manera de poder depositar el encendedor por debajo del asiento de Steve. Él, por el momento, no sospechó de nada. Jacob hacía esfuerzos increíbles por no reírse e incluso, se había animado a distraerle mientras yo le calentaba la silla al pobre de Steve.

Caroline comenzó a soltar risitas cuando Steve empezó a removerse nervioso en las silla; de seguro que estaba sintiendo demasiado calor en su trasero. Yo me mordía con fuerza los labios para no dejar escapar una risotada.

Lo cierto era que me preocupaba un poco lo inquieto que se estaba poniendo Steve; la cantidad de hojas sobre su mesa me hacían preveer un posible escándalo si llegaban a tocar las llamas debajo de su asiento. Pero yo no podía prestarle atención a sus hojas cuando tenía a Caroline luciendo su hermosa sonrisa, y a tan pocos centímetros. Era como desperdiciar la primera fila en tu concierto favorito.

De un momento a otro, comencé a sentir un olor que nunca hubiera querido oler, y menos estando tan cómodo contemplando a Caroline. Me vi obligado a ladear la cabeza para mirar a Jacob, en un intento de que mis fosas nasales se hubieran confundido al reconocer ese olor...

...pero Jacob se había puesto tenso y me miraba con los ojos abiertos como platos. Nuestros ojos viajaron hasta por debajo de la silla de Steve donde una pequeña fogata comenzaba a crecer a paso demasiado acelerado.

Steve tenía las manos aferradas al banco, apretando con fuerza para intentar amortiguar el dolor de la quemadura. Lo que no se había dado cuenta, era de la cantidad de hojas que habían caído a sus pies, y cuyo material contribuía a que el fuego creciera y creciera.

—¡Ay! ¡Quema, quema, quema! —se quejaba.

—¡Jacob! ¡Se está quemando todo! ¿¡Qué hacemos?

—Eh... no lo sé, Embry, no lo se.

Quil se rió y tomó varios bollos de papel y los tiró al fuego. Keira le imitó encantada.

—¡Pero que mierda haces! —le recriminé.

—¡Tú sólo encárgate de que el fuego no se apague, quieres!

—¡Tú estás loco! ¡Te falla un tornillo! ¡Cómo puedes decir que...!

—¡! —bramó Steve, descontrolado por el dolor.

Jacob, Quil y yo intercambiamos miradas. Era claro que estábamos en problemas. El profesor levantó su mirada y la fijó en nuestro grupito. No tardó demasiado en entender qué estaba sucediendo.

—¡Oh por los Santos escritores! —maldijo tomando con ambas manos cada lateral de su cabeza —. ¡Traigan agua, traigan agua!

Keira me facilitó su botella de agua potable y, ante la adrenalina que me recorría las venas, jalé el pico de la botella rompiéndola. Bueno, no la rompí exactamente, más bien, quité ese pequeño orificio e hice uno más grande. Entonces, sin mirar, arrojé el agua hacia donde supuestamente estaba el fuego...

Yo debía de estar maldecido por algún Dios. ¿Podía ser posible que todo el agua que tenía la botella hubiera sido derramada en el rostro del, ya enfurecido, profesor Laytor? Pues así es. Lo

había empapado con el agua, y ni siquiera una maldita gota cayó al fuego, que, en increíbles pocos segundos, se había gigagente.

—Estoy en problemas, ¿correcto?

—Corrrecto —me contestó apretando los dientes —. ¡Tú, Ateara y Black iran ahora mismo a la direc...!

Pero el viejo arrugado no pudo terminar la frase ya que la alarma de incendios le prohibió el habla. Por un momento, en el aula reinó el silencio, aunque pocos segundos después, todos mis compañeros intentaron salir en avalancha por la puerta. El profesor se olvidó de nuestra sentencia e intentó controlar al curso, y pese que sus alaridos eran potentes y claros, nadie le prestó atención; este era el mejor momento para una buena rateada.

Jacob, Keira, Quil, Caroline y yo, nos escabullimos a las ventanas. Saltamos por ellas y nos internamos en el bosque. Jacob y Quil tomaron rumbos completamente diferentes; uno se dirigió al jardín de infantes y el otro, viajaba hacia el este, en dirección a Forks. Perdí de vista a mi prima en cuestión de segundos y por lo tanto, me quedé a solas con Caroline. Aún no estábamos a salvo, así que tomé su mano y comencé a correr con ella a través del bosque, metiéndonos bien profundo.

Caroline no dejaba de reír, contenta y alegre, como una niña que acaba de hacer una travesura. Bueno, esto había sido como una travesura, al fin y al cabo, nada más que habíamos esperado otro final.

—Tengo que reconocértelo —me dijo entre jadeos, apoyándose contra un árbol —. ¡Ha sido genial!

—¡Ya lo creo! Nos zafamos de un insoportable día de instituto —mis ojos no habían dejado de mirar los suyos, y aproveché los minutos que ella necesitó para recuperarse y me acomodé delante de ella, de frente al árbol.

Empleé la misma posición que la que había usado en su casa: la acorralé contra la corteza con ambos brazos a cada lado de su cabeza. Caroline no tendría escapatoria esta vez.

—¿Qué estás haciendo? —me preguntó con una ceja enarcada, aunque advertí una pequeña sonrisa queriendo aparecer en sus labios.

—Reclamo mi recompensa, ¿no crees?

—¿T-tu recom-penza? ¿P-pero q-que es l-lo que te p-pasa?

—Eres tan tierna cuando tartamudeas...

Caroline me miró fijo a los ojos y sus mejillas se ruborizaron. Entreabrió la boca, como llamándome a que la besara. Lentamente, acerqué mi rostro al de ella, mientras que sus ojos se iban cerrando con lentitud. Pero cuando estaba a punto de experimentar el momento más bello de mi vida...

—¡Embry! ¡Oh, menos mal que te encuentro! Por un momento creí que estabas en la oficina del director, pero veo que no...—la voz de Keira me cagó el momento —. ¡OH! ¿Interrumpo algo?

Apreté los dientes y los puños con fuerza. ¡¿Pero qué carajo tenía el mundo en contra mío? ¡¿Qué no se puede besar a una chica en paz y tranquilidad?

—No, Keira, no interrumpes nada —balbuceé. A duras penas, me separé de mi no-chica.

Caroline seguía con las mejillas iluminadas y bajó la mirada avergonzada. Me aclaré la garganta, para disipar la tensión, y empeoré la situación. Keira se balanceaba sobre sus talones a pocos metros de donde nosotros dos estábamos, y tenía sobre su rostro una sonrisa pícara.

—No interrumpí nada, ¿seguro?

—Sí, segurísimo.

—¡Okey! Entonces, ¡vayamos a tomar algo en algún bar! Hay que celebrar lo bien que nos salió esta travesura, ¿o no?

Caroline y yo intercambiamos miradas, pero no dijimos nada. Simplemente, nos limitamos a seguir a Keira a través del bosque.

Durante el camino me maldije por ser tan lento. Si tan solo me hubiera adelantado, si me hubiera apresurado, ahora mismo la estaría besando. Pero evidentemente, ese no era el momento...entonces, ¿cuándo sería el momento justo para besar a la chica de mis sueños?

They say that nothing lasts forever
But we know our two hearts beat together
And though you're far away
Every night I pray
Maybe someday someday


Paabre Embry :/ Debe ser terrible no poder besar a la única chica que le gusta. Yo creo que se tendría que poner un par de pelotas nuevas, y acelerarse un poquitito. ¡Qué huevón! Jajaja, pasa que es un chico tímido, ¿vieron? (?

JAJJAJAA

En fin, me gustaría agradecerle al papá de mi co-escritora por habernos tirado la idea de la broma de quemar sillas. Así como lo leen, el papá de MICA LAUTNER ponía encendedores abajo de las sillas de sus compañeros, nada más que el pobre boludo que sufría la calentura en el traste se callaba la boca, porque si no...
Asíque, papá de Mica, el cap va dedicado a vos. ( Guarda, no es que nos dijo "pongan esto en el cap de Embry" ajajjaja, nono, o sea, un día Mica me lo contó y bueno, quedamos que sí o sí iba a formar parte de un capitulo :] )

Bueno, y por último, antes de ponerles la traducción y dejarlas para que me escriban el preciado, hermoso y único REVIEW, les quiero contar que con Mica ya estivmos hablando del primer beso entre Embry y Caroline, y les prometo que no falta mucho... ASÍQUE, PARA CELEBRAR ESTO, APRETA EN EL BOTÓN REVIEW THIS CHAPTER :)

Gracias !

Traducción de la canción: " Maybe some day" de Bon Jovi.

Tal vez algún día
Voy a tomar tu mano
Y tal vez de alguna manera
sigamos nuestras huellas en la arena
Y caminemos juntos

Dicen que nada dura para siempre
Pero sabemos que nuestros dos corazones laten al unísono
Y aunque estás lejos
Cada noche que rezo
Que tal vez algun dia, algun dia