El Capataz
Capítulo X: Tácticas para el amor
Se quedó él estupefacto por lo que acababa recién de oir. 'Te odio' era una palabra que bien Eiri conocía. Pero… 'te detesto' si que era una frase muy dura de asimilar. No creyó que le dolería tanto. Pensó que, quizás, el dolor se iría pronto y podría reponerse, pero no sucedió nada de eso, más bien aquellas dos frases se quedaron grabadas en su mente como las palabras más desagradables e hirientes del mundo.
- ¿Eiri-san?
No quiso mirarla en aquel momento, le evitó en toda oportunidad la mirada, con la esperanza de poder alejarla de su presencia. Su mente solo estaba inundada de frías palabras, aquellas crueles palabras mencionadas por un rebelde capataz, por un niño de veinte años que logró llegar a su corazón.
- No te has sentido bien desde que Shuichi-san se fue. ¿Pasa algo con ese joven? –preguntó ella, con curiosidad, a pesar de conocer ya el motivo.
- Vete de mi habitación, Ayaka. No quiero que me molestes.
- Tan frío como siempre tú, Eiri-san. Pero eso no me molesta, creo ya habértelo dicho.
- Pero para mí si eres una molestia ¿es que no lo entiendes?
La hirió en aquel momento de furia contra sí mismo, más no le importó a pesar de haberse dado cuenta. La joven no se dio por vencida y se sentó en la cama del joven, animada a hablar con él, para dejarle las cosas muy en claro.
- Piensas que soy un estorbo en tu vida ¿verdad?
No contestó él.
- Pero estoy dispuesta a luchar por que me ames, Eiri-san. Sé que puedo lograrlo…solo dame esa oportunidad.
- No ganarás nada haciéndolo, solo perderás el tiempo.
- Si a Eiri-san no le gusta nadie aún, puedo intentarlo entonces. ¿O es que tienes a alguien?
No quiso revelar sus sentimientos hacia la muchacha quien, expectante, lo miraba por una respuesta. Bajó la mirada como todo un estúpido, avergonzando de su amor propio y más por el amor que, supuestamente, sentía por aquel joven llamado Shindou Shuichi.
- ¿Eso es un 'no'?
- Vete de mi habitación, por favor. No querrás que te vuelva a hacer daño con mis comentarios.
- Lo haré, Eiri-san. Me iré, pero recuerda bien algo…y es que soy la única persona que puede hacerte feliz.
Se puso de pie y se adelantó ella hasta la puerta, decidida a luchar por el amor de su prometido. Volvió a mirarle una vez más al escritor, sonrió tristemente como si fuera capaz de percibir su inminente derrota y salió de allí.
- Creo que, después de todo, me estoy volviendo alguien que no pensé ser.
Muy cerca de allí, un joven pelirosa de presencia imponente cabalgaba mientras golpeaba una y otra vez al caballo con su duro látigo, desquitándose despiadadamente con el potrillo. No pensó en aguantar las lágrimas, ya que sabía que podía llorar cuanto quisiera si era Hiro quien lo observaba.
- ¡Shuichi, detente! ¡Estás yendo muy rápido! –rogó su mejor amigo, por temor a un accidente.
Pero el joven solo siguió gritándole al caballo, ya cansado, que avanzara más y más rápido. Hiro apenas podía seguirle el ritmo y cuando apenas pudo alcanzarlo, el pelirosa se detuvo de su marcha.
- S-Shuichi…
Se bajó el capataz del caballo y liberó las extremidades del exhausto animal de capa palomino de las pesadas correas que le impedían andar con más libertad. El chico pensó que el animal correría muy lejos de él, más no lo hizo, se quedó en aquel mismo lugar, mirándolo, como si entendiese el momento por el que estaba pasando.
- Taka, eres un buen amigo…-lo acarició él, siendo recibidas las caricias de buena forma por parte del caballo.- Perdóname, te hice mucho daño.
Relinchó el caballo, alegre, respondiendo a su disculpa. Aferró más su hocico a la mano del capataz, obligando a este a continuar acariciando y mimándolo.
- Capataz, ¿desea que continuemos con el recorrido a caballo?
- No te preocupes, Hiro. Andaré a pie.
- Pero el recorrido aún es largo, señor.
- Taka se siente cansado, mejor caminaré. Puedes ir tú en tu caballo si lo prefieres.
- Pero, señor…
- Hazme caso, Hiro. No quiero discutir hoy.
Agachó la cabeza en señal de respeto hacia su patrón y se alejó de ahí, no sin antes pedirle a Shuichi que no demorara mucho en regresar a la hacienda. Dudoso por el repentino entusiasmo de su amigo, decidió aceptar y seguir el camino hacia casa solo.
- Shuichi…-lo llamó alguien, tras él.
Volteó y a quien vio fue nada más ni nada menos que a Ryuichi, sonriendo como si entre ellos no hubiese ocurrido absolutamente nada. Se acercó a paso lento hacia el capataz, quien retrocedió temeroso por si algo pudiese pasar.
- ¿Me tienes miedo? –preguntó el cantante.
- No. –respondió.
- Entonces ¿por qué estás retrocediendo?
- Porque no me fío de tus intenciones, Sakuma. ¿Qué quieres aquí?
- Decidí pasear un poco por estos parajes tan pacíficos. ¿Y tú?
- Yo…también.
- Eso es bueno, la tranquilidad de este lugar ayuda a tu mente a despejarse.
- Tienes razón.
- ¿Vas de regreso a la hacienda?
- Si, así es.
- ¿Puedo acompañarte?
- No creo que debieras. Sería incorrecto.
- ¿Por qué? ¿Acaso el que ya no seamos pareja significa que tampoco podemos ser amigos?
Sonrió tan confiado y sincero el peliverde que esa sinceridad le inspiró seguridad al capataz. Aún dudoso, aceptó su ofrecimiento, muy a pesar de que aún estaba confundido sobre sus sentimientos.
- Me dijo Touma que la prometida de Eiri-san vendrá a la hacienda a visitarlo.
- Si, acabo de encontrarme con ambos cerca de la colina.
- Así que los viste. ¿No te duele?
- ¡Claro que no! Si ese imbécil y yo no somos absolutamente nada. No tenemos relación alguna.
- ¿Estás seguro, Shuichi?
- Completamente –respondió él con seguridad.
- No me mientas. –Agregó Sakuma.- Sé que te duele mucho, porque sin querer has llegado a amarlo más que a mí.
- ¿Por qué ustedes dos se creen tan especiales? Par de estúpidos, se creen lo máximo por una razón tan absurda.
- Entonces… ¿no es así?
- Ni lo uno ni lo otro, no te equivoques. Verás que me repondré pronto, eso te lo aseguro.
- Acabas de responder a mi pregunta de antes. Si necesitas reponerte es porque realmente has llegado a amarlo.
- Pues eso no tiene que ver contigo. Al fin y al cabo, me traicionaron ambos.
- Yo jamás te traicioné, Shuichi.
- ¿Ahora planeas ignorar tus culpas? No me hagas reir, Ryuichi.
- Solo dame una oportunidad.
- ¿Eh?
Paró el capataz después de oir lo último dicho por su acompañante. El cantante lo miraba de frente, sin una pizca de maldad, lo veía fijamente, dispuesto a seguir adelante.
- Solo dame una oportunidad más, Shuichi.
- N-No te entiendo.
- Sé que me comprendes. Dame un chance más…para demostrar todo el amor que siento por ti. Te juro que-
- No hables más, ¡cállate!
Se detuvo el vocalista.
- Ya no quiero escuchar más de eso, estoy harto de dar oportunidades que a final de cuentas no sirven para nada.
- Shuichi, déjame intentarlo. Yo sé que podemos volver a amarnos como antes, te lo seguro.
- Lo pasado es pasado, entiéndelo. Ya nada puedes hacer por revivirlo.
- Puedo ser capaz de revivir tus sentimientos, Shuichi. Solo dame la oportunidad que tanto te pido.
Por un momento sintió el impulso de decirle que 'si' y olvidarse por completo de sus temores, pero luego aparecía Eiri, aquel traidor escritor, en su mente, perturbándolo nuevamente.
- ¿Shuichi?
- ¿Qué pretenden hacer ustedes dos?
- ¿Eh?
- ¿Acaso planean volverme loco? ¡Pues no les voy a dar ese maldito gusto!
- S-Shuichi…
- ¡Déjame en paz! –se subió rápidamente al caballo como pudo y este arrancó, llevándoselo lejos de ahí.
- Muy pronto te volveré a tener…Ya lo verás, Shuichi.
Corrió y corrió a toda velocidad, confundido y más perturbado que antes. Sus sentimientos nuevamente se vieron mezclados y fuera de orden. El que Ryuichi le haya dicho eso cambió mucho las cosas, junto al reciente descubrimiento del compromiso de Eiri.
- Ha llegado, capataz. –Le saludó Hiro.- Al final si se vino con el caballo.
- Me vi en la urgencia de usarlo para regresar a la hacienda –caminó unos pasos hacia el establo y, entrando, le dio un poco de agua al pobre Taka quien ya se encontraba bastante exhausto. Le sobó gentilmente la cabeza mientras este degustaba desesperadamente el agua. Hiro se acercó a su jefe, pasándole después la voz. Volteó hacia atrás y vio a todos los trabajadores reunidos alrededor de él.
- Señor, nosotros querríamos darle algo.
- ¿No era acaso tu llamada para atender una de las tantas emergencias con las que me vienen a diario?
- La verdad, señor –confesó Suguru.- nos sentimos muy mal por usted cuando su padre rompió la guitarra que a usted tanto le encantaba tocar.
Continuó Hiro.- Lamentamos mucho no haber podido intervenir, pero hicimos lo que pudimos para arreglarla. –Le mostró él su muy querida guitarra, arreglada casi en su totalidad.- Este es un regalo para usted de parte de todos nosotros…
Abrió grandemente los ojos por la enorme impresión. Justo cuando volvió a tener su valiosa guitarra en manos, sintió que su alma regresaba rápidamente a su cuerpo, junto a un enorme alivio en su corazón.
- Chicos…
Sonrieron todos al ver la tierna expresión expuesta en el rostro del capataz. Sonreía con tal misteriosa ternura y tristeza, que podía ser capaz de provocar tanto sorpresa como felicidad.
- Perdónenme, no sé que decirles al respecto.
- No tiene que decirnos nada, señor. Es suficiente todo lo que usted ha hecho por nosotros, dándonos un techo en donde vivir…ya es mucho pedir.
Asintieron todos, orgullosos del noble jefe que tenían.
- Creo que también debería darle usted las gracias a Ryuichi-san, capataz –mencionó Hiro, con algo de molestia.
- ¿A-A Ryuichi? ¿Y a él por qué?
- Pues…porque, al fin y al cabo, él también nos apoyó mucho con lo de la reparación de la guitarra, señor.
No supo en que momento su corazón se llenó de un inexplicable regocijo, pero también de decepción. Hubiera querido descubrir que era Eiri el colaborador y no Ryuichi, pero debía aceptar la realidad tal y como era.
- No lo sabía…
Todos regresaron a sus puestos de trabajo, mientras que Shuichi decidía si ir o no a ver a Ryuichi para darle las gracias, pero sabía que si iba, se encontraría con Eiri…y también con su prometida, con su hermosa novia a la que no tuvo vergüenza en presentar y pasear por todo el pueblo.
Pero lo había decidido. Si Ryuichi había podido ser capaz de hacer algo de tal magnitud por él, quizás, podría considerar el comenzar su relación con el cantante…como amigos.
Salió de su habitación y, como nunca antes lo había hecho, se dirigió a la hacienda vecina a la de él, con el único propósito de ver a Ryuichi, aunque no podría evitar el ver a Eiri también en la casa.
- Tú eres… ¿Shuichi-san? –preguntó un pelinegro, mucho menor que él, emocionado.
- Tatsuha-kun ¿verdad?
- Nunca pensé que vendrías un día a la hacienda de este tu humilde servidor.
- E-Etto…
- Pero, pasa, no te quedes ahí.
Entró aun dudoso de lo que estaba haciendo y, como esperaba, a quien vio primero fue a Eiri.
- S-Shuichi…
Quitó la mirada de la presencia del escritor, para dirigirse nuevamente hacia el hermano pequeño del mismo.
- ¿Me puedes decir si Ryuichi está en casa?
- Pues que yo sepa, no, Shuichi-san. Creo que aún no ha regresado de su paseo por la colina.
- ¿Para qué lo estás buscando? –preguntó enojado el novelista.
- No creo que sea un asunto que te importe. Ocúpate de tu futura esposa y a mí déjame vivir en paz.
- Vamos, vamos, dejen de pelear. Etto, Shuichi-san, ¿por qué no te sientas a esperar a Ryuichi-san mientras te sirvo un buen té?
- No te preocupes, no quiero causar molestias a tu familia. Yo mejor me voy –dijo el joven, con su típica actitud poco amable.
- Pero no es una molestia para nosotros. Es más, me siento honrado de que estés aquí.
'Que extraño' pensó.
- He vuelto.
- ¡Ah! Ryuichi-san, volviste. Por cierto, Shuichi-san te está buscando.
- ¿Shuichi? –preguntó con sorpresa al verlo después, parado y casi listo para irse.
- Yo ya me iba.
- ¿Viniste a verme, Shu-chan? –preguntó con picardía.
- Te demoraste mucho, así que ya me voy.
A él le permites llamarte Shu-chan…
- ¿Tan pronto? –Preguntó Tatsuha.- pero si apenas llegaste.
A él le hablas en buen tono, como si realmente te importara…
- ¿Shuichi-san? Que sorpresa.
- Ah, Touma-san, qué tal.
- ¿Qué se te ofrece?
- En realidad, nada…Yo ya estaba por irme.
- Vino a hablar conmigo, Touma –contestó desafiante Ryuichi, sorprendiendo a su mejor amigo.- Así que si nos disculpan, él y yo nos vamos.- Tomó al capataz de la mano y se lo llevó fuera.
A él le permites tomar tu mano, permites que sienta tu calor…
- ¿Viniste a verme, Shuichi?
- No te creas mucho, solo vi justo y conveniente agradecer por lo que mis empleados y tú hicieron para reparar mi guitarra rota.
A él si puedes agradecerle con tal ternura que jamás me brindarías a mí…
- No fue molestia. Realmente quería repararla, porque quiero oírte cantar, Shuichi.
- Sabes que ya no sirve de nada que me digas eso ahora.
- No tengo mala intención.
Sonrió apenas el joven capataz para después despedirse cordialmente de su ahora 'amigo'. Ryuichi lo veía alejarse y sentía que era un punto ya ganado. Se había acercado un poco al corazón del capataz, y planeaba acercarse mucho más…hasta poder poseerlo por completo.
Entró a la casa y sin mucho esfuerzo se dio cuenta de que Eiri ya no estaba en ella.
- Salió por la puerta de atrás, Ryuichi-san…-confesó Tatsuha.
Corrió rápidamente para alcanzar a Shuichi, para frustras los planes que sabía tenía el escritor para confundir más a la persona que había amado por más de cinco años.
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Sintió él un dolor inexplicable en el pecho, por el solo hecho de haber visto a ese odioso escritor y no haber podido besarle, o abrazarle. Tenía unas ansias locas de regresar y hacerlo, pero sabía perfectamente que no era posible.
- ¡Shuichi!
- ¿Eh?
Eiri estaba cerca de él. Corrió como pudo, intentando alejar tanto a su amor como a su ansiedad y pasión. Sin embargo, el piso no le fue de gran ayuda ya que solo consiguió caer al suelo por la obstrucción de una bendita piedra en su camino, la odiaba, quería desearle lo peor a tan estorboso objeto.
- ¿Estás bien? –intentó ayudarle, más el capataz no se lo permitió.
- No me toques, puedo solo. –se levantó, aún con el dolor.
Aunque sea una vez, Shuichi…
Lo besó sin previo aviso, paralizando al joven de ojos violáceos por tal repentino contacto de ambas bocas. Su razón lo dominó y gracias a eso, pudo detener el beso.
- ¡Imbécil, no creas que te puedes burlar de mí! –iba a pegarle, cuando Eiri volvió a besarlo.
Quiero que seas mío…como sea…
- ¡Detente!
- ¡¿No entiendes que no puedo?! –gritó él, desesperado.
Mi amor por ti me está volviendo completamente loco, Shuichi…
- E-Eiri, ya basta…
- ¡Te amo y tú solo te burlas de mí! ¡Dime qué tiene ese Sakuma que yo no tenga! ¡Dime qué hago para tenerte! ¡¿Qué tengo que hacer para que me ames?!
Te amo como un drogadicto, mocoso rebelde…Soy completamente adicto a ti.
- Sabes que tienes una responsabilidad con esa joven…
- ¡Yo jamás acepté ese compromiso!
- Pero…
- No digas más, por favor –lo abrazó, sin querer soltarlo.- Solo déjame estar así, a tu lado.
- E-Eiri…
Volvió el beso deseado, esta vez por ambos. No se esforzaron por ocultar su amor en aquel momento, podían olvidarse de todo y seguir explorándose como quisieran, porque sentían que su momento a solas era total y eterno.
Continuará!
X.X Sorry!!! Pero lo que pasa es que cuando lo publico sale una hora distinta, por ejemplo en mi casa la hora es 11:50 de la noche del día lunes, pero naturalmente en la publicación saldrá que ya es martes, esa es la cuestión de las horas. Pero la verdad es que cumplí con el lunes (hehehe x D)
Bueno, espero que me apoyen (como siempre) con sus reviews.
Matta ne!
Namida no Megami.
