CAPÍTULO 10

NUEVO ALIADO

Luego de haber dormido al menos unas horas por la noche, salieron. Al menos Angelo no le había robado a Elsa el arco y las flechas por lo que aún podía usarlas en el Bosque Sombrío. El momento de la verdad ha llegado: debían entrar al Bosque Sombrío, anteriormente Bosque Neyh. Eran algo así como las siete de la mañana, pero estaba muy nublado. Finalmente salieron de la cabaña y siguieron un camino hasta el Bosque Sombrío.

Lo primero tenebroso que vieron fue un cartel casi destrozado: decía Bosque Neyh, pero estaba tachado y debajo decía: Sombrío.

Entraron. Estaba lleno de niebla, apenas podían verse. De entre las sombras, un hombre atacó rápidamente a David, aprisionándolo contra un árbol y poniendo una daga muy cerca de su cara.

—¡Habla!—gritó el hombre.

—¿Estoy hablando?—dijo David, arqueando una ceja.

El hombre lo vio mejor.

—No llevas capucha... y no te vistes con una túnica...—dijo el hombre, dejándolo.

Félix miraba atentamente cada paso que daba el hombre.

—¿Qué estás haciendo?—preguntó la reina, acercándose.

—¿Reina Elsa?—preguntó el hombre, confundido—. ¿Qué está haciendo aquí?... ¿Y por qué... es pelirroja?

El hombre era de unos sesenta años. Era de pelo negro que le llegaba hasta los hombros y varios mechones de pelo tapaban su vista. Tenía lentes y sus ojos eran de color marrón. Era delgado, llevaba una camisa negra, pantalones azules y zapatos marrones.

—Perdone que no me presenté Majestad, soy Luis Blackze, soy de Arendelle.

—Bueno... respecto a su pregunta... pasaron algunas cosas extrañas cerca de aquí, pero no debemos darle importancia...—dijo nerviosamente la reina.

—Bueno, Luis... ¿y tú que haces aquí?—preguntó el albino.

—Señor Blackze—dijo fulminándolo con la mirada.

—Bueno, Señor Blackze... ¿y usted que hace por aquí?—corrigió David.

—Estoy investigando lo que pasa en este bosque. Todos dicen que están matando a cada persona que entra aquí, por lo que quise investigar.—explicó Blackze.

—Pero... ¿viniste tú solo? ¿no crees que es muy... peligroso?—dijo David—. Y la edad no acompaña...—dijo en voz baja, solo Elsa lo escuchó y rió.

—Puede ser peligroso para una persona normal—dijo misteriosamente Blackze—, pero para mí no.

—¿Qué poder tienes tú?—preguntó Elsa.

—Puedo controlar la tierra.

—¿Qué?

Blackze dio un pisotón al piso y empezó a moverse. Se estaba provocando un terremoto.

—¡Okey! Ya entendí—dijo David.

Blackze paró el terremoto.

Elsa hizo una llama de fuego para ver mejor.

—Majestad... ¿usted no era la Reina de las Nieves?—preguntó confundido Blackze.

—Sí, pero cerca de aquí pasó algo extraño... hizo que él y yo intercambiáramos poderes...

—¿Así que eres un rey de las llamas?—dijo Blackze, mirando a David—. Felicitaciones, chico. No todos pueden controlar esos poderes.

—Ejem, gracias... Luis... ¿Conoces a un tal... Angelo?—preguntó el pelirrojo.

—¿Angelo? me suena el nombre de algún lado... pero creo que no lo conozco. Y es señor Blackze.

—Hey... escucho ruidos—dijo con desconfianza la reina, mirando hacia todos lados.

David sacó su hacha. Blackze preparó su cuchillo.

De la nada, apareció un gigantesco monstruo: tenía escamas, era algo así como un dragón cuatro veces más grande y mucho más gordo. Con sus garras, atacó para agarrar a Elsa, pero David se puso en medio y lo agarró a él.

—¡Déjame, estúpido monstruo!—gritaba David, mientras trataba de liberarse. Sopló y le llenó la cara de nieve. El monstruo se enfureció y lo tiró fuertemente hacia el piso, luego aplastó el brazo del albino. Un crujido resonó por todo el Bosque Sombrío.

Eran sus huesos.

—¡Infeliz! ¿¡Por qué justo mi brazo izquierdo!?—protestó David, mientras se sujetaba el brazo.

El monstruo rugió, pero Félix chilló.

Félix se había enojado.

Las águilas enojadas no son nada buenas.

Félix le clavó sus garras al monstruo mientras lo picoteaba.

Blackze y Elsa admiraban por primera vez como un águila se enfurecía hasta el punto de hacer rugir a un monstruo de siete toneladas.

El señor Blackze le dio un pisotón al piso y empezó a moverse. Unas raíces salían del piso y aprisionaron al monstruo, haciéndolo caer. Elsa lanzó una ráfaga de fuego, pero al parecer el monstruo era inmune al fuego. El monstruo dio un manotazo haciendo caer al piso a David y lo aplastó de nuevo. Crujido.

Mano derecha fracturada.

—¡Cóngelalo!—dijo Elsa, creando un escudo de fuego.

—¿CÓMO SE CONGELA A ALGUIEN CON DOS MANOS FRACTURADAS?—exigió saber David, mientras retrocedía.

La sonrisa que tenía Elsa por haber tomado ventaja al monstruo se esfumó.

—¿Qué?—dijo Elsa, desconcertada, perdiendo la concentración y haciendo desaparecer el escudo de fuego, mientras miraba hacia David.

—¡Cuidado con...!—trató de avisar David, pero el monstruo le dio un manotazo a Elsa y la hizo caer. Iba a aplastarla pero una pared de hielo lo impidió.

David miraba fijamente al monstruo sin mover un músculo con unos ojos fríos.

—¿C-cómo... cómo haces eso?

Creó cuchillas de hielo que se clavaron al monstruo. El monstruo rugió. David hizo más largas las cuchillas y se clavaron aún más en el monstruo. La bestia trató de darle un manotazo pero lo esquivó. Finalmente, creó más y más cuchillas, que lo atravesaron. Aunque estaba usando hielo. Luego, el monstruo cerró los ojos, muerto.

—Tienen potencial—dijo Angelo, que salía de entre las sombras. Movió sus manos y un aura roja salió de Elsa y entró a David, mientras que un aura azul salió de David y entró en Elsa—. Se lo merecen... pero les puedo asegurar que esto solo fue un regalo. Y les recomiendo venir más armados al Bosque Sombrío. Les juro que la siguiente vez que vuelvan aquí, ¡NO SALDRÁN!—gritó Angelo, creando neblina, haciendo que Blackze, David y Elsa aparecieran donde Angelo había hecho el teletransporte.

—¿Cómo congelas a alguien con la mirada?—preguntó Elsa, confundida por lo que acababa de pasar.

—No sé, pero lo hago con fuego, no sé cómo funcionó con hielo—dijo David, feliz de que las fracturas de sus manos se habían curado mágicamente y que era pelirrojo de nuevo.

Elsa trató de congelar un árbol con la mirada, pero no le salió.

—Es difícil—dijo Elsa, aún tratando de congelarlo.

—Solo ciertas personas pueden hacerlo—dijo en voz baja el señor Blackze—. De hecho, solo las personas que pueden acumular todo su odio, dolor y tristeza en un hechizo. A mi nunca me salió. No creo que a usted le salga.

Elsa hizo una mueca.

—Bueno...—dijo David, bostezando. No había escuchado lo que dijo Blackze—. ¿Ahora que hacemos?

—Vengan al castillo. Veremos si Anna y Kristoff pudieron encontrar algo—fue hacia donde estaban Frosty y Duna pastando—. Ugh... solo dos caballos.

—No se preocupen, yo iré caminando...—dijo Blackze.

—No, toma a mi caballo—dijo David—. Soy el más joven de los cuatro.

—Félix es más joven—dijo Elsa.

—No, es más viejo. Tiene veinte años—dijo David.

—Espera... ¿entonces tú no tienes treinta?—dijo Blackze confundido.

—Nunca dije que tenía treinta—dijo David, arqueando una ceja—. ¿Tan viejo parezco?

Elsa rió.

—Es que eres tan alto que...—dijo Blackze, pero David lo interrumpió.

—Okey, Luis, sube al caballo y cierra la boca—dijo David.

—Es SEÑOR BLACKZE—protestó Blackze, subiendo a Duna—. Y tienes canas extrañas.

—No son canas—dijo David—. Son... bueno, la marca que deja alguien al congelar.

—¿La reina... te congeló?—dijo Blackze, incrédulo.

—Es una larga historia...

Elsa y Blackze cabalgaban mientras David caminaba.

Al llegar a las montañas, Elsa creó un puente de hielo. Frosty pasó por él, seguido de Duna y Blackze. David quedó al comienzo del puente.

—Tus puentes... me dan miedo.—confesó David.

Elsa rió.

—No, en serio.

Ea! Aquí les va el Chap 10! No había muerto aún :D (?

Pues aquí introduzco al tercer OC! Un hombre de 60 años con poderes de tierra que insiste en que lo llamen "Señor" y que les sacará varias sonrisas en capítulos posteriores por comentarios como: "Me duele la columna!" (?

Nos vemos en el siguiente capítulo! Y recuerden dejar reviews :B

Saludos!