¡Hola, hola, traje pollito! Jajaja bueno no pollito pero algo muy bueno! Disculpen si las he hecho esperar mucho pero aquí esta lo prometido, también pido perdón si les estoy volviendo un ocho la mente pero hey! eso es lo divertido e interesante de todo esto. Gracias chicas por sus reviews no tienen idea de cuanto me alegran y me rio leyendolos, son lo máximo! Gracias a las que siguen la historia como su favorita y pues ya mucha habladera, las quiero un mundo y disfruten! Dejenme saber que les pareció si? xoxo V
Inuyasha no me pertenece sin embargo esta historia si :)
La canción What a wonderful world- Michael Bubble Cover, no me pertenece.
Tercera persona P.O.V
Juntos entraron por las puertas Karpov y la chica, todos los invitados allí presentes se giraron a verlos deteniendo lo que hacían para recibir al anfitrión de la velada. Con una sonrisa Karpov asintió a sus invitados a lo que muchos de ellos le devolvieron el gesto de la misma forma o alzaban sus copas de champaña o vino que tenían en las manos. Un joven mesero se acercó a los recién llegados con dos copas de champaña, ambos tomaron sus respectivas copas y el joven desapareció.
Comenzaron a caminar por el salón saludando a muchos empresarios y colegas, muchas mujeres veían con envidia a la chica de vestido carmesí ya que Karpov era todo un galán, el hecho de que tuviese una acompañante era detestable.
Al pasar unas horas ya todos se encontraban cómodos, todos los invitados estaban en el lugar, Karpov había dado un discurso de agradecimiento y los músicos comenzaron a tocar piezas instrumentales. El evento era en beneficio de una fundación que pertenecía a Karpov, la cual ayudaba a los niños huérfanos.
-No sabía que eras tan bueno- le dijo sonriente la chica, se encontraban sentados en una mesa junto con otros empresarios.
-Hay muchas cosas que no sabes de mi querida- respondió Karpov con una sonrisa. Ella subió la ceja sonriendo ante su tono de burla. En ese momento, sobre la tarima en donde se encontraba la orquesta, caminó un hombre bien vestido de unos treinta años aproximadamente, era alto y de cabello oscuro.
-Buenas noches señoras y señoras, mi nombre Christopher y seré su cantante por el resto de la noche. Ahora quisiera que todos por favor tomaran a sus parejas y se dirigieran a la pista de baile y que disfruten de esta pieza, gracias- el hombre dio la señal a la orquesta y estos comenzaron a entonar la melodía, inmediatamente Karpov se levantó de su asiento.
-¿Me regalaría esta pieza?- preguntó ofreciéndole su mano, ella le sonrió y con gusto asintió tomando su mano. Caminaron al centro de la pista acompañados de varias parejas, con agilidad él la tomo por la cintura con un brazo y con el otro seguía tomando su mano al nivel de sus hombros, pegaron sus cuerpos con delicadeza sintiendo el calor del otro, dejándose llevar por el ritmo de la canción.
I see trees of green, red roses too
I see them bloom for me and you
And I think to myself what a wonderful world.
-Esta es una de mis canciones favoritas- le dijo a la chica que lo veía con una amplia sonrisa, él sentía como su corazón latía con fuerza.
I see skies of blue and clouds of white
The bright blessed day, the dark sacred night
And I think to myself what a wonderful world.
-Bailas muy bien- dijo ella pegándose cada vez más a su cuerpo, disfrutando cada momento del baile que realizaban. Los movimientos de él eran fluidos mas precisos, llevaba el ritmo de la música a la perfección.
-Te dije que no sabías muchas cosas de mi- ambos rieron llamando la atención de las parejas cercanas.
The colors of the rainbow so pretty in the sky
Are also on the faces of people going by
I see friends shaking hands saying how do you do
They're really saying I love you.
-Gracias- susurró ella mirando a los ojos.
I hear babies crying, I watch them grow
-¿Por qué?- preguntó el sin entender.
They'll learn much more than I'll never know
-Por la velada…- su voz era dulce, tan dulce como la miel de abejas, él solo pudo sonreír ante su respuesta
And I think to myself what a wonderful world
-Gracias a ti por venir- sus ojos se conectaron en ese momento como imanes con una fuerza sobrenatural que nada, pero absolutamente nada podría ser capaz de separarlos, todo a su al rededor se desvanecía poco a poco, ellos eran los únicos en el universo, tan solo acompañados por la melodía que sonaba junto con los latidos de sus corazones, lentamente la canción llegaba a su final, por lo que sus movimientos se hacían más lentos.
Yes I think to myself…
-Alexandria…- susurro él.
-Si…- pudo responder a penas.
-Te quiero-
What a wonderful world….
Sus labios se encontraron entonces por primera vez, suaves y tiernos con sabor a caramelo, el calor y las emociones que fluían en ese beso eran algo inexplicable, la chica sentía como corrían ríos de electricidad por sus venas mientras Karpov sentía que estaba en llamas, todo su ser ardía.
Inuyasha… pensó la chica por un segundo pero su pensamiento se desvaneció rapidamente.
La canción acabo seguida por los aplausos de todos, sin querer, fueron separandose lentamente quedando a solo unos centímetros uno del otro, se veían a los ojos de nuevo con la misma intensidad de antes.
-Definitivamente hay muchas cosas que no se de ti- dijo ella haciéndolo reír mientras volvía a besarlo, esta vez más apasionadamente. Pararon ya que todos comenzaban a mirarlos, riéndose salieron de la pista de baile mientras el cantante comenzaba con otra canción.
-Creo que ya es hora de irnos- sugirió Karpov a lo que ella asintió. El, se subió en la tarima una vez más agradeciendo la presencia de todos despidiéndose, sin embargo los invitaba a quedarse todo el tiempo que quisieran. Sin más salieron del salón rumbo al auto, sus manos estaban entrelazadas mientras caminaban. Una vez en éste auto Karpov emprendió el camino.
Al cabo de unos minutos se encontraban de nuevo en la mansión, se bajaron del auto y caminaron hasta la entrada siendo arropados por la brisa helada, faltaba poco para navidad y el clima se hacia notar. Dentro, todo estaba en absoluta paz y silencio, era cálido. Subieron a la habitación de Karpov con completa serenidad, sin embargo ella se encontraba algo nerviosa.
-Voy al baño en seguida vuelvo- se excusó el millonario con una sonrisa y un beso en el cachete de la chica perdiéndose por la puerta cercana al balcón. Recordando a la perfección la habitación, caminó hasta el balcón abriendo la puerta corrediza de cristal, dejándose golpear por el gélido ambiente que rodeaba el hogar. Caminó hasta dejar reposando sus manos sobre el borde de balcón. De allí se podía ver toda la parte de atrás de la propiedad de Karpov, era inmensa. También admiraba el cielo estrellado y la luna de tamaño colosal mientras se perdía en sus pensamientos. Sin escucharlo, él apareció detrás de ella abrazándola por detrás colocando sus rudas y cálidas manos en sus caderas. El pelinegro olisqueó su cuello dando un tierno beso en éste, ella cerró sus ojos dejándose llevar por la caricia.
Sin darse cuenta, se había volteado para besar los labios de su compañero que la aprisionaba ahora contra la barandilla del balcón. Su besos eran cálidos, apasionados , con un toque de delicadeza y dulzura. El calor crecía entre ellos haciendolos olvidar el frío que los rodeaba, lentamente comenzaron a caminar dentro de la habitación sin separarse más de cinco centímetros uno del otro. Con manos suaves, él paseaba la espalda de la chica subiendo y bajando haciendo que su corazón latiera más de prisa. Ella enredaba sus manos en el cabello negro del hombre que la hacia sentir tan bien. En ese momento la chica sintió como tropezaba contra la cama, dejandose caer con suavidad acompañada sin duda de Karpov. El se encontraba ahora sobre sobre la chica dejando la cantidad necesaria de su cuerpo sobre el de ella para saber que todo era real. Entonces por primera vez desde que entraron al cuarto se vieron directamente a los ojos, la única fuente de luz era la luna que los iluminaba con delicadeza. Sus ojos destellaban con deseo y amor, la conexión que había entre ambos era indescriptible. No necesitaban palabras para hablar sus ojos dejaban claro que era lo que querían. El se sentó sobre la cama y ella lo imitó con el detalle que se paró frente a él dandole su espalda. Ella miraba la luna que era testigo de sus actos, él por otra parte admiraba la belleza que se encontraba frente a él. Sin más él se levanto de la cama pegándose a ella lo suficiente como para que sintiera su calor. Con agilidad desató el vestido que se unía en su nuca por una cadena de diamantes, ella tenía sus manos sobre sus pechos agarrando las tiras caídas del vestido, él acarició sus hombros desnudos regalandole un beso en la nunca el cual la hizo suspirar. Olvidando todo con ese beso, quitó las manos de su pecho dejando caer el vestido hasta el suelo, quedando en ropa interior de encaje negro. Se volteó a verlo y no estaba preparada para lo que veía, unos ojos llenos de ternura que la miraban con un amor inexplicable. Lentamente y con movimientos tímidos, comenzó a desabrochar la camisa de Karpov revelando su torneada figura. Al despojarlo de su camisa acarició una vez su pecho, bajando por sus abdominales hasta el comienzo de sus pantalones en donde dejó sus manos mientras daba un tierno beso en su clavícula; sintiendo su pulso bajo sus labios.
De un momento a otro se encontraban desnudos bajo las sábanas, él sobre ella abrazándola con delicadeza mientras ella lo rodeaba por la cintura con sus largas piernas, una vez mas se veían a los ojos transmitiendo lo que sentían. Lentamente él le dio un beso suave en los labios sintiendo como la chica se estremecía bajo su cuerpo, poco a poco hizo un camino de besos hasta su oreja en donde se paró, ella escuchaba y sentía su respiración ocacionando que se estremeciera aun más.
-Como si fuera la primera vez…- susurró entonces, entregandose al deseo.
Eran justo las doce con tres minutos cuando por la puerta de un exclusivo restaurante entró una mujer de aspecto misterioso. Preguntó al recepcionista por un hombre de nombre Bankotsu Ivanovish, el servidor le mostró el camino hasta la mesa en donde la esperaba dicho hombre y con completa tranquilidad se sentó frente al pelinegro, al contrario de ella, él se notaba tenso, se podría decir que ansioso.
-Debe ser importante si me llamaste- habla la mujer con una leve sonrisa, sus labios rosados se curvearon con incomodidad.
-Necesito recuperar a la niña- dijo acercandose a ella hablando bajito, podía notar el nerviosismo en sus movimientos, las ojeras no se hacían olvidar, al parecer no durmió nada bien.
-¿Quién la tiene?- preguntó secamente la mujer.
-Liev Karpov, es un empresario, le hacíamos un trabajo para matar a los que mataron a su esposa, Naraku le ofreció a la niña por una noche y no sé que demonios pasó que ahora piensa dejársela, anuló nuestro compromiso- dijo entre dientes, la ira se lo comía por dentro.
-Bien…veré que puedo hacer, te llamo cuando la recupere- sin más la mujer se levantó de la silla y se volteó para marcharse.
-¿Por qué me ayudas?- preguntó entonces Bankotsu confundido, la verdad cuando la había llamado la noche anterior no pensaba que ella iría, aunque en realidad se lo debía.
-Porque me conviene- su voz maliciosa le dio a entender que tramaba algo pero la verdad no le importaba tan solo quería recuperar a su amada. Como llegó la mujer partió del restaurante sin relevancia alguna. El prosiguió a pedir algo de comer para después partir a la oficina de Naraku para encontrarse nuevamente.
Aome…Aleksandria…Angélica…Aome…Aleksandria…Angélica…Aome…Aleksandria…Angélica…Aome…Aleksandria…Angélica…Aome…Aleksandria…Angélica…Aome…Aleksandria…Angélica…Aome…Aleksandria…Angélica…Aome…Aleksandria…Angélica…Anna…Aome…Aleksandria…Angélica…Aome…Aleksandria…Angélica…Aome…Aleksandria…Angélica...Aome…Aleksandria…Angélica...
Los nombres se repetían en su mente una y otra vez con diferentes voces, con diferentes tonos aunque todos muy lejanos.
Sintió pesado el cuerpo de pronto, trató de moverse pero se encontraba aprisionada. Abrió sus ojos con cuidado, la luz que se colaba por las cortinas de seda era tenue, a penas podía persibirse, sin embago la tela que cubría las ventanas se movía débilmente por el soplar de la brisa dejando entrar el aroma de la mañana en la habitacion.
Comenzó a recordar todo lo que ocurrió la noche anterior pero no podía tener una imagen clara de lo sucedido, era como un borrón, sin embargo sabía que había sido especial ya que se sentía como nunca antes. Entonces miró hacia abajo viendo los brazos que la aprisionaban, ella se encontraba de lado y justo tras ella se encontraba él con su rostro hundido en su cuello, sentía el calor de su pecho en su espalda y como respiraba acompasadamente. Sentía un leve punzón en la cabeza pero decidió ignorarlo. Los pájaros comenzaron a hablar, ella escuchó su conversación atenta, era su sonido favorito. Se acurrucó más, volteándose de modo que quedaran frente a frente, él seguía dormido aunque su agarre no se aflojó ni un segundo, entrelazó sus piernas dejando la de él sobre la de ella ya que así no sentiría la brisa, la sábana la arropaba tan solo la zona más privada de ambos, el resto estaba al aire. Desnudos pegados uno al otro, ella admiraba cada facción de su ser, simplemente no lo podía dejar de ver, con sus ojos comenzó a trazar su cuerpo memorizando cada parte. Los párpados cerrados, la nariz respingona llena de pecas que solo podrías ver de cerca, labios delgados, la piel tostada, el bien formado pecho, la sábana que cubría sus caderas y su virilidad, sus muslos…en ese momento hubo algo que llamó mucho su atención. En su muslo izquierdo, que se encontraba sobre su pierna, había una cicatriz del tamaño de una mano de una persona adulta, parecía antigua, sin embargo se notaba que había sido profunda, hizo una nota metal de preguntar que le había sucedido luego.
-Buenos días- escuchó la voz ronca de él dándose cuenta que se había quedado concentrada viendo dicha cicatriz por lo que no se percató de que él se había despertado. Con una sonrisa subió la mirada y se acurrucó aun más a él.
-Buenos días- respondió ella sintiendo un beso de él en su frente.
-¿Qué tal dormiste?- preguntó jugando con un mechón de su cabello azabache.
-Excelente, ¿Y tú?-El la miro con una sonrisa y se acercó para darle un beso en la boca.
-Mejor que nunca- ella sonrió y se abrazaron aun más aunque pareciera imposible. El cerró sus ojos dejándose abrazar por los recuerdos de tan apasionada noche, tener el tibio cuerpo de la chica entre sus brazos era algo que nunca pensó podría sentirse tan genial.
-Oye…- comenzó ella con timidez observando fijamente el pecho robusto de su amante.
-Hmmm- gimió el insitándola a seguir, estaba muy ocupado aspirando su dulce aroma.
-¿Qué te pasó en la pierna?- preguntó con la mejillas arreboladas, él abrió sus ojos de golpe y carraspeó moviendose un tanto incómodo.
-Pues, fue hace mucho tiempo cuando era pequeño, mi madre estaba planchando y me cayó la plancha encima- dijo un poco nervioso, a ella le pareció extraño pero decidió no alargarlo más, no era algo significante.
Se quedaron acurrucados más tiempo hasta que sonó el teléfono de Karpov, era Naraku pidiendo por favor reunirse con él ya que necesitaba hablar de ciertos negocios. Sin realmente querer levantarse, ambos se dirigieron a la cocina para comer un rico desayuno preparado especialmente por él. Luego de la comida subieron a cambiarse, él le prestó una ropa que solía pertenecer a su esposa, ella no estaba muy cómoda con la situación pero usar un vestido de fiesta a las diez de la mañana no era muy tentador.
En el camino a casa de la chica decidieron pararse en el supermercado ya que Karpov necesitaba unas cuantas cosas y por muy extraño que parezca, él se encargaba de ese tipo de cosas en su hogar aunque tuviese mil asistentes para hacerlo. Se bajaron del auto y caminaron tomados de la mano cual pareja de novios, tomaron una cesta y él comenzó a guiarla por los pasillos.
-Me sorprende que tú hagas tus compras- dijo ella mientras veía como el escogía unas verduras, parecía todo un experto viendo cuales eran las mejores.
-Costumbre aprendida, de pequeño solía hacer las compras con mi hermana- Dijo el despreocupado, sin embargo al darse cuenta de sus palabras se puso un poco tenso.
-No sabía que tenías una hermana- dijo ella dándole una bolsa para que metiera las verduras.
-Eh, si, lo que pasa es que nunca fuimos tan unidos y perdimos contacto, era mi media hermana de todas formas- habló incómodo Karpov.
-¡Aome! ¡Aome!- se escuchó gritar a una mujer castaña que se aproximaba a donde estaban ellos, ella sintió un escalofrío al escuchar aquel nombre, Karpov parecía ignorar lo que sucedía -¡Aome! ¡Aome!- se escuchó ahora mas cerca, la chica de tez blanca y ojos cafés se paró al lado de la chica de cabellera azabache -¿Aome qué no me escuchas?- preguntó la castaña tocando el hombro de la mujer a su lado la cual parecía ignorarla, Karpov las veía expectante y ella se quedó allí parada.
Aome P.O.V
Aome…Aome…Aome…Aome…¿Aome qué no me escuchas? escuche a lo lejos, de pronto todo dentro de mil me dio vueltas como si estuviera en las tazas giratorias de los parques de diversiones, me dolía la cabeza, creo que tenía migraña, de pronto sentí ganas de vomitar y las luces del lugar en donde estaban me cegaban por completo. Perdí el equilibrio sin embargo sentí como alguien me agarraba, no tenía idea de donde estaba, todo era confuso.
-¡¿Aome estás bien?- escuché la voz alarmada de Sango lo cual me confundió más, ¿Por qué estaba con ella?
-Querida acercare a la nevera necesitas aire- dijo Karpov…¿Qué demonios hacia yo con Karpov y Sango en el mismo lugar? Sentí como me movían, demasiado rápido para mi gusto sin embargo el aire fresco golpeo mi rostro y logré hubicarme poco a poco…estábamos en un supermercado o eso creía yo, estaba sentada en el suelo con Karpov a un lado y Sango en el otro -¿Ya estas mejor?- preguntó perocupado. Aun etaba confundida.
-Me duele la cabeza- fue lo único que logre decir al momento llevando mi mano a mi frente.
-¡Aome hay que llevarte a un hospital estas muy pálida!- sugirió Sango, sin embargo antes de que pudiera decir algo fui interrumpida.
-No se preocupe yo la llevaré a casa- Dijo Karpov, me di cuenta entonces de la presencia de varias personas a nuestro al rededor formando un círculo, quería salir de allí, quería ir a "casa", quería estar con Babu, quería estar con Ayame, quería abrazar a Sango, quería a Inuyasha, quería muchas cosas.
-¿Segura? ¿Quieres que te acompañe?- preguntó esperanzada viendo con duda a Karpov, Si… pensé pero mi cuerpo reaccionó antes de hablar negando con la cabeza.
-No te preocupes él me lleva mi casa- dije tratando de levantarme, inmediatamente sentí las manos de Karpov en mis brazos ayudándome. Ya mi vista era clara y nítida, sin embargo aun me sentía un poco extraña.
-¿Y qué hay de tu vuelo? ¿Cuándo te vas?- preguntó mientras nos seguía ya que habíamos comenzado a caminar.
-Problemas con el avión salgo esta tarde- dije un poco ausente observando a Karpov que no decía nada.
-¿Puedo llevarte?- sentí repentinamente ganas de llorar, me sentía presionada y asfixiada, no comprendía bien lo que sucedía, mis últimos recuerdos eran en la sala de Karpov viendo una foto luego todo era borroso, oscuro pero claro, movimiento, sudor, suspiros algo así recordaba pero nada era claro, estaba frustrada no entendía nada, al parecer Karpov captó eso e interrumpió.
-Lo siento pero no puedes- le dijo sin más dejandola allí plantada -Hasta luego, vamos- me cargó de forma nupcial comenzando a caminar más rápido por los pasillos, me giré a ver a mi amiga que se había quedado allí congelada sin entender una vez más que sucedía. Agradecí a Karpov por haberme salvado de dar explicaciones aunque me dolía en el alma dejarla así, aun estaba mareada así que me acurruqué en su pecho, si bien me sentía incomoda y extraña haciendo aquello, no tenia ganas de caminar y no creía poder hacerlo.
Rápidamente llegamos a su carro, me paró en el suelo con cuidado, sin soltarme completamente, con una mano abrió la puerta y me ayudó a sentarme en el asiento de cuero negro, cuando estuve acomodada en este, él cerró la puerta y cruzó por delante del auto para llegar a su asiento, entró y cerró la puerta, encendió el motor quedándose paralizado por unos segundos con las manos en el volante, viendo al infinito.
-¿Estás bien?- me preguntó entre dientes, me giré a verlo y él me miró a mi, sin decir nada asentí y él arrancó, no tenía idea de a donde íbamos. Decidí quedarme callada y no decir nada para evitar enfrentamientos y mayores confusiones, ya era bastante con lo perdida que estaba, necesitaba hablar con Babu.
Luego de cruzar unas cuantas calles me di cuenta que realmente nos dirigíamos a mi "casa" por lo que me alegré por primera vez en mi vida. Una vez frente a el edificio, él se bajó y abrió mi puerta antes de que pudiese hacer nada, traté de bajarme yo sola pero el mareo aun me desequilibraba por lo que acepté su ayuda dejando que pasara uno de sus brazos por mi cintura. Entramos topándonos con Logan al cual saludamos, fingí normalidad y él se la creyó o por lo menos eso pensé. entramos al ascensor e inmediatamente marqué el número en donde estaba mi habitación, el marcó la terraza que era el último piso en donde residía Naraku, de seguro tenían alguna reunión. Cuando llegamos a mi piso me ayudó a moverme, ya no estaba tan mareada pero prefería no arriesgarme, giré el picaporte dejandonos entrar, inmediatamente me golpeó el olor a vainilla que reinaba en el lugar.
-¿Devushka ser tú?- escuché la voz de mi nana la cual era angelical para mi.
-¡Ven!- le grité lo mas fuerte que pude aunque parecía más un susurro. Escuché sus pasos desde la cocina hasta la entrada viendonos sorprendida.
-Devushka sabe que no debe traer hombres a casa- refutó viendo a Karpov pero cuando me vio, su sorpresa cambio a preocupación -¿Pero que pasar?- preguntó acercándose a mi acariciando mi rosto con sus arrugadas manos.
-Se desmayó en el camino, ¿En donde puedo acostarla?- dijo Karpov antes de que pudiese inventar algo, segunda vez que me salvaba el pellejo aquel día.
-Ven, seguirme- indicó sin más mi nana guiándolo a mi cuarto, decidió cargarme de nuevo de forma nupcial, al parecer así era mas rápido y una vez en él, Babu quitó las sábanas de la cama y él me acostó en ella con delicadeza dejándome lo más cómoda posible.
-Podría traer un vaso de agua por favor- dijo Karpov con una sonrisa despampanante.
-Agua claro- se dijo para si Babu mientras salía del cuarto. El se giró a verme entonces muy preocupado.
-¿Segura que estás bien?- susurró acariciando mi rostro, un poco extrañada ante el gesto asentí con lentitud viendo sus manos en mi rostro. Al ver mi cara de incomodidad dejó de acariciarme sin embargo me veía con una expresión que no podía descifrar era como preocupación con confusión y dolor, era muy extraño. Babu regreso entonces con una jarra de agua y un vaso colocándolos sobre la mesa de noche a un lado de mi cama.
-¿Qué pasar Devushka?- preguntó alarmada.
-Creo que debería dejarla reposar un rato y esperar que hablé por si misma fue un poco repentino todo- dijo Karpov manipulado de nuevo a mi nana, ella me miró y lo miró a él con curiosidad.
-Tener razón, pero vamos fuera que Devushka tener que descansar, poder venir a visitarla luego- dijo corriéndolo de la habitación, él me miró una vez más y sin darme cuanta le agradecí.
-Gracias…- susurré, él sonrio un poco y luego salió de la habitación. Escuché como se cerraba la puerta principal y enseguida vi a Babu parada a mi lado.
-Cuando quiera hablar llamarme, yo estar haciendo un pastel para Devushka- me dijo sonriendo con tenura colocando su mano en mi mejilla, yo asentí y ella se marchó.
Sí, quería hablar, la cuestión era que no sabia que quería decir, no sabía que había pasado,no sabía que estaba pasando en ese momento, no entendía nada, la frustración me carcomía y yo no podía hacer nada, las lágrimas comenzaron a formarse en mis ojos, todo era un borrón.
