Crepúsculo y todos sus personajes no me pertenecen. Yo solo me adjudico las tramas de mis historias.

Ayuda.

Al despertar esa mañana, Edward lo hizo de un humor de perros. No habia dormido mucho la noche anterior, y en las pocas horas en las que habia alcanzado el sueño, siempre era de manera intermitente.

Aunque en el fondo, por mucho que no quisiera reconocerlo, sabia cual era la verdadera causa de su mal humor y el motivo de su insomnio. Esa mujer que aun se comportaba como una niña malcriada y caprichosa, dueña de los ojos chocolates más profundos que habia visto, futura Reina del país y, que por algún motivo desconocido, estaba invadiendo sus pensamientos poco a poco.

Le habia disgustado tanto su comentario implicito de que habia aceptado ayudarla solo porque buscaba algo a cambio. No tanto como el insulto que ella dirigió horas antes a su madre , pero si lo suficiente.

-¿Qué más te da lo que ella diga o deje de decir? - se reprendió en voz alta delante del espejo, mientras se pasaba la mano por el cabello en un vano intento de dominarlo.

La Princesa Isabella no era más que una mocosa mimada que solo estira la mano para que le den todo; y a él ni siquiera le agrabada. Bien eso no era del todo cierto, incluso a pesar de las discusiones y sus insultos, él podia notar que ella tenia un ingenio muy agudo y un sentido del humor seco, y eso era algo que siempre le gustaba en las personas. Era increiblemente hermosa y su cuerpo lo estaba volviendo loco. Incluso ahora, mientras pensaba en ella, podia sentirse los pantalones incómodo a nivel de la entrepierna.

Y de la misma manera suponía que ella también empezaba a sentir un cierto respeto por él.

Se le ocurrió que lo que ella de verdad necesitaba era alguién que le plantara los pies en la tierra. Y tontamente pensó también que él era la persona indicada para hacerlo.

Sacudió la cabeza, ¿Qué tonterías se le estaba ocurriendo?. Salió de su habitación y se dirigió a la cocina, esperando que nadie notara las ojeras y bolsas debajo de sus ojos, en especial Esme. Porque de lo cotrario empezaría con su típica sobre protección maternal de que no se estaba cuidado bien y preparar su doctorado lo estaba llevando al limite.

Lamentó pensar que eso no iba a ser más un problema cuando entró en la cocina, en donde Esme y Alice estaban sirviendo el desayuno. Su madre tenia una aspecto peor que el suyo. Estaba ojeosa y demacrada, el tono de su piel, por lo general de un blanco porcelana con un rosado natural en las mejillas, era ceniciento y enfermizo. Y no era el único que lo pensaba, aparentemente, porque Alice tenía el ceño fruncido y parecía que su propósito esa mañana era aligerar a Esme de su labor en la cocina.

-Buenos días - saludó, esperando que su voz no delatara sus pensamientos.

Las dos mujeres se giraron a verle y le sonrieron.

-¡Buenos días, Principito! - el entusiasmo de Esme parecía casi forzado - El desayuno ya está listo.

Edward asintió y sacó los zumos de la nevera, justo en el momento en el que Jasper atravezaba el umbral, con el periódico de la mañana en la mano.

-El chico está anclado en el sofá y con los párpados prácticamente pegados - anunció, sentándose en su lugar en la mesa.

-¿Seth? - preguntó Edward para estar seguro, era el único que faltaba.

Después de la primera noche, Seth se negó a seguir durmiendo en la cama de Edward, alegando que el sofá era más que perfecto para él, después de todo se habia criado durmiendo en el suelo, o en el mejor de los casos, un jergón de paja. El sofá de la sala de estar de Esme era un lujo en comparación. Eso hizo sentir a Edward aun peor, y de ninguna manera iba a permitir que Seth renunciara a su cama. Pero el chico resultó ser muy persuasivo y digno heredero del carácter de Alice y Jasper.

Su tío asintió con diversión.

-Nuestro Seth ha descubierto la belleza que es la televisión, y se ha estado hasta altas horas de la noche viendo programas.

Alice frunció el ceño otra vez y suspiró.

-Procuremos solo que no se vuelva una costumbre, no es sano que haga esos horarios, en especial cuando dentro de poco empezará las clases.

Esme le dirigió una sonrisa irónica, rememorando como hace más de una década atrás ella misma habia dicho esas palabras en relación a Edward, y ahora ella repetiría la frase que en su momento le contestó Alice.

-Déjalo que disfrute, Alice. Éstas son como unas vacaciones para él y eso es lo que los chicos hacen durante ese periodo. Holgazanean y se vuelven una completa patata delante del televisor.

Su amiga la miró con enfado.

-¿Estás disfrutando mucho con esto, verdad?.

A pesar de su constante cansancio, que parecía aumentar día con día, la risa de Esme fue auténtica.

-¿El cambio de roles que acabamos de sufrir?. Si - habló con sinceridad - ¿A que ahora entiendes cómo me desesperaba lo mucho que malcriabas a mi hijo y le permitías hacer todo lo que él quisiera cuando estabais aqui?.

Alice no tuvo respuesta para eso, lo cual parecía frustrarla, porque sabia que Esme tenia razón. Y provocó la risa divertida de los demás.

Hasta que los interrumpió un llamado al timbre de la librería.

-Esa debe de ser Senna - dijo Esme - Hace unos minutos, me llamó para decirme que se le habían quedado sus llaves en casa. Iré a abrirle.

Edward se levantó de su asiento con intención de detenerla.

Pero al final fue Esme la que lo consiguió, apuntándolo con el dedo índice y su mejor expresión severa.

-No, tú te tienes que ir a la universidad dentro de poco, asi que quiero que te sientes y te comas todo lo que te he servido en el plato.

No esperó a que su hijo intentara replicarle, que ya habia salido de la cocina.

Entonces ocurrió algo muy curioso. Jasper le dirigió a Alice una mirada significativa, la cual Edward estaba seguro pretendía ser disimulada, pero a él no se le pasó por alto. Y ella se levantó de su silla como si ésta quemara.

-Te acompaño - dijo en voz alta para que Esme la escuchara, y salió de la cocina detrás de su amiga.

Jasper y Edward se quedaron en silencio, empezado a desayunar. Jasper desarmó el periódico para leerlo. Tenia un orden bastante preciso en el que le gustaba hacerlo (que en ese caso casi rozaba la tendencia obsesivo colpulsiva), y siempre era asi. Primero deportes, noticias de actualidad mundial, nacional, y por último de economías.

Edward negó la cabeza cuando Jasper le ofreció una seción de noticias. El cansancio con el que se levantó aun no lo habia abandonado y, extrañamente, lo que menos le apetecía era leer a esas horas. Bebió un sorbo de su chocolate caliente y disfrutó de la sensación; ahora que la temperatura refrescaba cada día más, su efecto era incluso más agradable que en verano. Hasta que sorbió una segunda vez y eso coincidió con el momento exacto en el que bajaba la vista distraidamente a la mesa.

Casi escupe el chocolate al leer el artículo en la primera pagina de "Sociales y espectáculo". Éste se fue por el lado equivocado de la garganta y se atragantó. Empezó a toser con fuerza y sus ojos se llenaron de lagrimas inmediatamente. Se estaba ahogando. Jasper se levantó con rapidez de su silla y empezó a palmearle la espalda para despejarle las vias respiratorias.

Después de un par de minutos pudo tomar una larga bocanada de aire y su tos se tornó intermitente. Las palmadas de Jasper cambiaron a movimientos circulares en toda su espalda.

-Inspira conmigo Edward - lo animó - Adentro, afuera. Vamos otra vez, adentro, afuera.

Edward asi lo hizo y por fin la tos cesó. Se secó las lagrimas y cerró los ojos un momento.

-¿Estás mejor? - preguntó Jasper con tono aun preocupado. Se habia puesto tan blanco en tan poco tiempo. El abrió los ojos y asintió - ¿Qué fue lo que pasó?, ¿Te tomaste el chocolate muy deprisa?.

Negó una sola vez, concentrando otra vez su atención en el periódico, y esperando que sus ojos antes lo hubiesen estado engañando cuando se vio a sí mismo en la fotografía.

-¿Qué es esto? - se preguntó en un murmullo.

Si, esa él. Enfrente de la Princesa Isabella mientras discutían en los jardines de la universidad. ¿Tan importante asi habia sido el evento que tenia que llegar a las noticias de un periódico?. El dia anterior habia supesto que lo ocurrido se convertiría en un chisme que circularía por el campus en cuestión de horas; o incluso minutos. Pero, ¿Llegar a publicarlo en el periódico?.

Leyó las palabras rápidamente. Narrava el hecho de una forma tan detallada (sin ni siquiera equivocarse en las frases con las que se contestaron), que era más que evidente que la noticia habia sido vendida por testigos. Jasper tomó el periódico de sus manos y Edward notó que sus mejillas se habían vuelto tan blancas como las suyas propias.

-¿Edward? - preguntó con incertidumbre. Y supo que con esa sola palabra le questionaba tantas cosas.

-No lo entiendo - intentó explicar Edward, aun sin creer a lo que habia llegado todo - ¿Cómo es posible?.

Jasper lo tomó de los hombros y lo obligó a mirarlo.

-¿Qué fue lo que pasó? - preguntó, lleno de preocupación, y por un momento a Edward le resultó curioso hasta qué punto.

Se lo contó, sin dejar de omitir detalle, después de todo lo podía leer también en las palabras escritas. Aunque por algún motivo desconocido, decidió no decir lo ocurrido luego en el laboratorio.

-Oh, Edward - Jasper volvió a sentarse en la silla al lado de la suya; y se pasó la mano por la cara, en gesto de cansancio - ¿Tienes alguna idea de lo que has hecho?.

¿Qué pregunta era esa?.

-No me iba a quedar callado mientras ella insultaba a mi madre - objetó indignado - ¿De verdad crees que sería capaz?. Cualquiera diría que no me conoces, Jasper.

-No se trata de eso, por supuesto que estoy muy orgulloso de que defiendas a Esme como ella se merece. Pero con esto vas a llamar la atención de la familia Real.

-Uh - Edward puso su mejor rostro obvio - Me parece que eso ya lo hice bastante bien. ¿O acaso se te olvidó el pequeño detalle de que el Rey estuvo aqui hace unos días atrás?.

-Esme no puede leer esto - dijo arrojando el periódico sobre la mesa. Edward se sobresaltó y estuvo enseguida de acuerdo.

-Tienes razón - después de todo, él le habia hecho esa misma petición a Rosalie el dia anterior - Pero tampoco Alice, se le puede escapar y decirle algo a mamá; aunque fuera sin querer.

Adoraba de verdad a esa mujer como a una tía, pero era una chismosa increíble.

Jasper rió con ironía.

-¿De verdad piensas que Alice no es capaz de guardar un secreto?.

Edward elevó una ceja con gesto curioso, esperando que con eso fuera suficiente como respuesta; pero aun asi no se contuvo de contestar.

-¿Estamos hablando de la misma Alice?.

Entonces la risa de Jasper fue también divertida, y le revolvió el cabello a Edward como solía hacer cuando era pequeño.

-Oh chico, te sorprendería saber los secretos que Alice es capaz de ocultar.

Eso despertó la curiosidad de Edward.

-¿Qué quieres decir con eso?.

La expresión de Jasper cambió a una seria, y sacudió la cabeza, como si estuviera volviendo a la realidad.

-No te preocupes Edward. Que aunque Alice lea el articulo, no le va a decir nada a Esme. Ella sabe muy bien lo mucho que eso la alteraría.

Eso no lo tranquilizó completamente.

-Te lo prometo, haré todo lo que pueda por impedir que Esme descubra lo que ocurrió ayer. ¿Confías en mi, verdad? - Edward asintió, por supuesto que sí, ¿Cómo sería posible no hacerlo? - Pero a cambio , te voy a pedir que me prometas algo tú a mi.

-¿Qué cosa? - haría lo que fuera por el bien de Esme, eso Jasper lo sabía.

-Trata de no montar más escenas con la Princesa Isabella, por lo que más quieras.

Edward asintió, indignado por esa petición.

-Lo estás haciendo ver como si fuera culpa mia, como si yo la provoco a propósito. Si es ella la que siempre viene a mi, se comporta de manera grosera conmigo, insulta a mi madre, ¿Qué pretendes que haga?, ¿Me quedo callado y le permito que me diga lo que se le dé la gana?. Eso sí que no.

La risa de Jasper volvió a ser irónica, pero tenía también un punto bastante seco.

-En ocasiones no entendiendo por qué tu orgullo me sorprende tanto. Considerándolo todo.

Edward frunció el ceño.

-¿A qué te refieres? - preguntó confundido.

-Nada, absolutamente a nada - contestó Jasper rapidez, con demasiada rapidez; y con un tono de voz asombrosamente serio, muy diferente al jocoso que usó unos segundos atrás.

Edward se lo estaba por cuestionar, cuando Esme y Alice volvieron a entrar en la cocina. Con la velocidad de un lince, Jasper guardó el artículo debajo de la mesa, encima de su regazo. Él y Edward intercambiaron una mirada significativa.

-Yo ya me voy - anunció Edward, levantándose de su silla.

Esme le miró con atención.

-No comiste casi nada - apuntó al plato que estaba aun medio lleno.

Edward se llevó la mano a la parte posterior del cuello y se lo masajeó suavemente. Eso hizo que Esme sospechara y elevó una ceja con gesto inquisitivo. ¿Qué era lo que su hijo no le estaba diciendo?.

-Ya comí lo suficiente - aseguró - Además se me está haciendo tarde - se agachó y depositó un beso en la frente de Esme - Nos vemos más tarde - saludó a todos. Y antes de que ella le pudiera llegar a detener, salió de la casa.

Solo esperaba que Jasper tuviera exito en conseguir ocultar el dichoso artículo. Aunque fuera solo por el momento, mientras encontraba la mejor manera de explicarle todo, y lograr que ella no tuviera otro ataque de pánico al descubrirlo. Como la última vez, el dia que el Rey fue a la tienda.

La fama era algo que no le sentaba para nada bien, tardó muy poco en determinar Edward. Mientras atravesava el campus de la universidad, en dirección del departamento de biología, todos lo miraban de forma descarada, comentando lo ocurrido el dia anterior con susurros que no eran fáciles de ignorar.

Definitivamente él no estaba hecho para estar bajo los focos.

-Ay madre, es mucho más guapo en persona que en fotogrfía.

Sintió el fuego invadir su rostro, ¿Estaba esa chica hablando de él?, y si era asi no conocía para nada la discresión. No quiso agachar la cabeza, no tenia nada de qué avergonzarse, su madre le habia enseñado a caminar siempre orgulloso de quién era y lo que valía; pero tampoco le apetecía escuchar más de lo que tenían que decir sobre él, asi que solo se limitó a acelerar su paso.

Hasta que sintió a alguién que caminaba a su lado.

-Señor Masen, Rosalie Hale mucho gusto, miembro del periódico "La mejor amiga cotilla". ¿Le importaría contestar un par de preguntas? - escuchó la voz de Rosalie, que a mala pena contenía el sarcasmo.

-Si la pregunta es si estoy buscando una nueva mejor amiga, entonces la respuesta es positiva - la miró de reojo y le mostró una sonrisa cínica - Ahora si no le molesta señorita Hale, tengo trabajo que hacer.

-Vale, pero antes me gustaría un autografo suyo.

-¿Para venderlo por internet?.

Rosalie rió con descaro.

-Por supuesto que sí, ¿Qué función tendría un autografo, si no?.

Edward tomó el periódico y el boligrafo que ella le tendía, y escribió con letras enormes "DÉJAME EN PAZ". Se lo devolvió y siguió caminando.

-Oh, esto valdrá una fortuna -exclamó Rosalie triunfal.

Edward la ignoró. Pero escuchó los tacones altos de ella que lo seguían de cerca.

-¿Dónde te crees que vas?. Tú aun me debes una explicación.

-Si, bueno apútalo que seguramente te la seguiré debiendo de por vida.

Entró en el laboratorio y cerró la puerta detrás de sí, prácticamente en las narices de Rosalie. Esperaba que de esa manera entendiera la indirecta, lo que menos le apetecía en ese momento era hablar con su amiga. Pero naturalmente que Rosalie no iba a permitir que eso la detuviera, abrió la puerta y se sentó en el taburete de la mesa en la que Edward trabajaba.

-Estoy hablando en serio Edward, me preocupa lo que está ocurriendo - y el tono de su voz le hacía ver que era asi -¿Estás bien?.

Edward suspiró.

-Si, no veo por qué no iba a estarlo, me he vuelto famoso sin ni siquiera intentarlo. Supongo que muchos aspirantes a actores, cantantes y modelos me deben de estar odiando en estos momentos, porque aparentemente estoy en todos los medios de comunicación del país y seguro que hasta del mundo - Se llevó una mano a los cabellos - Pero supongo que dentro de un mes o algo asi todo pasará al ovido, tendré que esperar a que la Princesa protagonice otro escándalo y ya está - dijo con sequedad.

Rosalie rió suavemente.

- ¿Qué es lo que te pasa con la Princesa Isabella?, porque me pareció que el de ayer no fue vuestro primer encuentro.

-No, no lo fue - y asi procedió a contarle un pequeño resumen de los encuentros con la Princesa y también el Rey en la librería de su madre.

Y esa fue una de las muy pocas veces, desde que la conocía, que Rosalie se había quedado sin palabras. Tenia literalmente los labios abiertos y Edward estuvo seguro que tardó más de dos minutos en ser capaz de articular palabra.

-Wow, eso es ... Wow. No lo puedo creer ... Wow.

Una medio sonrisa divertida se asomó en los labios de Edward.

-¿Tu vocabulario se ha reducido a esa sola palabra de tres letras?.

Con esa pregunta pareció hacer reaccionar a Rosalie, que de repente le dio dos fuertes manotazos en el brazo a Edward.

-¡Ay! - exclamó, masajeandose la zona en la que le habia pegado, estaba seguro que le iba a dejar marca por unos días -¿ A qué demonios ha venido eso?.

-Desde que ocurrió, ¿Cuándo pensabas decirme que habías conocido al Rey?! - sin darse cuenta Rosalie habia terminado gritando en su pregunta.

Y por extraño que parezca, Edward entendió cual era el motivo del disgusto de su amiga.

-Si, lo sé. No tengo perdón. Pero supongo que después de como reaccionó mi madre, me acostumbré a no tocar el tema en casa, y también en la calle.

Entonces fue Rosalie la que suspiró, ella también entendía. Ese era una de las razones que hacía esa amistad tan especial, la mayor parte del tiempo no eran necesarias las palabras para que se entendieran.

-¿Por qué crees que Esme reaccionó de esa manera? - preguntó con suavidad.

Edward se encogió de hombros.

-Sabes que a mi madre le encanta exagerar, y se pone siempre asi cuando yo estoy involucrado. Aunque sigo sin entender su reacción, el Rey fue tan simpático conmigo, sin ninguna clase de amenaza, por un momento sentí como si lo conociese de toda la vida. Pero lo que me preocupa es que no parece haber mejorado y la veo cada día peor.

Rosalie sonrió con comprensión. En más de una ocasión habia presenciado lo paranoica y sobreprotectora que Esme podia llegar a ser cuando se trataba de su hijo.

-Seguro que también tiene otras cosas por la cabeza - trató de consolarlo, irónicamente acariciando el brazo en el mismo lugar en el que antes le habia golpeado - No todo el mundo tiene por qué girar a tu alrededor, ¿Sabes?. A lo mejor es que tiene mucho trabajo en la librería, dijiste que fue por eso que contrató también a Senna a tiempo completo, ¿No?.

Edward sonrió agradecido y se acercó a besar su mejilla.

-¿Qué sería de mi sin ti?. ¿Recuérdame otra vez por qué fue que no funcionó lo nuestro?.

La risa de Rosalie lo rencompenzó.

-Porque soy demasiado buena para ti.

Una enorme sonrisa adornó el rostro de Edward.

-Eso nunca lo he dudado.

Rosalie bajó del taburete.

-Bueno te dejo trabajar y - la interrumpió la puerta que se volvía a abrir.

Los dos se giraron a ver quien era, y se encontraron cara a cara con la Princesa Isabella y su guardaespaldas. Los ojos chocolate de ella se centraron completamente en los verde de él.

-Necesito hablar con usted señor Masen - le dijo con voz géliday le dedicó a Rosalie un solo segundo del honor de su mirada - A solas - Iba a humillarse para pedir una ayuda que necesitaba, pero lo haria de la mejor manera posible.

Ella era la Princesa por todos los cielos y una se las pocas cosas de utilidad que habia llegado a enseñarle su abuela es que ella era susperior por solo derecho de nacimiento.

"Tú tienes sangre Real en tus venas. Solo un puñado de personas en todo el mundo están al mismo nivel tuyo. Asi que te mereces que te obedezcan y te adoren como lo que eres".

Rosalie por su parte se sintió muy ofendida por la forma en como la Princesa la estaba tratando, pero ni siquiera con su carácter tan fuerte se iba a atrever a decirle lo que estaba pensando. Por lo menos no todavía. Se giró a mirar s su amigo con gesto interrogante.

-¿Edward? - él tenia más experiencia que ella con la Princesa, después de todo.

Él miró a la Princesa sin saber qué pensar, ¿Y ahora qué podía querer?. Su expresión se le antojó extrañamente curiosa. Una mezcla entre arrogancia y soberbia, las cuales no tenían que sorprenderle, e inseguridad y timidez. Qué extaño.

Suspiró con pesadez y miró a Rosalie, ignorando por completo a la Princesa; decidiendo que le daría una probada de su misma medicina.

-Si, Rosalie. Tranquila que voy a estar bien. Ve, que vas llegar tarde a clases.

-Está bien, - se giró a mirar a Emmett y la respiración de éste se cortó - Pero tú grandullón te vas a venir afuera conmigo. A solas, significa "a solas".

Emmett se sintió acongojado. Por mucho que fuera tentadora lo oferta de la rubia, él estaba trabajando y lo habían entrenado para que eso siempre viniera primero.

-Lo siento mucho señorita, pero yo soy el guarda espaldas de su Alteza, y debo estar con ella en todo momento.

-Que me da igual lo que debes hacer. No voy a dejar a Edward solo con la Princesa y tú te quedas aqui a protegerla y respaldarla, ¿Verdad?.

Esa respuesta dejó a Emmett estupefacto.

-Rosalie, por si acaso se te ha olvidado, yo sé cuidarme perfectamente solo.

-Claro que sí Edward, pero la Princesa ya ha hecho suficiente para ponerte en evidencia, y no quiero que se repita una escena como la de ayer.

-No se va a repetir, porque ni yo voy a permitir que una discusión como la de ayer se salga de control - se repitió Emmett.

Éste es el jovén que se habia ganado tanto las simpatías del Rey y honestamente también las suyas.

Isabella suspiró, esto se estaba volviendo ridículo.

-Emmett, no hay ningún problema. Puedes esperar afuera.

-¿Está segura Alteza?.

¿Qué pensaría el Rey si dejaba a su sobrina sola, aunque fuera con Edward?.

-Si, Edward y yo estaremos bien. Pero de verdad que necesito hablar a solas con él.

-Muy bien, estaré justo afuera de la puerta.

Tanto él como Rosalie hicieron una inclinación a la Princesa, y ésta última le lanzó una mirada significativa a Edward. Y salieron los dos del laboratorio.

Rosalie miró de reojo al gorila de la Princesa, el día anterior no se habia fijado mucho en él, estaba impresionada con en enfrentamiento entre Edward y la Princesa, eso sin contar lo que ella después dijo de Esme. Pero en la noche, cuando se quedó repasando los eventos, entonces sí se dio cuenta sin ninguna duda de que se sentía muy atraída hacia él. Era precisamente el tipo de hombre que le gustaba (por lo menos físicamente), era alto y musculoso, muy musculoso, pero aun asi transmitía un aire alegre y juvenil.

El gorila (¿Por qué demonios no podía dejar de llamarlo de esa manera en su cabeza?), le sonrió y extendió su mano.

-Me llamo Emmett McCarty, mucho gusto señorita.

Rosalie miró un momento la mano.

-No gracias, no estoy interesada.

Sí, él parecia precisamente su tipo, pero naturalmente que no lo iba a demostrar de buenas a primera. Se alejó de él y no pudo evitar sonreír al saber que lo habia dejado completamente perplejo.

Por su parte Edward continuaba observando fijamente a la Princesa, que hasta ahora aun no habia pronunciado palabra. Era más que evidente que ninguno de los dos tenía intención de ceder en hablar primero. Pero si ella no tenía nada que hacer, ese no era el caso de él, que no tenia tiempo que perder.

-Preferiblmente me gustaría que tengamos nuestra conversación antes de que temine el día, Alteza - dijo él con una sonrisa divertida, rebosando sarcasmo por cada poro.

Isabella sentía que se le caía la mandíbula, y controló con lo que a su parecer era una voluntad sobre humana, las ganas de darle un parado a Edward y hacer que se le castigara por su grosería. Pero ese no era ni el momento ni el lugar.

Suspiró profundo, otra vez, buscando el valor de hablar.

-Primero que nada, quisiera darle las gracias una vez más por la ayuda que me dio ayer en el trabajo de química, estoy segura que de que el resultado final será muy bueno.

Edward volvió a sonreír y empezó a darse la media vuelta.

-De nada - le contestó, abriendo su cuaderno de apuntes en la hoja en dónde habia parado el día anterior. Esperaba que eso era todo lo que la Princesa tuviera que decirle, una pequeña voz en su cabeza le decía que quedarse a solas con ella durante mucho tiempo era un peligro. Sea lo que sea que significaba eso.

Pero por supuesto que se equivocó.

-Eso no es todo - siguió Isabella con irritación, que no pudo controlar. Suspiró una vez más, sospechaba que era algo que iba a hacer mucho a lo largo de esa conversación con Edward - También voy a pedirle mis más sinceras diculpas. Lo que ocurrió ayer fue un mal entedido, de verdad que cuando se lo ofrecí, lo hice porque pensaba que aceptaría .

Sonrió con vacilación, no le habia resultado tan complicado. Daba como la impresión de que cada vez que diculpaba con Edward, se le hacía más fácil. Seguro que después mil veces, ya lo haría perfectamente.

En esa ocasión fue Edward el que suspiró.

-Está bien, de acuerdo. Acepto sus dilculpas. Pero quisiera solo repetirle que yo no lo hice con esa intención. Cuando ayudo a una persona que necesita una mano, no lo hago lo esperando conseguir algo a cambio, sino con la sastifacción de saber que hago hecho lo correcto.

Isabella sonrió triunfal. Edward habia llevado la conversación justo a donde ella lo necesitaba.

-Precisamente voy a apelar a sus ganas de "hacer lo correcto".

Edward frunció el ceño, muy desconfiado.

-¿Eso qué quiere decir?.

-Necesito que me ayude a pasar la universidad.

-¿Qué? - Edward estaba seguro que habia escuchado mal.

Isabella sintió que se dirigía al pabellón de fusilar. Pero era ahora o nunca.

-Necesito un tutor que me ayude a entender y aprobar las materias científicas. Y sé que usted es la persona indicada. Nunca antes habia entendido una explicación de la misma manera que lo hice ayer con usted - habló con una verdad.

Y por segunda vez en menos de cinco minutos, Edward seguía sin entender nada. Bueno, suponía que para todo hay una pimera vez.

Pero no se pudo resistir de contestar ...

- ¿Y qué va a pasar cuando la prensa alimente el escándolo que aparentemente le está dando la vuelta al mundo?.

Isabella rió.

-¿Tanto asi le molesta que lo vean en mi compañía? - dijo sin poder esconder un poco de resentimiento - Le hago saber que al resto del mundo le encantaría ser fotografiado conmigo - si su tío la escuchara en esos momentos cerraría los ojos y negaría la cabeza con decepción, ya se lo podia imaginar.

-Oh de eso estoy muy seguro - contestó Edward con mordacidad - Pero yo no soy el resto del mundo. Considéreme algo asi como la ecepción a la norma. Lo que me preocupa es que la vuelvan a encontrar otra vez en mi compañía - No mentía del todo, porque sí era cierto que él no quería que se volviera a publicar otro articulo de él con la Princesa mañana por la mañana. Ya ni siquiera sabia como iba a conseguir ocultarle a Esme el actual.

Isabella se sintió una vez más desilusionada. ¿Cómo, oh cómo convencería a Edward Masen que fuera su tutor?.

Decidió recorrer a su última carta : la aparente cavallería y gentileza que él mismo se sentía muy orgulloso de poseer.

-De verdad necesito su ayuda, no creo que pueda aprobar el año sin su tutoría. Por favor. - intentó parecer lo más indefensa y desesperada , y si bien no estaba fingiendo del todo, parte de su actuación seguro que le haría ganar un Oscar.

Edward la miró algo inseguro. ¿La única opción que le quedaba a ella era suplicarle?. Empezó a plantearse realmente ayudarla, pero aun no se inclinaba a hacerlo.

Isabella vio la indecisión en su rostro y supo que ese era el momento de seguir presionando. Evitó sentirse culpable por ello, a veces una tiene que hacer lo que tiene que hacer.

-Mire señor Masen - intentó hablar con la misma diplomacia que su tío se ha pasado años intentando enseñarle - No quiero ofenderlo de la misma manera que lo hice a ayer, pero puedo ofrecerle una compensación.

Edward frunció el ceño y la miró con desconfianza.

-¿Eso qué quiere decir? - preguntó, controlando las ganas de ponerse a la defensiva.

-Puedo pagarle por sus clases - cuando vio que Edward estaba por abrir la boca para contestarle, se apresuró a continuar - No tiene por qué hacer las cosas gratis, y tengo entendido que un año en ésta universidad no es de lo más económico. Y usted está aqui gracias a una beca, seguro que hay cosas que ésta no cubre - supo que estaba en lo correcto y festejó internamente su próxima victoria, al notar la expresión de él - Como algunos libros de texto que necesita. ¿No le gustaría ayudar a su madre con esos grastos?.

"Maldita sea", pensó Edward con resignación. En eso lo habia pillado. El último libro que necesitó le habia costado 80 Euros, y cómo se sintió mal cuando le tuvo que pedir el dinero a Esme. Y ya sabia que iba a tener que comprarse un par más para terminar su estudio.

¿Sería de verdad hipócrita por su parte aceptar ahora después de lo ocurrido el día anterior?.

Pero Jasper tenia razón, era demasiado orgulloso. Por eso se negaba a aceptar asi de fácil.

-Esto no quiere decir que he dicho que si, pero ¿Cuánto tiene pensado pagarme?. ¿Y cuándo nos encontraríamos para que yo la ayude?.

-¿Qué le parece 500 Euros por semana? - a su parecer era una cantidad bastante razonable. El último tutor que tuvo en el instituto cobraba el triple y, aunque si era un profesor, ni siquiera los valía.

Los ojos de Edward se abrieron como platos.

-¿Qué? - fue lo único que consiguió decir en un hilo de voz.

Isabella se apresuró a corregirse.

-Es muy poco, ¿verdad?. ¿Qué piensa de 800, entonces?.

-¡No, por el amor de Dios!. 500 Euros ya es demasiado.

-¿En serio? - preguntó Isabella, genuinamente confundida.

-¡Si, en serio!. No puedo aceptar tanto dinero.

Isabella estaba perpleja. ¿Y ahora Masen no quería aceptar porque ella le estaba ofreciendo mucho dinero?.

-A mi no me parece tanto por un servicio bien hecho. Si me ayuda a pasar las materias, le aseguro que los pagaré encantada. Y además no le quitaría mucho de su tiempo, alrededor de un hora o algo asi al día. No me parece que le estuviera pidiendo el cielo.

A Edward le parecía que ella se lo estaba poniendo aun peor.

-Que me pague toda esa cantidad de dinero por tan poco trabajo, me hará pensar que le estoy robando.

¿Y ahora qué?. La estaba sacando de quicio.

-Por favor Señor Masen. Haré lo que sea para que me ayude. Cualquier condición que me imponga, la aceptaré. Le pagaré lo que quiera y nos reuniremos las veces que quiera. Pero necesito aprobar la universidad.

Y ahora con la culpa lo estaba consiguiendo.

Suspiró.

-Muy bien. Esto es lo que vamos a hacer. Lo dejaremos a 200 Euros por semana. Trabajaremos dos horas al día, y si no aprueba alguna de las materias en las que le ayudaré, no quiero cobrar nada.

Isabella sintió la victoria en todo su cuerpo. Eso era más que pecfecto.

-Muchas gracias Señor Masen - la sonrisa enorme que se le habia disbujado en el rostro, desapareció cuando él volvió a hablar.

-Aun no he acabado, Alteza. Por motivos que no prefiero no decir, nos reuniremos aqui en el laboratorio,y preferiría que nadie supiera que la estoy ayudando.

-Si, mi orgullo también agradece que nadie lo supiera - contestó ella con mordacidad, y ligeramente ofendida.

-Entienda por favor, Princesa - intentó hacerla razonar - No se trata de usted, y pienso que no tiene por qué avergonzarle que necesite un tutor. Todos necesitamos que nos echen una mano de vez en cuando. De verdad que tego mis razones, y no tienen nada que ver con usted, o con los malos encuentros que hemos tenido hasta ahora.

No le iba a estar explicando el por qué. Que se conformara solo con saber que tendría que ser asi y listo.

Aparentemente la Princesa estaba tan desesperara como daba la impresión, porque aceedió sin problemas.

-De acuerdo, si asi es como lo quiere se hará. ¿A qué horas quiere que nos reunamos?.

Edward lo pensó un momento.

-En teoría yo estoy disponible a cualquier hora por el momento, en cuanto lo que ocupa mi tiempo ahora es éste proyecto. ¿A qué hora empiezan sus lecciones?.

-Hay días que empiezo a las nueve de la mañana, y otros a las diez.

-Me parece perfecto entonces, asi podemos quedar a las siete.

-¿De la mañana? - preguntó Isabella perpleja.

Edward contuvo las ganas de reír.

-Me temo que a las siete de la tarde yo no voy a poder. Tengo otras cosas que hacer, como ayudar en la tienda de mi madre, y ... - se interrumpió - otras cosas.

-Ya veo, es solo que ... - Dios, ¿A qué horas se tendría que levantar en las mañanas para llegar a reunirse con Masen?, ¿Y cómo demonios de lo iba a explicar ahora?.

Él percibió perfectamente su titubeancia, porque replicó.

-Si tiene un problema con ese horario, entonces me temo que no vamos a poder hacerlo. Porque tampoco va a faltar a sus lecciones.

Isabella se alarmó.

-No, tiene absolutamente razón. Esa es la mejor hora en la que podemos coincidir los dos. ¿Entonces e va bien si empezamos mañana mismo? - miró el Rolex en su muñeca - Lo dejaré continuar con su trabajo, Señor Masen. Mi primera lección está a punto de empezar.

-Si, el lunes mismo podemos empezar. Traiga el programa de todas sus materias, y me gustaría que me hiciera una lista sobre cuales son las más difíciles para usted.

Isabella asintió y esbozó una pequeña sonrisa tímida (que en ella era tan poco común, tenia que reconocerlo), parecía un inicio perfecto por parte de Masen.

¡Lo habia conseguido!. Al pensarlo fue cuando su sonrisa se alargó.

-Lo haré. Nos vemos mañana. Muchas gracias por su ayuda, le aseguro que se le recompensará como tiene que ser. Y le prometo que no se va a arrepentir, ya lo verá.

Y sin más salió del laboratorio. Dejando a Edward una gran visión de su espectacular trasero.

Se quedó pensando en las palabras de ella. En lo que acababa de acceder a hacer.

¿En qué demonios estaba pensando?.

Tenia que haber perdido la cabeza.

Y una sola cosa era segura.

La Princesa Isabella se equivocaba.

Él ya se estaba arrepintiendo.

Muchas horas más tarde, cuando llegó a casa, no estaba aun seguro de que fuera una gran idea. Le resultaba muy difñicil negarse a alguien que necesite ayuda, a cualquiera, pero algo en su instinto le continuaba gritando que aceptar convertirse en el "tutor" de la Princesa traería consecuencias.

- Se sacaron tarjeta amarilla porque la zancadilla que le puso al otro jugador fue apropósito, si sigue asi obtendrá una roja por ser poco deportivo - la voz de Jasper fue lo primero que escuchó cuando entró en casa; cerrando la puerta que la separaba de la librería.

-¿Son siempre asi de violentos todos lo partidos de football?- preguntó Seth, el tono de su voz sonaba algo horrorizado.

Jasper rió y le pasó un brazo por la espalda. Edward tuvo una sensación de deja vu. ¿Cuántas tardes habia pasado en compañía de Jasper de esa manera?. Era lo que él llamaba "Tiempo de testosteronas". Jasper le habia enseñado todo lo que sabia de ciencias y deportes. En cambio de su abuelo Withlock habia aprendido como se ordeña una vaca y cuando es el momento justo para recoger una cocecha.

Esas habían sido las figuras masculinas de su vida. A veces en las noches, justo antes de dormirse, cuando el cerebro estaba en stand by, se preguntaba si era de esa manara que se sentía hacer actividades con un padre, y qué hubiese podido enseñarle el suyo a él. Pero con el pasar de los años esos pensamientos fueron desapareciendo.

-Por lo general no, chico. Pero éste partido es muy importante para los dos equipos, porque el que pierda no participará en la Champion, asi que están todos muy estresados - cuando Edward se acercó a ellos, Jasper notó su presencia - Hola Edward - saludó. Su voz era entusiasta, y la expresión de su rostro abierta; pero Edward no pudo evitar notar que en sus ojos habia un extraño brillo de preocupación mientras lo observaba - Ven a unirte a nosotros - ofreció - Bridgerton está ganando.

Edward negó con la cabeza.

-Por mucho que me entusiasme saber que mi alma matter va a clasificar, mi estómago está reclamendo a gritos mi atención.

Jasper asintió con compresión.

-Alice y yo hemos hecho unas quesadillas de jamón y queso. En la cocina las tuyas están esperando por ti.

-Gracias - algo en las palabras de Jasper no le cuadró, aunque no sabía el qué -Voy para allá - ignoró esa sensación de que algo iba mal y se fue a la cocina.

Allí se encontró con Alice, iluminada solamente por la luz de la campana de la cocina. Estaba sentada en una de las sillas de la mesa, bebiendo de una taza lo que parecía humeante camomila. Su expresión era taciturna y concentrada, parecía que sus pensamientos estaban a mil años luz. Alzó la vista cuando la sombra de Edward se proyectó en toda la estancia, y le sonrió.

-Hola cariño. ¿Ttienes hambre? - se levantó de la silla y, sin esperar su respuesta, programó el microondas para calentar las quesadillas que estaban dentro.

-Un poco - contestó él. El nudo formado en su estómago le habia hecho olvidar lo famélico que se sentía unos minutos atrás. Ya por fin habia entendido qué era lo que no encajaba en la casa - ¿Dónde está mamá? - preguntó.

Era tan desconcertante que Esme no lo hubiese recibido hasta ahora, hacia parte de las tradiciones de su relación. Sabia que estaba en casa, habia visto su coche aparcado afuera. Además, ¿Por cuál motivo iba a estar en la calle a casi las nueve de la noche en un día de semana?.

Alice le dirigió una suave sonrisa que para nada llegó a sus ojos.

-Esme se ha ido a acostar porque no se sentía muy bien.

Edward frunció el ceño.

-¿Qué quieres decir con que no se sentía muy bien? - preguntó preocupado, recordando el aspecto que Esme tenia por la mañana -¿Qué tiene?.

-No es nada - Alice intentó sonar como si fuera algo sin importancia, pero Edward podía detectar la alarma en su voz - Solo una migrania.

Eso lo desconcertó aun más.

-¿Migrania? - Habían pasado años desde la última vez que vio a Esme sufriendo una migrania, pero aun se acordaba de qué manera le afectaban : intolerancia total a la luz y los sonidos, nauseas y mareos, y en ocasiones días enteros acostada en la cama.

Alice le colocó una mano en el hombro en gesto de consuelo, y mostró una sonrisa comprensiva.

-No te alarmes Edward, Jasper ya le ha inyectado migren, y vas a ver que mañana estará como nueva.

Edward hizo de oídos sordos y se dio la media vuelta con la intención de salir de la cocina.

-Voy a ver cómo está - anunció.

Alice frunció el ceño, no iba a intentar detenerlo porque sabia que era inútil, pero habia otra cosa más que le preocupaba.

-¿Por qué no comes algo primero? - ofreció.

La respuesta de Edward fue tomar una manzana de la cesta que estaba en la encimera, y darle un mordisco mientras salia de la cocina. Se la comería de camino a la habitación de Esme.

Eso hizo y la tiró en la papelera del baño que estaba en el pasillo. Al llegar decidió no tocar la puerta; si estaba durmiendo, no quería despertarla y mucho menos que el ruido le molestara. Abrió la puerta y agradeció que no rechistara.

Estaba encendida solo la pequeña luz de la mesilla de noche de Esme, y tuvo que pestañear varias veces para acostumbrarse a la poca iluminación.

-¿Mamá? - la llamó en un susurro titubeante.

Esme estaba recostada en la cama, con la espalda apoyada en el cabezal. Tenia los ojos abiertos, pero los párpados caídos. Estos estaban rojos y esponjonsos, como si hubiesen derramado algunas lagrimas. Edward podía imaginarsela retorciéndose de dolor. Ella se giró al escuchar su voz y, aunque su sonrisa fue débil, todo su rostro se iluminó de la misma manera que siempre reservaba para él.

-Ya estás en casa - hizo una pequeña mueca y se masajeó la sien con la mano izquierda, pero no dejó de sonreirle.

-¿Cómo te sientes?.

Esme se encogió de hombros.

-Como si me hubiese pasado una apisonadora por la cabeza. Pero ahora que has llegado tú, el dolor se ha vuelto más soportable.

Esa tenia que ser una de las cursiladas más grandes que Edward habia escuchado jamás, y aun asi sintió la comisura de sus labios elevarse.

Esme palmeó el lugar vacío de la cama.

-Ven a acostarte aqui conmigo - pidió.

Ésta vez la sonrisa de Edward fue radiante, y no esperó un segundo ofrecimiento. Era un recuerdo constante de su infancia, ir a dormir en la enorme cama de su madre. Siempre fue su primera respuesta instintiva, durante una noche de tormenta, después de una pesadilla, o cuando se sentía enfermo.

Se sentó en la cama y Esme tomó una de sus manos para apretarla.

-¿Haz comido ya algo? - le preguntó.

Edward puso los ojos en blanco. ¿Dejaría alguna vez Esme de preocuparse por él?.

-Si, me comí una manzana antes de venir para acá - decidió hablarle con la verdad, sabiendo perfectamente lo que vendría a continuación.

No se equivocó.

-Edward - ¿Cómo podía Esme estar asi de mal, y aun asi seguir teniendo la fuerza para regañarlo?, se peguntó - Eso no tiene nada de proteínas. Tienes que alimentarte bien. Baja a comer algo en éste mismo instante.

-No tengo nada de hambre, mamá - replicó.

-Pero ... - aunque Edward la interrumpió.

-En serio, estoy bien. En éste momento se trata de ti, y de que tienes que estar mejor.

Y con un suave movimiento, los maniobró a los dos de modo que la cabeza de Esme descanzaba apoyada en su pecho. Recordando que era la manera en la que ella lo solía acurrucar cuando estaba enfermo; En especial cuando tuvo la neumonía, solo asi conseguía dormir porque la tos y la congestión de los pulmones se lo impedían acostado.

Instintivamente empezó a acariciar sus cabellos, imitando la acciones que recordaba de ella. Esme sonrió y se acomodó mejor en el abrazo. Sentía sus párpados cada vez más pesados y suponía que el migren no tardaría en hacer efecto, dejándola dormida hasta la mañana siguiente.

-Recuerdo que la última vez que estuvimos en ésta posición, era tu cabeza la que descansaba en mi pecho.

-Era en definitiva mi posición preferida - confesó -, en más de una ocasión no estaba tan mal como te decía. Lo único que quería era que me acurrucaras de ésta manera.

Esme le acarició el antebrazo a su hijo.

-¿Cariño, de verdad crees que no me daba cuenta? - rió, recordando al pequeño niño que fruncía el ceño, gemía y fingía toses espantosas, solo para que su madre lo cogiera en sus brazos - Lo que ocurre es que no eras el único que amaba estar asi. Cuando naciste, me encantaba cargarte durante horas, te veía dormir, escuchaba los dulces sonidos de tu respiración. Te tomaba tus manitas - tomó su mano y acarició el contorno - Y besaba cada uno de tus deditos. Eras tan pequeñito. Y de repente ese bebé se volvió un hombre maravilloso que no ha hecho más que llenarme de orgullos y alegrías - Soltó un suspiro entre cortado, y se secó una lagrima que se le habia escapado - Oh, ¿Dónde se ha ido el tiempo?, ¿Cuándo mi Principito creció tan rápido y dejó de ser mi niño?.

Edward bajó la cabeza y depositó un beso en el cabello de Esme.

-Aunque sabes que no soy muy fan de ese condenado sobre nombre - sonrió al escuchar la risa adormilada de Esme - Yo nunca dejaré de ser tu niño, mamá.

-Tengo tanto miedo, Edward - dijo de repente.

Eso lo alteró.

-¿Qué ocurre?, ¿Te sientes mal?, ¿Quieres que llame a Jasper y Alice?.

Pero ella parecía no percartarse de su estado de alerta.

-A veces temo que te alejen de mi - hablaba como si estuviese confesando algún secreto, pero sus palabras salían de manera atropellada - Y no podría sorportarlo.

Edward la miró extrañado.

-Mamá, nadie va a apartarme de ti. Te lo prometo - aseguró.

¿Quizás la migrania la estaba haciendo delirar?.

-He hecho de todo para protegerte - su tono se iba haciendo más bajo con cada sílaba que pronunciaba - Pero, ¿Qué va a pasar si nos descubren?. Yo no ... - dejó de hablar y su respiración de suavizó ... se habia quedado dormida.

Edward la miró con atención. ¿De qué demonios habia estado hablando?. Continuó pensando en sus frases. ¿Descubrir qué?, ¿Protegerlo de quién?. Cuantas más vueltas le daba al asunto, menos sentido tenia todo.

Aunque puede que tal vez, solo tal vez le estaba dando demasiada importancia. Después de todo, en su caso también era sabido que murmuraba incoherencias apenas despierto, para su madre solo pudo heber sido el caso contrario ... Y fue con esos pensamientos que él también se quedó dormido.

Y... Su mente estaba tan llena de otra cosas y tan cansada, que en ningún momento se le ocurrió que Esme habia leído el artículo de periódico.

Continuará ...

¿Se merece un pequeño comentario?.

Nos leermos pronto.

Besos, Ros.