Entrada 10: Odio a los pelirrojos.
Sí, como podéis leer en el título de esta entrada, he desarrollado un odio hacia los pelirrojos. Especialmente aquellos llamados Scott que se dedican a robarte a la chica de tus sueños de la noche a la mañana.
Resulta que a Iván se le pasó por alto decirme que, desde hace ya varios meses, Katerina está saliendo con un chico, nada menos que Scott Kirkland, el hermano de Arthur. No sé cómo ha pasado esto y tampoco quiero saberlo, pero en el momento en el que me enteré pude notar como mi corazoncito novato en estas cosas se hacía trizas.
Menos mal que aún tengo mi blog (y muchas otras vías de escape como el móvil, la tablet, el portátil y un largo etcétera) para hacerme olvidar mi primer desamor y superarlo de la manera más rápida posible.
Bueno, y respecto a las personas de mi curso... bueno, mejor dejo que lo leáis vosotros. No tengo ganas de seguir escribiendo esto.
Espero que perdonéis y comprendáis mi actual desgana.
Entrada publicada el 5-4-2015
MADELEINE
Lunes, 23 de marzo.
Hace ya tiempo que no escribo por aquí. Será que cada vez estoy mejor y no necesito recurrir a este cuaderno para desahogarme.
Las cosas han pasado muy rápido desde San Valentín. Creo, y espero, que le gusto a Gilbert. Suena de locos, pero su trato hacia mi se ha ido suavizando y ahora se comporta conmigo como si fuese una amiga suya. Lo cual es bueno. Sin embargo, creo que él aún no se ha dado cuenta. En fin, mis amigas me han dicho que solo es cuestión de tiempo de que Gilbert se de cuenta de todo, y espero que sea así.
De nuevo es lunes, y aunque suene raro, me alegro de empezar la semana. Mis ganas de ver a Gilbert han incrementado durante el fin de semana, y ya al fin le podré ver. Sé que suena exagerado, pero así es.
Tras guardar el diario, salgo a paso tranquilo hacia el instituto. Cuando llego no hay mucha gente, por lo que me siento en el suelo frente a la puerta de mi clase a esperar a que el profesor llegue. Saco el móvil y leo mi última conversación con Gilbert en whatsapp. Se me forma una sonrisa idiota en la cara a medida que voy leyendo. Sin embargo, tengo que dejar el teléfono cuando veo que el profesor llega. La verdad es que hoy ha venido muy pronto. Apenas estamos tres gatos.
-¡Maddie!
Al escuchar la voz de Gilbert tras de mi, no hago más que girarme con una gran sonrisa en mi cara.
-Buenos días.
-Te he visto entrar desde lejos y he intentado alcanzarte.-se explica, jadeando. Ahora que me fijo, tiene pinta de haber estado corriendo. ¿Sólo para alcanzarme...?-¿Qué te parece sentarte conmigo hoy?
Esa propuesta hace que mi cara se vuelva roja, y empiezo a tartamudear, muerta de vergüenza.
-P-P-Pero...¿y Antonio? Os sentáis juntos.
-Ya, pero él se va a sentar hoy con Chiara.-explica el albino como si nada, dirigiéndose hacia su asiento-. ¿Vienes o no?
Asiento con la cabeza y me siento junto a él tímidamente.
-¿Qué tenemos ahora?
-Lengua.
Gilbert suelta un bufido y se echa en la mesa.
-¿Había deberes?-pregunta el albino mirándome mientras se rasca la cabeza.
-No, si mal no recuerdo.
Por mi parte, ya he sacado mi libreta y el libro de la asignatura. Pongo el libro en la mesa, mientras abro el cuaderno y escribo la fecha de hoy. Veo como Gilbert arrastra el libro hacia su lado, abriéndolo por una página al azar.
-Me da pereza sacar el libro ahora, ¿no te importa que compartamos el tuyo?
-N-No-niego frenéticamente con la cabeza. Me pongo nerviosa al recibir tanta atención de él así tan de repente.-¿no vas a sacar tampoco tu libreta?
-Nah, no lo necesito.
Me encojo de hombros.
-Yo que tu la sacaría para tomar alguna que otra nota. Dentro de tres días tenemos el examen de la parte de literatura, y no viene mal apuntar lo que el profesor va diciendo en clase que no viene en los apuntes.
Gilbert vacila durante unos momentos pero finalmente parece que sigue mi consejo y saca de su desgastada mochila una libreta que está prácticamente en blanco, menos las dos primeras páginas, en las que, sorprendentemente, hay algunas frases corregidas de sintaxis que hicimos antes de Navidad.
-¿Me dejas comprobar una cosa?-pregunta el albino señalando mi libreta, que en comparación con la suya está escrita por todas partes. De hecho, en esta semana voy a tener que comprar una nueva.
-Sí, adelante.
Gilbert la toma con cuidado y la abre por el final. Poco a poco va ojeando mis apuntes hasta que llega a la primera página, en la que está solamente escrito mi nombre y la asignatura.
-¿Qué, ya has comprobado eso?-pregunto tomando la libreta de entre sus manos, que están bastantes frías por cierto, y la abro por la última página, donde aún tengo espacio para escribir.
-Sí.-responde resignado.
-¿Y qué?-pregunto curiosa, mientras observo como poco a poco va llegando el resto de la gente a clase.
-Estoy jodido. No tengo nada apuntado en mi libreta, a excepción de varias frases para analizar…
Me muerdo el labio al oírle hablar. Suena un poco desesperado, aunque conociéndole seguro que jamás lo admitirá.
-¿Q-Quieres mi libreta?
Gilbert se gira hacia mi con una expresión llena de confusión. Me apresuro a aclararle mi idea.
-L-Lo digo para que puedas estudiar mejor. Si quieres puedo dejártela para el fin de semana y tú la fotocopias, y ya me la traes el lunes próximo. ¿Qué te parece el plan?
El de ojos rojos parece sopesar la idea, hasta que finalmente se ríe y se echa encima de mí en un abrazo.
-¡Eres la mejor, Mad!
Me sonrojo bastante con eso que Gilbert grita, ya que varias personas se giran a mirarnos. Menos mal que aún no ha empezado la clase, sino el albino habría hecho una gran interrupción.
-V-Vale, ya puedes soltarme, Gil.-digo apartándole un poco, aunque esto de que me abrace el chico del que estoy enamorada no es algo que me incomode en absoluto.
-Muchísimas gracias.-Gilbert se aparta sin quitar aún de su cara esa sonrisa que tanto me gusta. Hasta consigue contagiármela.
-D-De nada.
El resto de la clase me la paso bastante absorta en mis pensamientos, la mayoría, por no decir todos, dirigidos al revoltoso albino sentado a mi lado que, por primera vez, está prestando atención a una clase.
GOVERT
-¿Y qué me dices de esa?-Muevo los ojos hacia donde Vladimir señala sin ningún tipo de pudor.
La chica, pelirroja y pecosa, no se da cuenta de nada al estar peleándose con un algodón de azúcar.
-Nah, no es tu tipo.-Vuelve a hablar sin darme tiempo a abrir la boca. Tampoco es que tuviera pensado hacerlo, de todos modos.
Llevo sin hacerlo desde que mi compañero comenzó este estúpido juego, o lo que sea que es esto, de buscarme una "novia". En otra circunstancias le habría mandado a la mierda de inmediato. Pero vigilar el laberinto es lo suficientemente aburrido como para dejarle hablar.
El rumano vuelve a levantar el brazo, aunque lo baja de nuevo mientras niega con la cabeza. Ni siquiera me da tiempo a mirar a la chica en cuestión.
Unos niños pequeños reclaman mi atención. Son tres chicos que no me llegan ni a la cintura. El más bajo, con cara de miedo, me llama de nuevo.
-Perdone, señor, pero nos hemos perdido.-Dice, mientras señala a los otros dos.
-De eso se trata, de perderse por aquí dentro.-Intento no sonar borde, o por lo menos no demasiado.
-Pero no encontramos a nuestra madre-interrumpe otro de los chavales.-Y llevamos un buen rato buscándola.
-Además, podemos escucharla.-insiste de nuevo el más bajo.-¿Nos puedes ayudar a buscarla?-me mira de forma suplicante.
Parte de mi trabajo es lidiar con momentos como este. Así que suspiro y le pongo una mano en la cabeza a uno de ellos.
-Vladimir. Estos niños se han perdido y no encuentran a su madre. Ve con ellos.-Miro al castaño, que creo que no se había dado cuenta de que no le prestaba atención.
-¿Qué? ¿Por qué no vas tú?
-Porque a ti los críos se te dan mejor que a mi y porque no tengo ganas de ir.-Empujo un poco al chaval hacia mi compañero. Al mirarle le sonríe automáticamente.
-Vale. Yo os acompaño a buscar a vuestra mamá-hace un gesto a los niños para que le sigan.-pero antes tenéis que saber algo sobre mi...-dejo de escucharle mientras se aleja.
Me quedo solo en la puerta del laberinto. Los niños bien podrían haberse quedado fuera y esperar a su madre. Aunque a mi no me viene mal que arrastren a Vlad dentro un rato.
Vuelvo a mirar a la chica pelirroja. No, definitivamente no es mi tipo.
-¡Govert!-Una voz femenina me llama. No la reconozco hasta que no veo a quien pertenece.
-¿Emma? ¿Qué haces aquí?-Pregunto, sin esperarme para nada una visita de la rubia.
-He estado buscándote por todo el parque-se queja.-Quería hablar contigo.
-Pues aquí me tienes.
-Mira. No sé bien cómo decirte esto. Bueno, más bien no sé directamente qué hacer ahora mismo.-Mira al suelo, aunque rápidamente levanta la vista.
-¿Qué quieres decir?-Noto mis manos sudar así que las limpio disimuladamente en el pantalón del uniforme.
-Esto. Lo que está pasando entre nosotros. No puede ser que no lo hayas notado Govert.-Ahora a ella también se la ve nerviosa.
-¿Te refieres a lo que pasó en la fiesta? Vamos, eso fue hace ya. No deberías ni acordarte debido a la cantidad de alcohol que llevabas encima. Emma, ibas como un a cuba.
-No. No me refiero solo a eso. Han pasado más cosas entre nosotros, Gov. ¿Puedo llamarte así de nuevo?-asiento y ella sigo hablando.-Estos últimos meses están siendo algo complicados para mi.
-Lo sé. No eres la única que tiene dificultades.
-He tenido más deslices de los que debería. He estado confundida también, es más, ahora mismo lo estoy.-sigue ella, como si yo no hubiera dicho nada.
-Tengo entendido que llevas bastante tiempo teniendo más deslices de los que deberías.-Le aguanto la mirada. Le ha molestado el comentario y no es difícil darse cuenta de eso.
-No es mi culpa. O por lo menos no del todo. Soy yo la que comete los errores, pero no se me puede culpar a mi realmente.-me mira como si debiera comprender algo más tras esas palabras. No lo hago.
-Eres tú la que te has ganado la fama que tienes, Emma. Es más, puedo decir con seguridad que esta no eres la tú que solías ser. No sé a dónde quieres llegar con esto.
-No, claro que no era así. Cuando tú me conociste era una mojigata que creía que el amor era lo que se veía en las películas. Las mariposas en el estómago, el ruborizarse con el más mínimo roce de las manos y el ponerse nerviosa con solo ver al chico en cuestión.
-Nada que ver con lo que eres ahora.-Le corto. No entiendo a qué viene este discurso. ¿Ha venido a buscarme solo para esto? No le veo sentido.
-Nada que ver con la fama que tengo ahora, no. Pero no quería irme por ahí. ¿Crees que se podría perdonar una traición?-me pregunta de golpe.
Medito unos instantes antes de contestar.-Depende de cual sea, del porqué de la misma y de como esta haya podido influir en mi.-le contesto, de manera sincera.
Hay algo en la forma de hablarme que me recuerda a la Emma con la que salí hace ya unos años. No tiene la inocencia de antaño, aunque sí la dulzura. No sé si la está fingiendo o no, aunque, si lo hace, es una muy buena actriz.
-Dios mio. No sé qué estoy haciendo aquí en realidad. Todo esto solo me confunde más y más.-Dice, más para si misma que para mi, aunque eso no evita que la escuche.
Estoy tentado a preguntarle en qué la confunde, pero decido dejarlo pasar.
La rubia se queda mirando sus zapatos. Cuando empiezo a pensar que se ha olvidado de mi presencia, vuelve a levantar la vista.
-¿Por qué te metiste en esa pelea con Toño?-me pregunta, volviendo a mirar a los ojos.
-Mira, eso fue un error, lo sé. Pero no voy a disculparme por mucho que sea tu novio. Él se metió en la misma pero no para defenderte a ti, sino a su amiga. No voy a pedir perdón porque los golpes que Antonio se llevó los tiene más que merecidos por no defenderte a ti.-He pensado muchas veces en qué respuesta daría si alguien me preguntara esto. Realmente no pensé lo que hacía. Un momento estaba de pie, entre la gente y al siguiente estaba en la misma pelea. A golpes con el castaño.
La de ojos verdes asiente.-Tampoco quería que pidieras perdón, solo quería saber el porqué. Me tengo que ir. Espero no haberte molestado demasiado viniendo hasta aquí para hacerte estas preguntas tan raras.-la chica sonríe.-Y espero no parecer tan loca como ahora mismo creo que parezco.
Con la misma rapidez con la que ha aparecido, Emma se mete entre la gente. A los pocos segundos ni hay rastro de ella. La chica pelirroja sigue en el mismo sitio y Vladimir no tarda mucho más de un minuto en volver.
Se pone a mi lado, en el mismo sitio en el que estaba antes de ir a acompañar a los críos.
-¿Y esa qué tal?-El rumano señala a una joven de pelo negro y largo y bastante bajita. Como si el tiempo no hubiera pasado.-Vale no. Esa no.
Al pasar apenas unos minutos todo vuelve a ser igual de monótono como lleva siendo toda la tarde. Hasta empiezo a plantearme que la aparición de Emma no haya sido una mala broma de mi cabeza debido al aburrimiento extremo.
CHIARA
Miro las hojas amontonadas en el fondo del cajón. Todavía no entiendo qué pronto me dio para escribir algo semejante, y aún peor, para no deshacerme de ellas en el mismo momento en el que cumplieron con su cometido de... bueno, de nada. No sirvieron para aclarar mis ideas, así que, técnicamente, fueron completamente inútiles.
Alargo el brazo hasta ellas. Procurando no ver lo que escribí en ese improvisado diario. Pero la tentación, como siempre, acaba venciendo.
Aliso las tres hojas frente a mi y comienzo a leer.
No tengo motivos reales por hacer esto salvo el hecho de que no sé qué más hacer. Muchas chicas se dedican a escribir diarios así que, quizás, no sea tan mala idea como pueda parecer.
Salto hacia otro párrafo, sabiendo bien lo que voy a encontrar, a fin de cuentas, no lo escribí hace demasiado tiempo.
… Antonio acaba de salir de la casa, y ya no sé qué pensar de él. Se ha tirado horas aquí, solamente haciéndome compañía mientras yo lloraba como una idiota, sin saber siquiera el motivo de mis lágrimas. Y tampoco sin saber que su presencia solo me confundía más.
Bufo, recordando claramente el momento en el que escribí esto. Aún estaba sola en la casa, pero conseguí echar al castaño a base de prometer una y otra vez que ya me había calmado y que no iba a llorar más. A fin de cuentas, él debía de estar con Emma, su novia.
Busco unas líneas más abajo y sigo leyendo.
… Emma es su novia y yo ni si quiera sé qué puedo significar para él. A veces parece que ni se acuerda de mi y otras deja tirada a su chica solo para hablarme, aún sabiendo que ella no me soporta. Otras veces parece que me trata como si fuera su hermanita pequeña u, otras, solo una chica tonta de su clase a la que tiene que ayudar en una de las asignaturas.
Como todo esto siga así voy a acabar por volverme loca.
Paso la hoja, haciéndola una bola por si a Feli, el cotilla, le da por entrar sin tocar a la puerta. Cosa que no sería para nada extraña.
Y lo peor es que no se lo puedo contar a nadie. Feliks seguramente se reiría por mi idiotez y se dedicaría a tirarse las horas haciendo bromas al respecto. Toris acabaría desviando la conversación hacia la bichopalo y Feli acabaría comentando algo típico de una película romántica que vio en la que todo acababa siendo perfecto y los protagonistas se juraban amor eterno o algo similar.
Además, prefiero que nadie sepa esto. Es mejor así, de todas formas nunca iba a llegar a ningún lado.
Todo por culpa de la zorra de Emma. Y lo peor es que ni si quiera le quiere. Le va a romper el corazón y yo, que lo estoy viendo desde hace tiempo, no puedo hacer nada por impedirlo.
Solo de pensarlo ya me arde el moratón del ojo.
Sonrío, tocando la zona en la que, por ese entonces, aún estaba incluso algo inflamada por la pelea de hacía solo unos días, ya apenas queda rastro alguno del golpe. Aunque solo por el poder darle algo de lo que se merece a Emma valió la pena hasta el que me expulsaran tres días.
Además, seguramente si no hubiera sido por eso Antonio no se habría pasado toda una tarde conmigo, fingiendo que no tenía el móvil sonando cada dos por tres.
Lo que me hace volver a lo mismo que escribí en su día.
¿Cómo debo de tomarme eso? No creo que haga eso con todo el mundo. O quizás sí, tampoco le conozco tanto como para saber qué hace con el resto de las personas.
¿Por qué me tiene que pasar esto a mi? Se suponía que yo no iba a enamorarme y menos a actuar como una niña tonta.
Por favor, si casi ni creía en el amor. Para mi no era más que una serie de exageraciones de libros, series y películas para poder vender más. Sin historias de amor la mayoría de las adolescentes no querían saber nada de la obra, era solo cuestión de comercio.
Y menos pensaba que iba a ser tan sumamente horrible. No creo recordar que la protagonista acabe sola y viendo como el chico se va con su enemiga jurada.
Aunque tampoco sé si lo que yo siento es amor. Nunca lo he llegado a sentir antes así que no tengo con qué compararlo.
Paso a la última hoja, volviendo a arrugar la que acabo de leer y tirando la bola junto a la anterior.
Así que no puedo decir que esto sea amor. Es más, no pienso decirlo o escribirlo o pensarlo.
Sea lo que sea, sé que es algo completamente distinto a lo que he sentido nunca y que solo siento cuando tengo a este bastardo cerca. Pero, en parte, prefiero no ponerle un nombre. Es mejor de esta manera. Quizás solo sea un encaprichamiento pasajero, como cuando de pequeña quise tener una serpiente y, lloraba cada vez que alguien hablaba de algo relacionado.
Quizás lo único que quiera sea joder a Emma de cualquier forma y, en realidad, no quiera nada de Antonio más que su capacidad para fastidiarla si consigo que se aleje lo suficiente de ella y que muestre preferencia hacia mi.
No lo sé. No sé que siento y tampoco creo que sea tan necesario saberlo, de todas formas, como ya he puesto antes, nunca va a llegar a nada. Dudo que antes de este año él supiera que existía.
Escucho un ruido en el pasillo, juraría que Feliciano acaba de estrellarse contra el recibidor. Hago una bola la hoja que tengo en la mano y recojo las otras dos. Justo cuando estoy cerrando el cajón de una patada mi fratello entra por la puerta.
-¿Cuántas veces te he dicho que toques a la puerta?-Miro a Feli que se masaje el pie con cara de dolor.
-Me he descargado una peli de miedo, pero no quiero verla solo. ¿Qué me dices?-Me pregunta, ignorando completamente mi comentario.
-¿Por qué te descargas una película que sabes que te va a dar miedo ver?
-Porque todas las críticas dicen que está muy bien.-Se encoge de hombros, como si eso lo justificara todo.
-¿Y tus amigos?
-Ni si quiera les he llamado, dudo que sean capaces de sacar algo de tiempo para mi.-Intenta sonar indiferente, pero no lo consigue ni de lejos.
-Está bien-suspiro, levantándome de la antes tengo que terminar unas cosas aquí, ve poniéndola y ahora voy ¿vale?
Feli sonríe, casi parece que vaya a darme las gracias solo por hacerle compañía. Sin embargo, si piensa hacerlo no lo sé porque le corto antes.
-Corre, que sino no va a dar tiempo a verla entera.
Una vez ha salido del cuarto y he cerrado la puerta (porque, sin duda, era mucho trabajo para él cerrarla antes de irse), vuelvo a buscar en el cajón hasta dar con las tres hojas. Las vuelvo a alisar, pero esta vez, en vez de leerlas, hago lo que tenía pensado desde un principio.
Las rompo en trozos muy pequeños, hasta que son ilegibles y luego las meto en una bolsa de plástico que cierro y meto en la papelera. Por lo menos se quedará ahí hasta que salga a la calle y pueda deshacerme de ella.
En el salón, esperándome, está mi fratello, con un bol de palomitas en las manos y mirando la pantalla en negro.
-Bueno, espero que haya palomitas suficientes para ambos. Y, que sepas, que por mucho miedo que te de, no pienso dejarte dormir en mi cuarto. Que luego soy yo la que tengo que montar y desmontar la cama de abajo y me da pereza.-Le advierto, sentándome a su lado y cogiendo un puñado de palomitas.
-¿Y si la monto y desmonto yo?-Pregunta.
-Bueno, ya veremos. Ahora por la peli, a ver si es tan buena como la pintas.-Y a ver si me hace olvidarme del bastardo de , mientras Feli le da al play y, en la pantalla, comienza a vislumbrarse una silueta.
ARTHUR
-¿Francis?-llamo al francés, quien está recogiendo sus cosas. Ya ha terminado la última hora de clases, y la gente se está yendo rápidamente del aula. Cuando el rubio se vuelve hacia mí, continúo hablando.- ¿Vienes luego a mi casa? Tenemos que acabar el trabajo de historia.-siento como mi rostro se enrojece al decir estas palabras.
-¿El trabajo? Ah, sí, el trabajo de historia- sonríe, con cierto deje de nerviosismo, que no sé a que puede deberse, mientras mete sus cosas en su mochila y se levanta-. Claro, voy a tu casa cuando digas.
-Puedes venir a la hora que quieras. Total, hoy me paso el día sólo en casa.-digo encogiéndome de hombros, saliendo de la clase junto a Francis. Ya que somos los últimos, cerramos la puerta tras nosotros.
-¿Así que vamos a estar solos en tu casa todo el día?-pregunta con un tono diferente al anterior, que no sé identificar.
-Pues... sí. Mis padres trabajan hasta tarde y mi hermano está fuera con su novia.
Francis duda durante unos segundos, hasta que vuelve a hablar.
-¿Te parece si voy a las 6 o así? Después podríamos ir a cenar... si no tienes ninguna otra cosa que hacer.
-Como quieras. Como si te quieres quedar incluso a comer...y si, también podemos ir a cenar si quieres.
-No. No puedo quedarme a comer-se aparta el pelo de la cara con un gesto algo nervioso-. Pero te compensaré. Otro día puedes venir a mi casa a comer si quieres.
-Da igual, lo decía por si querías, nada más.-le digo quitándole hierro al asunto, ya que solo lo había dicho por decir.
-Bien. Entonces nos vemos esta tarde.-Se queda mirándome, como si quisiera decir algo más, pero al final se queda callado.
-Mándame un mensaje cuando vengas de camino, ¿vale?
-Claro. Te daré tiempo de sobra para que te prepares para mi visita.
-Lo digo para preparar lo que te tengo que dar, git!
-No pienso entrar a tu casa si no me recibe un pasillo de pétalos de rosas. Avisado quedas.
-Déjate de gilipolleces, anda.-ruedo los ojos ante su comentario, aunque no puedo evitar sonreír levemente.
-¿Gilipolleces? -finge estar dolido-. No digas esas cosas sobre mis sueños y fantasías. Y menos si son contigo.
-¡C-Cállate! ¡Deja de hablar de esas cosas!-chillo sonrojado, justo cuando salimos por la puerta del instituto. Los amigos de Francis están esperándole y miran hacia nosotros de manera extraña.
-Vale, vale. Te dejo hasta esta tarde si es lo que quieres.
-Sí, anda, ahórrate ahora esos comentarios indecorosos. Pues hasta dentro de un rato, entonces.
Francis no dice nada, sino que se aleja, guiñándome un ojo mientras se despide con la mano.
No me ocurre nada relevante hasta que Francis llega, que es sobre la hora que había dicho, a las seis de la tarde. Abro la puerta cuando oigo el timbre y, antes de que me dé tiempo siquiera a decir nada, el francés se asoma al pasillo y niega con la cabeza.
-No veo mis pétalos de rosa, me has decepcionado, Arthur.
-Anda, calla y entra, que tenemos mucho por hacer aún.-cierro la puerta tras Francis y me dirijo a mi habitación, seguido del francés.
-Que pocos modales. Espero que no trates así a cada persona a la que invitas a solas a tu casa. Aunque explicaría bastantes cosas.
-Solo a los que entran con aires de grandeza y son arrogantes como ellos solos.
-Vaya, verte cada vez que te miras al espejo entonces tiene que ser todo un show. - supongo que ahora Francis debe de estar sorniendo con sorna por su propio comentario.
-Habla por ti.-digo llegando a mi habitación y entrando. Ya está todo listo sobre mi escritorio: libros, folios, y varios bolígrafos. Junto a mi silla hay una que he traído del cuarto de mi hermano, y se la señalo al francés.-siéntate ahí.
Se sienta y acerca la silla hasta pegarla todo lo que puede a la mía.
-¿No podías ponerte más cerca?-pregunto sarcástico, aunque sonrojándome.
-Non.-ríe el de ojos azules, echándome una de esas miradas profundas que dejan sin aliento.
-S-Shut up.-le pongo una mano en la cara y le aparto de mi, esperando que no vea el sonrojo.
El tiempo pasa muy lento, o eso me parece a mi. Curiosamente, parece ser Francis el más concentrado de los dos. Yo no puedo evitar distraerme mirándole, tan cerca de mí, tan al alcance…
-¿Te pasa algo, mon amour?
Al escuchar esa pregunta me separo de él de golpe, ya que estamos tan cerca-por culpa del francés.- y me caigo de la silla.
-N-No!-chillo sonrojándome mientras me toco el brazo izquierdo, donde me he hecho un poco de daño.
Francis se levanta de su asiento y se acerca a mi, colocándose prácticamente encima de mi.
-¿Te has hecho daño?-pregunta tomándome el brazo, que se me ha enrojecido un poco.
Niego con la cabeza, más pendiente de Francis que de mi brazo. De repente, nuestras miradas se encuentran. Noto como mi cara se enrojece más aún de lo que ya estaba, y, sin aviso previo, siento como Francis presiona sus labios contra los míos y coloca sus manos sobre mis hombros. Y la verdad, es que esta vez no pienso hacer nada para quitarme a Francis de encima…
HERACLES
Sigo sin entender qué pasa con Sak... bueno, Sakura. Ni si quiera sé si, dado la relación que temenos ahora mismo, pueda permitirme usar esa abreviación de su nombre.
La cosa es que, desde hace ya demasiado tiempo ni es capaz de mirarme a los ojos para hablar. O eso supongo, porque no hemos hablado.
Siempre me han dicho que soy un chico calmado, incluso más de la cuenta y, sin embargo, no soy capaz de soportar más la tensión de esta situación, lo que me ha llevado a tomar una decisión de la que, con bastante seguridad, voy a arrepentirme más pronto que tarde.
La campana que anuncia el final de la clase me saca de mis ensoñaciones. Me cuesta un poco ponerme en situación. Acaba de terminar la tercera hora, filosofía. Miro mi libreta, en la hoja solo está puesta la fecha de hoy, nada de apuntes. Me siento un poco mal con esto, creo que es la primera vez que no atiendo en una clase de esta asignatura.
Sin embargo paso rápidamente a pensar en otra cosa cuando veo que Sakura se levanta de su asiento, su compañero de mesa se dedica a restregarse los ojos, sin prestarle la más mínima atención a la morena. Diría que acaba de despertarse.
Durante un momento pienso que, por culpa del italiano, no voy a poder hablar con ella, sin embargo, el castaño sale del aula sin recoger absolutamente nada de su mesa.
-¿Sakura?-espero hasta que la chica se gira para mirarme-¿Tienes un momento?
-No. Maddie me está esperando y no debería retrasarme.-Dice, sin dejar de recoger las cosas que quedan aún sobre la mesa.
-¿Cuánto tiempo se supone que vas a seguir inventando excusas como esa para evitarme?-le pregunto. No levanto el tono de voz, aunque si que hablo de forma fría.
-No es una excusa. Mi amiga me está esperando. Pero en fin, ¿qué es lo que quieres?-Deja el estuche sobre la mesa, como resignándose a escucharme.
Dudo durante unos segundos. Aunque he imaginado varias veces esta conversación en mi mente (la mayoría de las veces en esta última clase), no me esperaba que, de verdad, fuera a escucharme. Todo lo que tenía preparado decide que es el mejor momento para desaparecer de mi mente, dejándome completamente en blanco.
-¿Por qué has dejado de hablarme tan de repente?-Le pregunto al final. Ha sido lo primero que se me ha venido a la cabeza y, la verdad, es que no estoy demasiado orgulloso de mi falta de sutileza.
-¿Q-Q-Qué importa eso ahora? Dime lo que tengas que decirme ya, que tengo prisa.
-Solo me lo preguntaba-digo, intentando sonar indiferente. Sin embargo, su forma de actuar me molesta y ya que he empezado esto ¿por qué no voy a decirle todo lo que quiero? Toda persona tiene un límite y creo que he llegado al mio en cuanto a paciencia se refiere.-Pero si tienes más prisa por ir con tu amiga que por arreglar lo que, por lo menos creo, que era nuestra antigua amistad, tampoco voy a obligarte a quedarte y escucharme hablar-le tiendo el estuche que ha dejado hace unos momentos en la mesa.-Aunque sería una pena, la verdad.
Sakura no dice nada. Solo clava la vista en el suelo, ni si quiera se mueve para coger de nuevo el estuche, así que lo vuelvo a dejar en la mesa, con un golpe fuerte. Total, ya no queda nadie dentro del aula.
-Bien, esto creo que aclara bastantes cosas, aunque hay una cosa que sigo sin descifrar.
-¿Y qué quieres saber?-Pregunta, sin levantar aún la vista.
-Lo he preguntado hace apenas un momento y no pienso repetirlo.-Le contesto, orgulloso. Nunca me he considerado una persona orgullosa, pero hay ciertos momentos en los que es necesario mostrarte como no eres.
-Si quieres saber por qué no te hablo deberías simplemente recordar lo que pasó aquel día, qué hiciste y cómo me hiciste sentir. Así que ahora no vayas de víctima porque es muy cínico de tu parte.
No me cuesta nada entender a qué día se refiere. San Valentín, desde ese día nuestra amistad terminó de irse al garete. Lo que sí que tardo unos segundos en procesar es qué pudo haberle sentido así de mal.
¿La llamada de Victoria? Mierda. La inoportuna llamada de la mulata.
-¿Todo esto no es más que un ataque de celos?-Le pregunto atónito a Sakura. Nunca pensé que fuera de ese tipo de chicas. A fin de cuentas solo me llamó para saber qué tal me había ido con ella. Aunque claro, eso ella aún no lo sabe. Voy a decirle el porqué de la llamada de Vic cuando ella comienza a hablar.
-¿Celos? Quizás al principio lo fueran. Pero la verdadera razón por la que estoy enfadada contigo es la forma de actuar. Has jugado conmigo desde el principio.
Todas las ganas de justificar la llamada de Victoria desaparecen, dando paso a una emoción que pocas veces he experimentado. Enfado.
-¿De verdad tienes la cara de decir que he jugado contigo? No creo que seas la más indicada para acusarme de algo como eso-veo como la expresión en su cara de transforma.-Aunque sino estás conforme siempre podemos preguntarle a tu buen amigo Alfred qué piensa en lo referente a este tema en concreto.
-No metas a Alfred en esto.-Dice apretando los puños. Al igual que la expresión de su cara, la voz también ha cambiado. Parece algo más quebrada. Otras veces, al ver que está a punto de llorar habría parado, me habría disculpado y después la habría abrazado. Pero hoy no, no puedo hacer eso. Simplemente no me sale.
-A ver si lo he entendido ¿Tú tienes derecho a decir todo lo que quieras y pensar sin saber la información y yo no puedo decir una cosa fundada en pruebas irrefutables solo para defenderme de tus acusaciones?
-Yo no he dicho eso. Defiéndete pues, y deja de acusarme.
-Ni si quiera tengo algo por lo que defenderme-digo, tras meditar un momento el porqué ella se cabreó.-La que piensa cosa e inventa historias eres tú, Sakura. Yo no he hecho nada que necesite de una defensa.
-¿Entonces por qué vas diciendo que no puedes defenderte?
-Porque, en caso de que tuviera que hacerlo, no podría según lo que tú consideras argumentos.-Me invento rápidamente. La verdad es que no sé por qué he dicho algo como eso. Simplemente me he defendido de su acusación, pero estoy empezando a perder los estribos. Ya ni si quiera pienso antes de argumentar algo. Necesito relajarme y no creo que esta situación vaya a mejorar demasiado.
-Mira, esto es un quebradero de cabeza que no nos está llevando a ninguna parte...
-Cierto, no nos lleva a ninguna parte y, sin embargo, es la primera conversación real que tenemos desde hace ya bastante tiempo.
-¿Entonces? ¿Quieres arreglar las cosas o qué? Parece que lo único que te interesa es echarme cosas en cara.
-Quería arreglar las cosas. Siempre y cuando mostraras algo de interés en que se arreglaran, pero parecer ser que no es eso lo que quieres.
-¡Estoy mostrando interés!-eleva la voz, es algo raro en ella así que supongo que está perdiendo los estribos tanto como yo, aunque también intenta ocultarlo-¡Pero cada cosa que digo le das la vuelta a la tortilla!
-Ni siquiera has sido capaz de mirarme a los ojos desde que me he acercado, Sakura. Dime ¿dónde está ese interés que dices mostrar? Porque yo o lo veo por ningún lado. Dices que parece que solo quiero echarte cosas en cara, pero no creo que tu objetivo difiera demasiado del mio.
Aprieto la mano izquierda hasta formar un puño al ver que tiembla. Necesito relajarme. Vuelvo a mirar a la asiática, que levanta la vista. Finjo que no he visto el movimiento y, en vez de devolverle la mirada, la clavo en mi puño.
-Esto no está llevando a nada. Tienes razón. Siento que termine de esta manera, pero no vamos a arreglar nada con esta actitud, en todo caso solo podemos fastidiarla mas, si es siquiera posible.-Digo, antes de salir del aula.
La asiática no dice nada o, si lo dice, no la escucho.
Me dirijo directo al baño y me mojo la cara repetidas veces, esperando que el agua fría me calme algo.
Cuando la alarma suena, indicando el final del recreo vuelvo a mirar mi mano izquierda. Sigue cerrada en un puño, evitando así que tiemble.
Vuelvo a echarme agua en la cara y el pelo. No creo que entrar a la siguiente clase vaya a servirme de algo, prefiero refugiarme en el cuarto de baño.
NATASHA
-¿Francis?-me acerco hacia él seria, de brazos cruzados. Al oír mi voz, Francis desvía su atención de su teléfono móvil a mi. Está al lado de la puerta de mi clase, la de ciencias, cosa extraña, ya que él es de letras, pero no decido preguntarle qué es lo que hace aquí; no me incumbe, aunque me viene de perlas que esté aquí. Quería hablar con él desde hace días y este momento parece el indicado-. Tengo que hablar contigo.
Francis me mira algo sorprendido.
-Tú eres la hermana de Braginski, ¿cierto?
Asiento secamente.
-¿Conoces a Toris? Está en tu clase.-decido ir al grano y preguntarle todo directamente.
-Sí, claro que conozco a Toris. ¿Pasa algo con él? Tampoco le conozco tanto.
-¿Qué te parece, como persona?
-¿Toris? Hombre, tampoco es que hable mucho con él. Es más, creo que mñás de una vez me ha intentado evitar.-niega con la cabeza-. Pero no se le ve mal chaval, la verdad. Algo tímido e inseguro, pero nada que no solucione una buena dosis de cariño.-me guiña el ojo y me estremezco, frunciendo el ceño y haciendo una mueca de asco-. ¿Preguntabas por algo relacionado con eso último?
-Sí. ¿Te parece alguien fiable? ¿Alguien con quien te puedas comprometer y no arrepentirte luego? Y lo más importante, ¿es gay?
-¿Gay?-parece aguantarse la risa. Pensándolo bien, no es una pregunta tan descabellada, considerando como es Feliks, su mejor amigo-. Creo que esos ojos tan bonitos te fallan demasiado. Toris lleva babeando por ti desde hace demasiado tiempo… aunque no te niego que pueda ser bi. A veces tiene cierto toque amanerado. Pero vaya, que al verte se le pasa.
-¿No crees que le gusta Feliks?
-No-niega con la cabeza, muy seguro de sí mismo-. Se peleó con él y Chiara por irse contigo y durante bastante tiempo ni se hablaban. Le gustas tú, Natasha. Incluso te puso por delante de sus amigos, no entiendo de dónde vienen tantas dudas por tu parte. Pienso que deberías darle una oportunidad sin pensar tanto en las consecuencias, ya que, si te paras a pensar en todo lo que puede salir mal en una relación, te quedarás siempre sola. Además, el chico se merece una oportunidad, y tú quieres dársela. Se te nota. ¿Por qué dudar de esta manera?
Me muero el labio, vacilando. Sé que Francis lleva razón en todo, pero…
-Digamos que yo no quiero empezar a salir in él y que poco después se dé cuenta de que es gay y no soy yo la que le gusta…
-¿Tienes miedo por lo que te pasó con Emma?
Ha dado en el clavo.
-No puedes dejar que ese miedo te domine. Las personas son muy distintas unas de otras y no creo que haya alguien más distinto a Emma que Toris. Incluso te servirá para volver a recuperar la confianza- me sonríe, poniéndome una mano en el hombro; mano que aparto de mi bruscamente.
-Pero…¿ Y si vuelve a pasar?-pregunto en un susurro.
-Si vuelve a pasar lo superarás, igual que superaste lo que pasó. No sabemos nunca cómo van a terminar las relaciones, es cierto, pero si no les das una oportunidad vivirás con la duda. Las cosas pueden salir mal, es cierto, pero también pueden salir bien y si vas con miedo nunca lo sabrás.
Digiero sus palabras durante unos momentos, hasta que alzo la cabeza con una decisión tomada y un plan a llevar a cabo.
-Vale, pues eso era todo. Gracias.
Parece dudar unos segundos hasta que finalmente me sonríe.
-De nada. Espero haberte servido de ayuda.
Asiento con la cabeza antes de darle la espalda y salir corriendo, literalmente, hacia la clase del bachillerato de letras, que está en la planta baja. Cuando entro, casi todos se me quedan mirando. Voy hacia donde se sienta Toris, quien al verme parece bastante confuso.
-¿Nat? ¿Qué haces aquí?
-¿Podemos ir un momento afuera?-pregunto, sintiendo de repente miedo. Miedo al rechazo, a que se niegue, incluso a que se haya hartado ya de mi y me mande en este momento a la mierda. Sin embargo, mis miedos son infundados.
-C-Claro.-responde con una sonrisa y salimos al pasillo, que está lleno de gente.-¿Qué quieres?
Tomo aire, dándome así valor, y me pongo de puntillas, uniendo mis labios con los de él delicadamente, con temor a que se aparte o algo.
El beso dura apenas unos segundos, pero es correspondido torpemente por Toris, quien besa de manera completamente distinta a Emma. Ella besaba de manera salvaje y violenta. Toris besa con suavidad y delicadeza.
-Te quiero a ti.-respondo cuando nos separamos. Toris está sonrojado, con una sonrisa de idiota en el rostro, casi atónito tras lo que acaba de pasar. Tras unos momentos en los que ninguno dice nada, decido romper el silencio que se ha establecido entre los dos-¿N-No vas a decir nada?
-Hay momentos en los que las palabras sobran.-responde Toris y ahora es él quien me besa a mí, con más seguridad que la primera vez. Me rodea la cintura con sus brazos, y yo le paso los míos por el cuello, acercándome más a él. Siento que he sido una idiota todo este tiempo, sintiéndome mucho mejor ahora mismo que en los últimos meses.
FELICIANO
A decir verdad, las últimas semanas están siendo un asco. Quién me iba a decir que iba a saber lo que era sentirse solo de la noche a la mañana.
Sak está rara. Entiendo que cada cual hace con sus problemas lo que le da la gana. Si lo que quiere es guardárselos todos para ella hasta que le de por explotar por mi bien, pero que no los pague todos conmigo. La asiática solo me habla a la defensiva, como si yo tuviera la culpa de que le gusten dos chicos a la vez.
Y en Ludwig mejor ni pienso. En San Valentín parecía que las cosas iban mejorando, no sé, por lo menos me habló algo y siguió así unos días, sin embargo, un día volvió a rehuirme tanto como antes. O incluso más, ahora si me mira en los cambios de clase durante más de dos segundos lo considero un milagro.
Y ya he sido paciente. Más que paciente, llevo soñando con que me pide salir desde que entramos al instituto, estoy más que harto de esperar.
Y como ya he hecho tres veces en lo que llevamos de curso, hoy al despertarme, me he propuesto acabar con todo esto y aclarar las cosas. Somos amigos desde niños, no puede ser tan difícil tener una conversación adulta ¿no?
Vuelvo a echarme agua en la cara antes de salir del baño. Todos los pasillos están vacíos, así que supongo que voy a volver a llegar tarde. Tampoco me importa demasiado, la profesora de latín no suele pasar lista.
La hora pasa rápido (toda una novedad cuando estás en el instituto) y sin que lo espere, suena la sirena que indica el final de las clases.
Como es costumbre a última hora, la gente de la clase casi que corre para salir del aula y Ludwig es uno de ellos, seguido de cerca por Sakura. Aún recogiendo el material nos hemos quedado solamente Heracles y yo.
Siento que me empieza a caer bien el griego, no debería porque es chico que se está llevando a Sakura al camino de la amargura, pero tiene toda la pinta de estar en mi situación. Cuando pasa a mi lado me saluda con la cabeza, a lo mejor hasta ha pensado lo mismo que yo.
De repente tomo consciencia de que me he quedado embobado y que estoy solo en la clase. Meto el archivador a toda prisa en la mochila y salgo corriendo a la salida. Con la suerte que tengo últimamente no me extrañaría que Ludwig ya se hubiera ido y tuviera que ir corriendo hasta su casa.
Pero parece ser que la suerte hoy ha decidido sonreírme, no tardo en divisar la cabeza rubia que conozco tan bien en la puerta. Diría que está esperando a alguien. Supongo que a su hermano, porque no tiene a nadie más. No es por ser cruel, pero nunca ha destacado por su capacidad para hacer amigos.
Decido parar y recobrar el aliento, no quiero que piense que he venido corriendo hasta él, que vale, lo he hecho, pero no tiene que saberlo.
-¿Ludwig tienes un minuto?-Le pregunto una vez he vuelto a regularizar mi respiración y me he acercado lo suficiente como para hacerme oír sin gritar.
Noto como el alemán se tensa. Per carità a este chaval un día le va a dar un infarto de lo tenso que está siempre. Más de una vez me he preguntado si saber lo que es el estar relajado. Y qué he visto en él, últimamente eso me lo pregunto también mucho.
-¿Ludwig?-Lo vuelvo a intentar.
-Claro ¿qué pasa?-Dice, igual de tenso y, como no, sin mirarme a los ojos.
Y exploto. Porque ya me tocaba explotar y porque estoy harto de él, del amor, de lo difícil que lo hace todo y de lo cuadriculado que es.
-¿PERO CÓMO QUE QUÉ PASA?-Grito antes de bajar la voz a un tono normal-¿Desde cuando necesito que pase algo para hablar con mi mejor amigo?
-E-era solo una forma de hablar.-Intenta justificarse. No parece estar muy cómodo ahora mismo, aunque no me importa, yo llevo sin estar cómodo con él desde hace ya varios meses.
-Pues resulta que sí que pasa algo.-Espero a que pregunte qué pasa. Pero no lo hace. Se queda callado y mirándome como si fuera un mono en el zoo o algo así.
¿Pero en qué estaba pensado yo para enamorarme de alguien así? Un ataque a traición de los buenos ratos que he pasado con él desde que le conozco aparece como un fogonazo para contestar a mi pregunta mental.
Cojo aire y me tranquilizo para no parecerme a la histérica de mi hermana al volver a hablar.
-No sé si te habrás dado cuenta de que últimamente nos hemos distanciado algo.-El "has estado pasando de mi como de la mierda" decido que quizás el algo agresivo si lo que quiero es arreglar las cosas de una manera pacífica.
-Sí, últimamente apenas hemos hablado.-Confirma Ludwig.
-Pues eso ¿por qué hemos dejado de hablar como antes?-Le pregunto, de sopetón.
Tras unos segundos callado, como si de verdad fuera una pregunta complicada, el de ojos azules responde.
-Bueno, ya no estamos sentados juntos en clase, eso hace que sea mucho más difícil que hablemos.
Vuelvo a coger aire antes de contestar a la estupidez que me ha dado por argumento.
-No creo que eso tenga demasiado que ver. El que ni si quiera me mires a la cara creo que tiene algo más de peso.-Y por fin, me mira a los ojos.
Y como me pasa siempre, me pierdo en ellos. Creo que él no sabe todo lo que sus ojos pueden expresar, o por lo menos lo que yo soy capaz de ver en ellos. Pierdo el hilo de lo que está diciendo y me concentro en el azul que ahora me mira directamente. Momentos como estos son los que me hacen ser paciente, tragarme mi orgullo una y otra vez y volver a intentarlo de nuevo.
-¿Feli?-Me pregunta, haciendo que vuelva a centrarme en su voz.
Carraspeo y vuelvo a ponerme serio.
-No me sirve, es solo una excusa.-Le acuso, sin tener la menor idea de lo que me ha dicho.
-No estabas escuchando ¿cierto?-Pregunta, pasándose una mano por el pelo.
-Es posible. Pero aún así seguro que no era más que una excusa, como haces siempre que no quieres hablar de algo en concreto.
Se queda callado, así que sé que he acertado.
-Yo solo quiero saber qué es lo que está pasando entre nosotros, no estoy pidiendo tanto. Antes todo era natural y relajado entre nosotros y ahora tenemos que forzar hasta los saludos en la distancia.
-Lo sé, Feliciano, lo sé. Aún así no todo es tan fácil como siempre lo pintas. Hay momentos en los que es mejor guardar las distancias aunque sea durante un tiempo.-Mientras va diciendo estas palabras noto como mi corazón se va encogiendo.
-Entonces ¿quieres seguir como estamos ahora? Estás diciendo que quieres destrozar una amistad que dura desde que somos niños por... ¿por qué, Ludwig?-Busco de nuevo sus ojos, pero están mirando al suelo.
-No, nuestra amistad para mi es lo primero. Por eso mismo necesito algo de tiempo para pensar. Solo eso, un poco de tiempo.-Ludwig me da la espalda y comienza a andar rápidamente, alejándose de mi.
Me quedo en el sitio, procesando lo que me acaba de decir el alemán.
No me puedo creer que Lud haya cortado conmigo cuando aún ni si quiera hemos empezado a salir. Esto es de locos.
Cuando el rubio ya no se ve por ninguna parte decido que es hora de volver a mi casa. Mosqueado le doy una patada a una piedra que está en el camino, haciéndome más daño en el dedo que el que se habría hecho la piedra si fuera capaz de sentir algo.
-Maldita suerte ¿no vas a favorecerme ni una vez?-refunfuño.
ELIZABETHA
Es última hora cuando decido mirar el móvil. Tengo varios whatsapp, la mayoría de Gilbert, quien me habla sobre lo aburrida que es su clase de matemáticas. Como ahora mismo la clase de Historia no me está aportando mucho más de lo que yo ya sé, decido responderle disimuladamente, para que el profesor no me pille.
"Podrías dejar de quejarte, y en vez de eso prestar atención."
"Aplícate el cuento."
Ruedo los ojos, aunque sonrío. Sólo él es capaz de darle la vuelta a la tortilla así de rápido.
"Mi calificación no varía si no presto atención en esta clase. En cambio la tuya sí."
Tardo unos minutos en recibir una respuesta por su parte.
"Bah, me perdí a principio de curso, no veo por qué vaya a encontrarme ahora. Por cierto, ¿vuelves a la salida conmigo? Tengo que hablar contigo sobre… un asunto."
Alzo las cejas, intrigada. Esto debe de ser importante si dice que es un asunto, así a secas.
"¿Sobre qué? ¿Algo que yo ya sepa?"
"Más o menos… es sobre Maddie."
Vaya, al final resulta que a mi amiga no le va tan mal en el amor como ella piensa…
"Oh, tenemos aquí a un chico enamorado…"
"Calla, idiota, y déjame explicarme."
"Explícate, pues."
"No sé si le gusto… o sea, está claro que ella a mi me mola demasiado, pero no sé si yo a ella también…"
Eso me recuerda demasiado a algo…
"Vaya, que estás como yo con Vlad. Exactamente igual."
"¿Qué ha pasado con el rarito ese ahora?"
"No le llames así… aunque en parte tienes razón, es raro como él solo. Como sea, el caso es que es tan raro que me confunde. Me regaló por San Valentín una pinza para el pelo, y desde entonces… estoy confusa."
Quiero seguir escribiendo, pero el timbre suena y con él, la clase acaba. Recojo rápidamente mis cuadernos y libros y me dirijo hacia la clase de Gilbert, en el primer piso, y espero al lado de la puerta a que el albino salga. Cuando la hace, va acompañado de Madeleine, hablando de algo que hace sonreír a la chica. Sonrío levemente, feliz por ellos. Está claro que ambos están destinados, a pesar de las dudas que tienen.
-Gil-le llamo ya que parece no haberme visto. Cuando su mirada se clava en mí, se acerca-. ¿Nos vamos? Hola, Maddie, por cierto.
-Hola-me saludan los dos a la vez.
-Sí, venga, vámonos-dice Gilbert tomándome del brazo con urgencia y tirando de mi hacia fuera-. ¡Adiós, Maddie!
La chica se despide con un tono tan flojo que ni Gilbert ni yo logramos oír.
-Puedes soltarme, no voy a escaparme a ninguna parte, Gil.
Gilbert afloja el agarre, pero no me suelta.
-Te iba a responder antes más pero ha sonado el timbre.-le confieso, con la mente en otro sitio.
-¿Algo sobre el rarito al que visitas cada viernes?
-No le visito; voy a hacerme cargo de su hermano pequeño.
-Vaya, viene a ser casi lo mismo.-Gilbert se ríe.-¿Y qué, es algo de él lo que ibas a decirme o no?
-Sí… Es extraño, ¿sabes? Más de lo que te podrías imaginar. En un momento puede hacerte pensar y creer cosas completamente contrarias que te hace estar en un sempiterno estado de confusión.
-Ese tipo es un psicópata.-determina mi amigo con una risotada que me hace fruncir el ceño.
-Así no me ayudas en nada.
-¿Cómo?
-Riéndote.
-Pero es que lo que me cuentas es de alguien loco.
-Ya sé que a veces puede parecer que está loco. Pero en realidad, muy en el fondo, es una persona muy dulce.
-No sé yo qué decirte. Pero… ¿te gusta?-pregunta Gilbert sin rastro de burla esta vez. Me muerdo el labio mientras medito mi respuesta.
-… C-Creo. Puede ser. Pero como su personalidad es tan cambiante…-
-No te estoy preguntando por él, Eli, sino por ti.-Gilbert me corta con un bufido.-Dime, ¿te gusta… el chico ese.
-S-Sí-respondo con vacilación-. Pero…
-Pues si te gusta no hay más. Ve por él. Si pudiste enamorar al señorito, estoy más que seguro que el chaval ese va a caer a tus pies, si es que no ha caído ya.
Me río al oír las palabras de Gilbert y le doy un golpe en el brazo.
-Más quisiera yo…
-Por cierto...-dice el albino tras unos momentos, cambiando de tema-. ¿Te acuerdas de Maddie?-asiento con la cabeza y Gilbert sigue hablando-. Vale, resulta que m-me gusta, pero no sé si yo...-
-Por favor, está más que claro que ambos os gustáis.
Gilbert hace una mueca.
-¿Qué? No me mires así, sabes que llevo razón.
-No sé... Me gustaría creerte, pero...
-Nada de peros, Gil. Le gustas, es un hecho. Acéptalo.
-Parece que no soy yo quien le gusta...
-Si no eres tú quien más va a ser, ¿eh? Hazme caso, Gil, y no tengas miedo. Eres tú el que le gusta.
Estamos ya en el portal de mi casa, por lo que nos despedimos. Gilbert me desea suerte con Vlad para esta tarde, y yo le deseo la misma suerte con Madeleine para la próxima vez en que se vean. Espero que mi amigo tenga razón y pueda enamorar a Vladimir...
El tiempo pasa muy lento, hasta que por fin llegan las cinco y media, hora en la que cojo mi bolso y salgo en dirección a casa de Vladimir. Es la primera vez que voy allí con más ganas de ver a Vladimir y no a Aurel, con quien voy a pasar más tiempo.
Cuando estoy ante su casa toco el timbre y, cómo no, tardan en abrir la puerta.
-Llegas tarde.-dice Vladimir, señalandose la muñeca, donde no tiene reloj, y sonriendo.
-Llego cinco minutos antes de las seis, hora a la que habíamos quedado, por lo que no digas que llego tarde.-le recrimino frunciendo levemente el ceño.
-Bueno, bueno, baja los humos fierecilla-se hace a un lado para dejarme sabes, como si estuvieras en tu casa.
Entro y me quito el abrigo. Me dirijo hacia el salón, donde supongo que debe de estar Aurel, viendo la televisión o algo parecido. Sin embargo, no hay nadie en dicha sala, que está totalmente vacía.
-¿Y tu hermano?
-Hoy no está.-vuelve a sonreír. Al escuchar eso me quedo atónita. O sea, ¿he venido para nada?-. Venga, no me pongas esa cara que no es la primera vez que lo hago.
-¡¿Qué?! ¿Y como es que no me habías dicho nada?-exijo saber apretando los puños a cada lado de mis costados.
-Porque si lo llegas a saberlo no vienes y eso de hacer que pierdas el tiempo con cosas inútiles como esta siempre es divertido.-responde encogiéndose de hombros, entrando tras de mi al salón.
-De verdad que eres...-me acerco a él y le meto una colleja, sonriendo divertida. La verdad es que me da coraje que no me haya avisado de que su hermano no estaba, solamente eso-Eres imposible.
-Eso me dicen.-Me coge del brazo con media sonrisa, impidiendo que me aleje tras la colleja.
-Anda, suelta. Ahora por tu culpa tendré que volverme andando a casa.-intento soltarme de su agarre.
-¿Acaso tienes alguna prisa?-no deja que me suelte, sin perder su extraña sonrisa.
-Pues si, para tu información.-frunzo el ceño, aunque evidentemente estoy mintiendo y me está costando quedarme seria.-¿Me sueltas y así me voy, o esperas que me quede toda la tarde aquí?
-Espero que te quedes toda la tarde.-se acerca a mi hasta casi rozar mis labios, cosa que hace que me estremezca y sonrojo, pero no desvío la mirada de sus iris rojos, que me miran con diversión-.¿Qué te parece la idea?
-¿Q-Q-Qué haces?-a pesar de que he querido evitar vacilar, he tartamudeado al sentir su aliento prácticamente en mi boca.
-¿Necesitas que te lo explique? Pensé que tu ex ya te habría dado alguna noción básica sobre el asunto.
Al oír mencionar a Roderich frunzo el ceño y me aparto un poco.
-No me hables de ese idiota ahora.
-Puedes hacerme callar si te molesta. O no, pero entonces no vas a saber las perlas que pienso soltar.
Frunzo más el ceño con eso, pues sólo da a entender una cosa, y es que quiere que le bese. Vladimir es raro como el solo, pero a veces dice cosas como estas a posta. Pues que asuma las consecuencias, pienso antes de invadir su boca en un beso violento, poniéndome de puntillas para llegar a él, tras haberme soltado de su agarre y haberle tomado de la camisa a la altura del pecho.
Como esperaba, el chico no se aparta, y me responde al beso, rodeándome con sus brazos y apretándome hacia él. Cuando nos separamos, aflojo el agarre que estaba ejerciendo sobre su camisa, pero no le suelto.
-¿Es mi impresión o me tenías ganas, Elizabetha?-pregunta recuperando su sonrisa pícara, y mirándome de una manera que me hace sonrojar.
-No digas eso ahora, porque me estabas provocando. Además que me lo has puesto me bandeja.-respondo sonriente, aunque temiendo que en el fondo esto no haya sido una jugarreta suya.
-¿Provocando yo? Pero que mentirosa. No necesito provocarte, si quiero un beso tuyo me acerco y te lo doy sin problemas.-Y sin previo aviso Vladimir me besa, intentando demostrar lo que acaba de decir. Me gustaría devolverle el beso y dejarme ir de nuevo, pero mi orgullo no me lo permite y me separo de él.
-¿Pero de que vas? Eso debería decirlo yo, que soy quien te ha besado. Pero así has dejado ver que tu también me tenias ganas, ¿eh?
Se encoge de hombros.
-Claro que te tengo ganas ¿qué persona en su sano juicio no te tendría ganas?
Vale, eso si que no me lo esperaba. Abro la boca, aunque no encuentro nada que decir. Sin embargo, Vladimir vuelve a besarme, y a partir de este momento me olvido del mundo. Sólo existimos Vladimir y yo.
