But do not ask the price I paid,
I must live with my quiet rage,
Tame the ghosts in my head,
That run wild and wish me dead.
Should you shake my ash to the wind
Lord, forget all of my sins
Oh, let me die where I lie
Neath the curse of my lover's eyes.
Bilbo no se dio cuenta de que había mandado la carta equivocada hasta un mes más tarde, cuando fue a contestar a su primo y vio la carta en uno de los departamentos del escritorio. La sacó, no sabiendo muy bien porqué, para releer lo que había escrito y al hacerlo comprobó que la carta que tenía en sus manos no era la carta que debería encontrarse en su basura, o mejor, la carta que nunca debió escribir. Sin embargo, era la carta que pensaba que le había mandado a Thorin. Bilbo estuvo bastante tiempo esa tarde andando de un lado para otro, balbuceando insultos y haciéndose repetidas tazas de té para calmar sus nervios. Nunca había deseado la muerte a nadie, pero en ese momento deseó que algo malo le pasase al mensajero y que la carta nunca llegase a su destino.
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Thorin no sabía qué hacer con la carta. No tenía ni la más mínima idea y no sabía a quién preguntar. Lo lógico sería preguntarle a Dís, pero conocía a su hermana y ella le obligaría a que le contase todo y luego no podría estarse quieta. No, Dís no era un opción. Tampoco podía confiar en Balin. Una cosa es que el viejo enano fuese su asesor más leal y pusiese su vida en sus manos y otra que le hablase de su corazón. Thorin no quería hablar de su corazón a nadie, no quería tocar ese tema. A él le estaba yendo bien conteniendo todos esos sentimientos, le había ido estupendamente, no necesitaba que nadie le recordase nada, no. Pero al mismo tiempo tenía que hablar de ello, sino acabaría volviéndose loco, necesitaba discutir la carta, necesitaba que otra persona la leyese y le dijese qué hacer, pues él ya no sabía qué hacer. ¿Bilbo quería volver? ¿Seguía amándole? ¿Le amaba? A lo peor el mediano no le amaba y todo lo que sentía Thorin por él no era correspondido. Sí, es cierto que Bilbo le tenía cariño y sí, era verdad que eran algo más que amigos, pero Bilbo nunca había dejado claro sus sentimientos. A lo peor todo estaba en su mente.
El Rey Bajo la Montaña dejó de caminar de un lado a otro de sus aposentos. Esto es absurdo, pensó. Y se fue, en busca de la única persona con la que podía contar aún sabiendo que era la menos indicada para el problema que tenía.
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Llamaban a la puerta y Bilbo no quería responder. Quería que le dejasen en paz. Dos meses habían pasado desde que se había dado cuenta de su error, tres desde que mandó la carta y ninguna noticia había recibido. No es como si estuviese contando los días, para nada, eso no era propio de alguien respetable pasar cada día cerca de la ventana esperando al cartero y saliendo luego disimuladamente a recoger la correspondencia. Aún así Bilbo estaba molesto. No sabía porqué, pero lo estaba. Cocinaba menos, no había recogido su escritorio, no organizaba los libros después de leerlos; era como si nada de esto fuese importante ya, como si hubiese cosas más vitales como quedarse en la cama toda la mañana, con la rápida visita a la cocina para comer.
Volvieron a llamar a la puerta y Bilbo gruñó.
'¿Quién será? No son horas de visita. Nadie visita a estas horas.' Dijo mientras dejaba su sillón y se iba a la puerta, no sin antes colocar la taza de té en la mesita.
Bilbo abrió la puerta y estuvo a punto de volverla a cerrar. No. Estaba empezando a volverse loco. Sin embargo no pudo cerrarla pues una bota se lo impidió.
'¡Bilbo!' Gritó el más joven de los Durin. 'Soy yo. Kili.'
Algo dentro de Bilbo, no sabía muy bien si en el corazón o en el estómago, pues los hobbits amaban ambas partes de su anatomía por igual, se encogió. Abrió la puerta y efectivamente, ahí estaba el joven enano, aunque esta vez no tenía a su hermano rubio al lado, sino a alguien alto y vestido de verde oscuro.
'Kili. '¿Qué haces aquí?' Fue lo primero que dijo, y nada más hacerlo se dio cuenta de su falta de modales. 'Perdona, pasa, por favor, pasa. Y tu acompañante también.'
Y Kili entró de la misma manera altiva que había entrado la última vez, aunque con la gran diferencia que ahora Bilbo sabía que no lo hacía por querer, sino que esa manera altiva corría por sus venas.
Te estas acordando de él.
'Calla.' Pidió a la voz dentro de su cabeza.
Anda como su tío, con el mismo aire altanero.
Y Bilbo cerró la puerta de un golpe, esperando que la voz desapareciera.
No fue hasta que se dio la vuelta que vio quién había entrado en su casa y se encontraba ahora encorvada en su recibidor.
'Tauriel.' Digo sorprendido. La hermosa elfa de cabellos rojizos sonrió y Bilbo lo hizo sin darse cuenta. Había algo en los elfos que hacía que Bilbo olvidase sus problemas, algo sanador que no podía identificar.
'Buenas noches, señor Bolsón.'
'Bilbo. Con Bilbo vale.' Hubo un momento de silencio donde ninguno de los tres sabía muy bien qué decir, pero en seguida la parte Bolsón de Bilbo tomó el control.
'Debéis de estar cansados y hambrientos. Por favor, venir y os preparo algo.'
'Gracias, Bilbo. La verdad es que si. Hemos tenido un largo viaje.'
Al poco tiempo se encontraron en la cocina de Bilbo, con platos en su mesa de pastel de carne y frutas y queso. Bilbo no sabía si los elfos del Bosque Negro comían carne, por lo que preparó varias verduras a la plancha por si acaso.
'¿Qué hacéis por aquí? No es que no quiera veros, me alegra de veros. Mucho. Es solo que no esperaba hacerlo.' Dijo Bilbo dejando la fuente en la mesa y sentándose junto a sus invitados.
'Thorin me ha pedido que vaya a Ered Luin a ayudar a traer a lo que queda de nuestro pueblo.'
Bilbo notó por su tono que no era algo de lo que quería hablar y en el fondo él tampoco quería saber. Saber significaba conocer lo que se estaba perdiendo, lo que Thorin hacía, y no quería. Aun que al mismo tiempo sentía curiosidad.
'Bilbo. Creo que si alguien nos debe una explicación eres tu.' Dijo Kili cogiendo un trozo de queso. Tauriel le miró alarmada. 'Te fuiste sin despedirte, si decir nada.'
Bilbo miró a la mesa avergonzado, sabía que tarde o temprano eso iba a volver a él.
'Lo sé, lo siento. Es que no sabía cómo decir adiós.'
'No tenías que decir adiós. No es como si nunca más no nos fuésemos a ver.' Dijo el joven enano. 'Simplemente tenías que decir hasta pronto. ¿O pensabas que ya no nos veríamos más?'
Bilbo miró a Kili y se sorprendió al ver que había madurado desde la última vez que le había visto. Quizás Tauriel tenía algo que ver. 'No pensé que así fuera, con todo lo que hay que hacer en Erebor, ¿quién va a ha tener tiempo de visitar a un simple hobbit?'
'Pero tu no eres un simple hobbit. Eres nuestro hobbit.' Y con esto Kili se centró en su comida.
Bilbo se sintió conmovido ante las palabras de Kili. La palabra nuestro significaba que pertenecía a un todo más grande que uno. Y uno era lo único que había sido desde la muerte de sus padres.
'Muchas gracias por darnos de comer.' Dijo Tauriel.
'No. Gracias a vosotros por venir.' Bilbo vio a Tauriel comer las verduras y sonrió. 'Pero la Comarca no pilla de camino a las Montañas Azules.'
'Kili pensó que sería buena idea pasar por aquí. Para poder verte. Para que nos conociésemos mejor.' Esto último lo dijo un poco sonrosada y Bilbo empezó a entender.
'Me alegra ver que la relaciones entre el Bosque Negro y Erebor vuelven a ser armoniosas.'
'No lo son.' Dijo Tauriel seca. 'Es cierto que no están en guerra, pero de ahí a ser armoniosas queda mucho.' Bilbo la miró esperando a que continuase. 'El rey Thranduil hizo un tratado de paz con el rey Thorin, pero sus relaciones son tensas; más desde que el principie Legolas decidió dejar el reino.'
'¿A dónde ha ido?'
'Lo desconozco. Hacía el norte, pero no sé más.'
'Muy secreto debe de ser que ni la capitana del rey sabe.'
Tauriel dejó la comida. 'Ya no soy la capitana del rey.'
Kili la miró y la cogió la mano. Ahí estaba lo que Bilbo se suponía. Sabía que había una historia detrás de todo eso, seguro en referencia a su relación, relación que estaba clara que tenía, pero Bilbo no quería preguntar más de la cuenta. Tenía que cambiar de tema.
'¿Viajáis solos? Me extraña que tu tío te haya mandado solo.'
'No. Tenemos un pequeño grupo que viaja con nosotros, pero se han quedado en Bree.'
'Bueno, pues si queréis pasar aquí la noche sois más que bienvenidos. Aunque no tengo cama de tu tamaño.' Le dijo a Tauriel con una sonrisa leve.
'Sería un honor quedarnos.' Contestó ella. Y algo le dijo a Bilbo que no habían tenido ocasión en mucho tiempo ambos dos de sentirse cómodos juntos en una situación cotidiana. Algo le dijo a Bilbo que Kili no solo había ido a verle por cariño, sino porque buscaba en él algo más.
'Bueno. Pues prepararé las habitaciones. Vosotros quedaros aquí y disfrutar de la comida.'
Y Bilbo se fue, no sin antes mirar a la pareja. La cara de Kili era un libro abierto y en ella se podía ver toda la adoración y amor que sentía por la elfa, y aunque desde su ángulo Bilbo no podía ver la cara de Tauriel, imaginaba que su rostro sería algo parecido.
La imagen era hermosa y bonita, aun así se le encogió el corazón al recordarle lo que él no tenía.
