CAPÍTULO 11

-Te amo con locura Hermione Jane Granger

Caminaban por la calle cogidos de la mano, la castaña radiaba de felicidad, mientras que el rubio mantenía su rostro frío, seco, lo que lo caracterizó durante muchos años. Pararon por una pequeña tienda de del pueblo, Draco le llamó la atención un pequeño objeto que lucía en la estantería, era una fina cadena de oro blanco, de ella colgaba un pequeño corazón, era muy bonita a la vista, perfecta para la castaña. Se aseguró de que ella estuviera lo bastante lejos para no verlo, cogió el collar y se fue a la caja.

-Disculpe, ¿Esto se puede grabar? -le dijo Draco al hombre.

-Sí señor, ¿quiere que le ponga algo? -se ofreció.

Volvió a mirar a la castaña, estaba sumergida en sus pensamientos mientras que leía un libro, que a su parecer parecía interesante. Se acercó al hombre cautelosamente susurrándole lo que quería que le pusiera.

-Draco, ¿nos vamos? -le preguntó Hermione que ya se había terminado el libro.

-Si claro -respondió guiñándole un ojo al vendedor.

Por las calles se veía menos gente que días anteriores, el verano se estaba acabando, pero ellos no se iban, Hermione recordó a sus amigos, llevaba tiempo sin hablar con ellos. Pasaron el resto del día paseando y comiendo en un Mc Donald´s, la castaña quería probar cosas nuevas, no le desagradó en absoluto, para ser "comida basura" estaba muy bueno, Draco no le gustó mucho, prefería restaurantes, normal, siempre había ido a ellos, su condición económica se lo permitía.

Una vez en la casa, Hermione escribía una carta a sus amigos, quería contarles de que estaba bien y lo feliz que era, pero había un problema, no les podía decir que estaba con Draco, pues los alarmaría, tenía que ser cautelosa con cada palabra que dijera.

Queridos Harry y Ginny:

Hace tiempo que no os escribo, estaréis preocupados por mi (o tal vez no), quería deciros que me encuentro estupendamente aquí en mi residencia de vacaciones. Estoy en España, en una gran ciudad llamada Valencia, todo es perfecto aquí. Desde que vine me he olvidado de todo lo malo, lo he dejado de lado (vosotros ya sabéis a lo que me refiero) he encontrado a una gran persona que me hace muy feliz. Ginny espero que tu bebé y tú estéis bien, pronto iré a visitaros, os lo prometo. Harry te quiero mucho amigo, no lo olvides nunca.

Os quiero mucho, Hermione.

No tenía una lechuza para enviar el sobre, por lo que decidió enviarlo por medio muggle, a Harry le haría gracia recibirla por aquél medio. Guardó la carta en su bolso, cuando saliera la enviaría. Unos brazos rodearon su cintura, notó el aliento del rubio en su nuca, era predecible, su aroma era inigualable. Los brazos hicieron girarla, se encontraba enfrente del rubio, cuanto la amaba, no podía creer que estuviera mucho tiempo atormentándola, queriendo matarla, no sabía lo que se había perdido.

Se miraban mutuamente, no hacía falta decir nada, sus ojos hablaban por ellos, se amaban, Hermione sabía que Draco nunca se lo diría a la cara, muy orgulloso era, no lo culpaba, se había criado así. Se puso de puntillas para darle un fugaz beso, cogió el bolso y se disponía a salir cuando el rubio la hizo pararse.

-¿A dónde vas? -le preguntó.

-A dar una vuelta -le respondió con voz de niña buena.

-Te acompaño -se ofreció el rubio, algo tramaba la castaña.

-No, no, quiero ir sola, ya sabes cosas de chicas -dijo traviesa, despareció al instante dejando al rubio con la palabra en la boca.

Hermione, ¿qué estarás tramando? Si te descubren me muero.

Draco aprovechó la ocasión para pasarse por la tienda a recoger su regalo, se lo daría por la noche.

Recogió el regalo y se disponía a volver a casa cuando vio a la castaña en la calle de enfrente, algo dentro de él le decía que la siguiera, pero su mente decía que no, que tenía que tener plena confianza en ella. No lo dudó, la siguió.

Hermione caminaba en busca de un buzón para mandar la carta, no sabía que el rubio la seguía, de haber sido así, cambiaría sus planes, no quería que supiera lo que iba a hacer, si se enteraba que les iba a informar a sus amigos donde se encontraban, lo haría enfadar mucho. Caminaba tranquilamente cuando se topó con uno, metió la mano en el bolso, sacó la carta y la metió en la ranura. Se disponía a volver cuando unos ojos grises la miraban desde la otra acera, la sangre se le había congelado, no se lo esperaba ver ahí.

Piensa Hermione, piensa, no puedes decirle la verdad - se decía mientras que el rubio se acercaba a ella.

Miles de ideas se le pasaron por la cabeza del rubio, una podía ser que la carta fuera a sus padres, no creía, se lo habría dicho. Tal vez a sus amigos, cara rajada y Weasly, tampoco sería posible, no veía porqué se lo ocultaría. La tercera pero más temida era que le escribiera a otro chaval, esa idea le hacía hervir la sangre.

Caminaba silenciosamente hasta donde estaba la castaña, pudo notar la tensión que tenía, la había visto en otras ocasiones cuando iban al colegio. Se plantó delante de ella esperando alguna explicación. Nadie dijo nada, el silencio atormentó al rubio.

-¿Qué demonios hacías? -exclamó con ira.

-Nada, solo… -no sabía que decir, el miedo podía con ella.

-¿Nada? Te he visto mandar una carta y ¿me dices que nada? -la paciencia le pudo, descargó toda su furia en aquellas palabras. Cogió la muñeca de Hermione con fuerza.

-¡Ay! Para, me haces daño -se quejaba Hermione ante la agresividad del rubio.

-Dime la verdad Hermione -le ordenó apretando más su muñeca.

-La verdad… es… que le enviaba una carta a un amigo -decidió finalmente.

Draco levantó una ceja, se estaba preparando para esa contestación, pero tenía la esperanza de que no fuera cierto. Soltó la muñeca de la castaña apartándose de ella. Su expresión había cambiado, se sentía vacío, sin expresión.

¿Un amigo? ¿Acaso el hecho de estar conmigo no le es suficiente? Tiene que tener un "amigo"… -Aquellas palabras se le clavaron como puñales.

Hermione sabía el daño que le había hecho al rubio, pero no iba a rectificar, si le decía la verdad se enfurecería más. Intentó acercarse a él, el rubio se apartó, no quería que lo tocara, ni un simple roce de ella. Estaba cabreado, molesto, todos esos sentimientos que producía el saber que tu amada se escribía con otro.

No, otra vez no. Otra Helena no, no podré aguantar otra vez la historia, lo peor es que a esta la amo.

-¿Qué tendría que hacer ahora Granger? ¿Te dejo o hago como si nada? -dijo en tono frío.

Hermione se estremeció al oír su apellido, había metido la pata, Draco estaba muy furioso, sabía que algo malo iba a ocurrirle.

-Confía en mí, no es lo que tú piensas -se justificaba Hermione en tono suplicante. Se abrazó al rubio con fuerza, no quería perderlo, comenzó a llorar.- Te amo a ti.

Draco se conmovió por la castaña, quería creerla pero no le daba razones para hacerlo, ahí se encontraba él, con la castaña abrazada a él y no mostrar ni un simple detalle de sentimiento.

-Confío en ti, pero no me mientas, o lo lamentarás -le advirtió el rubio.

-De acuerdo -aceptó Hermione secándose las lágrimas.

La cogió de la mano llevándosela de vuelta a casa, no quería permanecer más en ese lugar.

La castaña se cambiaba de ropa en su habitación, aún estaba dolida por la agresión que había sufrido por parte del rubio. Le había mentido, sí, pero él se había pasado de la raya. Se miró al espejo, veía a una chica morena a causa del sol, de ojos marrones y cabellos ondulados, no podía estar tan mal, por algo Draco se había fijado en ella. Se recogió el pelo con una pinza, le molestaba en el cuello.

Tocaron a la puerta, Hermione se acercó y la abrió, no había nadie, en el suelo se encontraba una bandeja con un regalo, una rosa y un sobre.

Típico en Draco, siempre usa las mismas armas.

Entró los presentes a la habitación. Quiso leer antes la carta que abrir el regalo, le parecía menos importante. En el papel se podía observar la perfecta caligrafía del rubio.

Hermione:

Perdón por mi comportamiento de antes, no quería lastimarte, no sé lo que me ha pasado, estoy arrepentido de ello. No quiero que pienses que he vuelto a ser como antes, tú me has cambiado y no me arrepiento en absoluto. Te pido que no más mentiras entre nosotros. Espero que el regalo te guste, lo vi y pensé que sería perfecto para ti.

Draco Malfoy.

Ni un te quiero ni nada, no lo conseguiré nunca.

Abrió el regalo, en un cajita encontró un collar de oro blanco con un letrerito que ponía claramente: "Tú eres mi vida". El corazón se le encogió, era precioso, no era el único regalo que tenía, en el interior de la cajita pudo ver lo que parecía un anillo de diamantes, sus ojos no salían del asombro. La puerta se abrió dejando ver a un rubio arreglado, se arrodilló ante ella. El corazón le latía con rapidez, no quería pensar lo que significaría.

-Hermione Granger, ¿quieres ser oficialmente y verdaderamente mi prometida? -sus palabras eran dulces, su sinceridad hizo aclarar a la castaña.

-Quiero, Draco Malfoy -le contestó con las mejillas sonrojadas. Hermione pudo contemplar una imagen que nunca olvidaría, a Draco realmente feliz.

-Tengo que comentarte algo antes -su tono cambió, sonaba serio.

-Dime.

-Solo si me prometes que no armaras ningún escándalo -le advirtió el rubio.

-Lo prometo -se empezaba a impacientar.

-A Stanford lo maté yo -confesó Draco, la castaña se llevaba las manos a la boca - Pero fue por ti, porque quería torturarte, solo por simple hecho de ser muggle y estar conmigo.-añadió para tranquilizarla.

-Entonces… por eso vinimos aquí ¿no?- Hermione empezó a atar cabos, era muy buena para esas cosas. El rubio asintió.

-Tenía que protegerte Hermione, ahora todos los mortífagos me buscan, si hubiera huido, habrían ido a por ti, tenía que salvarte, dejándote aquí estarás segura, he puesto todo a tu nombre, nadie sabe que estás aquí, estas a salvo.

Hermione quería que se le tragara la tierra, tenía que ser sincera con él, había fastidiado todos sus planes.

-Emm… yo… esto… Harry y Ginny saben que estoy aquí -confesó avergonzada.

-¡¿Qué? -Exclamó alterado.- ¿Estás loca? Te dije que no se lo dijeras a nadie.

-Lo sé pero tenía que decirle a mis amigos que estaba bien. Además ¿para qué me has pedido que me case contigo, si tenías planeado dejarme aquí? -su voz era débil, estaba muy conmocionada, toda la verdad la había dejado en estado de shock.

-Porque cuando me vaya, quiero saber que tú me esperas, que velas por mí.

-Eso lo puedo hacer sin necesidad de casarme -se defendió la castaña.

-Hermione, por favor es importante, quiero que seas la Sra Malfoy, tendrás toda mi fortuna, mis ganancias, todo. Me quedaría más tranquilo si tú fueras la heredera. -se acercó y la besó. Su mano acariciaba cada rincón de su rostro con ternura, cuanto la necesitaba y el daño que le había hecho con esas verdades.

-Huiré contigo -le susurró Hermione

-Eso sí que no Hermione, no te lo permitiré -se negó el rubio.

-Quiero estar contigo Draco -protestó Hermione.

-Quiero salvarte, no ponerte en peligro -le dijo.

-Me casaré contigo, con la condición de que me dejes ir contigo -le planteó audazmente la castaña.

Draco no sabía que decirle, amaba a la castaña y quería casarse con ella, pero no podía dejar que corriera el mismo peligro que él, nunca se lo perdonaría.

Meditó durante unos minutos, la castaña lo miraba impaciente, tenía un lio en la cabeza. Sabía que era valiente y fuerte, era toda una gryffindoriana, el león la simbolizaba.

-¿Tienes miedo? -preguntó con voz tranquila.

-Miedo, ¿a qué? -dijo confundida, no sabía que quería decir el rubio exactamente.

-A la muerte. Al saber que tu vida corre peligro y te tienes que alejar de tus seres queridos -su tono era frio.

La castaña se quedó pensativa, ¿miedo? Conocía esa palabra a la perfección. ¿Morir por alguien? ¿Por tu ser amado? No tendría que ser muy malo, ¿no?

Se acercó lentamente hasta que sus narices se juntaron. Cerró los ojos y respiró hondo.

-Por ti, soy capaz de ir al mismísimo infierno, solo tengo miedo de perderte -sus palabras fueron suaves, casi un susurro, pero con toda la sinceridad.- ¿te casas conmigo?

Sus ojos marrones brillaban, pudo ver un poco de felicidad en ellos, felicidad en caso que fuera la respuesta sí. Tenía esperanza.

-Aceptó Hermione -la besó en la mano tiernamente.

Las palabras que Hermione escribió en aquella carta, eran leídas una y otra vez por unos ojos inquietos, el corazón le latía a velocidades increíbles. No podía ser cierto lo que leía. ¿Quién sería aquel hombre con quien estaba la castaña? Agarró el papel con fuerza arrugándolo. Se apartó los mechones rojos que caían por su rostro, Ron se encontraba muy furioso, veía como todos sus planes se venían a pique.

_Flashback_

El pelirrojo se encontraba en casa de su hermana Ginny, esa mañana había llegado las cartas por vía muggle, las cogió para meterlas en casa. Se encontraba solo, pues la pareja se había ido al médico a lo de las ecografías. Miraba una a una las cartas recibidas, hasta llegar a la de la castaña. No salía de su asombro, quería saber lo que ella les decía, hacía mucho que no sabía nada de ella, nadie le quería contar nada. Abrió la carta impacientemente y comenzó a leer.

_Fin flashback_

Tenía que recuperarla, si ella se iba con el otro, la perdería, no podía soportarlo. Tomó una maleta con ropa de Harry (toda la suya la tenía en su casa, no podía perder tiempo) y algo de dinero, ya se los devolvería. Se dirigió al aeropuerto muggle, tenía que coger un avión.

Draco y Hermione preparaban los detalles de la boda, el rubio no quería que fuese nadie, deseaba una boda intima, solo de dos, pero a la castaña no la convencía, quería que Harry y Ginny fueran sus testigos. Después de tanto discutir, la boda sería así: el sábado, un cura los casaría en la playa, con sus dos testigos (Hermione se salió con la suya), nada de banquetes, una cena los 4 en uno de los mejores restaurantes de la zona. No tenían que llamar la atención, si alguien los reconocía estarían muertos.

La castaña escribía animadamente la invitación de la boda, solo faltaban 5 días para la boda, deseaba que fuera mañana, la idea de ser la señora Malfoy la alegraba cada día más. Durante esos tres días no se pudo quejar del rubio, la cuidaba y mimaba continuamente, le ayudaba en las tareas de la casa, le acompañaba a todos los lados, él decía que era por estar más cerca de ella, pero ella sabía que no era así, la inseguridad de que los pillaran crecía cada vez más en el rubio.

-Mi vida, solo quedan 2 días -le decía la castaña. Su cabeza estaba apoyada en las piernas del rubio. Se encontraban en un parque cerca de la playa.

-Si Hermione, pronto serás mía -dijo sonriendo, mientras enredaba su dedo en el pelo de ella.

-Perdona, tuya ya era -le contestó juguetona.

-¿Sabes algo de Potter y Weasly? -preguntón fastidiado.

-Vienen mañana, la noticia les ha sorprendido, no les he dicho con quién me caso -su cara picara hizo enloquecer más al rubio.

-¡Corre Harry! ¡Qué perdemos el vuelo! -gritaba desesperadamente una pelirroja.

El moreno que iba detrás de ella no podía correr más, llevaba 5 maletas a cuestas.

-Espera que ya voy, ¿no podías haber traído algo más ligero? -dijo en tono molesto.

-No, nunca se sabe lo que una necesita, además mañana es la boda, ¡una boda! -la emoción de Ginny hizo reír al moreno.

-Parece que sea tu boda cariño -reía sin parar- ¿quién será el novio?

-Ni idea, pero seguro que es algún moreno español de ojos verdes o azules -decía risueña.

Harry la miraba con cara de pocos amigos, él tenía los ojos verdes y era moreno de pelo, nunca la describía así, tan… apasionadamente. Ginny al ver su reacción se apresuró a arreglarlo.

-Claro que tú eres el mejor mi vida, me quedo contigo -una risita salió de su boca, le dio un beso fugaz- Llegamos tarde.

Entregaron sus billetes, caminaban por los pasillos del avión buscando el número de los asientos. Se acomodaron, el avión salió al instante.

Hermione y Draco los esperaban en la salida del aeropuerto, el rubio se había negado a ir pero ante las suplicas de su castaña accedió a regañadientes.

-Verás la sorpresa que se van a dar tus amigos -decía con una sonrisa irónica.

-Tranquilo, lo entenderán, además es mi boda, no me fallaran -estaba segura de que no lo harían, bueno, eso creía.

La salida se abarrotó de gente saliendo, algunos impacientes por coger las maletas, otros más tranquilos. Los últimos en salir eran Harry y Ginny, que corrió directa a los brazos de su amiga sin reparar en Draco.

-Hermione, amiga, que feliz estoy por ti -la alegría de Ginny tranquilizo a la castaña - Harry, ¿qué pasa?

Veía a su novio parado detrás de ellas con la mirada fija en una persona que tenía delante, su cara era de desprecio, Ginny preocupada se giró encontrándose con Malfoy.

-¿Malfoy? -preguntó sorprendida. El rubio asintió secamente. Sus ojos se posaron en Hermione que abrazaba a Draco y él la rodeaba.

-Sé que es difícil de creer, pero créanme, soy muy feliz con él. -aseguró Hermione mirando con amor a los ojos a su prometido.

-¡Esto es de locos! -dijo por fin Harry articulando palabra- Genial, cásate, tú sabrás lo que haces.

-Yo también me alegro de verte Potter -dijo irónicamente Draco.

-¡YA VALE! -Exclamó la castaña - Mañana me caso, por favor llevaros bien, por mí, me haríais muy feliz -suplicó con ojos llorosos.

Los tres se quedaron callados, no sabían que decir, Ginny rompió el silencio.

-Por ti amiga, hago lo que sea. -posó una mano en su abultado vientre- y el bebé también está contigo -añadió con dulzura.

Un taxi los recogió en el aeropuerto, llevándolos a la casa, durante el viaje nadie dijo nada, algunos estaban confusos, otros enojados.

Entraron a la casa de Draco y Hermione, no pudieron soltar una expresión de sorpresa ante la visión de la casa.

-Es preciosa Hermione -alagó Ginny ante la belleza de la casa.

-Muchas gracias Gin -dijo complacida.

-Venir, os enseñaré vuestra habitación -anunció el rubio.

Subieron las escaleras, el pasillo no era muy largo, estaba decorado con pequeños pilares griegos, la alfombra era roja, llegaron al final del pasillo, Draco abrió la puerta dejando ver el interior. Las paredes eran blancas, en ellas colgaban banderas de Gryffindor, bufandas, y fotos de ellos cuando eran jóvenes. Después de mucho insistirle la castaña, convenció al rubio en decorar esa habitación con recuerdos de su casa.

En el centro había una gran cama de matrimonio, sus sabanas rojas eran suaves y finas, Harry no salía de su asombro, al verse con 11 años en una de las paredes, el Harry de la foto lo saludaba, detrás de él aparecía la castaña subiéndose a su espalda. No pudo contener las lágrimas.

-Espero que os guste, acomodaros y descansar si queréis, estaremos abajo -su tono era frío, nunca sintió afecto por ellos.

Eran las 4 de la tarde, Hermione propuso ir a la ciudad con Ginny a comprar los trajes para la boda, Draco a regañadientes iría con Harry a por los últimos detalles.

-¿Estás segura de lo que haces Herm? -preguntó Ginny, mientras veía a Hermione mirando trajes.

-Por supuesto, lo amo Ginny -le dijo mirando uno color crema.

-¿Estás seguro de lo que vas a hacer Malfoy? -le espetó Harry.

-Mira Potter, sé lo que voy a Hacer, amo a Hermione y con tu o sin consentimiento me casaré con ella -le dijo enfadado.

-¿Qué haréis después de la boda? -Ginny había decidido interrogarla.

-Viajaremos por el mundo -decía sin entusiasmo, llevaba 13 vestidos y no le gustaba ninguno.

-¿Después de la boda donde iréis? -Continuó con su interrogatorio Harry.

-Eres pesado eh Potter, viajaremos, conocer el mundo y esas cosas. -concluyó secamente.

Terminaron todas sus compras a la vez, las chicas habían conseguido comprar los vestidos, los chicos terminaron los últimos detalles.

Cenaban tranquilamente en la casa, hablaban sobre la boda animadamente, cuando acabaron de cenar se sentaron en los sofás con un vaso de whisky de fuego. Charlaron hasta las 4 de la mañana. Hermione se despidió de los invitados, le dio un tierno beso a Draco y se fue hacía la habitación.Ginny y Harry no tardaron mucho en seguirla, quería descansar un poco, el rubio se encontraba solo en el salón.

Repasaba mentalmente uno a uno todos los detalles de la boda, se paró en uno importante y el cual no había hecho, los votos. Era muy tarde para ponerse a hacerlos, por lo que decidió hacerlo al día siguiente.

Hacía un día precioso, el sol estaba despejado, los pájaros cantaban alegremente, todo era tranquilidad, excepto en una casa donde los huéspedes corrían para arriba y para abajo estresados. Ginny ayudaba a Hermione a vestirse, mientras que Harry se preparaba con Malfoy, era una boda íntima, pero una boda, los nervios abundaban en la feliz pareja. Draco intentaba anudarse la corbata, Harry se había bajado ya.

-¡Maldita sea! Esto es imposible -maldecía una y otra vez al no poder conseguir su objetivo.

-¿Te puedo ayudar? -dijo una vocecilla desde la puerta.

El rubio se giró, era Ginny, llevaba un traje corto de color azul, era estrecho por arriba, a partir de la cintura se abría un poco más.

-Sí, no puedo solo, Potter se ha ido -decía con desprecio.

-Ven aquí -le ordenó Ginny. ¿Quién se creía que era para ordenarle?

-¿Ya has preparado los votos? -le preguntó mientras le anudaba la corbata.

-No, no me sale nada, necesito una fuente de inspiración -dijo desesperado.

-Di lo que sientes, como te sientes cuando estas con ella, lo que piensas cuando la ves, no sé lo que tu corazón diga -terminó de anudarle la corbata, le ha había quedado perfecta- Inténtalo.

Salió de la habitación dejando al rubio pensativo. ¿Mis sentimientos? Bueno ya es hora de dar la cara y más si es por ella. Empezó a pensar en lo que diría, no tenía mucho tiempo, se casaba en 4 horas y el tiempo se pasaba volando.

Hermione se miraba una y otra vez al espejo, no se sentía segura ante lo que veía, llevaba un fino vestido blanco, atado al cuello, era ceñido por la parte de arriba, pequeñas piedras brillantes rodeaban su cintura haciendo de cinturón, su caída era suave, estaba decorado con finos dibujos plateados, sencilla pero elegante. Su pelo estaba suelto, pequeñas tiras de hilo plateado decoraban su pelo.

Ella tampoco había hecho sus votos, por lo que empezó a escribirlos, ¿Qué le diría? Si en todo este tiempo le dijo todo. Era un reto que Hermione Granger podía superar sin problemas.

Llegó la hora, el cura estaba preparado para celebrar la boda, Ginny se encontraba al lado de Malfoy esperando a la novia, el rubio vestía un smoking negro, con la camisa blanca, decidió no llegar corbata, pero sí una flor enganchada en la solapa.

Su corazón comenzó a latir con intensidad cuando vio a la castaña acercarse, estaba bellísima, Harry la llevaba del brazo, se lo podía notar en ella el color rojo de sus mejillas, menos mal que eran 5 personas, si hubiera habido más, se muere.

El moreno se la entregó a Draco con una mirada de advertencia. Se colocaron y el cura empezó.

-Amigos, nos hemos reunido hoy aquí, para unir a estas dos personas en matrimonio, hay que saber que esta unión no hay que tomársela a la ligera, es algo sagrado que hay que proteger. Por petición de los novios, no haré este discurso muy largo, me limitaré a lo básico.

Hermione Jane Granger ¿aceptas a Draco Lucius Malfoy como legítimo esposo, para amarlo y protegerlo, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza hasta que la muerte os separe? -Sus ojos estaban iluminados por la felicidad que tenía, miró a Draco.

-Acepto -dijo con tono alto y claro.

-Draco Lucius Malfoy ¿aceptas a Hermione Jane Granger como legítima esposa, para amarla y protegerla, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza hasta que la muerte os separe? - Draco la miraba a los ojos, una expresión de satisfacción lo rodeaba.

-Acepto.

-Bien ahora pueden decir los votos y esta unión se cerrará. Draco le toca.

El rubio inspiró hondo, había repasado los votos una y otra vez para no cometer errores.

-Hermione, sé que desde que nos conocimos te traté mal, te insulté e incluso te desee la muerte. Cuando entraste en mi oficina aquella mañana sentí como mi corazón latía por ti, cuando estoy contigo doy gracias por tenerte a mi lado, solo quiero que sepas que cuidaré siempre de ti, si tú me dejas, haré todo lo posible por tenerte feliz, cueste lo que cueste, porque mi vida sin ti no tiene sentido - concluyó poniéndole el anillo en el dedo.

-Draco, he buscado miles de formas de cómo expresarte lo que siento, creo que esta es la mejor. Siempre nos hemos llevado mal, también hay que decir que éramos unos críos, bueno no tan críos. No sabíamos lo que era el amor y amar a alguien, quiero que sepas que te amo como nunca he amado a una persona, si tu mueres yo muero contigo, si tú ríes yo rio. No me he imaginado otra boda en la que el novio no fueras tú. Te amo Draco Malfoy -le puso el anillo en el dedo.

Ginny lloraba de emoción, le encantaban las bodas, Harry se aguantaba, no quería parecer débil. Era un hombre, los hombres no lloran.

-Bien entonces una vez sellados los votos, puede besar a la novia -concluyó el cura.

Los dos sonreían, Draco la acercó a él, sus labios se rozaron cuando una voz los hizo separarse.

-¡Noooooooooooooooooooooooooo! Hermione no lo hagas.

¿Quién será el que interrumpe en la boda? Está claro, ¿no?

Siento mucho no haber contestado a los reviews, no estoy muy acostumbrada a usar esto. Pero prometo que si comentáis en el próximo comento uno a uno.

¡Espero que os guste el cap de hoy! Por cierto… ¡España campeona! Alemania pierde jaja.

Un saludo.

Gisel