Marido y Mujer
De vuelta bajo el yugo de Alice me vi sometida a una sesión de terrible tortura. Me llevaron primero al cuarto de baño donde me sumergieron en un mundo lleno de jabones, espumas y sales aromáticas que me hicieron estornudar. Alice me lavó el pelo y luego me llevó a su dormitorio donde ella y Rosalie probaron distintos peinados para mi boda. Me recordó a cuando era pequeña y jugaba en Phoenix con mis muñecas, sólo que ahora la muñeca era yo. Probaron conmigo infinidad de peinados antes de dar por fin con algo que les gustase a las dos: un semi recogido en forma de moño y la melena ondulada. Era un peinado cómodo, ligero y fresco, además de tener un toque romántico. Pegaba a la perfección con el estilo de mi vestido.
La tortura del peinado se repitió con el maquillaje, y cuando por fin dieron con los tonos adecuados para mi rostro ya no me quedaba piel. Había decidido que sería mejor no recargar mucho mi rostro y que pareciera algo natural por lo que sólo llevaba un poco de colorete para alegrar mis mejillas y darle luz a mi siempre pálido rostro; una sombra de todos ocres y dorados que hacían que mis ojos brillasen y su color se resaltase y un poco de rímel (resistente al agua, por supuesto) para aumentar mi mirada. En los labios llevaba un glos rosa claro, un tono más oscuro que mis labios, por lo que éstos tenían un aspecto más vivo. Me gustó.
En las orejas me unas preciosas perlas en forma de lágrima que colgaban un poco. Las perlas me parecían unas joyas hermosas y frágiles al mismo tiempo. No eran como los diamantes que no podían ocultar su belleza. Las perlas podían pasar desapercibidas hasta que de pronto un día alguien posaba sus ojos en ellas y su lisa superficie, los matices de colores que se ocultaban, la total ausencia de aristas, la belleza pura y redonda de su esencia.
En la cabeza Alice me colocó una pequeña diadema de color oro blanco que se entretejía formando pequeños dibujos de inspiración romántica, del siglo XIX. Por supuesto llevaba también mi anillo de compromiso, que pronto estaría acompañado por la alianza de boda.
- ¡Bella, estás preciosa!- dijo Alice cuando terminó de prepararme. Me acercó al gran espejo de pie que tenía en el armario.
No pude evitar pensar que tenía razón: me veía hermosa. El conjunto que creaba el vestido con el maquillaje y el peinado era limpio, armónico y equilibrado; era elegante y especial pero con un toque de frescura y juventud. Me agradó ver que a pesar de no estar vestida como cualquier otro día no parecía disfrazada; seguía siendo yo: Bella Swan. El espejo me devolvía la imagen de una temerosa muchacha de 19 años vestida para un acto especial, preparándose para una nueva vida, una vida que debía ser eterna.
Miré a Rosalie, que permanecía callada mientras Alice se prodigaba en elogios hacía mí y mi imagen. No me había dicho nada acerca de mi aspecto y eso me preocupaba. A pesar de que me veía hermosa, Rosalie lo era mucho más, además el hecho de que no me dijera nada me preocupaba. Quería saber qué opinaba para poder descifrar su opinión sobre mí como su hermana, sobre todo porque ella seguía siendo la única de los Cullen que todavía era distante conmigo. Incluso Jasper había hecho progresos en su acercamiento a mí y se había atrevido a gastarme un par de bromas en esta última semana.
Mis ojos debían estar trasmitiendo mi súplica silenciosa porque Rosalie me devolvió la mirada por fin.
- Haces honor a tu nombre. Estás realmente bella.- Me dijo sonriendo.
- Gracias Rosalie- me sonrojé al instante. Viniendo de ella era un gran cumplido.
- ¡Bella estás increíble!- Mi madre acababa de hacer su aparición en el cuarto.- ¡Oh cariño estoy tan orgullosa de tí! Hoy es el día de tu boda- las lágrimas bañaban su rostro. Me asfixió con un cariñoso abrazo.- El padre Thomas ha llegado; todo está listo para empezar la ceremonia.
Rosalie fue la primera en abandonar el cuarto después de dedicarme una sonrisa. Alice me abrazó de forma efusiva y me dio varias advertencias sobre arrugar el vestido o estropear el peinado antes de la ceremonia y luego abandonó la estancia bailando. Mi madre fue la última en salir; me dió un abrazo y me repitió lo orgullosa que estaba de mí y lo mucho que sentía que me fuera a hacer una mujer y luego bajó al salón dejándome sola en el cuarto de Alice.
Escuchaba los ruídos del piso de abajo; gente entrando y sentándose en los bancos, Deseé estar ahí abajo, despreocupada, charlando animadamente con el resto de invitados, esperando ansiosa para ver entrar a la novia. Ser una más entre la gente, aferrarme a la mano de Edward sin sentirnos el centro de la sala.
Estaba completamente rígida, el miedo empezaba a apoderarse de todo mi ser. Mis músculos estaban agarrotados y sólo cobraban vida en ciertos movimientos espasmódicos completamente involuntarios. El miedo empezó a dar paso al pánico a medida que los ruidos del piso de abajo se hacían más fuertes. La gente estaba impaciente por verme pero yo no era capaz ni siquiera de pestañear. Tenía pánico a moverme y arrugar el vestido; miedo a respirar y que mis fuerzas me fallaran y me hiciesen llorar. Tenía miedo a dar un paso y que mi torpeza me hiciera caer delante de todos mis invitados y sobre todo tenía miedo a lo que había en el piso de abajo.
Me aterraba el momento de mi boda, mi nueva vida. Las responsabilidades que implicaba el casarme con Edward era algo para lo que no sabía si estaba preparada. Dudé un segundo y pensé en qué pasaría si decidía no dar ese paso, si retrocedía en mi relación con Edward. Todo mi cuerpo, que estaba agarrotado, se estremeció sólo de pensarlo. Edward era mi todo, y aceptaría lo que hiciera falta por tenerle.
No me percaté de que no estaba sola. Charlie se había colado en el cuarto mientras yo estaba encerrada en mis cavilaciones. Sus ojos desvelaban las luchas internas que vivía: había orgullo en ellos; pena por perderme; alegría por verme tan feliz; desconfianza en su futuro yerno, que poco a poco se iba diluyendo; amor por mí. Ver tan a fondo el alma de mi padre, y descubrir aquello que nunca se permitía mostrarme me emocionó; noté cómo las lágrimas desbordaban mis ojos.
- ¿Estás lista?- me preguntó.
Asentí con la cabeza, sin poder articular palabra.
- Pues vamos- sonreía abiertamente. Al parecer el amor hacia mí y hacia mi felicidad había ganado el puslo al resto de sus emociones. Me cogió del brazo y se dirigió hacia la puerta.
Me costó enormemente moverme. Mi cuerpo parecía de mármol, como si supiese que en poco tiempo sería un ser sin vida. Poco a poco mis músculos fueron respondiendo, pero lo hicieron de forma lenta y torpe. Me sentía caminando sobre el filo de una navaja sin otro punto de apoyo que el firme brazo de mi padre. De vez en cuando me miraba, aunque no podía descifrar lo que me decía con los ojos. Quizás me estaba dando ánimos, quizás quería asegurarse de que yo seguía viva y entera o quizás intentaba convencerme de que no me casara, no sabría decir qué es lo que me transmitía con su mirada.
Conseguí bajar la gran escalera sin caerme ni resbalar aunque no creo que me hubiera dado cuenta ya que me encontraba en un estado en el que me era imposible sentir nada.
Tan pronto como llegamos a la capilla que se había creado en el salón, empezó a sonar la marcha nupcial, me detuve en seco. Al fondo de la capilla estaban Edward y Esme. Mi ángel estaba radiante, la luz del atardecer se colaba por las ventanas bañando toda su persona. Era una luz preciosa, rosada, dorada, irreal, mágica. El chaqué que llevaba puesto le realzaba la figura; parecía un modelo de revista, un antiguo galán de las películas de Hollywood. Llevaba una corbata de seda negra con ligeros brillos dorados a juego con el chaleco. El hilo dorado no estropeaba la ropa, sino que ensalzaba el negro de la pajarita y el chaleco, haciéndolos más brillantes y atrayentes. Me olvidé de respirar.
Charlie me dio un suave empujón, obligándome a caminar. Tímidamente, me fui acercando al altar y conforme me aproximaba a Edward mis nervios iban disminuyendo, me invadía una gran paz. Busqué a Jasper con la mirada y me sonrió; estaba convencida de que estaba usando todo su poder conmigo. Edward estaba completamente quieto, podría haber pasado por una estatua de Praxíteles sino hubiera sido por el brillo que despedían sus ojos. Me dejé llevar por ellos.
Mi padre aflojó la presión de su brazo al tiempo que la música cesaba. Me encontraba a la altura de Edward, había cruzado todo el camino hacia el altar sin apenas darme cuenta. Charlie se giró para ponerse frente a mí y me dio un beso en la frente; luego me cogió una mano y la colocó sobre la de Edward:
- Cuidala bien chico- le dijo- te estoy dando mi mayor tesoro.
- Lo juro- dijo seriamente mi ángel, y no dude ni por un instante de sus palabras.
Entonces empezó la ceremonia pero yo no presté atención a lo que decía el cura. No podía atender a nada más que no fuera Edward, el estado de paz en el que me encontraba sumida me impedía concentrarme en los asuntos mundanos; estaba disfrutando de un viaje por el cielo. Un apretón de Edward hizo que bajara de mi nube dorada a la realidad; era ell momento de los votos.
- Yo Edward Anthony Masen Cullen te tomo a tí Isabella Marie Swan como mi legítima esposa para amarte y respetarte todos los días de mi vida y más allá de mi muerte.- "Más allá de mi muerte" no esperaba menos de un no-vivo. Noté una lágrima cayendo por mi rostro.
- Yo Isabella Marie Swan te tomo a tí Edward Anthony Masen Cullen como mi legítimo esposo para amarte y respetarte durante toda la eternidad.
Mi ángel me sonrió y me miró con su turbadora mirada. Me sumí de nuevo en una burbuja dorada, del color de los ojos de Edward que hoy brillaban más que nunca. Para mí no había nada más que esos ojos, ese aroma, esa sonrisa; allí no había nadie más para mí. Me sorprendió escuchar una salva de aplausos cuando el más dulce de los besos de devolvió otra vez al mundo real en el que, sin saber por qué, estaba llorando. Edward y yo nos acabábamos de convertir en marido y mujer.
Bueno, por fin los he casado!!
La verdad es que este capítulo me está quedando muy largo pero espero que os guste. En un par de actualizaciones más tendreis la especial noche de bodas de Edward y Bella!!
Muchísmas gracias por vuestros reviews chicas, de verdad. Estais siempre ahí, gracias.
Bueno, ya sabeis, para todo lo que querais o necesiteis darle al GO!
