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Capítulo 10: Los sentimientos de Sakura

Sakura Haruno estaba sentada en la silla de escritorio de su amiga, con las piernas rodeadas por sus brazos y la cabeza gacha. De vez en cuando, espiaba entre sus largas pestañas a Hinata, que se había quedado dormida hacía aproximadamente una hora. Había sido una noche larga y, aunque hubiera prometido acompañar todo el tiempo que fuera necesario a la pelirrosa, Sakura comprendía que Hinata debía de estar agotada.

Había estado pensando en la historia de su amiga, asombrada. El mundo cada vez era más grande e incoherente para la joven Haruno. Y cada vez lo odiaba más.

De no ser por todas esas tonterías no-humanas, ambas, Hinata y Sakura, probablemente ahora tendrían una vida normal. Aunque quizás Hinata no habría sobrevivido a aquel accidente de no ser porque… Sakura meditó aquello, pero meneó la cabeza enérgicamente, apartando aquellas ideas.

Y, sin proponérselo, sus pensamientos volaron hasta Sasuke. Sabía lo mucho que aborrecía los asuntos sobrenaturales y le aterraba imaginar la cara del Uchiha al descubrir en lo que ella se había convertido ahora. Tal vez ahora la odiara o decidiera simplemente ignorarla. No sabía qué opción le rompía más el corazón.

Pero sabe lo de Hina, ¿no?, pensó, recordando lo que su amiga le había contado. No le había parecido nunca que la relación entre Hinata y Sasuke cambiara desde que los conocía. Y aunque le parecía increíble que Sasuke fuera capaz de soportar la realidad que Hinata le había mostrado, Sakura no podía evitar albergar una levísima esperanza con el Uchiha tras descubrir aquello.

La cuestión era: ¿iba a ser capaz de hablar con Sasuke de todo aquello? Más aún, ¿iba a ser capaz de volver a mirar a la cara a Sasuke? Ni siquiera estaba segura de poder controlarse al verlo. ¿No era típico que los vampiros perdieran el control justo cuando tenían a las personas más importantes de su antigua vida cerca?

Una lágrima carmesí rodó por la mejilla de Sakura al pensar en todo aquello.

Sin duda se sentía mejor después de haber hablado con Hinata, pero quedaba mucho antes de poder despertar de aquella maldita pesadilla.

Hinata despertó cuando el sol ya estaba en lo alto y se estremeció al ver la hora en su despertador. ¿Por qué no había sonado la alarma?

-Creía que preferirías dormir –como si hubiera leído la mente de la ojiperla, Sakura susurró con dulzura aquella respuesta, sentada todavía en el otro lado de la habitación.

-Padre me va a matar –masculló Hinata entre dientes, ya que se había saltado todas las clases de la mañana.

Sakura simplemente rio divertida y observó a Hinata ir de aquí para allá, preparándose para el día escolar.

-No salgas de aquí –rogó a Sakura antes de marcharse corriendo de casa. No le dio tiempo a escuchar la respuesta de su amiga.

Decidió atajar por el bosque y corrió entre los árboles tan rápido como sus piernas se lo permitieron. Extrañamente, se sentía todavía cansada, el cuerpo le pesaba y rogaba por dormir un rato más en su mullida cama.

-¡Hinata!

Oír su nombre la hizo detenerse de golpe. Conocía aquella voz, aunque había algo extraño en ella que la hizo dudar. Se volvió y encontró a Sasuke, que resoplaba como si acabara de correr una maratón. Llevaba el uniforme del instituto.

-¿Sasuke? ¿Qué haces aquí?

El aludido inspiró y frunció el ceño.

-¿Por qué no me dijiste que Naruto no tiene Reloj Vital? –gritó, iracundo.

Hinata abrió los ojos como platos, sin saber qué decir. ¿Cómo había descubierto Sasuke aquello?

-¡Dime por qué! –exigió de nuevo el chico, acercándose a Hinata dando grandes zancadas.

-P-pero… tú dijiste q-que no querías saberlo… -tartamudeó Hinata, confusa y algo asustada, pues no todos los días Sasuke Uchiha entraba en cólera.

-¡Tampoco me dijiste lo de Sakura! –continuó, ignorando la respuesta de Hinata- ¿Pero a ti qué coño te pasa? ¡Mis mejores amigos están fatal y tú sólo haces tus cosas de Reaper por tu cuenta!

A Hinata se le anegaron los ojos de lágrimas. Siempre había temido que algún día Sasuke enfureciera por algo relacionado con su segunda vida.

-¡P-pero tú nunca quieres saber nada! –balbució, tratando de retener el llanto inminente.

Además, realmente no debería hablarte de esas cosas, añadió en sus pensamientos. Se llevó las manos al pecho, sintiéndose impotente y frágil por un instante. Siempre había depositado su confianza en Sasuke, él se había convertido en un pilar para Hinata; un pilar en el que sostenerse y así no enloquecer o perderse en aquel turbulento mundo sobrenatural.

-¡Pues deberías! –gritó una segunda voz, todavía más llena de odio.

Hinata se volvió y encontró a Sakura, que atravesaba los setos a toda prisa para llegar hasta ellos. Hinata sintió que se quedaba sin respiración.

-¡Sakura, tápate! –gritó, pues la muchacha pelirrosa llevaba únicamente un vestido rojo estilo globo, como el que había llevado la noche de su encuentro con el vampiro Soma. Su corto cabello caía sobre sus hombros descubiertos y sus pies estaban descalzos.

Sakura se limitó a resoplar y se colocó junto a Sasuke, quien la agarró de la mano con fuerza y clavó de nuevo sus negros ojos llenos de ira en los de Hinata. Sakura sonrió, aunque no había ni gota de amabilidad en su gesto, y mostró sus colmillos. Antes de que Hinata pudiera reaccionar, ya había mordido a Sasuke en la muñeca.

-¡Hinata! –otra vez escuchó su nombre y se dio cuenta de que era la misma persona que la había llamado justo antes de toparse con Sasuke.

Buscó a su alrededor y dio un respingo cuando Naruto cayó ante ella desde los árboles. Al igual que Sasuke, llevaba el uniforme del instituto. Los ojos de ambos se encontraron y al instante Sakura y Sasuke quedaron en segundo plano.

-Por fin te encuentro –sonrió Naruto.

-¿Qué haces aquí? –murmuró Hinata, sin comprender lo que estaba sucediendo.

-He venido a buscarte –respondió él, como si fuera evidente-, tengo que hablar contigo.

Naruto se desabotonó la camisa, Hinata se sonrojó y se dio la vuelta, avergonzada. Notó al cabo una mano en su hombro, que la hizo voltear poco a poco. Vio el pecho desnudo del rubio y la ausencia de su Reloj Vital.

Olvidando el hecho de que nada de todo aquello tenía sentido, Hinata alzó la vista buscando los ojos de Naruto.

-¿Por qué no tienes Reloj Vital? –preguntó, sin andarse con rodeos, con seriedad.

Naruto rio y se rascó la nuca.

-Entonces ya lo sabías –dijo y señaló el pecho de Hinata-. Tampoco tú lo tienes, ¿no?

Hinata bajó la vista y se encontró a sí misma desnuda y, como bien había dicho Naruto, sin ningún Reloj Vital en su pecho. Pero aquello ya lo sabía, no lo tenía desde que la Muerte la había traído de vuelta a la vida.

La Muerte… murmuró en sus pensamientos.

Hinata alzó de repente la vista, buscando a Naruto y olvidando por un momento el hecho de que sus ropas habían desaparecido. Mas Naruto ya no estaba allí, en su lugar, una mujer de palidez similar a la de Hinata y largo cabello negro la observaba, sostenía entre sus manos un gran reloj de arena negro, aunque no había ni un solo grano de arena en su interior.

-¿Mamá? –masculló Hinata, con el corazón encogido de añoranza y confusión.

La mujer sonrió melancólicamente al escuchar la voz de la chica, después su semblante se volvió grave y su voz resonó en la cabeza de Hinata.

-Ten mucho cuidado.

Hinata sintió que caía al vacío y luego algo sostenerla justo antes de abrir los ojos de golpe y encontrarse una Sakura confundida y asustada.

-¿Qué…? –comenzó Hinata, sin comprender por qué estaba de nuevo en su habitación.

-¿Ahora eres sonámbula? –la cortó Sakura- Me has dado un susto de muerte, casi te abres la cabeza.

Hinata parpadeó muy lentamente, analizando aquello. El recuerdo de Sakura abalanzándose sobre el cuello de Sasuke la hizo reaccionar.

-¡Sasuke! –buscó a su alrededor, tropezando con sus propios pies. Sakura todavía la sostenía, temerosa de que se cayera de la cama.

-Sasuke no está aquí –repuso la pelirrosa-, ha sido todo un sueño, Hinata. Estás en tu habitación.

Hinata se tranquilizó y Sakura la soltó y se apartó para dejarla respirar.

-¿Qué ha pasado? –preguntó Hinata, buscando el reloj en su mesita de noche.

-Te has dormido. Y hace un momento te has levantado, has dicho alguna cosa y casi te caes de la cama.

Hinata sacudió la cabeza, confusa, tratando de poner en orden sus pensamientos. Lo que acababa de ver no era real, tampoco lo que había escuchado. Y, pese a todo, sentía haber vivido realmente cada una de aquellas escenas.

Su corazón seguía encogido de miedo al rememorar a Sakura y Sasuke, latía con fuerza al recordar las palabras de Naruto y temblaba provocándole vértigo al dibujar la imagen de su madre en su mente.

Sin embargo, Sakura seguía allí, observándola con preocupación en los ojos, Sasuke debía de estar en su casa, al igual que Naruto. Y su madre… había pasado al Otro Lado hacía años, era imposible que su alma pudiera ponerse en contacto con ella a estas alturas… ¿o tal vez no?

Hinata se tocó la cabeza, mareada.

-¿Un mal sueño? –se atrevió a preguntar Sakura.

Hinata la miró fijamente unos instantes. No, es imposible que Sakura sea capaz de hacerle daño a Sasuke, se recordó a sí misma.

-Peor –masculló bajando la vista-. ¿Cuánto he dormido? –preguntó de pronto, buscando con la mirada el despertador.

-Un par de horas –repuso Sakura al tiempo que Hinata localizaba el despertador en su mesita de noche. Casi era la hora de levantarse y comenzar el día.

-Siento haberme dormido.

-Necesitabas dormir, es normal –Sakura se encogió de hombros.

Hinata esbozó una pequeña sonrisa al entrever a la antigua dulce Sakura en aquella respuesta. Entonces se fijó más en ella y volvió la vista horrorizada hacia la ventana. La persiana estaba bajada, pero la luz del sol, que ya despuntaba en el horizonte, se colaba entre las rendijas y cubrían a las dos chicas de finas líneas de luz.

-S-Sakura… -tartamudeó, los ojos abiertos como platos-, el… el sol.

Sakura se miró a sí misma y se dio cuenta de aquello. La luz del sol, pese a escasa, se proyectaba sobre su piel allá donde no llegaba a taparle la ropa. Ahogó una exclamación de terror y se tiró al suelo.

Hinata bajó la persiana completamente y corrió junto a su amiga, sin saber muy bien cómo se curaban las quemaduras del sol en los vampiros.

Entonces se dieron cuenta de algo.

La piel de Sakura seguía intacta, ni siquiera sentía dolor en ella, más allá de una levísima irritación, como cuando alguien te ha pellizcado un brazo.

Las dos amigas parpadearon sin creer aquello. Sakura se tocó donde antes lo había hecho la luz y no sintió nada más que la suavidad de su propia piel. Alzó la vista hacia Hinata, buscando una respuesta a toda aquella locura, incapaz de articular palabra.

Hinata le devolvió la mirada, llena de confusión. Y entonces, algo hizo "clic" en su cabeza.

-La transformación es gradual –susurró.

-Entonces… ¿pu-puedo salir a la calle… de día? –preguntó la pelirrosa, su voz temblaba, así como todo su cuerpo.

-Tal vez –asintió Hinata, dubitativa.

Sakura bajó la vista y se mordió el labio.

-Tal vez –repitió, casi sin voz.

Se quedaron en silencio de nuevo, repitiendo aquellas palabras en sus respectivos pensamientos. La opción que había propuesto Hinata horas atrás, de que las palabras de Soma habían sido literales, tal vez fueran ciertas…

El despertador sonó en aquel instante, provocando un sobresalto en las dos chicas. Hinata se levantó y fue a pararlo, mientras que Sakura se encaminó a la ventana. Antes de que Hinata pudiera reaccionar, la chica ya había levantado la persiana y el sol iluminaba su figura con la suave luz matinal.

Sakura sonrió y dos lágrimas rojas rodaron por sus mejillas.

-Hina –murmuró, volviéndose hacia su amiga, que la miraba espantada por lo que podría haber pasado de haberse equivocado en la teoría de la transformación gradual literal-, quiero ir al instituto contigo.

Debían de quedar dos o tres horas para que saliera el sol cuando el muchacho de ojos gélidos se dio media vuelta y se alejó de la casa en la que su nueva hija había entrado horas atrás.

-Interesante –masculló para sí mismo, mesándose la barbilla mientras meditaba lo que había visto y escuchado.

Las primeras noches habían sido medianamente decepcionantes, aunque no podía negar que la muchacha lo había hecho bien, teniendo en cuenta que tenía unos dieciséis años.

En algún punto, dejó atrás el suelo, así como la forma humana. Si alguien hubiera mirado en ese momento, tan sólo habría visto, muy de pasada, un murciélago revolotear hasta perderse de vista.

Hi! Siento haber tardado en publicar el capítulo ^^U He empezado a trabajar con jornada completa y tengo un tiempo muy limitado para estar en el PC con mis cosas (hay días que me voy directa a la cama al llegar a casa xDDD).

Pero bueno, seguiré subiendo capítulos, no os preocupéis ^^ Aunque puede que lleguen con retraso :'D

Mil gracias igualmente a todos los que leéis y comentáis el fic ^^ Estoy muy emocionada y me animáis a seguir con la historia. Espero de todo corazón que os esté gustando :)