Hola a todos los lectores ya se me eh demorado muchísimo en actualizar en verdad lo lamento. Esta es una adaptación del libro Minding Angel de la autora Lisa Marie Rise.
\(T.T)/ disfruten el capi.
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¿Pesadillas o Recuerdos?
Estoy desarrollando ese sexto sentido del que todos hablan, pensó Sakura, mientras practicaba las escalas. Prácticamente había sentido la fuerza de voluntad de Sasuke intentando dominarla. Era un hombre muy enérgico, pero ella era una mujer terca. Incluso a veces había llegado a exasperar a su padre.
—Cerezo, querida —le había dicho su padre una vez, levantando las manos—, podrías dar lecciones de obstinación a una cabra montesa.
Parpadeó para contener las lágrimas ante el recuerdo, apartando una mano de Inner para llevársela a la cara.
Sasuke quería que pusiera la casa a prueba de ciegos, que caminase con bastón, que aprendiese Braille. Todo eso ya lo había oído antes más de cien veces, de los médicos, de las enfermeras, de Hinata e Ino con sus voces suaves, del padre de Hinata, y no digamos de la familia Akasuna que se turnaban para cuidar de ella.
Era una total pérdida de tiempo, porque no iba a hacerlo. De ninguna manera.
Sakura no sería ciega siempre. Creía en eso con cada célula de su cuerpo. Tenía miedo —mucho miedo, un miedo supersticioso— de que si cedía y se adaptaba, la ceguera la atraparía para siempre. No se atrevía ni a pensarlo.
Los médicos de Konoha habían dejado bien claro los peligros de la operación, pero a ella no le importaba. La medicina avanzaba con mucha rapidez y pronto la intervención quirúrgica estaría perfeccionada y la vida volvería a ser como había sido antes de…
Algo oscuro y doloroso le rozó la mente, perturbándola.
Movió la cabeza de un lado a otro para hacer menos opresiva la sensación, y se inclinó sobre Inner. Probó una o dos escalas, y luego se relajó y se concentró en la música. Empezaría con The Cliffs of Moher, decidió.
El ataque vino, como siempre, sin avisar, golpeándola, dejándola caer al instante en el más negro de los agujeros negros.
¡… tú, putita estúpida! ¡Yo te enseñaré a hablar de romper contratos!
¡… no puede hablarse así a mi hija!
¡No papá!
Sangre. ¡Oh Dios, cuánta sangre! Demasiado, manando de la cabeza de él, formando un oscuro lago negro… Las piernas de papá estremeciéndose, y luego, de repente, quedándose inmóvil… Ella girándose, retrocediendo, pero no había escapatoria. Venía a por ella.
Intentó correr pero la cogió por el pelo, tirando con tanta fuerza que le salieron las lágrimas.
Un tirón cruel que la envió contra la pared que manchó con gotas de sangre, oh Dios, ella también iba a morir, igual que papá…
Sakura se enderezó, aturdida, abrumada por el torrente de imágenes que le atravesaba la mente, surgiendo de un infierno oscuro y frío. Era como si un monstruo se hubiera apoderado de su cabeza.
Había una nota nueva, oscura y satánica en las pesadillas que tenía cuando estaba despierta.
Olía el perfume metálico y cobrizo de la sangre y el olor fétido de la muerte. Todavía estaba en sus fosas nasales, incluso cuando las imágenes desaparecieron, retrocediendo al horrible lugar de donde habían venido, como una oscura ola gigante e infernal que dejaba a su paso partículas rotas de horror en la orilla.
Sakura se puso en pie de repente y luego se quedó congelada, paralizada, con el corazón latiendo aterrorizado y sin poder moverse. Había perdido por completo el sentido de orientación, excepto arriba o abajo.
Los sonidos que venían de la derecha debían ser de donde estaba la cocina. Se dio la vuelta agradecida, y de repente recordó que no estaba sola. Instintivamente alargó la mano para tocarlo, aunque él estuviera en otra habitación.
—¿Sasuke?
La voz le salió chirriante y débil, tenía la garganta obstruida por el terror que la había paralizado durante el ataque de pánico.
¿Cómo iba a oírla?
Temblando inspiró para intentar volver a llamarlo cuando de repente él estaba allí, y las manos tocaban los sólidos músculos del antebrazo. ¿Cómo había podido oírla cuando apenas se había oído ella misma? Pero lo había hecho, y la opresión del pecho debida al pánico empezó a desaparecer. Una mano grande y cálida cubrió la suya.
—Estoy aquí, cariño —dijo con calma aquella voz profunda—. Estás bien.
No, no estaba bien, pero al menos la horrible sensación de que un paso en cualquier dirección la sumergiría en un abismo profundo y oscuro había desaparecido. Si él no hubiera estado allí, ella se habría quedado inmóvil hasta que el pánico hubiera disminuido y pudiera dar algunos pasos pequeños e inseguros antes de tropezar con el primer obstáculo que ella misma hubiera dejado en medio. En lugar de eso había encontrado el equilibro en el fuerte antebrazo de Sasuke.
Sakura se inclinó hacia delante con los brazos abiertos y de inmediato se vio envuelta en su abrazo. Se acurrucó aterrorizada, apretándose contra él con todas sus fuerzas. Aquel hombre era tan valiente y sólido, cuando todo alrededor de ella era tan frío y escurridizo.
—Sasuke —susurró con voz temblorosa—. Oh, Dios mío, Sasuke, la sangre.
—Todo está bien —repitió, abrazándola más fuerte y cubriéndole la nuca con la mano—. ¿Qué sangre, cariño?
Ella se apretó más, intentando recuperar el aliento, intentando detener los intensos temblores que le recorrían el cuerpo.
—¿Cariño? —La voz profunda de Sasuke estaba justo en su oído—. ¿Qué sangre? No estás sangrando, te lo prometo.
No, donde se pudiera ver no. Sakura se secó los ojos con la suave tela del chándal, todavía aterrorizada.
Esta pesadilla se parecía a las que tenía por la noche, sólo que ahora estaba despierta. Era verse inmersa en algún horror, provocado por Dios sabe qué, que la dejaba temblando, llorando y perdida. Y tanto dormida como despierta, era incapaz de recordar que pasaba en la pesadilla. El ataque venía de ninguna parte y estaba impotente mientras duraba. Luego iba desapareciendo en una marea que se deslizaba dejándola desolada y abandonada en alguna orilla solitaria.
Esta vez no había sido tan malo porque se aferraba a Sasuke. Él era tan firme como una roca.
Le ayudó un poco el poder empujarle, apartarle, porque eso le daba una sensación de control.
Era probable que pareciera una salvaje. Parecía una salvaje, con los ojos rojos por las lágrimas, balbuceando. El pelo, que ni en los mejores momentos podía dominar, debía estar apuntando en todas direcciones.
Sakura empujó con más fuerza el ancho pecho de Sasuke. Cuando él la soltó, ella se secó la cara con las manos.
—Lo siento —jadeó ella, inspirando una enorme cantidad de aire. Era como si no hubiera respirado durante una hora.
Todo era tan horrible. Si pudiera ver, se excusaría con serenidad, se apresuraría hacia el cuarto de baño y se mojaría la cara y las muñecas con agua fría. Se maquillaría y se peinaría, todo eso que hacen las mujeres para componerse, para poder enfrentarse al mundo después de algo devastador.
Pero en estos momentos, si corriera al cuarto de baño, se daría contra una pared y se rompería la nariz.
Estaba, como siempre, atrapada.
—¿Sakura? —Aquella voz tranquila otra vez, con un leve deje de preocupación.
—Lo siento —volvió a decir ella. No había palabras para describir lo que había pasado, no sin parecer una loca de atar—. He tenido, um, un ataque de pánico. Los tengo, um, de vez en cuando.
Nunca sé cuándo. Lo siento.
—No te disculpes. No puedes controlar los ataques de pánico —Oh Dios, sólo el sonido de su voz ya hacía que se sintiera mejor. Era tan tranquilo, tan profundo, tan poderoso. Ojalá pudiera coger aquella voz y sujetarse a ella como se sujetaba a su brazo. Con todas sus fuerzas. Nada malo podría pasarle mientras escuchara aquella voz y se sujetara a aquel brazo.
—Ven conmigo —El brazo de Sasuke estaba allí, y como si fuera hierro y la mano de ella un imán, lo encontró de forma infalible. Los dos fueron juntos a la cocina—. Siéntate y te haré una taza de té. ¿Qué te parece?
Le parecía maravilloso.
—Estupendo. ¡Espera! —Sorbió por la nariz—. Lo siento, pero necesito un… —Antes de poder acabar la frase, se encontró con una servilleta de papel en la mano. Sakura se secó los ojos, se sonó y se sintió un poco mejor. Aunque seguro que parecía una bruja no parecía que él fuera a huir horrorizado. Ese era un buen síntoma.
Sonó algo —el microondas— y oyó el ruido de alguna cosa sobre la mesa delante de ella. Té de vainilla, lo olía. Su favorito.
Sakura esbozó una sonrisa.
—¿Has hecho el té en el microondas?
—Siempre lo hago así, es más fácil y más rápido. Y hay menos que limpiar. Dios mío —Un pausa y ella casi oía como se le movían los engranajes en la cabeza… junto con los dientes. Pensó que incluso le oía fruncir el ceño. El hombre tenía una personalidad fortísima si su desaprobación le llegaba desde el otro lado de la mesa—. Por favor, por favor, no me digas que calientas el agua del té en los fogones.
—Bueno, um… sí. Eso hago —¿Qué se pensaba, que soplaba sobre el agua para calentarla?
¿Que agitaba una varita mágica por encima del té?
—Tienes cocina de gas —inspiró más que dijo, en un tono igual de horrorizado que si hubiera dicho, te comes niños para desayunar.
—Sí, la tengo. Tengo una cocina de gas. Siempre la he tenido. La comida se cocina mejor con gas —afirmó Sakura, desconcertada. Cogió la taza por el asa y se la llevó a la boca. Era como un ritual para ella. Primero olería el aroma maravilloso de la vainilla y del té, dejando que le llegara hasta los huesos, luego empezaría a beber pequeños sorbos. El té de vainilla era quizás la única cosa de su vida que había mejorado desde que estaba ciega—. ¿Es que es un delito?
—Eres ciega —dijo él con su voz profunda llena de desagrado y desaprobación.
Sakura se puso rígida.
—Mira, el ser ciego no significa ser inútil o estúpido. Te hago saber…
La voz profunda se superpuso a la de ella.
—Un error de cálculo y tu put-condenada manga puede prenderse fuego. O si te olvidas de apagar el gas te puedes quemar la mano, de gravedad. Una cocina de gas es un desastre seguro.
Tienes que ponerte una de esas encimeras vitrocerámicas. Tener fogones con llama cuando no puedes ver es de locos.
Bien, había quedado bastante claro. Sakura odiaba que la criticaran, eso sacó lo peor de ella y ya había soltado las palabras antes de poder detenerlas. Encolerizada, dijo lo que no le había dicho a nadie, ni siquiera a Ino y Hinata.
Las palabras fueron saliendo a borbotones, elevando el tono hasta que al final estaba gritando.
—Escúchame bien. No quiero una vitrocerámica, no quiero aprender Braille, no quiero un perro guía. No quiero andar con un bastón blanco, no quiero reorganizar mi casa. No quiero lecciones para ciegos porque harás muy bien en creer que no estaré siempre ciega.
Sakura se llevó la mano a la boca, pero ya era demasiado tarde. Se le habían escapado las palabras, y ahora estaban allí, entre los dos, vehementes y sinceras.
¿Era posible oír el silencio? Sasuke era un hombre excepcionalmente tranquilo, parecía que nunca estaba inquieto o que hiciera ruidos molestos, pero ahora estaba absoluta y completamente quieto. No notaba para nada su presencia. Era como si se hubiera evaporado de la cocina.
El momento se alargó, Sakura con la mano tapándose la boca y Sasuke al parecer desaparecido. No había ningún ruido en la cocina, ni siquiera los habituales del tráfico que llegaban desde el exterior. El único sonido que oía era el de su corazón, que latía tres veces más rápido de lo normal.
Por fin, Sasuke se movió. La silla chirrió sobre las baldosas de la cocina cuando extendió la mano y cogió la de ella. Como siempre, el contacto la conectó a la tierra, hizo que se sintiera ligada al resto del mundo a través de él.
—¿Es eso cierto? ¿Vas a recuperar la vista?
Sakura asintió, tenía la garganta demasiado cerrada para hablar.
—¿Estás segura? ¿Te lo han dicho los médicos?
En realidad no, pero Sakura asintió de todos modos.
—Cuéntamelo —dijo él, con su voz profunda llena de ternura.
Ella esperó un momento para aliviar la opresión en el pecho y tranquilizarse. Esto iba a ser algo difícil y tendría que evitar algunas cosas con la esperanza de que él no lo notase.
—Ya sabes que tuve-tuve un accidente. Un trauma cerebral. Estuve en coma durante un breve periodo de tiempo. La razón por la que perdí la vista es que tengo un micro-hematoma que presiona el nervio óptico principal. Un hematoma es una hinchazón…
—Sé lo que es un hematoma. Continúa.
—De acuerdo —Inspiró profundamente. Esa era la parte difícil porque todo era muy poco
Convincente y basado en esperanza y oraciones—. El hematoma es estacionario. No crece, pero por el mismo motivo tampoco se hace más pequeño. El primer escáner que me hicieron al hospitalizarme muestra la misma forma y dimensiones que el que me hicieron hace tres semanas. Esto son buenas y malas noticias. Las buenas noticias es que mi vida no corre peligro. Podría vivir para siempre con esta-esta cosa en mi cabeza —Sakura intentó que no se le notara la aversión en la voz, que sonara como un mero informe médico, hay un coágulo de sangre que presiona los nervios ópticos, pero ¡eh! ningún problema, no me voy a morir por esto, cuando lo que quería hacer era gritar hasta quedarse ronca—. Las malas noticias es que no disminuye de tamaño. Seré-seré ciega mientras el coágulo esté ahí. Otra mala noticia es que el coágulo está en un lugar casi inaccesible en términos de extracción quirúrgica. Los médicos me lo han explicado todo en unos términos técnicos que me sería difícil repetir, pero la idea esencial es que tendrían que atravesar tanto tejido que podría acabar como un vegetal con una vista excelente.
La mano de Sasuke apretó la suya con tanta fuerza que casi se la aplastó.
—¿Pero? Hay un "pero" en algún sitio. Estoy seguro.
—Sí, lo hay. Existe una técnica quirúrgica. Es, ah experi… —Se calló—. Es-es nueva —dudó—.Pero creen que pueden acercarse quirúrgicamente lo suficiente a la zona inflamada para usar un instrumento nuevo que elimina sólo ciertos tipos especiales de tejido. Los coágulos son uno de ellos.
Los médicos me inundaron con términos científicos, pero lo esencial es que hay un nuevo tipo de rayo concentrado de microondas que quemará el hematoma sin afectar el tejido que tiene que atravesar. Y entonces, ¡voilà! —terminó con una sonrisa brillante—. Adiós al coágulo de sangre y yo podré… —Le tembló la voz y tragó convulsivamente, aunque no tenía nada de humedad en la boca—podré volver a ver.
Por favor, por favor, Dios.
Cada vez que Sakura pensaba en recobrar la vista, se ponía a temblar. Era una idea tan temible y enorme que a veces pensaba que la cabeza le explotaría por la fuerza de la misma. El anhelo la corroía hasta devorarla del todo, dejando una fina cáscara rodeando un agujero vacío de anhelo.
Las lágrimas asomaron a sus ojos y se apartó de donde estaba él. De donde ella creía que estaba él. Una persona ciega nunca podría esconderse, nunca se le concedería la dignidad de los videntes que podían dar la vuelta e irse. Ella se sentía despojada de todo, con todas sus emociones en carne viva y expuesta.
Su miedo, sus alocadas esperanzas, su vulnerabilidad, todo estaba ahí, para que Sasuke lo viera.
—¿Van a agredir tu cerebro con microondas? —Había incredulidad y desaprobación en su voz.
Con eso logró que le saliera el genio.
—Las microondas se usan en medicina. Es como la radiación. Controladas pueden ser
beneficiosas.
—Ajá —La silla chirrió cuando se acercó aún más a ella—. ¿Y es muy nueva esta operación? ¿A cuántas personas se la han hecho?
Sakura se mantuvo en silencio.
—¿Cariño? —Una mano grande y pesada le rodeó el hombro—. ¿Es muy nueva la operación?
—Es nueva. Ya te lo he dicho —dijo ella apartando la mano.
—De acuerdo, es nueva. ¿A cuántas personas les han hecho esta operación?
Sakura se apartó girando hacia otro lado la cabeza y permaneció con los labios cerrados.
Silencio. Silencio completo y total, excepto por el sonido de su propia respiración. A él no lo oía respirar. Pero le oía pensar.
—Vale. Ya me hago una idea aproximada. Haré un pequeño resumen de la situación y si me equivoco, me dices donde. ¿Te parece bien?
Sakura se encogió de hombros. No quería tener esta conversación. No había nada que él pudiera hacer o decir que le hiciera cambiar de idea.
—Por lo que has dado a entender, esa operación de la que hablas no es sólo nueva, sino que todavía está en la etapa experimental. Sé que no soy médico, pero he recibido entrenamiento médico y la medicina me interesa. En los Teams a veces hay heridas de gravedad y siempre sigo la evolución de mis hombres cuando los han herido. Tenemos una asistencia médica bastante buena, una de las mejores que hay. Creo que sé bastante de tecnologías médicas avanzadas, pero nunca he oído hablar de rayos microondas que apunten a un determinado tejido sin dañar el tejido intermedio. Lo que creo es que se han hecho algunos estudios en animales y ahora están engatusando a la gente para conseguir voluntarios humanos. Lo que, como ya sabes, es una insensatez en la cirugía programada.
Sakura cerró los ojos e inclinó la cabeza.
La voz de él era serena, incluso razonable.
—Lo sabes, ¿verdad, cariño? No tienes una enfermedad de vida o muerte…
—¡No es verdad! —dijo ella de repente—. ¡Es de vida o muerte! ¡Ya no tengo vida, en ningún sentido! ¡No tengo ninguna razón para vivir!
—No, ahí es donde te equivocas —Le cogió las manos y continuó con aquella voz lenta y profunda—. Tienes una vida maravillosa. Estás sana, tienes un talento increíble, eres hermosa, tienes amigos que te quieres, tienes… —Se calló, como si reprimiera una reflexión—. Tienes todas las razones para vivir. Y dentro de algunos años, cuando la técnica se haya perfeccionado, cuando sea algo rutinario, puedes decidir si te operan.
Sasuke tenía "Aquel Tono" en su voz. ¿Cuántas veces lo había oído?
Señorita Haruno, no quiero que se haga falsas esperanzas. Tal vez debería empezar a aprender a vivir con su condición. Y luego, dentro de algunos años, cuando la técnica haya sido perfeccionada, podemos volver a hablar.
Ella no quería escuchar la voz de la razón. ¡Sabía con exactitud lo que quería, y quería ver ya!
Lo quería con tanta intensidad que ni la idea de morir bajo el bisturí del cirujano la hacía desistir.
No era decisión de nadie más, sólo de ella. No quería hablar de ello y no quería ninguna
interferencia.
—¿Sabes qué? Tengo hambre —dijo con una sonrisa brillante—. Estoy muy, muy hambrienta, y ya que no quieres que yo cocine, y que eres jefe en la marina, te nombro jefe de cocina —Sonrió con la falsa sonrisa brillante de un escenario, la que podía poner en su cara en cualquier momento del día o de la noche. Los intérpretes aprendían el truco pronto y bien—. Así que pon manos a la obra, jefe.
Silencio, luego una fuerte exhalación de aire, que en un hombre más pequeño habría sido un suspiro.
—De acuerdo. El almuerzo.
Le oyó levantarse, abrirse la puerta del congelador y un pequeño remolino de aire helado
cruzó la habitación.
—Aquí dentro tienes una enorme cantidad de alimentos —retumbó él—. Podrías alimentar
bien a un equipo de los Seals durante un mes con lo que hay aquí, y eso es mucho. Vamos a ver — Sonidos de envases de plástico rascando el hielo—. Tenemos, hmmm, parece sopa minestrone. Y aquí, ¡caramba!, uno de mis favoritos, berenjenas al queso parmesano. Pan de masa fermentada congelado, pastel de manzana. Es asombroso. Espero que sepa tan bueno como parece. ¿Tienes un hada secreta que cocina para ti durante la noche o algo por el estilo?
Mejor que un hada secreta.
—Los Akasuna —sonrió Sakura.
—¿Los qué?
—El ama de llaves de Hinata se llama Temari Akasuna y pertenece a esa enorme y maravillosa familia. Durante años he cantado en sus bodas, entierros, fiestas de graduación y bautizos —Por no mencionar la fiesta salvaje del divorcio, sólo para mujeres, que había organizado la sobrina de Temari después de deshacerse "del vagabundo", como llamaba a su ex—. Desde, um, el accidente, he tenido que mantenerlos a raya con un garrote. Las mujeres se turnan para venir a limpiar y siempre dejan comidas preparadas en el congelador. De hecho, Tenten, la hermana de Temari, viene el lunes.
Todas son magníficas cocineras. La verdad es que soy muy afortunada. Y los hombres también cuidan de mí haciendo reparaciones y esas cosas. Tan pronto acabe de nevar, un Akasuna aparecerá por aquí para quitar la nieve de la acera con una pala, espera y verás.
—A partir de hoy, yo te quitaré la nieve de la acera y haré las reparaciones, no los necesitas — dijo Sasuke—. Avisa a los hombres Akasuna que ahora yo estoy aquí.
—Oh. Vale.
Sakura no sabía si lo haría. ¿Lo haría? Para los hombres Akasuna era cuestión de honor que uno y otro pasaran por su casa cada dos o tres días por si necesitaba algo. Y ella siempre necesitaba algo. Desde que se había quedado ciega era como si la casa la avisase con ruidos que se estaba cayendo a pedazos. Siempre había algo que necesitaba un ajuste. Sería una locura decirle a los Akasuna que no vinieran cuando ella no sabía cuánto tiempo se quedaría Sasuke.
Ahora estaba aquí. Habían tenido un sexo maravilloso, y tal vez él quisiera quedarse un poco más. Pero a largo plazo, ¿que querría un hombre tan vital con alguien como ella?
El microondas sonó y dos segundos más tarde tuvo un tazón delante de ella. No tenía que ver para saber lo que era. El olor lo delataba.
—Mmm —Aspiró profundamente la fragancia—. La sopa minestrone de Tenten. Divina.
¿Tú también te has puesto?
—Por lo menos el doble de lo que te he puesto a ti —La voz de Sasuke sonaba divertida—. Y además me he calentado berenjenas a la parmesana, tal vez te dé un poco si me lo pides con amabilidad. Por cierto, me he abierto una cerveza, ¿te sirvo una?
—Reservo el alcohol para las noches. Prefiero agua, gracias —Era una suerte que el alcohol no la tentara. Si fuera bebedora, si hubiera heredado el gen bebedor de los Haruno en vez del carácter moderado de su madre, habría desaparecido dentro de una botella después del accidente, y nunca hubiera salido de allí. Una copa de vino por la noche era más que suficiente—. Si miras bien encontrarás por algún sitio un envase con tiramisú de verdad, no la papilla de los falsos restaurantes italianos, y helado casero.
—Sí, antes he explorado un poco y los he visto, esto y mucho más. Ahí dentro tienes una selección muy interesante. Comes mejor que nadie que conozca.
—Los Akasuna son personas muy dulces.
—Eso parece. Y también parece que se preocupan mucho por ti. Se desviven por ti. Apuesto a que les gustaría hacer algo más efectivo que grabar una D, una A o una C en las tapas. Si aprendieras a leer Braille, apuesto a que se esforzarían por conseguir una maquina que marcara con Braille las tapas de los envases, poniendo lo que contiene cada uno, y así sabrías lo que escoges para comer, en vez de adivinarlo.
Había aprovechado el tema para volver a hablar de ella. Bien, los dos podían jugar al mismo juego.
Sakura alzó la barbilla.
—¿Estabas fanfarroneando cuando antes has dicho que me acompañarías a dar un paseo? ¿O estás demasiado cansado después de correr? ¿Qué tiempo hace fuera?
Otra exhalación de aire. Un lento tamborileo de las uñas sobre la mesa. Una tensión palpable.
Ella lo exasperaba. Bien, exasperaba a mucha gente. Mucho. Pero él ya era un chico grande, muy grande, podía soportarlo.
En la cocina volvió a reinar el silencio mientras los engranajes giraban en la cabeza de Sasuke.
De repente, notó una diferencia en la piel del lado derecho del cuerpo. Se giró y notó la luz en la cara. Era una sensación inconfundible.
—Ha salido el sol —dijo ella.
—Sí —habló por fin Sasuke—. Ha dejado de nevar y hace un poco de sol. Si quieres ir a dar un paseo, ahora es el momento. Lo más probable es que vuelva a nevar más tarde, cuando baje la temperatura. ¿Tienes ropa apropiada para el frío? ¿Y botas con suela de goma?
—Sí. A todo. Y sólo porque anoche llevaba un calzado inadecuado no significa que sea una estúpida, mayor Uchiha. Te hago saber…
—Vale, vale —Sakura no tenía que verlo para saber que había alzado las manos con las palmas hacia fuera.
La calidad del aire a su alrededor cambió, se hizo más densa, y comprendió que él estaba de pie a su lado. Como si fuera la cosa más natural del mundo, Sakura le ofreció la mano y no se sorprendió que quedase apoyada en el firme antebrazo.
—Te acompañaré a la habitación y cogeremos esas botas y la ropa para el frío.
—Se lo agradezco mucho, mayor —dijo ella, con su mejor y más melosa voz. Movió las pestañas al mismo tiempo que movía un imaginario miriñaque—. Es tan gentil por su parte. Ah, es usted un caballero de la vieja escuela.
Hubo un pequeño resoplido por encima de su cabeza, risa o exasperación. Uno de las dos cosas, daba igual. Era tan excitante. Iba a salir a dar un paseo por primera vez en lo que le parecía toda una vida.
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Espero que les haya gustado el capi.
