Parte 10
El grito desesperado de una mujer llamándome me avía paralizado cuando me encontraba flotando con tranquilidad en el lago después de que Mai me avía reprendido al ver que Shizuru y yo nos encontrábamos en bueno… algo comprometedor, y hizo que un hambre voraz y una sed de venganza se posara en mi persona y después de ver como Nao trataba con cariño a Shizuru decidí salir en busca de esa voz que por alguna extraña razón era la única que la escuchaba… pero antes debía de alimentarme ya que el hambre que poseía hacia que cada célula de mi cuerpo implorara sangre y sentía que el hambre me roía con garras despiadadas, y una neblina roja cubría mis ojos haciendo que mi pulso martille por la necesidad de conseguir alimento inmediatamente, yo sabía que podía encontrar mi preciado alimento en el refrigerador del sótano pero no me apetecía sangre congelada… yo quería sangre fresca, surque los aires como un rallo y aterrice de cuclillas en medio de unos densos arbustos y espesa vegetación, lance una lenta y cuidadosa mirada alrededor y caí en la cuenta de que me encontraba en la selva tropical y sacudiendo la cabeza trate de despejar mis ansias de matar cuando volví a escuchar aquella voz — por favor ayúdame… te necesito… Natsuki Kuga… tu eres mi única esperanza de salir de aquí — me puse de pie y observando por todos lados vi como una cabaña era iluminada por la luz de la luna y los latidos de unos dos hombres se escuchaban muy cerca de aquel lugar, con paso firme me dirigí ahí y intercepte al primer hombre quien me observo extrañado —¿Quién eres tu? — sin mencionar palabra alguna le rodee los hombros con un brazo y lo atrage hacia mi, susurre unas cuantas palabras y clave mis colmillos empezando a beber. Bebí hasta obtener algo de fuerza y pasando mi lengua sobre los pinchazos cerre la pequeña herida asegurándome de que no quedara marca después le implante recuerdos de sexo desenfrenado y salbage con una pelirroja y lo deje apollado sobre una de las columnas de aquella cabaña y desaparecí de aquel lugar.
El frio debió de haberla hecho estremecer pero era el miedo, un terrible miedo que le daba escalofríos asta en los huesos, se aferraba a Shizuka Fugino haciendo que los temblores fueran imposibles de controlar, acurrucándose en el suelo de la caverna de hielo estudiando las paredes de su prisión. El hielo era hermoso, paredes gruesas y azules con asombrosas formaciones colgando del techo y alzándose desde el suelo con un bosque de cristal multi color.
Se agacho, observando las luces jugar sobre el hielo, creando centellantes y segadores despliegues sobre las paredes. Todo el tiempo su corazón latía demasiado rápido y se ahogaba en un terror creciente. Un suave susurro en su mente la ayudaba a estabilizarse, a mantenerse centrada y tranquila cuando quería acurrucarse en una pelota y llorar, hoy cumplía 8 años atrapada en ese lugar, bajo su mirada hacia sus brazos y muñecas, cubiertos de marcas de mordedura, cicatrices de dientes que roían la piel para llegar a las venas, el estomago se le revolvió.
Ella sabía que hoy era el ultimo día en que alguien desgarraría su carne y bebería su sangre. Hoy la vendrían a buscar —estoy tan asustada —incluso en su mente utilizando comunicación telepática su voz temblaba, inmediatamente sintió calidez en su mente. La sensación se extendió por su cuerpo aullentando el frio y dándole valor, no estaba sola por fin avía logrado contactar con Natsuki Kuga, su salvación —tranquila ya estoy en camino… me tuve que retrazar ya que me estaba alimentando… debes ser valiente pequeña — ella asintió y cerrando sus ojos dijo —por favor apresúrate ella no tarda en regresar — sintió como unos brazos fuertes la rodeaban y se apollo aun mas si podía en la columna de hielo.
