Quieres...?
La tormenta se hizo sentir durante toda la noche. El golpeteo de las ramas contra la ventana de la habitación, dejando poco lugar al apacible sueño.
Esa noche pudo dormir realmente poco. En parte por la ruidosa tormenta, y en parte por que el sueño que tuvo anteriormente no se alejaba de su mente por más esfuerzo que pusiera en ello.
La mañana por el contrario llegó con un sol radiante y el cantar de los pequeños pájaros que vivían en el árbol junto a su ventana.
Sus esperanzas de que se cancelara el día de escuela se esfumaron rápidamente al ver el día espectacular que se presentaba afuera.
-Grandioso...
Su madre a pesar de haber llegado más tarde de lo previsto, había preparado el desayuno de todas maneras.
Algo que Quinn agradecía eternamente, por que aunque no se llevara de la mejor manera con su madre, sus desayunos eran algo inigualable.
Un fresco y delicioso jugo de frutas la esperaba maravillosamente en el centro de la mesa, mientras a su lado reposaban un plato con galletas, tostadas, mermelada y queso philadelphia.
Aquello definitivamente había hecho que su día comenzara de la mejor manera posible.
Luego de degustar aquel manjar preparado por los dioses, y tras haberse quitado su pijama, se puso en marcha rumbo a la escuela en su vieja bicicleta. Estaba cansada de esperar buses y prefería el renovador paseo en su bi rodado que el estres de andar en coche.
Durante el trayecto, como durante toda la noche, no pudo quitarse de la cabeza el sueño que tuvo con Rachel. Le daba mil vueltas al asunto y no lograba comprender como ese sueño la había dejado en ese estado ni como le había gustado tanto.
Sus intentos por descifrar aquello fueron en vano.
El final de las clases se acercaba rápidamente, algo que Quinn agradecía. No solo detestaba ser "la nueva" si no que además habia llegado a la escuela casi cuando esta estaba a punto de terminar.
Dejó su bici en el estacionamiento y con paso lento y calmado se adentró en los pasillos de la escuela, rumbo a la fuente del patio, que se había convertido en el lugar de encuentro de las cuatro amigas desde que la rubia había llegado a Lima.
En efecto allí estaban las tres faltantes, esperando la presencia de la rubia. Charlando animadamente sobre vaya uno a saber que cosa, aunque había que agradecer a Alfa y Omega, Santana y Rachel no discutían.
-Pero miren quien llega a regalarnos su presencia en este hermoso lunes de Noviembre.
-No empieces Santana, es por la mañana y yo por la mañana no soy amistosa.- respondió con su más cálida sonrisa mientras saludaba a sus tres compañeras.
Por un momento logró olvidar su sueño de la noche anterior hasta que vió a Rachel a los ojos. Una sensación de verguenza y culpa se adueñó de ella sin piedad.
Algo que todas notaron pero que no lograron entender a que se debía.
-Ah Quinn, luego quiero comentarte algo sobre el verano...- Decía Santana con un tono bastante misterioso que alertó a la rubia hasta la médula.
-Te oigo... - Respondía Quinn un tanto nerviosa.
-Eh no no, despreocupate, igual te digo más tarde cuando vayamos de compras.
-Vamos de compras?- Quinn no recordaba haber hecho planes para salir de compras, y menos con la latina, ya que diferían inmensamente en sus gustos textiles.
-Si claro-Santana hacía gestos de que le siguiera la corriente- No recuerdas que ayer hablamos y te dije que claro que te acompañaría?
Quinn captó la situación y decidió seguir la historia como pudiese.
-Ah si, claro, ya recuerdo... Eh, está bien, entonces cuando salgamos de compras me cuentas.
Definitivamente Santana había hecho de las suyas, o era lo que tenía pensado hacer, y generalmente cuando eso sucedía, ella tenía que arreglar los desastres que provocaba su amiga.
Rachel y Quinn caminaban juntas hacia los pasillos. Brittany y Santana se quedaban en el campo de Fútbol, tenían días intensos de prácticas con las animadoras y pasaban la mayor parte del tiempo allí, exoneradas de la mayoría de sus clases, todo gracias a Sue.
La morena notaba algo extraño en Quinn y luego de un par de minutos tuvo que hacer referencia a ello.
-Quinn...
-Dime.- Respondió tratando de esquivar su mirada.
-Te sucede algo?
-Eh, no, por que preguntas?- decía tratando de disimular sus nervios.
-No, por nada, solo te notaba algo preocupada... No se, cosas mías quizá.
La rubia sonrió.
-Segura que todo está bien?
-Claro, no te preocupes, todo en orden.
Y luego de esto y una guiñada se perdió por su lado del pasillo rumbo a su primer asignatura del día, mientras Rachel, algo extrañada, hacía lo mismo por su lado.
Haber asistido a clases ese día o quedarse durmiendo en su casa habría sido exactamente igual. No pudo prestar atención en absolutamente ninguna aisgnatura por que lo único que su mente intentaba procesar era aquel sueño impertinente.
Miles de teorías se le cruzaron por la mente durante el día.
Quizá se debía al divorcio de sus padres, y como la morena había sido quien más le había dado atención desde entonces, eso había provocado ese sueño.
Luego de un interminable día de clases, estaba lista, o eso creía, para ir de compras con la exigente Santana López, y sus extraños gustos de moda.
Llevaban ya una hora en el centro comercial, y la latina no había comprado nada aún, nada le convencía, y tampoco había empezado a hablar. Quinn ya estaba bastante cansada cuando la latina al parecer notó su mal estar y decidió empezar a hablar.
-Recuerdas que te dije que no puedo ir este verano?
La rubia se sorprendió.
- eh... claro que lo recuerdo, aún no se que voy a hacer al respecto. por que preguntas?
-Por que se me ocurrió algo genial.
Que sería aquello tan genial que se le podría haber ocurrido.
-Por que no le dices a Rachel?
Los ojos de la rubia se abrieron de par en par.
-Santana tu te sientes bien?
-Es una idea tremenda Quinn! la conozco desde años, se como es, se llevan maravillosamente, lo cual me pone un poco celosa debo admitir, aunque nunca repetiré eso, tu no tienes con quien ir y ella no tiene nada que hacer en todo el verano. Es genial!
-No se San... No estoy muy segura.
-No se que tienes que perder, pero bueno, allá tu, al menos te dije que lo pensaras, ahora acompáñame a esa tienda,siento que hay algo para mamá santana ahí dentro.
Efectivamente, algo llamaba a la latina desde esa tienda, y era justamente un vestido rojo, señido al cuerpo, y un escote de ensueño.
Aquel vestido que usaría en la fiesta de gala del final del campamento al que iría con britt.
Después de encontrar esa maravilla de vestido, pasaron por una tienda de cupcakes y terminaron allí su tarde de compras.
No había estado tan mal como la rubia había imaginado.
Aunque su día no terminaba allí. Al llegar a casa notó que había algo extraño, una energía linda, que hacía tiempo no sentía al entrar a casa. Se dirigió con cautela hacia el fondo de donde provenían aquellas risas y se encontró con algo que no esperaba ver.
Su madre sentada en una de las reposeras del pequeño jardín interior con una taza de té y galletas, acompañadas de unas buenas risas.
Y junto a ella el producto de aquellas carcajadas. Maggie y su nueva amiga Gabriela, vestidas de princesas y jugando a ser las reinas del castillo y matar dinosaurios con espadas de cartón.
Aquello era tan raro como agradable, por lo que se quedó allí, observando, sin alterar el ambiente que entre aquellas tres se había generado.
De todas formas su madre no tardó en notar su presencia e invitarla a que se uniera a aquellos juegos, y la rubia no tardó en hacerlo con una cálida sonrisa.
Luego de haberse convertido en el dragón escupe fuego que quería acabar con el castillo de las pequeñas, se acercó a su madre para descansar y tomar algo de ese delicioso té que olía de maravilla.
-Vaya... que cansador es ser niño por un rato.- comentó sonriente al tiempo que se servía una galleta. Su madre sonreía.
- Es tan lindo verte así...
Quinn respondía con una sonrisa igual o mayor.
-hoy luego de clases pasamos con Maggie por un helado y nos encontramos a tu amiga y a Gabriela, y bueno, no pararon de insistir hasta que les dijimos que podía venir a jugar. Se llevan tan bien... me recuerdan mucho a ti y a Santana.
La sonrisa de Quinn se hacía más amplia aún. Y el sueño ya no la martirizaba como antes. Si bien le preocupaba un poco, tan solo había sido eso, un sueño.
-Estuvieron hablando las niñas, y pidieron hasta el cansancio hacer una pijamada este viernes, y les dije que si, pero luego recordé que debo viajar a casa de tu tía y ya allí ver algo de abogados y esas cosas... te gustaría quedarte con ellas? si ya tienes planes puedo decirles que lo dejen para la siguiente semana...
-No, no te preocupes, no tengo mejores planes que pasar con estas pequeñuelas.
Madre e hija sonreían cómplices por primera vez en bastante tiempo. Ambas estaban distintas, más tolerantes con las ideas de la otra, o simplemente dejaban las ideas de lado cuando se trataba de disfrutar de la compañía que la otra les brindaba.
Una hora más tarde Quinn se veía en el coche, con Gabriela en el asiento trasero, dirigiendose a casa de la morena para devolver a su hermanita.
Tres golpes en la puerta principal fueron suficiente.
Leroy era quien abría la puerta y se encontraba con su pequeña sonriente del otro lado, lista para entrar en casa y contrarles todo lo que había pasado en aquella linda e improvisada tarde de juegos.
Luego de saludar a aquel hombre que parecía tan simpático la rubia se disponía a irse a casa cuando desde los pies de la escalera la voz de la morena la sorprendía.
-Vienes hasta mi casa y no me saludas? Vaya, esto ya me preocupa...- Reprochaba mientras sonreía cálidamente, cosa que la rubia aceptó de muy buena manera.- Ven, pasa, estaba por servirme un vaso de jugo y volver arriba.
Quinn no lo dudó y se adentró en la casa, educadamente por supuesto.
Mientras estaban en la habitación de la morena bebiendo jugo y charlando de cosas vanales, la rubia se iluminó.
-Oye... Este viernes tu hermana y la mia tienen una pijamada en mi casa.. Te apuntas?
-Pijamada? claro que me apunto, va a ser divertido...-se quedó pensativa por un momento.- Te dije que gracias a ti estoy llevandome mucho mejor con Gabriela?
Quinn se alegró infinitamente de oír aquello.
-En serio? de verdad que me alegra mucho.
Su sonrisa era algo tan adorable que la morena embobada, sonreía junto a ella.
Un silencio muy cómodo se apoderó de la habitación.
Ningua tenía la imperiosa necesidad de decir algo para cortar con el. En aquel silencio se entendían perfectamente.
-Quieres... quedarte a cenar?...
Que tal? Se que hace años, (literalmente) que no subía un capítulo de esta historia, pero hacía días que venía pensando en ella y tuve que hacerlo. he tenido unos tiempos bastante complicados y por eso desaparecí por tanto tiempo, pero sigo acá para las que quieran seguir leyendo algo de lo que escribo. Sería lindo saber si aún siguen ahí. Vuelvo a pedir disculpas por la ausencia y digo gracias a quienes seguían al menos el comienzo de esta historia. Justamente fue por eso que decidí volver a darle vida. Espero que si siguen por aquí, nos reciban a mi y a los nuevos capitulos con amor, que de eso se trata todo. :)
