EVITANDO A DRACO

¡MADRE MÍA! ¡MADRE MÍA! Se repetía una y otra vez Hermione mientras se miraba en el espejo del enorme baño de la habitación de Draco.

Unos minutos antes, Hermione se había despertado y se había quedado algo confusa por la visión que le llegaba. Estaba tumbada sobre un costado y, la primera imagen que tuvo fue la de unas puertas dobles, frente a ella. Al lado de la cama había una mesilla de dos cajones de color blanco y, al lado, había cuatro puertas de cristal vestidas por unos visillos blancos y unas cortinas azul claro, de seda. Esa no era su habitación. Alarmada, intentó incorporarse en la cama pero no pudo. Entonces se dio cuenta de que una brazo musculoso rodeaba su cintura y, fue ahí donde recordó todo.

La noche anterior la había pasado con Draco Malfoy. Y, por si fuera poco, había sido la mejor noche que había pasado jamás con un hombre, aunque bien era verdad que el único hombre con el que había tenido relaciones sexuales había sido Ron Weasley. El pánico la invadió dejándola helada, como si la hubieran dejado en el mismísimo polo norte. Intentó una vez más zafarse del abrazo de Malfoy, pero éste la sujetó más fuerte atrayendola hacía sí, y susurrando su nombre.

No sabía qué hacer. El pánico la impedía mentalmente. Su lógica se había ido muy lejos de allí. No quería que Malfoy se despertara antes de haber salido de allí. Se quedó durante unos minutos paralizada, sin saber qué hacer y sintiendo el cálido aliento de Draco rozándole la cabeza. Cerró los ojos intentando controlar el pánico y se centró en la lenta respiración de Draco para contar hasta diez. Mientras hacía esto, los recuerdos de esa noche pasaron por su mente, como los fotogramas de una película, en un segundo rememoró todo, hasta el más leve susurro o la más sutil de las caricias que le había proporcionado el hombre que dormía a su lado. Atontada como estaba, no se dio cuenta de que el pánico se había esfumado hasta que se descubrió agarrándose fuerte al brazo de Draco y pensando en lo feliz y tremendamente a gusto, que se encontraba allí.

El pánico volvió de repente. Abrió los ojos y, en un acto desesperado, consiguió zafarse del abrazo de Draco, sin que éste se despertara. Hermione se puso su camisón, que estaba tirado a los pies de la cama y se giró para arropar a Draco que, al sentir el roce de las sábanas, se dio la vuelta hacia el otro lado. Tratando de ser sigilosa, se dirigió al baño, donde se lavó la cara e intentó controlar su pánico. No sabía porqué, no se lo explicaba, pero aquella situación con Draco Malfoy, la producía un pánico terrible, el cual, a su vez, no la dejaba pensar con claridad.

¡MADRE MÍA! ¡MADRE MIA! ¿QUÉ HE HECHO? Era lo único que podía pensar.

El sonido del despertador de Draco sobresaltó a Hermione, que cerrando los ojos, suspiró y rió nerviosamente ¿Qué diría Draco? ¿No diría nada? ¿Estaría molesto o enfadado? No tuvo más tiempo para pensar, pues segundos más tarde sintió como la puerta se abría y se apresuró a abrir el grifo y fingir que se estaba lavando las manos.

-Buenos días, preciosidad -susurró al oído de Hermione, Draco, después de besar suavemente el cuello de la chica-. ¿Cómo estás?

Hermione se estremeció ante el contacto de los brazos de Draco alrededor de su cintura, su cálido aliento acariciando su oreja mientras su susurrante voz se calaba por todo su ser a través de su oído. Cerró los ojos y cogió aire, tratando de calmarse antes de hablar.

-Estoy... muy bien ¿y tú? -dijo con un hilo de voz y aferrándose a los antebrazos del chico. Extrañamente no quería que dejara de abrazarla y eso era algo que la hacía enfurecerse consigo misma. Volvió a cerrar los ojos y recostó la cabeza en el bien formado pecho de Draco, tomando aire de nuevo.

Draco miraba a Hermione a través del espejo. La notó rara, así que besó la cabeza de la chica y después preguntó:

-¿De verdad? No parece que...

-Pues sí, estoy bien, Draco. En serio -lo interrumpió algo molesta pero todavía sin moverse ni abrir los ojos-. Es simplemente que... -suspiró abriendo los ojos para mirarlo- nada, olvidalo. Voy a ducharme. Cissy no tardará en despertarse -le dijo separándose suavemente de él y dirigiéndose a la puerta del baño para salir, dejando a un Draco estupefacto y sin saber qué decir.

El desayuno fue algo tenso. Aunque Hermione actuaba con naturalidad -al menos en apariencia-, por lo que Draco pensó que, quizá, la forma de comportarse que había tenido en el baño, fuera a causa de que Hermione no tuviera muy buen humor hasta después de desayunar, cosa que le pasaba a mucha gente, por lo cual decidió no hacer ningún comentario al respecto y seguir su ejemplo de naturalidad.

-Bueno, me voy a trabajar -anunció Draco de la forma más natural de la que fue capaz-. Volveré para comer.

Como cada mañana, se acercó a su hija y la besó en la frente y las mejilla para después dar un suave beso en los labios a Hermione. Draco se dio cuenta de que Hermione se había puesto bastante nerviosa, por que tan pronto se separó, se disculpó atropelladamente, con que tenía que subir a dejar a Cissy en su parque de juegos porque tenía que ayudar a Pinky con la limpieza. Lo estaba evitando. Draco se molestó más de lo que hubiera creído posible y, en vez de desaparecerse, salió de la casa por la puerta cerrándola de golpe.

Cuando volvió del trabajo, a la hora de la comida, las cosas no mejoraron nada. Al contrario. Para empezar, Hermione evitó su beso, cuando llegó a casa y, para empeorar aún más las cosas, evitó mirarle a los ojos durante la comida y, eso sin contar con que se mantuvo toda la tarde ocupada en distintas tareas que la mantenían fuera de la casa y, cuando salía para intentar hablar con ella, salía disparada hacia otra parte antes de que pudiera abrir la boca, poniendo excusas que, a Draco le parecían estúpidas. No podía creerlo. ¿Cómo era posible que se sintiera tan frustrado y furioso con la actitud de la chica? Quizá fuera mejor así. Total, él no la quería, no sentía nada por ella, lo de la noche anterior había sido un error... ¿o no? Pero ¿en qué estaba pensando? A la mierda con ella. Si no quería nada con él, él no iba a rogarla. La furia de Draco aumentaba a cada momento. No podía creer que estuviera así por esa chica. Pero tampoco pensaba dejar las cosas así. Ninguna mujer que hubiera estado con él se atrevería a evitarlo de esa manera. Tenía que saber que pasaba por la cabeza de esa mujer, tenía que saber porqué lo estaba evitando. Si no quería nada con él, perfecto, pero por lo menos podría dignarse a decírselo. La haría hablar con él aunque fuera lo último que hiciera en la vida. Nadie evitaba a Draco Malfoy. Pegó una patada furioso a un gnomo que cruzaba por delante de uno de los rosales donde había estado trabajando Hermione y, en donde lo había dejado plantado y, se maldijo por sentirse tan dolido con la actitud de la muchacha.

Dos horas más tarde, Draco entró en el salón y vio a Hermione hablando con Pinky.

-¿Te gusta, Pinky? -preguntaba la muchacha sonriente a una elfina que daba saltos de alegría-. Lo he estado haciendo para tí.

-¿Qué si... que si me gusta... señorita? -preguntó sollozando de alegría la elfina- Claro que me gusta, señorita. Es el vestido más bonito que he visto nunca.

Draco vio que su elfina sostenía un bonito vestidito azul claro de tirantes estampado con pequeñas florecillas blancas. Draco no pudo evitar sonreír cuando la joven elfina saltaba a los brazos de Hermione para darla un gran abrazo, que la chica devolvió con gran alegría. "Maldición, ¿porqué tiene que ser tan buena?y ¿porqué tiene que resultarme tan tremendamente atractiva cuando hace eso? ¡Maldita sea!", pensaba Draco mientras observaba la escena.

-¡Mire, amo, lo que me ha regalado la señorita Hermione! -le dijo emocionada Pinky a Draco mientras corría hacia su amo con el vestido en alto- ¿No es bonito?

Draco miró sonriente a Hermione, y después cogió el vestido que Pinky le ofrecía y después de observarlo un momento con los labios fruncidos y torcidos hacia un lado, dijo:

-Me parece realmente precioso, Pinky. Estarás muy guapa con el.

-¿Verdad que sí, amo? -dijo la elfina con lágrimas de alegría en los ojos, cogiendo de nuevo el vestido-. Mañana mismo lo estrenaré. La señorita ha sido muy amable con Pinky. Gracias señorita -dijo, volviéndose hacia Hermione que esbozaba una sonrisa de satisfacción sentada en el sofá.

-De nada Pinky. Te lo mereces -dijo Hermione mirando a la elfina y volviendo a evitar la mirada de Draco-. Escucha, Pinky. Esta noche, Draco y yo no cenaremos aquí. Así que si no te importa, ¿podrías cuidar de Cissy mientras estamos fuera? -cambió de tema Hermione, volviendo a dirigirse a la elfina.

-Claro, señorita. No me importa cuidar a la pequeña ama -dijo la elfina, todavía observando su vestido nuevo.

-Bien, entonces puedes ir a tu dormitorio a descansar, Pinky -intervino Draco, regalando una sonrisa de oreja a oreja a su elfina.

-Sí, amo.

La elfina salió disparada del salón con su vestido nuevo abrazado en el pecho. Draco no se movió de donde estaba, pero miró a Hermione y su semblante cambió. Volvió a enfurecerse al comprobar que Hermione seguía sin mirarlo, y jugueteaba con el cordón de su pantalón de chandal. Draco cerró las manos en puños y los metió en los bolsillos del pantalón, tratando de calmarse, no quería gritarla, no quería obligarla a hablar del tema, no antes de la cena con los vecionos. Tomó aire y trató de controlar la voz antes de hablar.

-Creo que deberíamos cambiarnos, ya. Falta una hora para que nos vayamos -dijo con su antigua voz fría y distante, arrastrando las palabras que había pronunciado entre dientes. Sentía que la sangre le hervía de rabia con la chica, que se limitó a asentir y salir del salón a toda prisa, todavía sin mirarle. E incluso evitando rozarle al pasar a su lado.

Las cosas no podían seguir así. En cuanto volvieran a casa se encargaría de hacer que lo mirase y que hablaran de ello. Si Hermione creía que iba a dejarlo correr, estaba muy, pero que muy equivocada.