Disclaimer: Ni antes, ni ahora. Nunca fue mío. *Llora*.

A/N: Wow, se siente genial regresar. Créanme mi intensión es terminar esta historia, e incluso escribir otra xD (Cucurucho y Yopi, acá la respuesta a sus preguntas). Me gusta cerrar ciclos, y este fic es uno de ellos, un gran pendiente con FF y con The Mentalist, esta serie que tanto quiero. Así que aquí estoy con la continuación, espero sea de su agrado.

¿Por qué desaparecí tanto tiempo? El día siguiente de haber publicado el capítulo anterior de esta historia, me enteré que estaba embarazada. Vaya que la vida cambia cuando te vuelves mamá. Se vuelve maravillosamente mejor en todos los sentidos, pero no sabes a dónde se va el tiempo xD

Lo cierto es que este capítulo lo he estado escribiendo por partes. Así que estoy muy feliz de por fin venir a publicarlo. Espero que valga la pena tanta espera.

Va con cariño, para mi amiga Era Lei.


10. Para nunca olvidar

"Lo sentimos, el número que usted marcó, no está disponible o se encuentra fuera del área de cobertura. Deje su mensaje después del tono". Cuelga la llamada por cuarta vez en lo que va de media mañana. El dolor de cabeza se intensifica.

Entra a la cocineta de la oficina, se percata de que el café se ha acabado, "¡es enserio!", se dice a sí misma frustrada. Frunce el ceño y maldice por dentro.

- Jefa…

- Ahora no Rigsby –contesta secamente-.

- Es por el asunto de los Harrison.

- No tengo tiempo, voy tarde a la reunión de personal. Resuelve por lo pronto, te veo en más o menos una hora.

Y antes de que Rigsby pudiera decir otra cosa, ella ya había entrado al ascensor.

Al llegar a la sala de juntas, Virgil Minelli ya había comenzado su discurso, por lo que Lisbon intentó pasar lo más desapercibida posible. Miró entre los presentes, hasta que vio una cara amigable. Margaret Pat, médico forense de la brigada, le hizo una seña para que se sentara a su lado.

- Te he guardado un asiento –le dijo la forense en voz baja-, es extraño porque casi siempre es al revés, tú nunca llegas tarde a estas cosas.

- Estaba intentando localizar a mi nuevo miembro de equipo, se supone que Minelli va a presentarlo oficialmente, está desaparecido, solo me falta buscar debajo de las piedras.

- ¿El psíquico? –Preguntó Pat entusiasmada-, rayos quería conocerlo en persona.

- No es psíquico.

- ¿Alguna duda con la orden del día? –Puntualizó Minelli mirando seriamente a las dos mujeres-.

Ambas negaron con sus rostros.

- Bien, entonces continuemos.

-A-

- ¿Qué te parece? –Preguntó entusiasmada-.

-La verdad… sabe horrible –respondió él sonriendo-.

-¡No es cierto! –Replicó ella en medio de una carcajada-, lo dices solo por molestar, está delicioso.

-Si eso te hace feliz.

-Oh vamos, lo hice con las medidas exactas que dice la receta –ella prueba nuevamente la bebida-. No está tan mal.

-Creo que lo único rescatable es el apio –dice él mientras sostiene el pedazo de verdura. Ángela le da un manotazo en el hombro-.

...

- ¿Señor? –Luego de un momento esperando su respuesta, y al ver que el caballero trajeado parecía estar perdido en sus pensamientos; la camarera repitió la pregunta-, ¿le ofrezco algo de tomar?

- Si. Bloody mary. Es todo lo que ordenaré –Jane la miró sin inmutarse-. Solo mis bloody mary, no deje que se vacíe mi copa. Gracias.

- Si señor.

-A-

La junta ha finalizado. Lisbon prácticamente corre hacia la cafetera de la sala de juntas para adueñarse de ella.

- Eres una suertuda Lisbon –expresa con gracia Pat-, a mi me asignan a un gordo nazi hediondo como asistente de laboratorio, y tú firmas con ricitos de oro, sonrisa perfecta y míster nalgas apretables; ¡señor perdóname! Por primera vez en mi vida, conozco verdaderamente el significado de la palabra envidia –exclama la forense mientras Lisbon se atragantaba con el café por la risa que le produce el comentario-.

- No te creas, solo lleva 15 días en el CBI y ya estoy arrepentida de haberlo aceptado en mi equipo. El tipo no entiende lo que es una figura de autoridad, se manda solo; tan solo mira, debía estar aquí. Solo Dios sabe dónde estará metido.

- Lisbon, no me escuchaste ¿verdad? Repito: tengo un gordo hediondo en mi oficina. No tienes derecho a quejarte –ambas sonríen-, además, he escuchado que han resuelto 4 casos en 10 días; eso es una especie de récord ¿no? Creo que nunca se había visto algo así en el CBI.

- Si claro, esos 4 casos me han representado algo así como un año de papeleo; debo responder a tres demandas, ofrecer unas 15 disculpas, y ahora resulta que no sé cómo llenar los formularios de cierre de casos; ¿sabes cómo resolvió el último asesinato? –Pat quedó expectante-, por la comida que había en el refrigerador de la víctima, ahh, y también oliendo el cadáver, como si fuera un sabueso.

-¿Te he dicho que me encantan los sabuesos? Yo quiero un sabueso como él –dijo la forense divertida-.

- Lisbon, a mi oficina –musitó Minelli mientras pasaba por el lado de las mujeres-.

-Sí señor.

- Pronto coincidirás con él, me darás la razón –dijo la agente confiada mientras se alejaba rumbo a la oficina de Minelli-.

-A-

El dolor no merma ni siquiera un poco. Sigue allí, latente, se intensifica en cada detalle, especialmente cuando camina por los pasillos de su memoria. Mira atentamente los espacios vacíos y la escena se repite nítidamente. Charlotte tiene las mejillas llenas de salsa boloñesa, mientras que Ángela le comenta acerca de la próxima boda de su prima. Fue la última salida que tuvieron en familia. En aquel pequeño restaurante del centro de Malibú; ellos tres, sin ningún motivo de celebración, solo salieron a cenar, fue justo dos días antes de que el asesino les arrancase la vida.

Toca el anillo de bodas y le da un largo sorbo a su bebida. Por más que intenta emborracharse, el dolor no disminuye ni siquiera un poco. Probablemente solo haga más fácil que sus fantasmas se reúnan con él. Las observa sentadas allí, en el mismo restaurante de hace un año, solo que esta vez no hay risas y sus ojos están vacíos, como los vio en la escena del crimen.

Desvía la mirada; la enfoca hacia una ventana cercana, se concentra en el ir y venir de los vehículos que transitan en el exterior. Después de un rato ve su reflejo, su propio rostro sin el velo de la hipocresía, sin sonrisas fingidas, se ve tal cual es: un hombre solo, terriblemente afligido y atormentado. Ese día es para ello, para dejar de cargar por un momento la pesada máscara.

Mañana será diferente, dejará el duelo y volverá a su misión.

-A-

Una nueva jornada comienza. Jane camina a través del bullpen, viste perfectamente arreglado, impecable. El CBI está casi desolado, en ese momento solo habitado por su jefa quien trabaja desde aquel pequeño cubículo; la delata la luz encendida sobre su escritorio, como siempre, hundida en medio de folders y papeles. Él se acerca.

-Hola –dice el consultor mientras se asoma al espacio de Lisbon-.

Ella medio levanta la mirada.

-Hey –responde y vuelve a mirar la hoja que está llenando.

-Sé que estás enojada…

-No estoy enojada –Le interrumpe. Deja el formulario, recuesta su espalda en la silla y lo mira fijamente-. ¿Estás bien?

-Claro –Jane sonríe confiadamente-.

Se miran sin decirse nada. Luego de un rato Lisbon agrega…

-El tiempo es un enemigo inexorable. Pero a veces es el único remedio. Si necesitas tomarte un par de días más lo entenderé.

-Estoy bien, gracias. Sólo tenía que atender un compromiso ayer. Pero aquí estoy, listo para salir a oler cadáveres y revisar neveras –le dice mientras sonríe-.

Lisbon asintió.

Luego de insistir varias veces por contactarle el día anterior, ella se percató de que era el primer aniversario de la muerte de su familia. Ahora le parecía increíble verlo allí en pie, mostrando su mejor sonrisa como si nada. Sin dudas es un hombre fuerte.

-Está bien, te avisaré si surge algo –finalmente ella responde-.

Jane se retira y se recuesta en el sofá. Mira el techo totalmente en blanco. Su mente vuelve a abstraerse…

Está parado justo en la salida de aquella habitación del palacio de su memoria, allí está su familia, sentada en esa mesa de restaurante, inamovibles, mirándole fijamente, esperando a que él vuelva a reunirse con ellas, para seguir con las recriminaciones, con la cena insipiente y las conversaciones vacías. Jane nunca olvida, solo que sus culpas tergiversan sus propios recuerdos. Decide abandonar el lugar, camina sin voltear, pero promete regresar en un nuevo aniversario.

"Recordar es fácil para quien tiene memoria, olvidar es difícil para quien tiene corazón".
Gabriel García Márquez


Próximo: Esto no es justo, no podemos celebrar, ni darte regalos por tu cumpleaños, pero tú a mi sí –dijo Lisbon sonrojándose un poco-. … Gracias, ¡es precioso, me encantó!