Somewhere only we know

Emma observaba cómo Regina miraba fijamente el techo desde hacía cinco minutos, sin moverse, totalmente petrificada por la escena que se había desarrollado ante sus ojos algunos minutos antes.

Cogiendo su teléfono, la rubia tecleó rápidamente un SMS a Rumpel pidiéndole que no pusiera el hechizo de bloqueo en la celda. Dio su palabra por Regina, prometiendo que se aseguraría de que no se fuera a ningún lado. La respuesta positiva del viejo brujo no se hizo esperar, le prometió que Regina estaría libre hasta la reanudación de la sesión. Con un suspiró de satisfacción, Emma caminó hacia la puerta de la oficina, lo que hizo que la morena se incorporara en la cama.

«¿Emma? Emma, no te vayas, por favor»

Regina se levantó precipitadamente y se lanzó a los barrotes de la celda, la respiración lenta, la mirada aterrorizada ante la marcha de la sheriff.

La rubia no respondió nada y desapareció. Al llegar ante la puerta de entrada de la oficina, sacó el juego de llaves de su bolsillo y las deslizó en la cerradura. Después de dos vueltas, las sacó y regresó junto a la morena.

A continuación, deslizó la llave en la cerradura de la celda, haciéndola girar rápidamente ante los ojos llenos de lágrimas de la morena. Sin decir una palabra, Emma empujó despacio la puerta que Regina aún sujetaba y la tomó de la mano. La llevó hasta la cama, la rubia se sentó y tiró dulcemente del brazo de la morena. Con una sonrisa tímida, Regina comprendió lo que deseaba su abogada. Entonces, ella se dejó deslizar contra ella, colocando Emma su espalda contra la pared para poder estrechar a su compañera contra ella.

Sin hacerse de rogar, Regina se acurrucó en el cuerpo de la rubia, posando su cabeza en el torso de Emma que le comenzó a acariciar dulcemente los cabellos, acallando los sollozos que atravesaban el cuerpo y el corazón de la morena.

«Lo siento Regina…lo siento tanto…»

La morena no respondió, se conformó con alzar la mirada hacia el rostro de la rubia. Apoyando delicadamente su mano sobre la mejilla de Emma, la atrajo suavemente hacia ella, y posó sus labios sobre los de aquella a la que deseaba tanto. El beso intercambiado fue tierno, dulce, reconfortante para la que acababa de vivir la escena más dolorosa de su pasado. Pegadas la una a la otra durante largos minutos, sus lenguas entrelazadas en un delicado ballet, Emma y Regina no vieron pasar el tiempo.

Soltando poco a poco su boca, Regina se pegó al cuerpo de la rubia, estrechándola contra ella lo máximo posible. Saboreaba ese momento de paz, quizás el último que conocería, disfrutando del calor del cuerpo de su compañera, de su perfume embriagador, de sus brazos reconfortantes entre los que nada le podría pasar.

«Me gustaría marcharme…»murmuró cogiendo entre sus dedos un mechón de dorado cabello «Marchar lejos…solo contigo y con Henry. Dejar esta ciudad, este mundo…y marcharme para vivir solo con las personas que amo»

Emma sonrió y acarició la mejilla de la morena con el dorso de su mano.

«Muy pronto…después de todo esto, el sábado nos iremos…a un sitio que solo tú y yo conozcamos»

Comenzando a canturrear, Emma deslizó sus dedos por los labios de la morena y llevó su boca a su oído

«I walked across an empty land…I knew the pathway like the back of my hand»

Depositando un dulce beso en la mejilla de Regina, continuó cantando mientras la acunaba dulcemente.

«I felt the earth my feet…Sat by the river and it made me complete»

La respiración lenta y suave de Emma y las palabras de la canción que le murmuraba relajaron a Regina inmediatamente. Dando la vuelta despacio, colocó su oído en el busto de la rubia, acompasando su respiración a los latidos del corazón de la rubia.

«Oh simple thing where have you gone…I'm getting old and I need something to rely on…So tell me when you're gonna let me in…I'm getting tired and I need somewhere to begin»

Poco a poco, la morena se sintió partir, arrastrada por la fatiga y el llanto derramado minutos antes. Dejándose ir, ya no escuchó sino algunas palabras pronunciadas por la rubia.

«Is this the palce we used to love? …That I've been dreaming of?»

Mientras cantaba, Emma miró sonriendo a Regina, al ver que la Reina se había quedado dormida apaciblemente. Entonces, acercó su rostro al de la morena y terminó su canción dulcemente…amorosamente…

«Somewhere only we know? Somewhere only we know?...»

«Emma, es hora de…»

Snow se quedó parada, su cerebro no lograba registrar la escena que tenía ante ella. Su hija, su única hija, estaba acostada al lado de Regina, abrazadas la una a la otra, sus rostros desapareciendo en la masa de cabellos entremezclados.

El ruido de los pasos de David empujando la puerta del despacho de la sheriff actuó en ella como un electroshock. Sin pensar, retrocedió hasta tropezarse con su marido que venía a buscarla.

«Em…Emma no está aquí…» murmuró la morena intentando poner en orden su cabeza.

«¿Qué?» preguntó David un poco sorprendido, rascándose la barriga «Nos dijo que se quedaría con Regina hasta el comienzo de la sesión»

«Sí…sí, bueno no, en fin sí, pero…no, ella no está» exclamó la pequeña morena abriendo los ojos, moviendo las manos delante de su compañero «Se ha marchado al tribunal…en fin al ayuntamiento…¡ya me entiendes!»

«Euh…bueno no, yo…»

«No seas niño, David, ¡me has comprendido muy bien!» exclamó la morena golpeando el suelo con el pie.

El juez no tuvo tiempo de replicar porque su mujer ya le tiraba del brazo, arrastrándolo hasta el coche parado ante la puerta de la comisaría.

«La…encontraremos allí»

Al sentarse en el asiento del copiloto, la pequeña morena sacó su teléfono y le envió un mensaje a su hija.

Las vibraciones del teléfono despertaron a Emma que hizo todo lo posible por sacar su móvil de su bolsillo con cuidado, sin despertar a la morena que dormía aún en sus brazos.

Un ligero pánico la invadió cuando vio la hora en la pantalla. Solo le quedaba un cuarto de hora para llevar a Regina al tribunal. Dio vuelta a sus ojos, diciéndose que todavía tenía tiempo de despertar dulcemente a la bella durmiente. Pero esa idea se desvaneció cuando se incorporó súbitamente, casi haciendo caer a Regina que gritó ante la sorpresa.

«¿Emma? Pero, ¿qué ocurre? Casi tengo un ataque al corazón. ¿Qué te pasa?» dijo la morena abriendo y cerrando los ojos.

La rubia no tuvo el valor de responder. Con la respiración entre cortada y las manos temblorosas, enseñó a Regina la pantalla del móvil para que pudiera leer.

«¿Y? ¿Qué te pone en ese estado? Parecería que has recibido un mensaje del más allá»

Mientras leía el mensaje, la voz de Regina se hizo menos firme a medida que iba pasando las palabras.

«He pasado por el despacho…Te he visto…Hablamos esta noche. Mamá»

Poniéndose la mano sobre la boca, Regina se levantó de la cama y no pudo evitar echarse a reír.

«Emma, querida…creo que no seré la única a la que ejecutarán dentro de poco…»

«Ya no tenemos tiempo para reflexionar» dijo Whale rascándose la cabeza «¡Tenemos que matar a Regina lo más rápido posible! ¿Ha visto el giro que está tomando esta parodia de juicio? ¡Se va a salir con la suya una vez más!»

La anciana estaba ajetreada en sus fogones, el ceño fruncido, en plena reflexión sobre qué decisión tomar.

«Lo sé…lo sé» respondió ella con molestia «Esta mañana Emma ha dado un buen golpe. Ha logrado hacer cambiar de opinión a tres cuartas partes del jurado…»

«Sí, y estoy seguro que los pocos de entre ellos que no se han dejado envolver es esa comedia lacrimógena esta sobremesa han cambiado de opinión…»

«Es verdad que el hecho de que Archie y Blue hayan dicho que perdonarían completamente a Regina no va a ayudarnos a pedir pena de muerte…»

«¡Son todos unos débiles! ¡Todos! Archie, Blue, Snow, Ruby…»

«¡No hable mal de Ruby!» gritó la anciana amenazando a su interlocutor con una sartén «¡Ella solo se ha dejado arrastrar por su gran amiga, Snow! Nada más…»

Whale levantó los brazos en señal de paz y se desfogó dando una patada a la mesa.

«Incluso Rumpelstilskin parece estar de su lado…es…es aberrante. Ella ha matado, torturado a centenares de personas y se va a librar, ¿todo porque su madre la maltrató un poco cuando era joven? No, ¡algo no marcha en la cabeza de estas personas!»

«Cálmese…enfadarse no sirve de nada, y va a alborotar la mitad del restaurante. Haremos lo que habíamos previsto…Envenenaremos la comida de esta noche, Regina come, muere en la cama…nadie nos relacionará con eso. Mañana por la mañana esta historia habrá acabado»

Whale asintió y sacó una ampolla de su bolsillo.

«Eche esto en una salsa, en una crep o en cualquier cosa que se le ocurra» explicó él con expresión maléfica, el ceño fruncido «El efecto no es inmediato, podrá acabar de comer tranquilamente, la muerte llegará dos o tres horas después»

«¿Va a…a sufrir?» preguntó la anciana con tono poco firme.

«Oh, sí…le prometo que sí…» respondió el doctor, con un rictus sádico en el rostro.

«Entrega de cena a domicilio» gritó Emma entrando en su despacho, con una gran bolsa de papel en la mano.

Regina no pudo evitar sonreír al ver a su bella llegar con su comida, como cada noche desde el comienzo del juicio.

«Leroy, ¿puedes dejarnos?» pidió educadamente la rubia mirando al enano que escondía rápidamente lo que tenía en la pantalla «¿Otra vez jugando al póker?»

«Creo más bien que el señor tres pulgadas visita páginas donde las mujeres están en poca ropa…o incluso totalmente desnudas» dijo Regina con los brazos cruzados, apoyada en los barrotes

El enano no se tomó la molestia en responder, apagó rápidamente el ordenador y se precipitó hacia la salida como un adolescente pillado in fraganti.

«Encantador» añadió la rubia haciendo una mueca.

«No, Encantador es el imbécil que te hace de padre» respondió Regina sin pensar, abriendo de par en par los ojos de repente al darse cuenta de lo que acababa de decir.

«Está bien, está bien…sé que no es sencillo para ti…» se burló Emma de ella con una sonrisa ladeada.

« Necesitaré perder algunos reflejos en el futuro» murmuró la morena rascándose la punta de la nariz.

Emma sonrió ampliamente y un brillo apareció en sus ojos, amplificando la alegría que Regina pudo leer en su rostro.

«¿Qué?» preguntó Regina tras los barrotes.

«Piensas en el futuro…eso quiere decir que confías en mí y que sabes que esta historia puede acabar bien»

Regina retrocedió un paso mientras que la rubia abría la puerta de hierro y la tomaba en sus brazos, apoyando su cabeza en el cuello de Emma que suspiró de placer.

«Siempre he confiado en ti…Pero te confieso que desde ayer, creo sinceramente que puedo salir de esta. Gracias a ti. El testimonio de Archie, de Blue…con lo que pasó esta mañana con Snow, creo que te has marcado tus puntos»

La rubia rodeó a su compañera con sus brazos, manteniendo la bolsa de la comida con sus dedos y besó delicadamente a Regina, apreciando cada segundo, saboreando la dulzura de los labios de su compañera. Cuando sus lenguas comenzaron a juntarse y el beso se transformó en agarre apasionado, la abogada se detuvo antes de que todo se desmadrase.

«Wow…» suspiró ella apoyando su frente en la de Regina «Es necesario…es necesario que moderemos nuestros ardores, aún no he recibido la respuesta de Rumpel sobre si puedo pasar la noche aquí, sin que seas retenida por la magia»

Regina no respondió, se contentó con guiñar un ojo a la rubia que se estremeció al imaginar lo que la morena le podría estar reservando.

«¿Qué cosa rica me has traído esta noche?» dijo la prisionera para cambiar de tema. Cogiendo la bolsa, se sentó en la cama desembalando la comida preparada algunos minutos antes.

«Te he traído una ensalada mixta, pollo y ¿qué más?... una botella de agua con gas y una tarta de manzanas para el postre…»

«¡Qué encantadora atención!» murmuró la morena sacando los platos uno a uno «¿Y tú? ¿Hamburguesas y papas fritas como siempre?» continuó poniendo los ojos en blanco.

«¡Madame me conoce bien!» respondió la rubia sacando a su vez sus platos «Doble de queso, doble de carne…»

«Y doble de kilos en las caderas» exclamó Regina hundiendo su tenedor en la ensalada «Deberías poner cuidado, Emma…no son sanas todas esas cochinadas»

«¿Cofchinadas? ¿Plamas a efto comchinadas?» dijo la rubia masticando un enorme bocado de su hamburguesa «Es…» tragó con poca elegancia «¡Es orgásmico! No lo sabes tú bien…»

«¡Estaré muy contenta de enseñarte lo que es un orgasmo, querida…verás que no tiene nada que ver con tu odiosa tasa de grasa que llamas comida!»

La rubia casi se ahoga con el buche de refresco que acababa de sorber con la pajita. Con los ojos como platos, no acababa de creerse lo que le había respondido Regina.

«Yo…tú…wooooow…Ok…cuando tú quieras» intentó articular entre dos golpes de tos.

«Sálvame la vida mañana…¡Y te prometo que te haré olvidar todo lo que has conocido hasta ahora!» respondió la morena con una sonrisa de victoria en los labios «Mientras tanto, saborea esto»

Pinchando de nuevo en la ensalada, cogió un trozo de pollo, de manzana y de nuez y lo acercó todo a la boca de la rubia.

«¡He aquí lo que llaman comida!»

Sin darle elección, metió el tenedor en la boca de Emma, que masticó concienzudamente, con la expresión un poco asqueada.

«Vale…lo confieso, Granny cocina bien, pero bueno…¡se le dan mucho mejor las hamburguesas!»

«Eres imposible…» respondió la morena poniendo los ojos en blanco.

«Lo sé…» se burló la rubia sacándole la lengua.

Después de algunos segundos de silencio, Emma dejó la hamburguesa en su caja de cartón y se frotó las manos.

«¿Qué…qué vamos a hacer?»

«¿Sobre qué?» preguntó la morena masticando delicadamente su ensalada.

«Nosotras…nosotras dos…nuestra relación» respondió tímidamente la rubia encogiéndose de hombros.

«Yo…no lo sé Emma» dejando su plato sobre la cama, la morena se giró hacia su abogada y le tomó las manos. «Tengo tanto miedo de morir mañana que te confieso que toda esta historia…las posibles consecuencias, el miedo a estar juntas…la vida con tus padres…me da absolutamente igual todo»

«¿Te…da igual lo que pase con nosotras?» Emma se asombró, aturdida por lo que Regina acababa de anunciarle «¿Nuestra relación…lo que estamos viviendo en este momento no…no te interesa?»

«¡No es eso lo que digo, en absoluto!»

Regina se acercó a su compañera y apoyó su mano en su mejilla, atrayéndola un poco más hacia su rostro.

«Emma, estoy feliz con lo que está pasando entre nosotras. No me preguntes por qué, pero…en mi interior, sabía que un día u otro, nos acercaríamos. Y créeme, en este momento es lo que más cuenta para mí»

La rubia tragó saliva esperando que la antigua Reina pronunciara un "pero".

«Lo que quise decir es que si mañana el tribunal decide dejarme libre…entonces ya no me importarán las miradas de los demás. Si me dan una segunda oportunidad, haré todo lo posible para que seamos felices…para que Henry sea feliz. Y si eso implica afrontar la mirada de la gente, o la cólera de los Charming porque les he robado a su hija…entonces lo haré»

El corazón de Emma se derritió en ese momento escuchando la declaración de la morena. Las lágrimas se derramaban por sus mejillas sin que pudiera detenerlas. Sin decir palabra, se lanzó sobre Regina y la estrechó contra ella. Después de algunos segundos de abrazo, la morena posó sus labios en los de Emma en un beso casto, pero terriblemente dulce.

De repente, el ruido de la puerta de la oficina abriéndose de golpe las hizo sobresaltarse. Esperándose ver aparecer a su madre, Emma no retiró sus manos del cuerpo de la morena, porque no quería herirla después de todo lo que le acababa de confesar.

Pero con sorpresa, no era Snow a la que vieron llegar totalmente asustada, sino a la anciana del restaurante.

«¿Granny?» preguntó Emma levantándose «¿Qué ocurre?»

«¡No comáis!» gritó la anciana totalmente sin respiración «¡No…comáis…sobre todo…el plato de Regina está envenenado!»