¡A nuestro modo!
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Disclaimer: Naruto no me pertenece.
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Chitsu suspiró, cansada, resignandose a buscar de nuevo el banquillo. ¿Por qué no podía haber sido un poquito más alta? Ser regordeta nunca le había molestado, en su clan, todos eran así. Además, a diferencia de otras mujeres de escaso peso, ella nunca se procupaba por dietas o calorias.
La muchacha de veinte años pusó el banquillo y se subió a el para abrir el horno más alto y sacar los pastelillos ya cocidos. La mujer sonrió, cocinar siempre había sido algo que ella amaba. Era buena en ello y todo el mundo lo apreciaba. Por eso, al abrir su modesto pero propio negocio, había tenido muy buena acogida. Al principio la gente no parecía muy animada a entrar, se recordo, pero cuando luego de un par de semanas los rumores sobre una pasteleria que vendia postres deliciosos a precios razonables se expandio y los clientes se multiplicaron.
Eran las cinco y media de la mañana y estaba glaceando sus ultima tanda de pastelillos del día, mientras el pan aún se cocia en los dos hornos siguientes. El olor a pan era reconfortante, mientras que el olor dulzón del chocolate y la crema pastelera lo hacían más suave.
Ella abría a las seis en punto, a veces un poco antes, para que los ninjas que partían en una misión tuvieran un buen desayuno. Chitsu, tomando la bandeja llena de pastelillos la dejo, con cuidado y estirandose, en la mesada. Cerró y apago el horno, satisfecha con el aroma y la apariencia aún desnuda de su creación.
La muchacha regordeta miró el reloj y pensó en abrir primero y luego dedicarse a decorar el pastelillo. Así lo hizo. Abrio las puertas y miro que la calle principal que daba a la salida de la aldea estaba vacia y los primeros rayos del amanecer se filtraban ya por entre los árboles. Hermoso.
Chitsu estaba decorando con cuidado los pastelillos cuando la campanita escucho a algunas personas entrar. Seis y tres minutos, que puntuales. La joven se levanto de su silla en la parte trasera del local y salió a la parte del frente donde sus postres estaban excibidos al cliente.
— ¡Tengan muy buen día!— Saludo, contenta, la dueña de "Pasteleria Akimichi".
Chitsu miró a los tres hombres de aproximadamente su edad que, con una sonrisa, le desearon feliz día. Los miró un instante mientras ellos examinaban sus vitrinas, eligiendo su futura compra. Shikaku Nara, el más alto y más desganado, novio de Yoshino, una chica fuerte de aspecto bueno. A su lado, cerca de las galletas de chocolate, estaba Inoichi Yamanaka, claramente distinguible por su sonrisa ambale y su platinado cabello largo. El último y a simple vista más llamativo era Chouza Akimichi.
Chitsu se sonrojo e inmediatamente busco que hacer, pero para no desantender sus clientes decidio iniciar conversación:
— ¿Tienen una misión?
— Si ¿Somos sus primeros clientes?— Inoichi pregunto, sonriendo.
— Si, solo ninjas aparecen antes de las ocho.
— Ya veo— el rubio contesto — ¿Cuál es el más delicioso?
Ella salio de detrás del mostrador y, tranquilamense te paro a un costado del ninja de su clan.
— Chouza-san tiene buen ojo, los pastelillos son mi orgullo— La muchacha dijo.
— EL glaceado es bueno— Chouza expreso.
— Gracias.
A decir verdad, pensó Chitsu, a ella ese chico siempre le había gustado. De niños habían jugado mucho juntos, pero su carrera ninja a los doce los separo irremediablemente. Ahora hablaba poco con él, pero, tontamente, aún ansiaba que el reparase en ella.
Pero no tenía demaciadas esperanzas, ella era solo una más del clan, no era ni la más bonita ni la más fuerte.
Pero ese día el parecía deprimido, mucho. Se dio cuenta instantáneamente y un ruidito le llamo la atención. En la parte de atrás, el agua hervia bulliciosamente. Se disculpo un segundo y se fue atrás. Miró la pava con el agua y un termo. Sonrió y preparo rápidamente un litro de té, que era lo que el termo podía contener y lo llevo con ella hasta la parte del frente de la tienda donde los ninjas directamente hicieron sus pedidos.
— ¿Cuánto es?— Pregunto Chouza.
— Cortecia mía— Negó ella, no dispuesta a recibir dinero.
Chitsu extendio la bolsa con el pedido y agrego también el té. Los ninjas la miraron sorprendidos, incistieron en pagar, pero ella se sonrojo y rió suavemente.
— Es solo que parecían un poco tristes, solo espero que esto les alegre un poco el día.
Shikaku e Inochi repararon inmediatamente que la chica se había dado cuenta de cuan mal estaba Chouza esa mañana, y no pudieron hacer otra cosa que sonreirle en silencio.
Ella se pregunto si ellos sabrían que acababa de regalarles su desayuno.
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— ¿La conocías, Chouza?— Preguntó Inoichi, fuera de la aldea, comiendo una galleta.
— Si, jugabamos cuando eramos niños… se llama Chitsu, creo.
— Parece amable.— Shikaku agregó— Perceptiva, también.
Chouza asintió, ciertamente, hace mucho tiempo que no hablaba con ella.
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— ¿Chitsu-san?
La chica se giro, entregando el pedido a un cliente y miro a quien la llamaba por su nombre. Sonrió y asintió, nerviosa, tocandose en cabello en un gesto natural.
— Si, ¿Necesitas algo?— Pregunto, amable, limpiandose las manos en un delantal.
— Queria devolverte esto— Dijo él, entregandole el termo— Muchas gracias por el té.
— Oh, no es nada, solo era un poco de té.
Chouza la miró por un instante y sonrió, si la recordaba, era aquella niña que siempre reía por cualquier cosa y que, dulcemente, siempre procuraba hacer sentir bien a los demás. Timida y modesta.
— Nosotros soliamos jugar de niños— Ella asintio.
— Lo recuerdas.
— También recuerdo que vivías sonrosada— Ella se rió, nerviosa— Justo como ahora.
— Si, lo sé.
— No recuerdo porque dejamos de hablar— Chouza comento, sonriente.
— Fue porque no tenías tiempo para jugar conmigo, luego la epoca de "las nenas con las nenas y los nenes con los nenes" y creo que luego, con el tema de los ninjas solo no se dio.
Chouza rió, recordando la época en que las niñas "tenian piojos" y los niños alguna enfermedad contagiosa de la estupidez. Siguió hablando con ella, suavemente, de los tiempos pasados. Había descubierto que ella sabía más de él que él sobre ella. Pensandolo bien, ella sabía mucho de todos.
— Las clientas vienen y me cuentan. Yo solo escucho, no me gusta preguntar de vidas ajenas, pero la gente solo viene y habla conmigo. Me gusta eso.
Chouza estallo en carcajadas, dejandola atonita.
— ¿Cómo yo, que vengo y te hablo de la nada luego de años de no hacerlo?
Ella sonrio dulcemente.
— Lo repito; me gusta esto.
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A Chouza se le hizo costumbre ir a comprara aquella pasteleria y quedarse conversando con la joven que atendía. Chitsu era, sin duda, una mujer amable. En ocaciones ella pensaba que él solo era amable con ella, sin ningún interes especial. Todos hablaban con ella, y luego se iban sin ningotra intencion que contarle sobre un ex novio atrevido o una hija desconciderada.
Pero le sorprendio mucho cuando, luego de unos instante de dudas, Chouza la invito a cenar.
— Claro, me encantaría— Ella susurró, apenada.
Y las cenas se repetían, las conversaciones en la pastelería, las tardes en que el la acompañaba a casa y las risas que aquel local guardaba.
Chitsu era encantadora, y Chouza, al igual que todos, quedo encantado con ella.
Tanto, se dijo, que luego de tantos años de matrimonio se sorprendia de lo dulce y pereceptiva que era su mujer.
— ¿Lo haz notado, amor?— Le dijo ella una mañana.
— ¿Qué cosa?
Chitsu sonrió, riendo quedamente, mirando como su hijo entraba con las mejillas ligeramente sonrosadas y una cajita oculta entre sus manos.
— Apuesto, querido— Comenzo— Que pronto Chouji traera una chica.
Dos semanas luego, su profesía se cumplio. Chouza concideraría iniciar a su mujer en los juegos de azar.
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Ok, matenme por no actualizar hace mucho pero no me venían ideas para esto y no quería traerles basura. Además, de esta pareja hay poco y nada y no quería hundirla o algo así.
Espero que les guste mucho, la proxima en serio va a ser todo un reto. Besos.
