Un Nuevo Destino

Capítulo 10- Preludio del Destino

El líder Sheikah había conseguido salir con vida con una buena parte de su ejército intacto y otra más que solo presentaba heridas leves. Su apariencia era quizá demasiado tranquila, pero dentro de él, sus entrañas ardían con una furia inexplicable y oscura.

Cuando se hubieron reagrupado en el castillo, comenzaron a fabricar armas y a reforzar sus armaduras, pero su líder tenía un lugar diferente en mente. Se dirigió a la torre más alta del castillo y se encerró en la habitación que había sido destinada para albergar al Resonador Oscuro. La energía espiritual manaba a torrentes de aquél pozo, y el líder se dejaba envolver por una sensación inexplicable. Era la hora de acabar con todo.


Link y Malon se habían separado para asistir en la organización del ataque final. Malon ayudaba a las Gerudo y a los Zora, mientras que Link asistía a los Kokiri y a los Goron. El resto de la gente se organizaba por sí sola, formando parte de la columna vertebral del ejército. Los aldeanos fabricaban armas improvisadas y reparaban cualquier pieza que fuese salvable.

Justo antes de despuntar el alba, el ejército estaba en posición, listo para marchar directamente hacia el castillo de Hyrule. Entonces, hubo una advertencia. Algunos soldados Sheikah lanzaron sus ya conocidas agujas negras con la esperanza de quebrantar el espíritu del pueblo, pero esto solo consiguió enfurecerlo más. La gente había construido escudos improvisados que los protegieron durante la lluvia, y cuando pasó, la gente se colocó en formación. No hubo discursos, no hubo rituales previos al combate. Solo un tenso silencio. Link recordaba fragmentos de algunas conversaciones que había tenido con Kafei, Malon y Mido momentos antes de salir al campo de batalla. Parecía que albergaban nuevas esperanzas en sus corazones. Link sabía que tenía que proteger esas esperanzas a toda costa.

De pronto, dirigió su vista hacia Malon. La joven estaba entre las mujeres Gerudo, sosteniendo su arco como si hubiese practicado con él toda la vida. Se sentía orgulloso de poder luchar junto con sus seres amados, y a pesar de que Navi no estaba con él por razones de seguridad y discreción, sabía que también luchaban juntos.


De pronto una serie de objetos semiesféricos salieron disparados sobre las paredes del castillo. Link ordenó que la gente se preparara para un impacto y a los pocos segundos, una serie de explosiones seguidas de gruesas cortinas de humo dejaron confundida a la gente. Link se movilizó enseguida y con ayuda de Anju y Kafei, logró disipar el humo, al menos de momento. Casi de inmediato, los asesinos Sheikah hicieron su aparición. Malon tensó la cuerda del arco y apuntó.

-Están muy lejos.-dijo Kadhara en voz baja-No acertarás.

Malon solo levantó su torso y soltó la cuerda. La flecha dibujó un arco y quedó incrustada en la mano de un asesino, quien se retorcía de dolor. Kadhara la miró con asombro y Malon le dedicó una mueca confiada. Sin embargo, los asesinos contestaron con una aguja negra que voló en línea recta y se incrustó en el pecho de una Gerudo. La sangre salpicó a Malon en el rostro. Sus ojos se encendieron ante la respuesta enemiga. Estaban empatados.

Link había observado la escena y pensaba en una forma de romper el empate. Además, ninguno de los bandos había dado la señal de lanzarse a la carga. Necesitaba movilizarse. Sin embargo, sus ansias fueron detenidas por el sonido de un corcel que se acercaba a ellos. Era el líder de los Sheikah.

-Entréguenme a mi hermana y puede que, no los mate tan lentamente como planeo.-anunció con ira escondida en sus palabras. Sonaba alterado.

-Planeabas matarnos a todos desde el inicio. No vamos a negociar más.-dijo Darlend con firmeza.

-Es cierto. Entonces, tomaré lo que es mío por la fuerza.

Dicho esto, sus hombres se colocaron en posición. Había llegado la hora.

-¡Mátenlos a todos!-gritaba el líder Sheikah. Parecía que se transformaba poco a poco a causa de las oscuras sombras en su corazón.

Link se movilizó junto a su equipo y al poco tiempo, las dos fuerzas chocaron brutalmente. La sangre corría como ríos desbordados. Link pasaba entre los asesinos de la misma forma en que su espada los cortaba. Todo parecía dar vueltas a su alrededor y amenazaba con aplastarlo si dejaba de moverse. Malon disparaba flechas tan rápido como podía, montada en el lomo de Epona. La joven y la yegua eran como una saeta de fuego que quemaba la tierra conforme avanzaban, pero los Sheikah eran como leones implacables.

Los Zora, a pesar de ser pocos en número, eran elementos importantes. Su velocidad permitía a los demás equipos moverse con mayor libertad y, en coordinación con los Goron -cosa que se había visto pocas veces- lograron abrir una brecha en las defensas enemigas. Los Kokiri fueron quienes se ofrecieron a pasar por la brecha. A pesar de su tamaño y apariencia, los niños habían aprendido el crudo arte de luchar. Link no podía evitar maravillarse ante su coraje, sobre todo ante Mido, quien los lideraba como todo un general.


Las mujeres Gerudo continuaron con el asalto y dieron tiempo a los Zora de buscar una entrada en las alcantarillas del pueblo del Castillo. A pesar de lo complicado de la labor y del carácter típico de los Zora ante ese tipo de situaciones, los soldados no titubearon, además de que llevaban armaduras especiales para mantener su piel hidratada y protegerlos de agentes externos. Link, Anju y Kafei trataban de llegar hasta la puerta, cuando de pronto, se toparon con el líder de los Sheikah. La memoria de Link no pudo evitar conjurar imágenes de varios años atrás, cuando enfrentó a Ganondorf por primera vez, siendo aún un niño. Reaccionó a tiempo para esquivar a su adversario montado en un corcel negro, pero su oponente volvió a arremeter contra él. Link tomó una posición defensiva y logró derribar al líder de su montura. Anju y Kafei prosiguieron con sus labores mientras Link recorría el campo de batalla en busca de aliados en problemas. Ayudó a unos cuantos Goron y a un grupo de Kokiri que había sido acorralado por los asesinos. Malon también se percató de los Kokiri y fue en su ayuda, apoyando a Link. Los dos intercambiaron una mirada reconfortante y se separaron, dirigiéndose hacia la puerta.


Los Goron estaban al frente, cargando sus explosivos para tratar de derribar el puente que les impedía el paso. Sin embargo, los Sheikah eran rápidos y los Goron caían rápido. Link hacía cuanto podía, pero poco a poco, los enemigos iban ganando terreno. Parecía que los Sheikah romperían las defensas del pueblo de Hyrule, pero en ese momento, un grito de guerra llegó a oídos de todos desde una colina al sur del castillo. Una figura elegante montaba a un semental blanco y tras de ella, una inmensa multitud de soldados de diversas razas. Link contempló a la figura un breve momento que pareció prolongarse eternamente. La batalla a su alrededor casi se había detenido. No cabía duda de quién lideraba aquella multitud.

-¡Miren, es la Princesa Zelda!

-¡Está aquí! ¡Ha llegado!

-Lo ha logrado.-dijo Link aliviado. Acto seguido, vio que la Princesa levantaba su espada al cielo. La hoja resplandeció como un diamante y después, la Princesa gritó:

-¡Por Hyrule!

Los soldados se lanzaron al combate y su acometida inspiró al cansado pueblo de Hyrule a continuar luchando. El choque sacudió a los Sheikah, haciéndolos retroceder hasta quedar prácticamente arrinconados. Entonces, los Goron hicieron su jugada, volando el puente en mil pedazos, a lo que el resto del ejército se dirigió hacia el castillo.


Zura estaba encadenada, custodiada por dos guardias Goron que la llevaban con sumo cuidado. La mujer no ofrecía resistencia, pero debido a la batalla, estaba nerviosa. A momentos veía a su hermano intentar acercársele. Incluso logró verlo cara a cara, pero la imagen la llenó de miedo; el rostro de su hermano ahora era más duro, sombrío. Era como si algo hubiese borrado su humanidad, remplazada por una sed insaciable de sangre.

De pronto, la realidad la golpeó con una fuerza descomunal. Su hermano había logrado eliminar a sus custodios sin ningún tipo de ayuda. Los ojos del hombre eran como dos brazas sacadas del mismo infierno.

-¡Rápido, Zura!-dijo tomándola de la mano, pero la joven la apartó con velocidad. Ante esto, el Sheikah la miró impresionado y ofendido.

-¡Te dije que no volvieras a dudar así!

Estaba a punto de ser golpeada cuando un par de soldados Zora lo interceptaron, tomaron a la mujer y salieron corriendo hacia el puente derribado. El líder Sheikah trató de alcanzar a su hermana, y ya casi la había alcanzado cuando Zelda se le interpuso. Con un giro rápido, el Sheikah evadió a su contrincante y siguió corriendo. Entonces, Zelda azuzó a su caballo, a lo que el Sheikah respondió con varias agujas negras que se dirigían directo al cuello de la Princesa. Zelda esperaba la sensación de aquellas puntas en su cuello, pero el dolor nunca vino. En su lugar, se escuchó el impacto de metal contra metal. Cuando la Princesa abrió los ojos, vio que un gancho apartaba las agujas con velocidad y se dirigía hacia el líder de los asesinos.

Link esperaba que su gancho fuese suficiente para dar tiempo a Zura y a la Princesa de escapar, pero el asesino reaccionó a tiempo y logró hacer serpentear a la cadena de manera que se dirigiera al pecho de la princesa. El impacto era inminente. De pronto…


Los ojos de Link estaban casi desorbitados por la impresión. La imagen que estaba presenciando había rebasado todo lo imaginable. El líder de los Sheikah sentía que su pecho era desgarrado por una bestia salvaje, su cordura se evaporaba en el calor de su sangre. Zura estaba de pie frente a la princesa, sus ojos derramando lágrimas con emociones desconocidas. De su pecho brotaban abundantes chorros de sangre a causa del gancho que la atravesaba.

Link y Zelda acudieron de inmediato a asistirla, a tratar de salvarla. Con lágrimas en los ojos, Zura dijo con voz cortada:

-Por favor… debes… salvarlo. Él ya… no es el… hermano al que… alguna vez amé. Por favor… Sálvalo.

-¡No hables más! ¡Conserva tu energía!-dijo Zelda en un tono maternal.

Link tomó la mano de Zura entre las suyas y murmuró:

-Te juro que lo salvaré. Cueste lo que cueste.

Zura sonrió mientras su mano caía al piso y perdía el conocimiento, sus lágrimas rodando por sus mejillas.

Entonces, un aullido desgarrador resonó en el campo de batalla. El líder Sheikah lloraba la muerte de su hermana. Todo por salvar a su enemigo.

¿Por qué? ¿Por qué?

De pronto sus ojos se posaron en el guerrero con el rostro cubierto. No le importaba conocer su nombre. Solo deseaba matarlo.

-¡Tú me la quitaste!-bramó con furia ciega mientras trataba de cortar a su oponente.

El guerrero bloqueó sus movimientos y lo apartó con una patada en el rostro. Después dijo con voz fría, como un profeta de tiempos remotos:

-Tú mismo fuiste quien la apartó de ti. Tú y tu odio ciego hacia el mundo son los responsables.

El líder de los asesinos rugió de nuevo y se lanzó contra su enemigo. Link supo entonces que había perdido del todo la razón. De repente, en un descuido, la hoja del asesino logró arrancarle parte de los vendajes que usaba para mantener su rostro oculto. Sus ojos azules parecieron paralizar al líder rebelde por fracciones de segundo.

Al instante siguiente, el Sheikah volvió a atacar, pero su contrincante logró esquivarlo y conectarle tres patadas giratorias en el rostro.

Link comprobó el estado de su herida. No era serio, pero sabía que le ardería un buen rato. Se limpió y mantuvo la distancia, mientras su adversario volvía a arremeter. Entonces, bloqueó otro ataque y derribó al Sheikah, haciendo que huyera hacia el castillo.

Darlend había presenciado la escena y al ver que el líder de los enemigos huía, alentó a Link a perseguirlo. Link, al darse cuenta de que le faltaba un artículo crucial para el éxito, comenzó a gritar:

-¡Un instrumento! ¡Una ocarina, un harpa, lo que sea!

Mido fue quien le lanzó su ocarina. Link la tomó en el aire y corrió en busca de su enemigo. Entonces, escuchó el sonido de un corcel galopando muy cerca de él. Era Epona, con Malon y Navi como jinetes. Link montó a la yegua de un salto y galopó hasta que el castillo estuvo a pocos metros. Entonces, desmontó mientras le gritaba a Malon que se quedara ahí. La joven aceptó a regañadientes, pero se esforzó en mantener a cuántos enemigos

pudo lejos de Link, mientras éste entraba al castillo.


Link solo pensaba en detener al líder Sheikah antes de que activara el Resonador Oscuro y dejara caer una horda de espíritus iracundos sobre el reino. Sus piernas, ya adoloridas por la batalla, daban toda la energía que aún tenían. Link luchaba contra sí mismo para poder controlar sus emociones y cumplir su tarea con la máxima eficiencia posible. A pesar de la batalla que se desenvolvía con ferocidad, los Sheikah hacían hasta lo imposible por evitar que Link diera un paso más. Agujas, explosivos, ataques frontales, cada vez más caían en la desesperación.

Link evadió a todos los enemigos que pudo y se adentró en el castillo, atravesando los amplios jardines. Por desgracia, muy poco de lo que vio coincidía con los recuerdos de su infancia. Tuvo que confiar en sus instintos para encontrar el camino más corto hasta el paradero de su enemigo.

Tras cruzar un amplio pasaje, llegó a la torre. Sus sentidos le indicaban una gran concentración de energía espiritual. No había duda. Comenzó a subir las enormes escaleras, pero estaba preocupado. No había enemigos en el área, o al menos, no los sentía. Sin embargo, en cuanto llegó a un nuevo piso evidentemente más grande, pudo distinguir a dos asesinos que lo esperaban con armas en las manos.

Link no lo pensó dos veces, tendría que eliminarlos si quería llegar hasta su objetivo. Y por lo visto, sus adversarios no tenían la más mínima intención de dejarle pasar. Solo intercambiaron miradas fugaces antes de que sus espadas chocaran violentamente.

En el transcurso de la batalla, Link pudo aprender a leer sus movimientos y obtener la ventaja, sin embargo, todo cambió cuando un flujo de energía oscura se apoderó de los dos Sheikah. Link apenas tuvo tiempo para procesar la radical transformación que los hombres sufrieron a causa de los espíritus. Sus ataques y su mismo comportamiento se volvieron más agresivos. Link hizo lo que pudo, pero al menos en dos ocasiones, recibió dos impactos que le provocaron un intenso dolor y sangrado. Si continuaban hiriéndolo, no podría enfrentar al líder Sheikah apropiadamente. Estaba esperando un milagro.

Y en ese momento, sus oponentes comenzaron a sufrir a causa de un dolor agudo. El héroe se compadecía de su situación, pero no podía detenerse ahora, así que acabó con ellos en un par de movimientos fugaces, y mientras subía los últimos escalones, rezó en silencio.


No podía haber marcha atrás. Sus sentidos no le engañaban y el tiempo se agotaba. Link estaba justo frente al origen de aquél torrente de energía que amenazaba con caer sobre Hyrule y destruirlo todo en cualquier momento. Abrió la puerta y se preparó para lo que fuera que el líder Sheilah tuviera preparado para él.

Su adversario lo miraba con un fuego oscuro en los ojos. Se había preparado casi de manera ritual para el último enfrentamiento. Sostenía un escudo liviano y una espada larga y afilada. Link puso mano a su espada y estudió los posibles movimientos de su oponente a sabiendas de que él haría lo mismo. Sabía que sería una batalla muy pareja.

-No me importa quién seas.-dijo el Sheikah.-No me interesa saber cómo es que has llegado hasta aquí. Todo lo que necesitas saber es que vas a morir junto con todos esos perros traidores. Todos ustedes recibirán el castigo que merecen. ¡El día de hoy haré justicia!

Los dos se lanzaron al frente y desaparecieron, como si se hubieran evaporado en el aire. Acto seguido, aparecían y desaparecían como visiones febriles. Sus movimientos eran como los relámpagos de una poderosa tormenta. Sus espadas eran como olas que rompían una y otra vez en medio de la tempestad. Sin embargo, Link pronto descubrió que sus ataques no surtían efecto del todo. El escudo impedía acercarse para un golpe fatal y cuanto más lo golpeaba, más cansado se sentía. Pronto aparecieron heridas en sus brazos, piernas y rostro y sus músculos comenzaron a ceder.

A momentos, contemplaba el inmenso artilugio que era el Resonador Oscuro. Su forma de fuente presagiaba un futuro catastrófico para todo Hyrule. Tenía que impedir que todos esos espíritus llegaran a infectarlo todo. Logrando alcanzar una distancia segura entre él, su oponente y el Resonador, esperó la oportunidad para retrasar el flujo de energía.

El líder Sheikah leyó las intenciones de Link y se interpuso entre él y el Resonador. Link estaba acorralado y necesitaba idear un plan para destruirlo. El Sheikah volteó a ver el Resonador Oscuro con una mueca demoniaca y se acercó. Colocando sus manos sobre el flujo espiritual, comenzó a dejarse envolver, aceptándolo sin más.

-¿Qué estás haciendo?-gritó Link mientras las sombras transformaban al hombre en una abominación.

-¡Contempla el rostro de la perfección! ¡Admira el poder de la justicia divina que limpiará esta tierra de sus impurezas!-exclamó el Sheikah mientras reía incontroladamente, ebrio de poder.

Cuando las sombras terminaron de devorar los restos de su cordura, arremetió de nuevo. Link ya no podía bloquear sus ataques con la misma velocidad. Las heridas dificultaban su movilidad y a cada segundo que pasaba, su fuerza se agotaba.

De repente, una ventana se abrió. El Sheikah, incapaz de controlar sus impulsos, lanzó su espada con la intensión de herir a Link, pero el héroe la esquivó con un salto. Aprovechando el que su oponente no lo perseguía, Link tomó la ocarina y tocó la melodía que había descubierto aquella ocasión en la cámara mortuoria de aquellas ruinas. Invirtió las escalas, tal y como el espíritu de Sheik le había indicado y esperó a que la melodía hiciera efecto en el Resonador. Casi de manera inmediata, Link detectó que el flujo de energía oscura se volvía más lento. ¡Era su oportunidad!

-¡Solo destruye el centro del Resonador!-dijo la voz de Sheik en su cabeza. El héroe tomó su espada, y golpeó el centro del artefacto con fuerza descomunal. El Sheikah aulló de dolor al sentir que su poder se le escapaba, sus demás sentidos aún adormecidos. Mirando a Link, se lanzó hacia él con intenciones de matarlo, pero Link hizo acopio de sus últimas fuerzas y contraatacó.

Primero, evitó el golpe del escudo, colocando su pie sobre la madera y se impulsó para golpearlo en el torso. El Sheikah entonces orilló a Link a una esquina, pero el héroe dio media vuelta, trepó unos cuantos centímetros, giró como un tornillo y quedó suspendido horizontalmente, sosteniendo los hombros de su adversario. Enseguida, se impulsó hacia adelante y conectó su rodilla contra la nariz del asesino.

Enseguida, lanzó su espada contra su rostro, pero fue bloqueado y la hoja salió disparada. Sin embargo, Link aprovechó el resorteo para atacar con sus manos desnudas, conectando cada golpe con precisión. Y entonces, sucedió lo increíble.


El líder Sheikah, ya sin control, lanzó su espada. Link saltó y aterrizo graciosamente sobre la hoja, usándola como trampolín al conectar un par de golpes. Después, esquivó el escudo y usando las puntas de sus dedos, impactó el hombro, lastimando los músculos y los nervios. El Sheikah soltó el escudo y lanzó de nuevo su espada, pero Link la apartó y entonces, jugó el as bajo su manga. Lanzó su brazo con sus últimas fuerzas y activó la hoja oculta en su bracera. El filo perforó el otro hombro, pero Link giró su muñeca violentamente, provocando que el hombro de su enemigo se dislocara con un horrendo crujido.

El líder Sheikah soltó su hoja, asombrado de lo que acababa de ocurrirle. Link reaccionó, tomó la hoja, y lanzando un agudo grito, la hundió en el abdomen de su némesis. El hombre se abalanzó sobre Link, abrazándolo mientras la sangre escapaba de su boca. Link lo depositó con cuidado en el suelo y lo miró fijo a los ojos. El Sheikah extendió su mano y con desesperación, le arrancó los vendajes del rostro. Entonces, toda señal de ira y dolor se desvaneció del rostro del Sheikah en una expresión de asombro. Era como si contemplara el rostro de las diosas mismas. Colocó su mano en la mejilla de Link y luchó por sonreír. Y entonces, murmuró:

-Sheik…-mientras lágrimas de felicidad rodaban por sus mejillas y exhalaba una última vez.

Link lo abrazó con fuerza y lo meció suavemente entre sus brazos, como si arrullara a un niño para hacerlo dormir. Él también lloraba. Lloraba de dolor, de alegría, lloraba por haber sobrevivido, pero también ante el horror de la muerte.

De repente, el cuerpo del Sheikah comenzó a fragmentarse en millones de chispas de luz, como si su alma ascendiera hacia el infinito. Entre la luz difusa que iluminaba el cuarto de la torre, distinguió la silueta de Sheik, quien sonreía satisfecho antes de desvanecerse. En ese momento, Zelda entró en el cuarto, seguida de un puñado de guardias, pero todos guardaron un silencio solemne al ver que Link abrazaba el cuerpo de su enemigo. Link lo depositó en el suelo y oró junto con los demás presentes. Después, preguntó por el estado de Zura, quien, por desgracia, había fallecido. Link, entonces, se dirigió hacia afuera, seguido de la princesa, quien le informó que la batalla había terminado. Por fin, la pesadilla había llegado a su fin.


Una vez reunido con Darlend y el resto de la resistencia, Link se despojó de la armadura de Sheik y se cambió a sus antiguos ropajes. Mientras avanzaba por el campo de Hyrule, la gente lanzaba vítores en su nombre, alzando los puños y las armas al cielo. Malon corrió hasta él y lo abrazó largo rato antes de volver su atención a sus heridas. Mientras era atendido, observó que Anju y Kafei hablaban con un par de personas aparentemente adineradas. Al término de la discusión, los jóvenes se abrazaron con fuerza. Una sonrisa se asomó en el rostro de Link. Después, se despidió de Mido, Ereth y Link de los Goron y terminó de ayudar en la limpieza de la batalla.

Una vez que el campo de batalla fue limpiado, Darlend dijo de manera solemne:

-Link, no hay palabras suficientes para expresarte mi gratitud. Hemos recuperado nuestro hogar. Ni siquiera hay recompensas lo suficientemente grandes para pagarte este servicio. También desearía que nunca hubieras tenido que sufrir tanto por nuestra causa.

-Todos hicimos sacrificios. Ahora nos corresponde recordar a los que murieron por nuestra causa.-dijo el héroe mirando hacia un par de montículos de tierra con dos espadas clavadas; dos tumbas sin nombre.

-Sí, así es.

Luego, añadió:

¿Y qué planeas hacer ahora? Podrías quedarte con nosotros. Nos encargaríamos de cuidar de tu familia.

Link miró a Malon, Navi, Talon e Ingo. Después, miró al horizonte y respondió:

-No. Gracias, pero no. A partir de ahora, haré un nuevo destino con mi familia. El día de hoy, escribo mi nueva historia junto con ellos.

-Entonces, que las diosas en lo alto cuiden de ustedes, amigos.

Dicho esto, Link ayudó a Malon a subir al lomo de Epona y con un leve movimiento, la azuzó, iniciando el largo camino a casa.


NA: ¡Wow! ¿Qué les parece? ¡Se acabó!

Quiero agradecer a todos ustedes, que leyeron esta historia desde el comienzo. Agradezco de manera especial a Dimencio y a .Godot por su apoyo. ¡Muchísimas gracias por sus comentarios! Como siempre, no se olviden de decirme qué opinan.

Ahora me tomaré un pequeñísimo descanso, volveré a escribir en inglés y tal vez regrese con algo más en español. Espero que les haya gustado y sigan pendientes para más historias. ¡Nos vemos!

Shin-Izanagi