Hola queridos lectores. Una rápida actualización porque ya tenía este capítulo escrito, igual que tengo unos cuanto más. Estuve aprovechando el tiempo libre antes de tener que ponerme a preparar finales. En fin, gracias por su constante apoyo a la historia, aquí algo que me venían pidiendo, el punto de vista de Elsa. Como siempre espero les guste.

Pueden dejar sus review al final que eso me anima a seguir y también pueden darse una vuelta por mi otro long-fic "Compromiso".

Nos leemos pronto.

Disclaimer: Frozen, según mis abogados, sigue siendo propiedad de Disney, igual que los demás personajes que pueden o no aparecer en el fic.

.

.

Elsa salió del comedor tras despedir a su madre, debía dirigirse al salón de estudios que estaba en esa misma ala. Mérida y ella se reunirían para comenzar a trabajar en su proyecto sobre historia del arte, trabajarían en las obras arquitectónicas de Miguel Ángel. Recordó la felicidad que le produjo que ese fuera el tema asignado para que ellas dos trabajaran, pues le fascinaba. Entró al lugar, estaba casi desierto salvo por un par de chicas aquí y allá, se ubicó en una mesa para esperar a su compañera. Tenían un poco de tiempo luego del almuerzo antes de la siguiente clase y ella quería saber qué tipos de conocimientos poseía Mérida del tema. Pensó un segundo en ella y en… en Anna. Había notado rara a su compañera últimamente, pero ella no la conocía como para decir que aquel comportamiento era anormal. Sin embargo, si conocía a Mérida lo suficiente, había sido su tutora en esta materia desde hacía un par de años y había trabajado con ella en varios proyectos; pues siempre se ofrecía a ser su compañera, y debía confesar que también en ella algo cambió.

-Lamento llegar tarde.- le dijo dejándose caer en la silla frente a ella.

-Estoy acostumbrada a tus demoras.- respondió, la pelirroja pasó por alto el tono seco con que lo dijo y le sonrió.

-Es bueno saber que me vas conociendo, por cierto, te ves muy bonita el día del hoy.- acompañó sus palabras con un guiño. Elsa la miró con seriedad, allí estaba el cambio. Mérida hacía tiempo que había dejado en claro sus intenciones para con ella, pero en los últimos días, parecía haberse vuelto más insistente.

-¿Leíste algo de lo que te recomendé?- cuestionó. Su compañera suspiró, tomó su bolso y de él sacó un cuaderno y un lápiz.

-No te mentiré, no he leído absolutamente nada de eso. Fui a la biblioteca con intenciones de hacerlo, pero ¿has visto el grosor de esas cosas?- preguntó. ¿Por qué aquello no le sorprendía?- Sin embargo, leí varias cosas en internet.-

-Fuentes desconocidas y no siempre confiables, por supuesto.- dijo ella. Mérida rodó los ojos.

-Deja de ser tú un segundo y escucha lo que logré conseguir.- Elsa apoyó las manos en la mesa y entrelazó las dedos antes de asentir.

-Escucho.- dijo. Mérida abrió el cuaderno y comenzó a leer unas notas, datos sobre las obras y las fechas, nada demasiado extendido.

-Y aquí… con respecto a la basílica de san Pedro, es una obra que se le atribuye a un tal Bramante, pero al mismo tiempo se dice que fue una construcción suya. ¿No sé de qué va la cosa? Básicamente eso es todo lo que tengo.- Elsa tuvo que morderse el interior de la mejilla para no sonreír ante la duda de su compañera.

-la basílica de san Pedro…- murmuró e hizo una pausa.- digamos que casi puede considerarse una obra conjunta; pero fue Miguel Ángel quien la terminó de diseñar. La obra inicialmente estuvo en manos de Bramante, sus modelos y planos fueron aprobados en 1506. Como símbolo de inicio de la construcción de la nueva se demolió la basílica paleo cristiana algo que fue criticado, incluso por el propio Miguel Ángel. Pero Bramante murió cuando solo se habían edificado los cuatro pilares que sostendrían la cúpula.- de alguna manera estaba teniendo toda la atención de Mérida, así que no desperdició la oportunidad y le contó sobre el traspaso a Rafael y a San gallo, el joven.- Tras la muerte de este último el papa pasó la obra a Miguel Ángel, él retomó la idea de Bramante sobre la cruz griega y…- Elsa se llamó al silencio, cuando Mérida apoyó ambos brazos en la mesa y recargó su rostro sobre ellos, rostro que tenía una gran sonrisa. Sintió sus mejillas subir de tono había hablado demasiado y seguro Mérida estaba burlándose de ella.

-¿Por qué te detienes? Continúa.- le dijo sin embargo.- Cuéntame más sobre la obra, sobre Miguel Ángel o Bramante, o quien sea.- el pedido sonó sincero, Elsa la miró confusa.

-No te burles.- le pidió, la pelirroja se reacomodó en su silla.

-No me estoy burlando. Jamás te había visto así. Es decir, el brillo en tus ojos cuando hablas de esto es… Resplandeces.-

-Suficiente. Creo que ya estamos bien con el tema por hoy.- la cortó ella y comenzó a guardar sus pertenencias. Tenía que huir, no podía dejar que se aproximara.

-¿Por qué haces eso?- preguntó Mérida molesta.- ¿Porque nunca dejas que me aproxime, que te conozca?- reclamó.

-No necesito que lo hagas.- respondió ella. Mérida apoyó las manos en la mesa.

-¿Tanto te odias que ni siquiera te permites tener amigas?- cuestionó directamente. Elsa guardó silencio y se obligó a tomar un semblante indiferente.

-Eso no es de tu incumbencia.- sentenció. Ella negó con la expresión seria.

-Solo respóndeme, ¿tanto te odias por ser cómo eres? ¿También me odias a mí por ser así?-

-No. No te odio.- y era verdad; pero no pudo evitar el tono que sonó más cortante de lo que debería.

-Entonces… ¿por qué me tratas así? Solo quiero conocerte, ser tu amiga. Al diablo si me gustan las chicas, si me gustas tú; o sí a ti también te gustan. Solo…-

-No vuelvas a repetir eso.- sentenció con la voz hecha un filo, pero Mérida la miró desafiante.

-¿Que no diga, qué? ¿Qué te gustan las chicas? Pero si es verdad.- dijo abriendo las manos. El corazón de Elsa latió como si estuviera en una carrera. Miró en la dirección donde se encontraban las chicas que había visto cuando llego.

-No tienes que decirlo tan alto.- murmuró casi sintió un hilo de desesperación en su voz.

-Vamos, Elsa. Todo el colegio lo sabe. Tu secreto no es un secreto en realidad.- argumentó Mérida bajando la voz. No, eso no era cierto.

-No todas lo saben, así que ya cállate.- la pelirroja cruzó sus brazos y se recostó sobre la mesa.

-Claro que todas lo saben. Por si no recuerdas Aurora se encargó de tapizar las paredes con…- Mérida guardo silencio. Elsa apretó la mandíbula, debía mantener el control se obligó a verse indiferente.- Tienes razón… no todas lo saben. Todos los años ingresan chicas nuevas; pero este año… ¿Hay alguien en particular que no quieres que lo sepa?- Elsa estaba segura que no había cambiado su expresión en lo más mínimo; pero Mérida era demasiado observadora para su propio bien.- ¡Bingo! He dado en el clavo. La pregunta ahora es ¿por qué?-

-Promete que no se lo dirás.- más que pedirlo lo exigió. Se ganó media sonrisa de la pelirroja

-Tarde o temprano se enterara.- señaló.

-Solo… no se lo digas.- dijo suavizando su tono. Mérida entonces bufó con fastidio.

-Que poco me conoces.- comento, luego cruzó sus brazos tras su cabeza.- Yo no tengo porque decirle a fresita nada sobre ti. No es de mi incumbencia.- respondió. El corazón de Elsa pareció tranquilizarse. ¿Por qué le molestaba tanto que Anna se enterara? Porque quizás la odiaría, porque entonces se alejaría, porque entonces estaría sola nuevamente. Porque Anna era… sintió el rubor subir a sus mejillas.- No le diré nada, debes hacerlo tú. Y te sugiero que te des prisa, porque así como tú y yo seremos modelos para dibujos de Elena y Jane. Tu querida Aurora lo será de Anna.- Mérida ladeo la cabeza.- y algo me dice que no guardara ningún secreto en absoluto. Más ahora que quiere ser amiga de nuestra dulce fresita.- Elsa volvió a apretar los dientes, estudió la mirada celeste frente a ella. Podía confiar en Mérida, pero aquello… Aurora no dudaría en decirlo. La cuestión era si podría ella decírselo a Anna. De solo pensar en ello sintió ganas de salir corriendo y encerrarse en la oficina de su madre por siempre.

.

Estaba ordenando mi ropa sucia y colocándola en una maleta con mi nombre para poder enviarla a la lavandería, la notificación me había llegado esa mañana y aproveché el espacio luego del almuerzo para poder enviarla. En eso estaba cuando la puerta de la habitación se abrió. La directora entraba con un bolso en la mano.

-¡Oh! Lo siento, lo siento. Olvidé completamente que Elsa ahora comparte habitación. Tendría que haber tocado.- exclamó al verme, acto seguido volvió sobre sus pasos y cerró la puerta, la miré confundida. Escuché el repiqueteo de la puerta y no pude evitar sonreír.

-Adelante.- dije.

-Hola Anna, buenos días. ¿Puedo pasar?- amplié mi sonrisa, aquella actitud de la madre de Elsa me tomó por sorpresa.

-Sí, por supuesto.- la mujer sonrió y se abrió paso hasta la cama de su hija.

-He venido a traer los uniformes de Elsa, siempre se olvida de recogerlos. ¿Tú ya fuiste por los tuyos?- me preguntó dejando la maleta negra sobre el mueble, negué.

-Me toca llevarlos hoy.- respondí. Elsa olvida recoger sus uniformes, ¿Enserio?

-Ya veo. ¿Necesitas ayuda?-

-No, no. muchas gracias.- Idun hizo un ademán con la mano y caminó hasta el armario.

-Vaya, ¿acaso estalló una bomba aquí?- cuestionó ante el caos reinante.

-Oh… lo siento. Eso es enteramente mi culpa… soy un desastre y como notará el lado de Elsa aún se mantiene inmaculado.- me apuré a decir al tiempo que metía más ropa en el bolso. Idun soltó una carcajada.

-Tranquila, Anna. Supongo que así debe verse el armario de una adolescente normal.- tomó un par de perchas y volvió a aproximarse a la cama, donde empezó a sacar los uniformes prolijamente.- Elsa es demasiado ordenada, supongo que aún no se recupera de la época en la que debió vivir bajo la custodia de su padre.- comentó. Elevé una ceja pero no dije nada solo me limité a terminar mi maleta y la cerré.

-Creo que mi madre hubiera deseado que me contagiara un poco de su orden y pulcritud.- comenté sentándome en la cama para mirar como Idun intentaba ordenar los uniformes de su hija.

-Yo desearía que ella se contagiara un poco de tu desorden.- me sonrió.- Pero dime… ¿Cómo te estas adaptando al colegio?- solté un suspiro y miré mis pies.

-Supongo que bien… he tenido algunos problemas con los exámenes sorpresas, y bueno… en química…-

-Casi incendiaste el laboratorio.- sonreí por la forma en que Idun lo dijo, casi escandalizada.

-Si… pero fue un accidente, lo juro.-

-Te creo. ¿Sabes cómo era esto, m chica era para los miércoles o los martes?- cuestionó señalando la letra bordada en el interior del uniforme. Me encogí de hombros, ni siquiera había notado ese detalle.- No importa, lo pondré como me parezca. Son todos iguales de todas formas.- rió por lo bajo y yo estaba de acuerdo.- Si Elsa está hecha una fiera esta noche, será mi culpa, desde ya perdóname.- agregó haciendo una mueca. No pude evitar pensar entonces en mi madre.

-Está bien, no habrá problema.- respondí.

-Veo que has pegado unos bonitos posters.- señaló Idun. Me giré y miré los únicos adornos en la habitación.

-Sí. Elsa me dijo que podía hacerlo.- Idun pareció sorprendida.

-¿Ella te lo dijo?- rodé los ojos y acomodé mi cabello.

-Digamos que… me recitó un artículo de código de no sé qué del colegio.- la mujer rió y me uní a su risa.

-Eso suena más a mi Elsa.- exclamó antes de girarse para comenzar a acomodar los uniformes en el armario.- ¿No quieres que arregle un poco tu ropa también?- cuestionó, aquello me apenó y negué con la cabeza.

-No… yo la arreglaré, lo prometo. Ya he visto la cara de espanto que pone Elsa cada vez que abre el armario, pero…-

-Te divierte verla.- concluyó la mujer, oculté mi rostro avergonzada ¿Cómo puede leerme tan fácil?

-Por favor, no se lo diga.- Idun me guiñó un ojo para dejar en claro su complicidad.

-Será nuestro secreto. Pero me estabas contando que tal va tu adaptación en el colegio.- señaló aproximándose nuevamente a la cama. Vi como tomó el bolso, lo cerró y lo dobló, antes guardarlo en el baúl al final de la cama.

-He hecho algunas amigas.- comente. Idun rodeó la cama y se sentó frente a mí.

-Lo he notado. Las he visto juntas en el comedor.-

-Si… nos llevamos bien, espero que terminemos siendo mejores amigas. Estamos juntas en el equipo de lacrosse, y tenemos un grupo de estudio, Elsa está con nosotras. También está conmigo en el equipo de esgrima… Ella me ha tenido mucha paciencia en especial cuando estudiamos; igual que todas en realidad. Este colegio es algo más exigente que el anterior, pero está bien.- concluí y debía admitir que se sentía bien en esos momentos poder hablar con Idun, quien me sonreía con cariño, y que realmente me había escuchado con atención. Volví a pensar en mi madre… como te extraño.

-Nuestra excelencia académica es una de nuestras marcas, estoy segura de que podrás con ella. La señorita corona junto con la señorita Porter y Dumbroch son jóvenes excelentes, es bueno que hagas amigas, y que estés con ellas en nuestro prestigioso equipo de lacrosse. Confió que este año llegaremos más allá de la primera ronda en el torneo intercolegial.- me dijo.

-¿No han pasado primera ronda?- cuestioné sorprendida.

-Hará un par de años que DWords es nuestro rival en primera instancia, roguemos que este año tengamos mejor suerte en el sorteo.- aclaró.

-Ya veo…- iba a decir algo más cuando la puerta se abrió, Elsa entró y nos miró sorprendida a ambas.

-Madre ¿Qué haces aquí?- preguntó. Idun le sonrió.

-Vine a traer tus uniformes, siempre te olvidas de retirarlos copito.- le dijo poniéndose de pie. Mis cejas se elevaron y no pude evitar sonreír al escuchar la manera en que la había llamado. Copito; repetí.

-Mis uniformes… ¿Dónde los has dejado?- pregunto Elsa que entró en la habitación y caminó hacia el armario.

-Los guardé.- respondió Idun con simpleza antes de hacerme un gesto.

-Me imagino que recordaste que m grandes era para los martes y no los miércoles, siempre te confundes con eso.- señaló cerrando la puerta y mirando a su madre.

-No lo recuerdo, luego le das una mirada. Ahora relájate o vivirás pocos años.- comento aproximándose a su hija, Elsa frunció el ceño y negó con una expresión incrédula. ¡La madre de Elsa es genial!

-¡¿Cómo te atreves a decirme eso?!- exclamó indignada, pero con una sonrisa en el rostro que me dejó fuera de juego. Idun se rió de la expresión de su hija y acortó distancias para terminar abrazándola. Sentí que estaba interrumpiendo el momento así que me puse de pie y tomé mi maleta para marcharme.

-Solo lo digo porque te quiero, además Anna piensa lo mismo. ¿No es así, Anna?- preguntó la mujer liberando a su hija, quien me miró con un gesto que no pude descifrar. Ella quiere que Elsa me mate.

-Ah… yo… bueno… no creo que…-

-No le hagas caso, Anna, mi madre solo intenta molestarme.- y estaba anonadada, mi mandíbula se abrió y se cerró un par de veces.

-Elsa tiene razón, no me hagas caso.- dijo al fin Idun y se encaminó hacia la puerta.- Fue un placer platicar contigo Anna, y ya sabes que mi oficina está abierta siempre que gustes.-

-Igualmente y gracias.- logré articular, totalmente confundida.

-Te veré en la cena, cariño. Te quiero.- le dijo a su hija, Elsa miró a su madre y asintió.

-Por supuesto, y también te quiero.- oh, por dios… ella quiere a alguien. La madre de Elsa se marchó, yo aún tenía mi maleta de ropa sucia en la mano, miré a la rubia que se había aproximado al armario nuevamente.

-Siempre confunde el orden.- masculló, se giró y me miro con curiosidad, se aclaró la garganta.- Mi madre tiene una personalidad algo avasalladora, me disculpo si te faltó el respeto o sobre pasó los límites de la cordialidad.- dijo con desenfado. Demasiado diferente a ti; Pensé y negué con la mano.

-No, ella es… La verdad me hizo acordar a mi madre.- confesé con una sonrisa triste. Elsa acomodó sus uniformes.

-¿La mujer de la foto?- cuestionó cerrando el armario. Volví a apoyar el bolso en mi cama y miré la foto sobre mi cómoda quizás con demasiada tristeza en mi rostro.- Lamento si…-

-No te disculpes.- dije rápidamente para romper el silencio.- Sí. Ella era mi madre.- me senté en la cama.- Esta charla, la forma en que comenzó a guardar tus uniformes, su mirada cuando vio el caos que es mi lado del armario… me recordaron a ella.- suspiré, sintiendo como mis ojos comenzaban a arder. Bajé la mirada a mis zapatos y noté como los de Elsa se aproximaron a los míos cuando las primeras lágrimas comenzaron a rodar. Estaba descascarándome frente a Ella. Levanté la vista Nada de miradas compasivas, por favor; rogué. Y ella estaba allí ofreciéndome un pañuelo con una mirada de comprensión.- Gracias.- susurré tomándolo. Elsa se sentó frente a mí, en el mismo sitio donde había estado su madre.

-¿La extrañas?- preguntó sinceramente. Sonreí y me lamenté que aquel contacto entre nosotras estuviera siendo así.

-Cada día… Aunque hay veces en que no pienso en ella durante todo el día, pero siempre cuando llega la noche, no puedo evitar hacerlo.- confesé ya con las lágrimas corriendo sin contención alguna, me limpié la nariz.- Lo siento, estoy siendo un desastre ahora mismo.-

-Está bien ser un desastre de vez en vez.- murmuró. Tu nunca eres un desastre.- A veces yo también extraño mucho a mi padre… sé que no puede compararse porque él no está…- Elsa no dijo la palabra muerto, pero sabía a lo que se refería, asentí invitándola a continuar, en ese momento necesitaba saber que diría, necesitaba que se abriera de aquella forma, que intentara consolarme a pesar de que no sabía porque lo hacía.- Ya no puedo verlo. No porque no quiera, si no…- Elsa hizo otra pausa larga, la vi tomar aire y jugar con sus manos. Lo que sea que iba a contarme no parecía habérselo dicho a nadie en voz alta, levantó la mirada y la dirigió hacia la ventana.- Él me ha dicho que es como si yo estuviera muerta. Que ya no quería saber nada ni de mí, ni de mi madre. Que para él es como si nunca hubiera tenido una hija.- Elsa bajó la mirada a nuestros zapatos. No pensé un segundo. No pensé. Verla de aquella forma… Simplemente me puse de pie. Caminé hasta el par de pasos que separaba nuestras camas, me senté a su lado y tomé su mano entrelazando sus dedos con los míos, luego solo me apoyé en su hombro. Quizás lo hice más por mi salud emocional que por la de ella.

-Eso es mucho peor de lo que me he imaginado jamás. Nadie merece que le digan algo así Lamento que…-

-No lo hagas. Eso es, como dice mi madre, cosa suya.- respondió Elsa susurrando, sin alejarme de su lado, sentí como sus dedos se aferraban a los míos, y respiré por primera vez su perfume en su esencia completa. Odiaba que nuestra primera charla de verdad estuviera siendo así, tan rota; pero… no podría haber sido de otra forma. El timbre sonó no nos movimos, no dijimos nada hasta que tras unos segundos Elsa hablo.

-¿Anna?- la forma en que decía mi nombre me hizo sonreír.

-¿Mmm?- no quería moverme de su lado. Elsa era tan cálida, su hombro tan cómodo ¿cómo puede ser posible? Me cuestioné cerrando los ojos. Sentía que en mi estómago un remolino de colores comenzaba a girar sin detenerse.

-¿Anna, no tienes que llevar tu ropa sucia?- me preguntó. Abrí los ojos con el corazón acelerado y me levanté de un salto. Necesitaba huir, aquello no estaba sucediendo.

-Es cierto, si no llego tendré que usar uniformes sucios.- exclamé con más urgencia de la que sentía, tomé mi bolso.

-Y vas a llegar tarde a clase.- señaló Elsa, ante el segundo timbre que sonaba.

-Oh, no de nuevo.- mascullé.- Te veré luego.- grité luego. Mas antes de salir corriendo de la habitación me detuve, la palma de la mano me cosquilleaba.- Gracias por esta conversación. Yo… necesitaba descargar un poco todo el peso.- dije. Elsa asintió levemente como respuesta y yo salí a la carrera. En ese momento mientras corría por el pasillo con sensaciones revoloteando en mi pecho, me di cuenta de que el marcador que venía llevando no tenía sentido alguno. Porque de alguna forma, supe que Elsa ganaría todas mis partidas, y anidé las esperanzas de que yo podía ganar todas las suyas.

.

.

Elsa se quedó un segundo de más en la habitación, le cosquilleaba la mano que había tenido contacto con la piel de Anna. Buscó aire porque lo perdió cuando Anna se recostó contra ella y se ahogó con su perfume dulzón y primaveral. Algo le hizo ruido y tamborileo sus dedos en sus rodillas, se obligó a serenarse.

-Solo respira, mantén la calma.- murmuró cerrando los ojos buscando apaciguar a su corazón, no entendía porque le había contado eso a Anna. No podía comprender como simplemente lo dejo salir, pero ahora se sentía tan ligera por haberlo dicho. Se tumbó hacia atrás y se maldijo. Ahora su compañera sabía algo, algo que ella jamás le había contado a nadie, algo que solo su madre conocía. Miró el techo y soltó un suspiro. Le era tan difícil resistirse a esa pelirroja y a sus pecas, y a esos ojos que aún no sabía si eran azules o verdes. Sonrió ligeramente con el pecho retumbándole. ¿Qué estaba haciendo? Se preguntó. Pensó en lo que Mérida le había dicho, tenía que decirle a Anna. Cubrió sus ojos con su brazo. Tal vez un día solo podría decírselo así como le acababa de contar lo de su padre. Quitó el brazo y pensó un segundo en su padre con tristeza, luego con enojo. El tercer timbre de advertencia sonó, quizás debía faltar a clase, estaba segura que no podría concentrarse en lo más mínimo; pero se obligó a sentarse y ponerse de pie. ¿Que tenía Anna de diferente? ¿Que tenía que la hacía sentir esas ganas de huir lejos suyo, pero a la vez sentía que no podía alejarse?

-No sientas. No sientas.- se repitió en vanó, algo le seguía haciendo ruido por dentro y la electricidad se disparaba desde la mano que Anna le había sostenido, negó con la cabeza y salió de la habitación hacia la clase a la que llegaría tarde.