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.:Capítulo 9:.
Gatos y perros
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Parecía ida, perdiéndose en sus propias cavilaciones, apenas procesando todo lo ocurrido. Ahora mismo, estaban en una habitación de aquella casa en la que habían parado. Cuarto en donde se quedarían ella y las otras dos chicas.
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Pero antes de llegar a dicho lugar, sucedieron un par de situaciones y revelaciones, causantes de la abstracción de la Hyūga.
Sakura Haruno. Una mujer en verdad hermosa y agradable a la vista. Aunque no por ello, dejaba a un lado su mal carácter. Por lo poco más que escuchó de su conversación y el breve tiempo que estuvo junto a ellos de aquí a que entraban a la espaciosa casa, se dio una idea vaga de la personalidad de la mujer de cabello extravagante.
A pesar del carácter, golpe y gritos que le profesaba a Naruto, también notó cierta preocupación y calidez de su parte para con el mismo. Realmente no podía decir que sintiera nada en especifico en esos momentos; aunque en definitiva, en un principio su sorpresa fue grande, luego fue sustituida por curiosidad. Ya que, veía esa enorme sonrisa de oreja a oreja en Naruto, gesto que era provocado por esa mujer. Fue entonces que sintió aún más curiosidad respecto a la relación de ambos.
Quizás sus dudas fueran esclarecidas más adelante. De todas maneras ¿Por qué le picaba tanto saber? Se lo había estado preguntado desde hace un rato. Envuelta en sus meditaciones, fue que escuchó la risa del rubio, un agradable escalofrío recorrió su cuerpo. Llevó un pequeño puño a su pecho. Respiró profundo por la boca. Por esa razón, por esa razón quería saberlo.
Se fijó más por donde andaba caminando, no sólo ella, también el resto del clan Uzumaki daba fugaces miradas al lugar en donde se quedarían temporalmente.
Piso de madera y tatami. Todas las puertas corredizas, hechas de madera y papel. Una estructura bastante refinada y con bastantes elementos tradicionales. De hecho, si la mujer no estaba en lo erróneo y si no mal recordaba, bien podría catalogar la casa como un estilo sukiya*
— Por favor, ustedes esperen aquí— habló Sakura, dirigiéndose por primera vez al resto del clan Uzumaki y algunos Uchiha—. Les traeré algo de té y bocadillos, en lo que sus superiores conversan en otra sala. Más tarde les guiaré a sus habitaciones.
Los otros no protestaron, acatando las órdenes con la mejor disposición. Naruto se giró a ver a los suyos antes de partir con Sasuke y con otros Uchiha.
— No se preocupen, esto será rápido. En cuanto termine, ya tendré tiempo de reunirlos para avisarles que es lo que haremos de aquí en adelante.
— Jefe, ¿Está seguro de que no quiere compañía? — se ofreció Lee, colocándose erguido frente al rubio, bastante formal y dispuesto.
Naruto enarcó una sonrisa descuidada, posando su mano en el hombro de Lee.
— Tranquilo cejotas. Tengo todo bajo control.
El joven medio abrió la boca, queriendo decir algo más; pero viendo lo bien que se mostraba el Uzumaki, no tuvo más remedio que resignarse y hacer lo que le pedían: Quedarse allí con el resto.
— Como dije, vuelvo enseguida.
Les dio la espalda y se marchó junto con los otros.
Los Uzumaki se sentaron en el suelo de tatami, en un extremo del cuarto, mientras que del otro borde se colocaban unos del clan Uchiha; que sólo se acotaban a tres personas: El albino de dentadura peculiar, el fortachón guardaespaldas de cabello igualmente llamativo, naranja; y ese hombre de la cicatriz en el ojo y cubre bocas; que por si fuera poco, había sacado un libro bastante curioso para ponérselo a leer.
Dejaron en el centro una pequeña mesa para té; de todas maneras, no era que fuera lo suficientemente grande para abarcar a todas esas personas a su alrededor.
— Que agradable cuarto de té ¿No les parece? — comentó Suigetsu rompiendo con el hielo entre ambos clanes.
Algunos parecieron ignorarle, mientras que otros le prestaron algo de su atención.
— Sí, muy refinado y tradicional. Aunque, toda la casa lo es, y bastante grande, por cierto—dijo Lee, siguiéndole el hilo al albino.
— Parece una posada— añadió Tenten dándole una hojeada rápida al cuarto.
— Lo cierto es que, es una de las tantas propiedades de los Uchiha. Está especialmente es una de las casas principales— explicó Suigetsu al tiempo en que se recargaba con las manos al piso tras su espalda, dándole un aire más vago.
— Dime, que es lo que hacen exactamente los Uchiha— está vez fue Omoi quién hablo—, he oído varias cosas, como que trabajan con sustancias ilegales, política, prostitución…Entre otras cosas.
— Vaya, sólo sabes cosas que todo el mundo sabe y se supone— todos giraron a ver a Kakashi, que a pesar de por fin proferir palabra, no le quitaba la vista de encima a su tan especial libro.
— Entonces, ¿qué es lo que hacen?…Digo, no veo problema el porqué ocultárnoslo. Al fin y al cabo, podría decirse que estamos del mismo lado— convenció el mismo moreno.
— Supongo que si…No le veo inconveniente, después de todo, trabajaremos juntos por una temporada— asumió Kakashi, pasando la página—Como bien sabrán, el clan Uchiha es uno de los más poderosos de Tokio y tal vez no sólo de Tokio, sino de Japón y no lo digo con alardes de presumir. En fin, llegar a este puesto no ha sido nada sencillo, fueron años duros e intensos para este lugar tan privilegiado. Somos un clan grande, controlados por varios Oyabu. Lavado de dinero, fraude, prostitución, venta de sustancias ilegales, son algunas de los "negocios" que hacemos. Claro, esos son el plato fuerte del porque tanto dinero y poder. Aunque por supuesto, para justificar todo este dinero y tener un control para escapar de los problemas legales; manejamos asociaciones filantrópicas, una que otra empresa, asuntos comerciales y, por si fuera poco, también estamos en asuntos políticos; algunos de los nuestros son consejeros municipales o incluso son alcaldes. Tenemos también a personas dentro de la policía, por ello es que podemos evadir muchas cosas y además de eso, seguir creciendo. Como verán no es muy diferente a lo que ustedes manejaban, sólo que los de vosotros es algo más… ¿Cómo decirlo? A escala, pequeño — concluyó con una sonrisita bellaca que se le marcaba por debajo del cubre bocas.
Los Uzumaki parecieron no tomar muy bien aquel último comentario. Algunos bufaron, otros simplemente lo pasaron por alto.
— Vaya, realmente tienen mucho…No me sorprende que sean un clan tan grande y poderoso. Nos tomaría toda una vida alcanzarlos— replicó Omoi encogiéndose de hombros, bastante resignado al fracaso.
— Si bueno, eso es bastante cierto— secundó Suigetsu burlón.
—No se ría, señor. Puede que sea algo difícil y quizás inalcanzable, pero no es imposible— defendió Lee, siendo bastante cortés a la hora de expresarlo.
El albino soltó una carcajada.
— Bien, si ustedes lo dicen— se mofó el mismo, ganándose la hostilidad de algunos Uzumaki. El albino al notar aquello, rió más fuerte—. Vamos no se enojen, no sean tan arenosos conmigo, sólo es una broma.
— Suigestu, será mejor que te moderes— reprendió el fortachón, siendo además la primera vez que articulaba algo en toda la conversación llevada.
— Ba, no seas aguafiestas, Juugo — reprochó el albino, sacándose algo de cerilla de la oreja con el meñique—.Y, queriendo relajar el ambiente y también cambiando de tema, díganme, que es lo que harán ustedes ahora…Ya saben, para hacer que su clan se ponga en marcha de nuevo, supongo que se pondrán a trabajar el triple de lo que solían hacer para ir recuperando algo de plata.
— Haremos todo lo que nuestro jefe nos mande y ordene, ayudaremos en todo lo posible para poder resurgir como clan. Posiblemente consigamos algún que otro trabajo extra para ganar un poco más— manifestó Lee con seguridad.
¿Trabajo extra?
Hinata, que había puesto atención a toda la plática, quedó con la duda por aquellas palabras.
— Y deduzco que con trabajos extras te refieres algo que no tenga que ver con los Yakuza ¿cierto? — dedujo Kakashi, volviendo a pasar la hoja con el dedo índice.
— Sí, algo así. Aunque bueno, no creo que sea sencillo encontrar un trabajo el cual se acoplé estos horarios…Igual lo intentaré. O mejor dicho, lo intentaremos— corrigió Lee, agachando un poco la cabeza.
La chica entreabrió la boca. Ya se daba una idea con lo que eran esos trabajos extras. Ahora que ella se quedaría con ellos, de antemano sabía que tendría que colaborar con algo. A parte de eso, no quería ser ninguna carga, una inútil o dependiente, intentaría aportar con algo, con lo que sea. Y eso de conseguir algún trabajo en aquella ciudad, no sonaba tan mal como para comenzar.
— No sé si lo consigan, viendo sus fachas es poco probable que la gente normal los contrate—dijo Kakashi, siendo realista.
— Pues se hará el intento o nada. Además, Tokio es inmenso, algo pescaremos— contradijo Lee muy determinado.
Suigetsu y Kakashi se miraron entre sí para luego encogerse de hombros. Como diciéndose: Bueno, es su problema.
— ¿Y tú, Hyūga, te quedarás con ellos? —inquirió el albino a la chica.
Hinata lo miró desentendida, no recordaba haberles mencionado ser una del clan Hyūga. Pero como cuando se prende un foco, recordó que ellos habían estado presentes en el incidente de la vez que aquel hombre Uzumaki arremetió contra ella, allá en Osaka.
Por diversos motivos, los ojos de los presentes se depositaron en su persona. Odiaba cuando la gente hacia eso, sólo la volvían más torpe, nerviosa y tímida. Balbuceó.
—Ah…Pues yo…Si, eso creo.
— ¿De verdad? ¡Pues vaya que sorpresa! Algo debió haberte hecho tú clan para que les traicionaras. A no ser claro, que seas una espía— acusó Suigestu, apuntándole juguetón con el dedo índice.
—Hinata no es ninguna espía. Nuestro jefe confía plenamente en ella—defendió Tenten, recargando su mano en el hombro de la morena.
—Por dios, Naruto Uzumaki no es de las personas más brillantes que digamos—se burló el mismo.
Todos los Uzumaki le dirigieron una singular miradita asesina. Lee se había colocado de pie, con la boca rígida y el ceño arrugado; Karui había tomado su pequeño tanto* que colgaba en su cintura, al igual que Omoi.
— Le ruego no se exprese así de nuestro jefe— advirtió Lee.
Suigetsu sonrió soberbio.
— ¿O qué? —provocó.
Lee cerró sus puños, estaba tan cerca de perder los estribos y querer asestarle una patada en la quijada a ese cabrón.
Kakashi suspiró hastiado, antes de que se armará la guerra, tomó la buena decisión de darle un puñetazo en la cabeza al albino. Por supuesto el otro se quejó.
— Cállate ya. Deja de portarte como un desvergonzado.
El hombre ni siquiera había dejado a un lado el libro que leía, pareciera estar eternamente abstraído a la lectura. Suigetsu por su parte, le dedicó una que otra maldición.
Juugo tuvo que ponerse de rodillas y suplicar por el perdón de su amigo, como siempre, el pagaba los platos rotos de aquel bribón.
— Les ruego que perdonen el comportamiento de mi amigo, no sabe lo que dice.
— Sí, nos hemos dado cuenta— dio la razón Omoi, entrecruzado de brazos; con el coraje ya más aplacado, al igual que los demás.
Estuvieron otro rato esperando. A ratos en silencio y a momentos charlando.
—Bueno, que la esposita del jefe Sasuke ya se ha tardado con los tés—se quejó de nuevo Suigetsu, ahora recargado en la pared, como si fuera una almohada; con las piernas cruzadas y moviendo sutilmente de arriba abajo el pie que le quedaba al aire.
—Debe estar con ellos. Recuerda que es una mujer que gusta andar en los asuntos de su marido—comentó Kakashi, volviendo a pasar la hoja.
Hinata ladeó la cabeza. Aquella mujer, ¿Era entonces la esposa de ese hombre tan atemorizante?
De repente, Suigetsu río divertido.
—Ya, ahora que también lo pienso… ¿A caso su jefe no está enamorado de nuestra patroncita? — les interpeló, más con la intención de volver a molestar, al clan Uzmaki. Con el objetivo otra vez logrado y con de nuevo la atención de aquellos, prosiguió con sus mofas—. Vamos, sí esa historia es famosa por aquí y seguro también allá con ustedes. "Uzumaki Naruto, el eterno enamorado de Sakura Haruno. Un amor no correspondido"
Las sonoras carcajadas del hombre, realmente incitaban a la rabia. Hinata quedaba más y más confundida a cada palabra, verdaderamente no entendía porque las reacciones y tampoco las burlas de aquel sujeto.
— Y esa no es la mejor parte, al parecer nuestra querida patrona, no era del todo una santa, utilizó al pobre de su jefe como consuelo para luego irse con su mejor amigo, quién por cierto, es nuestro respetable jefe—agregó bellaco—. Saben, otra cosa que me pica la curiosidad es como Naruto Uzumaki y Sasuke Uchiha continuaron su amistad, digo, hasta donde sé, es culpa de Sasuke que su oyabu anduviera en prisión por tres años ¿Cómo es qué ahora los tres andan muy campantes, como si nada, después de todo lo ocurrido? Es muy rara la relación de ese trío ¿No les parece?
Finalizó con un ademán intrascendente.
— ¡Cállate, bastardo! ¡No tienes derecho a decir ese tipo de cosas si no sabes lo que realmente paso! —amonestó Karui, que ya estaba de rodillas dispuesta a correr en cualquier segundo hacia Suigetsu, para cortarle la lengua con su arma blanca que amenazaba con empuñarla.
—Oye, tranquila, mujer…Sólo comento para saber que pensaban ustedes o en todo caso, si podían agregar o restar algo a este chisme que me contaron—absolvió, sin quitar esa cara de estarla pasando bien —. Pero ya, en serio. Sí esas historias que me han contado son verdad, entonces pienso que su jefe es un completo idiota.
Se escuchó el quitar del seguro de un arma. El albino desvió la vista hasta el origen de tan peculiar y conocido ruido.
—Ah…—expresó, queriéndose hacer el sorprendido.
Lee le apuntaba con una pistola, justo en la cabeza. Todos se alarmaron, tomaron guardia, dispuestos a actuar en cualquier momento, fuera lo que fuese a suceder a continuación.
— Voy a desollarte, aquí y ahora — amenazó Rock Lee, clavándole la mirada que desbordaba ira.
— Pues va, inténtalo.
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— ¡¿Trabajar para ustedes?! —escupió el té, haciendo un desastre en la mesa.
Sakura le dio un zape en la nuca.
— ¡Idiota, mira lo que provocas!
Naruto se sobó y pidió una disculpa, luego, continuó con su exaltación.
— ¡Ser sus guardaespaldas! ¿Eso dicen? ¡¿Eso quieren que hagamos?!
—Sí, les pagaremos por ello, así es como pensamos ayudarte económicamente. De ese modo, no tendrás que pagarnos con dinero al estar prestando un servicio—sentenció y explicó Sasuke.
Naruto resopló por la nariz, asemejándose a un toro.
—Pero oye…Yo me no me refería a eso cuando dije que les pagaría cada centavo. No, no, no, esa manera de hacer las cosas no es la mía —rechazaba necio.
—No seas imprudente. Debes actuar como más te convenga, tanto para tu propio beneficio como el de tú clan; esto que te ofrecemos es una oportunidad única, tienes que aprovecharla. No lo veas como apoyo, sino como negocios, ya te lo había dicho—convencía Izuna.
— Naruto, no seas terco y acepta—mandó Sakura, que pasaba a recoger el vaso de té del rubio, para colocarlo en una charolilla.
—Pero, Sakura…
Le miró a la cara y está le hincaba los ojos, con ellos dándole nuevamente la demanda de que accediera.
—Deja ya de quejarte…Tienes que pensar en ti y tú gente.
Naruto suspiró resignado.
—Muy bien, ya que…Aceptó—articuló con dificultad.
—Entonces ya está todo. Trabajaran para nosotros y así recuperar fondos y dinero—aseguró Izuna, con tono más satisfactorio. El rubio le frunció la nariz discretamente—.Con respecto a tu prima, ya estamos en el proceso de su liberación, un buen abogado e influencias dentro de la policía y los investigadores de la misma, harán que liberen a tu prima en un dos por tres.
Al Uzumaki pareció iluminársele la cara. Estaba más que contento ante tan buena noticia y, al mismo tiempo, sorprendido que tan rápido trabajan los Uchiha.
—Aparte de eso, estamos viendo como asegurarles un puesto dentro de una cámara de poder —agregó Sasuke.
Naruto alzó una ceja.
— ¿Política? ¿Y eso para qué? —inquirió rezongón —. Trabajamos para esos cabrones, más nunca hemos metido nuestra cuchara en ello, al menos no de esa forma, desde hace un buen tiempo.
—No seas tonto, si consigues que tú o alguna marioneta tuya algún puesto, pueden beneficiarse en muchas cosas—afirmó nuevamente Izuna —: Ganar influencias, contactos, dinero fácil y más seguridad para su clan. Además de que si todo sale bien, podrían incluso afectar de alguna forma a los Hyūga.
— ¿Y eso cómo? Sigo sin comprender.
— ¿Por qué crees que nos va tan bien? —dijo Sasuke, dirigiéndose al rubio.
—Será, tal vez, por las cosas ilícitas que hacen—obvió suspicaz.
—En parte tienes razón. Pero también está el hecho y factor que andamos muy sumergidos y ligados a la política—respondió Sasuke. Pidió luego a Sakura servirle un poco de sake, quién gustosa lo hiso.
—Sí, lo sé. Madara es alcalde de no sé donde ¿No? Y Fugaku está en el partido de no sé qué.
Sasuke torció los labios.
—No es alcalde, es consejero municipal y Fugaku anda metido en el PLD*
—Para lo que me interesa —replicó conchudo.
—Debería de—dijo igualmente Izuna, con la diferencia de tomarse las cosas más en serio.
—Lo que sea, aunque tenga beneficios igualmente están los riesgos. Como si nos descubren y todas las consecuencias que recae en ello—evidenció Naruto, haciendo un movimiento con la mano parecido al de un papa cuando saluda.
—Puedes ser, si no se es cuidadoso —insistió Sasuke.
—Mmh, igual me sigue sin interesar. Y no quiero más apoyo de ustedes, ya suficiente tengo con las deudas—renegó, está vez sonando más caprichoso.
—Realmente eres un estúpido—insultó Sasuke enojado.
Naruto le volteó a ver indignado.
— ¿Qué dijiste, tarado?
Era cuestión de tiempo para que ambos se tomaran por los cabellos. Sakura todavía presente, exhaló estresada.
— ¡Basta ya, se comportan como niños! O paran o les doy a ambos, hablo en serio —conminó, amenazando con golpear a los dos con la charola que sostenía, en especial a Naruto que era al que tenía más cerca.
Sasuke le giró a ver con semblante serio.
—Tú no deberías hacer esfuerzo, ahora que me acuerdo—dijo al ver a su mujer bastante sobresaltada.
Sakura bajo el recipiente y sus mejillas se pintaron sutilmente de un rubor; no era muy seguido cuando Sasuke demostraba preocupación hacia ella, por lo que, esos detalles ponían feliz a la mujer.
—Eso es cuando se está a los ocho meses de gestación, apenas tengo mes y medio —evocó, haciéndose un poco la despistada.
Naruto entrecerró los ojos, no captaba aún de que iba aquella pequeña conversación. ¿Ocho meses? ¿No hacer esfuerzo? ¿Gestación?... ¿A caso significaría eso?
— ¿Qué, de que hablan? No me digas que Sakura, que tú… —señaló a la chica y a Sasuke…Abrió la boca, sorprendido.
La mujer soltó una pequeña risita.
—Ah, perdona. No te lo había dicho antes porque no había ocasión. Pero sí, estoy embarazada —soltó apresurada.
Suerte que esta vez no tenía algún líquido en la boca, porque igual lo hubiera escupido. Conmocionado al principio por la noticia, pronto recuperó los cinco sentidos y fue directo a abrazar y felicitar a la futura madre…Y también padre.
"Con razón estaba más gordita"
Pensó, está ocasión para sus adentros, no quería arriesgarse a recibir otro cálido golpe. Después de las felicitaciones, Sakura salió de la habitación excusándose de tener que atender al clan Uzumaki. No fue detenida y está se retiró, dejando nuevamente a los hombres en sus charlas.
—Y, cambiando de tema—interrumpió Izuna—Naruto, ¿ya has pensado en hacer otro negocio? Aparte de tú burdel y lo de guardaespaldas, te sugiero que busques más cosas que hacer.
Naruto se rascó la cabeza.
— ¿Cómo qué sugieres?
—Pues…
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¿Acaso jamás podría tener un día normal? Se lamentaba Kakashi, cerrando de golpe su libro. La situación se había agravado más de lo que hubiera querido permitir.
Ahora mismo, ese tal Rock Lee apuntaba a la blanca cabeza del bocazas de Suigetsu. Tenía que hacer algo, antes de que alguien resultara herido o muerto. Se aclaró la garganta, y antes de intervenir en la tan tensa situación, la puerta corrediza del cuarto se abrió, dando presencia a Sakura, quien cargaba la charola con varios vasos de té sobre ella.
Todos los presentes, prestaron atención a la recién llegada. Sakura parpadeó un par de veces, procesando la escena que sus verdes ojos observaban.
Los Uzumaki sumamente cabreados, un hombre del mismo clan, apuntando con una pistola a la cabeza de Suigetsu. Desvió la vista a Kakashi, este le sonrió inocente por debajo de su cubre bocas. La mujer respiró hondo.
—Disculpen la interrupción, caballeros, señoritas—empezó con suma cortesía, saludando con una delicada reverencia de cabeza a todos y todas —. He venido aquí a traerles un poco de té y, verdaderamente, no esperaba encontrarme con este tipo de sorpresa.
Sonreía de lo más linda, todavía cargando la charola. Ahora era el resto de la gente quienes la miraban extrañados.
—Señores, no sé qué es lo que este muchacho, al que apuntan con una pistola pudo haber dicho o hecho, en otras circunstancias con gusto dejaría que los desmembraran vivo…—continuó, sonando de lo más comprensiva—Pero por desgracia, estamos en un lugar que no podemos permitirnos el lujo de arruinar con sangre, plomo o destrucción al mobiliario, por lo que, pido una disculpa en su nombre y en nombre de los Uchiha si los ha ofendido.
Finalizó afable. Los Uzumaki se miraron entre sí. La rabia que habían sentido se disipó ante tal raro discurso. Lee obedeció de inmediato y bajo el arma no sin antes dedicarle una mala cara al albino. Fue como perrito a sentarse de nuevo con los suyos.
Sakura se adentró finalmente al cuarto, sosteniendo la charola con firmeza, la dejó de inmediato en la mesita para té, ofreció a los inquilinos a tomar un vaso y luego volvió a hablar.
—No se preocupen, yo misma me encargaré de castigarle—aseveró, ahora encaminándose para con Suigestu—. No está Karin, pero estoy yo, amigo mío.
Susurró. Después y casi como por magia, el albino cayó duramente en el suelo, su cabeza había rebotado bruscamente sobre él. La mayoría había quedando perplejos; con excepción de Kakashi, que había retomado lectura.
Sakura le había dado un fuerte puñetazo en la mejilla. El hombre incluso ya empezaba a sangrar levemente por una de la comisura de sus labios, y aún después de a ver recibido tal golpe, sonrió guasón.
—Bien, pronto les indicaré donde están sus habitaciones—señaló la mujer, una vez terminado su tarea allí.
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Por eso ahora tenía la mente echa un lío, eran varias cosas que le generaban más y más dudas. Estaba tan absorta en sus cosas que incluso ignoraba a las otras dos mujeres que le acompañaban en la habitación, hablando entre ellas.
—Qué cuarto tan acogedor—decía Tenten con asombro, contemplando a detalle su alrededor.
—Ya lo creo—apoyaba Karui, sacándose su tanto de la cintura y depositándolo en el suelo.
El cuarto no tenía muchos muebles, más que un ropero donde se hallaban varios futones, que a lo lejos se les distinguían limpios, grandes y agradables. Entraba bastante Luz por la ventana y las puertas de shoji*; también una pequeña mesita que a un lado tenía una lámpara de andon*.
—Vaya bronca que se amor hace rato—comentó nuevamente la castaña, deshaciéndose de sus dos chongos, lo que provoco que su cabello cayera como cascada tras la espalda.
—Todo ha sido culpa de ese bastardo mal parido llamado Suigetsu—atribuyó Karui, que se quitaba el pañuelo que sostenía su cabello.
—Exacto, la verdad que no hubiera interferido si Lee hubiese decidido dispararle.
—Pero llegó esa mujer —chistó la pelirroja, tomando su pequeño sable y depositarlo en su regazo para después, con el pañuelo comenzarlo a pulir.
—Y vaya que tiene carácter ¿No te parece? —apuntó Tenten, recargándose en una de las paredes.
—Hmph, eso parece.
Respondió Karui no dándole el merito a la chica de ojos verdes de ser la más temperamental. La castaña, por otro lado, observaba el techo, mientras jugueteaba chocando ambos pulgares del pie distraídamente.
—Además, también es muy guapa, Lee no paraba de observarla con ojos de borrego a medio morir.
Aquello sonó más a queja que a un simple comentario, que no paso desapercibido por la pelirroja.
—No me digas que acaso eso te molesta —quiso fastidiar un poco.
Tenten frunció el ceño y los labios, así como cuando una niña pequeña se enfada.
— ¿Molestarme, por qué? Sólo fue una observación—excusó de inmediato.
—Es que me pareció que te ha irritado el hecho de que Rock Lee mirara de esa forma a aquella mujer.
La castaña se cruzó de brazos.
—Lee es como un hermano para mí, lo conozco desde los doce. Mi relación con él es parecida como la tuya con Omoi.
La pelirroja paró de limpiar abruptamente, una vena se le marcó en la frente.
—Ni me lo recuerdes —dijo, queriéndose ver indignada. Retomó su limpieza y discretamente una sonrisita cariñosa se dibujó en su boca.
—En todo caso, a pesar de que esa tal Sakura parezca buena persona, no termina de convencerme —cambio de tema nuevamente.
—A mí tampoco —apoyó Karui—. Pero mejor ni hay que meternos, esos son problemas ajenos que tienen que ver con el jefe.
Agregó Karui, ahora cambiando la posición de la espada y continuar puliendo.
—Me sigue sin fascinar, aún así—concluyó la castaña.
La Hyūga seguía estando excluida. Pensaba con esmero donde podría ser un buen lugar para pedir trabajo en Tokio; además de qué, el tema respecto a practicar algún arte marcial y quién o donde podría enseñarle a utilizar una pistola eran cosas que le carcomían la mente, tenía tanto por hacer. Por supuesto, las declaraciones de aquel sujeto albino, no pasaban de largo por ella, para variar. Naruto, Sakura y Sasuke… ¿Qué habrá ocurrido?
Se decía metiche así misma por andar interesada en problemas ajenos. Bastante era con los propios, pero igual, tampoco no dejaba de darle vueltas al tema.
—Hinata—llamó Tenten, dándose cuenta después de un largo rato, de la ausencia verbal de la misma—, ¿Estás bien? Te noto algo perdida.
La morena tuvo que salir de sus cavilaciones.
—Perdón… ando un poco desorientada.
—Y se nota—secundó la pelirroja seria.
Hinata se ruborizó, apenada por ser tan obvia.
—Perdón, he escuchado su conversación a medias ¿De qué hablaban?
—De la tal Sakura—contestó Tenten con una tenue y divertida sonrisa—. Pero eso ya no importa, lo que ahora tiene relevancia es lo que vamos a hacer…Quería preguntarte desde hace rato, ¿Qué tenías planeado hacer tú?
—Ni creas que por ser una colada te salvaras de no trabajar—dijo Karui, antes siquiera dejar hablar a Hinata.
La morena negó rápido con la cabeza.
—N-no, yo jamás quisiera ser una carga para nadie —aclaró modesta—.Estaré dispuesta a ayudar en lo que sea que me pidan, incluso pensaba buscar trabajo para apoyar económicamente.
Karui y Tenten se echaron una miradita entre ellas; se notaban un tanto sorprendidas.
—Me agrada tu respuesta. Pero aún así, si vas a estar en nuestro clan, al menos deberás saber una que otra cosa—avisó la pelirroja, dejando a un lado su sable.
— ¿C-cómo qué?
Karui le vio directo a los ojos.
—Saber usar pistola o cualquier otra arma, por ejemplo.
Era la respuesta que más temía escuchar, pero era algo que ya se había visto venir. No ganaría nada con mentir, así que sencillamente dijo la verdad:
—Yo…No lo sé.
La pelirroja arqueó una fina ceja.
— ¿De verdad? —interpeló maravillada—. Eres hija de un jefe Yakuza ¿Y no sabes utilizar armas de fuego o arma blanca? ¿Nada útil para este trabajo?
—Me han enseñado, pero nunca pude hacerlo bien. Sólo se un poco de karate y algo de aikido*
—Tienes que aprender, entonces—decretó Karui, seca.
Hinata agachó la cabeza, eso sería más difícil de lo que pensaba. Le costaría trabajo hallarle el hilo por donde iniciar. Tal vez tardaría un poco, pero encontraría un lugar en donde entrenar.
—Yo te podría enseñar—se ofreció Tenten, al ver a la chica perdida.
La Hyūga alzó la vista animada.
— ¿De…De verdad?
—Claro, en los tiempos libres que tengamos, podría mostrarte a usar un arma—aludió amable.
—Tendrías que meterte a clases de algún arte marcial, de todos modos no está de más—reiteró la otra mujer.
Hinata asintió, sintiéndose un poco mejor.
—Lo haré. Prometo no ser una carga—aseguró, para luego enseñar una agradecida sonrisita tímida.
Tenten correspondió al gesto, mientras que la pelirroja torció la boca no muy convencida.
—Oye—llamó Karui a la castaña, después de unos minutos—, todavía guardas dinero de aquel trabajo, ¿verdad?
—Sí, por suerte lo cargue conmigo, ¿Por qué preguntas? —inquirió curiosa; palpando el bolsillo donde tenía el dinero, oculto sagazmente en su pantalón de chifon rojo.
—Es que, quería ir a comprar algo de ropa antes de darme un baño—esclareció, incorporándose nuevamente.
—Cierto, olvidaba que ya no tenemos nada, todo se quemo—evocó desanimada—. Todavía no termino de creérmela que esto nos haya ocurrido.
—Por suerte, Karin le sugirió al Jefe guardar parte de nuestras ganancias en un banco. Al menos así no iniciaremos de cero. Y todavía tenemos el negocio—intentó alentar un poco la pelirroja.
—Al menos.
Karui se dirigió a la puerta, antes de salir giró el rostro hacia las muchachas. Tenten ya iba detrás de ella.
—Entonces vamos, de verdad me urge ese baño.
—Igual a mí.
Hinata se quedó sentada, de verdad no creyó que ella fuera a integrarse a ellas, tal vez a Tenten sí. Pero a la otra mujer, estaba segura que el caso era muy distinto, se veía que ella no era mucho de su simpatía. Además ya estaba acostumbrada a quedarse encerrada dentro de una habitación.
Amabas chicas, al notar que la tercera no les seguía le miraron extrañadas.
— ¿Qué, acaso no vienes? —apuntó la pelirroja con voz alta.
La morena sintió su corazón palpitar con más fuerza. ¿De verdad la dejarían estar con ellas? Le fue inevitable ocultar una mueca de total felicidad.
— ¡Ah, S-si!
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Cinco días después:
Era un pastor alemán blanco, una raza de perros con un extraordinario olfato, por excelencia. No por nada, la policía solía usarlos como rastreadores de drogas o algún otro narcótico. Ágiles, cariñosos, despiertos y vigorosos.
El perro que acariciaba aquel hombre no era la excepción. Sacaba la cabeza por la ventana del auto en movimiento.
—Akamaru, mete la cabeza, ya casi llegamos—ordenaba su dueño.
Un hombre joven, de traje blanco, cuya corbata roja resaltaba; saco gris, bastante presentable. Castaño, bien peinado; dos extrañas marcas en formas de triángulos a la inversa, dibujados en sus mejillas. Y unos caninos grandes y puntiagudos, recordando su apariencia a los de un can.
Aquel sujeto, aparte de ir en el asiento trasero de un cadillac y hablando de vez en cuando con su perro; mantenía conversación por móvil.
"Por supuesto, rastrearlos no será ningún problema. Y créame que vigilarlos mucho menos"
Aseguraba, pasando su mano por el lomo del can.
"¿El clan Uchiha, dice? Bueno, ese sí que será un obstáculo grande. Pero nada de qué preocuparse si sólo le interesan los Uzumaki"
Calló para escuchar lo que decía el otro hablante. Sonrió soberbio.
"Claro, estaremos en contacto, señor Hyūga."
Colgó y guardo el celular en la bolsa de su pantalón.
— ¿Qué paso? —preguntó el conductor; otro hombre de traje, está vez negro y lentes oscuros que ocultaban a la perfección sus ojos.
—Ya sabes, el viejo de Hiashi necesita de nosotros, un pequeño trabajo.
—Hace años que no nos llama. Debe ser algo gordo—pensó en voz alta, bastante serio.
El otro sujeto de traje blanco hiso un ademán, restándole importancia.
—Gordo o no, lo único que interesa es que nos pagará una generosa cantidad.
— ¿A quién tenemos que localizar? —volvió a preguntar.
—Localizar, vigilar y probablemente aniquilar. Es el clan Uzumaki —reveló, sacándose algo de comida de los dientes.
El conductor mantuvo expresión mesurada.
— ¿El clan Uzumaki? Creí que ese clan había muerto hace años.
—Al parecer no. Y le han estado causando al viejo un dolor de cabeza.
El de lentes dudó unos segundos.
—Parece no ser un clan muy fuerte. Quizá sea fácil este trabajo. ¿Qué piensas, Kiba?
El nombrado soltó una pequeña carcajada.
— ¿Mencione que tienen como aliados a los Uchiha? ¿Sigues creyendo que será fácil, Shino?
Frunció el ceño, miro por el retrovisor.
—Ese si es un problema.
Kiba tronó los labios.
—Ya veremos…
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Primera semana:
Encontrar trabajo en Tokio, fue un poco más fácil de lo que había pensando. En el primer día de búsqueda, no obtuvo nada; por supuesto, eso no le asombró o desalentó. Por otro lado, Omoi se había enterado de lo que la chica quería hacer, seguramente por boca de Karui. En un pequeño encuentro, le sugirió ir a un restaurante maid* a probar entonces, hiso caso del consejo del hombre. Al segundo día, fue a esos afamados restaurantes, por allí, cerca de Akibahara*. Se llevó la sorpresa de ser contratada al instante.
Se dijo así misma haber tenido mucha suerte. El trabajo tenía un horario accesible, siendo sus días de labor tres días por semana, variando entre las mañanas y tardes. La paga además, era favorable. Lo único que le incomodaba, era tener que usar aquellos mini vestidos con exceso de holanes, además de tener que lidiar con muchos clientes en su mayoría del género masculino…Con lo mal que se le daba aquello.
No era suficiente, por supuesto. Todavía necesitaba ganar un poco más, y aprovechando el horario que tenía, fue en busca de un segundo empleo.
Halló uno muy peculiar, no por lo que tenía que hacer, que a fin de cuentas no era la gran cosa, sólo repartir folletos y a momentos ponerse de cajera sustituta; lo que era singular, era el lugar, llamado "Neko coffee*" ; donde como parte del título señalaba, era un café; sólo que, tenía la rara excepcionalidad de estar repleto de gatos. Gatos reales. Una de las tantas extrañezas que poseía el sol naciente.
Los clientes que solían asistir a dicho lugar, en generalidad eran amantes de los gatos. Mientras disfrutaban de su bebida, acariciaban a los gordos mininos, le daban de comer, jugaban con ellos, etc.
La dueña del lugar y también su jefa, decía era una buena forma para que la gente se diera sus propias terapias. Explicaba que acariciando a un gato o en su defecto, cualquier otro animal, era una sana y excelente forma de liberar estrés. Incluso sacó algo de la equinoterapia, la señora gustaba irse por las ramas.
En los días que anduvo por allí, se percato de un hombre en singular, que jugaba y alimentaba a los felinos. Se le veía solo y con una expresión triste. Los gatos se le acercaban solamente cuando este les ofrecía de comer. Aquello le provoco cierta curiosidad.
—Ese señor suele venir muy seguido por aquí—le comentó su compañera de trabajo que notó la mirada curiosa de Hinata —.Pobre, se ve que no tiene suerte con los mininos. Siempre trata de acariciar uno, pero estos simplemente no lo quieren, será quizá que no los está tratando como debe.
La chica siguió divisando la escena. Pobre señor, le nacía cierta lástima por él. ¿A qué se debería su mala suerte? Definitivamente, era otra pregunta que probablemente no tendría respuesta.
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De cualquier modo, ya ganaba el dinero suficiente para poder sostenerse y aportar al clan. La mujer estaba más que feliz, no se creyó capaz de sobrevivir y andar por Tokio. Claro que, al principio recibió ayuda por los Uzumaki y algunos Uchiha para conocer y andar pro allí; pero el resto, lo había obtenido por su cuenta.
Igualmente veía a los Uzumaki ir y venir. Naruto había informado a su gente que trabajarían para el clan Uchiha, aparte de eso reveló más detalles sobre su estadía y los proyectos para volver a estar como antes y mucho mejor.
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Cinco días después de haber conseguido ambos empleos, con el tiempo libre que le sobraba, fue en busca de alguna escuela o en su defecto, algún dojo que enseñara cualquier arte marcial de utilidad. Karui particularmente, le presionaba con eso.
Se tomó casi todo un día encontrar un lugar que acaparará su atención. Pero cuando iba de regreso, resignada a no encontrar nada, se topó con un pequeño edificio afueras de la gran ciudad y cerca de la estación donde tomaba el tren. Leyó el letrero, ya viejo y oxidado que colgaba: Escuela de artes marciales; Krav Magá*.
Entre abrió los labios. No sonaba nada mal.
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Segunda semana:
Apenas iniciaba sus clases de Krav Magá. Su profesor era muy estricto, era un hombre de avanzada edad, al parecer ex general de la militar. No se veía que fuera japonés, o tal vez lo era, pero sería algo parecido a un mestizo.
Lo que le gustaba, era que era un arte marcial, centrado más detalladamente a la defensa personal. Era de cierto modo, un poco más sencillo de poder manejar y lo que además, le quedaba anillo al dedo al no tener mucho tiempo para dominar cualquier otro arte.
Empezaba a hacer más y más ejercicio; aparte de las actividades que hacía en sus clases de Krav Magá, en las mañanas, antes de irse a trabajar, se iba a correr por aproximadamente una hora, saltaba cuerda, hacía abdominales, sentadillas, ejercicios de flexibilidad, etc.
Muchas veces la solían acompañar miembros de los yakuza, a fin de cuentas ya sabía que estos tenían la costumbre de entrenar seguido. Le quedó claro aquella vez que fue al parque con ellos.
Cuando corrían, siempre se quedaba atrás, era de las últimas junto con otros dos gorditos del clan Uchiha. Normalmente se detenía muchas veces a tomar aire. Cuando pasaba esto, Tenten, Lee e incluso Omoi, dependiendo quien fuera él acompañante o los acompañantes en turno, le animaban a continuar; le daban una palmada en la espalda para ello. Hinata les miraba siempre por detrás. Lo intentaba con todas sus fuerzas, siempre hasta que le doliera la cabeza, le faltara horrores el aire y sus piernas suplicaran por descanso…Pero era el mismo resultado. Se sentía tan impotente y débil.
La mañana del viernes, en su segunda semana, tuvo la grata sorpresa de ser está vez acompañada por Naruto. En cuanto iniciaron, este tomo la delantera, corría como perro. Hinata observaba su espalda alejarse más y más. No podía alcanzarlo, era imposible.
Agachó la cabeza, continuaba corriendo aún así. Levantaba la mirada a ratos para ver si se lograba topar de casualidad con el rubio. Nada, ni rastros del hombre. Estaba a punto de detenerse y renunciar. Pero, palabras y rostros surgieron a su memoria, como un cálido luz solar, entre la fría y oscura mañana:
"Aunque sea sólo inténtalo"
Era la cara de Naruto, sonriéndole afable. La primera vez que sus palabras llegaron con fuerza a su cabeza.
"¡Vamos, levántate mujer, pelea por tú vida!"
La vez que le animó, cuando Karui le andaba dando una paliza. Entonces, de la nada, también recordó al señor Bee:
"Chica, no te detengas. Para alcanzar el objetivo hay que pasar primero por muchos líos."
Hinata continuó trotando. Eso se lo había dicho cuando fueron al parque y les vio entrenar.
"Chica…De una vez te digo que yo no le enseñó a cualquiera. No me importa tú origen o tu estatus. Importa la persona que eres, tus deseos, sueños y valores…con eso basta. Lo he visto, he visto en ti algo que me agrada. Una meta de superación, por eso que no importa lo que los demás piensen, digan o hagan; debes seguir y luchar, así de sencillo, yo sé, ho."
La mujer empezó a sentir inmensas ganas de llorar. Cerró los ojos con fuerza, apretó los labios con ahínco y continuó corriendo. Con las latentes ganas de seguir adelante.
"Pero si algo debes saber de Uzumaki Naruto…Es que no importa cuántas veces caiga, siempre se levantará"
Nuevamente le faltaba el aire, pero no se detuvo, le ordenó a sus piernas continuar hasta el final, ya estaba más que inspirada: "Yo tampoco, yo tampoco me rendiré…Si caigo, prometo levantarme, así como ustedes, como el señor Bee, como tú, Naruto. Te alcanzaré, ya lo verás, un día podre ser capaz de andar a tu igual"
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Cuando terminó su circuito, Naruto ya estaba sentando en una banca, con dos botellas de agua a la mano. Sudado y con la respiración ya regulada; Hinata, llegó a duras penas, pero no paró hasta llegar a él. Casi se tira al suelo, pero sólo se flexionó un tanto para alcanzar sus rodillas con ambas manos. Jadeaba duramente, sudaba a mares.
—Te compré un agua, Hinata—dijo el rubio, una vez la chica se irguió —, vamos siéntate, te lo mereces.
—Gr-gracias…No-no te hubieras molestado—contestó sumisa, concediéndole la palabra al hombre y sentarse a su lado, lo más alejada que pudo de él. Era raro, pero cerca del rubio, sus nervios aumentaban hasta un cien por ciento de lo habitual.
Naruto arrugó la cara, extrañado del porqué la mujer tomaba su distancia con él. ¿Acaso olería mal? Naruto se olfateo la axila discretamente. No detectó ningún olor desagradable. Se encogió de hombros y decidió acercarse más a la morena, provocando que esta se tensara y el color empezara a subírsele más a la cara.
—Tómalo como una recompensa por tan duro esfuerzo—dijo finalmente, ofreciéndole la botella. Hinata la cogió sin mirarlo a la cara —. Me dejas maravillado, eh. Apenas iniciaste con esto del deporte y mira ya cuanto has logrado, ha sido un largo recorrido. Por cierto, ¿Qué tal vas con tus trabajos y tus clases de Krav magia?
Inquirió amigable el rubio. Obviamente Hinata notó que no pronunció bien, no quiso hacerle saber su error, en vez de eso se empeñó en responder.
—…Eso, pues…Bastante bien—decía mientras se distraía jugando con los dedos de sus manos, agregó después—: Mi maestro de Krav magá es muy estricto.
Había corregido sin querer, pero notó que Naruto ni se había dado cuenta que dijo Magia en vez de Magá. Una pequeña sonrisita cómplice surcó los labios de la chica.
—Ah, ¿En serio?
—S-sí…No se detiene porque seamos principiantes o porque sea mujer…—explicó—, p-pero está bien, así he podido progresar más…Es buen maestro a pesar de todo.
—Ya veo…—musitó el rubio. Desvió su mirada hacia los oscuros cielos de la mañana; que por el ya cercano amanecer, se empezaban a aclarar—Yo sólo tuve un maestro un tanto estricto, los demás fueron más relajados. Tenía uno en especial…Era un completo pervertido.
Sonrió de oreja a oreja, recordando seguramente a esa persona. Ambos guardaron silencio después de eso. Hinata seguía jugando con sus manos, tímidamente. Tragó saliva, antes de decirle algo al Uzumaki.
—…Lamento no ser de mucha ayuda para ustedes…
Naruto giró a verla, torció sutilmente el cuello.
— Pero que dices, Tenten me lo ha contado todo—reveló el hombre, colocando un pie sobre su rodilla, poniéndose más cómodo —, del porqué trabajas y del porqué te has metido a clases de defensa personal…Pero bueno, eso yo ya lo sabía. Tú tienes tus propios objetivos, y jamás me interpondría a ellos, al igual que con nosotros. Recuerda que sólo compartimos caminos, no tienes que hacer nada para pagarnos.
La chica se ruborizó un poco más.
—Tal vez…P-pero quiero y debo hacerlo…—manifestó, siendo y sonando más segura—. N-no tengo casa y ustedes amablemente me permiten estar con ustedes compartiendo techo…Por lo menos… quiero pagarles por ello, ya sea con dinero o cualquier otra cosa.
Naruto se mostró más comprensivo.
—Vaya, en ese aspecto creo que nos parecemos un poco. Está bien, entiendo —admitió no dándole más vueltas al asunto. Otro pequeño silencio se presentó. Ahora fue Naruto quien cortó con aquello—. Y ahora que lo recuerdo, Tenten dijo que te enseñaría a usar pistola.
La chica asintió un par de veces…Las cosquillas en su estomago eran insoportables.
—S-sí, la semana que viene me ensañará.
—Ya…Tal vez un día yo pueda mostrarte también una que otra cosa—alardeó, se rascó el pecho muy arrogante—. No me gusta presumir, pero soy un experto con las armas y las artes marciales.
La mujer agachó los hombros y rio humilde. De hecho el corazón le palpitaba más acelerado y eso sin siquiera correr.
—E-eso estaría bien…Me pondría muy feliz tenerte como m-maestro.
—Pero claro…Bee quería enseñarte también ¿Verdad? —evocó el rubio, siendo un poco más serio.
La sonrisa de Hinata disminuyó. El tema sobre el señor Bee, no era un campo en el cual hablar con facilidad.
—S-sí…
—Ah, ese viejo…Nunca cambio. Así hiso con Karui y Omoi—contó con melancolía.
—L-lo siento mucho…—insistió la Hyūga.
—No lo hagas…No fue tu culpa—repitió el hombre. El sol ya estaba asomándose, el cielo ya andaba esclareciendo, era la señal de que pronto debían partir—. Bueno, será mejor irnos de aquí.
—S-si.
Ambos se levantaron. La mujer se dio cuenta que no había bebido todavía del agua que el rubio compró para ella. Se apresuró al abrirlo y sorbió un poco.
—Sabes—interrumpió el hombre ya que iban a medio camino— desde hace rato te notó muy roja, de veras… ¿Estás bien?
Ese comentario basto para hacer delirar de los nervios a la mujer.
—Esto…Esto… ¡Es por calor! —justificó rápidamente. Otra vez estaba roja—. Y-ya sabes, acabamos de correr.
—Cierto, cierto—se la creyó el joven por completo — Que tonto, se me olvido ese detalle. Por poco creí tenías temperatura.
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El sábado por la tarde, Hinata iba caminando por uno de los pasillos de la casa, dirigiéndose al cuarto de baño. Frenó en seco en cuanto divisó a Naruto platicando al otro lado de la casa con Sakura. Se le veía muy contento conversando con ella. La Hyūga ladeo la cabeza. Pasó un momento y luego se integró el tal Sasuke, quién después de unos minutos, partió a lado de la mujer de cabello rosa.
Estaban algo retirados, pero la morena tenía una excelente visión de la escena. Luego de que la pareja se alejará unos metros del rubio, el hombre mostró una sonrisa y mirada dolidas. Hinata, después se acordó de lo que había dicho Suigetsu:
"Uzumaki Naruto, el eterno enamorado de Sakura Haruno. Un amor no correspondido"
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yenes*: Unidad monetaria usada en Japón.
sukiya*: La arquitectura sukiya incorpora la estética de la casa de té y abarca todo tipo de edificios incluyendo casas privadas, villas y sukiya-zukuri es un estilo más refinado, basándose en el formal estilo shoin, adaptándose a las necesidades de los clientes y formando un espacio más íntimo. Por ejemplo, en lugar de los pilares cuadrados de ciprés, se colocaron postes circulares con varios tipos de madera usados al mismo tiempo, como bambú, pino y ciprés.
Incluye elementos decorativos como los estantes chigaidana, los frisos ranma y los clavos ornamentales kugikakushi.
Tanto*: El tantō es un arma corta de filo similar a un puñal de uno o de doble filo con una longitud de hoja entre 15 y 30 cm (6-12 pulgadas). A primera vista puede confundirse con una 'pequeña katana', pero su diseño difiere de tal manera que nunca podríamos atribuir tal consideración. Pese a que la estética es idéntica, el diseño de la hoja y la tsuka (mango) son sustancialmente más sencillos.
Puertas shoji*: un tipo de puerta tradicional en la arquitectura japonesa. Funciona como divisor de habitaciones y consiste en papel washi traslúcido con un marco de madera. A menudo las puertas shōji están diseñadas para abrirse deslizándose o doblándose por la mitad, para que ocupen menos espacio que una puerta pivotante.
PLD*: El Partido Liberal Democrático (PLD), (en japonés: Jiyū-Minshutō) o abreviado en japonés a (Jimintō) es un partido de centro-derecha, y el partido más poderoso hasta las elecciones del 30 de agosto de 2009. Ha sido uno de los partidos más fuertes en la democracia mundial. El PLD se ha mantenido en el poder desde su fundación en 1955 con una interrupción de 11 meses entre 1993 y 1994 hasta el 2009.
Andon*: Lámpara japonesa cubiertas de watashi, cuya tenue luz alumbra por las noches.
Neko coffee*: Es un café temático cuya atracción es poder observar y jugar con gatos. Los clientes pagan el derecho a entrar, que suele ser por horas.
Restaurante maid*: o cafés de sirvientas son restaurantes temáticos donde las camareras van elegantemente vestidas con trajes de sirvientas.
Krav magá: que en hebreo significa «combate de contacto», es el sistema oficial de lucha y defensa personal usado por las fuerzas de defensa y seguridad israelíes, conocido en sus comienzos como krav. Esta forma de combate cuerpo a cuerpo incluye métodos de defensa contra uno o varios atacantes, en respuesta a una amplia y variada gama de agresiones. Abarca tanto agresiones sin armas (golpes, patadas, agarre y estrangulamiento) como con armas blancas (cuchillos, navajas, machetes, hachas) y contundentes (porras, bastones policiales, palos, botellas, piedras). También comprende técnicas de desarme y defensa contra portadores de armas de fuego de diversos tipos (cortas, largas, militares y civiles).
Akibahara*: Campo de las hojas de otoño), también conocida como Akiba ó Akihabara Electric Town, es una zona ubicada a menos de cinco minutos en tren desde la estación de Tokio en el distrito de Chiyoda, famosa por ser la meca para la cultura otaku de Japón.
