La siguiente historia es una traducción del fanfic I Leave You, My Pride de la autora Wild Rhov, todo el crédito le pertenece única y exclusivamente a ella, yo sólo pedí su autorización para traducirlo al español
Hiro Mashima es el dueño de Fairy Tail. Todo esto es por mero entretenimiento.
ADVERTENCIA: LEMON, en este caso no habrá marcas de advertencia, porque prácticamente todo el capítulo es de contenido no apto para menores, así que queda bajo su responsabilidad.
Capítulo 10: Resistir
Gray y Lucy se dirigieron directamente a un hotel, ambos ansiosos y nerviosos. Todo lo que él quería era privacidad, para abrazarla y besarla, simplemente estar con ella, pero sabía que si lo hacía antes de llegar al hotel, habría más de todo ello. ¡Mucho más! Los ojos de Lucy le decían que quería más, y ¿quién era él para negarle algo a la Reina de las Bestias?
Por fin entraron en la habitación del hotel, pero en vez de dejarse llevar por la desesperación salvaje, se pararon uno frente al otro en un incómodo silencio. Gray no podía creer que ella estaba allí. Temía despertar en cualquier momento, o peor aún, que ella se desvanecería, para no volver jamás. Se preguntó, si la tocaba, ¿iba a derretirse como un copo de nieve? Su existencia aquí en el mundo humano se sentía tan efímera.
– Probablemente debería haber preguntado esto en primer lugar, – dijo ella, mirando hacia un lado con una ligera arruga entre sus cejas. – ¿Tienes novia? –
Gray, sorprendido, se quedó sin habla por un momento. – ¿Cómo puedes pensar eso? –
Ella se encogió de hombros. – Me di cuenta de inmediato, un día para mí son tres meses para ti. Ese pensamiento me torturaba cada día que despertaba en el Mundo de los Espíritus. Todo lo que podía pensar era en lo mucho que me estaba perdiendo. Por el camino, empecé a darme cuenta de que era posible, no, era muy probable, que consiguieras una novia. Quiero decir, realmente no éramos pareja, Gray, – señaló ella con una risa nerviosa que falló en cubrir sus dudas – fue sólo... una noche – susurró con tristeza, y sus ojos se dirigieron hacia un lado. – Una aventura de una noche. Nunca he reclamado realmente tu corazón. Aunque para mí solo han pasado unos días desde... desde que... hicimos eso, – ella terminó en un susurro, ruborizada – una sola noche, hace dos años para ti, no es realmente algo duradero. Me di cuenta de que podría haber sido nada más que un capricho para ti
– ¡No lo fue! – insistió, sosteniendo sus brazos para evitar que escapara. – Lucy... –
– Llegué a la conclusión de que si estuvieras con alguien, yo de verdad... trataría de entender. Así que si tienes novia, está bien. – Sus ojos finalmente se encontraron, aunque para estar diciendo que lo aprobaba, sus ojos parecían a punto de llorar. – Quiero que seas feliz, y si eso no puede ser conmigo... –
Él puso su mano sobre su boca antes de que pudiera decir nada más. – También me di cuenta de algo inmediatamente. Tres meses para mí fueron simplemente un día para ti. ¿Qué clase de hombre sería si no puedo permanecer fiel a la mujer que amo ni una sola semana del Mundo de los Espíritus? –
Ella comenzó a protestar. – Pero para ti…–
– No he salido con nadie en absoluto, la única persona que besé fue Géminis, y eso fue cuando lucían como tú. Digamos que... me confundió por un momento. –
Ella se rio – Géminis también me dio un beso con tu apariencia. –
Gray frunció el ceño. – Voy a tener que pedirle a Virgo que los castigue. –
– Así que realmente...tú… ¿tú esperaste? ¿Por mí? – preguntó, sorprendida al escucharlo. – ¿Durante dos años? –
Finalmente, la tomó en sus brazos y la abrazó. Le susurró al oído: – Sólo hay una mujer que llena de calidez mi corazón. –
Ahora sí las lágrimas inundaron los ojos de Lucy. – Gray…–
Acarició su rostro y sus ojos se cerraron con la familiar sensación de sus manos frías. El sensual placer en su cara la cautivó. – Hubiera esperado toda una vida por ti Lucy. –
Cuando ella abrió los ojos, estaban llenos de lujuria pura. – ¡No estoy dispuesta a esperar tanto tiempo! –
Ella lo besó, suavemente al principio, aunque subió de intensidad de forma rápida. Gray envolvió sus brazos a su alrededor, aferrándose a ella con el entusiasmo de dos años de separación. Ella le mordió el labio inferior, haciéndolo gritar en voz baja, para introducir rápidamente su lengua, saboreando su boca y el familiar aliento mentolado e invernal. Ella había extrañado su sabor y él, la delicadeza de su lengua. Los dedos de Gray se movieron con rapidez a lo largo de su propia camisa, sacando los botones y, posteriormente, quitársela sin si quiera mirar. Los dedos de Lucy recorrieron sus brazos desnudos.
– Has ganado músculo. – Respiró pesadamente, empujándolo lentamente hacia la cama.
El moreno se dirigió hacia atrás, obedeciendo sus instrucciones silenciosas. – Fui a entrenar con tu antiguo mentor, el abuelo Belo. Él me hizo hacer todas las tareas de la casa. Ese viejo tiene algunos libros bastante pesados. –
Ella se rio entre dientes mientras lo forzaba a recostarse sobre el colchón. – Es bueno saber que aún está vivo. – Se arrastró hasta el regazo de Gray, sentada sobre sus muslos con su cuerpo apretado contra el suyo. – Debemos ir a visitarlo algún día, así le puedo agradecer por entrenarte tan bien. Aunque, – se rio, girando sus caderas sobre él – supongo que sería raro si la chica a la cual le enseñó invocación de Espíritus es ahora un Espíritu ella misma.
– De hecho, es raro – se rio un poco Gray, agarrando su trasero para tirar con más fuerza contra él. – Sin embargo, no me parece malo. –
– Bueno, hay una desventaja importante... –
– Si no puedes tener hijos, eso está bien. –
– En realidad, creo que puedo. Piscis tiene un hijo después de todo, aunque ellos funcionan como un solo Espíritu. No, a lo que me refiero es que estoy todavía muy débil, no puedo permanecer en este mundo por mucho tiempo, por lo que esto tiene que ser rápido. –
– Ya veo. – asintió. – Eso es algo bueno, porque odio admitirlo, pero al estar de nuevo contigo... no hay forma de que pueda ir lento. – Gray tomó los pechos de Lucy, amasándolos con los dedos. – He querido sentirte... – Se inclinó y lamió su pezón hasta que se endureció –... probarte... – Luego retorció ambos pezones hasta que ella se estremeció y soltó un grito lujurioso. –... y escucharte durante tanto tiempo, no hay forma de que pueda hacer todo esto lentamente. Ahora, deshazte de esas bragas antes de que las rasgue por la mitad. –
Ella gruñó suavemente y se lamió el labio. Fue un gesto tan seductor y salvaje, que Gray tuvo que recordar, ahora ella era Leo el León, una felina seductora... ¡y le pertenecía sólo a él!
Lucy se levantó y se desnudó rápidamente a sí misma. Gray tiró de su cinturón, sin apartar sus ojos de ella, y empujó los pantalones y calzoncillos en un movimiento rápido. Luego se deslizó sobre la cama y se recostó sobre las almohadas para seguir viéndola desvestirse. Lucy se quitó la blusa, la falda, el sujetador y las bragas, sin embargo, que dejó sus botas de tacón de aguja. Por alguna razón, esto éxito aún más a Gray.
– Maldita sea – susurró mientras ella se dirigía hacia adelante con un meneo de sus caderas desnudas.
La sexy rubia dio un paso hacia adelante desde el pie de la cama, le empujó suavemente las piernas para separarlas, y se arrastró sobre su cuerpo con sus manos y rodillas, con su pelo rubio colgando hacia abajo como una melena de oro. Se detuvo entre sus muslos, justo encima de su ingle, y se inclinó sobre su erección. Sin apartar nunca los ojos marrones de su rostro, sacó la lengua, mostrándole sus intenciones antes de hacerlo, provocándolo con seducción. Para alguien que dijo que tenía que hacer esto rápido, ella todavía quería un poco de diversión.
Le dio una larga y lenta lamida. Su lengua ardía contra su piel fría y, en ese preciso momento, una perla de pre-semen se formó en la punta de su pene. Lucy la lamió y luego deslizó su boca sobre él, apretándolo contra su garganta. Se retiró muy lentamente, ahuecando sus mejillas mientras chupaba con fuerza. Gray se puso tenso. Después de dos años de nada más que su propia mano, tener a Lucy succionándolo era completamente abrumador.
Sin embargo, eso fue todo lo que ella le dio, una poderosa succión, antes de trepar sobre él. Ella se frotó sobre su eje, así que Gray pudo sentir cuan empapada estaba, lista para él, tan ansiosa por tomarlo rápido y duro. Ella se inclinó y comenzó a besar sobre su pecho hasta que llegó a su garganta. Lo mordió, saboreando el siseo que escapó a través de los dientes apretados, y succionó su cuello con fuerza suficiente para hacer que la sangre se notara justo debajo de la superficie de la piel.
– Los leones marcan su territorio, – le dijo con una sonrisa lasciva. – sólo una advertencia: no voy a ir lenta por ti. –
– Voy a contenerme todo el tiempo que pueda, – sonrió presuntuoso. – sólo no te decepciones demasiado si eres demasiado para mí. Han sido dos años de soledad después de todo. –
– Prometo que la próxima vez, te lo haré correctamente. –
– Con una promesa como esa, voy a estar invocándote todos los días. –
Ella sonrió con astucia, como si eso fuera precisamente lo que deseaba también. Luego se alineó a sí misma, se inclinó para darle un beso, y se deslizó hacia abajo sobre su necesitado eje. Lucy dejó escapar un profundo suspiro y tembló, sorprendida de que le doliera tanto. ¿Había sanado incluso ahí abajo después de su primera vez juntos? ¿O era verdaderamente más grande de lo que había sido la primera vez?
Se auto-penetro encima de él, sumergiéndolo completamente dentro de ella. Cerró los ojos con fuerza y se mordió el labio. En serio se sentía como si fuera virgen de nuevo, en verdad esperaba que esto no doliera así cada vez. Tendría que preguntar a otros Espíritus Celestiales acerca de todo este asunto de la curación instantánea de heridas.
Las manos de Gray encontraron sus caderas y se aferró a ellas, obligándola a bajar más, profundizando en sus pliegues húmedos y sintiendo las temblorosas paredes de suavidad alrededor de todo su pene. Se sentía tan divina, que le quitó el aliento e hizo temblar su mandíbula inferior. Él gemía algo, ni siquiera palabras coherentes, sólo la mitad de las sílabas, la única cosa que su cerebro podía formular ya que cerró la parte lógica y centró todos los pensamientos hacia la lujuria.
El frío de sus dedos se sintió tan reconfortante. Lucy colocó sus manos en la parte superior de su pecho helado, balanceándose mientras meneaba sus caderas. Todo su cuerpo estaba tan frío, un aura como si el invierno se aproximara, que se sentía incluso más intensa en comparación con el creciente y fiero calor que inundaba su vientre. Ella se ahogó ante la sensación de contraste del calor interno y el frío exterior.
Gray apenas tuvo que moverse bajo ella. Él simplemente contempló, cautivado por su belleza y sensualidad. Todavía se sentía como nada más que un sueño, sólo otro sueño húmedo sobre Lucy, y se despertaría con la necesidad de ocultar las sábanas arruinadas de Erza hasta que pudiera lavarlas. Sin embargo, ninguna fantasía nocturna había sido nunca tan buena, tan clara, así de asombrosa. Sus caderas se elevaban al tiempo que las de ella bajaban para encontrarse; Lucy gritó ante la fuerza añadida. Ella era intoxicante, y si no era más que un sueño, querida Mavis, él no quería despertar nunca.
Ella no sólo hizo el amor con él. Ella cogió con él, duro y sin piedad. Uno casi pensaría que fue Lucy quien estuvo dos años sin sexo, por lo desesperadamente que ella lo montaba. Su cabello, ya salvaje, se alternó entre adherirse a su cuerpo por el sudor y que sobresalir más, mientras su cabeza se movía y daba gritos bestiales.
De repente, ella agarró las manos que se mantenían en sus caderas y las colocó en la almohada junto a la cabeza de Gray. – Me estás ralentizando. – gruñó ella. A pesar de que dijo eso, ella primero se inclinó y lo besó, explorando con su lengua. Con los dedos entrelazados entre sí, se agarró a sus manos con fuerza, como para aguantar y asegurarse de que ella no lo dejaba demasiado pronto.
– Gray – ella gimió.
Sus ojos se entristecieron. – Si te duele... –
– ¡Calla! – espetó ella. – No me iré hasta que estés satisfecho. –
Ella continuó, más rápido ahora, montándolo como si estuviera en una carrera. El tiempo en este mundo estaba limitado para ella, y Gray pudo ver cómo ella estaba sintiendo los efectos de estar en Earthland.
– Lucy, libera una mano. –
Le soltó la mano derecha y Gray la deslizó sobre su vientre y entre sus piernas. Tardó un poco para encontrar el punto exacto con ella moviéndose tanto, pero finalmente lo sintió y frotó círculos alrededor de su clítoris. Lucy dejó escapar un grito estremecedor. Todo el cuerpo de Gray se agitó con eso y, a pesar de que apretó los músculos bajos del estómago, se sintió liberarse en su interior. Algo caliente salió disparado y Lucy se quedó sin aliento cuando sintió los borbotones dentro de ella.
Ella bajo la velocidad hasta detenerse por un momento, mirándolo con una sonrisa, feliz de haber satisfecho sus necesidades. Sin embargo, las suyas no lo hacían aún. Después de solamente un minuto, comenzó a girar sus caderas de nuevo.
– Lucy – se quejó el chico con cansancio. Estaba tan sensible en ese momento, pero se sentía... ¡tan bueno!
– Te sientes bien, incluso estando así de suave. Pero... puedo sentir que te estás endureciendo. ¿Tan rápido? – Ella rio ligeramente. – Eres bastante vigoroso. Creo que te privé demasiado tiempo. Sólo...resiste un poco de este modo... un poco más. Puedo sentir que... que creces dentro de mí. ¡Oh Dios!, puedo sentirte cada vez más grande. Tócame. ¡Oh Dios, por favor, tócame más! –
Él la retiró de encima suyo, y Lucy parecía furiosa cuando Gray agarró sus brazos y la obligó a recostarse en la almohada. Él se colocó sobre ella, pensando que su puchero de frustración sexual era demasiado adorable.
– Estoy muy cansado para cumplir con lo que quieres y tengo necesidades también, sabes. En este momento tengo que probarte, así sabré que no estoy soñando. –
Se deslizó por su cuerpo. Esas botas de tacón alto seguían en su pie, él levantó una pierna, y besó el cuero negro y brillante, adorando el sexy aspecto que le daba. Infiernos, él nunca pensó que tendría un fetiche por el calzado, pero si Lucy lo usa, casi cualquier cosa podría convertirse en un fetiche. Siguió besando hasta la rodilla, para luego colocar la bota encima de su hombro. Levantó la otra pierna y besó desde el tobillo, a lo largo de la bota, hasta la rodilla y se colocó la pierna en el hombro también.
A continuación, Gray se colocó entre sus piernas, contempló la humedad brillante de su apertura rosada, se inclinó y la lamió. No había manera de describir el sabor de una mujer. ¿Salado? Eso hacía que el sabor sonara mal. ¿Dulce? Eso tampoco se acercaba. No había comida que se comparara. Era el sabor de una mujer, así de simple. Él la probó y saboreó la salada amargura de su propio semen todavía dentro de ella. Pensó que él sabía bastante mal. Necesitaba comer más frutas. Sin duda, antes de su próxima vez juntos, comería muchas frutas y bayas, así cuando ella lo probara, sería dulce para su boca. Ella lo merecía.
Lucy se agarró a los hombros de Gray mientras su lengua trabajaba su magia en ella, una magia que ningún otro mago podría llevar a cabo, sólo alguien cuya lengua estaba caliente, pero cuyos dedos estaban fríos. A veces ella le sujetaba el pelo, pero tenía miedo de que, con lo increíble que la hacía sentir, le pudiera arrancar la cabellera. En su lugar, le clavó las uñas en los hombros. Era fuerte, no porque levantara pesas como Elfman, más bien a que constantemente luchaba. Eran los músculos de un luchador, fibroso y marcado, pero flexible. Le encantaba la sensación de sus músculos y la forma en que se estiraban y flexionaban, cada vez que sus brazos se movían.
Sus manos agarraron sus pechos, masajeándolos al tiempo que su lengua lamía profundamente dentro de ella. Sus dedos, fuertes y ágiles, tiraron de sus pezones, tomándolos con la misma firme delicadeza con que cogía las llaves de sus Espíritus. Lucy arqueó la espalda, su pecho sobresalía para poder sentir más, y los tacones de sus botas se clavaron en su espalda con dolor sensual. Él se quejaba debido a los tacones punzantes, y las vibraciones chocaban contra ella.
– Gray – gimoteó.
La idea de que ella estaba tan excitada por esto - por él, por sus manos y su boca – lentamente hizo a Gray excitarse de nuevo. Sus caderas se movían suavemente sobre las sábanas. Su sabor, olor, tacto, voz... todo en ella hizo volar su cabeza, y toda la sangre que no zumbaba a través de sus oídos iba de vuelta directo hacia su pene.
– ¡Gray! – gritó ahora.
Sentía sus muslos abrazarlo alrededor de la cabeza. Retiró una mano de sus pechos y hundió dos dedos en ella mientras sus labios seguían tirando de su clítoris hinchado. Eso fue todo lo que necesitó Lucy, algo a que anclarse al momento de correrse. Gray sintió los espasmos de las suaves paredes internas en los dedos, su barbilla se humedeció con el pequeño chorro de líquido que ella expulsó. Sus gritos se volvieron suspiros y poco a poco todo su cuerpo se fue aflojando, ahogándose de dicha.
Sus dedos se retiraron, levantó la cara para ver la satisfacción dibujada en su cansado rostro, y se limpió la humedad de la barbilla y los labios. Luego lamió el líquido claro de sus dedos, degustándola a ella, a él, a ellos... ¡todo!
– ¿Necesitas uno más? – él ofreció. – ¿O estás demasiado cansada? –
– Estoy bien por ahora. – Miró hacia su pene con interés, que había regresado a la vida. – ¿Uno más? –
Estaba extasiado por su resistencia, aunque podía ver que estaba cansada. – Sí. Una vez más. –
Se arrastró encima de ella, deslizándose en su interior con facilidad. Ella estaba más sensible ahora, aún con pequeños espasmos debido al orgasmo. La agarró por las piernas de nuevo, sosteniéndola por las botas y las mantuvo bien abiertas mientras se mecía en su interior. Observó cómo sus pechos rebotaban con cada movimiento, y aunque no iba rápido, él la penetró cuanto pudo, embistiendo en ella con fuerza; poco a poco su movimiento la llevaba más arriba en la cama hasta que con un poderoso impulso la hizo golpearse la cabeza contra el cabecero de hierro forjado. Él le soltó las piernas, que se engancharon a su alrededor de su espalda, y le protegió la cabeza con la mano.
– Te amo, Lucy – susurró. – Te amo demasiado. –
Rápidamente la llevó al borde nuevamente, evitando que su cuerpo tuviera tiempo para descansar y descender de su punto más alto. La cabeza dorada se balanceó hacia atrás y adelante, en protesta por su rápida liberación.
– Vamos, Lucy. ¡Vamos! Estoy esperando... – se burló entre los dientes apretados –... por... –
Lucy se quedó sin aliento de repente, y gritó cuando su cuerpo se arqueó hacia atrás en éxtasis.
Gray sonrió. –…eso. – Viendo la cara femenina, él liberó la tensión que oprimía sus entrañas. La llenó de nuevo, pero, aunque su cuerpo sentía el ardiente flujo de la pasión, todo en lo que podía concentrarse era la cara de Lucy, tan perdida en la carnal lujuria. – Lucy – suspiró y acarició algunos de los mechones húmedos de su cara. – Eres aún más hermosa. –
Ella jadeó mientras se lentamente asentaba en una nube de felicidad. Gray tenía gotas de sudor en su piel, pero sus ojos brillaban con tierna pasión. – Ven aquí. – Ella tiró de él hacia abajo para estar a su lado.
Salió de ella, se desplomó sobre el colchón y la abrazó contra su pecho. – Probablemente te extralimitaste. –
– Está bien, – susurró ella, acariciando su rostro con una sonrisa cálida y enamorada. – Estoy cansada, pero... eso fue bueno – se rio con cansancio. – Lo necesitaba... tanto. –
– Yo lo necesitaba más – bromeó.
– ¡No te discuto eso! Mi tontito maestro célibe. – bromeó ella, tocando la nariz de Gray.
– Esperemos que no sea célibe por más tiempo. – se rio con cansancio.
– Voy a tener que recuperar energía, para poder servir más a mi amo – dijo en una voz sensual, arrastrando su dedo sobre su cuerpo sudoroso.
– Te gusta llamarme Amo, ¿verdad? –
– Yo sé que te gusta. Tus ojos se iluminan cada vez que lo digo... Amo. – ronroneó ella y, por supuesto, los ojos de Gray mostraron un brillo lujurioso en ellos al ser llamado así. – Tenemos un montón de tiempo para estar juntos. Un León puede aparearse hasta cuarenta veces en un día*, y un día para mí son tres meses para ti. – Ella sonrió con malicia y se lamió los labios. – Será mejor que juntes preservativos... ¡Amo! –
Gray sonrió al ver la expresión coqueta en su rostro. – ¿Sólo cuarenta? – bromeó.
Ella se rio y se colocó encima de él. – Tal vez también pueda hacerme más fuerte en eso. – Se inclinó sobre él y le dio un beso largo y simple. Sin embargo, rodó fuera de él con un suspiro y un ligero estremecimiento que Gray captó inmediatamente.
– ¿Lucy? –
– Este es mi límite – frunció el ceño.
Ambos se giraron de lado para mirarse el uno al otro, dándose cuenta de que tenían que separarse de nuevo. Gray le acarició la cara, queriendo recordar su suavidad, sin saber cuándo podría volver a verla. Lucy le acarició con la punta de los dedos arriba y abajo de su cuerpo, luego trazó el signo azul oscuro del gremio en el pecho.
– Juro, – dijo ella con firmeza – que voy a seguir trabajando duro. Voy a seguir practicando cómo abrir mi propia puerta. Quiero llegar a ser tan fuerte, que pueda venir en cualquier momento, al igual que Loke solía hacerlo. No sé si conseguiré alguna vez ser tan fuerte como él, pero voy a trabajar todos los días. – Ella se rio con tristeza – Aunque, eso significan tres meses para ti. A este ritmo me podría llevar años. –
– Lucy, – dijo suavemente – podría esperar otros dos años por ti. –
Ella hizo un puchero juguetón. – Bueno, espero que no sea tanto tiempo. – Ambos rieron, sus narices se frotaban una contra la otra con ternura, sin querer que esto acabe, aunque ambos sabían que así tenía que ser. – Voy a venir tan a menudo como sea posible. –
– Y yo voy a seguir practicando hasta que pueda llamarte por mi cuenta. De esta manera, no tendrás que trabajar tan duro. – Gray le dio un beso apasionado. – Descansa. – susurró y le sonrió feliz. – Natsu aún quiere hacer una fiesta de bienvenida para ti. –
– Mientras que ustedes dos no peleen. –
– No puedo prometer eso – se rio.
– Bueno, al menos que no sea por lo que tenga que venir y salvar tu trasero de nuevo. –
– Voy a congelar a ese bastardo en llamas. –
Ella se rio y frotó su nariz con la de él otra vez. Sin embargo, su sonrisa se desvaneció lentamente. – No me quiero ir. –
– No te esfuerces. –
– Ya lo hago – admitió, y mostró un poco de dolor. Su cuerpo empezó a aparecer y desaparecer. – Sólo... realmente no quiero dejarte. –
– Vas a estar de vuelta antes de que te des cuenta. –
– ¿Y cuánto tiempo será eso para ti? –
– Demasiado tiempo – admitió. Gray tomó su barbilla y le dio un beso. – Pero una sola hora es demasiado, por lo que tengo que soportar esto por ahora. – Él le dio un beso más persistente, aspirando el aroma de su cuerpo sudoroso y empapado de amor. – Es mejor que regreses o te tomaré de nuevo, y no creo que mi "compañero" pueda aguantar una tercera ronda. –
– Supongo que matar a mi amo por exceso de sexo me metería en un gran problema. – Ella le acarició la mejilla suavemente. – Llámame pronto. –
– Tan pronto como me sea posible – prometió. – Y Lucy... – Él tomó su mano y la apretó. –… ¿te casarías conmigo? –
Su boca se abrió de la sorpresa. – ¿Qué... ¡Gray! – ella gritó. – Yo... bueno, en primera, no estoy segura de si eso está permitido. Y dos... ¡UH! Solo han pasado unos días... para mí, al menos. –
– He tenido dos años para pensar en ello. – señaló. – Eres la única mujer que quiero, ¿por qué no casarnos? Así no tendrías que preocuparte porque te engañe mientras tú estás lejos. –
Ella apartó la mirada con frustración. Preguntar algo así, ¡de la nada! – Diablos, Gray. – murmuró. Realmente no quería rechazarlo después de una noche tan increíble juntos, pero no se atrevía a decir que sí. – Si ya esperaste durante dos años, y vas a esperar dos más, por causa de mí. Necesito tiempo para pensar en esto y preguntar si es legal casarse entre Espíritus Celestiales y seres humanos. ¿Qué tal si me invitas a salir en primer lugar? –
Él se sonrojó al darse cuenta de que había olvidado un paso tan básico. – Por supuesto. Así que, ¿saldrías conmigo primero? –
Ella se rio suavemente y le dio un beso. – Sí, – susurró contra sus labios – pero realmente me tengo que ir. Sigue besándome. –
Se envolvió con sus brazos alrededor de ella, abrazándola y besándola, hasta que sus brazos se deslizaron a través de la nada y sus labios sintieron la frialdad del aire. Lucy se había ido, la habitación del hotel estaba vacía, lo único que quedaba de Lucy era su sabor en la boca y el dolor de la mordedura en su cuello.
Gray se acercó a donde sus pantalones habían caído al suelo, abrió la bolsa que contenían las llaves, y sacó la llave del León. Frotó el pulgar sobre la llave de oro y sintió el poder dentro. Besó la llave y dejó que sus labios permanecieran en el símbolo de Leo.
– Te quiero, Lucy – susurró.
Tal vez no fue nada más que su imaginación, pero le pareció escucharla susurrar de vuelta.
– Te amo demasiado, Gray. –
*¿Alguien sabe si esto es verdad? Me da pereza investigarlo, tal vez lo haga, tal vez no. Si alguien lo sabe, apreciaré que compartan la "valiosa" información.
Este capítulo fue demasiado largo X3 y ¡sólo fue una escena!, bastante candente, pero sólo una.
No hay mucho que agregar, 3 capítulos más. Ojala y alguien opine algo =)
