Capítulo .
Pasados unos días la actividad de la universidad continuaba sin alteraciones. Bertie se recuperó totalmente de su esguince dejando las muletas atrás. Tom había vuelto a pelear en otra ronda de combates y ahora sí que, de forma normal, resultó vencedor logrando la clasificación para los campeonatos. Cooan había estado muy activa organizado una clase de aeróbic para las chicas, en ella combinaba el baile con la gimnasia y la auto defensa. La muchacha aplicó una idea que tuvo cuando aún trabajaba para la Luna Negra. Su gran dinamismo y entusiasmo hicieron que incluso las animadoras y la mismísima Melanie se unieran a ella para entrenar. La jefa de animadoras llegó un poco más tarde que las demás y se entretuvo observando las evoluciones de Connie desde el exterior de la sala.
-¡Vamos chicas!, uno, dos, tres...- jaleaba en tanto ejecutaba los pasos y era imitada por el resto. -¡Hay que conseguir estar en forma! Como decíamos en el Dojo Hikawa, ¡fuerza y belleza para las chicas!
Melanie tenía que admitir que esa muchacha era sorprendente. Y más aún, una valiosa fuente de información. Sobre todo ahora ya que había notado que, en los últimos días, la relación entre su hermanita la frígida y Roy se había estrechado bastante y eso no le gustaba nada. Tal y como ella suponía, debió suceder algo entre los dos en aquella excursión en la que desaparecieron, ¡durante toda una noche! Y si era lo que se figuraba podía entender que Roy la estuviera prestando ahora su atención. Sería la última de sus conquistas. Por eso quizás no debía preocuparse. Pero lo que no cuadraba era que, al menos delante de ella, jamás se habían besado. Posiblemente la japonesita era vergonzosa. ¡Una hipócrita es lo que era! ¡Bien que la engañó! O quizás quería disimular por miedo a las advertencias que la propia Melanie la hizo, eso era más lógico. Pero gracias a que tenía a Connie en su equipo se aseguraría de ello. Si su propia hermana no estaba al corriente de relaciones entre esos dos, es que no sucedía nada que debiera preocuparla. De todos modos, lo que más inquietaba a Melanie era que Roy parecía haber cambiado, se le notaba más atento al estudio y bastaba una palabra de esa boba para que él reaccionara como un perrito.
-Tiene que estar fingiendo, no le encuentro otra explicación, ni siquiera conmigo era tan atento. - Se decía sin poder evitar verse asaltada por los celos pese a que se esforzaba en creer que solamente eran su orgullo de jefa de animadoras y su reputación de chica más popular en el College, los resentidos -
Dejando aquellos temores de lado se unió por fin a la clase y siguió el resto del entrenamiento. Cuando todas terminaron, las chicas felicitaron a Connie, y Melanie, claro está, no quiso ser menos.
-¿Sabes que eres una estupenda entrenadora? Contigo tendremos una preparación muy superior al resto de las animadoras de cualquier universidad rival.- Le aseguró enarbolando una convincente sonrisa. -
- Muchas gracias - Sonrió Cooan secándose el sudor con una toalla que traía en su bolsa de deportes. -
- Oye, tengo curiosidad. - Le inquirió su interlocutora sólo para darle conversación. - ¿De dónde has dicho que es esta técnica?
- Del santuario Hikawa.- Recordó la muchacha no sin nostalgia. - Le llamé Dojo como una especie de broma. Dojo significa algo así como gimnasio en tu idioma, no exactamente eso, pero se le podría traducir así.- Explicó orgullosa. - Fue una técnica que puse a punto con la ayuda de unas buenas amigas.
- Ya veo. - Asintió Melanie que cambió sutilmente de tema dirigiendo el timón de la charla hacia donde le interesaba. - ¿Y tu hermana no participa en estas clases?
- Bueno, ella está preparando ahora la competición de ajedrez. - Le respondió Cooan. - Será dentro de unas horas cuando comiencen las primeras partidas. Vamos a ir a verla todos, ¿te vienes? - Le ofreció con gesto amistoso. -
- Eso del ajedrez me aburre mucho. Pero gracias de todos modos. - Declaró Melanie esta vez de modo bastante sincero. -
-¡Pues hasta Roy ha prometido ir!- Se rio su contertulia. - Dijo que no entendía mucho de eso pero que tenía ganas de ver a mi hermana compitiendo. Y tendrías que ver a Bertie delante de un tablero. ¡Podría estar durante horas enteras!
Si Melanie no hubiera disimulado, el vuelco que le dio el corazón podría haberse visto reflejado en su cara. Pudo controlarse lo suficiente como para decir con forzada amabilidad.
- Puede que pase luego a saludar a tu hermana, ya sabes, para darle ánimos. Aunque no creo que se permitan animadoras en una de esas partidas.
-¡No! - rio Cooan ajena a los verdaderos pensamientos de su compañera. - Sería demasiado bullicioso.
- Ahora tengo que dejarte. - Se disculpó su jefa de grupo marchándose de allí mientras su interlocutora recogía el resto de su equipo.-
- Adiós. Espero verte por allí. - Se despidió cándidamente Cooan sin que su compañera la escuchase ya. -
- ¡Maldita perra! - Mascullaba Melanie hirviendo de ira - ¡Te has pasado de lista conmigo y te vas a arrepentir!
Beruche por su parte, se había unido al club de ajedrez desde el principio del curso y muy pronto destacó por su buen nivel. Ello la llevó a ser seleccionada. Ahora la Golden organizaba un torneo contra otras universidades y ella era una de las encargadas de abrir el campeonato. Su rival era una chica muy inteligente y buena ajedrecista. En cierto modo le recordaba a Ami. La partida iba a celebrarse en una de las salas de la biblioteca y los sitios para presenciarla estaban ya copados. Por fortuna, tanto Tom como Roy y Cooan habían sido previsores por una vez y habían reservado asientos en las primeras filas...
Pero pese a esta pretendida calma los enemigos no descansaban. En la guarida de la secta el Gran Sabio había convocado a los tres maestres para una nueva y diabólica invocación. En esta ocasión él mismo se dirigió a las potencias infernales asumiendo el llamado...
-¡Oh Gran Maestro y señor de la Nada!, envíanos a uno de tus ángeles guardianes para ayudarnos en nuestra misión.
Tras esas palabras del Gran Sabio, una densa nube de humo cubrió la estancia. Justo en el centro de un pentáculo invertido dibujado en el suelo, surgió una figura que, poco a poco, fue tomando forma. De ella se escuchó una voz grave y lúgubre cuando la silueta se hizo apreciable.
- Para no asustaros he venido en forma humana. Mi nombre es Valnak, soy capitán de la Horda del cuarto círculo Infernal. Y ahora decidme - interpeló con brusquedad paseando una fría, maligna e indolente mirada entre ellos. -¿Qué es tan importante como para que tengáis que llamarme a este aburrido mundo mortal?
-¡Oh gran señor!- respondió uno de los maestres sumisamente arrodillado ante él. - Hemos tenido problemas para reactivar a uno de nuestros demonios aquí, en la Tierra. Todos los que enviamos antes que tú han fracasado.
- Es por eso que, con tu ayuda, esperamos lograr al fin nuestro objetivo.- Añadió otro de los maestres con un tono muy servil. -
-¿De qué demonio estamos hablando?- Inquirió Valnak con bastante interés mientras el humo se disipaba y le hacía por completo visible.
Su aspecto era el de un hombre normal, alto y rubio, pero con ojos color rojo sangre. Ataviado con una armadura negra con una capa del mismo color. Dos tridentes entrecruzados se marcaban en color rojo fuego sobre cada uno de sus hombros, distintivos de su rango avernal.
- De Armagedon señor,- respondió el otro maestre conjeturando - creo que tú le conoces.
-¡Claro que sí, era mi camarada! , es muy poderoso, tiene mi mismo rango y un cuerpo con una inmensa fuerza potencial. Si logro reactivarle obtendré un ascenso. Además, se lo prometí - sonrió complacido declarando con mucho mejor humor. - Habéis hecho muy bien en llamarme a mí. Le conozco mejor que nadie.
Entonces intervino el Sabio que había estado escuchando al margen del grupo.
- No te olvides Valnak que he sido yo el que te ha invocado. No lo he hecho para que te luzcas, sólo para que cumplas con tu misión y hagas lo que yo te ordene.
- Vaya, Gran Sabio - replicó el demonio haciendo una marcada reverencia como si le descubriera ahora por primera vez allí, aunque no había sido ajeno a su presencia en realidad. - Me alegra volver a verte. ¿Cuándo quieres que comience con mi tarea?
-¡Cuanto antes mejor! No tenemos demasiado tiempo.- Sentenció éste con apremio. -
- Llamaré a uno de mis demonios, ¡Palizar manifiéstate ante mí! - gritó invocándolo con un gesto. Atendiendo a su requerimiento se materializó al instante una silueta de ojos rojizos tomando forma de sátiro de la antigua mitología Griega. - Ya has oído, ve y comienza el ataque, yo iré enseguida. - Le ordenó. -
- Como tú dispongas mi señor.- Contestó el demonio que se arrodilló sumisamente ante Valnak y desapareció. -
En la universidad Bertie salió de su cuarto rumbo a la sala de juego. Con una carpeta de apuntes sobre posibles estrategias bajo el brazo. Iba bien mentalizada para no quedar en mal lugar y deseosa de comenzar la partida, pero Melanie la estaba esperando en una esquina por la que sabía que tendría que pasar. La rubia se cruzó altivamente en su camino y Beruche, no sospechando nada de particular, la saludó.
- Hola Melanie.- Iba a seguir su camino como si tal cosa cuando ésta la sujetó suave pero firmemente por un brazo.
-¿Vas a jugar?- Le inquirió con retintín. -
- Si, ahora mismo iba a la biblioteca. - Le informó la interpelada sorprendida por esa forma de abordarla. -
Melanie clavó sus ojos en ella y la observó desafiante, no sabía andarse por las ramas así que fue directa al grano.
- Será mejor para ti que te ocupes sólo de tus asuntos, ya sabes, los estudios y el ajedrez.
- No comprendo a qué te refieres. - Le replicó su interlocutora, desconcertada pero sin desviar la mirada. -
- Sí que lo sabes. Recuerda lo que hablamos hace tiempo. - Le apuntó Melanie con una falsa calma soy tan rebuscada como tú así que te lo diré claramente. "I hate goody- two- shoes like you". – - Espetó con un modismo que su interlocutora no captó.- Aunque el mensaje estaba claro cuando amenazó sin tapujos. – Y odio todavía más a las hipócritas. No te acerques a Roy o te las verás conmigo japonesita. ¿Estamos?
Beruche se indignó sobremanera al escuchar aquel ultimátum ¿Quién demonios se creía que era esa estúpida para hablarla así?
- Roy y yo somos amigos. - Declaró cruzándose de brazos y añadiendo con su falso tonillo burlón que sólo gustaba emplear para atacar de modo sarcástico. - Si tú quieres ver algo más es tu problema, guapa. ¿Y sabes una cosa? Ya me tienes harta con los aires que te das. En vez de decirme eso a mí deberías hablar con él. Puede que no le intereses y de eso no tengo yo la culpa, creo que es cosa solamente tuya.
Aquello dejó sorprendida a su interlocutora y sobre todo la sacó de sus casillas, ¡así que esa modosita empollona se rebelaba! Realmente no era tan mojigata como aparentaba. Seguramente actuaba así pensando tener a Roy en el bote...
-¡Eres una ingenua!-. Le escupió Melanie con desdén y rabia. - Pero en algo tienes razón, ¡es cosa mía! Y te voy a demostrar que Roy tiene ciertas necesidades que tú no podrás atender. Al menos con tu ridícula moralidad. No tardaré en tenerle a mi merced. ¿O es que quizás hablas tan convencida porque te has dejado probar por él? ¿Crees que así harás que se enamore de ti? No te confíes. - Martilleó sin piedad. - Él se ha liado con muchas. Pero al final siempre regresa conmigo.
Beruche trataba de mantener la calma aunque de buena gana la habría estrangulado. Sin embargo eso era lo que aquella zorra quería. Mejor contenerse, además había una partida de ajedrez que debía jugar. Tenía que estar serena. No iba a caer en su trampa. Así que se limitó a decir.
- Ya veremos. Aunque yo que tú no me jactaría tanto, podrías llevarte una desagradable sorpresa.
Melanie se sonrió maliciosamente y no replicó, sólo apartó a su polemista de un empellón y se alejó por el pasillo.
Sin imaginarse el enfrentamiento organizado por su causa, Roy estaba rodeado de un grupo de amigos. Antes de acudir a presenciar la partida de Bertie aprovechó para reunirse con ellos y todos charlaban divertidos ojeando una revista erótica que uno había metido de tapadillo. Roy, haciéndose con ella, comentaba jocoso entre las risas de sus compañeros.
-¡Esa tía está buenísima!, ¡qué tetas! ¡Guau! , mirad. Y esa otra - señalaba algunas fotografías de mujeres desnudas y desplegó el característico poster central a gran tamaño para regocijo del resto. ¡Uff! , esto te alegra el día y además me recuerda algún que otro chiste de mujeres. Escuchad - todos se juntaron para oírle bien. -
En ese momento, Bertie le vio y se acercó hacia él, olvidándose del altercado con Melanie. Quería recordarle el sitio a donde debía ir, no se fiaba que estuviera al tanto y se aproximó justo a tiempo de escucharle...
- ¿En qué se parece una mujer a un barco? - Todos le miraron con expresión curiosa esperando a que se respondiera a sí mismo. - ¡En que el barco tiene escotilla y la mujer cotilla es! ¡Ja, ja! - Coro de risotadas del grupo, lo que animó a Roy a contar otro chiste. - ¿Qué es una hoja de papel doblado para una mujer?- otro silencio expectante y el chico contestó casi sin poder aguantar la risa - ¡Un puzle! Ja, ja, ja - otra vez carcajada general que celebraba el chascarrillo. - Van dos tíos y uno le pregunta a otro. ¿Cómo está tu mujer? Y el otro le responde. ¿Comparándola con quién? Beruche escuchaba sin poder ocultar su disgusto, pero Roy, ajeno a eso, siguió contando más. - ¿En qué se parece una mujer a un globo?...
-¿En qué, en qué?- inquirió curioso un compañero, ansioso por escuchar la respuesta. -
-¡En que el globo tiende a subir y la mujer sube a tender!.. Ja, ja, ja.
Más risas que se fueron extinguiendo a medida que los chicos reparaban en la presencia de Bertie. Excepto Roy, pues ella se había colocado intencionadamente a sus espaldas. El corrillo se fue abriendo dejándola pasar, mientras el objetivo de la chica, ajeno a todo, iba a contar otro chiste.
-¿Por qué las mujeres tienen sólo cuatro neuronas?...
-¿Por qué?- preguntó Beruche con retintín -.
-¡Una para cada fuego de la cocina!, ja, ja, ja…- el tono del muchacho pasó de una divertida risotada a un apagado murmullo cuando reconoció al fin la voz de su compañera -...Je, glup...- se giró despacio con una sonrisita estúpida para enfrentar una reprobatoria y dura mirada. - Hola Bertie, ¿cómo tú por aquí? ¿No ibas a la biblioteca a jugar al ajedrez?..
-¿Yo? ¿A la biblioteca?...no puedo Roy, recuerda que sólo tengo cuatro neuronas en el cerebro. – Replicó ésta con ácida ironía. -
-¡Sólo es un chiste mujer! , no te lo tomes tan a pecho - miró a los senos de ella que definían con claridad el canalillo entre ellos al final del escote y se apresuró a rectificar. - Quiero decir que no te lo tomes en serio.
- Vaya - dijo Bertie con una fingida voz aterciopelada. - Qué políticamente correcto te has vuelto de repente ¡Así que nos parecemos a los globos! ¿Eh? Esa es la impresión que tienes de nosotras. ¿Eh Roy?
- Era sólo un chiste, para pasar el rato - se defendió él aún con una patética mueca de sonrisa dibujada en la cara. - No es para tanto.
-¡Es verdad, tenías que haber escuchado otro chiste que contó ayer! ¡Ese sí que era fuerte! - Intervino un compañero algo metepatas. - (Más bien bastante metepatas).
-¡No, no, si no te va a gustar, no tiene ninguna gracia! – se apresuró a contradecirle Roy bastante asustado. -
- Eso ya lo decidiré yo - le calló Beruche, que con un gesto invitó al compañero de su agobiado contertulio a contárselo, ante el horror de éste y los otros congregados. -
- Bueno, pu, pues - tartamudeó el muchacho que parecía dudar mientras a todos los demás les recorrían numerosos gotones de sudor haciendo ostensibles gestos faciales para que no continuara hablando. – Esto…es uno que dice…
Roy y los demás trataron desesperadamente de hacerle callar usando además las manos que movían ondulantes a un lado y a otro con visible acongojamiento. Desgraciadamente el individuo en cuestión no reparó en ello y acabó por rematar la situación, al ser inquirido nuevamente por Bertie con una fingida amabilidad y buen talante.
-¿De qué chiste se trata? A mí puedes contármelo, no me enfadaré contigo por una broma - le concedió ella. –
- ¿No?- Inquirió el dubitativo muchacho que seguía sin reparar en los ostensibles gestos que Roy hacía a espaldas de la chica para que cerrase el pico. –
- Te lo prometo – le sonrió cándidamente su interlocutora. -
- Bueno- cedió aquel chico aliviado para desvelar - pues es el del paracaídas, ese que dice que en que os parecéis las mujeres a un paracaídas.- Roy hacía desesperados gestos hasta con los ojos y esbozaba la mueca del "Noooo" en su cara, para que se callase pero no tuvo ningún éxito puesto que el chico remachó. - ¡En que si no os abrís no valéis para nada! Ese sí que es algo incorrecto, pero tiene mucha gracia. Ja, ja - reía aquel tipo - ¿lo pillas, verdad?
Mientras a Roy le entraban ganas de estrangularlo, pensando que, cuando Bertie le agarrase a él, le ocurriría lo mismo.
- Sí, sí que lo pillo…Ya veo, muy gracioso. - Musitó ella con tono pretendidamente desapasionado. -
- ¿No estás enfadada?- Inquirió aquel chico con prevención. -
- Te prometí que no me enfadaría contigo ¿no?- Replicó ella con un tinte de voz bastante amable para sentenciar. - Yo mantengo mis promesas.
Beruche esbozó a ese chico una media sonrisa bastante sarcástica a la vez que declaraba dirigiéndose calmosamente a Roy.
- Tenías razón en una cosa con lo de los chistes.
-¿Ah si?- Repuso éste pensando aliviado que la muchacha no lo había tomado tan a mal como creía. - ¿Te refieres a que sólo son bromas para divertirse?- Preguntó esperanzado. -
Pero Beruche moviendo la cabeza de un lado para otro con lentitud contestó sin perder aun ese falso aplomo.
- Me refiero a que no tienen ninguna gracia.
Y acto seguido, poniéndose de puntillas y con ambas manos, golpeaba a Roy en la cabeza con su carpeta al grito de.
-¡Imbécil!..
-Pero si dijiste que no estabas enfadada. – Pudo replicar quejumbrosamente él, aun agachado tras semejante carpetazo. –
-No – le corrigió ásperamente ella para recordarle. - Dije que no iba a enfadarme con tu compañero. Contigo es una cosa bien distinta - arreció la muchacha que ya estaba dando rienda suelta a su japonés natal para agregar visiblemente indignada.- ¡Anata wa Hitoriyogari, dansei yüetsu shugi-sha, orokana! ¡Anata wa buta des!
Después se giró alejándose de allí, mientras decía en voz alta y recuperando un tono formal y desapasionado. En tanto su interlocutor la observaba con ojos como platos al igual que el resto.
- Vas a necesitar algo más que un paracaídas para aprobar el próximo examen sin mis apuntes. Claro que, siempre puedes pedírselos a alguno de tus amigos. Esos que tienen tantas neuronas.
Todos los muchachos agitaron la mano resoplando. ¡Vaya un carácter! Roy siguiendo su marcha con una mirada atónita, fue tras de ella instantes después, alcanzándola con pasos rápidos mientras trataba de disculparse.
-¡Si sólo es una broma mujer! , entre chicos ya sabes lo que pasa. No te lo tomes así, glup - se volvió hacia el bocazas del grupo siseándole con el puño en alto y mirada asesina que amedrentó al tarugo en cuestión incluso desde la lejanía.- ¡Ya hablaremos tú y yo capullo!- le espetó y de nuevo se centró en Beruche que seguía andando impasible y volvió a suplicar. - ¡Espera por favor! , glup...
Mientras tanto, el demonio se había introducido en el vestuario de las chicas. Entró en las duchas y desmaterializándose en una neblina esperó pacientemente a que llegase alguna presa. Y fue precisamente Melanie la que se acercó hasta allí. Todavía estaba sudada después de entrenar y no había tenido tiempo de ducharse y cambiarse. Entre cansada y todavía rabiosa por su encuentro con la japonesa se desnudó abriendo el agua y se entregó de pleno a esa relajante descarga para rebajar su adrenalina...
-¡Maldita zorra! – Pensaba en alusión a Beruche.- Se va a acordar de quién soy yo…
Pero Palizar estaba presto y se precipitó sobre ella penetrando en oleadas de vapor a través de su boca. La actitud negativa de Melanie y su enfado hacia Bertie, le habían atraído como un potente imán y pudo dominarla sin contratiempos. Su víctima notó como algo en su interior trataba de poseerla, se resistió pero fue inútil. Al cabo de unos segundos y acariciando libidinosamente su recién adquirido cuerpo, el demonio se vistió saliendo para cumplir con su misión.
- Espero encontrar al humano pronto. - Se dijo con una media sonrisa diabólica. -
Roy siguió a Beruche por todo el pasillo hasta llegar a la puerta de la biblioteca. Entraron y ella se refugió en la sala todavía vacía. Él trató de pasar pero la chica le dio con la puerta en las narices, insensible a cualquiera de sus súplicas, aunque éste se reiteraba en protestar desde fuera.
-¡Nunca he visto a una chica tan insensible como tú! ¡Ni con tan poco sentido del humor!, ¡así nunca vas a ligar con nadie, eso te lo aseguro!...-
Al final cansado de insistir, se marchó andando con la cabeza gacha y preguntándose cómo haría para conseguir unos apuntes decentes además de lamentar el incidente. Sería mejor no presenciar la partida para no desconcentrarla y que le culpase encima si perdía.
-Ésta chica puede llegar a ser muy cabezota.- Se decía con patente resignación.-
A su vez Beruche estaba enfadada y molesta. Aunque por otro lado, se había excedido. A fin de cuentas Roy tenía razón en que esas cosas eran comunes entre los chicos. Era ella la que había invadido ese contexto y no podía quejarse. Incluso recordaba cómo sus hermanas y ella misma criticaban a los hombres. ¡Y no digamos cuando quedaban con las guerreras y mantenían ese tipo de conversaciones! Pero la reciente disputa con Melanie la había caldeado el ánimo y se había pasado. Suspiró arrepentida. Sería mejor salir y hacer las paces o el remordimiento la atosigaría durante la partida. Su rival no tardaría en llegar, pero le quedaba aun media hora. Tiempo más que suficiente. Salió de la sala y se fue a buscarle.
-¿Roy?- Vaya, ¿a dónde habrá ido ese botarate?- Se dijo en tanto miraba por el pasillo.-
Su compañero a su vez se dirigió al pabellón de baloncesto y se sentó en uno de los bancos, lamentando la mala suerte que había tenido. ¡Ahora que las cosas comenzaban a ir bien entre ellos! Suspiró resignado, ya trataría de arreglarlo. Entonces vio a Melanie aproximarse hacia él, parecía contenta y le saludó con una voz más melosa que de costumbre.
- Hola Roy...creía que estabas en la partida de Beruche.
- No, aún es temprano.- Negó él sin ganas de contar lo sucedido. - Además tengo que estudiar para el examen - respondió cariacontecido de sólo pensar en ello. -
- Pues yo tengo muchas ganas de hacer ejercicio. Estoy muy pero que muy caliente y necesito algo que me descargue de adrenalina. - Le susurró ella mientras una de sus manos recorría el cuello de Roy bajando peligrosamente hacia su espalda. Él se apartó bastante sorprendido. Melanie se estaba pasando, incluso para lo que era normal en ella. - Ni siquiera la ducha me calma - continuó con voz lasciva - quizás si alguien me acompañase a mi habitación...
- Es que me preocupa el examen y tengo que ir a ver el torneo de ajedrez - trató de disculparse él -
- Yo te ayudaré - sonrió pérfidamente la chica besándole en el cuello. - Vente a mi cuarto y ya verás como te olvidas de eso. Ajedrez, ¡menuda tontería desprovista de toda emoción! El alma sólo puede satisfacerse a través del goce carnal. Y yo soy experta en eso...
Roy estaba bastante sorprendido. Melanie no parecía ella, hablaba de modo muy extraño, era una sensación incómoda. Encima le estaba acorralando en una esquina. Cuando, tratando de zafarse, el muchacho se había puesto en pie, ella se abrazó a él y casi saltando encima le besó pasionalmente antes de que pudiese darse cuenta. Justamente entonces Beruche, que incluso se había estado riendo por el camino recordando la cara del pobre chico cuando le dio con la carpeta, fue a buscarle a la cancha. En ese momento estaba desierta de más gente, quería hacer las paces y presenció ese beso creyendo que se trataba de algo bien distinto de lo que ocurría en realidad. Las palabras de la jefa de animadoras martilleaban su cabeza, estaba claro que ella tenía razón, le conocía bien y él había caído en sus redes con pasmosa facilidad. Sorprendida e incluso herida sin saber por qué, se dio media vuelta y se marchó, pero el chico la vio y librándose como pudo del abrazo pegajoso de Melanie trató de detenerla con su llamada.
- No es lo que parece, ¡espera por favor, déjame que te explique!
-¡No dirás que la prefieres a ella antes que a mí!- Escupió su acosadora de forma muy siniestra, asegurando - ¡yo puedo darte placeres que esa estúpida no podría ni soñar!
-¡Déjame Melanie, no está la cosa para bromas! - Le pidió él apartándola.-
Sin embargo ella le sujetó un brazo y con una fuerza sobrehumana le empujó contra una pared a la vez que el tono de su voz se hacía gutural y siseante y sus ojos brillaban rojizos.
- No tan deprisa, ¡tú no te mueves de aquí! ¡No te dejaré escapar, humano!
-¿Quién eres tú, no eres Melanie, verdad?- gritó Roy con gesto descompuesto por la sorpresa y el temor. -
-¿Es que no te gusta el cuerpo que he elegido? - Le inquirió cínicamente el demonio. - Es una lástima porque podríamos pasarlo muy bien los dos.
-¡Maldito bastardo, eres uno de ellos!...- repuso el muchacho fuera de sí. - ¿Qué le has hecho a Melanie? ¡Déjala en paz!
-¡Cómo quieras!- concedió su rival y el cuerpo de la muchacha cayó desplomado al suelo surgiendo de él una densa neblina negra que se materializó en la forma del demonio. - ¡Ya eres mío!- Proclamó aferrando a Roy por el cuello.-
Pero éste se zafó dándole un fuerte puñetazo. El demonio sorprendido atacó de nuevo y ambos comenzaron a luchar.
Ajena a eso Beruche, olvidándose del torneo, corría hacia su cuarto con lágrimas en los ojos, diciéndose con una media voz teñida de sollozos.
-¡Es un cerdo, como me engañó el otro día, sólo me mentía! Eso es lo que hace con todas.- Al fin paró en una esquina y se dominó. Debía serenarse, no iba a permitir que esa zorra la humillase de ese modo y reflexionó con más control- Soy una estúpida, no sé porqué me pongo así. Es a Cooan a la que más debería dolerle si lo viera. Tengo que hablar con él, aclarar las cosas. A fin de cuentas no debe importarme con quién esté, he actuado como una tonta. No tenemos ningún compromiso y es libre de hacer lo que desee. Además, va a pensar que voy detrás de él. De todos modos es difícil para un chico así cambiar. - Se enjugó las lágrimas y volvió sobre sus pasos. Cuando llegaba a la puerta del solitario campo, escuchó ruidos de golpes y extrañada, miró al interior.
El demonio golpeaba a Roy lanzándole contra un fichero, éste se repuso con mucha rapidez y golpeó a su vez a su sorprendido rival que no se esperaba tanta resistencia. Todo esto fue observado por Valnak que había aparecido tras una parte de las gradas al margen de la atención de los protagonistas del duelo y de la atemorizada Beruche que no sabía como ayudar...
- Muy bien Palizar cumple con tu deber - .Se sonreía el capitán de la Horda. -
En ese momento Tom y Cooan se habían reunido, los dos se dirigían hacia la biblioteca para presenciar la partida de Bertie, pero al no encontrar a su amigo pensaron que posiblemente estuviera en la cancha.
- Seguro que se le ha pasado, ¡este Roy es un caso!- Comentaba su compañero con aire admonitorio.-
- Aun queda tiempo - Le tranquilizó Cooan. - Le buscamos y ya está. No puede estar muy lejos de aquí.
Su interlocutor iba a replicar cuando escucharon dos sordos golpes que provenían de la cancha. De inmediato corrieron hacia allí uniéndose a un grupo de alumnos que también habían escuchado el ruido. Roy, superado por su enemigo, salió corriendo de allí. Tampoco quería que Bertie (a la que acababa de ver llegar), se viese envuelta en aquella pelea. Entró en una sala contigua perseguido por el demonio. Tom, Cooan y Beruche se reunieron en la cancha y corrieron tras él. Pero Tom tropezó con uno de los múltiples objetos que habían caído al paso de su amigo y Palizar quedando atrás, mientras las hermanas entraban tras el demonio en esa sala. Nada más hacerlo, la puerta se cerró tras ellas de una forma brusca y poco natural. Tom trató de derribarla sin lograrlo, parecía reforzada por una especie de campo de fuerza infranqueable. En el interior las chicas acudieron en ayuda de su compañero atacando al demonio con todos los objetos que encontraron allí. Lápices, borradores y carpetas que arrojaron contra el cuerpo de su enemigo. Palizar, enfurecido y molesto, les amenazaba con chillidos guturales.
-¡Os mataré a todos miserables! ¡Voy a acabar con vosotros! - sentenció revolviéndose contra las chicas. -
Su enemigo se lanzó sobre él apartándole de ellas, placándole por las patas, ambos rodaron en el suelo. El demonio le rechazó levantándose furioso y declarando.
- Nadie que ataque a Palizar sale con vida.
-¿Cómo has dicho que te llamas?- respondió Roy con un extraño tono entre burlesco y divertido pese a la apurada situación. - Pali... ¿qué? ¡Vaya nombre más ridículo!
-¡No te burles de mí, maldito mortal miserable, sólo eres un patético humano! - Aulló el demonio lanzándose a por él mientras su rival le esquivaba a la vez que decía con sorna. -
- Si, ¡pero no me llamo Palizar! ¡Vaya un nombre, ja, ja!...- rio exageradamente para alejar lo más posible al enfurecido demonio de las chicas y continuó provocándole -¡Vamos!, con ese nombre no se te puede tomar en serio. Ven aquí que te voy a A...palizar.
El demonio, visiblemente ofendido, le atrapó finalmente agarrándole por el cuello. Al punto sus manos se transformaron en garras. Estaba dispuesto a asestarle el golpe final pero sintió una orden telepática de Valnak.
-¿Qué haces idiota? ¡Si le causas la muerte tú serás destruido a continuación!
Asombrosamente para Roy y las chicas, el demonio se controló a duras penas bajando su zarpa mientras siseaba agitadamente...
-¡Tienes suerte de que mi señor te quiera vivo! ¡De no servirle para sus propósitos ya estarías muerto!
Entonces Cooan, en ese descuido de su enemigo, recitó un conjuro y lanzó contra el demonio un amuleto que le paralizó. Roy aprovechó los esfuerzos de éste por liberarse para soltarse y le clavó una pata de silla haciéndole estallar. Apartándose con las chicas tras unas mesas.
-¡Chao Palizar!- dijo con sorna mientras el demonio explotaba. -
Una vez disipada la onda de choque fruto del estallido, Roy se incorporó junto con Beruche y Cooan.
- Gracias por ayudarme Connie. - Jadeó aliviado-
- No ha sido nada. - Le sonrió ella sin querer darle importancia.-
Bertie iba a decir algo cuando una silueta de rostro irreconocible se materializó en la habitación, era Valnak.
- Muy bien, veo que no estás tan indefenso como parecía. Has acabado con uno de mis mejores demonios antivirtudes. Estoy impresionado.- Declaró con extraña amabilidad burlesca. -
- Así que eres el que está detrás de todo esto ¿Quién eres?- replicó Roy poniéndose en guardia. -¿Qué es lo que quieres de mí?
La silueta desapareció, pero la voz siguió sonando desde todas partes de la habitación.
- Te quiero a ti, eso está claro...
-¡Ven por mí, si te atreves, te pasará lo mismo que a los otros! - Contestó Roy blandiendo un palo con ademán desafiante hacia todas partes y ninguna. -
- ¡Ja, ja, ja!,- rio su antagonista, divertido.- ¡Pobre estúpido, no tienes nada que hacer contra mí! , no sabes contra quien te enfrentas. Los demonios que hasta ahora has destruido con todo ese trabajo y dificultad, sólo eran mis servidores.
- Él no está sólo. Somos un equipo.- Intervino Cooan con voz decidida. -
- También tendrás que enfrentarte a nosotras, seas quién seas. - Añadió Beruche uniéndose a su hermana. -
-¡Estúpidas!- escupió aquella voz con manifiesto desprecio -¿creéis que hemos olvidado vuestra traición? Sé quienes sois vosotras y ya me ocuparé de daros vuestro merecido más tarde. ¿Acaso os creíais a salvo aquí? – Ambas chicas sintieron que un escalofrío las recorría el cuerpo ¿qué sabía aquel extraño ser de ellas? ¿Quién podría ser?
-¡Atrévete a tocarlas y te mataré! - Amenazó Roy sin comprender entre tanto a qué podría referirse ese demonio-
- ¡Ja, ja, ja!,- se burló Valnak. - No dirás lo mismo cuando termine mi trabajo contigo. Pero no hay prisa. Por ahora os dejaré vivir un poco más, me encanta divertirme con vosotros. Hasta pronto - la voz desapareció y la puerta de la estancia se abrió sola como si nunca hubiese estado atrancada. -
Tom y los demás entraron dispuestos a intervenir pero no había nadie allí más que Roy, las chicas y un montón de desperfectos. A duras penas improvisaron una explicación. Vieron a una rata, o algo parecido entrar allí. La persiguieron pero escapó. Debió de salir por algún agujero. Cuando todos oyeron eso perdieron el interés y se fueron, el muchacho le contó a su amigo la auténtica versión de lo ocurrido. Éste le respondió con determinación.
- Tranquilo, la unión hace la fuerza. No se atreverá contra los cuatro - añadió el recién llegado para tranquilizar a sus amigos. -
- No creo que sea tan fácil, son fuerzas que van más allá de nuestra comprensión. - Replicó Roy muy seriamente, para después dirigirse a las chicas con gesto inquisitivo. - ¿A qué se refería cuando habló de vosotras?
- Debió de confundirnos con otras. - Pretextó Cooan con un tinte de voz y expresión bastante nerviosa. -
- Sí,- la secundó Beruche algo más controladamente, cambiando de tema de manera radical con tinte más conciliador. - Oye Roy, perdona, no he sido justa, siento haber dudado de ti. No era para tanto, lo siento
- No pasa nada Bertie. En cuanto a los chistes tú tenías razón, pero lo que pasó antes con Melanie te aseguro que yo no...- Pero ella le hizo callar levantando un dedo. -
-¿Qué ha pasado?- quiso saber Cooan mirándoles intrigada lo mismo que Tom. -
- Nada importante - respondió su hermana. - Roy necesita mis apuntes para el examen de la próxima semana.
- Si, no pasa nada, Connie – añadió cómplicemente el chico. -
-¡La partida! - Recordó Bertie llevándose una mano a la frente. - Casi se me olvida. ¡Está a punto de empezar! ¡Oh cielos!, me la darán por perdida si no logro presentarme a la hora convenida.
-¡Vamos, no perdamos tiempo!- Les conminó Tom.-
Los cuatro corrieron a la sala del torneo. Beruche llegó justo para saludar a su rival y sentarse a la hora señalada. Estaba visiblemente agitada. Cortésmente la muchacha a la que se enfrentaba, observándola atónita, le propuso esperar unos minutos. Ella agradeció el detalle y le vino bien. Pero pese a ello sólo pudo hacer tablas. Su mente no estaba para demasiadas estrategias ajedrecísticas. Al terminar saludó de nuevo a su oponente y tanto ella como su hermana y los muchachos se marcharon.
- Ha sido una pena. - Declaró Tom.-
- No podía concentrarme. - Se excusó Beruche. - Lo lamento.
- Dadas las circunstancias lo has hecho lo mejor que has podido.- Se apresuró a animarla Roy. -
- La próxima vez estarás más tranquila y ganarás.- Sonrió Cooan brindándole también su apoyo.-
- Gracias a todos. - Les sonrió Bertie sintiéndose algo más reconfortada. -
-¿Qué os parece si nos tomamos algo?- Les propuso Tom que notaba la inquietud reflejada en el rostro de ambas -.
- No, gracias Tom. - Rehusó Beruche pretextando. - Es que me duele la cabeza. He tenido mucha agitación por hoy y encima luego la concentración de la partida me ha terminado de atontar.
- Si. - Convino Cooan. - Disculpadnos por favor. -
Ninguno de los muchachos insistió, lo mejor sería dejarlas descansar. Roy sobre todo no dejaba de pensar en las palabras de ese misterioso enemigo. ¿Qué habría querido decir al hablar de ellas? Allí estaba pasando algo y las chicas estaban muy asustadas. Y no era solo por el ataque de esos demonios. A eso parecían estar tan acostumbradas ya como él. Se trataba de la expresión de sus caras. Cuando aquel misterioso individuo se dirigió a ellas. Se habían quedado pálidas al oírle, como si hubieran visto un fantasma. Por mucho que ambas lo negaran allí había gato encerrado. Él mismo también estaba cada vez más preocupado, algo en ese nuevo adversario le daba escalofríos. Era mucho peor que cualquier otro al que se hubiese enfrentado hasta entonces. Pensó que tampoco le vendría mal reposar y junto con Tom decidió marcharse también a su cuarto.
-Tengo que averiguar qué está sucediendo.- Se decía con patente intranquilidad.-
Más tarde, ya en su habitación, las chicas escribieron una carta a las guerreras de Japón. Esta vez sin tapujos, evidenciando toda la gravedad de la situación. Las ponían al corriente y pedían su ayuda para que fueran urgentemente y también les suplicaban que mantuviesen a sus hermanas mayores fuera de esto.
-¡Tengo miedo Cooan! confesó su hermana. - Ese demonio sabe quiénes somos, o mejor dicho, quienes fuimos, estoy convencida.
- A lo mejor ha sido una casualidad. - Opuso débilmente la interpelada pues ni ella misma lo creía así. -
- No lo entiendo, no quedó nadie de nuestra familia, ni siquiera el Sabio. Las Guerreras acabaron con él.- Trató de recapitular su interlocutora. -
- Seguramente ellas nos ayudarán. Confía en la Guerrera Luna y las demás. - Le animó su hermana – Nunca nos han fallado.
Beruche suspiró, no tenían otra opción, sólo desear que su petición llegase cuanto antes. Roy mientras tanto también se sinceraba con Tom.
- Tengo miedo amigo, por primera vez en mi vida siento que no sé contra lo que me enfrento, esta situación me sobrepasa. No sé como actuar, ni que quieren de mí. Además, esos tipos son cada vez más fuertes.
- Pero tú también aumentas tu fuerza. ¿No?- repuso su interlocutor tratando de levantar su moral.-
- No sé si eso será suficiente. Y sobre todo, no quiero que tú ni las chicas os veáis envueltos en esto por mi culpa.
- No temas por nosotros, ¡sabemos cómo defendernos! y yo puedo enseñarte algunos métodos para mejorar más deprisa. - Le arengó su amigo -.
Al escuchar esto Roy se animó visiblemente y le pidió a su compañero comenzar cuanto antes. Tom convino en ello. También tenía sus fuentes y pensó en un viejo conocido al que podría quizás consultar. Pasado un rato y más tranquilo decidió salir a interesarse por Melanie. Ésta ya se había repuesto y no recordaba nada de lo ocurrido después de la ducha. Pero estaba igual de presumida y coqueta que siempre lo que confirmaba su vuelta a la normalidad. Y para alivio de Roy, Roberts la asediaba con su preocupación. Él y otros dos chicos la encontraron desmayada y la llevaron a la enfermería. De este modo la muchacha no podría zafarse del solícito rugbista para incordiarle, al menos durante unos días. Eso pensaba Roy aunque el propio Roberts se le acercó con aire de pocos amigos una vez dejó a Melanie en su habitación y le espetó.
-¡Espero que esto no sea cosa tuya Malden!
Roy le miró cansinamente y replicó con apatía.
- Déjalo Roberts, no he tenido un buen día y no tengo ganas de más problemas.
-¡Si le haces daño a Melanie te las verás conmigo! - Le amenazó éste clavando en él una amedrentadora mirada.-
Pero su interlocutor se sentía cansado y apenas si le prestó atención, añadiendo pese a todo con calma.
- No quiero molestar, ni pretendo nada con ella. Sólo deseo estar tranquilo ¿vale? –
Y sin más se alejó aprovechando el efecto de sus palabras. Roberts se quedó desconcertado, quizás no esperase esa especie de rendición, de todos modos aun le advirtió desde la lejanía.
- Te estaré vigilando Malden. No lo olvides.
Roy no atendió ya a esa última declaración, otras cosas más serias le preocupaban. Paseó un poco por los pasillos y cuando se hizo la hora de dormir volvió a su cuarto, dio las buenas noches a su compañero y se acostó. Pero Valnak seguía allí. En la oscuridad de la noche el demonio turbaba el sueño de su presa con un mensaje telepático.
- No tienes destino, ya está marcado para ti. Los poderes oscuros son tus dueños. A ellos deberás volver. Estás marcado y nada podrá impedirlo. - Todo esto resonaba en la mente de Roy que se agitaba en sueños mientras musitaba esa máxima. -
- No hay destino...para mí…
Satisfecho por su mensaje subliminal el demonio volvió a la base. Allí, el Gran Sabio, enojado tras lo que consideraba un nuevo fracaso, le pidió explicaciones.
-¿Por qué no les atacaste, Valnak? Habrías acabado con ellos sin dificultad...
- Quería evaluar su fuerza y además he descubierto algo interesante.- Le explicó el demonio pidiendo a su interlocutor que sacase su bola de cristal. Éste lo hizo sin muchas ganas y Valnak proyectó en ella imágenes de las chicas - ¡Las he reconocido!, las había visto antes. ¡Eran enviadas nuestras en el siglo XXX! Recuerdo que uno de tus hermanos las mandó a la Tierra de esta época. Y ellas le traicionaron.
-¿Cómo es que están aquí?...- Quiso saber el Sabio sorprendido por esa revelación.-
- Se convirtieron en humanas normales. Al parecer aquellas que las ayudaron a hacerlo no están en este lugar.
-Encárgate de ellas. ¡Mátalas! - Le ordenó el Sabio - pero primero debes cumplir con tu misión, eso es lo principal.
- Por supuesto, como ordenes. Mientras despierto a Armagedón me divertiré un poco con ellas. Pero por el momento pueden serme útiles. Servirán para controlar al humano que lo aloja. Si teme por ellas le tendré a mi merced. ¡Ja, ja!
-¡Haz lo que quieras pero obtén resultados!- le espetó el Gran Sabio desapareciendo al instante. -
- Lo que tú mandes, para mí será un placer. - Respondió Valnak al vacío y añadiendo para sí en un reflexivo monólogo. - ¡Cuánto tiempo ha pasado viejo amigo!, pero no te preocupes, te liberaré de tus cadenas y todo volverá a ser como antaño. Esta vez no permitiré que nuestros planes se frustren. Y menos por esas estúpidas traidoras. Aunque me alegro de que estén aquí. Eso me dará la ocasión de matar dos piezas con el mismo tiro. ¡Y esta vez princesa, no tendré piedad de ti! Para eso he venido del Infierno y no me volveré sin conseguirlo.- Hecho este propósito se desvaneció también dejando el lugar en silencio.
Cuando la carta de las chicas llegó a Japón fue esta vez Ami la encargada de recibirla. Quedó realmente preocupada tras leerla. No tardó en avisar a las demás. En esta ocasión, las primeras en llegar fueron Usagi y Rei.
-Es terrible. Esos enemigos a los que se enfrentan allí cada vez son más poderosos y además saben quiénes fueron ellas.
-Creo que ha llegado la hora de que intervengamos.- Comentó Rei, con el semblante asimismo muy inquietado.-
-Todavía no es el momento.- Les respondió Usagi, agregando con un tinte algo enigmático.- Pero cuando llegue la ocasión iréis vosotras dos.
-¿Nosotras dos?- Dijo Ami para añadir sorprendida.- ¿Acaso no iremos todas?
-Bueno, nosotras tres. Yo misma iré con vosotras, pero Minako y Makoto deberán quedarse aquí. Al menos de momento.- Les dijo su interlocutora.-
Usagi entonces aprovechó para desvelarles un par de cosas a sus atónitas compañeras. Éstas asintieron y, aunque tenían alguna pregunta más que hacer no tuvieron ocasión. Al poco llamaron a la puerta. Ami abrió encontrando allí a las otras dos guerreras del sistema solar interior.
-Hemos venido lo más rápido que pudimos.- Las saludó Makoto.-
-Sí, Artemis me dijo que habías llamado, Ami.- Añadió Minako.-
Su compañera las hizo pasar y cuando todas estuvieron sentadas les leyó aquella carta. Las recién llegadas expresaron idéntica preocupación. No obstante Usagi parecía estar más tranquila ahora y les comentó.
-Todavía no ha llegado el momento de intervenir allí. Aquí tenemos enemigos peligrosos. En cuanto nos aseguremos de que las cosas en Japón están definitivamente controladas nos pondremos en marcha.
-Lo cierto es que han pasado días y no han vuelto a producirse ataques.- Comentó Makoto con desconcierto.-
-Pero creo que Usagi tiene razón.- Terció Rei argumentando.- En unos días más podremos estar del todo seguras.
Las dos recién llegadas dedicaron sendas miradas de extrañeza a su compañera. Ésta se percató preguntando.
-¿Se puede saber qué pasa? ¿Es que tengo monos en la cara?
-No chica, pero nos sorprende que le des la razón a Usagi tan rápido.- Pudo responder Makoto.-
-Es verdad.- Convino Minako añadiendo con una media sonrisa.- No es muy habitual.
-Oídme chicas. El hecho de que Usagi sea muchas veces impuntual, estrafalaria y despistada a más no poder no significa que de vez en cuando, no tenga razón. Y cuando la tiene la tiene. - Sentenció la sacerdotisa.-
Ahora todas la miraban con ojos como platos. Fue la propia aludida en aquella especie de discurso quién tomó la palabra no sin ironía para declarar visiblemente molesta.
-Vaya, muchas gracias Rei. Por defenderme de ese modo tan enérgico.
-No las merecen.- Sonrió su interlocutora que parecía ajena al gesto contrariado de su compañera en tanto el resto movía la cabeza.-
-Bueno, lo dicho.- Recapituló Ami para salir de paso de esa incómoda situación.- Esperaremos y entre tanto trataremos de informarnos mejor. Luego a ver qué podemos hacer. Si descubrimos el más mínimo riesgo para Bertie y Cooan tendremos que actuar. ¿Os parece?
Las demás convinieron en ello y tras un rato se separaron, sin dejar de pensar, eso sí, en sus queridas amigas.
