The Last Doll
9.-
… él es MG McKinney.
Jared entró en la ducha. Pensaba en la conversación que tuvo la noche anterior con Jensen. Repasaba cada una de las palabras. Dejó salir el agua, tibia al principio, la prefería fría, así podría despejarse mejor. Apenas había dormido esa noche. Con el rostro demudado del activo grabado a fuego en su mente.
Analizando los gestos, las miradas, lo que debió decir o hacer, se enjuagó rápidamente. Iba a acompañar a MG a casa de los Collins, puede que Jensen ya no confiara en él pero haría todo lo posible por demostrarle que siempre estaría aquí para protegerle.
McKinney ya le esperaba en el comedor, la hija de la hostelera le estaba sirviendo el desayuno, un par de huevos con beicon y una taza de café con leche que más bien parecía un tazón para cereales.
- ¿Lo mismo? – le preguntó MG al sentarse a su lado
- Sí, pero yo prefiero el café solo, gracias Alex – sonrió a la muchacha que volvió a la cocina a decírselo a su madre – nos esperan a la nueve
- Fuiste anoche a verle – afirmó su jefe atacando el beicon.
- ¿Me seguiste? – MG levantó las cejas remarcando lo evidente – por supuesto
- Ross… - Jared endureció la expresión y su superior levantó las manos levemente del plato en señal de paz, confirmó – Jensen no es el único que se ha visto afectado por los anónimos, tú también, además quería reconocer el terreno.
- Yo no corro peligro
- Nunca sabes quién está en peligro chico – le señaló McKinney con el tenedor
- De todas formas MG, siento lo que dije anoche, no tenía derecho – lo lamentaba sinceramente, debía estar agradecido por que hubieran enviado a su amigo en lugar de cualquier otro, no había duda en eso. Y sentirse mal no justificaba que lo hubiera atacado.
- Olvídalo
- Este caso para mí es más que un trabajo, pero el de los Winchester – se calló al ver cómo su amigo lo fulminaba con la mirada. Alex trajo su comida y una jarra de café recién hecho y los dejó solos de nuevo. Contempló pensativo cómo la muchacha iba a atender a otro cliente, Vicky era igual de responsable, incluso más pues era unos años menor. MG sostenía su tazón de café con leche entre las manos concentrado en algún recuerdo doloroso – lo siento
- Estuve a punto de dejarlo Jared, no fue sólo una licencia temporal – sonrió amargamente el agente especial – Pileggi tuvo mi carta de renuncia en su cajón todo ese tiempo, fueron dos golpes duros muy seguidos. No voy a decir que te alejes de ese chico, ni siquiera que es mala idea que te enamores de él, se cómo va, lo he vivido y yo no tuve ninguna opción, tú si la tienes.
- La verdad es que nunca estuve seguro de lo tuyo por Victoria Winchester, hasta anoche – respondió sintiéndose mal por el mayor.
- Eso fue hace mucho tiempo chico, termínate el desayuno.
Acabaron de desayunar en silencio, MG no había traído vehículo oficial por lo que con un gesto le pidió las llaves de su coche, se las lanzó sentándose en el asiento de copiloto.
- MG, deja de llamarme chico, sólo tienes cuatro años más que yo – gruñó echando el asiento hacia atrás.
- ¿Prefieres que te llame novato?
- Chico está bien – se rindió antes de que le buscara otro sobrenombre.
Samantha, Jake y Donna salían de la mansión cuando llegaban los agentes del FBI. El pequeño iba saltando cogido de las manos de las dos mujeres, pero al ver a Jared se soltó de ellas y corrió a los brazos del federal.
- ¡Jaerd Padaleski! – dijo tirándose desde lo alto de los doce escalones que separaban la puerta del camino de tierra prensada sin ningún temor por su seguridad, el joven agente tuvo el tiempo justo para reaccionar y alcanzarlo antes de que rodara por la escalera - ¿Sabes? Me llamo Jake Co-llins, es mi pellido, Coo-llins y Vicky se llama Co-llins y Ty tambén y tito Jensen se llama Jensen Apples y tú Jaerd Pa-da-les-ki y tú no se como te llamas
- El es MG McKinney – se rió aliviado entregando al pequeño huracán a su abuela y presentando al hombre que el niño señalaba con gesto desconfiado – buenos días Samantha, Donna.
- M y G son letras Jaerd, no son nombre – le corrigió el pequeño
- Entonces me presentaré formalmente, Señora Collins, Señora Hanscum, señor Collins soy el Agente Especial Mark Gilbert McKinney a su servicio – dijo quitándose el sombrero e inclinándose como un caballero medieval ante las damas, Jared no podía contener la risa por el asombro del pequeño y la sorpresa de ambas mujeres.
- Vale, MG es mas fácil – dijo el pequeño condescendiente – puedes llamarte MG, tenemos que irnos, no le abras a desconocidos Jaerd.
- Desde luego que no, hasta luego.
- Si necesitas algo Jared ya sabes dónde está todo – Samantha le dio la llave de la entrada – también sabes que puedes venir cuando quieras. Jensen está en la piscina.
- ¡Va a pescar un tiburón para cenar! – gritó el pequeño desde el todoterreno mientras Donna lo amarraba en su sillita
- ¿Eso es un Mercedes G 65 AMG L? – murmuró McKinney diciendo adiós al chiquillo con la mano - ¿Cuánto gana un psiquiatra?
El federal de mayor edad siguió a su compañero hasta la salida trasera al jardín, sin sorprenderse de que conociera la mansión al detalle. El activo estaba dónde les habían dicho, en el pequeño muelle vallado que daba al lago. Pescaba, o al menos se acodaba en la baranda mientras la caña permanecía inmóvil en su soporte.
- Jensen, tengo que presentarte a mi compañero – despacio, el activo se volvió, Jared frunció el ceño, se movía con cuidado, como si tuviera algún problema en el costado - ¿te ocurre algo?
- No, sólo me levanté así, habré hecho algún movimiento que no debía, ya se pasará – estaba pálido y con ojeras, su respuesta no tranquilizo al agente – dónde queréis hablar.
- Jensen, este es el agente especial MG McKinney – el pecoso asintió aceptando la mano que le ofrecía el federal – MG, Jensen Ackles.
- Nos podemos quedar en la terraza si os parece bien a ambos – ofreció rápidamente el oficial de más rango.
McKinney se sentó en uno de los sillones individuales, Jensen en el otro y las opciones de Jared se redujeron al sofá balancín, para no estar demasiado lejos se quedó en uno de los pufs ridículamente pequeños que se recogían bajo la mesa de te. Jensen sonrió levemente al verle con las larguísimas piernas cruzadas en postura de yoga.
- ¿Se acuerda de mi Jensen? – preguntó MG – nos hemos visto un par de veces
- No – no mentía, además estaba seguro de que si lo hubiera visto antes lo recordaría, quizás era otro de los efectos secundarios de su presunto lavado de cerebro – no me suena su cara
- Jensen, MG estuvo en el entierro de Victoria y en el de Misha – explicó Jared
- Recuerdo ambos, no le recuerdo a usted ¿Llegamos a hablar?
- Si, tuvimos una conversación, puede que la hija de Misha, Victoria, me recuerde, también hablé con ella – confirmó el federal.
- Siento no serle de mucha ayuda, pero no puedo recordarle
- Está siendo de mucha ayuda, créame Jensen – afirmó el agente especial, Jared no tenía ni idea de que su amigo acaba de confirmar algo que sólo creía una sospecha disparatada - ¿Anoche se sentía mal? Quiero decir, físicamente.
- No, cuando Jared se marchó me fui a descansar, debí hacer algún giro brusco al coger a Jake por la tarde, siempre está haciendo diabluras, y en el momento no me di cuenta de que me hice daño – explicó Jensen, no sabía porqué pero le resultaba sencillo contestar las preguntas de McKinney.
- Si que es un torbellino – sonrió el federal – nos lo hemos encontrado al llegar, casi se tira de cabeza sobre Jared
Jensen miró al más joven dolido, a pesar del traje de chaqueta, sentado prácticamente en el suelo, pues el puff era más para un niño que para un hombre de casi dos metros, sólo veía en él al agente social que se le había colado bajo la piel y al que Jake adoraba casi desde el primer día.
- Jake tiene mucho cariño al agente Padalecki – confirmó
- No es necesario que me llames así Jensen – esta vez el que se sentía herido era Jared.
- Yo también preferiría que nos tuteáramos todos, me resulta demasiado largo lo de agente especial McKinney señor Ackles, estoy de acuerdo con el pequeño Jake, MG es más corto – después de lo que había deducido de las respuestas del activo, McKinney consideraba prioritario que Jared permaneciera junto a él el máximo tiempo posible.
- Como quiera – se mostró conforme Jensen.
La mañana fue avanzando entre las preguntas del agente especial, las respuestas del activo y las puntualizaciones de Jared. La caña de pescar permaneció inmóvil en su soporte, ni siguiera la leve brisa tensó el sedal.
Las mujeres volvieron en algún momento mientras ellos continuaban con el interrogatorio. Lo supieron cuando Donna Hanscum les trajo un aperitivo y unos refrescos a media mañana. Pero no les volvieron a interrumpir.
- Bien Jensen, creo que ya me ha contado todo lo que necesitaba saber, ahora déjeme que le eche un vistazo a su costado, soy fisioterapeuta vocacional – ofreció McKinney, Jared fulminó con la mirada a su jefe.
- No es necesario, no es nada – rechazó el activo
- Vamos Jensen, será un momento, y puede que deje de molestarle, me han dicho que soy muy bueno – MG lanzó una mirada de auxilio al más alto que comprendió que podía ser importante.
- Déjale, Jensen, yo tenía una contractura esta mañana y la hizo desaparecer, sabe lo que hace – apoyó al agente especial.
Aún reticente, el activo se quitó la camisa y se levantó la camiseta, los dos federales se miraron preocupados pero no dijeron nada. McKinney utilizó sus conocimientos de patología forense para examinar el cuerpo del hombre que ni siquiera se había dado cuenta de la gravedad de los hematomas que cubrían el costado derecho y parte de la espalda.
- Tienes un morado importante, ¿seguro que no ha sido un golpe? – preguntó Jared.
- No estaba morado esta mañana
- Ajá, un poco de diclofenaco tópico y estarás mejor rápidamente – recomendó el mayor haciendo un gesto a su compañero que quería decir que no insistiera en la lesión de Jensen - ¿Tienes en casa?
- Si, supongo que en el botiquín habrá algún tubo.
- ¿Por qué no te untas un poco? Yo aprovecharé para ir al baño, si no te importa – McKinney se levantó del sillón y se quejó – ¿Tengo que recorrer toda la mansión para ir al aseo?
- Hay uno en el sótano – dijo Jensen señalando las dobles puertas aseguradas por una barra de hierro – te echaré una mano para abrirlo, hacen falta un par de adultos para mover esas puertas.
- Yo le ayudo Jensen, tú ve y échate esa pomada.
- Sí, no vayas a empeorar ese costado chaval –secundó MG
- Si vais a investigar el sótano no necesitáis excusas absurdas, se supone que estáis aquí para eso – replicó el activo – pero si queréis que me crea vuestras excusas puedo fingir que me las creo.
Esperaron a que Jensen se marchó para retirar la barra y levantar las pesadas puertas, efectivamente hacía falta la colaboración de dos personas fuertes para levantar cada una de las hojas. El sótano estaba limpio, aunque, una fina capa de polvo anunciaba que llevaba un tiempo cerrado y sin que nadie hubiera bajado allí. Había un par de puertas tapiadas, una daba a la cochera, otra a la antigua bodega y un par de puertas al lado opuesto eran trasteros. El aseo estaba entre ambas paredes.
- MG ¿Dónde vas?
- ¿Tú que crees? No estaba mintiendo al chico… del todo.
Jared se rió, y se internó en los trasteros, buscando algo que hubiera podido pertenecer a Misha o a Jensen.
- ¡Qué ibas a decirme! – gritó apartando un baúl de plástico, le había parecido que el suelo que cubría sonaba a madera hueca.
- ¡Lo que sea no te lo voy a decir a gritos chico! – McKinney se acercó al trastero de dónde salía la voz de Jared - ¿Dónde te has metido?
- Baja aquí, ahora – respondió apremiante el agente más joven
Había un segundo sótano y había sido usado recientemente. Jared apretó los puños hasta que sus uñas se clavaron en las palmas de sus manos, McKinney palideció, ambos reconocieron el lugar sobre el que leyeron en el diario de Jensen.
- Calma chico – recomendó el mayor
- Benjamin Collins por fuerza conocía este sitio y no nos dijo nada sobre él
- No estás seguro de eso. Puede que tenga una explicación razonable…
- Los hematomas de Jensen son recientes, y son de golpes MG
- Mantén la cabeza fría, amigo
- ¿Cómo? He metido a Jensen de cabeza en la boca del lobo – le pegó una patada a la jaula de metal y gimió desesperado – mira todo esto, lo han usado recientemente, no hay ni una mota de polvo.
- No vamos a precipitarnos Jared, de momento vamos a sacar a la luz esta… mazmorra. Pero no vamos a sacar conclusiones hasta que…
- ¿Mazmorra? – Jensen había bajado por la trampilla los dos federales se volvieron hacia él pistola en mano – eh, no voy armado
- Lo siento – Jared enfundó su arma y lo mismo hizo su compañero – eres silencioso Jensen, ¿Por qué has bajado aquí?
- Samantha quería saber si os quedabais a almorzar – palideció al relacionar los objetos de allí dentro con el diario – fue aquí.
- Salgamos al aire libre - sugirió MG dirigiéndose a la trampilla
Jensen se acercó a la jaula, a los ganchos que colgaban del techo, de las columnas, había algo que no acababa de encajar en su visión del lugar, como un recuerdo que pugnaba por abrirse paso enterrado entre toneladas de fango. Allí faltaba algo.
"Muévete imbécil". La patada, brutal, impactó en su costado, él no estaba contento. "No me vas a quitar mis recuerdos otra vez, esta vez no" dijo levantándose sin usar las manos atadas como estaban a la espalda.
"¿Crees que puedes desobedecerme sin consecuencias? ¿Quieres que alguien más pague por ti? ¡Me lo quitaste todo! ¡Me lo debes!" La patada en la espalda lo volvió a tirar al suelo.
- No te debo una mierda – masculló Jensen acercándose a una de las paredes y descubriendo un panel oculto que daba a un pasadizo
- ¡Jensen! – Jared cogió entre sus manos el rostro del activo, parecía en trance - ¿qué te ocurre?
Los ojos verdes de Jensen parpadearon y se abrieron horrorizados antes de abrazarse al federal como un chiquillo asustado. McKinney sacó su arma y se introdujo en el pasadizo, Jared lo imitó cogiendo de la mano al activo. El pasadizo apenas tenía veinte pulgadas de ancho, en algunos puntos tenían que avanzar de lado. Llegaron a lo que debió de ser la antigua bodega. Estaba amueblada y daba la impresión de que alguien había estado viviendo ahí hasta hacía poco.
McKinney abrió la mini nevera, tenía comida preparada, fruta fresca, bebidas. La cama estaba limpia, había sido usada en las últimas horas. MG se explicaba ahora que el aseo estuviera tan limpio cuando no parecía que hubieran bajado al sótano en meses. Tras un biombo había otro pasadizo, tan estrecho como el anterior que subía por la pared maestra del ala antigua hasta el ático. También había sido usado en los últimos días. Escucharon ruido de pisadas, alguien bajaba por las escaleras. Corrieron hacia las habitaciones inferiores, no había nadie.
- Ha llegado el momento de tener una entrevista con Benjamin Collins – afirmó el agente especial McKinney
El Psiquiatra entró en su propio despacho de la mansión preocupado. Había cancelado el resto de sus citas del día, a quinientos dólares la hora, esa tarde dejaría de ganar tres mil. Pero los agente del FBI le habían asegurado que se trataba de algo urgente para el bienestar de Jensen y el anciano se sentía tan culpable y tan responsable de su hijo adoptivo que daría mil veces esos tres mil si podía ayudarlo en lo que fuera.
- Siéntese doctor Collins – indicó el agente especial McKinney ofreciéndole una silla, no había que ser una eminencia de la psiquiatría para comprender que le esperaba un interrogatorio incómodo.
- ¿Van a interrogarme? – preguntó sorprendido
- Díganoslo usted Benjamin – Jared estaba de pie, la espalda en la pared del fondo, cruzado de brazos, sus ojos entrecerrados y vacíos no presagiaban nada bueno.
- ¿Qué ocurre?
- Hemos encontrado el calabozo – dijo McKinney
- ¿Un calabozo? – respondió el anciano sin comprender nada
- ¡Maldita sea Benjamin! ¡No se haga el inocente! – Jared no pudo soportar más lo que creía que era un alarde de cinismo por parte del viejo – Fue usted quién mandó los anónimos.
- Si fui yo, pero lo hice por Jensen y por los niños. Creí que estarían más seguros en mi casa – murmuró el psiquiatra – siento haber tenido que implicarte hijo
- ¡Maldito! - El agente especial tuvo que retener a su compañero antes de que golpeara al viejo
- Si no vas controlarte chico, te vas fuera – murmuró en su oído apartándolo del anciano.
- ¡Hice lo que debía, hijo! – protestó Benjamin – ibais a devolverle sus recuerdos, ibais a hacerle desgraciado para siempre, sólo quería protegerle, proteger su inocencia y la de los pequeños, ¡Mi hijo era un monstruo pero ellos no tienen porqué que volver a pasar por todo lo que hizo!
Jared se desasió de su compañero y puso su rostro a un par de pulgadas del viejo. Ya estaba más calmado, no le golpearía pero sí le iba a sacar la verdad al dueño de la mansión.
- ¿Cómo ibas a proteger a Jensen? ¿Encadenándolo en la mazmorra del sótano?
- ¿De qué estás hablando? – A esas alturas el doctor Collins creía que Jared se había vuelto loco.
- Del búnker que hemos descubriendo bajo el sótano de esta mansión, doctor Collins, a la habitación secreta de la bodega – explicó el agente de más rango
- No hay ningún búnker, yo hice destruir la habitación secreta de la bodega hace más de diez años, quemé todo lo que encontré allí – el anciano miró angustiado a Jared – Sam estaba muy mal, incluso me dejó, intentó matarse, yo no podía dejar que viera lo que hizo Misha, era mi hijo, yo debía saber lo que estaba haciendo y dejé que me engañara durante tres años enteros, cuando Samantha se fue de casa lo registré todo y lo quemé, quemé ese calabozo, hasta que la misma bodega ardió, tengo el informe de los bomberos, el parte del seguro en el que renuncio a la indemnización. Es imposible que hayáis encontrado ningún calabozo porque hace catorce años que no existe.
Jensen estaba en la cocina, con Samantha y Donna. Hubiera querido presenciar cómo interrogaban al viejo pero los del FBI no le habían dejado. Ya no sabía nada, su cabeza era un pozo de confusión, se tapó el rostro con las manos como sí así pudiera borrar todo de su mente.
Sam le abrazó, besándole en el pelo, y se sintió un poco mejor. Aunque no demasiado. El recuerdo de la noche anterior volvía con más nitidez, los golpes, lo que le hizo
"Ese viejo imbécil creía que te ayudaba y sólo te estaba poniendo en mis manos" se reía él. "Vamos, no pongas esa cara, tranquilo, mañana no recordarás nada, nunca lo recuerdas"
Se levantó a punto de vomitar, los recuerdos de la noche anterior se mezclaban con flases de los últimos tres años, fue al salón y entró. Jared discutía con el viejo. Decía que no lo creía, algo sobre el calabozo. Creía que había sido Benjamin quien le golpeó.
- Basta Jared, él no sabe nada – pidió a punto de derrumbarse – él no ha sido, no lo sabe
- Está vivo ¿verdad Jensen? – McKinney, el tipo del cementerio, ahora sí le reconocía, claro que habló con él, el federal le sostuvo cuando sintió que no era capaz de mantenerse de pie
- Si, creo que siempre lo estuvo – murmuró débilmente – yo, no era capaz de recordarlo hasta que bajé ahí, lo siento
- Lo sé muchacho, lo sé – Jared estaba a su lado y el agente McKinney lo dejó en sus manos.
Jensen se dejó caer sobre el cuerpo del federal más joven. Los recuerdos que pasaban sobre él como una apisonadora sólo le permitían buscar algún consuelo en el hombre que amaba, porque eso, el amor, no podían habérselo inculcado también con un lavado de cerebro, ¿verdad?
- ¿Qué le pasa? – el viejo se acercó a su hijo adoptivo – ¿Qué te ocurre Jensen?
- Está vivo, señor Collins – el anciano psiquiatra no podía estar más confundido, McKinney pasó un brazo por su espalda y lo sacó del despacho dejando que su compañero se ocupara del activo. El agente especial ignoró la ironía de velar por la salud mental del doctor, podía empatizar con el hombre que se resistía inconscientemente a apartarse de su hijastro - Misha está vivo Benjamin, ha estado aquí todo el tiempo.
Continuará...
