Summary: Harry Potter ha vencido la muerte y a retomado su vida otra vez... acaso ¿condenado a repetirla de nuevo?
Disclaimer: Copyright © J.K. Rowling. 1997.
Notas autor: Hoy no hay mucho que decir.
Harry Dursley
el cáliz de fuego y la orden del fénix
Diez años después y contando IV
Eran casi las 8:30 de la mañana. Harry se había hartado de tanto esperar y se había ido a preparar algo. Unos hot-cakes le ayudarían mucho para apaciguar su estomago.
Cuando el olor lleno el mágico apartamento, Luna no pudo evitar despertar. El rubio le dio una cálida sonrisa y le ofreció un plato, lleno de dos enormes hot-cakes cubiertos con miel.
—¿Están ricos?— pregunto Harry, tomando asiento a su lado, en la barra de la cocina.
—Si, muchas gracias— sonrió ella, sin despegar su mirada de la comida —¿Cómo se llaman?—
—Hot-cakes— respondió el rubio, rellenándole el vaso de leche por segunda vez —Solo tienes que ver como lo hago y estoy seguro que de un movimiento de tu varita, sabrás hacerlos—
Luna hizo una pausa y pico el suave pan —No… quiero hacerlos sin magia… como tú—
Harry se quedo con el vaso de leche a medio camino de su boca.
Ella volvió a comer después de un rato de silencio. Él le siguió sin decir nada más.
Terminaron después de unos minutos. Harry se levanto de inmediato y lavo los platos. Eran las 9:45 de la mañana. Por alguna razón el tiempo se le estaba haciendo eterno. Empezaba a sentirse incomodo. Muy incomodo. Casi deseaba tener a Ron ahí, en lugar de Luna.
Empezaba a sentirse como un ratón de laboratorio en medio de un gran laberinto sin salida. Girando de un lugar a otro sin poder encontrar la salida.
Guardó los platos y miró a la rubia —Si te sientes cansada aun, puedes dormir en una de las habitaciones. Solo hay 3, pero me asegure de que fueran lo más cómodas posibles, creeme— le sonrió.
Luna se veía casi dolida —No, creo que sería mejor si me regresara con los demás, para ver si Hermione ya está con Sirius y Remus—
A Harry se le ilumino el rostro —¿Enserio?— preguntó sin caber en tanta felicidad —¡¿Harías eso por mi?—
Ella lo miró algo sorprendida y asintió. —¡Sí, gracias Luna!— Harry no supo por que lo hizo, simplemente se dejó llevar por sus emociones. Abrió los brazos y cubrió con ellos a la joven rubia —Gracias, muchas gracias— le decía cerrando su abrazo un poco más —No sabes lo que significa para mí eso, no sabes cuánto he esperado, yo, yo— su voz se quebró un poco y Harry no dijo más.
Luna tampoco dijo nada. Vacilante abrió sus manos y regreso con delicadeza el gesto. El rubio se dejó hacer. Era realmente increíble lo que sentía en ese momento. Era algo que casi había olvidado. Algo que ya no recordaba.
Felicidad.
Luna iba a ver qué pasaba. Ella se aseguraría de regresar con Sirius y Remus.
Era más de lo que había pedido. Era más de lo que podía resistir.
Y no soltó a Luna. No lo hizo… hasta que la última de sus lágrimas desapareció de su rostro.
—Lo siento, te he quitado tiempo— se disculpo él, apartándose lentamente de ella.
—Oh, no— le dijo ella, ligeramente sonrojada, mirando a otro lado —Esta bien, hay tiempo, ya regreso— y se fue. Un instante después ella había desaparecido.
Harry se sentía algo estúpido. Estaba sonriendo y trataba de contener sus lágrimas al mismo tiempo. Era extraño como no podía contenerlas mientras se frotaba los ojos.
Suspiró audiblemente. Se sentía algo caliente del rostro por el esfuerzo. Salió un momento fuera, cruzando la ilusión de la entrada. Había menos nieve que ayer, pero el aire frio permanecía. Una bocanada de vapor escapo de sus labios, estarían al menos a unos menos 10 grados a esas alturas. Lo cual no era anda a comparación de la noche, cuando bajaban hasta menos 50 grados.
Se frotó las manos para hacerse de algo de calor. El cielo estaba nublado y pequeños copos de nieve caían lentamente. Era como si el tiempo transcurriera diferente entre las montañas. El cielo se nublaba a tal grado que parecía que era de noche, aunque apenas fuera el medio día.
Era un lugar que no necesitaba la magia para ser mágico.
Se frotó los brazos. Ese era un indicio para regresar adentro. Se giró sobre sus talones y entró de nuevo al departamento.
—¿Harry?— el rubio levanto la vista. Un hombre de cabello negro canoso estaba frente. Llevaba una túnica de color azul oscuro. Su rostro tenía la luz de una belleza robada hace mucho tiempo.
Harry se congelo en la entrada. Su corazón palpitaba con fuerza —¿Sirius?— aventuró nervioso. Sentía que estaba dentro de un sueño. Una mentira. Él no era real. Nada lo era. Iba a despertar de nuevo en su clínica. Sí, eso iba a pasar.
—¿Ha-harry?— preguntó ahogadamente una segunda voz. El joven médico se giró automáticamente. Era un hombre mayor, con su cabello color chocolate lleno de canas. Cicatrices viejas cruzaban su rostro.
—Remus…— gimió Harry, dando un paso antes de caer al piso y de que todo se volviera negro.
Cuando el rubio volvió a abrir los ojos, el techo de una de las habitaciones le resulto familiar. Buscó con su mano las gafas y las encontró en la mesa de noche, tal y como él acostumbraba.
—Sirius, Sirius, ya despertó— susurro una voz a su lado. Harry se giro y vio el rostro de un Remus mayor. Sonrío como nunca en su vida —Remus— dijo, estirando una de sus manos hacia él. El hombre frente a él lloró y sostuvo su mano —Sirius también está aquí— le sonrío, señalando con su mirada a alguien más.
—Harry— lo llamó un hombre de melena oscura encanecida. Su voz era ronca y casi quebrada… había lagrimas en su rostro. El rubio extendió su otra mano con ansias —Sirius— lo llamó desesperadamente, sintiendo como las fuerzas se le iban. Ya no podía contener las lágrimas. Ya nada era falso. Todo era verdad. Era real. Estaban ahí. Estaban ahí.
El joven médico los jaló y se irguió de un movimiento, para abrazarlos con fuerza.
Harry hundió su rostro en ellos —Pensé… Pensé que ya nunca los vería más… pensé que me iba a quedar solo para siempre… yo… yo… — ya no dijo más. Ya no pudo decir más. Las palabras se quedaron en su boca y la profunda soledad y tristeza que había estado guardando se desbordó como el agua de un río. Las emociones de dolor, sufrimiento, arrepentimiento y angustia gritaron al mismo tiempo que sus ojos. Se había reprimido por tantos años que ya no podía controlarse más. Necesitaba dejar todo atrás. Necesitaba dejarlo salir. Necesitaba desahogarse de sí mismo.
Necesitaba sentirse vivo una vez más.
Sólo una vez más.
Harry no sabría decir cuánto tiempo paso. Sabía que estaba abrazando a las dos personas más importantes de su vida en ese momento. Y sabía que no deseaba dejarlo ir.
No quería que ese momento terminara. Deseaba congelar el tiempo para que ya no avanzara. Había esperado por mucho tiempo… tanto que ya no recordaba… tanto que ya no lo sentía…
Pero, un instante después, estaba riendo. Sirius y Remus se alejaron un poco de él preocupados. Pero casi de inmediato ellos dos empezaron a reír también.
No era una risa de comedio o de gusto.
Era de desahogo.
La única forma en que las almas cansadas podían sacudirse el dolor almacenado por años.
Él había perdido todo.
Ellos a un hijo.
Reír de las desgracias era todo lo que quedaba por hacer.
Las risas siguieron un poco más, hasta que sólo suspiros quedaron.
—Hermione dijo que eras medico— Remus fue el primero en hablar, mientras suspiraba hondamente.
—Sí— sonrió Sirius —¿Qué es eso?—
Harry se enderezó en la cama —Bueno, soy como un sanador en su mundo. Solo que sin el glamur de la magia y las pociones— explicó.
Sirius hizo una mueca dolorosa —Si, Hermione también dijo que ya no tenias magia ¿Ni una gota?—
—Ni una sola— contestó el rubio, frotándose la frente. Su cicatriz se mostró por unos momentos, de los cuales no perdieron detalle los exmerodeadores.
—¿Y qué paso?— preguntó Remus, casi ansioso —Es decir, cuando te desintegraste en el Ministerio ¿Qué pasó después?—
Harry suspiró y comenzó a explicarles todo lo que había pasado los últimos 10 años. Su regreso a la vida sin una gota de magia, la vida como un muggle normal, la facultad de medicina y su actual clínica. Aunque hizo un gesto bastante desagradable cuando se refirió a Hermione y los demás. Remus y Sirius intercambiaron miradas divertidas.
—Y bueno, después de que el inminente-todo-poderoso-jefe-del-departamento-de-aurores-Ron Weasley me convirtiera en una babosa, algo que estoy seguro está en contra de una tres docenas de leyes mágicas— añadió casi malignamente divertido —Nos dividimos en dos grupos, antes de que Rony decidiera matarme. Neville y Luna conmigo. Rony y sus fans del otro—
—Si, algo comento Neville acerca de eso— sonrío Remus —Sin duda no has perdido tú encanto con ellos—
—Deberías darles más crédito, ellos han hecho bastantes cambios en el mundo mágico. Casi no lo reconozco— dijo Sirius, tratando de ser razonable.
Harry sintió una punzada de celos y no se reprimió —¿Enserió? Bueno, me sorprende que estén de su lado. Tomando en cuenta que deseaban llevarme con Dumbledore y la prensa mágica antes de ustedes—
Sirius y Remus se desinflaron un poco —¿Ah, sí?— dijo el primero, con un ligero tic en el ojo. Al parecer aun no hacía muy bien las paces con Dumbledore.
—Hermione no menciono eso— Remus se escuchaba audiblemente decepcionado ¿Dolido? —Esperaba más de ella en una situación como esta—
—Dumbledore ¿Eh?— dijo Sirius, cruzándose de brazos y con cara de pocos amigos —¿Desde cuándo ese esta antes que nosotros?—
—Veo que no han hecho un acuerdo— comento Harry, más como afirmación. Remus gimió un poco —En realidad las cosas entre nosotros empeoraron después de tú, eh, este…—
—De mi muerte— termino el rubio por él.
Remus asintió con dolor —Si, lo sé… es sólo que… no es fácil olvidar ese sentimiento…— explicó, más para él.
Harry cambió el tema —¿Y qué pasó con Dumbledore?—. El hombre lobo sonrío casi agradecido —Bueno, como te decía, las cosas fueron a peor después de ese día. Veras nosotros-—
—No le hablamos desde entonces y no tolero que Thonks le haga de mediadora entre nosotros— le cortó Sirius. Hablando fuerte y molesto —Hay muchas cosas que quizás Dumbledore ha hecho por bien. Pero hay otras que no le voy a perdonar jamás ni a él, ni a unos cuantos de la Orden—
—¿Eso incluye a Rony?— sonrió Harry, casi divertido.
—No tienes tanta suerte— rió Sirius —Soy el padrino de su hijo Hugo—
—Y yo de Rose— añadió Remus —Lo cual te vuelve algo así como su tío—
Harry perdió la sonrisa por completo y ambos exmerodeadores estallaron en carcajadas.
Siguieron hablando de todo lo que había pasado. De todo lo que había pasado después de tantos años. Remus estaba casado con Thonks y tenían 4 hijos. Sirius estaba casado con su soltería de por vida.
Fudge había sido, literalmente, corrido a patadas del Ministerio cuando se supo lo que había hecho. Básicamente, nunca reporto haber visto a Harry y que no se canso de difamar a Dumbledore hasta donde pudo… y hubo un poco de que se dejó manipular por un tal Lucius Malfoy, quien era un fiel seguidor de Voldemort. Harry no recordaba muy bien porque ese nombre se le hacía tan familiar.
Todos los mortifagos fueron cazados y enviados a Azkaban (se logro que los Dementores fueran despedidos) con su líder Voldemort entre ellos. Quizás ya no tuviera su magia, pero seguía siendo igual de temido que antes y por lo mismo se le vigilaba todo el tiempo. Su rostro seguía viéndose como el de una especie de hibrido humano-serpiente y tenía toda su celda llena de maldiciones en contra de Harry. Algo como: "Muere Potter, MUERE".
Los miembros de la Orden fueron premiados y varios, sino todos, ocupan puestos muy importantes en el Ministerio, por mencionar algunos: Hermione, Neville, Ron y Cedric. A Harry eso no le causo mucha gracia. Especialmente la aparte donde Ron era el Jefe del Departamento de Aurores y que Cedric era su segundo. Sin duda la seguridad del mundo mágico se había ido al caño con esos dos al mando. Bueno, al menos habían puesto varias estatuas en su honor.
Dumbledore seguía en Hogwarts, aunque si antes era reconocido y respetado, bueno, pues ahora era mil veces eso y más. Snape seguía como maestro de pociones, al igual que McGonagall. Hagrid había sido ascendido a profesor.
—Y es todo lo más relevante que recuerdo— sonrío Sirius, rascándose la barba —Bueno, también esta Kreatcher, el se pondrá muy feliz cuando regreses con nosotros ¡Ya quiero ver la cara de Thonks! ¡Se va a morir!—
—No quiero llegar tan lejos— lo corto Remus nada divertido —Primero le explicaría un poco todo antes de que se vieran— hizo una pausa —Bueno, creo que por lo niños no hay problemas, nunca que te han visto, pero vaya que si han crecido con tu nombre— ríe divertido.
—¿Tan popular soy?— pregunta el rubio curioso. Si tenía suerte, podía usar eso para molestar a Rony y Cedy.
—¿Popular?— ríe Sirius con ganas —¡Eso es poco!—
—Tienes tu propia autobiografía de 30 tomos, como unos mil edificios en todo el mundo mágico a nivel mundial llevan tu nombre, en cada torneo de Quiddithc de Hogwarts y de nivel profesional se guarda un minuto de silencio por tu muerte, hay varias estatuas en tu honor en los lugares importantes, hubo una epidemia enorme de niños que llevan tu nombre en todos lados, tienes un lugar permanente en la historia y hasta eres tema obligatorio en los exámenes de Historia Mágica— Remus hizo una pausa para tomar aire —Wow, popular no es nada. Apenas creo que menciono la mitad de lo que eres—
Harry hizo una buena sonrisa petulante —Vaya, vaya. Con razón Rony estaba tan intimidado por mí, soy lo máximo— añadió, dándose aires.
Sirius y Remus negaron con resignación. Simplemente esos dos nunca se iban a llevar bien.
Harry se levantó de la cama, a pesar de las miradas preocupadas de los dos mayores —Ya estoy mejor ¿No tienen hambre?— pregunto sonriendo.
—Bueno, ahora que lo mencionas— dijo Sirius irguiéndose al igual que Remus —Hermione dijo nos traería algo para comer—
Harry bordo su sonrisa —¿Están aquí?—
Remus le sacudió la cabeza con cariño —No seas así Harry, se educado—
El rubio hizo un gesto de reproche infantil —¿Por qué todo yo? Si vieras las buenas bofetadas que me a puesto esa mujer hormonal—
Sirius se rió con ganas —Me imagino, me ha tocado ver de vez en cuando como se las pone a Ron— hizo una pausa y se froto la majilla con seriedad —A mí me dio una hace años… duelen un buen—
—¿Por qué será que a mí no me ha dado una de esas?— bromeó Remus, abriendo la puerta del cuarto —Ah, si, por que yo no me porto como un pedante inmaduro—
—¡Yo no soy un pedante inmaduro!— se defendieron padrino y ahijado, saliendo con él.
—Yo no diría lo mismo— los tres hombres se giraron a la voz femenina y molesta. Era Hermione Granger. Con mala cara y un vaso llenó de una poción humeante color melón.
—Hola Hermione— saludo Remus —¿Esa es la poción para Harry?—
—Sí— dijo la morena, con un orgullo muy marcado— Esto le quitará la alergia y le borrara las marcas de su piel sin peligro para sus riñones— Hermione miró al rubio con superioridad —La rama de las pociones a avanzado mucho en estos años. Tus libros son viejos—
Harry amplió su sonrisa —Eso creí, pero dime ¿No tengo que revisarte de nuevo para ver si no me has robado otra vez, cierto?— la castaña se puso peligrosamente colorada —¿Cómo te atreves pedazo de-?—
—Muchas gracias Hemrione— intervino Sirius sonriendo casi con dolor —¿Verdad qué es linda Remus? Si, muy, muy linda— añadió tomando la poción de las manos de ella… para evitar que se la lanzara a su ahijado.
—Eres un mal agradecido— le siseó ella dándole la espalda.
—Y tú cada vez estas más MFPH— Remus le cubrió la boca de inmediato. Y no lo soltó hasta que la morena se hubo ido —Enserio Harry, no la provoques más, se educado por favor—
El rubio frunció el seño —¿Pero no has visto lo pedante que ha llegado?—
—Hermione se pone así por una buena razón— le dijo Sirius en un tonó susurrante —Se pone algo histérica en cuanto a demostrar que puede manejar todo y dar la talla en todo, en cada embarazo… desde que un mortifago, Draco Malfoy, el hijo de Lucius Malfoy, secuestrara a su hija Rose por venganza—
Harry los miro incrédulo —¿Qué pasó?—
Remus continuó en un susurro —Hermione estaba en su casa cuando Draco la tomó por sorpresa. Le dio un desmayus y tomó a la recién nacida Rose. Draco Malfoy no era tan listo como su padre y lo encontraron poco después— hizo un gesto doloroso —Ron no estaba con Hermione en ese momento por cuestiones de trabajo, así que ya te imaginaras lo que paso cuando encontraron a Draco…—
Harry asintió seriamente —Conociéndolo, tuvieron que jalarlo entre unos cinco para que no lo matara—
—Algo así— suspiró Sirius —Lo intentaron tres magos, pero Ron los derribo a todos y le lanzó un crucio a Malfoy. Si Cedric no lo hubiera desmayado, el hijo de Lucius no estaría ahora con él, compartiendo residencia en Azkaban—
Remus lo miró suplicante —Por favor no seas duro con ellos, Ron solía ser algo torpe antes, pero ese incidente lo cambio mucho. Responde muy violento cuando alguien se mete con Hermione y de sus hijos ni se diga—
—Draco Malfoy y él eran enemigos declarados desde la escuela. Pero el chico no era gran cosa, sólo habladuría de la riqueza de su familia— explicó Sirius —Pero cuando su padre fue arrestado por las declaraciones de todos, Malfoy se ensaño especialmente con Ron. Juro vengar la vergüenza de su familia y bueno, las cosas que hizo casi lo matan—
Harry se frotó la cabeza con frustración. De haber sabido antes, no se hubiera comportado como un estúpido. Debía hacer las paces con ella de alguna forma… antes de que Rony viniera amatarlo y Oh, ahí venia.
—¡POTTER! ¡¿Qué le dijiste a mi esposa maldito?— le grito el pelirrojo, seguido de Neville y Cedric, que trataban de detenerlo sujetándolo de la túnica.
—¡Ron, cálmate!— se escucho la voz de la castaña, seguida de Ginny y Luna.
De repente el pasillo se sentía muy angosto con todos ahí.
—¿Qué le dijiste a mi esposa?— pregunto Ron, mas colorado que su cabello —¡Más te vale que no le dijeras algo desagradable maldito bastardo infeliz!—
—¡Ron maldita sea! ¡¿Qué te hace pensar que necesito que me defiendas?— Hermione se puso frente a él, casi tan colorada como su esposo —¿Crees que no puedo hacer nada por mí misma o qué?— le espeto rabiosa.
Ron Weasley se desinflo un poco —No, yo no quise decir eso cielo, pero él…—
—¡Pero él nada!— bramó ella cruzada de brazos y sumamente imponente —¡Yo sé muy bien cómo cuidarme! ¡Ahora todos a la mesa que no estuve cocinando como estúpida por nada!— ordeno y miro a Harry cancinamente —¡Y tú tomate esa pócima ahora!— y sin más, regreso al recibidor. Ron le siguió de inmediato seguido de los demás.
—Uf, menos mal que todos se calmaron— suspiró Remus casi incrédulo de lo que pudo haber sucedido.
Sirius asintió visiblemente relajado —Si, hacía tiempo que no le veía así de cabreada— dijo y le paso el vaso de la pócima a su ahijado —Si vamos a salir a la cocina, mejor te tomas la pócima. No quiero ni pensar lo que te pueda pasar si no lo haces—
Harry tomó el vaso y bebió el contenido con calma. Conocía a Hermione, si le daba tiempo, se calmaría. Y Ron haría todo lo que estuviera en su poder para hacerla sentir lo mejor posible… aun si dejar su orgullo estaba incluido.
Cuando bebió todo, habían pasado casi 10 minutos. Fueron a la cocina y vieron a todos en la mesa (la cual había sido ampliada magicamente), comiendo y sin decir nada. Hermione los miró solo un momento.
Sirius, Remus y Harry tomaron asiento en los últimos tres lugares vacios. Fue la comida más tensa e incómoda que el rubio podía recordar.
Después de terminar, Ginny limpió la mesa con un movimiento de su varita y Luna la regreso a su estado normal. Cedric y Ron se fueron a la sala y cada uno se puso a leer una sección de El Profeta, que de alguna manera había aparecido frente a ellos.
Sólo quedaron en la mesa Hermione, Neville, Sirius, Remus y Harry… Ginny y Luna se fueron inmediatamente a ver el librero. Todo eso se veía muy raro.
—Tenemos que hablar— empezó Hermione, sorbiendo de un té que había aparecido mágicamente en la mesa para todos —Ahora que Potter a regresado, ciertas medidas deben realizarse—. Harry notó como cierto pelirrojo lo miraba sobre el periódico.
—Hermione quiere que el impacto del regreso de Harry sea lo menos, em, peligroso posible— intervino Neville, tratando de suavizar el tema —Cómo ahora no tienes tu magia, bueno, posiblemente varias de las familias de mortifagos encarcelados quieran ir en tú contra —
—Después de todo, tú eras la cusa de su caída— explico la castaña, casi en un tono de acusación —Cuando derrotaste a su amo, todos le siguieron. Las represarías no son una probabilidad, es algo que va a suceder tarde o temprano—
—Si, además hay que comunicar debidamente a la prensa mágica. Muchos no dejaran de acosarte para saber todo lo que te ha sucedido— continuó Neville —Por lo mismo tendremos que darte una gran protección, temó que tendrás que dejar de vivir en el mundo muggle—
Sirius sonrío ante la idea —De eso no hay problema, Harry se quedará con nosotros. Grimmaul Place es bastante grande, hay espacio de sobra para todos—
—A Thonks le encantará la idea y mis hijos no serán la excepción Harry, tienes un lugar indiscutible con nosotros— añadió Remus, sonriendo con cariño —Y la verdad, eso nos haría muy felices. Volver a tenerte con nosotros y recuperar el tiempo perdido, es lo único que nos importa—
—Sí ¿Qué dices Harry? Será divertido, es la siguiente gran aventura— sonrío Sirius, mirando a su ahijado expectante. Y no era el único. Todos lo hacían, incluso Cedric y Ron, por el rabillo del periódico.
Harry sonrío casi con dolor —En realidad, no puedo hacer eso—
—¿¡Qué!— soltó Sirius casi ofendido. —¿¡Acaso no quieres estar con nosotros! ¿¡Por qué no quie-!— Remus le hizo un gesto para que se controlara y el animago se giró ofendido. El hombre lobo negó cansado y miró al joven rubio con cariño —¿Por qué no puedes? ¿Hay acaso alguien que te espera en el mundo muggle?—
En eso un estruendoso ruido hizo que todos se giraran al librero. Ginny estaba recogiendo torpemente varios libros que de alguna manera, había tirado —¡L-lo siento!— chilló arrodillándose para recogerlos. Cedric se paró a ayudarla. Luna estaba leyendo un libro al revés… pero miraba fijamente al rubio.
Harry se aclaro la garganta algo acalorado —No, no tengo a nadie— contesto al fin, e hizo una pausa antes de agregar —Lo que pasa es que, no se trata de que no quiera, de hecho, es lo que más he deseado toda mi vida, estar con ustedes—
—¡¿Entonces porque no!— preguntó Sirius molesto, ganándose una mirada severa de Remus.
Harry los miró de nuevo. Pero había en ellos una luz diferente. Era imponente, fuerte, pero transmitía una calma inexplicable. Era un sentimiento confuso de tristeza y regocijo. Era ver los ojos de un hombre cansado por los años, mientras carga en brazos a su nieto. Era una luz extraña y melancólica… era vida.
—Ya no es mi lugar ni mi momento estar en el mundo mágico. No lo necesito— les explicó Harry —Sólo quería verlos de nuevo, yo, yo he esperado tanto poder verlos de nuevo, he esperado años y años… he hecho cosas estúpidas esperando que resultarán, he estado tan sólo estos años sin saber si lo que vivo es verdad. Pensando que todo lo que pase con ustedes no fue más que un sueño que nunca paso… — la voz se quebró y una lagrima escapo de sus ojos —Y me rendí a buscarlos, me rendí por que no podía con más decepciones… no podría haber soportado una más…—
—Perdí todo, perdí a mi familia dos veces, no podía más con eso— Harry se rompió por completo en ese momento y sus lagrimas surgieron con delicadeza, como si no desearan asustarlo de sus propios sentimientos —No podía soportar más eso… estaba tan cansado… tan cansado… ya no puedo más… —
Sirius y Remus se pusieron de pie y le abrazaron con fuerza. Era algo tarde, pero sólo deseaban protegerlo… sólo una vez más y para siempre. Después de una larga pausa, Harry volvió a hablar. Pero sólo para ellos. Sólo los dos exmerodeadores escucharon sus susurros.
—Me iré por unos años a América… haré mi especialidad ahí dentro de un mes…— Sirius apretó más su abrazo —… voy a ser un neurocirujano… mamá siempre quiso que fuera uno… tengo que hacerlo por ella… para ella…— era extraño… estando entre ellos… Harry sentía que podía hacer cualquier cosa. Sin miedo. Sin arrepentimiento… sin dolor.
—Lo que quieras hacer, nosotros estaremos contigo— le dijo Remus en un susurro. Solo para ellos.
—Nos mudaremos a América— dijo Sirius, mientras lagrimas corrían por sus mejillas. El niño había quedado atrás… había crecido mucho ¿Por qué no lo notó antes? —No me importa a donde vayas, esta vez no te vamos a dejar sólo. Todos estaremos juntos… juntos…—
El tiempo había pasado tan rápido y al mismo tiempo, dolorosamente lento… para todos.
Cuando Harry volvió a erguirse, se veía más tranquilo. En su rostro y en el de Sirius y Remus, se apreciaba una especie de resolución que nadie entendía.
—¿Por qué no traes a Thonks ahora Remus?— preguntó Sirius —Trae también a los niños, que todos vean a Harry—
—Buena idea— sonrío el hombre lobo —Ya regreso— y desapareció. Hermione miró eso contrariada y abrió los labios para decir algo, pero Harry se le adelantó —Oye Hermione, quieres escuchar algo interesante— y sin más, se puso de pie y fue a su habitación. Cuando regresó Ron estaba al lado de su esposa con expresión feroz.
—Calma, esto es algo que seguro les gustara— les explicó Harry, mostrando su estetoscopio —No creo que lo hagan mucho los Sanadores de San Mungo—
—¿Qué es esa cosa?— preguntó el pelirrojo, con bastante desconfianza. Hermione miró a Harry como si escondiera un arma mortal.
—Solo escuchen un poco ¿Puedo?— pregunto, ancándose a la altura del vientre de la castaña . Ella vaciló un poco, pero asintió dudosa. Harry se coloco el instrumento y puso la orilla en forma de cono en el estomago de ella. Lo movió un poco hasta que capto el sonido que buscaba.
Se retiró las gomas de los oídos, y se los ofreció a Hermione —Escucha esto— la invitó. Ella lo miró con mayor desconfianza, pero acepto. Apenas se puso el estetoscopio, se cubrió la boca sorprendida —E… es, es hermoso…—
Ron los miró confundido —¿Hermoso?—
—Es el corazón de tu hija— le sonrío Harry —Está diciendo hola—
El pelirrojo perdió la tención en su rostro y miró a su esposa casi anhelante —¿Pu, puedo escucharla?—
—S-sí, claro— le dijo Hermione, extendiéndole el estetoscopio. Había lágrimas en su rostro que no podía controlar. Y pronto no fue la única. Ron gimió y miró a su hermana sonriendo —¡Es mi hija Ginny! ¡Es mi hija! Mi hija…— su voz se quebró y no pudo decir más.
—¡Déjame escuchar!— sonrió Ginny, corriendo al lado de su hermana. Neville se levanto de la mesa para abrirle espacio a la familia. Harry hizo lo mismo. Hermione, Ron y Ginny se intercambiaban el estetoscopio, escuchando por turnos el pequeño palpitar de la futura Weasley.
Por un momento… a Harry le dolió mirarlos. Eso era una familia. Eso era algo que había perdido y que no volvería.
Poco después llegó Thonks, quien puso el grito en el cielo al ver a Harry.
Inesperadamente, el pequeño departamento entre las montañas se lleno de ruido. Los hijos de Remus se arremolinaron sobre el rubio, queriendo escuchar un poco de las grandes aventuras de las que tanto habían escuchado.
Harry se vio rodeado de atentos espectadores. Todos ellos con el cabello cambiando de color a cada hora y según el humor. Fueron horas de risas y gritos llenos de alegría. Todos hablaban casi al mismo tiempo y la felicidad se esparcía como dinamita entre todos.
Ron ya no estaba tan furioso y Cedric parecía haber estado de acuerdo en tolerar la presencia de Harry un poco más. Algo que todos los demás apreciaron.
Remus sacó a sus hijos unos momentos al exterior, donde había una nevada. Los niños consideraban increíble estar entre las montañas. Harry salió con ellos, mientras Thonks transformaba unas túnicas de invierno para ellos.
Fue extraño como de repente todos estaban afuera, lanzándose bolas de nieve. Sirius estaba con los niños, defendiéndose de Ron, Cedric y Neville. Thoks estaba con sus hijas, creando un mono de nieve con ayuda de Hermione, Ginny y Luna.
Harry se quedo cerca de la entrada, mirándolos divertido. Sentía una melancolía inesperada al verlos. Por un momento vio aun Harry más joven, corriendo con su hermano Duddley entre la nieve, sus padres estaban riendo tras ellos y tomando fotos. Bajó la mirada con pesar. Su sonrisa era triste y casi dolorosa. Quizás en verdad si iba a perder algo definitivamente.
—Hola— el rubio se giró y vio a Ginny jadeando a su lado —Es raro estar en la nieve, cuando aun es verano ¿Eh?— sonrío ella, quitándose residuos blancos de la túnica.
—Sí, es verdad— respondió Harry, observando cómo los niños se habían cansado de jugar entre ellos y ahora le lanzaban bolas de nieve a sus hermanas. Se había vuelto una guerra de ellos contra ellas. Harry miró el rostro cabreado de Hermione, y supo que los chicos no iban a durar.
—Ya, eh, ¿Ya te sientes mejor?— preguntó Ginny, algo colorada de las mejillas. El médico le sonrió con calma —Si, estoy mejor, gracias—
La pelirroja lo miró con más confianza —Que bueno. Hermione dijo que tu desmayo fue por la alergia que te dio— hizo una pausa y añadió —Aunque es algo irónico que tú seas alérgico a la magia—
Harry se rio un poco —Si, ya lo creo que es una ironía— suspiró un poco —Pero, por estar aquí, en este momento, la verdad me salió barato. Hay mucho que agradecerle a Dios por este solo momento… valió la pena todo—
Ginny se acomodo nerviosa su larga melena — Si… um, ¿Y te veremos más seguido? Digo, a pesar de que te vuelvas una celebridad y todo eso—
—No pienso regresar al mundo mágico— le respondió Harry, observando como Hermione, de un movimiento de varita, lanzo unas cincuentas bolas de nieve en contra de los chicos. Sirius quedo sepultado hasta la barbilla y Cedric cayó de espaldas sobre Ron. Neville las evadió por poco.
—¿No vas a regresar con nosotros?— preguntó Ginny, después de una pausa —¿Por qué?—
—Mi tiempo ahí ya termino— explicó el rubio, mirándola con calma —Sería muy problemático. Ustedes han hecho un excelente trabajo hasta ahora, se los encargo mucho— le sonrío con cariño. Ginny se puso más colorada, desvió la mirada de é y comenzó a jugar nerviosa con su cabello —Y,y, eh ¿Qué, que piensas hacer ahora? ¿Vas a estar en tú clínica? Podríamos visitarte de vez en cuando… podrías venir de vez en cuando tú…—
Harry miró como ella se enredaba un mechón entre los dedos. Conocía esa costumbre. La hacía cada vez que estaba nerviosa… es por eso que se le hizo fácil. Estiró su mano y detuvo ese gesto que él conocía bien —No hagas eso, te vas a hacer un nudo— le sonrío Harry, sujetando su mechón rojizo con suavidad —Debes cuidar más tú cabello, es muy bonito— el rubio se acerco un poco a ella y le acarició la cabeza con tranquilidad —Se buena niña—
—¡Harry!— el nombrado se giró y vio a Luna corriendo hacia ellos, Ginny se giró de inmediato para esconder lo roja que estaba —¡Quiero hacer un mono de nieve sin magia!— exclamo decidida. Había un sonrojo inusual en sus mejillas. Jadeaba sonriendo y su cabello estaba un poco más desordenado —¡Dime como hacerlo!— insistió firme.
El rubio sonrío con calma y estiró su mano sin pensarlo. Tomó suavemente a Luna de la nuca y se acerco a ella para susurrarle con suavidad al oído —¿Qué voy a hacer contigo, eh?— y se aparto de ella, para ir a donde estaba Thonks y sus hijas, tratando de armar un mono de nieve sin magia.
Luna se quedó sin aliento unos momentos. Estaba más roja que antes y no supo qué hacer.
Y no era la única. Ginny estaba dándole la espalda, pero sujetaba un mechón de su cabello con firmeza. Era el mismo que Harry había sostenido antes.
Harry cerró la última caja con cinta. Se irguió cansado y miró su departamento una vez más. El espació vació que dejaba ahora, era increíble. No recordaba haber tenido tantas cosas antes. Sonrío un poco nostálgico y dejó la caja en la esquina, donde estaba todo lo demás. Sirius había quedado de ir esa noche con Remus y Thonks, para llevarse todo a su nuevo departamento en Los Ángeles.
Bajó por las escaleras a la primera planta. Berta y el Dr. Victor estaban supervisando la mudanza del material médico al nuevo edificio. Varios de los pacientes estaban ahí, ayudando con los muebles y dejándole comida en agradecimiento. Harry ya no sabía qué hacer con tanto alimento. Iba a tener que dársela a alguien, quizás ya era hora de que Sirius y Remus probaran la comida vietnamita.
Berta entraba y salía, asegurándose de que todos los archivos, que llevaban todos los expedientes, no se perdieran. El Dr. Víctor estaba marcando que nada faltara del inventario de las medicinas (desgraciadamente, no sería la primera vez que alguien aprovechará para robarles algo). Harry los apoyo con cajas y recontando el inventario que, sin sorpresa, descubrió faltaban unas cajas de antibióticos.
El rubio no le vio caso al hacer una escena y le pidió a Berta que fuera al nuevo edificio, para que se encargara de que todo estuviera llegando bien y en la cantidad correcta.
Harry y el Dr. Víctor siguieron con la mudanza. Estaban supervisando unas cosas, cuando el rubio notó a alguien del otro lado de la calle. Era un mago, usaba una túnica violeta con estrellas y un sombrero en punta del mismo estilo. Todos los peatones pasaban de él, como si no pudieran verlo. Como si no existiera.
—Dr. Víctor, voy por algo para comer— anunció Harry.
—¡Sí, tráeme una cerveza y unos cacahuates salados con una pizza de jamón!— sonrío el doctor, asomándose por la entrada —Tengo que mantener la figura— remarcó.
Harry rió un poco antes de cruzar la calle, donde estaba el Seven Eleven… y la persona que había visto.
—Buenos días director Dumbledore— sonrió al nombrado, que seguía tal y como lo recordaba. El anciano director de Hogwarts amplió su sonrisa —Lo siento Harry, solo pasaba para ver como estabas. No quise distraerte de tu tarea el día de hoy—
El rubio negó con calma —Descuide, ya casi terminamos. Me ha ayudado mucho la herencia que dejaron mis padres, Lily y James Potter — sonrío con algo de pesar —Es una verdadera lástima que no los conociera…— Harry negó y sonrió de nuevo —Ah, pero mañana será lo bueno, los instaladores vendrán a conectar todo el nuevo equipo para la clínica— explicó, observando como todas las personas los pasaban sin mirarlos. No sólo Dumbledore era invisible a ellos, sino también él. Ni siquiera los escuchaban.
—Es sólo un pequeño escudo mágico, sólo tú puedes entrar a él, verme y escucharme— explicó el director, sacando un dulce de limón de su túnica —¿Gustas?— ofreció.
—Gracias— aceptó Harry, saboreando el suave caramelo —¿Cuándo se enteró?— preguntó, mirándolo sin sorpresa. Ya se imaginaba quien le había dado el chisme.
Dumbledore rió un poco —He de admitir que Ron Weasley fue quien, amablemente, me puso al tanto de todo. Temó que Sirius no lo dejó antes por razones personales— suspiró con algo de pesar, pero borro ese sentimiento y observo a Harry fijamente. Sus ojos brillaban —En realidad, no es la primera vez que vengo. He estado aquí casi todos los días, por pequeños lapsos… no sabía cómo llegar a ti… sólo quería saber cómo estabas—
—Estoy bien, mejor que nunca— le sonrío el rubio con cariño —Admito que los último años fueron en verdad difíciles, pero estoy muy contento ahora. Soy en verdad feliz, enserio—
—Lily y James estarían muy felices por escuchar eso…— la voz de Dumbledore pareció quebrarse. Se aclaró la garganta y sacó de su túnica un paquete envuelto en papel manila —Se que no me corresponde traerte recuerdos de los cuales nunca supiste, pero me he arrepentido por muchos años por no habértelo dado antes. Por favor acéptalo—
Harry tomó el paquete y lo abrió… era un álbum con fotografías de Lily y James Potter. Sus padres.
Sintió que las manos le temblaban. Harry dejó escapar un par de lágrimas.
—Se que no me corresponde— la voz de Dumbledore lo sacó de su estupor —He cometido muchos errores Harry, pero deseaba que no los olvidaras— el anciano director seco un par de lagrimas de su mejilla y miró al más joven con profunda tristeza— Sé que nunca los conociste, pero te aseguro que eran personas maravillosas, tú madre fue una mujer bella y hermosa desde lo más profundo de su alma, su vida fue lo que te salvo y al mimo tiempo te dejó algo de Voldemort… fue una bendición y una maldición…—
—…fue el destino…— continuó Harry, cerrando el álbum —Todos fuimos víctimas de la maldad de Voldemort… si él no hubiera existido…—
—Si… supongo que fue el destino quien unió los caminos de todos nosotros…— suspiró el director y sonrío un poco al más joven —Eso es todo lo que he venido a hacer el día de hoy Harry. Sólo deseaba darte un poco del pasado que no conociste—
—Gracias— sonrío el rubio —Estaré ausente por unos 5 años. Iré a América para estudiar mi especialidad en neurocirugía. Sirius se va a mudar conmigo, pero antes de tomar mi vuelo a Los Ángeles, vamos a visitar la tumba de los Potter antes, quisiera despedirme propiamente de ellos—
Dumbledore amplió su sonrisa —Suena maravilloso—
Harry le sonrió con cariño —Espero que cuando regrese podamos reunirnos de nuevo, hay muchas cosas de que hablar mientras tengamos tiempo—. El director asintió, con un brillo especial en sus ojos —Si, eso sería muy agradable Harry, muy agradable—
—Debo irme— se disculpó el joven con pena —Pero antes de eso, quisiera pedirle un favor—
—Dispara—
—Cuando aun tenía mi magia, vi algo en la mente de alguien sin querer— Harry se frotó la nuca algo avergonzado, no le gustaba mentir de nuevo, pero eso era algo que no pudo hacer en su vida pasada y que creyó no poder hacer nunca —Por favor dígale al profesor Snape que muchas gracias, de parte mía y de mi mamá Lily—
Dumbledore lo miró sorprendido. Harry siguió antes de que más preguntas surgieran —Debó irme ahora, mi colega me espera con algo de comer, gracias por todo director— salió del escudo mágico y corrió hacia la tienda —¡Lo veré dentro de 5 años!—
El anciano director lo vio perderse una calle abajo. Sonreía aun con sorpresa, sin entender un poco lo que había sucedido. Un par de lagrimas surcaron su rostro —Lily, James, ojala pudieran ver a su hijo. Ya es todo un hombre y se está abriendo camino por su propia cuenta— miró al cielo. Era un día radiante.
Un buen día para vivir.
Ok! Aquí termina!
Este si de plano es el ultimo capitulo. Espero les haya gustado ¿Luna o Ginny? ¿Con quién se quedo Harry? Bueno, si fueron observadores, la respuesta esta ante sus ojitos coquetos.
Gracias a todos lo que siguieron este fic hasta el final y para los muchos que ya me están buscando con machete y antorchas en mano, descuiden, ya estoy trabajando en las actualizaciones.
Queridos lectores, muchas gracias por su apoyo en "Harry Dursley". Espero pronto darles nuevas historias, aunque si lo hago es porque ya tienen un final, así puedo subirles rápido y no quedarles mal.
Un gran beso de vaca para ustedes! MUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUA!
