¡Cuánto tiempo! Siento no haber tenido hueco para escribir pero es posible que próximamente esté más libre. Quiero que sepáis que no he abandonado la historia (me encanta, no podría dejarla así, además os lo debo a todos los que habéis llegado hasta aquí conmigo.)

¡Espero que os guste mucho y también espero actualizar pronto!

Infinitas gracias a todos los que estáis aquí leyendo esto, que me dais ánimos para seguir, pase lo que pase.


-Y esa es toda la historia.

El príncipe se apoyó en la pared de la habitación, dando paso a Katara para que hablase.

-Entonces… ¿Toph se ha declarado a Sokka, mi estúpido hermano, quien no ha sabido cómo reaccionar y ha dejado que lo bese sin más delante de Suki?

Zuko asintió con la cabeza.

-Y tras eso vino a verme llorando.

-Eso fue lo que yo vi… -Katara se había quedado pensativa, con la mirada perdida en la pared del fondo.

-Sí bueno, entiendo que lo malinterpretaras -Comenzó a jugar con su pelo mientras intentaba explicarse.- pero no pasó nada con ella, sabía que sólo estaba confundida y que venía a mí por despecho.

-Yo…-No dejó a la maestra de agua ni siquiera comenzar su frase cuando la sujetó por los hombros.

-Aún así no tenías derecho a enfadarte, señorita no-quiero-hacer-daño-a-aang. -Su compañera lo miró fulminante, haciendo que pareciera posible cortar la tensión entre sus ojos.-Que yo sepa puedo hacer lo que quiera. Incluído estar con Suki si ella también está de acuerdo. Y si eso te molesta tanto como para liar todo lo que has liado tú, entonces quizás debes pensar un poco más en ti misma y menos en Aang.-La maestra del agua bajó la mirada hasta el pecho de Zuko. Tenía toda la razón. Había sentido tanto miedo de perderlo para siempre. Ese momento en el que los vio juntos… realmente su único pensamiento era desaparecer, se sentía culpable de no haberle dicho todo lo que pensaba, de no haber hablado con Aang, de no haber sido sincera consigo misma… pero a más lo pensaba menos podía asumirlo. No podía estar con Zuko, con su mayor enemigo, con su contrario. Pero después de lo que había ocurrido hoy ¿Era más importante el "quiero" o el "puedo"?

Soltándose del agarre del príncipe se dio media vuelta.

-No puedo Zuko.

Lo siguiente que sintió fue un empujón que la dejó pegada a la pared, de una forma suficientemente suave como para que apenas notase el golpe. Levantó la mirada para encontrar unos ojos dorados tan cerca de ellas que pensó por un momento que estaba mirando al sol.

-¿De verdad Katara?¿De verdad te importa eso ahora mismo?¿Crees que yo pienso en lo que debería estar haciendo? Debería estar en aquella cárcel, salvando a Mai. Debería estar buscando a mi tío. Pero en lugar de eso estoy aquí.-Su respiración chocaba con la de ella, permitiéndole sentir el aire caliente en sus labios.-Entrenando a un crío, haciéndome amigo de un grupo de locos y enamorándome de una maestra del agua.-Las últimas frases las pronunció en susurros, pero suficientemente alto como para que su compañera lo escuchara. Ésta pudo notar su corazón dar un brinco al escucharle. Nunca pensó que una palabra pudiera sonar tan bonita. Y menos viniendo de él.

-¿¡Qué!?-Pensó que lo había chillado pero su voz no daba para más que un susurro en estos momentos. Necesitaba escucharlo otra vez. Cerrando los ojos e inspirando más fuerte de lo normal, pronunció algo que llevaba guardando más tiempo del que quería admitir.

-Te quiero, Katara. Estoy enamorado de ti. Mucho. Demasiado. No sé cuánto tiempo hace ya que sólo veía tus ojos cada vez que miraba al mar. Quizás desde aquel primer día que te vi en la aldea. No lo entiendo, puede que nunca llegue a comprenderlo pero…

Esta vez fue ella quien se impulsó hacia él, besándolo sin más aviso. Podía sentir el sabor salado en los labios y sus ojos hinchados y se maldijo a sí misma por llorar en un momento como este pero al escucharlo se dio cuenta de que necesitaba escucharlo decir eso cada mañana al despertarse. Y cada noche al acurrucarse junto a él, como habían hecho tantas otras veces. Y en cualquier momento del día. Mientras peleaban para entrenar. Mientras hacían juntos la comida. Incluso mientras iban a estúpidas obras de teatro.

Quería parar el tiempo así, sintiendo sus cálidos labios, sus manos abrazándola por la cintura, su pelo haciéndole cosquillas en los brazos. Ésto era lo que realmente quería.

-Tengo que hablar con Aang.-El pecho de Zuko siempre era cálido y estar desnuda sobre él podía contarse como uno de esos placeres de la vida del que nunca te cansas. Pero ahora que habían vuelto a caer en las redes del deseo y después de todo lo que habían hablado antes, era hora de que Aang supiese la verdad.

-¿Vas a contarle…?

-No. Sólo voy a decirle que no quiero estar con él. Después de todo es la verdad.-Pudo sentir a Zuko encogiéndose de hombros.

-Haz lo que quieras. Pero en algún momento tendrás que decírselo.

-Ya… Ya lo sé. Pero sé cómo es Aang y no quiero que se lleve todas las malas noticias a la vez.-El príncipe arqueó una ceja y comenzó a hacerle cosquillas a la maestra del agua.

-Así que estar conmigo es una mala noticia ¿eh?-Katara no podía parar de reír.-Seguro que si le pregunto a Suki no dice lo mismo.

-Aaah no, por ahí no.-Le paró los brazos en seco y comenzó a darle besos en el cuello.-¿Quieres que vuelva a demostrarte como hago esto mejor que ella?-Y le dio un pequeño mordisco en el lóbulo de su oreja derecha.

-Eso tendría que probarlo primero…

-Aang.-El joven lo miraba con una enorme sonrisa. Zuko le había dicho que esa mañana no iban a entrenar y que aprovechara el día y Katara le había pedido ir a dar un paseo. Definitivamente era un buen día.

Se habían sentado en la hierba, en medio del bosque, y estaban completamente solos. La maestra del agua intentaba reunir el valor para romperle el corazón al joven que la acompañaba y la había acompañado tanto tiempo. Y, podía parecer que no, pero también dolía. Dolía porque sabía que le estaba haciendo daño a su mejor amigo pero ¿De qué sirve tener contento a una persona engañándola?¿O renunciar a la propia felicidad por otra persona?

-Escucha Aang.

-¿Quieres que hagamos algo más de pareja?¡Podemos ir al teatro otra vez!¡O quizás a la playa!¡Tengamos una cita!-

El maestro del aire se puso en pie de un salto sin mucho esfuerzo y cogió la mano de Katara, animándola a seguirle.

-Aang, estoy intentando decirte algo. ¿Puedes escucharme?

La expresión del joven cambió por completo y volvió a sentarse bajando la cabeza.

-No quiero seguir.

Tras escuchar esto el Avatar volvió a levantarse y se colocó frente a ella con las manos en postura de confusión pero antes de dejarle decir nada, continuó.

-No voy a seguir engañandote. No quiero estar contigo en este sentido. Obviamente eres mi mejor amigo y te quiero muchísimo Aang. Pero no así.

-¿No hemos tenido ya esta conversación?-El maestro del aire parecía a punto de explotar. Apretaba sus puños y, aunque su cabeza estaba baja y no podía ver su reacción con claridad, estaba respirando mucho más fuerte de lo normal.-No me dijiste… ¿¡No me dijiste que lo intentarías!?-De repente la miró, con los ojos empapados en lágrimas y la voz temblorosa, pero suficientemente fuerte para gritarle.

-¡Lo he intentado!¡Lo he hecho! Pero no puedo.-Se puso en pie, moviendo los brazos de manera nerviosa.

-¿Hay otra persona?¿Es por lo que pasó con Jet?-El Avatar buscaba desesperadamente una respuesta, algo, que le dijese por qué no. Por qué su día perfecto se había torcido de esa manera.

-¿¡Qué!?¡Claro que no! ¿Tanto te cuesta aceptar que no quiero ser tu novia? ¡Ya te había avisado esto! Te quiero Aang, te quiero muchísimo, pero como el mejor amigo que eres.

Durante un minuto que se hizo eterno ninguno de los dos dijo nada, ninguno de los dos movió un músculo. Ni siquiera sabían si estaban respirando.

-No quiero perderte Aang, pero tienes que entenderme, por favor.-Se atrevió a coger la mano del Avatar, como quien intenta consolar a su hermano pequeño después de una caída. Para su alivio el maestro del aire no la retiró, si no que la cogió más fuerte y la presionó contra su pecho.

-Entiendo Katara… Ahora no es el momento. Esperaré lo que haga falta, por ti.

-No se trata de…-Pero Aang la miró suplicante, como si no quisiera que apagara su último rayo de esperanza.

-Salvaré el mundo por ti. Y entonces… Entonces... -La abrazó como si nunca jamás fuera a hacerlo.-¡Sí!¡Lo haré!¡Ya verás Katara!¡Y volveremos a ir juntos a montar pingüinos!

No supo qué decir. Muy en el fondo sabía que había hecho lo correcto y que no había necesidad de presionar más el tema por ahora. Pensándolo bien no sabía qué pasaría después de que Aang derrotase al Señor del Fuego. ¿Volvería a su aldea?¿Qué pasaría con Zuko? La estridente voz de Toph sonó en su cabeza: "futura Señora del Fuego". Pero eso era pensar demasiado ¿verdad? Además ¿No tenía Zuko a Mai? "Pero en lugar de eso estoy aquí". ¿No era eso lo que importaba?¿No había perdido ya demasiado tiempo a su lado con sus estúpidas preocupaciones?

Al llegar a la casa de nuevo Aang fue inmediatamente a pedirle a Toph que siguiese entrenándole. Suki y Sokka se habían colocado cada uno a un extremo del espacio habitable. Sokka rayando un árbol con su bumerán completamente aislado de todo lo que le rodeaba y Suki charlando con Zuko frente a la fuente central.

Por instinto los dejó solos y se acercó a Sokka. También quería saber qué había pasado.

-Hey.

No hubo ninguna respuesta.

Se colocó en su línea de visión sin interferir con su bumerán.

-¡Eh!¡Acabo de saludarte!

-¡Quita de enmedio o acabaré dándote!

-¿Por qué estás tan enfadado con el árbol?¿Debería reñirle?-La mirada que su hermano le dedicó dejaba claro que, por una vez, no estaba para bromas. El gran bromista que hasta de las situaciones más dramáticas conseguía reírse.

-Estoy machacando al árbol para no hacérselo a alguien más.

-Sabes que puedes contarme lo que quieras…

-Mira, no sé qué está pasando por mi cabeza, mi corazón o como queráis llamarlo vosotras las chicas pero desde lo de Toph… estoy hecho un lío. Y para colmo mi magnífica novia va por ahí liándose con el príncipe de la nación del fuego.-Paró en seco el movimiento de su bumerán y la miró fijamente.-¡Con el mismo que prendió fuego a su aldea y que nos ha hecho la vida imposible! Yo no quería que pasase lo de Toph pero fue ella quien fue a buscar a Zuko. ¿Crees que puedo perdonarla?¿De verdad?

El aire se llenó con un silencio incómodo. Katara por su parte pensaba cómo se tomaría su hermano la noticia de ella con Zuko y por otra parte intentaba controlar el dolor que le provocaba la idea de los dos juntos.

-Ni siquiera sé si me está diciendo la verdad Katara. Ni siquiera sé cuán lejos han llegado. Y no puedo pensar en otra cosa.

En ese momento una chispa se encendió en el corazón de Katara. Es cierto. Tampoco podía dar por buenas todas las palabras de Zuko. ¿Cómo sabía que realmente le había contado la verdad? Por el rabillo del ojo los miró. Reían y charlaban, tocándose y haciéndose cosquillas como si fueran una pareja de lo más normal.

-¿Los ves? Así están más veces de las que me gustaría ver. Ellos ya no son simples amigos. Posiblemente estarían mejor juntos que conmigo. ¡Míralos! Quedan tan bien juntos. ¡Aaarg!-Y clavó su bumerán en el árbol.-Por eso me estoy planteando darle una oportunidad a Toph. Y así todos estaremos contentos. Suki con Zuko, tú con Aang y yo con Toph.

-Yo… acabo de dejar a Aang.

-¿¡QUÉ!?-El resto del gaang se giró inmediatamente a mirarlos a pesar de la distancia. Tosió un poco y volvió a mirar a su hermana.-¿Qué?

-No quiero estar con alguien por estar. Y no quiero a Aang. Pensaba que podría obligarme porque sentía que era mi deber pero… No.

-¿Y ahora qué hacemos con mi plan perfecto?-Parecía que un chip se había cambiado en la cabeza del guerrero de la tribu del agua. Como si ahora necesitara estar bien para animar a su pequeña hermanita.-Podemos buscarte un chico aquí pero es la Nación del Fuego después de todo. ¡Seguro que los chicos de nuestra aldea estarían encantados de cortejarte!

-Bueno bueno tampoco hay prisa.

-¿Ya le has echado el ojo a alguno?-Se acercó más a ella y le dio un pequeño codazo.-¿Es Haru, no?¡Es un buen chico!

-Eh, eh, para el carro. ¡Nunca me ha gustado Haru!

-¿Seguro? Porque te echaba unas miraditas…

-¡Que no me gusta Haru!-Otra vez todo el gaang volvió a mirar hacia ella. Pudo notar la mirada de Zuko cuestionándole a qué había venido eso y sintió sus mejillas arder inmediatamente.

Con una enorme risa agarró a su hermana por los hombros y se fueron acercando un poco más a los demás.