Hola!
Aquí estoy de nuevo.
Les dire que fue un milagro que acabara este capi, cuando me puse a escribirlo en mi libreta estuve llorando todo el tiempo. Cuando lo pase a la compu casi me pongo a llorar también.
Este es un capitulo triste, como ya les dije llore al hacerlo, ya me encariñe demasiado con mis personajes. Sobre todo con Mía.
Quiero agradecer sus reviews y también a todos los que me leen, especialmente a:
-Cami
Ojala te guste el capi linda, muchas gracias por seguir leyendo y por molestarme xD, q así me apuro y trabajo mejor
-Kimiko-sama
Muchas gracias por leer, aquí esta el siguiente capi.
Y este va dedicado a Jean-Slytherin por su cumpleaños este 16 de diciembre, felicidades linda!!!
Ahora, necesitaba mortífagos y estos fueron los unicos que se me ocurrieron ¿Sugerencias? Las acepto todas, y si quedan mejor modifico este capi.
Espero que no me maten. Dicho esto, adelante...
Desclaimmer:
Algunos de estos personajes no me pertenecen. Si lo hiceran me llamarian Rowling y sería inglesa y no estaría escribiendo esto.
Capítulo 10
El dolor de un padre
-Tú me prometiste, me juraste, que jamás le haríamos esto de nuevo. Yo me siento igual que tu Albus ¿Por qué tanto misterio con esa mujer? Pero eso no justifica que lo investigues como si fuera un criminal y mucho menos que manipules a Mía, eso no lo permito Albus Dumbledor.
-Minerva, tranquilízate. Te lo dije, yo confío en Severus pero no tengo un buen presentimiento y no puedo ignorarlo después de tanto misterio y esfuerzo por ocultarlo. Esto es por el bien de todos Minnie.
-¿Por el bien de todos? ¿No querrás decir "Por el bien de mi extremadamente crecida curiosidad y necesidad de saber hasta cuando alguien se corta las uñas"?
-Por todos, revisa la lista por favor.- la animaga bufó molesta y se dirigió a la habitación continua, donde una pluma anotaba nombres automáticamente. Todos los niños que nacieran con el don de la magia eran anotados en una lista para después, 11 años después, asegurarse de que recibieran una educación mágica en Hogwarts. Aunque no todos los niños del mundo podían estar anotados ahí, sólo los que pertenecieran a los países más cercanos al colegio estaban admitidos. También estaban dentro los que fueran hijos de ex estudiantes y claro esta, los hijos de los profesores entraban automáticamente.
Mía debía estar ahí, si era una bruja claro. Y eso era lo que preocupaba a Minerva, nunca había visto a su nieta hacer algo extraño así que no podían saber si era o no una bruja. No es que le importara tampoco, Mía sería su nieta siempre, bruja o no nunca dejaría de ser ella.
Suspirando se acercó a la lista del año que, creía, había nacido su nieta. Dudó un poco pero al final desenrollo el pergamino y empezó a buscar... Rosenbaum Lucas, Schneider Gaia, Shuster Annette, Snape Jamie Madeline...
Estaba ahí, eso le daba gusto pero también la molesto. Ahora Albus tendría un comienzo para indagar... lo único que le alegraba era que a su esposo no se le había dado por jugar con la mente de Mía.
-Está aquí Albus.
-Excelente Minerva, excelente. Y dime ¿Dónde comenzare mi investigación?
-Aquí dice que nació en... San Francisco, en los Estados Unidos.- San Francisco...
El nombre resonó en la mente de Abus. La ciudad, la fecha, la edad de Mía...
No, no podía ser cierto.
-Bueno, parece que ya estas sacando conclusiones así que te dejo antes de que me metas en problemas.- le dijo la mujer pero no la escucho, estaba demasiado sumido en sus pensamientos.
¿Quién? ¿Y por qué no quería que él lo supiera? Sabía bien que Severus no era capaz de abandonar a nadie, mucho menos a un hijo, ni siquiera si había sido producto de una noche y ya ¿Tendría miedo de defraudarlo quizás? pero ¿Por qué? Nada que hubiera hecho podría haber sido peor que lo que había llevado haciendo como mortífago, entonces... Todo se estaba complicando demasiado ¿Quien podría ayudarle con eso? Debía ser alguien que hubiera estado al pendiente de... ¡Maximilliam! Él debía saber algo.
Aunque, si hubiera sabido algo se lo habría dicho de inmediato... Ahí se terminaba su esperanza de apoyo. A menos que... No, no podía haber sido alguien del colegio o Maximilliam se hubiera enterado. Si hubiera sido su hija por otro lado entonces no podría haberlo sabido, Maxi siempre se hacía el ciego y era muy consentidor con ella...
El cerebro del viejo director empezó a hilar cabos que creyó sueltos y sin conexión, era increíble lo que podías hacer cuando llevabas una vida enterándote de los chismes más extraños de un colegio. Y entonces, dio con el clavo
-No... No, no, no, no... No podía...
Si, si podía ¿A quien quería engañar?
-Severus... ¿Qué hiciste muchacho?- dijo en voz alta mientras se frotaba la nariz con cansancio. -¿Qué hiciste?
--OoOoOoOoO--
Los profesores y alumnos ya estaban listos para salir a Hogsmeade. La época navideña se acercaba y muchos ya tenían la crisis del regalo perfecto y algunos otros extrañaban la indigestión de dulces del Halloween pasado así que la salida les venía como anillo al dedo.
Minerva se acercó a él y le dijo lo que Albus estaba haciendo, al parecer la mujer no quería meterse en problemas por culpa del entrometido de su esposo. Al principio se preocupo bastante pero, siendo realistas, había cientos de mujeres en San Francisco, y otros cuantos en la Universidad, no podría encontrar a la mujer indicada pronto.
-Papi...- Mía lo jalo de la túnica un par de veces antes de que Draco la levantara. -Vamos a ir a los dulces ¿Verdad? Con...
-Honeydukes.- le susurro Draco.
-Sí, con Honeyduckes ¿Verdad que sí?
-Claro que sí. Ahora suban, tenemos que irnos.
El rubio se despidió y subió a otra carreta mientras ellos subieron a la de profesores. Mía parecía feliz por ir al pueblo, y porque estaba nevando. En realidad estaba mucho más feliz porque nevara. Nevar era lo que pasaba en Navidad...
La niña estuvo muy emocionada todo el camino. Minerva le contaba sobre algunas tiendas y lugares que había en el pueblo.
-¿Y el hermano del abuelo?- les pregunto la pequeña luego de un rato. -Abuelito dijo que vivía aquí.
-Bueno, si... Tiene un lugar, un tanto sucio y muy antihigiénico, no es lugar para ti linda.- le dijo la animaga.
-Pero, yo quiero conocer al hermano del abuelo...- dijo con un puchero y empezó a hacer cara de cachorrito.
-¿No crees que sería mejor si tu abuelito te trajera aquí él mismo? Así podría presentarte a su hermano...- le dijo antes de que pasara algún desastre, aún no podía controlar los berrinches de su hija. Minerva asintió sonriendo y se juró no dejar que el anciano la llevara a Cabeza de Puerco nunca.
-Ya estamos aquí.- le dijo la mujer y la animó a ver por la ventana. El pueblo estaba cubierto por una capa de nieve y todo se veía blanco y... navideño. Mía estaba feliz, corrió a abrazar a su papi y regreso a ver por la ventana. Ya pronto sería Navidad, y su mami y abuelito y tíos siempre estaban todos con ella en Navidad. Ahora también iba a estar su papi con ellos y también sus abuelitos, y el primo Draco y quizás hasta Hermione quisiera ir con ella.
Bajaron de la carreta y la mujer se encargo de los chicos mientras él se aseguraba de que Mía estuviera bien abrigada y le repitiera, por enésima vez, que cuando tuviera frío se lo dijera de inmediato.
-¿Severus?- escucho que lo llamaban mientras caminaban al pueblo, se giró de inmediato al reconocer la voz.
-Cissy, hola.- la saludo. Narcissa se acercó a abrazarlo, hacía tanto tiempo que no lo veía...
Mía inflo las mejillas al ver eso ¿Quien era esa que le quería quitar a su papi? Su papi era suyo, y de su mami también, pero era SU papá.
-Papi, papi, papi.- lo llamo halándolo de la túnica.
-¿Qué ocurre?- le pregunto mientras la alzaba, la niña se abrazo de su cuello muy fuerte.
-Te quiero papi.- le dijo con ojos de cachorro.
-Y yo a ti enana.- le respondió.
-Así que esta es tu hija.- le dijo la mujer sonriendo, Severus asintió orgulloso.
-Su nombre en Jamie Madeline Snape, pero la llamamos Mía. Enana, ella es Narcissa Malfoy, esposa de Lucius y la madre de Draco.
Ahh... ella era la mami de su primo, entonces estaba bien que ella abrazara a su papi. El papi de Draco también abrazaba a su papá cuando lo saludaba así que decidió que ella también podía hacerlo. Pero no mucho claro, su papi era suyo.
-En un placer conocerte Mía.
-Hola señora Narcissa.- la saludo la niña.
-Draco me dijo que es tu primo ahora ¿Es cierto?- le dijo la mujer, Mía asintió sonriendo. -Me alegra mucho, pero tendré que pedirte un favor ¿Puedes cuidarlo por mí pequeña?
-Sip, yo lo voy a cuidar mucho señora Narcissa.- le dijo Mía feliz. Narcissa le sonrió sinceramente.
-¿Qué estás haciendo aquí Cissy?
-Reuniones de sociedad, desayunos con las amigas...
-Recuperando influencias.- la mujer asintió.
-Estamos trabajando en ello, por eso no pude ir a Hogwarts a verte.
-Lo entiendo, se que lograran recuperar sus conexiones pronto, los dos son muy buenos con las relaciones públicas.
-Eso espero, debo irme ahora, me dio gusto verte Severus. Y me encanto conocerte Mía.
-A mí también Cissy.
-Adiós señora.- se despidió la niña.
Entraron a las Tres Escobas donde Minerva ya los esperaba. Al parecer la mujer ya había hablado sobre Mía porque desde el momento en el que entró Rosmerta había corrido a ver a la pequeña que iba sujetando su mano. Había varios clientes en el lugar y todos lo miraron de inmediato, barrio la habitación con la vista y eso basto para que dejaran de verlos por un tiempo. Un momento después Draco entró con Blaise y le pidió a Mía, el rubio ya le había prometido a su pequeña prima que iba a llevarla a Honeydukes y comprarle todos los dulces que quisiera si ella no hablaba sobre "el incidente de Halloween"
-No la dejes comer demasiado Draco.- le advirtió pero el rubio salió de inmediato con la niña abrazada. Minerva lo miro sonriente, igual que Rosmerta.
-No imagine a un Malfoy siendo cariñoso en público.- le dijo. Se encongió de hombros, Lucius era un padre y un esposo cariñoso, siempre lo había sido. Aunque Minerva tenía razón, no era así en público.
Cuando salieron de la tienda el rubio la dejo en el suelo y comenzó a charlar con Blaise. Una tienda tenía unas escobas en exposición y se quedaron observándolas un largo rato. A Mía le gustaban las escobas, eran bonitas y podías volar muy alto y también bajito. Lo que no le gustaba era que su primo le pusiera más atención a las escobas que a ella... De pronto alcanzo a ver el reflejo en el vidrio del aparador, una tienda con muchas luces.
Se dio la vuelta y corrió hacia la tienda, le gustaban mucho las luces bonitas como esas.
-¡Hey!- de pronto Draco la levanto. -No deberías correr así, podrías perderte y Severus me mataría.- Mía comenzó a hacer su cara de cachorro triste por lo que el rubio dudo. -¿Y si vamos a Honeydukes ahora?
-Sip.- su primo le iba a comprar muchos dulces, las luces podían esperar.
Los profesores escucharon unos gritos de los chicos, Severus se levanto y salió del lugar para revisar. Un grupo iba a medio camino hacia la Casa de los Gritos.
-Yo iré por ellos.- le dijo a la profesora y salió del local.
Entraron a la tienda y de inmediato los dueños comenzaron a llenarla de dulces, chocolates y demás chucherías que había por ahí. Draco y Blaise sabían muy bien que a la niña le iba a dar indigestión pero no podían hacer mucho, Mía se veía tan linda comiendo.
-Umh...- para cuando salieron de ahí la niña ya tenía dolor de estómago. Los chicos se miraron, Severus los mataría lenta y dolorosamente.
A pesar de que le dolía su estómago Mía quería ver esas luces bonitas, a lo mejor le dejaba de doler si las veía de cerquita. Así que cruzó la calle para ver el aparador.
Draco vio como su pequeña prima tenía la intención de cruzar la calle, iba a detenerla cuado el dueño lo llamo.
-Disculpa jovencito, tu cambio...- en el instante en el que se giraron un grito se escucho por todo el pueblo, luego otros más.
-¡Mortífagos!- un rayo rojo casi les dio por la espalda. Ambos sacaron sus varitas y salieron a la calle donde la gente empezaba a huir.
-¡Mía!- la llamó Blaise, la gente corría empujándose y si se encontraban a la niña podían hacerle mucho daño.
Mïa estaba observando la tienda de las luces bonitas cuando escucho que alguien grito, se asusto mucho porque toda la gente comenzó a correr y casi la aplastaron. Pero se asusto más cuando vio a dos cosas negras con mascaras blancas acercarse a ella con las varitas en alto.
-¡Desmaius!- atacó Draco al ver a los mortífagos acercarse pero su hechizo fue desviado fácilmente, igual que el de Blaise.
Neville, Ron y Harry estaban en Cabeza de Puerco, visitando al hermano del director cuando escucharon el alboroto. Al grito de "Mortífagos" los tres saltaron de sus asientos y corrieron hacia donde los rayos salían despedidos.
Una de las cosas negras se acerco a ella mientras la otra peleaba con Blaise y su primo. Intento correr pero no podía con tanta nieve, tenía mucho miedo y su papi no estaba ahí. La cosa la tomo del cuello de su suéter y empezó a jalarla, iban a llevársela y su primo no podía ayudarla. Grito cuando casi la levantaba del suelo, no quería ir con ellos. Quería a su papi, a su mami, no quería que se la llevaran lejos.
El trío de chicos llegaron cuando el mortífago logro deshacerse de las serpientes. El otro estaba tomando a la hija de Snape cuando, de pronto, la niña grito y su atacante salió disparado hacia atrás.
-¡Desmaius!- atacaron a la vez pero parecía que el otro podía repelerlos fácilmente.
-¡Mía!- la llamo Neville. Desde que vio la escena se dio cuenta de que los mortífagos la estaban buscando a ella. La niña intentó llegar a él pero el otro ya se había recuperado y la alzo.
Mientras, su compañero lanzó un bombarda a la tienda que estaba detrás de los chicos, los escombros les dieron de lleno en la espalda y quedaron tendidos en el suelo. Los dos mortífagos corrieron a la salida, no podían desaparecerse si no estaban fuera del pueblo.
Severus regresaba con el grupo que había huido a la Casa de los Gritos cuando escucho la explosión, ordeno a los chicos quedarse ahí y salió corriendo, si algo le pasaba a Mía...
Estaba a unos metros de la entrada cuando vio a dos mortífagos saliendo, uno de ellos llevaba... ¡Esa era su hija! Los otros también alcanzaron a verlo porque, en cuanto alzo la varita dos hechizos lo golpearon.
-¡Crucio!
-¡Sectunsempra!
Pudo sentir el doble impacto del cruciatus y las esquirlas sobre su cuerpo pero no iba a dejar que se llevaran a su hija, Mía era su todo ahora. Más por voluntad que por fuerza se incorporo y lanzo un hechizo que derribo a uno de ellos antes de desmayarse. Por desgracia, el que llevaba a su hija logro desaparecerse, aunque el ya no lo vio.
La gente comenzó salir de sus escondites cuando dejaron de oírse los gritos y hechizos. Minerva salió de la tienda donde había reunido a todos los estudiantes y empezó a buscar con la vista a su muchacho y nieta. Vio como Harry, Neville y Ron salían enteros de debajo de unos escombros y como los dueños de Honeydukes reanimaban a Zabini y Draco.
-Profesora, el profesor Snape.- le grito una niña desde las afueras del pueblo. Corrió lo más rápido que pudo y lo vio tirado boca abajo, con la nieve debajo de él teñida de rojo. Alejo al grupo de chicos que estaban alrededor de él y lo giro, intento reanimarlo pero no podía. Severus tenía cortes en la cara y estaba sangrando por todas partes. En un segundo Narcissa Malfoy estaba junto a ella, pasando la varita sobre el cuerpo del hombre y recitando el contrahechizo.
Las heridas dejaron de sangrar poco a poco, Severus recupero la conciencia unos segundos solo para ver la cara de dolor en la animaga antes de caer de nuevo en la oscuridad.
--OoOoOoOoO--
Se sentía extraño, le dolía todo el cuerpo pero sentía como si estuviera sobre una cama ¿Estaría en Hogwarts? ¿Qué había pasado? Sus parpados pesaban mucho pero aún así intento abrirlos, no tenía ni idea de que estaba pasando y aún así intuía que era algo malo. Cuando logro abrirlos había demasiada claridad, señal de que estaba en la enfermería en Hogwarts.
-¿Qué ocurrió con la niña?- escucho como susurraba la enfermera cerca de su cama ¿Niña? ¿Qué niña?
-No lo sé Poppy, pero ya estamos buscándola...- ¿Se había perdido una niña? No recordaba eso. En realidad no recordaba que le había ocurrido.
-Pobre Mía.- Mía... Ese nombre le sonaba familiar... De golpe, una ola de recuerdos lo golpeó. Mía, su hija ¿Desaparecida? ¿Qué le había pasado?
-Severus...- escucho a Albus a su lado, intento levantarse pero solo logro sentarse sobre la cama, el anciano no le permitió más.
-¿Mía? ¿Dónde esta Albus?- el hombre lo miro y en sus ojos pudo ver que su hija no estaba ahí. -No... Albus, necesito... Debo encontrarla...
-Ahora no estas en condiciones.- le dijo el anciano pero no lo escucho. Su hija estaba en peligro, no sabía que era lo que esos bastardos podrían hacerle. Intentaban vengarse de él y sabían que haciéndole daño a Mía lograrían causarle más dolor que atacándolo a él mismo. Se levanto de la cama a pesar de las protestas de Poppy, unas de las camas también estaban ocupadas pero no se preocupo por ver quienes eran, tenía algo que hacer.
-Ya tengo a toda la Orden lista e investigando, Kingsley también envió varios aurores y te juro que vamos a encontrarla antes de...
-No van a matarla ahora...- dijo hablando más para sí mismo. No, eso sería muy fácil. -Le harán daño, Albus, le causarán tanto dolor que la muerte le parecerá un alivio. Lo sé bien.- casi se le quebró la voz, por más que quería salir de ahí su cuerpo no respondía. Estaba muy lastimado y aunque podía con el dolor la falta de sangre era lo que lo estaba acabando. -Debo encontrarla... Albus, por favor...- su voz se quebró. Si algo le pasaba a Mía sería su culpa, él era la razón por la que querían dañarla.
-Recuéstate Severus que así no podrás hacer nada aunque lo desees.- el director intento arrastrarlo de regreso pero no se lo permitió. Camino a la salida ante la mirada atónita de Harry, Ron y Neville que no creían que pudiera caminar después de recibir esos hechizos. -¡Severus!- el grito Albus y lo sujeto de los hombros antes de que saliera. El hombre ya no pudo más.
Dumbledor sintió como los hombros de su muchacho se sacudían y supo que estaba llorando.
-Es mi culpa, quieren vengarse de mi por eso se la llevaron. Quieren hacerme pagar Albus, es mi culpa...- No tenía fuerza para nada. Necesitaba a su hija, si algo le pasaba a ella moriría, no iba a poder soportarlo.
-Desahógate e intenta recordar, piensa donde la llevarían los Carrow.
-¿Son ellos?
-Solo uno, Alecto. A Amycus lo detuviste tú.
--OoOoOoOoO--
La cosa negra que la había levantado corrió cuando le lanzo un rayo a su papi, la otra cosa se quedo atrás y luego había visto a su papi lanzarle un rayo. La cosa negra que la tenía abrazada hizo algo con magia y habían aparecido en una casa muy fea. Mía estaba llorando, cuando vio a su papi caer se había asustado pero no tanto como cuando lo vio levantarse, estaba lleno de sangre y luego se había dormido otra vez, como su abuelita cuando se fue al cielo...
-Deja de llorar mocosa.- le dijo la cosa negra.
Alecto se quito la mascara, ahora su hermano estaba en manos del Ministerio, eso era seguro. Afortunadamente no podía dar indicaciones sobre donde se encontraba esa casa. Si solo la mocosa esa la dejara pensar...
-¡Que te calles!- le grito, la niña retrocedió asustada pero no dejo de llorar. -Maldita...- le dijo y la pateo, no supo en que lugar ni le importo. La mocosa siguió llorando pero al menos ya se lo había provocado ella ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Seguiría con el plan?
Sí, debía hacerlo. Aunque la atraparan después nada se compararía con la satisfacción de entregarle a Snape el cuerpo destrozado de su querida hija.
-Ven aquí asquerosa mestiza.- la sujeto del cabello y la levanto del suelo. -Eres una cosa asquerosa, hija del traidor Snape. Los dos son igual de miserables.- dijo y le escupió en la cara. -Tú y yo vamos a jugar.- la lanzó al suelo y la pateo de nuevo. No podía darse el lijo de matarla, no todavía. La mocosa seguía llorando y llamando a su papi. -¿Sabes que haremos? Te voy a golpear un rato, para divertirme. Y luego te daré un veneno que te matara lenta y dolorosamente, tu padre lo inventó por cierto, y cuando estés agonizando te llevare con tu papi para que te vea morir en medio de un gran sufrimiento ¿No es divertido?- la alzo en el aire con la varita y la dejo caer al suelo varias veces.
A Mía le dolía todo su cuerpo; su estómago le dolía mucho más y también sus manos y piernitas, además de su cabeza ¿Dónde estaba su papi? ¿Por qué no venía a ayudarla? Sintió como la alzaban en el aire y cayo de nuevo al suelo, escucho como su manita crujía y también algo en su pecho. De pronto ya casi no podía respirar.
Le dolía, le dolía mucho, todo su cuerpo ¿Por qué nadie la ayudaba? Ya no quería que le doliera... Quería a su mami. Quería que su abuelita viniera del cielo y se la llevara: "En el cielo no sientes dolor" decía ella. Quería ir con su abuelita, ya no quería que le doliera más.
Alecto se acerco a la niña cuando dejo de moverse. Estaba boca abajo, la giro con el pie y comprobó que seguía con vida. Saco un vial de su túnica y la obligo a tragarlo todo.
Ahora Snape si iba a pagar.
--OoOoOoOoO--
Había pasado una hora y aún no tenía noticias de nada. Severus estaba al borde de un ataque, sabía que entre más tiempo pasaba más daño le harían a su hija.
Y podía sentirlo...
Su corazón estaba oprimido y le faltaba el aire, la maldita de Alecto estaba lastimando a su pequeña...
De pronto, sintió como si una espada le atravesara el pecho y la sensación lo recorrió entero. Sintió un pánico que jamás había experimentado y casi logro derribarlo el dolor que sintió después del miedo. Corrió hacia la puerta y cuando iba a alcanzarla ésta se abrió, Suki entró con un espejo de mano en el hocico, se levantó y se apoyo en él, ofreciéndoselo.
-¿Qué es...? ¡Un mapa!- grito al verlo. Una pequeña luz parpadeaba en medio de un bosque no muy lejos de Hogsmeade.
Sin soltar el espejo corrió fuera de la enfermería hasta los terrenos de Hogwarts.
Remus y Moody acababan de aparecer en el colegio cuando Severus se apresuro hacia donde estaban ellos. El ex auror se sorprendió al verlo; Snape no debía poder moverse, mucho menos correr en esas condiciones.
-Se donde esta.- escucharon que dijo, el licántropo se abrazo a el antes de que desapareciera. -Suéltame Remus, debo ir con ella.
-¿Cómo lo sabes Severus?
-Es un mapa.- le dijo mostrándole el espejo. -Era un rastreador...- le dijo recordando el collar blanco que la niña nunca se quitaba. Remus asintió, saco una moneda de su bolsa y casi al instante aparecieron cuatro aurores que nunca había visto. Kingsley y Tonks, Arthur y Fred Weasley aparecieron también, junto a ellos.
-Vamos.- le ordeno el licántropo. El ojinegro asintió y desapareció, los demás lo siguieron.
No podía creer que Kingsley hubiera ido personalmente a ayudarlo a buscar a su hija. Los Weasley también estaban ahí, y Tonks. En ese momento no pensó si era por orden de Albus o no, lo más importante para él en ese momento era saber que tenía a esa gente respaldándolo, que estuvieran con él.
Aparecieron en una vieja y polvorienta casa unos segundos después, escucho el chillido de Alecto cuando llegaron pero no se preocupo por desviar ningún hechizo. Jamás se había sentido tan confiado, sabía que los otros iban a protegerlo.
-Llegas tarde Snape, tu hija ya probó el veneno que creó su papi.
-Asquerosa perra.- escupió Remus para sorpresa de todos y la dejo fuera de combate con un solo hechizo. Ahora debían buscar a la niña...
-¿Mía?- Severus sintió que su alma se quebró en pedazos. Ahí, tendida sobre el suelo estaba su pequeña. Tenía su pequeño bracito roto y estaba toda golpeada, pálida y temblando. Se dejo de caer de rodillas a su lado, boqueando. Eso no podía ser cierto. –Mía...- alcanzó a decir, casi en un susurro.
La niña giro sus ojitos para verlo, estaba casi muerta, y en ellos pudo ver todo el dolor que sentía, y también lo mucho que se alegraba de verlo ahí con ella.
-Dios ayúdame...- la levito usando la varita, coloco delicadamente una mano sobre ella y se desapareció.
Los de la Orden dejaron que los aurores se hicieran cargo de la mujer, todos habían visto a la pobre niña en el suelo. Se desaparecieron detrás de Severus y gracias a eso lograron aparecer todos juntos en la enfermería.
-¡Poppy!- grito Severus. –Ayúdame por favor, haz algo.- Alastor Moody jamás había escuchado tanta desesperación antes, y menos en Snape. El hombre siempre se mantenía sereno a pesar de las circunstancias...
La enfermera corrió de inmediato y a pesar del shock de ver a su pequeña en esas condiciones se apresuro a revisarla y atenderla lo más rápido que podía. Albus se adelanto y abrazo a su muchacho para que no estorbara a la enfermera.
-Mande traer más medimagos, todo estará bien.
Harry, Ron, Neville, Draco y Blaise aún estaban en la enfermería y los cuatro compartieron al mismo tiempo la sensación de una puñalada al ver a la pequeña tan maltratada.
-Poppy por favor haz algo. Por favor, evita que le duela, esta sufriendo mucho, le esta doliendo demasiado, por favor.- Arthur, Remus y Nymphadora pensaron en sus hijos al ver la desesperación del hombre ¿Si ellos hubieran estado en su lugar?
-Severus.- trataba de llamarlo Albus pero no funcionaba, el hombre no le hacía el menor caso. El anciano director se sentía inútil e impotente, no había nada que pudiera hacer. Abrazo a su muchacho estrechamente, necesitaba que se calmara.
-No por favor, no, no, no, no. Ella no...- Y entonces se derrumbo, en el abrazo del que el consideraba su padre comenzó a llorar como nunca lo había hecho antes. Verla así, dolía más que cien cruciatus.
Y cayó al suelo, aún con Albus sujetándolo, y rugió y grito de dolor. Mía era lo más sagrado que tenía, ella no merecía lo que le estaba pasando.
Draco se levantó de la cama con el rostro empapado y salió corriendo, Severus iba a necesitar mucho apoyo y el amor de un hermano. Un hermano de lazo que siempre estuvo ahí para él, como Blaise lo era para sí. Su padrino iba a necesitar a su padre.
Remus también empezó a derramar unas lágrimas. Su pequeña amiga, la niña sonriente y feliz que siempre le preguntaba por su bebe y le regalaba sus dulces para que se los diera estaba ahora luchando por su vida, después de una paliza y un potente veneno en el cuerpo. Su esposa se abrazo a él y enterró la cabeza en su pecho, el nombre pudo sentir como su camisa se humedecía.
Arthur arrastró a Fred hasta la cama donde estaba su hermano y los abrazó a ambos. Una niña tan pequeña no debía sufrir nada así. Incluso Ron comenzo a lagrimear. Nunca imagino ver a la hija de Snape así, y menos al profesor sufrir tanto.
Harry, estaba aún peor que su amigo. Desde que la niña había llegado se había propuesto alejarse lo más de ella. Odiarla tal vez, como Snape lo había hecho con él cuando había llegado a Hogwarts pero no lo había logrado y en ese momento se odio a sí mismo, por querer vengarse de algo a lo que se había convencido ya había perdonado al mismo tiempo que había perdonado a Severus y éste lo perdonara a él.
Y Moody, jamás se sintió tan miserable como en ese momento. Con Snape en el suelo y Albus junto a él, ambos muriéndose de dolor por la niña a la que meses antes casi le había lanzado una maldición.
--OoOoOoOoO--
Con la angustia oprimiéndole el pecho apareció en los terrenos de Hogwarts. El castillo estaba un poco alejado de donde estaba pero era normal que lo protegieran contra apariciones, era un colegio después de todo. Corrió hacia el castillo donde unas estatuas de cerdo con alas le dieron la bienvenida. No era difícil encontrar la entrada, la puerta principal era enorme.
En lo que le pareció una eternidad, que no fue más de un minuto, llegó hasta la puerta. Un hombre viejo y de aspecto extraño estaba refregando los pisos con aire ausente. Cuando entró una gata le bufo y el hombre se giro a verla.
-¿Puedo ayudarle?- le pregunto mientras se levantaba.
-Estoy buscando a mi niña, Mía Snape ¿Donde está?- Filch se quedó congelado ¿Esa mujer era la madre de la niña de Severus?
-Su...
-Por favor, sé que esta aquí. Mi rastreador la localiza aquí pero no ve más allá del castillo. Ayúdeme ¿Usted la ha visto?
-¿Mía?- la mujer cerró los ojos, tratando de no golpearlo.
-Si, mi niña.- casi le grito. -Pelo negro, bonitos ojos y esta aquí.- parecía tan desesperada que el squib temió por su seguridad.
-En, la enfermería.- la mujer sintió que se le fue el alma al suelo, entonces su niña si estaba en peligro. Asintió, esperando que le dijera donde estaba ese lugar. Filch dudo un momento, si le daba las indicaciones ¿Podría llegar por si misma? Lo dudaba mucho.
-Yo puedo llevarla si quiere...- escucharon de pronto y una chica rubia y extraña apareció en el pasillo.
-Llévame por favor.- la chica camino hacía donde estaba, la tomo de la mano y la llevo por el pasillo de la derecha, donde había unas escaleras.
-Mi nombre es Luna Lovegood.
-Nicole DeKnights.
Well, aquí los dejo. Tengo problemas para continuar, ya tenía la inspiración y luego ¡Puff! se fue. Me voy a obligar a escribir, quizá no me sirva de mucho para la historia pero seguramente me llegara la inspiración pronto.
Gracias por leer, hasta el siguiente capi!!!
