Gomenasai minna-san! Hoy tuve una carga laboral menor y robe tiempo y recursos de la compañía para adelantar la historia u_u... No fue mucho tiempo pero mi ética laboral no me permitirá hacer esto con mayor frecuencia. ¡Encontraré el tiempo para actualizar más seguido!


Esa noche, Daisuke asistió con Kotoko al restaurante más delicioso de Japón, según ella. Kotoko presentó a Daisuke como uno de sus mejores amigos, dándole tranquilidad al inquieto corazón de su padre. No era que Shigeo guardara esperanzas de unir a Kotoko con Naoki, pero si le parecería bastante pronto para ella el saltar a una relación amorosa sin haber superado tan siquiera un poco al hijo mayor de los Irie. Kotoko esperó con su acompañante a que llegara un mesero a tomar la orden, más se sorprendió al ver que su padre los atendió personalmente, asegurándose de que cada platillo fuese más sabroso que el anterior. La joven pareja de amigos habló y rio de todo y nada, mientras que al mismo tiempo disfrutaban del festín que había ante sus ojos. Después de unas cuantas risas Kotoko fijó su vista en un rincón, encerrada en sus propios pensamientos hasta que bajó sus hashi y miró al guapo joven frente a ella.

"Ahora si Daisuke, quiero olvidarme de él. Quiero, necesito ser egoísta. No quiero pensar más en la felicidad de los demás por encima de la mía, si al fin y al cabo no tengo el poder de cambiar las cosas… Él se va a casar con ella, al final es lo que más le conviene a todos y yo no tengo cómo competir frente a lo que ella le está ofreciendo. Sahoko es hermosa, reservada, inteligente, culta y de muy pero muy buena familia."

"Esa Sahoko es en realidad un bombón. Tiene unas piernas que uffff…" Kotoko le dio un golpe en el hombre derecho antes que pudiera terminar la frase.

"¡Daisuke, controla tus hormonas! Estas hablando de la prometida de alguien más, después de todo."

"Bueno, sí, pero eso no me impide mirar. Aunque tú también tienes unas piernas preciosas, como de bailarina de ballet. Pensándolo bien, prefiero las tuyas."

"Tú no cambias, ¿no? En fin… creo que lo que quiero decir es que necesito dejar de orbitar alrededor de Irie-kun porque es lo mejor para él y para todos, eso sin contar que yo no estoy a la talla de él."

"¿Y él qué opina?"

"¿Huh? ¿A qué te refieres?"

"Pues yo solo me pregunto si él opina igual que tú. ¿Él también cree que ella es mejor? Porque después de lo que ha pasado entre ustedes, tal vez su impresión haya cambiado."

"Él dice que me ama pero yo no logro creerle completamente. Si pienso que encuentra en mí una especie de refugio en el que puede descansar de sus obligaciones y ser él mismo. También considero que está apegado a mí por fuerza de costumbre y convivencia, más la verdad no creo que sea amor lo que él siente pues ya me había dejado muy claro hace años que odia a las mujeres estúpidas y yo no soy precisamente la más brillante…" Los ojos de Kotoko se fijaron en las tablas de madera del suelo, en ellos se notaba la abatimiento que le producía sentirse inferior, poca cosa para alguien como Irie-kun. Daisuke tomó su mano y le dio un aprentoncito a modo de transmisión de confianza.

"Tantos años en los que te han dicho baka surtieron efecto en tu autoestima, ¿no? Tú eres muy atractiva y aun cuando no se te da bien la academia pones todo de tu parte para salir adelante con tus materias. Créeme que esos labios son bastante sensuales, tu pequeña cintura y largas piernas te dan una silueta de infarto, tu cabello brillante te da un aura celestial que hace querer corromperte, pero por sobre todo, tu energía positiva, tu persistencia ante el fracaso, tu sonrisa y tus ganas de ayudar son tu complemento más hermoso. Créeme que si no estuviera tan desesperado por Akino ya estaría detrás de ti… o encima, no sé…" No logró disimular una sonrisa pícara que arreboló levemente las mejillas de Kotoko.

"¡Eres terrible! Pero sabes cómo subirme el ánimo. Si no fuera por ti ahora estaría llorando acurrucada en una cabina telefónica al mejor estilo de Sailor Moon."

"¿De qué rayos hablas…?" Preguntó levantando una ceja.

"¡Jajajaja! De nada, de nada… Pero en serio, gracias Daisuke, eres como medio genial."

"Lo sé chiquilla, lo sé…" Se miraron con complicidad, cómodos con la gran amistad que se afianzaba entre ellos. Aunque había dolor en el corazón de cada uno, la camaradería era un bálsamo para las dolencias de sus almas.

Naoki no estaba teniendo una noche tan sosegada. Después de acompañar al presidente y a Sahoko a su casa, decidió que debía tomar una larga caminata para calmar sus pensamientos. El sentimiento de frustración bañaba sus hombros como una catarata, ¿cómo era posible que estuviera logrando tanto en su vida, pero al mismo tiempo se sintiera como el más infeliz de los fracasados? Peor aún, ¿cómo era posible que él fuera el único sintiéndose derrotado, mientras Kotoko ya estaba riéndose con alguien más? Sería muy hipócrita de su parte reclamarle su frívolo comportamiento a sabiendas de los acuerdos a los que había llegado esa misma tarde con los Oizumi, sin embargo su fuero interno le exigía demandar una explicación sobre la ligereza de cambio de su corazón. ¿O tal vez ese imbécil la estaba engatusando? Kotoko es tan ingenua que no es imposible pensar un escenario así. Si ese era el caso, ¡iba a matar al desgraciado! Pero, de nuevo, ¿qué derecho tenía él, luego de haber fijado la fecha y detalles de su boda? Tampoco pretendía rebajar a Kotoko al nivel de una amante, eso jamás, ella merecía ser dignificada en una posición decente, sin esconderla del mundo. Ahogado en sus pensamientos llegó, sin proponérselo, al restaurante de Shigeo. Tal vez un sake le pudiera ayudar a despejar su mente pues aun cuando él nunca apoyara la idea de beber para olvidar, esta noche merecía un par de grados de alcohol en su torrente sanguíneo.

Cuando entró vio a Shigeo, quien al saludarlo se notó incómodo. Inmediatamente escuchó la risa de Kotoko y giró la cabeza para buscarla con la mirada y, en efecto, ahí estaba devorando lo que parecía un banquete con ese. La sangre le hirvió al ver sus manos entrelazadas y sin detenerse a analizar arrastró a Kotoko agarrándola del brazo y la llevó al callejón de la parte trasera del restaurante. Daisuke inmediatamente se puso de pie pero Shigeo lo detuvo, advirtiéndole que aquello era un asunto inconcluso que solo incumbía a ellos y nadie debía terciar en este momento. Daisuke no parecía muy convencido, ya que los ojos de furia de Naoki le daban mala espina, sin embargo ante la imponente presencia de Shigeo poco podía hacer.

Al llegar al callejón Naoki estampó a Kotoko contra la pared, de sus ojos salía fuego y el agarre en el brazo de ella no cedía.

"¿Qué crees que estás haciendo? ¡Me estás lastimando!"

"¡¿Qué estás haciendo tú con ese?! ¡Lo estabas tomando de la mano, estabas cenando con él, te vi más temprano caminar con él por la calle mientras le sonreías! ¿Crees que no me doy cuenta de lo cómoda que te sientes con él? ¿Crees que no noto la manera en que él te mira? ¡Anoche era yo quien te tenía en mis brazos, en mi cama y ahora saltaste tan fácilmente a él!" La tenía agarrada de los hombros como si de soltarla se fuera a desvanecer en algún momento. Ella lo miraba con rabia y sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas.

"No tienes ningún derecho a hacerme este tipo de espectáculos. No tienes derecho de hacer este tipo de publicidad en el negocio de mi padre. No tienes derecho alguno sobre mí porque tú ya tienes otra, ¡así que dedícate a ella! No deberías perder el tiempo conmigo si tan fácil me consideras." Naoki la soltó y dio dos pasos hacia atrás. Cruzo sus brazos y recuperó su fachada de frialdad, aunque por dentro estaban sus emociones más primitivas al mando de su cerebro. Habló sin pensar.

"¿Y qué quieres que piense? Anoche me decías "te amo" y hoy estás feliz con otro. Con razón te acostaste tan fácil conmigo, la experiencia acumulada con otros te ayuda. Ya veo que tu amor no vale, no me estoy perdiendo de nada y probablemente Sahoko tiene más moral que alguien que conozco y se revuelca con cualquiera, yendo de cama en…"

Una sonora cachetada le impidió a Naoki terminar la frase. El intenso ardor y dolor de su mejilla izquierda le hizo llevarse la mano al rostro instintivamente. Cuando la miró vio en sus ojos tanto consternación y rencor que rápidamente cayó en cuenta de lo que le estaba diciendo y se arrepintió desde lo más profundo de su ser. Él no pensaba eso, de ninguna manera. En la vida creería que Kotoko era una cualquiera. Ella se limpió las lágrimas con el dorso de su mano y lo miró con ira mal contenida. Naoki no la había visto tan atormentada jamás y sintió que la iba a perder. No la tenía y ya la estaba perdiendo.

"Muy bien Naoki Irie, ¿así que tus "te amo" de anoche fueron para revolcarte con esta cualquiera? Y yo aquí pensando en tu angustia por verte forzado a casarte… Mientras yo pensaba en tu supuesta zozobra, tú pensabas que yo era la mujer más fácil con la que te habías acostado." Naoki seguía con la mano sobre su mejilla, apreciando lo bien merecido que era el dolor que estaba sintiendo. No obstante, las sonrisas que Kotoko compartió con Daisuke aun danzaban en un rincón de su mente."

"Ese Daisuke y tú, ¿son solo amigos?"

"Si, justo en la cena estábamos hablando como un par de amigos que comparten sus penas de amor pero esta noche me voy a su cama. Quiero saber qué se siente cumplir con tus expectativas por primera y última vez."

Kotoko se dio media vuelta y empezó a caminar hacia la puerta trasera del restaurante. Sus piernas eran poco más que gelatina y su corazón latía con furia y sufrimiento. De pronto sintió que un par de brazos la rodeaban desde atrás, la calidez del otro cuerpo entibiaba su espalda maravillosamente. Ella se ajustaba con tanta perfección al cuerpo de él que parecían dos piezas únicas que nunca encajarían con ninguna otra, excepto a la fuerza. Percibió con extrañeza como ese cuerpo que la abrazaba y le impedía irse temblaba violentamente. La voz de Naoki rompió el silencio del abrazo que ella seguía aceptando sin oponer resistencia.

"No puedo más… ¡No se supone que amar sea tan complicado! Es una simple reacción química en el cerebro, algo útil para perpetuar la especie, la solidificación de relaciones familiares para conformar la sociedad… ¡Yo te amo y quiero amarte siempre! ¡No quiero que tengas sexo con Daisuke hoy! No es cierto que te crea fácil, de hecho eres lo más complejo que me he encontrado y sin embargo con tu complejidad complementas mi vida. No te quiero perder Kotoko, por favor no te acuestes con él, por favor…"

"Tú tienes a Sahoko, piensa solo en ella. Recuerda a Pandai, a tu familia, a los Oizumi… Yo no te sirvo en nada. No tengo el dinero o las conexiones para ayudar…" Se sintió girar y lo próximo que supo es que Naoki la estaba besando con más pasión de la que le hubiera mostrado nunca. Pequeños gemidos escapaban de la garganta de él como si fuera la primera vez que besara en su vida. Luego el beso disminuyó de intensidad hasta ser algo tibio y tierno cuan si de besar un cubo de azúcar se tratara.

"Kotoko a mí ya no me importa si Oizumi me da el dinero o no. No creo que sea justo con Sahoko 'comprarla' a cambio de un negocio. Sé que no tengo alternativas pero voy a pensar cómo puedo apoyar a mi familia así tenga que crear una empresa de cero. No importa las noches que tenga que pasar en vela ni los sacrificios que tenga que hacer, con tal que esos sacrificios no te incluyan a ti."

"Irie-kun, yo…" La voz se le cortó al sentirse tan abrumada. "Yo no quiero herir a tu familia. Ellos me acogieron como si fuera su propia hija y ahora que están a punto de salir del bache económico en el que están… Yo no puedo ser tan egoísta como para desestimar el bienestar de Pandai y los Irie por culpa de mi amor por ti."

"¿No confías en que yo pueda encontrar otra solución?"

"No es eso, sé que eres muy capaz."

"Entonces déjamelo todo a mí. Yo no te voy a dejar ir, ni siquiera si tú me lo pides." Kotoko dio un pequeño salto y lo abrazó con fuerza. Naoki depositó un beso en su cabeza y la tomó de la mano, guiándola hacia la calle al final del callejón.

"Vamos, Kotoko."

"¿A dónde?"

"A mi apartamento. Necesito estar a solas contigo, pero no en un callejón." Si se estuvieran mirando a la cara, verían el sonrojo del otro. Siguieron caminando en silencio, disfrutando el contacto de sus manos y anhelando llegar pronto al apartamento.


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