Pues hemos llegado al final, que tristeza… pero así tenía que haber sido. Me situó en este punto donde empezaría la serie normal de saint seiya, así que espero que disfruten de este ultimo capitulo.
Antes que nada solo una aclaración, hace mucho pensé en las dudas que seguramente tuvieron los dorados sobre el patriarca, antes de la pelea de las doce casas por lo que he decidido plasmarlas en el capítulo final, dudas que contribuyeron a redimirse.
Capitulo 10. Si nos callamos fue lo peor que hicimos.
Error tras error, eso había sido la juventud de los santos dorados, desde que Shion y Aioros se habían callado las sospechas sobre Saga y este se silenciara sobre lo que le estaba ocurriendo, había provocado que se tallara un futuro por demás penoso para todos los de la orden dorada y para el santuario mismo, no solo la muerte de Shion y la desaparición repentina de Saga, con la total ausencia y desprotección de Dokho había complicado las cosas aun más, permitiéndole a Ares asumir el poder ante la sumisión y desinterés de Aioros sobre el puesto del patriarca.
Para el dios de la guerra cruel le fue sumamente fácil mandar a los otros aprendices dorados a otros campos de entrenamiento y cuando llego la hora intento matar a Athena, pero la interrupción solo modifico el plan y altero el resultado que aun le complació mas; Athena y Aioros muertos, se libro por completo de cualquier posible amenaza a su patriarcado, Afrodita y Mascara de la muerte le juraron lealtad al pensar que Saga era quien realmente dirigía el santuario, que error tan fatal estaban cometiendo esos dos.
Shura al principio fue fácil el controlarlo con elogios y mentiras acerca de lo que había ocurrido aquella noche cuando Aioros se transformo en traidor, cuando se vio amenazado por él, solo dos golpes del Satán Imperial bastaron para controlar su mente, Saga había desaparecido por completo de su mente y cuando despertaba de aquel sueño, era simplemente como una molesta mosca a la cual aplicándole un poco de fuerza lograba hacer desaparecer.
Los otros santos dorados no representaban una gran amenaza para él de todos modos, algunos de ellos estaban tan cegados por ser santos dorados que pocas veces reparaban en las conductas extrañas del patriarca como Shaka y Milo, otros como Aldebaran eran tan desinteresados que preferían continuar con la vida tranquila que llevaban, Mu y Dokho a pesar de que sospechaban terriblemente de él no se atrevían a actuar, Camus por su parte estaba tan entretenido en las tareas que le habían encomendado en Siberia que su atención se enfocaba en ello y no en las situación extraña que ocurría en el santuario, que sin duda se había vuelto una dictadura de por más perfecta para Ares y de la cual se regocijaba, había costado 13 años para construirla y cientos de muertes para hacerla permanecer en el poder, entre ellas; la de Athena.
Pero si había algo que el dios de la guerra cruel no podía negar y de lo cual lo tenía noches enteras en velo, era que cada día que pasaba las sospechas y las dudas aumentaban no solo entre los guardianes y doncellas que le servían, si no que en las doce casas la incertidumbre crecía y temía al día en que solo uno de ellos bastara para apuntarlo con un dedo bastaría para que los demás lo siguieran…
Ellos siempre sospecharon algo… algo que con el paso de los años, fue esclareciéndose.
…
Mu de Aries.
Jamás podría haberse considerado uno de los santos fieles al patriarca Arles, desde que su maestro Shion murió jamás pensó que alguien por más bueno que fuera podría llenar el lugar que él había dejado, la sabiduría y justicia que tenía su maestro eran inigualables y ninguna persona por más inteligente y preparada que fuera podría llenar su lugar, ni siquiera Dokho.
Así que una vez que Arles le mando a terminar su entrenamiento en Jamir, mantuvo una correspondencia activa con el antiguo maestro, Dokho de Libra pues consideraba que este era el único amigo de verdad que su maestro había tenido y que se mantenía fiel a la diosa Athena, por ello ahora que volvía obligado por el patriarca no perdió esa costumbre y mando una carta de nueva cuenta a Dokho, la respuesta la tenía en sus manos, abrió el sobre tranquilamente y miro su contenido, después tomo la punta del sobre y tanto la carta como el mismo sobre ardieron por su cosmos.
Mu se incorporo de nueva cuenta dispuesto a partir a Jamir, hasta que Athena necesitara de sus servicios, la verdadera diosa no aquella que Arles había mencionado nacida hacía varios años y a la cual ningún santo dorado había visto a excepción de Aioros, pero de la todos creían en su existencia.
La actitud de Arles había cambiado desde que Shion falleciera, se había vuelto maligna, por lo que Dokho le sugería dirigirse directo a Jamir y aguardar ahí hasta que la Athena del siglo XX comenzara a despertar su cosmos y necesitase de santos dorados, capaces de hacer frente aquellos que se revelaran contra la verdadera diosa.
Tomo su casco bajo el brazo y salió del templo de Aries, dejándolo todo detrás de si, por primera vez abandonaba Aries, por decisión propia, todos sabrían que se dirigía a Jamir pero sabia que nadie sabría dar con él, esa era una ventaja que le proporcionaba las tierras lemurianas.
El abandonaba el santuario, como el patriarca abandono a Athena, pues él estaba seguro de que fuese quien fuese que estuviera tras la máscara del sumo pontífice no servía ni a la diosa ni al santuario, pues solo buscaba el satisfacer sus propias necesidades, por lo que ha Mu poco le importo ser considerado un traidor, los traidores eran aquellos que le servían ciegamente…
…
Aldebarán de Tauro.
Al enterarse de que Mu había desaparecido de nuevo del santuario, por palabras del propio patriarca, solo le confirmo que el tibetano está más loco que una cabra, más sin embargo eso no lo alejaba de ser su mejor amigo, no conocía a ciencia cierta el porqué Mu se mostraba tan receloso respecto al patriarca y la propia Athena, alguna idea media senescente por parte de Dokho debió afectar a Mu o simplemente su amigo jamás se acostumbraría a la diferencia que había entre Shion y Arles, cualquiera que fuera la razón, terminaba en lo mismo, Mu había desobedecido al patriarca para irse a Jamir y le considerarían un traidor.
Pero aun así continuaba siendo su mejor amigo, sabía que la verdad llegaría de boca del propio Mu cuando fuera necesario revelarla antes no, así que se rio cuando Arles mando un puño de caballeros de plata a buscar a su amigo, conocía que jamás lo encontrarían, a menos que Mu quisiera, pues este era capaz de sobrevivir en Jamir, por años después de la provisiones que él mismo había llevado al carnero dorado y cuando vio a los santos de plata regresar cabizbajos no pudo reprimir una carcajada frente a ellos, mientras cruzaban tauro.
Aldebaran ciertamente no dudaba de la suplantación del patriarca, sabía que era cruel pero justo hasta cierto punto, así que dejo pasar todas aquellas ordenes que le extrañaban a él como a sus compañeros, si la diosa Athena lo había escogido el estaría feliz por esa decisión, pues creía que seguía al legitimo patriarca bajo las reglas de la mismísima diosa de la sabiduría y la guerra justa; sin ver aquel cruento engaño.
Mascara de la muerte de Cáncer.
Se divirtió asesinando a algunas personas; entre ellas una doncella y dos guardias que se habían enterado del pequeño secretito de Saga, que últimamente había sido mas descuidado que de costumbre, pues en menos de un mes ya había asesinado cerca de 38 personas, que no habían querido colaborar con la mentira. Pero aquellos deslices que el mismo Saga hacia le hacían dudar de si era capaz de sopesar toda la responsabilidad y templanza que requería el titulo de patriarca.
Le seguía fielmente, de cualquier forma Saga de Géminis había demostrado tener el carácter correcto para ese cargo, tenia mano dura con aquellos que le desobedecían, cosa que dudaba que Aioros de Sagitario hubiera podido lograr, pues el actual patriarca cumplía con el seguimiento de su visión de justicia, "la fuerza absoluta es la llave para la justicia absoluta" .
Tenía estas convicciones mucho antes de saber quién era el verdadero patriarca, ideales que le fueron implantados por su maestro, que a pesar de ser el santo de oro de cáncer, era igual que él o aun más cruel; Saga solo fue un medio con el cual tuvo un acuerdo, pues creía que algo como aquello serviría para el bienestar general del santuario y la paz.
Se regocijaba de ser uno de los pocos que habían descubierto la verdad sobre Saga y se burlaba de la inocencia de algunos como Milo y Shaka que le seguían orgullosos, tragándose la vil mentira de que Saga de Géminis se encontraba siguiéndole la pista a Poseidón.
A pesar de que Afrodita varias veces le hacía recalcar algunas decisiones erróneas del propio Saga, creía que la florecita simplemente no eran tan cruel como para aceptar aquellas ordenes, pues para él no solo era trabajo si no que gozaba con darle muerte a los débiles que no podrían llegar a obtener la justicia, por lo que retenía sus almas en la casa de Cáncer, causándoles un dolor inmisericorde al convertirse almas en penas.
Así de simple era, él no reprochaba nada a Saga mientras este le dejara actuar con total libertad. Unas por otras.
Aioria de leo.
Desde que había recibido leo, Aioria desconfiaba del patriarca como lo hacia él del mismo Aioria, pero a pesar de la duda que podía albergar la mente del león dorado, jamás por esta cruzo que el sumo pontífice de Athena sería un impostor; dudaba de él como líder pero jamás llego a pensar en una usurpación.
Desde la muerte de Shion y después de la de Aioros, simplemente había pensado que Arles había nacido para hacer el mal o en dado caso intentar hacerle la vida más miserable a él, no confiaba plenamente en él, como otros santos dorados pues sabía que Arles desconfiaba de los dorados como de sí mismo, por lo que pensó que este ex santo de plata no estaba preparado para él puesto y por ello se mostraba en cierta forma rebelde el antiguo maestro.
De esa forma el se mantenía fiel a la diosa Athena y en cierta forma huraño a las ordenes y deberes del santuario mismo, pues ya había sorprendido más de una vez que Arles desconfiaba de él, al grado de enviar emisarios a cada misión que se le ordenara realizar, solo para confirmar que acataba las ordenes del patriarca y cumplía con su misión, lo que hacia enfurecer al santo de leo.
Por lo que Aioria se mantuvo fiel al santuario en lo que las ordenes del patriarca fueran justas, de otra forma él no las cumplía y enviaban a otros más sanguinarios y crueles a realizar aquel trabajo como Afrodita o Mascara de la muerte, él se mantenía fiel por Athena y en el fondo de su corazón por las lecciones que Aioros le había inculcado, pues sabía que su hermano había tenido la mejor convicción de obedecer a su diosa, mucho antes de su traición. Pero é, Aioria de leo jamás meteria las manos al fuego por el patriarca, él estaba ahí por Athena, por nadie más, ni por sus camaradas, ni por sus hermanos de la orden dorada, ni por el patriarca; solo por ella.
…
Shaka de virgo.
Su unión y cercanía al patriarca Arles, no era simplemente fidelidad, si no que utilizaba este medio para investigar y analizar el comportamiento del patriarca, pues le extrañaba de sobremanera las decisiones que este efectuaba, en momentos justas y correctas y después injustas y sanguinarias. Era por ello de su cercanía, como en un inicio se lo había preguntado a Mu de Aries el cosmos y la actitud de Arles habían tomado un gran cambio, mucho antes de que este se volviera patriarca y de lo cual Shaka aun tenia recuerdos, pues en su mente aun vagaba la remembranza del ex santo de plata exigiendo fieramente el trono patriarcal a un Aioros por demás desinteresado y derrotado, que no tuvo ningún inconveniente de que otro tomara el lugar que Shion había dejado vacio con su muerte. Un lugar de por mas difícil de llenar.
La maldad que albergaba el corazón de su ilustrísima le intrigaba al grado de llegarse a preguntar si la mismísima diosa Athena, la cual solo tenía contacto con el patriarca no sentía aquel cosmos embriagado de perversidad y vileza, que lo llevo a después a preguntarse los ideales de la misma diosa, para ello se mantenía cerca, pues intentaba comprender y entender que ocurría con las dos autoridades máximas del santuario.
Se aleje de sus compañeros, pues no era su deber el sociabilizar con ellos y por ello muchas de las cosas que ocurrían en el santuario pasaron desapercibidas para el rubio, pues se encontraba concentrado en acallar sus dudas para mantenerse fiel a Athena y al patriarca, mientras estudiaba el cosmos de aquel que fue una pieza clave en su crianza y que ahora mostraba su verdadera forma de ser.
…
Milo de escorpión.
Para MIlo le sorprendió de sobremanera que el exilio temporal de Camus, así le llamaba a la misión por demás cruel que le había dado el patriarca a su amigo en Siberia, que le sirvió para que hubiera calmado un poco los ánimos y en cierta parte las dudas que Camus había despertado dentro de él sobre el patriarca.
Jamás pensó que extrañaría a aquel cubo de hielo, siendo tan diferentes el mismo se sorprendía de haber elegido la persona más extraña para brindarle su amistad, pero con el paso del tiempo se dio cuenta que aquellas diferencias que tenían les hacían complementarse a la perfección a ambos y ahora que Camus no estaba en el santuario se había vuelto más alocado y orgulloso, esperando no pacientemente que el onceavo guardián terminara de entrenar a esos niños antes de que sufrieran una hipotermia y murieran, para que sus caracteres se volvieran a equilibrar porque eso era lo que ocurría entre ambos, mientras él le brindaba diversión y calidez a la vida del acuariano, este le daba serenidad y enfriaba su comportamiento impetuoso.
Y todo ello le hizo de nueva cuenta reflexionar porque Camus estaba en Siberia y no cualquier otro, como Shaka o Afrodita, ya que creía que Mascara de la muerte y Aioria sufrían de inestabilidad mental, mientras Aldebaran posiblemente hiciera diabético a cualquier alumno.
Supuso que el plan se había formulado desde que Arles les había visto hablando sobre él cerca del coliseo y se inquieto más ante sus constantes visitas entre ellos, se rio ante la paranoia del patriarca, Arles siempre había sido así desde que recordaba, temeroso e intranquilo, como si el mundo estuviera conspirando en su contra, pero era todo lo contrario a lo que él pensaba, a pesar de tener sus dudas y de vez en cuando seguirle la corriente a Camus en sus ideas delirantes, el se creía fiel al sumo pontífice y Athena, pues había demostrado hacer de todo, para ellos.
El había crecido creyendo en el legitimo patriarca Arles que se regía bajo las ordenes de la diosa Athena y el jamás cuestionaba las palabras del gran maestro, era lo suficientemente noble y fiel a la causa como para creer a ciegas en todo lo hiciera Arles, así le habían enseñado desde que era un crio y a él le habían enseñado bien.
Pero no por ello dejaba de sentir alguna que otra duda que reprimía ahora que estaba solo en las 12 casas rodeados de antipáticos; no recordaba haber visto el rostro del gran maestro en años y al igual que muchos de sus compañeros se había percatado en la desconfianza total hacia la orden dorada por parte del patriarca.
…
Shura de capricornio.
Después de que Saga usara sobre él el Satán imperial las dudas se dispersaron en la mente del santo de capricornio, rara vez volvían a aparecer, casi siempre cuando sufría de dolores de cabeza insoportables o bien como pesadillas, que hacían que recordara al santo de sagitario como era y lo que había pasado aquella noche que le llenaba de confusión.
El se consideraba el santo más fiel a Atena debido al gran sacrificio que había hecho por esta, no solo había matado a su mejor amigo e ídolo, si no que proporcionalmente había alejado a Aioria de él.
Se le había quitado la costumbre de acudir al gran patriarca cada vez que estas dudas aparecían, debido a que sentía un mal presentimiento que había ocurrido en su último encuentro, aunque no recordaba que había pasado, se mantenía receloso a ello, Athena había sido muy clara a pesar que Aioros no luciera como traidor aquella noche, le había intentado asesinar.
Pero todas aquellas dudas se habían visto reducidas a nada, después del ataque de Saga a Shura, había logrado tener a Shura bajo su poder, impidiéndole pensar de forma adecuada, acerca de aquel tema, el cual desarrollaría la batalla de las doce casa y le costaría la vida a ambos.
Camus de acuario.
Una vez que lo enviaron a Siberia a entrenar a aquellos dos pequeños, Camus no solo había endurecido más su corazón si no que su mente calculaba de forma más fría algunos sucesos que le extrañaban de Arles y que se cernía sobre el santuario; la oscuridad.
Camus entendía a la perfección que Milo no cuestionara las ordenes del patriarca, de cualquier forma, el había crecido en Grecia y lo habían entrenado para ser lo suficientemente noble y fiel como para no cuestionar las palabras del Gran maestro, creyendo ciegamente en él, tanto como un devoto.
Pero para él, todo era tan diferente, había entrenado fuera del santuario, por lo que las pocas ordenes que llegaban a Siberia donde en aquel entonces entrenaba para santo dorado eran tan escuetas y carentes de importancia, habían formado un santo más que independiente del santuario, de la misma forma que había ocurrido con Mu, por su parte el se evoco en su entrenamiento y anhelaba el día que regresara al Santuario no solo para conseguir aquella armadura, que le pertenecía desde hacía mucho tiempo si no para vigilar de forma rigurosa a Arles, de quien tenía ligeras sospechas.
El hecho de que él hubiera crecido y pasado la mayor parte de su vida alejado de Grecia, había ocasionado que él tuviera fe en ambas autoridades del santuario, pero también ocasiono sus dudas, dudar no era malo, así que fue alimentándolas poco a poco sobre el comportamiento del patriarca, no sabía exactamente qué era lo cual le molesta, pero reconocía que había algo en el Gran Maestro que le hacía desconfiar, pero al no tener pruebas verídicas no le quedaba de otra más que obedecer las órdenes del patriarca y Athena, pero aun así se mantenía a la expectativa de que algo malo ocurriera.
Así que cuando le solicitaban ir al santuario para realizar una de las misiones del mismo, ponía pretextos, dos grandes y enormes pretextos que el mismo santuario había utilizado para sacarlo de Grecia y a los que ahora el utilizaba para evitar regresar hasta allí, lo sentía por Milo y sus otros compañeros, pero quería mantenerse a raya de una situación que él sentía se encontraba en cenizas y en cualquier soplo de aire, se avivaría en una llamarada de proporciones colosales, sumiendo a las 12 casas y sus guardianes en el vil fuego.
Afrodita de piscis.
Cuando descubrió que Saga de Géminis era el Gran maestro en realidad poco le importo, jamás estuvo interesado en quien fuera el líder de toda la orden de caballeros de Athena, mientras este rigiera con justicia, no importaba si debía ser a la fuerza, para el mucho mejor.
Jamás dudo de la capacidad que tenia Saga para liderar el patriarcado, el sabia que tenia lo necesario, aquello de lo que Aioros carecía y que era necesario para traer la paz al santuario; mano dura y rígida; pero con el paso del tiempo, comenzó a dudar de Saga, no como hacían los demás que desconfiaban del patriarca, al desconocer quien estaba tras esa mascara, no él sabia que lo que lo hacía dudar iba más allá de Saga.
Algo le inquietaba cuando lo visitaba, por su espalda corría un escalofrió, cada vez que hincaba una rodilla frente a él, aunque Mascara lo negara o le llamara exagerado, el conocía los cambios de humor bipolares que Saga sufría, no tenía idea de que había malo en ello, pero sabía de sobra, que el santo que se sentaba todos los días en ese trono fingiendo ser Arles, era muy diferente al que ellos habían conocido hacia tantos años, el no dudaba de su capacidad si no que le temía a esa maldad que llegaba a sobrepasar a la de su compañero de la cuarta casa, una crueldad que era digna de temer.
Pero a pesar de eso, confió en su compañero, Saga había demostrado ser un santo que buscaba el bien, por lo que dudaba que sus ideales hubieran cambiado, por lo que le siguió fielmente, Saga era cruel, pero él también lo era y aun así, ambos buscaban la paz.
…
Todos conocían o tenían una ligera sospecha acerca de quién era el Gran Patriarca, aquel que utilizara la máscara de Shion había portado en sus últimos años de vida y la cual causaría 13 años llenos de dolor y muertes, las cuales se hubieran evitado, si ellos hubieran conversado sobre sus dudas pero la nobleza de unos, el aislamiento de otros, la arrogancia y la crueldad hicieron mella en la orden dorada, en la elite de Athena, quienes permitieron que una semilla del mal implantada entre ellos rindiera frutos y se convirtiera en un árbol, que arrastraría entre sus raíces a los orgullosos santos dorados, unos hacia la tumba rodeados de deshonor y otros quebrantados en espíritu.
…
Fin.
Comentarios, dudas, felicitaciones, se aceptan con buen gusto, pues lo he terminado, ahora solo continuare con redención, así que les aclaro unos puntos y será todo de mi parte.
í a Dokho porque en cierta forma el no dudaba, él sabía quien era el patriarca y que había pasado en realidad, debido a que al terminar la batalla de las 12 casas el es quien les explica a los dorados lo ocurrido telepáticamente. ¿Por qué no se los dijo antes? Solamente eso Athena y los demás dioses lo saben.
por obvias razones no aparece en este capítulo, ni modo que el sospeche de él, para ese entonces Géminis se encontraba de por mas vencido por Ares.
ni que hablar porque no aparece, estaba a tres metros bajo tierra.
que todos sospecharon acerca del patriarca, por el ello el nombre de este capítulo, el que ellos se callaran sus dudas acerca de el fuer el peor error de la orden pues contribuyo a la mentira y como dicen por ahí el abismo llama al abismo.
¡Muchas gracias por leer, comenten!
Atte: ddmanzanita
